La trama es completamente mía. Crepúsculo estamos claros que es de Stephenie Meyer, y lamentablemente -para mí- Edward también :c
Gracias por leer.
You - The Pretty Reckless
Porcelain – Moby
One - U2
These are the days of our lives - Queen
.
Nunca quise lastimarte. Nunca quise mentirte, así que este es un adiós. Esto es un adiós…
.
.
2.- Sin despedida
.
.
.
Escondida entre las sábanas de mi cama me reía somnolienta recordando todo el día. Probablemente me debí quedar contigo en tu cama, verte despertar y besarte nuevamente, pero no tenía la seguridad de que tu madre no llegaría en algún momento y no quería pasar por esa vergüenza ni nada parecido, además ya eran las dos de la tarde cuando me fui. Dormimos mucho.
Recibí un mensaje tuyo deseándome buenas noches y una que otra palabra amorosa. No era demasiado, pero realmente me encantó, y en las sábanas suaves y frías de mi cama deseé tenerte y repetir lo mismo de hoy en la tarde. No le podían pedir más a una chica hormonal e impulsiva como yo.
Agradecí enormemente que mi madre no encontrara nada raro en mí cuando regresé. Quizás se preguntó por mi mirada brillante y mi rostro feliz, pero creo que no sospechó lo que realmente hice porque yo no había notado ningún cambio en mi cuerpo mas allá de la pequeña cojera y del dolor de caderas que tenía, pero eso se le podía atribuir a una de las tantas caídas que tenía diariamente. Se supone que mi cuerpo debía cambiar, y tenía miedo de eso, ya que me daba vergüenza hablar estas cosas con Reneé, mucho más si yo realmente no tenía ningún novio.
En la oscuridad de la noche podía ver aun tus ojos pasar del verde esmeralda al negro lleno de deseo, podía sentir tus labios en mi piel y tus manos dándome caricias por todo mi cuerpo. Nunca nadie me había tocado así, ni siquiera yo misma porque recuerdo que intenté complacerme un día y no fue para nada igual a como se sintió tu tacto en cada parte de mi.
Yo también nunca había tocado a alguien así antes, tampoco pensé que mis manos y mi boca tuvieran ese efecto en alguien o más bien dicho en ti y eso me hizo sentir poderosa. Mi pecho se llenó de una calidez al recordar que había estado en las mismas sábanas que una vez había visto por Skype al tener una conversación contigo. Esa vez, los dos muertos de sueño no hacíamos otra cosa que mirarnos como tontos hasta casi las cuatro de la mañana, y hoy yo había dormido en esas sábanas y sentido su suavidad, también había alcanzado a ver el pijama azul que esa vez tenías puesto.
A la mañana siguiente me desperté con una sonrisa gigante en mis labios y un pequeño y algo molesto escozor en aquella parte. Sólo me encogí de hombros, ya se pasaría y si ese era el precio a pagar por algo tan genial lo volvería a hacer.
Realmente estaba fascinada más que nunca por ir a la escuela aunque fuera mi último día. Realmente no quería ir a la escuela, sólo quería verte a ti.
— ¿Papá? ¿Estás hablando enserio? — Cuando fui a desayunar después de ducharme mi madre hablaba con el ceño fruncido por el teléfono de la cocina— ¡Teníamos los pasajes para mañana! ¿Entiendes? Ya había cancelado la matrícula de Bella en la escuela e iría sólo hasta hoy, ¿qué se supone que haga ella durante toda una semana? — gruñó—. No, perdón Pa, no te estoy faltando el respeto, perdón. Sí, entiendo. Mándale saludos a mamá y nos vemos la próxima semana. Te quiero.
— ¿Qué pasa? — pregunté con el ceño fruncido.
— Pasa que no nos podremos ir mañana, sino en una semana más— refunfuñó—. El señor que contrató tu abuelo aun no termina la casa y no podemos quedarnos con ellos o tus tías porque no hay espacio, además sería incómodo.
— ¿Y los pasajes?
— Tendré que cambiarlos, pero no creo que pueda hacer nada con tu matricula en el instituto, todo ya estaba cancelado así que tendrás que quedarte lo que quedará de la semana aquí. — disimulé mi sonrisa tomando un sorbo de mi vaso de jugo de manzanas, pero mi madre sabía que estaba feliz y negó con su cabeza antes de darme un beso en la cabeza.
