¡Hola a todos!
Nuevo pequeño capítulo de esta nueva pequeña historia. Si bien no aclaré en el capítulo anterior, estaba escrito desde el POV de Allen. Este capítulo es desde el POV de Kanda. Espero les guste.
Disclaimer: Dirigirse al primer capítulo.
¡On with the show!
Ira
La ira (en latín, ira) puede ser descrita como un sentimiento no ordenado, ni controlado, de odio y enfado.
Odio.
En el caos de su corazón el único sentimiento bien definido y al cuál decidió aferrarse era el odio.
Un odio desmedido y visceral que lo motivaba a continuar, a cumplir esa promesa eterna, a seguir viviendo.
El odio lo consumía y a la vez le daba fuerzas.
Odio por la injusticia de la vida que le tocó. Odio por la guerra en la que se vio arrojado. Odio por los akuma, los Noah, la Inocencia. Pero, por sobre todas las cosas, odio por la Orden. Odio por aquellos que jugaron con su alma y su cuerpo, quienes le enseñaron un dolor tal que sólo con recordarlo puede sentir su cuerpo estremecerse. Quienes lo separaron de aquella persona.
Odio por aquellos que se decían sus amigos, compañeros, sin saber que les pasaba a aquellos que se acercaban a él.
-Sólo soy un hombre insignificante. Mi corazón se mueve por lo que está frente a mí, no por lo que el mundo entero necesita.
Odio.
-¿Acaso ganar una guerra a través de innumerables sacrificios no es algo sin sentido?
Odio.
-Quiero ser un destructor que pueda salvar.
Odio.
Un odio desmedido y descontrolado que parecía sacudirlo desde los cimientos de su ser como si de un tornado en plena furia destructiva se tratara. Y si bien había aprendido a encontrar cierta armonía dentro del odio, este nuevo y aún más poderoso sentimiento lo tomó completamente por sorpresa.
Intentaba comparar ese odio con los otros que bien conocía. Pero era en vano. El odio que Allen Walker había despertado en su corazón no se compraba con nada, era inmensurable, gigantesco, descontrolado. Puro.
Conocido era su malhumor y pésimo carácter en los pasillos de la Orden pero lo que ese mocoso había despertado en él solía dejarlo sin aliento. Como si hubiera estado entrenando todo el día. Como si un gigantesco y siniestro monstruo le hubiera asestado un puñetazo en la boca del estómago. Un monstruo que parecía haber anidado en su alma, rugiendo y aullando descontroladamente cada vez que el enano hacía algo estúpido, ansiando hundir sus garras en su joven piel; destrozarle la garganta con sus colmillos.
Y lo que realmente le asustaba, era el hecho de encontrar cierta calma en ese tempestuoso mar de odio.
Añoraba que ese odio lo bañara de pies a cabeza, que lo cubriera en ese capullo incontrolable. Dejar en libertad a la bestia, permitirle salirse con la suya y deleitarse en ello.
Liberar todo su odio contra Allen Walker.
Porque lo odiaba.
Odiaba su estúpida inocencia, sus inútiles actos altruistas. ¿Es que acaso no veía dónde estaba parado? Estaba en medio de una puta guerra. No era el lugar para lamentaciones y procurar ayudar al prójimo. No era lugar para débiles como él. Sangrando y derramando lágrimas por los caídos, olvidándose así del objetivo de la misión.
Pendejo idiota.
Era enteramente culpa suya el nacimiento de este sentimiento desmedido, desprolijo y salvaje que le nublaba la razón. Había sido el brote de habas quien había soltado a ese monstruo para que anidara en su ser, corrompiendo todo a su paso.
Devorándolo por dentro.
Porque cada gota de sangre que el otro derramaba sólo le demostraba lo impura que era la suya. Porque cada lágrima que caía de aquellos ojos le demostraba lo corrompida que su alma se encontraba. Porque cada sonrisa que adornaba sus labios le demostraba lo vacío que estaba por dentro. Porque la simple presencia de Allen Walker le hacía darse cuenta que el débil era él.
Odio.
Que ese monstruo desmedido, violento y salvaje lo consuma todo. Que no deje rincón dentro de él sin devorar, que no exista pliegue alguno en su alma que no ocupe. Que su oscuro veneno supure por cada herida y lo cubra completamente.
Que no deje que Allen Walker se filtre por sus poros y ponga en jaque los cimientos de su existencia.
Odio.
Desmedido.
Salvaje.
Puro.
Continuará...
¡Nos leemos en el próximo capítulo!
