Guardián
Hiccup
Berk amanece con el típico frío de invierno, la nieve comenzó a caer desde hace tres meses y hasta ahora no se ha detenido. Han pasado cuatro meses desde aquella pelea con los dragones, cuatro meses desde que perdí mi pie.
He tenido problemas de equilibrio y los relieves rocosos me cansan muy rápido, Astrid y chimuelo me ayudan constantemente, más de lo debido diría yo. No quiero ser una carga y me las he ingeniado para crear algún mecanismo que me ayude a mantenerme en equilibrio por más tiempo, pero hasta el momento no logro perfeccionarlo. Mi padre me ha pedido que me lo tome con calma, que debería de descansar y no hacer tanto esfuerzo ya que la herida aún es reciente. Quisiera escucharlo y golpearme a mí mismo para quedarme en cama, pero mi cuerpo no lo tolera más.
Chimuelo aún se encuentra dormido a unos metros de mi cama, mi padre se encuentra en una reunión así que tengo la libertad de levantarme de la cama. Quito las gruesas sabanas y una que otra almohada y me siento en la cama. Me siento extraño cuando toco alguna superficie, mi pie sano me da leves emociones de como es el suelo, si de rocas o arena o tierra o incluso agua pero con mi prótesis no siento nada, tan solo un silencio y un vacío que me duele.
Respiro profundo y salgo de la cama con cuidado, doy leves y silenciosos brincos para alcanzar mi prótesis en mi escritorio, por suerte Chimuelo tiende a tener el sueño pesado, ni un leve ruido llega a despertarlo. Me acomodo mi prótesis y doy un leve ajuste con mis herramientas, busco mi chaqueta de cuero café y busco mi bota de nieve, preparado para salir de casa.
El alba me saluda entre la nieve, es la primera hora de la mañana y como es de imaginarse medio Berk se encuentra aún dormido. Mi chaqueta me mantiene muy caliente y las botas me mantienen alejado de la humedad de la nieve en el suelo, será muy difícil caminar entre la nieve y el resbaloso suelo, pero prefiero caerme en el frío que estar otro día encerrado. Bajo los escalones de la entrada lentamente con sumo cuidado, esta mañana se ha reunido más nieve de lo usual pero no me sorprendo mucho, en Berk el clima es hostil y muy cambiante. Doy en último paso para salir y en eso escucho como alguien azota la puerta de mi hogar, Chimuelo sale corriendo a toda velocidad hacia a mí y termina tirándome a la nieve.
- Chimuelo- me quejo
Mi amigo comienza a lamer mi rostro, y a comerse un poco de la nieve de mi alrededor. Con su cuerpo logro volverme a poner de pie, pero entre la nieve comienzo a resbalar.
- Debes de tener más cuidado- me dice una dulce voz
Astrid llega a mi cargando algo de leña, le sonrío levemente y ella me sonríe igual.
- ¡Ah! Déjame ayudarte- le digo intentando tomar la madera
- No te preocupes- dice entre risa- ya he llegado a mi destino-
-¿mi casa?- le pregunto confundido
Ella asiente.
- Tú padre me pidió que cuidara bien de ti y de Chimuelo hoy se avecina una tormenta, así que por eso he traído más leña-
Asiento, ahora se la razón de tanta nieve. Chimuelo odia las tormentas de nieve, es normal que deseé quedarse en casa y mi padre me obligará a quedarme igual... con Astrid. Trago saliva, la observo con cuidado, su cabello ha creído, su cintura es perfecta, sus brazos son fuertes y sus ojos son hermosos. Ella es mucho más a lo que yo me imaginaba.
-G-Gracias... Ah pero no estaré ahorita en casa- le digo intentando calmarme
-¿Porque no? Hiccup debes de descansar-me dice observando mi pie
- Ya he descansado lo suficiente, créeme- le digo mirándola claramente- solo necesito tomar algo de aire-
Ella me entrecierra sus ojos como si me pillara en hacer una travesura o algo, me emociona el hecho de estar con Astrid, pero al menos me gustaría pasar una hora entre las nubes.
- Hiccup...- comienza
- Te prometo regresar en una hora- le digo
Ella me mira como si fuera una madre, dudando si dejaría a su hijo salir a jugar, creerá que soy un niño pero ella no tiene idea que me he sofocado por mucho tiempo. Me recargo en Chimuelo y mi amigo me inclina un poco para permitirme montarlo.
-Hiccup no creo que sea buena idea- me pide
-No estoy caminando-
-Lo digo por la tormenta- me advierte
Le sonrío levemente.