Nosotras éramos muy unidas por el hecho de que siempre fuimos sólo las dos, excepto en el tiempo en que vivíamos con mis abuelos y eso fue hace muchos años, prácticamente durante toda mi niñez.
Anduve feliz por el camino de siempre y sinceramente no me sorprendió verte parado en el mismo lugar de ayer con una hermosa sonrisa que bailaba en tu rostro. Tus ojos verde brillante me miraban con felicidad y picardía mientras eliminabas la distancia que aun nos separabas y te acercabas a mí.
— Buenos días…— las palabras salieron suaves y amortiguadas porque sin darme cuenta ya me encontraba en tus brazos y con tu rostro en mi cuello. Inhalaste profundamente e introdujiste una helada mano por mi suéter y por debajo de mi blusa del colegio.
— Estás helado…— mi voz salió como un vergonzoso gemido mientras me acercaba más a tu cuerpo. Estos comportamientos me hacían sentir como una verdadera puta porque en realidad yo no era nada tuyo y ayer nos habíamos acostado, habíamos tenido nuestra primera vez y aun no éramos nada, pero yo no me sentía capaz de pedirte algo mas, no si eso te alejaba de mi.
Me miraste juguetón y pusiste la otra mano para acompañar a la otra y ponerme la piel de gallina en mi estómago. Me volviste a mirar fijamente con tus ojos convirtiéndose en negro mientras me seguías acariciando y tironeando la piel de alrededor de mi ombligo.
Miles de estremecimientos llegaron a mi cuerpo, sensaciones que recién estaban despertando y que nunca pensé que podría sentir, no de esta forma. Nunca pensé que mi cuerpo y mi corazón reaccionaran de ésta forma hacia ti.
Yo sabía que ambos éramos demasiado vergonzosos como para mostrar esta clase de afectos en el instituto y éramos demasiado estúpidos como para tomar la iniciativa y olvidarnos de los demás. Sinceramente, esperaba que con lo sucedido ayer las cosas hubiesen cambiado, pero no te podía pedir algo que ni yo sabía si era capaz de hacer.
— ¿Qué pasará hoy? — me aventuré a preguntar mientras caminábamos con nuestras manos casi rozándose pero sin tocarse.
—No puedo faltar— me diste una mirada pidiendo perdón—, tengo que rendir un examen y luego de eso… quería invitarte a mi casa— rápidamente te sonrojaste y yo me moví incómodamente tocando mi cabello enmarañado—. No es para… eso— murmuraste y luego tus ojos se volvieron tiernos—, quiero que hablemos.
—Me parece bien. — reí nerviosamente y luego una brillante idea llegó a mi cabeza. No nos habíamos saludado como correspondía y yo sin duda quería mas, por lo que te tomé de la corbata del uniforme y te arrastré hasta una muralla en que sabía que nadie nos vería. Tus ojos chispearon de deseo y se suavizaron poco antes de entenderme y unir tus labios a los míos.
Mierda, había pasado sólo un día, un maldito día y ya te necesitaba como si fueras agua y yo estuviera en un desierto.
Te conocía desde hace casi dos años, Edward Cullen, y nadie podía impedirme sentirme así, no cuando estuve aguantando mucho y haciendo poco.
Gemiste contra mi boca mientras tus manos tomaban todo mi cabello y lo enmarañaban aún más para sostenerme con fuerza. Tus dientes mordisquearon mi labio inferior y traté de no dar un quejido de dolor al sentir como tus frenos rozaban mi piel. Ayer realmente no me importó y no pensé en los aparatos que llevabas en tu boca, porque no eran importantes y quizás estaba un poco cegada, la cosa es que recién hoy recuerdo que los tenías y que podían haber hecho rasguños en mi piel, cosa que no me importaba y que tendría que comprobar después.
Y ahora que lo recuerdo… siempre me imaginé besándote y quedando con mi labio atrapado entre uno de los frenos, miles de lágrimas y sangre junto a mi labio hinchado, tu mirada de disculpa y nuestro momento perfecto interrumpido. Ahora pienso que sólo fui una niña tonta y que no debía pensar en esas cosas… mejor era pensar en este momento y en que tú introducías tu lengua demandante a mi boca.
Estuvimos un rato ahí hasta que te aseguraste de que mis labios estaban lo suficientemente hinchados y mi pelo demasiado desordenado, pasaste tu brazo por mi cintura y me atrajiste a tu cuerpo con las mejillas sonrojadas y la vista baja. Así caminamos al instituto y nos separamos cuando me dejaste en la puerta del salón para la clase de lengua que me tocaba; te despediste de mi con un rápido beso y vigilando si había alguien cerca, y en ese momento realmente lamenté no coincidir contigo en ningún horario, porque tu Edward Cullen eras un año y medio menor que yo… y eso sólo nos complicaba las cosas.
De manera monótona pasé toda la mañana. Me despedí tristemente de Emily y Sarah porque de todas formas ya no asistiría más al instituto aunque me quedara una semana más y no quería alargar lo inevitable y decirles que tenía más tiempo acá. Ellas eran mis mejores amigas de toda la vida, las amaba, pero yo estaba segura que el contacto no se mantendría porque había una parte de mí que me lo susurraba a cada rato y que me decía que yo no sabía mantener relaciones a la distancia. Aquello me provocaba temblores en mi pecho porque quería mantener algo contigo, aunque fuera casi imposible.
Todos estaban en clases cuando yo estaba sacando las últimas pertenencias de mi casillero y dejándolas en mi bolso hasta que fui interrumpida por una mano –ahora cálida- que se coló por mi blusa para acariciar la piel de mi espalda. Me di vuelta para mirarte y pensando seriamente que con lo sucedido ayer se habían creado dos nuevos monstruos deseosos de placer y sexo.
— ¿Nos vamos? — me preguntaste alzando una ceja y mirándome con tus ojos tiernos y llenos de cosas que yo no alcanzaba a apreciar.
Tecleé un mensaje para mis dos amigas, excusándome y diciendo que Reneé me había venido a buscar de improviso, y no esperé más para escaparme contigo, Edward. Quizás nunca dudaría en escaparme junto a ti.
Sorpresivamente un relámpago resonó por toda la ciudad, lo más probable, y el viento azotó las puertas de la entrada del instituto. Pasó poco tiempo para que una fuerte lluvia se desatara sobre nosotros mientras corríamos tomados de la mano hacia tu casa.
La risa nos contagiaba a medida que parábamos abruptamente para no caer a posas de agua o tratar de no chocar con las personas y con nosotros mismos. El gorro de mi cazadora no estaba cumpliendo su tarea pues se caía en cuanto comenzábamos a correr nuevamente, ya que por alguna razón no estaban pasando los buses para llegar a tu casa y caminar o correr en este caso era nuestra única opción.
Llegamos empapados al edificio en donde estaba tu departamento y el conserje que ayer te dio una mirada divertida, hoy nos miraba con el ceño fruncido al ver como dejábamos con barro las baldosas blancas.
Jadeando entramos y fuimos azotados por el cálido aire acondicionado. Un dedo tuyo se posó suavemente en mi nuca y eliminó la gota de lluvia que caía por ahí producto de mi cabello mojado. Me estremecí fuertemente y me volví hacia ti para abrazarme a tu cintura.
No pasó mucho tiempo para que la ropa sobrara y tu promesa de "sólo venir a hablar" se rompiera.
Me sorprendí de la forma en que tus ojos se veían ahora: ya no eran tímidos o vacilantes, seguían siendo tiernos, pero la certeza y el deseo permanecía en ellos.
Tu mano grande, en comparación a la mía, abarcó todo el lateral de mi rostro, acariciándolo. Secaste las gotas de lluvia que pasaban por mis labios y mi cabello, y descendiste con la punta de tus dedos para bajar a mi cuello.
Mi cazadora cayó al piso junto con mi suéter y mi corbata. Me sonrojé cuando te arrodillaste y comenzaste al soltar el botón de mi falta que quedaba justo arriba de mi cola, y me sonrojé mucho más porque estiraste tus manos para alcanzarlo, de modo que tu rostro quedaba pegado a mi vientre bajo. La falda también cayó en un sonido bajo y de repente me sentí una niña pequeña llevando sólo mi blusa blanca y mis pantis color azul marino, besaste mi estómago una, dos y tres veces antes de desnudarme por completo.