- sólo de aquí a la montaña y regreso- le digo
Astrid me niega con la cabeza pero sin notárselo le doy un leve golpe a Chimuelo para que se dé al vuelo, mi amigo comienza y correr, sacando sus oscuras alas y dándose al vuelo rápidamente mientras que a lo lejos escucho como Astrid grita mi nombre.
Las nubes me relajan, el frío aire me hace sentirme vivo y los rayos del sol luchan por mantenerme cálido. Esto es lo que necesitaba, un paseo como comienza a dar vueltas entre el cielo y disfrutando el aire. Él al igual que yo, también extrañé esta sensación.
-¿Quieres volar bien? - le pregunto a mi amigo
Mueve sus orejas
- Volemos- le reto
Me sostengo con fuerza y chimuelo sale volando lo más rápido que puede y elevándose más allá de las nubes. No mantenemos a esta altura y me permito disfrutar del paisaje, es hermoso aquí arriba, es tan pacífico y cálido; nadie puede lastimarte y todo aquí es tranquilo, es el paraíso.
- Vaya- susurro sonriéndole al sol – Podría quedarme toda mi vida aquí ¿tú que dices amigo?
Bajo mi mirada hacia Chimuelo y este comienza a gruñir con fuerza observando a nuestro alrededor.
- ¿Chimuelo?- le hablo
Sin calmarse Chimuelo se da al descenso con rapidez, me sostengo con fuerza de las cuerdas pero al parecer a mi amigo no le importa como yo me la pase atrás; mis huesos se congelan ante el brusco descenso, mi vista se torna un poco borrosa y me he quedado mudo. Incapaz de gritar para que se detenga.
Cruzamos las enormes rocas del mar con suma rapidez, intento mover con la misma rapidez que va mi amigo su cola, jamás había visto volar a Chimuelo tan rápido. Las enormes rocas que nos costaron mucho en cruzar esta vez las cruzamos en menor tiempo.
- Chimuelo detente ¿Qué ocurre?- le hablo
Pero el parece estar más concentrado en huir, volteo para observar a la criatura o el objeto que tanto tiene inquieto a chimuelo, pero no hay nada. Giro mi cabeza observando el paisaje y en eso Chimuelo se eleva entre un cascada.
- ¡Chimuelo detente!- me pido
Nos elevamos muy rápido entre la cascada hasta llegar al bosque, los pinos han crecido más de lo usual en esta época del año así que cuando Chimuelo se da a la huida nos topamos con un enorme troco. Abro su cola para que pueda detenerse antes de golpearnos pero no es suficiente. Chimuelo logra esquivar un poco el troco pero sin éxito golpeándome a mí en el brazo derecho y ambos caemos al suelo.
Giro entre la nieve que amortiguo el golpe, pero no lo suficiente. Mi cabeza da vueltas, mi brazo derecho me duele levemente y tengo la sensación que me ha sacado todo el aire. Intento levantarme con cuidado y observo a mi amigo sacudir su cabeza repleta de nieve.
- ¡¿Qué ocurre contigo?!- le pregunto levantando la voz - ¿Por qué no te detuviste? Mejor dicho ¿Por qué reaccionaste así Chimuelo?
El me mira confundido y después mira en otra dirección, como si me ignorara.
- ¡¿Chimuelo?!- le aún más lanzo la voz
Mi amigo comienza a gruñir y enseñar los dientes de forma amenazadora, sus ojos observan otra dirección, me giro con cuidado ante cualquier cosa que esté detrás de mí. Pero para mi sorpresa lo único que veo es a un chico vestido muy extraño con un enorme bastón.
- ¿Puedo ayudarte?- le pregunto curioso
- ¿Te encuentras bien?- me pregunta
- Ah… sí, solo fue un… leve golpe- digo sobando mi cuello
Chimuelo gruñe mucho más de lo usual.
- Lo lamento, no quería asustar a tu mascota- me dice
- ¿Mascota?- arqueo la ceja – Él no es mi mascota, es mi amigo.
El asiente sonriendo. ¿Cree que es un chiste? O ¿Se estará burlando de mí? Vaya tipo. ¿Y que fue eso de asustarnos?
- No sé cómo decir esto pero, te he estado buscando en estos últimos dos meses- me dice el chico de cabello blanco.
- ¿Disculpa?- logro decir- Sí perteneces de otro clan de vikingos al que debes de ver es a mi padre no ha mí-
- No pertenezco a ningún clan- me dice acercándose lentamente a mi
- ¿entonces qué quieres?- entre cierro los ojos estudiando su mirada
El suspira profundo y observa con detalle a Chimuelo y a mi pie.