Te quedaste observando unos segundos mi cuerpo, admirándolo, hasta que diste un suspiro casi de emoción y me abrazaste. Pasé las manos por tu cuello y lentamente te quité la corbata, la camisa y al final el resto de tu ropa, y quedamos en iguales condiciones, abrazados, piel con piel y con nuestros cuerpos reconociéndose por segunda vez.
Me tomaste entre tus brazos y esta vez la necesidad fue tanta que no alcanzamos a llegar a tu habitación, pero la cálida alfombra de tu sala fue idea para unirnos nuevamente.
No sé qué pensabas, si creías que este era mi último día contigo y lo estabas aprovechando, pero tus manos no me dejaron nunca, con los ojos cerrados memorizándome y con los ojos abiertos recordándome. Yo por mi parte, tampoco me perdía ningún detalle de ti como ese lugar que tenías en tu torso y que me encantaba, tus marcados músculos y tu ligero bronceado.
Luego de ponerte un condón que sacaste de tu mochila, entraste en mí suavemente y suspiré de alivio como si hubiese estado sin una parte de mí por mucho tiempo, o mutilada.
Tus ojos tiernos nunca me dejaron y sonreí cuando entre besos me dijiste que me querías una y otra vez. Llegué después de ti a mi orgasmo gritando tu nombre y arañándote la espalda, para caer rendida en tus brazos.
Abrí mis ojos y sonreí otra vez al ver que me mirabas con gran intensidad, como si el amor que sientes por mi fuera verdadero porque yo no sé si creer eso, no sé si pensar en que alguien como tu pudiera quererme a mí. No es que no me valore ni que tenga la autoestima baja, sólo es que conozco mis limitaciones y sé que no soy hermosa pero si quizás algo bonita y no completamente bonita. Sé también que yo no parecía ser la chica que fuera de tu tipo.
Entonces me pregunté quién eras realmente, Edward Cullen…
El chico de cabellos cobrizos y ojos de un verde cálido y hermoso. El chico que ocupaba frenos y su sonrisa torcida seguía siendo la más hermosa de toda. El que con sus ojos me hacía suspirar, que con sus manos me hacía el amor y me acariciaba.
El que amaba a su madre y su hermana, el que era inmaduro, más que yo, y me decía cosas lindas e infantiles. Al que le encantaba el mar y el surf, y el chico con el que tuve una no-relación por casi dos años y ahora justo cuando me voy damos rienda suelta a nuestro "amor".
Pero por sobre todo, Edward Cullen era la persona que yo creía me podría enseñar a creer en mí y en lo que yo era capaz, porque te daría una oportunidad para ver si realmente me amabas tanto como yo te amaba a ti. No pedía que nuestra no-relación durara por siempre, sólo pedía un intento y es esfuerzo para que resistiera unos meses, a pesar de la lejanía.
— Lo bueno es que me traías para hablar— bromeé recostada en tu pecho—, ¿cómo pasó esto?
—Sólo se dio—respondiste—. Cuando las personas se quieren, y lo evitan y no lo pueden aguantar, supongo que terminan rindiéndose o no pueden esconderlo más. — te encogiste de hombros y luego te agachaste para besar el tope de mi cabeza.
— ¿Tu lo podrías haber escondido por más tiempo? —Reí—, se te daba bien. — entonces tomaste mi rostro con tus manos y me miraste fijamente.
— Yo te miraba todo el día, pero hacía lo posible para que no te dieras cuenta de ello, me daba vergüenza. Siempre estuviste presente, Isabella.
— Yo te miraba descaradamente— me acurruqué mas contra tu pecho y pensé en las palabras que debía decir—. ¿Qué pasará ahora? — Dije con miedo— Tuvimos un problema y al final nos iremos con mamá la próxima semana, pero no iré mas al instituto.
— Dejemos que las cosas fluyan, Isabella— me dijiste—. No quiero pensar en una semana más, a ambos nos duele. — tenías razón y mostré mi postura dándote un ligero beso en los labios.
Los siguientes tres días fueron como un sueño. Pasaba todo el día junto a ti y no tenía problemas con mi madre por eso, ya que finalmente le conté todo pero sin dar nombres. Me sonrojé más que la mierda y tartamudeé como tonta, pero Reneé sólo me miró con una sonrisa y ojos llorosos, emocionada porque su niñita ya había tenido su primera vez. Me dijo que ella hubiese preferido esperar un tiempo más, cuando estuviera en la universidad, pero que ya no podía hacer nada con eso y que sólo quedaba apoyarme. Tampoco es como si me hubiese dado libertad y consentimiento para tener sexo 24/7 contigo, pero si me dijo que tenía que tener cuidado, que tomara las cosas con calma y que aprovechara el momento para conocerte, no para cogerte. Sus palabras.
Y aún así no me salvé del típico concejo maternal:
— Estás enamorada de él, lo entiendo, yo también tuve diecisiete años—me dijo—, pero eso no quita que puedas sufrir.
— El no me hará sufrir— dije a la defensiva.
— No estoy diciendo eso— bajó la mirada y pensó sus palabras—. Sólo disfruta, Bella, que muchas veces lo bueno dura poco, y no te mentiré al decirte que tú no estás haciendo las cosas bien, pero eres joven y puedes equivocarte todo lo que quieras.
Y contigo… todo realmente bien. Todo hermoso. Conocí una parte de ti que anduve buscando por mucho tiempo, la parte en que me tomabas de la mano, me mirabas con ojos tiernos o susurrabas letras de canciones a mi oído. Compartimos mucho, demasiado y disfrutamos todos esos días juntos, y ahora por la noche estábamos hablando por teléfono como si no hubiésemos conversado nada durante el día.
— Debo ir a dormir… me dejaste agotada. — me quejé mientras se me escapaba un bostezo involuntario.
— Lo siento—reíste y pude imaginar la sonrisa perversa en tus labios—. Creo que es hora de dormir para los bebés.
— ¿Me dices bebé a mi? — dije indignada—. Eres un descarado, tú eres el niño pequeño, Eddy.
— No discutiré porque mañana te castigaré y me pagarás todas las que me debes. Será fuerte y duro mi castigo, Isabella. — luché por evitar el gemido que se me quería escapar.
— Soy un bebito— dije con voz tierna—, a los bebés no se les castiga.
— A los bebés se les dan nalgadas — tu voz sonó tan ronca que el gemido que aun luchaba en mi interior, finalmente se escapó—. Debo irme, llegó mamá. Te quiero, dulces sueños.
— Dulces sueños, Edward. — y corté suspirando. Reneé me miró divertida y yo sólo la ignoré mientras le decía buenas noches y me iba a acostar.
Me estiré entre mis sábanas y una sensación extraña se instaló en mi pecho. Dijeran lo que dijeran, tenía el presentimiento, mañana iba a pasar algo.
Mamá no se apiadó de mí y no fue inmune a mi típica excusa de "salir con él" y de que era mi penúltimo día contigo, en vez de eso, me tuvo la mayor parte del día empacando algunas cosas que faltaban y haciendo la colada de la ropa que habíamos utilizado esta semana. Finalmente, a las tres de la tarde y después de almorzar comida del McDonald's, pude escaparme hacia tu departamento como habíamos acordado.
Las mariposas revoltosas que sentía en mi estómago comúnmente me causaron estragos, pero esta vez era diferente porque no las sentí en tu presencia ni recordándote, las sentí al ver a una mujer de color castaño claro y ojos verdes llevando cosas hacia un Jeep gris y siendo seguida por varios hombres con cajas de mudanza. También había un gran camión que me confirmó que algún vecino tuyo se estaba mudando.
Antes de que pudiera llegar al elevador, el conserje me tomó suavemente del brazo y me indicó que lo acompañara. Fruncí mi ceño y en silencio lo acompañé hasta su oficina, el cerró la puerta y tuve el presentimiento de que quería que nadie lo viera hablando conmigo.
— ¿Pasa algo, señor? — le pregunté inquieta.