- Hola de nuevo- le dice
¿Él conocía a Chimuelo? ¿Cómo que de nuevo? Chimuelo le gruñe con más fuerza y comienza a caminar lentamente hacia él interponiéndose entre los dos.
- Mira, no tengo intención de hacerte daño o algo por el estilo… yo solo necesito de tu ayuda- me dice
- ¿Mi ayuda?- le pregunto
El asiente y tira a la nieve su bastón como si lo estuviese desarmando.
- Hiccup, has sido escogido para ser un guardián- me dice con seriedad
- Un… ¿guardián? – le pregunto confundido - ¿Qué hay que proteger?-
- No lo entiendes, has sido escogido por la luna para luchar por la esperanza de esta tierra- me dice
Levanto las cejas confundido, este tipo de seguro me está tomando el pelo o tal vez es una broma de los gemelos. Pero no caeré en ella, esta vez no.
- Muy gracioso amigo- comento entre risa- Guardián, la luna, esperanza del mundo ¿de quién fue la broma esta vez?-
El chico pálido negó con la cabeza
- Eso no es broma, no es un juego- me dice alzando la voz – Si quieres jugar porque no jugamos a las bolas de nieve-
Sus pies alcanzan su bastón del suelo y lo que corrió después fue algo inesperado. Desde su bastón las nieve del suelo comenzó a dar forma, además de que los troncos de los árboles de congelaron al instante. Frío es más fuerte pero mis pies y mi vista no se mueven ni un poco. ¿Qué es lo que acaba de hacer?
- Mi nombre es Jack Frost, soy un guardián. He sido escogido al igual que tú- me dice
Chimuelo comienza a ponerse en posición de ataque y tomando en cuenta lo intranquilo que está no me sorprendería que lo ataque.
- Chimuelo, tranquilo amigo- le pido acercándome a él-
- Eres uno de los cuatro guardianes, has sido escogido para proteger a todos-
- ¿Protegerlos?... ¿De qué?- murmuro
El chico suspira profundo.
- De una catástrofe- me dice con seriedad
Trago saliva, sus palabras no se me hacen claras pero mi corazón al escuchar esas palabras late con mucha fuerza e intranquilo.
- ¿Cómo sé que no estas mintiendo?- le pregunto
- Porque tendrás una iniciación si aceptas ser un guardián-
- ¿Y si no acepto?- le pregunto
- Eres libre, tú decidirás tu destino – me dice dándome una leve sonrisa
Suspiro con pesadez, ¿Qué tanto daño ocurrirá si esto es verdad? No confío en él, apenas y lo conozco pero algo me dice que no está mintiendo. Chimuelo parece ya no estar intranquilo pero sus ojos se posan en él, en cada movimiento que logre hacer.
- ¿De qué tanto daño estamos hablando?- le pregunto
- De todo el mundo- me susurra
Trago saliva. De acuerdo, esto al parecer es serio, pero ¿Por qué yo? Pudieron a escoger a otro ser humano mucho mejor que yo.
- ¿Aceptas?- me pregunta
Lo miro a los ojos y después a su pálida mano, me dedica una leve sonrisa y sin pensármelo aprieto su mano. Tanto Chimuelo como yo nos sorprendemos de mi reacción.
- ¡Genial! Ahora si quieres pruebas- me dice y saca una bola de cristal
Lanza la bola en la nieve y de la nada un brillo aparece dando extrañas imágenes frente a nosotros.
- Te lo explicaremos todo a ti a los otras dos guardianes- me dice
- ¿Otras?- pregunto
El chico me toma de la manga de mi camisa y ambos entramos al enorme círculo y unos segundos después nos sigue Chimuelo. Caemos en una dura superficie de madera, los gruñidos de Chimuelo se escuchan en toda la sala, levanto mi cabeza y observo a un enorme hombre de barba blanca mostrando sus tatuajes, unas enormes bestias peludas que no tengo idea que son y dos chicas el otro lado de la sala.
El chico de cabello blanco me sonríe y me da su mano para levantarme, a lo lejos observo una enorme figura de nuestro mundo. Mi corazón late con más fuerza de lo usual, mi vista se va en las dos chicas al otro lado de la sala, una de largo cabello dorado y otra de alocado cabello rojizo sosteniendo un arco con su flecha preparada. No soy el único que está confundido.
El hombre de barba blanca llega al centro y nos da una leve sonrisa, para después gritar sus palabras.
- ¡Bienvenidos guardianes!-
Espero que les haya gustado este capítulo, hoy es el día de las madres así que les doy un saludo a sus mamis, esto apenas comienza así que agarrence de aquñi en adelante porque esta cosa se pondrá buena. (ajay)
Ahí nos escribimos...