—Sí, señorita— se rascó su cabeza—. Verá, tengo órdenes del joven Edward para no dejarla subir a su piso. — la sangre huyó de mi rostro y mis ojos se abrieron como platos.
— ¿El bajará a la recepción? — traté de que mi voz sonara calmada, pero no funcionó.
— Tampoco— negó con su cabeza—. Yo realmente no sé porqué él hace esto… ustedes estaban bien y ahora con lo de la mudanza.
— ¿Mudanza?, ¿acaso se va? — musité con voz ahogada. El señor asintió y me miró con lástima— ¿A dónde?, ¿sabe porqué?
— No sé nada. — murmuró con pesar. Dirigí mis ojos hacia su teléfono que estaba pegado en una pared, tú tendrías que darme explicaciones.
— ¿Puedo usar su teléfono? Por favor— le rogué—, sólo será un minuto para que él me explique mejor las cosas.
Suspiró y marcó el número que supuse era el de tu departamento, inmediatamente me lo pasó y esperé a que me contestaras.
— ¿Diga? — y ahí estaba tu voz ronca y desanimada, pero eso no ayudó a nada porque yo sentía como si quisiese explotar. El conserje caminó hacia afuera para darme privacidad, supuse.
— Edward…— patéticamente lloriqueé.
— Isabella…— dijiste inmediatamente y encontré en tu voz ese odioso tono de cuando alguien trata de excusarse— yo no quería que esto pasara así, pero es lo mejor. — las palabras salieron feas y torpes de tu boca. Sí, claro, ¿lo mejor para quién? Para ti, por supuesto.
— Es lo mejor para ti, pero yo no pienso lo mismo—dije con voz fría—. Lo que me pregunto es cuándo me lo dirías, ¿Cuándo estuvieras en tu nueva casa, o simplemente desaparecerías?
— Yo… no, ¿leíste la carta? La dejé con el señor Barner— asumí que ese era el conserje—. Entiéndeme por favor.
— Si tú no puedes solucionar las cosas de frente y si por cartitas o recados con tu conserje, no es mi problema— tomé aire—, y en el fondo creo que siempre supe que no fui más que un pasatiempo, ¿qué más se puede esperar en toda una semana? — ibas a hablar, pero yo no te dejé—. Tampoco es tu culpa, Edward… yo fui la tonta ilusa, adiós. — y colgué.
El señor Barner a la fuerza me pasó la carta que me habías dejado, pero yo no la leí y la guardé en el bolsillo de mi pantalón olvidándome de ella por algún tiempo, llamé a mi mamá para que me viniera a buscar y ella estuvo ahí en un minuto siendo alertada por mi voz. Sin decir nada me subí al auto viendo como la señora rubia que antes empacaba cerraba el portaequipaje del Jeep.
— ¿Estás bien? —murmuró Reneé tomando mi mano.
— Tenía que suceder. —sonreí a medias y apoyé mi cabeza en la ventana del auto. Mamá partió, y a lo lejos pude ver una figura de cabello cobrizo corriendo como si su vida dependiera de ello, pero ya era tarde porque mis ojos nublados no lo alcanzaron a distinguir, no supe si eras tú o producto de mi imaginación, y mamá aceleró indiferente a lo que pasaba, impidiendo que me asegurara si habías venido por mí. Aunque todo el mundo me matara, parecía que yo seguía siendo la misma ilusa de siempre.
Y lo peor de todo es que ni siquiera hubo despedida…
.
.
.
¿Te decepcioné o te dejé un mal sabor de boca? Actúas como si nunca hubieras tenido un amor y quisieras que me fuera sin él…
.
Bueno, ¿qué puedo decir? sólo que tenía que suceder esto, quizás no tan rápido... pero tengo algo contra prolongar las cosas que llegarán igual.
¿Por qué Edward se comportó así?, ¿por qué Bella no lo dejó hablar? Cosas de la vida.
En respuesta a algunas preguntas: el día de actualización será los LUNES, y tendrá puntos de vista de Edward, pero no demasiados ya que como ven, la historia es como que Bella se la está contando a Edward.
Muchas gracias por todo su apoyo, sus alertas, favoritos y sin duda los comentarios.
Espero que estén bien,
Isa c:
