4 Retorno a La Madriguera
Antes de que Ginny empezara a leer apareció un sobre la mesa de centro.
En la carta ponía lo siguiente:
Estimados Presente, se les comunica que en breves momentos llegaran a esta sala los Ser. Weasley y Teddy.
Un saludo de la Profesora McGonalls
Quienes son – pregunto Lily
Son los padres de Ron y Ginny y nuestro ahijado – comento Harry
Tengo ganas de conocer a estas personas – comento Sirius
Cuántos años tiene tu ahijado Harry – pregunta James
Tiene dos meses – comento Harry
Y quien es el padre – pregunto Remus
Eso no te lo puedo decir de momento, lo que si te puedo decir es que es huérfano – comento Ginny triste.
En ese momento aparecieron los señores Weasley y Teddy en brazos de Molly.
Todos se saludaron y se presentaron.
He primita no sabía que tuvieras tantos niños ya, en mi tiempo solo tienes 6 – comento Sirius
Si tengo siete hijos biológicos y dos putativos (considerados hijos) – le contesto Molly (por un momento pensemos que los únicos que murieron fueron los Lupin).
Molly si me permites llamarte así, yo quería darte las gracias por preocuparte por mi bebe y alimentarlo como toca – le dijo Lily cogiéndole las manos a Molly
Ya te he dicho que es como un hijo para mí y no me molesta para nada, además si fuera uno de mis hijo seguro que harías lo mismo – le dijo Molly
Quien tenía que leer – pregunto James
Yo – contesto de nuevo Ginny
Pues va pelirroja que tengo hambre – dijo Sirius
A las doce del día siguiente, el baúl de Harry ya estaba lleno de sus cosas del colegio y de sus posesiones más apreciadas: la capa invisible heredada de su
Si tiene la capa de los Potter, mi hijo es un revoltoso – dijo saltando James
Que capa James – le pregunto Lily
Después te lo cuento todo Lils – le contesto este
padre, la escoba voladora que le había regalado Sirius y el mapa encantado de Hogwarts que le habían dado Fred y George el curso anterior. Había vaciado de todo comestible el espacio oculto debajo de la tabla suelta de su habitación y repasado dos veces hasta el último rincón de su dormitorio para no dejarse olvidados ninguna pluma ni ningún libro de embrujos, y había despegado de la pared el calendario en que marcaba los días que faltaban para el 1 de septiembre, el día de la vuelta a Hogwarts.
Sí, soy un buen padrino le he regalado una escoba que seguro que es la mejor de ese tiempo a que si mini cornamenta – le dijo Sirius a Harry
Si la verdad que era la mejor – comento Harry
Canuto muchas gracias por cumplir mi sueño – le agradeció James
Nada, es que soy el mejor – comentó este
El ambiente en el número 4 de Privet Drive estaba muy tenso. La inminente llegada a la casa de un grupo de brujos ponía nerviosos e irritables a los Dursley. Tío Vernon se asustó mucho cuando Harry le informó de que los Weasley llegarían al día siguiente a las cinco en punto.
Eso muy bien hecho Arthur y Molly asustando al personal de esa casa – dijo Sirius chocando los cinco con Arthur.
—Espero que le hayas dicho a esa gente que se vista adecuadamente — gruñó de inmediato—. He visto cómo van. Deberían tener la decencia de ponerse ropa normal.
Y tu tendrías que adelgazar y mi sobrino no te dice lo contrario – dijo Remus
Harry tuvo un presentimiento que le preocupó. Muy raramente había visto a los padres de Ron vistiendo algo que los Dursley pudieran calificar de «normal». Los hijos a veces se ponían ropa muggle durante las vacaciones, pero los padres llevaban generalmente túnicas largas en diversos estados de deterioro. A Harry no le inquietaba lo que pensaran los vecinos, pero sí lo desagradables que podían resultar los Dursley con los Weasley si aparecían con el aspecto que aquéllos reprobaban en los brujos.
Ay, pobre de mi cuñadito si les dice algo que no me guste van a ver lo que es una mujer enfadada – dijo en tono suave Lily
El resto de los presente la miraron con miedo.
Harry tu madre da más miedo que la mía – le susurro Ron a Harry
Ya me he dado cuenta – le contesto Harry
Tío Vernon se había puesto su mejor traje. Alguien podría interpretarlo como un gesto de bienvenida, pero Harry sabía que lo había hecho para impresionar e intimidar. Dudley, por otro lado, parecía algo disminuido, lo cual no se debía a que su dieta estuviera por fin dando resultado, sino al pánico. La última vez que Dudley se había encontrado con un mago adulto salió ganando una cola de cerdo que le sobresalía de los pantalones, y tía Petunia y tío Vernon tuvieron que llevarlo a un hospital privado de Londres para que se la extirparan. Por eso no era sorprendente que Dudley se pasara todo el tiempo restregándose la mano nerviosamente por la rabadilla y caminando de una habitación a otra como los cangrejos, con la idea de no presentar al enemigo el mismo objetivo.
Que le ha pasado a tu primo para taparse el culo – pregunto Remus
Ya te lo contare – le dijo Harry
La comida (queso fresco y apio rallado) transcurrió casi en total silencio. Dudley ni siquiera protestó por ella. Tía Petunia no probó bocado. Tenía los brazos cruzados, los labios fruncidos, y se mordía la lengua como masticando la furiosa reprimenda que hubiera querido echarle a Harry.
—Vendrán en coche, espero —dijo a voces tío Vernon desde el otro lado de la mesa.
—Ehhh... —Harry no supo qué contestar.
La verdad era que no había pensado en aquel detalle. ¿Cómo irían a buscarlo los Weasley? Ya no tenían coche, porque el viejo Ford Anglia que habían poseído corría libre y salvaje por el bosque prohibido de Hogwarts. Sin embargo, el año anterior el Ministerio de Magia le había prestado un coche al señor Weasley. ¿Haría lo mismo en aquella ocasión?
Que fue del coche Arthur? me lo prestarías – pregunto James
Pues el coche no te lo puedo dejar por que como bien dice el libro está en el bosque prohibido – dijo este
Qué pena – dijo James
—Creo que sí —respondió al final.
El bigote de tío Vernon se alborotó con su resoplido. Normalmente hubiera preguntado qué coche tenía el señor Weasley, porque solía juzgar a los demás hombres por el tamaño y precio de su automóvil. Pero, en opinión de Harry, a tío Vernon no le gustaría el señor Weasley aunque tuviera un Ferrari.
Ferrari que es eso? – pregunto Dumbledore
Es la marca de un coche profesor – contesto Harry
Harry pasó la mayor parte de la tarde en su habitación. No podía soportar la visión de tía Petunia escudriñando a través de los visillos cada pocos segundos como si hubieran avisado que andaba suelto un rinoceronte. A las cinco menos cuarto Harry volvió a bajar y entró en la sala. Tía Petunia colocaba y recolocaba los cojines de manera compulsiva. Tío Vernon hacía como que leía el periódico, pero no movía los minúsculos ojos, y Harry supuso que en realidad escuchaba con total atención por si oía el ruido de un coche. Dudley estaba hundido en un sillón, con las manos de cerdito puestas debajo de él y agarrándose firmemente la rabadilla. Incapaz de aguantar la tensión que había en el ambiente, Harry salió de la habitación y se fue al recibidor, a sentarse en la escalera, con los ojos fijos en el reloj y el corazón latiéndole muy rápido por la emoción y los nervios.
Pero llegaron las cinco en punto... y pasaron. Tío Vernon, sudando ligeramente dentro de su traje, abrió la puerta de la calle, escudriñó a un lado y a otro, y volvió a meter la cabeza en la casa.
— ¡Se retrasan! —le gruñó a Harry.
—Ya lo sé —murmuró Harry—. A lo mejor hay problemas de tráfico, yo qué sé.
No fue culpa de Ginny que quería venir con nosotros – le contesto Ron a Harry
Sobrinita te puedo hacer una pregunta – sonrió Sirius a Ginny
Si claro dime – Contesto Ginny
Que querías hacerle a mini cornamenta – pregunto Sirius
Nada – dijo sonrojada y acto seguido le dio una colleja a su hermano – aprenderás a estar calladito
Todo el mundo en la sala se reía, menos Harry claro tenía que apoyar a su novia.
Las cinco y diez... las cinco y cuarto... Harry ya empezaba a preocuparse. A las cinco y media oyó a tío Vernon y a tía Petunia rezongando en la sala de estar.
—No tienen consideración.
—Podríamos haber tenido un compromiso.
Si claro y mi prima Bella es la persona más dulce de este mundo – dijo Sirius
—Tal vez creen que llegando tarde los invitaremos a cenar.
—Ni soñarlo —dijo tío Vernon. Harry lo oyó ponerse en pie y caminar nerviosamente por la sala—. Recogerán al chico y se irán. No se entretendrán. Eso... si es que vienen. A lo mejor se han confundido de día. Me atrevería a decir que la gente de su clase no le da mucha importancia a la puntualidad. O bien es que en vez de coche tienen una cafetera que se les ha avena... ¡Ahhhhhhhhhhhhh!
Ni que nosotros quisiéramos cenar con vosotros – contesto Arthur
Que ha pasado – pregunto una alterada Lily
Harry pegó un salto. Del otro lado de la puerta de la sala le llegó el ruido que hacían los Dursley moviéndose aterrorizados y descontroladamente por la sala. Un instante después, Dudley entró en el recibidor como una bala, completamente lívido.
— ¿Qué pasa? —Preguntó Harry—. ¿Qué ocurre? Pero Dudley parecía incapaz de hablar y, con movimientos de pato y agarrándose todavía las nalgas con las manos, entró en la cocina. En el interior de la chimenea de los Dursley, que tenía empotrada una estufa eléctrica que simulaba un falso fuego, se oían golpes y rasguños.
Quien ha tenido la estupenda idea de ir por la chimenea de una casa muggle – pregunto partiéndose de la risa Remus
— ¿Qué es eso? —preguntó jadeando tía Petunia, que había retrocedido hacia la pared y miraba aterrorizada la estufa—. ¿Qué es, Vernon?
La duda sólo duró un segundo. Desde dentro de la chimenea cegada se podían oír voces.
— ¡Ay! No, Fred... Vuelve, vuelve. Ha habido algún error. Dile a George que no... ¡Ay! No, George, no hay espacio. Regresa enseguida y dile a Ron...
—A lo mejor Harry nos puede oír, papá... A lo mejor puede ayudarnos salir...
Se oyó golpear fuerte con los puños al otro lado de la estufa.
— ¡Harry! Harry, ¿nos oyes?
Los Dursley rodearon a Harry como un par de lobos hambrientos.
— ¿Qué es eso? —Gruñó tío Vernon—. ¿Qué pasa?
—Han... han intentado llegar con polvos flu —explicó Harry, conteniendo unas ganas locas de reírse—. Pueden viajar de una chimenea a otra... pero no se imaginaban que la chimenea estaría obstruida. Un momento...
Se acercó a la chimenea y gritó a través de las tablas:
— ¡Señor Weasley! ¿Me oye?
El martilleo cesó. Alguien, dentro de la chimenea, chistó: « ¡Shhh!»
— ¡Soy Harry, señor Weasley ..! La chimenea está cegada. No podrán entrar por aquí.
— ¡Maldita sea! —dijo la voz del señor Weasley—. ¿Para qué diablos taparon la chimenea?
—Tienen una estufa eléctrica —explicó Harry.
— ¿De verdad? —preguntó emocionado el señor Weasley—. ¿Has dicho ecléctica? ¿Con enchufe? ¡Santo Dios! ¡Eso tengo que verlo...! Pensemos... ¡Ah, Ron!
La voz de Ron se unió a la de los otros.
— ¿Qué hacemos aquí? ¿Algo ha ido mal?
—No, Ron, qué va —dijo sarcásticamente la voz de Fred—. Éste es exactamente el sitio al que queríamos venir.
—Sí, nos lo estamos pasando en grande —añadió George, cuya voz sonaba ahogada, como si lo estuvieran aplastando contra la pared.
Estos chicos tienen que ser lo más – dijo Sirius emocionado
Si quienes son – Pregunto James
Son los gemelos – contesto Molly
Ah! – dijeron los dos amigos
—Muchachos, muchachos... —dijo vagamente el señor Weasley—. Estoy intentando pensar qué podemos hacer... Sí... el único modo... Harry, échate atrás.
Harry se retiró hasta el sofá, pero tío Vernon dio un paso hacia delante.
— ¡Esperen un momento! —Bramó en dirección a la chimenea—. ¿Qué es lo que pretenden...?
¡BUM!
La estufa eléctrica salió disparada hasta el otro extremo de la sala cuando todas las tablas que tapaban la chimenea saltaron de golpe y expulsaron al señor Weasley, Fred, George y Ron entre una nube de escombros y gravilla suelta. Tía Petunia dio un grito y cayó de espaldas sobre la mesita del café. Tío Vernon la cogió antes de que pegara contra el suelo, y se quedó con la boca abierta, sin habla, mirando a los Weasley, todos con el pelo de color rojo vivo, incluyendo a Fred y George, que eran idénticos hasta el último detalle.
Eso no le va hacer nada de gracia a mi hermana – dijo Lily
—Así está mejor —dijo el señor Weasley, jadeante, sacudiéndose el polvo de la larga túnica verde y colocándose bien las gafas—. ¡Ah, ustedes deben de ser los tíos de Harry!
Alto, delgado y calvo, se dirigió hacia tío Vernon con la mano tendida, pero tío Vernon retrocedió unos pasos para alejarse de él, arrastrando a tía Petunia e incapaz de pronunciar una palabra. Tenía su mejor traje cubierto de polvo blanco, así como el cabello y el bigote, lo que lo hacía parecer treinta años más viejo.
Buena descripción Harry – dijo Molly
—Eh... bueno... disculpe todo esto —dijo el señor Weasley, bajando la mano y observando por encima del hombro el estropicio de la chimenea—. Ha sido culpa mía: no se me ocurrió que podía estar cegada. Hice que conectaran su chimenea a la Red Flu, ¿sabe? Sólo por esta tarde, para que pudiéramos recoger a Harry. Se supone que las chimeneas de los muggles no deben conectarse... pero tengo un conocido en el Equipo de Regulación de la Red Flu que me ha hecho el favor. Puedo dejarlo como estaba en un segundo, no se preocupe. Encenderé un fuego para que regresen los muchachos, y repararé su chimenea antes de desaparecer yo mismo.
Primito fardando de contactos - le dijo Sirius a Arthur
Harry sabía que los Dursley no habían entendido ni una palabra. Seguían mirando al señor Weasley con la boca abierta, estupefactos. Con dificultad, tía Petunia se alzó y se ocultó detrás de tío Vernon.
— ¡Hola, Harry! —saludó alegremente el señor Weasley—. ¿Tienes listo el baúl?
—Arriba, en la habitación —respondió Harry, devolviéndole la sonrisa.
—Vamos por él —dijo Fred de inmediato. Él y George salieron de la sala guiñándole un ojo a Harry. Sabían dónde estaba su habitación porque en una ocasión lo habían ayudado a fugarse de ella en plena noche. A Harry le dio la impresión de que Fred y George esperaban echarle un vistazo a Dudley, porque les había hablado mucho de él.
Como es que conocen la casa de la hermana de Lily – dijo James
Pues porque en mi segundo año vinieron en una visita nocturna –dijo Harry
Quiero conocer a esos dos – dijo Sirius
—Bueno —dijo el señor Weasley, balanceando un poco los brazos mientras trataba de encontrar palabras con las que romper el incómodo silencio—. Tie... tienen ustedes una casa muy agradable.
Como la sala habitualmente inmaculada se hallaba ahora cubierta de polvo y trozos de ladrillo, este comentario no agradó demasiado a los Dursley. El rostro de tío Vernon se tiñó otra vez de rojo, y tía Petunia volvió a quedarse boquiabierta. Pero tanto uno como otro estaban demasiado asustados para decir nada.
El señor Weasley miró a su alrededor. Le fascinaba todo lo relacionado con los muggles. Harry lo notó impaciente por ir a examinar la televisión y el vídeo.
—Funcionan por eclectricidad, ¿verdad? —dijo en tono de entendido—¡Ah, sí, ya veo los enchufes! Yo colecciono enchufes —añadió dirigiéndose a tío Vernon—. Y pilas. Tengo una buena colección de pilas. Mi mujer cree que estoy chiflado, pero ya ve.
Arthur – lo regaño Molly a su marido
Era evidente que tío Vernon era de la misma opinión que la señora Weasley. Se movió ligeramente hacia la derecha para ponerse delante de tía Petunia, como si pensara que el señor Weasley podía atacarlos de un momento a otro.
Oye que mi padre no es agresivo – dijo Ron
Eso nunca se ha peleado con nadie – dijo Ginny
Eso no es verdad en nuestro segundo curso se pego con Lucius – comento Hermione
De verdad que hiciste eso – pregunto James
Si bueno perdí los papeles – contesto Arthur sonrojado
Eres nuestro ídolo – dijeron los merodeadores al unisón
Dudley apareció de repente en la sala. Harry oyó el golpeteo del baúl en los peldaños y comprendió que el ruido había hecho salir a Dudley de la cocina.
Fue caminando pegado a la pared, vigilando al señor Weasley con ojos desorbitados, e intentó ocultarse detrás de sus padres. Por desgracia, las dimensiones de tío Vernon, que bastaban para ocultar a la delgada tía Petunia, de ninguna manera podían hacer lo mismo con Dudley.
— ¡Ah, éste es tu primo!, ¿no, Harry? —dijo el señor Weasley, tratando de entablar conversación.
—Sí —dijo Harry—, es Dudley.
Él y Ron se miraron y luego apartaron rápidamente la vista. La tentación de echarse a reír fue casi irresistible. Dudley seguía agarrándose el trasero como si tuviera miedo de que se le cayera. El señor Weasley, en cambio, parecía sinceramente preocupado por el peculiar comportamiento de Dudley. Por el tono de voz que empleó al volver a hablar, Harry comprendió que el señor Weasley suponía a Dudley tan mal de la cabeza como los Dursley lo suponían a él, con la diferencia de que el señor Weasley sentía hacia el muchacho más conmiseración que miedo.
— ¿Estás pasando unas buenas vacaciones, Dudley? —preguntó cortésmente.
Dudley gimoteó. Harry vio que se agarraba aún con más fuerza el enorme trasero.
Fred y George regresaron a la sala, transportando el baúl escolar de Harry. Miraron a su alrededor en el momento en que entraron y distinguieron a Dudley. Se les iluminó la cara con idéntica y maligna sonrisa.
— ¡Ah, bien! —dijo el señor Weasley—. Será mejor darse prisa.
Se remangó la túnica y sacó la varita. Harry vio a los Dursley echarse atrás contra la pared, como si fueran uno solo.
— ¡Incendio! —exclamó el señor Weasley, apuntando con su varita al orificio que había en la pared.
De inmediato apareció una hoguera que crepitó como si llevara horas encendida. El señor Weasley se sacó del bolsillo un saquito, lo desanudó, cogió un pellizco de polvos de dentro y lo echó a las llamas, que adquirieron un color verde esmeralda y llegaron más alto que antes.
—Tú primero, Fred —indicó el señor Weasley.
—Voy —dijo Fred—. ¡Oh, no! Esperad...
A Fred se le cayó del bolsillo una bolsa de caramelos, y su contenido rodó en todas direcciones: grandes caramelos con envoltorios de vivos colores.
Fred los recogió a toda prisa y los metió de nuevo en los bolsillos; luego se despidió de los Dursley con un gesto de la mano y avanzó hacia el fuego diciendo: «¡La Madriguera!» Tía Petunia profirió un leve grito de horror. Se oyó una especie de rugido en la hoguera, y Fred desapareció.
—Ahora tú, George —dijo el señor Weasley—. Con el baúl.
Harry ayudó a George a llevar el baúl hasta la hoguera, y lo puso de pie para que pudiera sujetarlo mejor. Luego, gritó « ¡La Madriguera!», se volvió a oír el rugido de las llamas y George desapareció a su vez.
—Te toca, Ron —indicó el señor Weasley.
—Hasta luego —se despidió alegremente Ron. Tras dirigirle a Harry una amplia sonrisa, entró en la hoguera, gritó « ¡La Madriguera!» y desapareció.
Ya sólo quedaban Harry y el señor Weasley.
—Bueno... Pues adiós —les dijo Harry a los Dursley.
Pero ellos no respondieron. Harry avanzó hacia el fuego; pero, justo cuando llegaba ante él, el señor Weasley lo sujetó con una mano. Observaba atónito a los Dursley.
—Harry les ha dicho adiós —dijo—. ¿No lo han oído?
—No tiene importancia —le susurró Harry al señor Weasley—. De verdad, me da igual.
ME ESTAS DICIENDO QUE TE DESPIDES DE ELLOS CON EDUCACION Y NO SON CAPACES DE DECIRTE UN TRISTE ADIOS- grito con furia Lily
Lily cálmate que te vas a poner de parto aquí – le dijo Sirius
Amor calma ya los cogeremos y les diremos cuatro cosas – le dijo James sonriendo a su mujer
Tú empieza a pensar en que se le puede hacer que no implique prisión y entonces me tranquilizare y a ti Harry te prohíbo hacerles el menor caso ni un saludo a partir de ahora entendido – le dijo Lily
Si mama – dijo Harry
Pero el señor Weasley no le quitó la mano del hombro.
—No va a ver a su sobrino hasta el próximo verano —dijo indignado a tío Vernon—. ¿No piensa despedirse de él?
El rostro de tío Vernon expresó su ira. La idea de que un hombre que había armado aquel estropicio en su sala de estar le enseñara modales era insoportable. Pero el señor Weasley seguía teniendo la varita en la mano, y tío Vernon clavó en ella sus diminutos ojos antes de contestar con tono de odio:
—Adiós.
Si lo sabe decir – dijo Remus
Muy bien hecho Arthur – le felicito Molly a su marido
—Hasta luego —respondió Harry, introduciendo un pie en la hoguera de color verde, que resultaba de una agradable tibieza. Pero en aquel momento oyó detrás de él un horrible sonido como de arcadas y a tía Petunia que se ponía a gritar.
Harry se dio la vuelta. Dudley ya no trataba de ocultarse detrás de sus padres, sino que estaba arrodillado junto a la mesita del café, resoplando y dando arcadas ante una cosa roja y delgada de treinta centímetros de largo que le salía de la boca. Tras un instante de perplejidad, Harry comprendió que aquella cosa era la lengua de Dudley... y vio que delante de él, en el suelo, había un envoltorio de colores brillantes.
Tía Petunia se lanzó al suelo, al lado de Dudley, agarró el extremo de su larga lengua y trató de arrancársela; como es lógico, Dudley gritó y farfulló más que antes, intentando que ella desistiera. Tío Vernon daba voces y agitaba los brazos, y el señor Weasley no tuvo más remedio que gritar para hacerse oír.
— ¡No se preocupen, puedo arreglarlo! —chilló, avanzando hacia Dudley con la mano tendida.
Quien le ha hecho eso – pregunto Sirius
Pero tía Petunia gritó aún más y se arrojó sobre Dudley para servirle de escudo.
— ¡No se pongan así! —dijo el señor Weasley, desesperado—. Es un proceso muy simple. Era el caramelo. Mi hijo Fred... es un bromista redomado. Pero no es más que un encantamiento aumentador... o al menos eso creo. Déjenme, puedo deshacerlo...
Esos chicos son lo más – dijo Remus
Pero, lejos de tranquilizarse, los Dursley estaban cada vez más aterrorizados: tía Petunia sollozaba como una histérica y tiraba de la lengua de Dudley dispuesta a arrancársela; Dudley parecía estar ahogándose bajo la doble presión de su madre y de su lengua; y tío Vernon, que había perdido completamente el control de sí mismo, cogió una figura de porcelana del aparador y se la tiró al señor Weasley con todas sus fuerzas. Éste se agachó, y la figura de porcelana fue a estrellarse contra la descompuesta chimenea.
— ¡Vaya! —exclamó el señor Weasley, enfadado y blandiendo la varita—. ¡Yo sólo trataba de ayudar!
Aullando como un hipopótamo herido, tío Vernon agarró otra pieza de adorno.
— ¡Vete, Harry! ¡Vete ya! —gritó el señor Weasley, apuntando con la varita a tío Vernon—. ¡Yo lo arreglaré!
Harry no quería perderse la diversión, pero un segundo adorno le pasó rozando la oreja izquierda, y decidió que sería mejor dejar que el señor Weasley resolviera la situación. Entró en el fuego dando un paso, sin dejar de mirar por encima del hombro mientras decía « ¡La Madriguera!». Lo último que alcanzó a ver en la sala de estar fue cómo el señor Weasley esquivaba con la varita el tercer adorno que le arrojaba tío Vernon mientras tía Petunia chillaba y cubría con su cuerpo a Dudley, cuya lengua, como una serpiente pitón larga y delgada, se le salía de la boca. Un instante después, Harry giraba muy rápido, y la sala de estar de los Dursley se perdió de vista entre el estrépito de llamas de color esmeralda.
Harry eres muy curioso no – le dijo Remus
No, pero era divertido ver a mi primo llorando, a mi tía intentando arrancarle la lengua y a Vernon perdiendo los papeles y con el salón destrozado – dijo entre risas Harry
Por lo menos tú pudiste verlo nosotros no – dijo Ron
Se acabó el capitulo quien lee ahora – pregunto Ginny
Creo que yo leeré – dijo Ron
Tienes fiebre amor – le pregunto Hermione
No pero me apetece leer este capítulo – le contesto el dándole un beso
Oye eso en privado – le dijo Sirius
5 Sortilegios Weasley
Qué es eso – preguntaron los del pasado
Ya verán – dijo Harry
Yo sigo preguntándome como consiguieron el dinero – pregunto Molly
Molly yo tengo algo que decirle – le dijo Harry a su suegra
Dime cariño que quieres decirme – le pregunto Molly
El dinero se lo di yo – le dijo Harry y continuo explicando – con el premio recuerda pensé que sería buena idea darles un empujoncito dado que en los tiempos que correría necesitaríamos todas las risas que se pudieran sobre todo los mas pequeños que entraron en el colegio
Por que nunca lo dijiste hasta hoy – dijo Molly
Pensé que no le haría gracia que les diera el dinero – le contesto Harry
Sabes Lily tu hijo de bueno es tonto – le dijo Molly
Ya me he dado cuenta pero que vamos hacerle – dijo Lily
Oye vosotras dos queréis dejar de meteros con el – dijo Ginny enfadada – si no fuera por el tus hijo no tendrían trabajo y usted Sra. Potter su hijo ha dado por el mundo mágico más que cualquiera, pero yo estoy orgullosa de él y le agradezco que le dejara el dinero a mis hermanos así ellos no felices
Hija no te enfades no iba por ahí las cosas sino que no le hubiera dicho nada – les dijo Molly con una sonrisa
Hombre Ginny no te enfades pero es que tu madre tiene razón tú crees que ella se hubiera enfadado si se lo hubiera dicho – le dijo Lily
Hijo me gusta tu novia le ha dado igual decirle todo le que ha dicho tanto a su madre como ha su suegra vamos que los tiene bien puesto – dijo James
Es genial mi niña –le contesto Harry a su padre, dándole un beso a su novia
Harry dio vueltas cada vez más rápido con los codos pegados al cuerpo.
Borrosas chimeneas pasaban ante él a la velocidad del rayo, hasta que se sintió mareado y cerró los ojos. Cuando por fin le pareció que su velocidad aminoraba, estiró los brazos, a tiempo para evitar darse de bruces contra el suelo de la cocina de los Weasley al salir de la chimenea.
—¿Se lo comió? —preguntó Fred ansioso mientras le tendía a Harry la mano para ayudarlo a levantarse.
—Sí —respondió Harry poniéndose en pie—. ¿Qué era?
—Caramelo longuilinguo —explicó Fred, muy contento—. Los hemos inventado George y yo, y nos hemos pasado el verano buscando a alguien en quien probarlos...
Todos prorrumpieron en carcajadas en la pequeña cocina; Harry miró a su alrededor, y vio que Ron y George estaban sentados a una mesa de madera desgastada de tanto restregarla, con dos pelirrojos a los que Harry no había visto nunca, aunque no tardó en suponer quiénes serían: Bill y Charlie, los dos hermanos mayores Weasley.
Si que supusiste bien – dijo Ron
—¿Qué tal te va, Harry? —preguntó el más cercano a él, dirigiéndole una amplia sonrisa y tendiéndole una mano grande que Harry estrechó. Estaba llena de callos y ampollas. Aquél tenía que ser Charlie, que trabajaba en Rumania con dragones. Su constitución era igual a la de los gemelos, y diferente de la de Percy y Ron, que eran más altos y delgados. Tenía una cara ancha de expresión bonachona, con la piel curtida por el clima de Rumania y tan llena de pecas que parecía bronceada; los brazos eran musculosos, y en uno de ellos se veía una quemadura grande y brillante.
Haces deducciones buenas casi sin conocer a la gente – le dijo Ginny a Harry dándole un beso apasionado y él le respondió gustoso
Harry por favor esas cosas a un hotel – le dijo Sirius
Sirius no des ideas por favor – dijo Molly
Bill se levantó sonriendo y también le estrechó la mano a Harry, quien se sorprendió. Sabía que Bill trabajaba para Gringotts, el banco del mundo mágico, y que había sido Premio Anual de Hogwarts, y siempre se lo había imaginado como una versión crecida de Percy: quisquilloso en cuanto al incumplimiento de las normas e inclinado a mandar a todo el mundo. Sin embargo, Bill era (no había otra palabra para definirlo) guay: era alto, tenía el pelo largo y recogido en una coleta, llevaba un colmillo de pendiente e iba vestido de manera apropiada para un concierto de rock, salvo por las botas (que, según reconoció Harry, no eran de cuero sino de piel de dragón).
Y está casado y sigue con el pelo largo es que no se cómo hacer para lograr que lo lleve corto – dijo apenada Molly
Antes de que ninguno de ellos pudiera añadir nada, se oyó un pequeño estallido y el señor Weasley apareció de pronto al lado de George. Harry no lo había visto nunca tan enfadado.
—¡No ha tenido ninguna gracia, Fred! ¿Qué demonios le diste a ese niño muggle?
—No le di nada —respondió Fred, con otra sonrisa maligna—. Sólo lo dejé caer... Ha sido culpa suya: lo cogió y se lo comió. Yo no le dije que lo hiciera.
—¡Lo dejaste caer a propósito! —vociferó el señor Weasley—. Sabías que se lo comería porque estaba a dieta...
—¿Cuánto le creció la lengua? —preguntó George, con mucho interés.
—Cuando sus padres me permitieron acortársela había alcanzado más de un metro de largo.
Harry y los Weasley prorrumpieron de nuevo en una sonora carcajada.
Harry no te vuelva a reír cuando Arthur este regañándolos a todo – dijo Lily
Pero mama era gracioso – dijo Harry
TE PARECE GRACIOSO QUE LE TIREN FIGURAS Y OTRAS COSAS A TU SUEGRO A LA CABEZA, QUE SEA A LA ULTIMA VEZ QUE TE RIES CUANDO EL TE ESTE HABLANDO QUEDA CLARO – dijo Lily
Muy claro – dijo este
—¡No tiene gracia! —gritó el señor Weasley—. ¡Ese tipo de comportamiento enturbia muy seriamente las relaciones entre magos y muggles! Me paso la mitad de la vida luchando contra los malos tratos a los muggles, y resulta que mis propios hijos...
En eso tienes razón Molly – dijo Lilly
—¡No se lo dimos porque fuera muggle! —respondió Fred, indignado.
—No. Se lo dimos porque es un asqueroso bravucón —explicó George—. ¿No es verdad, Harry?
—Sí, lo es —contestó Harry seriamente.
—¡Ésa no es la cuestión! —repuso enfadado el señor Weasley—. Ya veréis cuando se lo diga a vuestra madre.
—¿Cuando me digas qué? —preguntó una voz tras ellos.
La señora Weasley acababa de entrar en la cocina. Era bajita, rechoncha y tenía una cara generalmente muy amable, aunque en aquellos momentos la sospecha le hacía entornar los ojos.
—¡Ah, hola, Harry! —dijo sonriéndole al advertir que estaba allí. Luego volvió bruscamente la mirada a su mando—. ¿Qué es lo que tienes que decirme?
Siempre te ha tratado de otra forma distinta a nosotros – le susurro Ginny a su novio en el oído
Eso es porque no tengo padres, entonces ella hace de madre cariñosa conmigo pero no se corta cuando tiene que echarme la bronca – le susurro Harry de vuelta
Eh! Vosotros dos que cuchicheáis – les dijo Sirius
Y a ti que más te da canuto – le respondió Lily
El señor Weasley dudó. Harry se dio cuenta de que, a pesar de estar tan enfadado con Fred y George, no había tenido verdadera intención de contarle a la señora Weasley lo ocurrido. Se hizo un silencio mientras el señor Weasley observaba nervioso a su mujer. Entonces aparecieron dos chicas en la puerta de la cocina, detrás de la señora Weasley: una, de pelo castaño y espeso e incisivos bastante grandes, era Hermione Granger, la amiga de Harry y Ron; la otra, menuda y pelirroja, era Ginny, la hermana pequeña de Ron. Las dos sonrieron a Harry, y él les sonrió a su vez, lo que provocó que Ginny se sonrojara: Harry le había gustado desde su primera visita a La Madriguera.
—¿Qué tienes que decirme, Arthur? —repitió la señora Weasley en un tono de voz que daba miedo.
—Nada, Molly —farfulló el señor Weasley—. Fred y George sólo... He tenido unas palabras con ellos...
Así que nada no – dijo Molly
—¿Qué han hecho esta vez? —preguntó la señora Weasley—. Si tiene que ver con los «Sortilegios Weasley»...
—¿Por qué no le enseñas a Harry dónde va a dormir, Ron? —propuso Hermione desde la puerta.
—Ya lo sabe —respondió Ron—. En mi habitación. Durmió allí la última...
—Podemos ir todos —dijo Hermione, con una significativa mirada.
—¡Ah! —exclamó Ron, cayendo en la cuenta—. De acuerdo.
Eres un poco corto no Ron – le dijo James
Oye en aquel momento estaba distraído – le dijo Ron
—Sí, nosotros también vamos —dijo George.
—¡Vosotros os quedáis donde estáis! —gruñó la señora Weasley.
Se siente no se libran ni queriendo – se mofo Sirius
Black estate calladito que tú te has comido un montón de broncas de la madre de James que me lo ha contado todo Dorea – le dijo Lily
Cornamenta dile a tu madre que no cuente mis secretos – dijo Sirius
Ahora es mi madre y esta mañana era la Tía Dorea no canuto – comento James haciendo reír al resto
De verdad que la abuela regañaba a Canuto – pregunto Harry a sus padres
Como si fuera hijo suyo – contesto Remus por la pareja que no dejaba de reírse
Harry y Ron salieron despacio de la cocina y, acompañados por Hermione y Ginny, emprendieron el camino por el estrecho pasillo y subieron por la desvencijada escalera que zigzagueaba hacia los pisos superiores.
—¿Qué es eso de los «Sortilegios Weasley»? —preguntó Harry mientras subían.
Ron y Ginny se rieron, pero Hermione no.
—Mi madre ha encontrado un montón de cupones de pedido cuando limpiaba la habitación de Fred y George —explicó Ron en voz baja—. Largas listas de precios de cosas que ellos han inventado. Artículos de broma, ya sabes: varitas falsas y caramelos con truco, montones de cosas. Es estupendo: nunca me imaginé que hubieran estado inventando todo eso...
Y tenemos que esperar un montón de años para ver sus artículos es injusto – dijo Sirius como un niño pequeño
Y que ha pasado con Zonko - pregunto James
Nada sigue abierto pero ya no tiene tantos clientes – respondió orgullosa Molly
—Hace mucho tiempo que escuchamos explosiones en su habitación, pero nunca supusimos que estuvieran fabricando algo —dijo Ginny—. Creíamos que simplemente les gustaba el ruido.
—Lo que pasa es que la mayor parte de los inventos... bueno, todos, en realidad... son algo peligrosos y, ¿sabes?, pensaban venderlos en Hogwarts para sacar dinero. Mi madre se ha puesto furiosa con ellos. Les ha prohibido seguir fabricando nada y ha quemado todos los cupones de pedido... Además está enfadada con ellos porque no han conseguido tan buenas notas como esperaba...
Primita eres una mujer cruel como no los dejaste hacer lo que más les gustaba – dijo Sirius
Porque en ese momento eran menores de edad, además dedicaban más tiempo a inventar que estudiar así que nada y no eran capaces de llevarlas dos cosas como tocaba lo primero eran los estudios – explico Molly
Yo pienso lo mismo que tu Molly – dijo Lily a la suegra de su hijo
—Y también ha habido broncas porque mi madre quiere que entren en el Ministerio de Magia como nuestro padre, y ellos le han dicho que lo único que quieren es abrir una tienda de artículos de broma —añadió Ginny.
Entonces se abrió una puerta en el segundo rellano y asomó por ella una cara con gafas de montura de hueso y expresión de enfado.
—Hola, Percy —saludó Harry.
—Ah, hola, Harry —contestó Percy—. Me preguntaba quién estaría armando tanto jaleo. Intento trabajar, ¿sabéis? Tengo que terminar un informe para la oficina, y resulta muy difícil concentrarse cuando la gente no para de subir y bajar la escalera haciendo tanto ruido.
Un poco quisquilloso el pequeño Percy no – dijo Remus
Si también un poco imbécil – comento Ron en voz baja pero con la mala suerte de que su madre lo escucho
RONALD BILIUS WAESLEY QUE TE TENGO DICHO DE INSULTAR A TUS HEMANOS, QUEDARAS CASTIGADO CUANDO TERMINE TODO ESTO YA VERAS TU – le grito Molly a su hijo
Nadie dijo nada y se continúo con la lectura
—No hacemos tanto ruido —replicó Ron, enfadado—. Estamos subiendo con paso normal. Lamentamos haber entorpecido los asuntos reservados del Ministerio.
—¿En qué estás trabajando? —quiso saber Harry.
—Es un informe para el Departamento de Cooperación Mágica Internacional —respondió Percy con aires de suficiencia—. Estamos intentando estandarizar el grosor de los calderos. Algunos de los calderos importados son algo delgados, y el goteo se ha incrementado en una proporción cercana al tres por ciento anual...
Y con su informe conseguirá cambiar de puesto de trabajo en el ministerio no – dijo Sirius
—Eso cambiará el mundo —intervino Ron—. Ese informe será un bombazo. Ya me lo imagino en la primera página de El Profeta: «Calderos con agujeros.»
Percy se sonrojó ligeramente.
—Puede que te parezca una tontería, Ron —repuso acaloradamente—, pero si no se aprueba una ley internacional bien podríamos encontrar el mercado inundado de productos endebles y de culo demasiado delgado que pondrían seriamente en peligro...
—Sí, sí, de acuerdo —interrumpió Ron, y siguió subiendo.
Eres un maleducado Ron de momento olvídate de esa cena en el lago con Hermione – le dijo su madre
Molly y yo tengo que quedarme sin cenar por el comentario de su hijo hace cuatro años – le dijo Hermione un poco enfadada
Sin cenar no te quedaras, cenaras con toda la familia – le dijo su suegra con una sonrisa
Claro lo que estaba desando Hermione cenar con todos nosotros – dijo riéndose Harry
Y tú te quedaras una semana sin pasear con tu novia si te sigues riendo de tus amigos jovencito – le dijo su madre
Mama – dijo este
Y si replicas será dos – dijo esta
Percy cerró la puerta de su habitación dando un portazo. Mientras Harry, Hermione y Ginny seguían a Ron otros tres tramos, les llegaban ecos de gritos procedentes de la cocina. El señor Weasley debía de haberle contado a su mujer lo de los caramelos.
Si lo hizo y estuvieron castigados lo que quedo de verano sin poder mandar cartas a Lee Jordan – aclaro Molly a todos los presentes
La habitación donde dormía Ron en la buhardilla de la casa estaba casi igual que el verano anterior: los mismos pósters del equipo de quidditch favorito de Ron, los Chudley Cannons, que daban vueltas y saludaban con la mano desde las paredes y el techo inclinado; y en la pecera del alféizar de la ventana, que antes contenía huevas de rana, había una rana enorme. Ya no estaba Scabbers, la vieja rata de Ron, pero su lugar lo ocupaba la pequeña lechuza gris que había llevado la carta de Ron a Privet Drive para entregársela a Harry. Daba saltos en una jaulita y gorjeaba como loca.
—¡Cállate, Pig! —le dijo Ron, abriéndose paso entre dos de las cuatro camas que apenas cabían en la habitación—. Fred y George duermen con nosotros porque Bill y Charlie ocupan su cuarto —le explicó a Harry—. Percy se queda la habitación toda para él porque tiene que trabajar.
Molly una pregunta como os lo apañabais cuando estabais todo cuando eran pequeños –pregunto Remus
Billy dormía solo en la habitación del tercer piso, Charlie y Percy juntos en el cuarto piso, los gemelos con Ron el quinto piso, Ginny sola en el segundo piso y nosotros en el primero –dijo Molly
A mí me gustaría tener por lo menos una par de hermanos – comento serio Harry mirando a sus padres
Esto Harry después tu madre y yo te contaremos algo – dijo en tono misterioso James
Vale – contesto este
—¿Por qué llamas Pig a la lechuza? —le preguntó Harry a Ron.
—Porque es tonto —dijo Ginny—. Su verdadero nombre es Pigwidgeon.
Estoy de acuerdo contigo – dijo Harry
Oye en que te basas – le dijo Ron
En que tardaste seis años en salir con Hermione – dijo Harry
—Sí, y ése no es un nombre tonto —contestó sarcásticamente Ron—. Ginny lo bautizó. Le parece un nombre adorable. Yo intenté cambiarlo, pero era demasiado tarde: ya no responde a ningún otro. Así que ahora se ha quedado con Pig. Tengo que tenerlo aquí porque no gusta a Errol ni a Hermes. En realidad, a mí también me molesta.
Pigwidgeon revoloteaba veloz y alegremente por la jaula, gorjeando de forma estridente. Harry conocía demasiado a Ron para tomar en serio sus palabras: siempre se había quejado de su vieja rata Scabbers, pero cuando creyó que Crookshanks, el gato de Hermione, se la había comido, se disgustó muchísimo.
—¿Dónde está Crookshanks? —preguntó Harry a Hermione.
—Fuera, en el jardín, supongo. Le gusta perseguir a los gnomos; nunca los había visto.
—Entonces, ¿Percy está contento con el trabajo? —inquirió Harry, sentándose en una de las camas y observando a los Chudley Cannons, que entraban y salían como balas de los posters colgados en el techo.
Harry no me digas que tienes pensado trabajar para el ministerio – pregunto James
Papa quiero ser Auror – le dijo el – pero en ese momento no sabía todavía por donde tirar
—¿Contento? —dijo Ron con desagrado—. Creo que no habría vuelto a casa si mi padre no lo hubiera obligado. Está obsesionado. Pero no le menciones a su jefe. «Según el señor Crouch... Como le iba diciendo al señor Crouch... El señor Crouch opina... El señor Crouch me ha dicho...» Un día de éstos anunciarán su compromiso matrimonial.
—¿Has pasado un buen verano, Harry? —quiso saber Hermione—. ¿Recibiste nuestros paquetes de comida y todo lo demás?
Más interesante de lo que cuenta Ron donde va aparar – dijo Sirius
—Sí, muchas gracias —contestó Harry—. Esos pasteles me salvaron la vida.
—¿Y has tenido noticias de...? —comenzó Ron, pero se calló en respuesta a la mirada de Hermione.
Harry se dio cuenta de que Ron quería preguntarle por Sirius. Ron y Hermione se habían involucrado tanto en la fuga de Sirius que estaban casi tan preocupados por él como Harry. Sin embargo, no era prudente hablar de él delante de Ginny. A excepción de ellos y del profesor Dumbledore, nadie sabía cómo había escapado Sirius ni creía en su inocencia.
—Creo que han dejado de discutir —dijo Hermione para disimular aquel instante de apuro, porque Ginny miraba con curiosidad tan pronto a Ron como a Harry—. ¿Qué tal si bajamos y ayudamos a vuestra madre con la cena?
Que considerada – dijo Lilly – oye hijo si cambiamos las cosas, quiero que te hagas amigo de Hermione y la invites en verano a casa al igual que al resto de los Weasley
—De acuerdo —aceptó Ron.
Los cuatro salieron de la habitación de Ron, bajaron la escalera y encontraron a la señora Weasley sola en la cocina, con aspecto de enfado.
—Vamos a comer en el jardín —les dijo en cuanto entraron—. Aquí no cabemos once personas. ¿Podríais sacar los platos, chicas? Bill y Charlie están colocando las mesas. Vosotros dos, llevad los cubiertos —les dijo a Ron y a Harry. Con más fuerza de la debida, apuntó con la varita a un montón de patatas que había en el fregadero, y éstas salieron de sus mondas tan velozmente que fueron a dar en las paredes y el techo—. ¡Dios mío! —exclamó, apuntando con la varita al recogedor, que saltó de su lugar y empezó a moverse por el suelo recogiendo las patatas—. ¡Esos dos! —estalló de pronto, mientras sacaba cazuelas del armario. Harry comprendió que se refería a Fred y a George—. No sé qué va a ser de ellos, de verdad que no lo sé. No tienen ninguna ambición, a menos que se considere ambición dar tantos problemas como pueden.
Hombre Molly si están pasando tiempos iguales como los que estamos pasando nosotros, no se puede decir que no tengan futuro porque mientras haya sonrisas ahí esperanzas – le dijo James
Oh cariño eso es tan bonito – le dijo Lilly a su marido, y lo beso
Papa y Mama podrías cortaros un poco – dijo Harry a sus padres
Eso porque – pregunto Lilly
Se me hace raro veros tan cariñosos –dijo este
Depositó ruidosamente en la mesa de la cocina una cazuela grande de cobre y comenzó a dar vueltas a la varita dentro de la cazuela. De la punta salía una salsa cremosa conforme iba removiendo.
—No es que no tengan cerebro —prosiguió irritada, mientras llevaba la cazuela a la cocina y encendía el fuego con otro toque de la varita—, pero lo desperdician, y si no cambian pronto, se van a ver metidos en problemas de verdad. He recibido más lechuzas de Hogwarts por causa de ellos que de todos los demás juntos. Si continúan así terminarán en el Departamento Contra el Uso Indebido de la Magia.
La señora Weasley tocó con la varita el cajón de los cubiertos, que se abrió de golpe. Harry y Ron se quitaron de en medio de un salto cuando algunos de los cuchillos salieron del cajón, atravesaron volando la cocina y se pusieron a cortar las patatas que el recogedor acababa de devolver al fregadero.
—No sé en qué nos equivocamos con ellos —dijo la señora Weasley posando la varita y sacando más cazuelas—. Llevamos años así, una cosa detrás de otra, y no hay manera de que entiendan... ¡OH, NO, OTRA VEZ!
Al coger la varita de la mesa, ésta lanzó un fuerte chillido y se convirtió en un ratón de goma gigante.
Yo quiero una – dijo Sirius – se la puedo cambiar a Sin Champú
Quien – pregunto Ginny
Snape un tío de la casa de las serpientes, un desgraciado – dijo Remus
—¡Otra de sus varitas falsas! —gritó—. ¿Cuántas veces les he dicho a esos dos que no las dejen por ahí? Cogió su varita auténtica, y al darse la vuelta descubrió que la salsa humeaba en el fuego.
—Vamos —le dijo Ron a Harry apresuradamente, cogiendo un puñado de cubiertos del cajón—. Vamos a echarles una mano a Bill y a Charlie.
Dejaron sola a la señora Weasley y salieron al patio por la puerta de atrás. Apenas habían dado unos pasos cuando Crookshanks, el gato color canela y patizambo de Hermione, salió del jardín a toda velocidad con su cola de cepillo enhiesta y persiguiendo lo que parecía una patata con piernas llenas de barro. Harry recordó que aquello era un gnomo. Con su palmo de altura, golpeaba en el suelo con los pies como los palillos en un tambor mientras corría a través del patio, y se zambulló de cabeza en una de las botas de goma que había junto a la puerta. Harry oyó al gnomo riéndose a mandíbula batiente mientras Crookshanks metía la pata en la bota intentando atraparlo. Al mismo tiempo, desde el otro lado de la casa llegó un ruido como de choque.
Comprendieron qué era lo que había causado el ruido cuando entraron en el jardín y vieron que Bill y Charlie blandían las varitas haciendo que dos mesas viejas y destartaladas volaran a gran altura por encima del césped, chocando una contra otra e intentando hacerse retroceder mutuamente. Fred y George gritaban entusiasmados, Ginny se reía y Hermione rondaba por el seto, aparentemente dividida entre la diversión y la preocupación.
La mesa de Bill se estrelló contra la de Charlie con un enorme estruendo y le rompió una de las patas. Se oyó entonces un traqueteo, y, al mirar todos hacia arriba, vieron a Percy asomando la cabeza por la ventana del segundo piso.
—¿Queréis hacer menos ruido? —gritó.
—Lo siento, Percy —se disculpó Bill con una risita—. ¿Cómo van los culos de los calderos?
—Muy mal —respondió Percy malhumorado, y volvió a cerrar la ventana dando un golpe. Riéndose por lo bajo, Bill y Charlie posaron las mesas en el césped, una pegada a la otra, y luego, con un toquecito de la varita mágica, Bill volvió a pegar la pata rota e hizo aparecer por arte de magia unos manteles.
Esta obsesión con el trabajo no puede llevarle a ningún sitio bueno – comento Dumbledore
A las siete de la tarde, las dos mesas crujían bajo el peso de un sinfín de platos que contenían la excelente comida de la señora Weasley, y los nueve Weasley, Harry y Hermione tomaban asiento para cenar bajo el cielo claro, de un azul intenso. Para alguien que había estado alimentándose todo el verano de tartas cada vez más pasadas, aquello era un paraíso, y al principio Harry escuchó más que habló mientras se servía empanada de pollo con jamón, patatas cocidas y ensalada.
Al otro extremo de la mesa, Percy ponía a su padre al corriente de todo lo relativo a su informe sobre el grosor de los calderos.
—Le he dicho al señor Crouch que lo tendrá listo el martes —explicaba Percy dándose aires—. Eso es algo antes de lo que él mismo esperaba, pero me gusta hacer las cosas aún mejor de lo que se espera de mí. Creo que me agradecerá que haya terminado antes de tiempo. Quiero decir que, como ahora hay tanto que hacer en nuestro departamento con todos los preparativos para los Mundiales, y la verdad es que no contamos con el apoyo que necesitaríamos del Departamento de Deportes y Juegos Mágicos... Ludo Bagman...
—Ludo me cae muy bien —dijo el señor Weasley en un tono afable—. Es el que nos ha conseguido las entradas para la Copa. Yo le hice un pequeño favor: su hermano, Otto, se vio metido en un aprieto a causa de una segadora con poderes sobrenaturales, y arreglé todo el asunto...
—Desde luego, Bagman es una persona muy agradable —repuso Percy desdeñosamente—, pero no entiendo cómo pudo llegar a director de departamento. ¡Cuando lo comparo con el señor Crouch...! Desde luego, si se perdiera un miembro de nuestro departamento, el señor Crouch intentaría averiguar qué ha sucedido. ¿Sabes que Bertha Jorkins lleva desaparecida ya más de un mes? Se fue a Albania de vacaciones y no ha vuelto...
—Sí, le he preguntado a Ludo —dijo el señor Weasley, frunciendo el entrecejo—. Dice que Bertha se ha perdido ya un montón de veces. Aunque, si fuera alguien de mi departamento, me preocuparía...
Esa es la mujer de la que se hablaba en la casa de Riddle – dijo Remus
—Por supuesto, Bertha es un caso perdido —siguió Percy—. Creo que se la han estado pasando de un departamento a otro durante años: da más problemas de los que resuelve. Pero, aun así, Ludo debería intentar encontrarla. El señor Crouch se ha interesado personalmente... Ya sabes que ella trabajó en otro tiempo en nuestro departamento, y creo que el señor Crouch le tiene estima. Pero Bagman no hace más que reírse y decir que ella seguramente interpretó mal el mapa y llegó hasta Australia en vez de Albania. En fin —Percy lanzó un impresionante suspiro y bebió un largo trago de vino de saúco—, tenemos ya bastantes problemas en el Departamento de Cooperación Mágica Internacional para que intentemos encontrar al personal de otros departamentos. Como sabes, hemos de organizar otro gran evento después de los Mundiales. —Se aclaró la garganta como para llamar la atención de todos, y miró al otro extremo de la mesa, donde estaban sentados Harry, Ron y Hermione, antes de continuar—: Ya sabes de qué hablo, papá —levantó ligeramente la voz—: el asunto ultrasecreto.
Y esperaba que ninguno de los presentes preguntaran de lo que hablaba – comento James
Ron puso cara de resignación y les susurró a Harry y a Hermione:
—Ha estado intentando que le preguntemos de qué se trata desde que empezó a trabajar. Seguramente es una exposición de calderos de culo delgado.
En el medio de la mesa, la señora Weasley discutía con Bill a propósito de su pendiente, que parecía ser una adquisición reciente.
Tu hijo sabe cómo ir vestido primita – le dijo Sirius
Pues no se lo ha quitado aun – dijo Molly de morros
—... con ese colmillazo horroroso ahí colgando... Pero ¿qué dicen en el banco?
—Mamá, en el banco a nadie le importa un comino lo que me ponga mientras ganen dinero conmigo —explicó Bill con paciencia.
—Y tu pelo da risa, cielo —dijo la señora Weasley, acariciando su varita—. Si me dejaras darle un corte...
En ese momento el pequeño Teddy se puso a llorar, había estado durmiendo en los brazos de Ginny, y Harry le pregunto.
Que le pasa Gin
Tiene hambre, lo coges mientras le hago el biberón – le pregunto Ginny
Si claro y mientras tanto voy cambiando el pañal – dijo Harry
Sabes cambiar pañales hijo – pregunto Lilly
Si y también si hacer y dar biberones – le dijo a su madre
Hijo estoy muy orgulloso de ti – le dijo James
Por –dijo este
Porque has aprendido a mi modo de ver algo muy difícil – le dijo James
Gracias papa – contesto Harry
—A mí me gusta —declaró Ginny, que estaba sentada al lado de Bill—. Tú estás muy anticuada, mamá. Además, no tienes más que mirar el pelo del profesor Dumbledore...
Junto a la señora Weasley, Fred, George y Charlie hablaban animadamente sobre los Mundiales.
—Va a ganar Irlanda —pronosticó Charlie con la boca llena de patata—.En las semifinales le dieron una paliza a Perú.
—Ya, pero Bulgaria tiene a Viktor Krum —repuso Fred.
—Krum es un buen jugador, pero Irlanda tiene siete estupendos jugadores —sentenció Charlie—. Ojalá Inglaterra hubiera pasado a la final. Fue vergonzoso, eso es lo que fue.
—¿Qué ocurrió? —preguntó interesado Harry, lamentando más que nunca su aislamiento del mundo mágico mientras estaba en Privet Drive. Harry era un apasionado del quidditch. Jugaba de buscador en el equipo de Gryffindor desde el primer curso, y tenía una Saeta de Fuego, una de las mejores escobas de carreras del mundo.
Y seguro que te la regalo la mejor persona de este mundo – dijo Sirius
Haber canuto ya que eres tan listo dime quién crees que se la regalo – dijo Remus
Pues yo Remus – dijo este
—Fue derrotada por Transilvania, por trescientos noventa a diez —repuso Charlie con tristeza—. Una actuación terrorífica. Y Gales perdió frente a Uganda, y Escocia fue vapuleada por Luxemburgo.
Pero que les pasa a los equipos en ese tiempo – dijo James
Pues que no entrenaron lo suficiente – dijo Harry
Antes de que tomaran el postre, helado casero de fresas, el señor Weasley hizo aparecer mediante un conjuro unas velas para alumbrar el jardín, que se estaba quedando a oscuras, y para cuando terminaron, las polillas revoloteaban sobre la mesa y el aire templado olía a césped y a madreselva. Harry había comido maravillosamente y se sentía en paz con el mundo mientras contemplaba a los gnomos que saltaban entre los rosales, riendo como locos y corriendo delante de Crookshanks.
Comeremos antes de leer el siguiente capítulo no – dijo Ron
Si – contestaron el resto
Ron observó con atención al resto de su familia para asegurarse de que estaban todos distraídos hablando y le preguntó a Harry en voz muy baja:
—¿Has tenido últimamente noticias de Sirius?
Y ahí sale la persona más importante del mundo mágico – dijo Sirius
Cállate ya Black – le dijo Lilly
Sabes que descubrí yendo a España con mis padres – les dijo Hermione al resto
No – contentaron
Pues que los niños y niñas les ponen black a sus perros – contesto Hermione
Y todos empezaron a reír, menos Sirius que dijo:
Muy gracioso doña prefecta
Gracias – dijo Hermione
Hermione vigilaba a los demás mientras no se perdía palabra.
—Sí —dijo Harry también en voz baja—, dos veces. Parece que está muy bien. Anteayer le escribí. Es probable que envíe la contestación mientras estamos aquí.
Recordó de pronto el motivo por el que había escrito a Sirius y, por un instante, estuvo a punto de contarles a Ron y a Hermione que la cicatriz le había vuelto a doler y el sueño que había tenido... pero no quiso preocuparlos precisamente en aquel momento en que él mismo se sentía tan tranquilo y feliz.
Porque no lo contaste – le recrimino Ron
Porque como dice el libro no quería preocuparos – contesto Harry
—Mirad qué hora es —dijo de pronto la señora Weasley, consultando su reloj de pulsera—. Ya tendríais que estar todos en la cama, porque mañana os tendréis que levantar con el alba para llegar a la Copa. Harry, si me dejas la lista de la escuela, te puedo comprar las cosas mañana en el callejón Diagon. Voy a comprar las de todos los demás porque a lo mejor no queda tiempo después de la Copa. La última vez el partido duró cinco días.
Muchas gracias por preocuparte por el Molly – le dijo Lilly mientras se acariciaba la barriga
No es nada – le dijo Molly – se mueve mucho
A ratos, pero se mueve más cuando estoy intentando dormir – dijo Lilly
Es incomodo dormir cuando estas apunto de parir, lo recuerdo – dijo Molly
Siento interrumpir esta conversación que nos interesa a todos, pero continuamos – dijo Sirius con ironía
—¡Jo! ¡Espero que esta vez sea igual! —dijo Harry entusiasmado.
—Bueno, pues yo no —replicó Percy en tono moralista—. Me horroriza pensar cómo estaría mi bandeja de asuntos pendientes si faltara cinco días del trabajo.
—Desde luego, alguien podría volver a ponerte una caca de dragón, ¿eh, Percy? —dijo Fred.
—¡Era una muestra de fertilizante proveniente de Noruega! —respondió Percy, poniéndose muy colorado—. ¡No era nada personal!
—Sí que lo era —le susurró Fred a Harry, cuando se levantaban de la mesa—. Se la enviamos nosotros.
Estos chicos sí que valen – dijeron los merodeadores a la vez
Quien lee ahora – dijo Ron
Yo creo que tendría que leer Harry – dijo Hermione
No me apetece leer mi vida – dijo Hermione
Harry mi vida, ha leer – le dijo Lilly
Mama no me apetece – dijo este
No discutas coge el libro y a leer – dijo Lilly
Si mama – dijo Harry
En ese momento apareció una carta encima de la mesilla de centro.
Mira lo que ha aparecido – dijo Ginny que había terminado de dar de comer a Teddy, se levanto y puso al niño en una cuna que había aparecido y se dispuso a leer la nota que decía lo siguiente:
Se les informa que para el próximo capitulo aparecerán 5 persona, una del pasado no muy lejano y las otras del presente de Harry.
Un saludo de la profesora McGonalls
Quien serán – dijo Sirius
No lo sé – contesto Remus
Harry tendríamos que hablar los tres un momento aparte – dijo James
Vale vamos allí – les indico una esquina de la sala
Veras Harry cuando estábamos en Segundo a tu padrino se le ocurrió la grandiosa idea de hacer una amortecía sabes lo que es, bueno el caso es que uno de los efectos es que si sientes algo por alguien aunque no te hayas dado cuenta te hace confesárselo todo, bueno el caso que tienes que añadirle a esos efectos una cerveza de mantequilla que tiene un poco de alcohol no mucho pero tiene y el resultado es un embarazo preadolescente – le dijo de carrerilla Lilly
Y lo que queréis decir es – pregunto Harry
Que tuvimos una hija con trece años – dijo James – que es tu hermana que tiene ahora siete años
Ah bueno yo conozco a mi hermana, me lo conto todo ella hace un mes cuando la conocí, no os preocupéis ella está bien – dijo Harry
Pero por lo que vemos no lo sabes en el libro nadie te lo dice – le dijo preocupada Lilly
Eso es porque el profesor la mando con tu hermana gemela a Mallorca cuando paso lo que paso, y le modifico los recuerdos haciendo un hechizo que el efecto es que si no se enamoraba de un mago bueno no recordaría nada de su vida con vosotros, pero se caso con un buen mago y lo recordó todo, y en cuando pudo vino a buscarme – les explico Harry a sus padres
A sí que mi niña está bien no y ha encontrado a alguien que la quiera no – dijo James más tranquilo
Si a si es – contesto su hijo
Pues a la a leer que te toca a ti hijo – le dijo Lilly
Y se sentaron Harry al lado de Ginny en unas sillas, había aparecido un sofá para poder sentarse mas cómodamente, en el sofá se sentaron James y Lilly que se estiro y se apoyó en el pecho de su marido para estar más cómoda.
Esta mas cómoda así Lilly – le pregunto Ginny
Pues si por que la silla me estaba matando la espalda y tu querido novio no para de moverse – le dirijo una sonrisa a su nuera
Venga compañero empieza a leer – le dijo Ron a Harry
Ya va hombre – dijo este ultimo
6 El traslador
Cuando, en la habitación de Ron, la señora Weasley lo zarandeó para despertarlo, a Harry le pareció que acababa de acostarse.
—Es la hora de irse, Harry, cielo —le susurró, dejándolo para ir a despertar a Ron.
Harry buscó las gafas con la mano, se las puso y se sentó en la cama.
Fuera todavía estaba oscuro. Ron decía algo incomprensible mientras su madre lo levantaba. A los pies del colchón vio dos formas grandes y despeinadas que surgían de sendos líos de mantas.
—¿Ya es la hora? —preguntó Fred, más dormido que despierto.
Se vistieron en silencio, demasiado adormecidos para hablar, y luego, bostezando y desperezándose, los cuatro bajaron la escalera camino de la cocina.
No estabais emocionados por ir a ver los mundiales – pregunto Remus
Si pero con catorce años que te levanten antes de las seis de la mañana deja de emocionarte las cosas para cagarte en ellas – dijo Ron haciendo reír a toda la sala.
La señora Weasley removía el contenido de una olla puesta sobre el fuego, y el señor Weasley, sentado a la mesa, comprobaba un manojo de grandes entradas de pergamino. Levantó la vista cuando los chicos entraron y extendió los brazos para que pudieran verle mejor la ropa. Llevaba lo que parecía un jersey de golf y unos vaqueros muy viejos que le venían algo grandes y que sujetaba a la cintura con un grueso cinturón de cuero.
—¿Qué os parece? —pregunto—. Se supone que vamos de incógnito... ¿Parezco un muggle, Harry?
—Sí —respondió Harry, sonriendo—. Está muy bien.
—¿Dónde están Bill y Charlie y Pe... Pe... Percy? —preguntó George, sin lograr reprimir un descomunal bostezo.
—Bueno, van a aparecerse, ¿no? —dijo la señora Weasley, cargando con la olla hasta la mesa y comenzando a servir las gachas de avena en los cuencos con un cazo—, así que pueden dormir un poco más.
Harry sabía que aparecerse era algo muy difícil; había que desaparecer de un lugar y reaparecer en otro casi al mismo tiempo.
La verdad que nuestro pequeño cornamenta es muy listo a que si – dijo con ironía Sirius
Black si vuelves a reírte de el hago padrino de Harry a Remus – dijo Lilly
No puedes él es el padrino de Aidil, y me toca ser el de Harry – dijo él como si fuera un niño pequeño
—O sea, que siguen en la cama... —dijo Fred de malhumor, acercándose su cuenco de gachas—. ¿Y por qué no podemos aparecernos nosotros también?
—Porque no tenéis la edad y no habéis pasado el examen —contestó bruscamente la señora Weasley—. ¿Y dónde se han metido esas chicas?
Salió de la cocina y la oyeron subir la escalera.
—¿Hay que pasar un examen para poder aparecerse? —preguntó Harry.
Si Harry si no tienes licencia no puedes aparecer – le dijo Lilly a su hijo
Eso no es verdad del todo me he tirado un año apareciéndome sin licencia – dijo el
Ese es mi hijo –dijo James
Pero no tienes que hacerlo sin licencia, y por cierto estas castigado una semana sin salir de la madriguera (eso es por si no puedo cambiar las cosas) a dar paseos con tu novia, Molly te encargaras que lo cumpla – le pidió Lilly
Si no te preocupes, hará compañía a Ron que estará dos semana sin salir de casa y si me permites castigare a tu hijo una semana más –le informo Molly
Claro está bien – dijo esta
Pero eso no es justo – dijeron las chicas
Si replicáis el castigo ira también para vosotras – dijeron Molly y Lilly a las dos
Vale – dijo Ginny – mira que contarle a tu madre eso, nada dile que estuviste apunto de quitarme la camiseta el otro día y ya no hace falta te preocupes por todo lo que te hizo Voldy porque lo que te hagan ellas será pero – le susurro a su novio.
Lo siento – susurro Harry
—Desde luego —respondió el señor Weasley, poniendo a buen recaudo las entradas en el bolsillo trasero del pantalón—. El Departamento de Transportes Mágicos tuvo que multar el otro día a un par de personas por aparecerse sin tener el carné. La aparición no es fácil, y cuando no se hace como se debe puede traer complicaciones muy desagradables. Esos dos que os digo se escindieron.
Todos hicieron gestos de desagrado menos Harry.
—¿Se escindieron? —repitió Harry, desorientado.
Oye Harry para llevar cuatro años en el colegio no es que aprendieras mucho – dijo Sirius – a lo mejor eres tan corto como tu padre
No yo pienso que soy igual de corto como mi padrino – replico Harry haciendo reír al resto
Que pelirroja no le dices nada a tu hijo por llamarme corto mira que esta faltándole el respeto a una persona mayor que el – dijo Sirius mirando a Lilly
Harry se te descuentan dos días de castigo por eso – y se levanto y le dio un beso a su hijo – eso por tomarle el pelo a Black, que solo lo consigue tu padre
Mira tú por donde el niño me llama corto y ella le quita días de castigo – dijo Sirius pero nadie le hizo caso
—La mitad del cuerpo quedó atrás —explicó el señor Weasley, echándose con la cuchara un montón de melaza en su cuenco de gachas—. Y, por supuesto, estaban inmovilizados. No tenían ningún modo de moverse. Tuvieron que esperar a que llegara el Equipo de Reversión de Accidentes Mágicos y los recompusiera. Hubo que hacer un montón de papeleo, os lo puedo asegurar, con tantos muggles que vieron los trozos que habían dejado atrás...
Harry se imaginó en ese instante un par de piernas y un ojo tirados en la acera de Privet Drive.
Tienes tu mucha imaginación – dijo Remus - me recuerdas a tu padre siempre imaginando que tu madre aceptaría que lo quería
Hasta que lo hizo y mira tenemos un hijo y medio – contesto James
Hijo y medio – dijo Ron
Si mira la hermana mayor de Harry y el que está en camino dentro de un mes lo veremos asomar la cabeza tengo unas ganas enormes de que nazca – explico James
Es verdad ahora no me acordaba que la hermana de Harry en ese momento vive con vosotros, con quien está ahora – pregunto Hermione
Con los abuelos – dijo Lilly
—¿Quedaron bien? —preguntó Harry, asustado.
—Sí —respondió el señor Weasley con tranquilidad—. Pero les cayó una buena multa, y me parece que no van a repetir la experiencia por mucha prisa que tengan. Con la aparición no se juega. Hay muchos magos adultos que no quieren utilizarla. Prefieren la escoba: es más lenta, pero más segura.
—¿Pero Bill, Charlie y Percy sí que pueden?
—Charlie tuvo que repetir el examen —dijo Fred, con una sonrisita—. La primera vez se lo cargaron porque apareció ocho kilómetros más al sur de donde se suponía que tenía que ir. Apareció justo encima de unos viejecitos que estaban haciendo la compra, ¿os acordáis?
Hombre el pelo grasiento era incapaz de aparecerse en el cirulo a tres metros cuando ya llevábamos cuatro clases de aparición , el día del examen se apareció encima de Lilly y Aidil y le rompió el brazo a la niña – dijo Sirius
Que hacia vuestra hija en el colegio – pregunto Ginny
Pues que las clases eran en fin de semana y era cuando nos dejaban que viniera a vernos, si tuve que parar a estos tres para que no le rompieran el brazo a Severus – dijo Lilly
Pues claro la niña no paraba de llorar la pobrecita mía solo tenía tres años – dijo James
Si pero fue un accidente – dijo Lilly
No pelirroja el murciélago no sabía cómo hacerlo para ponerse encima de ti sabiendo que tu tenias a la niña en brazos – dijo Sirius muy serio
Si pero si tu solo te preocuparte por la niña y te dio igual que a mí me hiciera un esguince – dijo Lilly
Para eso ya estaba James que en vez de mirar cómo estaba la niña te cogió corriendo a ti para ver si tenias alguna herida – dijo Sirius
Hombre una vez que vi que mi mujer estaba bien, mire como estaba la niña y claro le pegue un puñetazo al murciélago – dijo James
Entonces si pedimos permiso Teddy podrá venir a vernos mientras estamos en el colegio – dijo Ginny ilusionada
Pues si – dijo el profesor
—Bueno, pero aprobó a la segunda —dijo la señora Weasley, entre un estallido de carcajadas, cuando volvió a entrar en la cocina.
—Percy lo ha conseguido hace sólo dos semanas —dijo George—. Desde entonces, se ha aparecido todas las mañanas en el piso de abajo para demostrar que es capaz de hacerlo.
Se oyeron unos pasos y Hermione y Ginny entraron en la cocina, pálidas y somnolientas.
Harry porque te fijas en esas cosas – dijo Hermione
No lo peor es que me vio con ojeras – dijo Ginny muerta de la vergüenza
—¿Por qué nos hemos levantado tan temprano? —preguntó Ginny, frotándose los ojos y sentándose a la mesa.
—Tenemos por delante un pequeño paseo —explicó el señor Weasley.
—¿Paseo? —se extrañó Harry—. ¿Vamos a ir andando hasta la sede de los Mundiales?
—No, no, eso está muy lejos —repuso el señor Weasley, sonriendo—. Sólo hay que caminar un poco. Lo que pasa es que resulta difícil que un gran número de magos se reúnan sin llamar la atención de los muggles. Siempre tenemos que ser muy cuidadosos a la hora de viajar, y en una ocasión como la de los Mundiales de quidditch...
—¡George! —exclamó bruscamente la señora Weasley, sobresaltando a todos.
—¿Qué? —preguntó George, en un tono de inocencia que no engañó a nadie.
—¿Qué tienes en el bolsillo?
Como lo sabéis – dijo James – mi madre siempre sabia donde llevaba mis cosas de Zonko
Pues con los años no acostumbramos a estas cosas y os pillamos siempre – dijo Molly
—¡Nada!
—¡No me mientas!
La señora Weasley apuntó con la varita al bolsillo de George y dijo:
—¡Accio!
Varios objetos pequeños de colores brillantes salieron zumbando del bolsillo de George, que en vano intentó agarrar algunos: se fueron todos volando hasta la mano extendida de la señora Weasley.
—¡Os dijimos que los destruyerais! —exclamó, furiosa, la señora Weasley, sosteniendo en la mano lo que, sin lugar a dudas, eran más caramelos longuilinguos—. ¡Os dijimos que os deshicierais de todos! ¡Vaciad los bolsillos, vamos, los dos!
Fue una escena desagradable. Evidentemente, los gemelos habían tratado de sacar de la casa, ocultos, tantos caramelos como podían, y la señora Weasley tuvo que usar el encantamiento convocador para encontrarlos todos.
—¡Accio! ¡Accio! ¡Accio! —fue diciendo, y los caramelos salieron de los lugares más imprevisibles, incluido el forro de la chaqueta de George y el dobladillo de los vaqueros de Fred.
—¡Hemos pasado seis meses desarrollándolos! —le gritó Fred a su madre, cuando ella los tiró.
—¡Ah, una bonita manera de pasar seis meses! —exclamó ella—. ¡No me extraña que no tuvierais mejores notas!
El ambiente estaba tenso cuando se despidieron. La señora Weasley aún tenía el entrecejo fruncido cuando besó en la mejilla a su marido, aunque no tanto como los gemelos, que se pusieron las mochilas a la espalda y salieron sin dirigir ni una palabra a su madre.
Como alguno de mis hijo se le ocurra hacerme algo así no sale en tres meses, vera la calle por la ventana de su cuarto – dijo Lilly
—Bueno, pasadlo bien —dijo la señora Weasley—, y portaos como Dios manda —añadió dirigiéndose a los gemelos, pero ellos no se volvieron ni respondieron—. Os enviaré a Bill, Charlie y Percy hacia mediodía —añadió, mientras el señor Weasley, Harry, Ron, Hermione y Ginny se marchaban por el oscuro patio precedidos por Fred y George.
Hacía fresco y todavía brillaba la luna. Sólo un pálido resplandor en el horizonte, a su derecha, indicaba que el amanecer se hallaba próximo. Harry, que había estado pensando en los miles de magos que se concentrarían para ver los Mundiales de quidditch, apretó el paso para caminar junto al señor Weasley.
—Entonces, ¿cómo vamos a llegar todos sin que lo noten los muggles? —preguntó.
Sabes Lilly nuestro hijo se parecerá a mi físicamente pero tiene toda tu forma de ser – dijo James a su mujer dándole un beso y acariciando a su hijo
Papa podrías evitar tocar la barriga de mama cada vez que la besas – le pidió Harry a su padre
Y eso porque – dijo este
Pues porque mientras se la acaricias sin darle besos no me doy cuenta, pero por raro que parezca cuando la besas y la acaricias yo lo noto – explico Harry
Eso puede ser – dijo Lilly
Si – contesto Molly – cuando se está enamorado cada vez que una mujer está embarazada y su marido la besa y acaricia el vientre, el bebe nota la acaricia como si estuviera fuera y como el bebe es Harry lo nota también él.
Qué bien – dijo Lilly – puedo mimar a mis hijos a la vez
—Ha sido un enorme problema de organización —dijo el señor Weasley con un suspiro—. La cuestión es que unos cien mil magos están llegando para presenciar los Mundiales, y naturalmente no tenemos un lugar mágico lo bastante grande para acomodarlos a todos. Hay lugares donde no pueden entrar los muggles, pero imagínate que intentáramos meter a miles de magos en el callejón Diagon o en el andén nueve y tres cuartos... Así que teníamos que encontrar un buen páramo desierto y poner tantas precauciones antimuggles como fuera posible. Todo el Ministerio ha estado trabajando en ello durante meses. En primer lugar, por supuesto, había que escalonar las llegadas. La gente con entradas más baratas ha tenido que llegar dos semanas antes. Un número limitado utiliza transportes muggles, pero no podemos abarrotar sus autobuses y trenes. Ten en cuenta que los magos vienen de todas partes del mundo. Algunos se aparecen, claro, pero ha habido que encontrar puntos seguros para su aparición, bien alejados de los muggles. Creo que están utilizando como punto de aparición un bosque cercano. Para los que no quieren aparecerse, o no tienen el carné, utilizamos trasladores. Son objetos que sirven para transportar a los magos de un lugar a otro a una hora prevista de antemano. Si es necesario, se puede transportar a la vez un grupo numeroso de personas. Han dispuesto doscientos puntos trasladores en lugares estratégicos a lo largo de Gran Bretaña, y el más próximo lo tenemos en la cima de la colina de Stoatshead. Es allí adonde nos dirigimos.
El señor Weasley señaló delante de ellos, pasado el pueblo de Ottery St. Catchpole, donde se alzaba una enorme montaña negra.
—¿Qué tipo de objetos son los trasladores? —preguntó Harry con curiosidad.
—Bueno, pueden ser cualquier cosa —respondió el señor Weasley—. Cosas que no llamen la atención, desde luego, para que los muggles no las cojan y jueguen con ellas... Cosas que a ellos les parecerán simplemente basura.
Caminaron con dificultad por el oscuro, frío y húmedo sendero hacia el pueblo. Sólo sus pasos rompían el silencio; el cielo se iluminaba muy despacio, pasando del negro impenetrable al azul intenso, mientras se acercaban al pueblo. Harry tenía las manos y los pies helados. El señor Weasley miraba el reloj continuamente.
Cuando emprendieron la subida de la colina de Stoatshead no les quedaban fuerzas para hablar, y a menudo tropezaban en las escondidas madrigueras de conejos o resbalaban en las matas de hierba espesa y oscura.
A Harry le costaba respirar, y las piernas le empezaban a fallar cuando por fin los pies encontraron suelo firme.
—¡Uf! —jadeó el señor Weasley, quitándose las gafas y limpiándoselas en el jersey—. Bien, hemos llegado con tiempo. Tenemos diez minutos...
Hermione llegó en último lugar a la cresta de la colina, con la mano puesta en un costado para calmarse el dolor que le causaba el flato.
Necesitas hacer ejercicio Hermione –dijo Sirius
Si a partir de mañana, me pondré el chándal y saldré a correr con Ron, pero me comprare un perro grade – dijo Hermione
—Ahora sólo falta el traslador —dijo el señor Weasley volviendo a ponerse las gafas y buscando a su alrededor—. No será grande... Vamos...
Se desperdigaron para buscar. Sólo llevaban un par de minutos cuando un grito rasgó el aire.
—¡Aquí, Arthur! Aquí, hijo, ya lo tenemos.
Al otro lado de la cima de la colina, se recortaban contra el cielo estrellado dos siluetas altas.
—¡Amos! —dijo sonriendo el señor Weasley mientras se dirigía a zancadas hacia el hombre que había gritado. Los demás lo siguieron.
El señor Weasley le dio la mano a un mago de rostro rubicundo y barba escasa de color castaño, que sostenía una bota vieja y enmohecida.
—Éste es Amos Diggory —anunció el señor Weasley—. Trabaja para el Departamento de Regulación y Control de las Criaturas Mágicas. Y creo que ya conocéis a su hijo Cedric.
Pero el hijo de Diggory no es más grande que Harry tiene ahora unos tres años en ese momento tendrá diecisiete años no – dijo Lilly
Si tenia diecisiete – dijo Harry
Cedric Diggory, un chico muy guapo de unos diecisiete años, era capitán y buscador del equipo de quidditch de la casa Hufflepuff, en Hogwarts.
Mira Lilly sabe contar – dijo Sirius
SILENCIUS – Lilly le lanzo el hechizo – y ahora no hablaras en un rato pesado
—Hola —saludó Cedric, mirándolos a todos.
Todos le devolvieron el saludo, salvo Fred y George, que se limitaron a hacer un gesto de cabeza. Aún no habían perdonado a Cedric que venciera al equipo de Gryffindor en el partido de quidditch del año anterior.
—¿Ha sido muy larga la caminata, Arthur? —preguntó el padre de Cedric.
—No demasiado —respondió el señor Weasley—. Vivimos justo al otro lado de ese pueblo. ¿Y vosotros?
—Hemos tenido que levantarnos a las dos, ¿verdad, Ced? ¡Qué felicidad cuando tenga por fin el carné de aparición! Pero, bueno, no nos podemos quejar. No nos perderíamos los Mundiales de quidditch ni por un saco de galeones... que es lo que nos han costado las entradas, más o menos. Aunque, en fin, no me ha salido tan caro como a otros...
Amos Diggory echó una mirada bonachona a los hijos del señor Weasley, a Harry y a Hermione.
—¿Son todos tuyos, Arthur?
—No, sólo los pelirrojos —aclaró el señor Weasley, señalando a sus hijos—. Ésta es Hermione, amiga de Ron... y éste es Harry, otro amigo...
Pero como si lo fueran – dijo Arthur
Bueno más bien son tu nuera y yerno – dijo Sirius que se había quitado el hechizo de Lilly
—¡Por las barbas de Merlín! —exclamó Amos Diggory abriendo los ojos—. ¿Harry? ¿Harry Potter?
—Ehhh... sí —contestó Harry.
Harry ya estaba acostumbrado a la curiosidad de la gente y a la manera en que los ojos de todo el mundo se iban inmediatamente hacia la cicatriz en forma de rayo que tenía en la frente, pero seguía sintiéndose incómodo.
—Ced me ha hablado de ti, por supuesto —dijo Amos Diggory—. Nos ha contado lo del partido contra tu equipo, el año pasado... Se lo dije, le dije: esto se lo contarás a tus nietos... Les contarás... ¡qué venciste a Harry Potter!
Fijo que estaba malo – dijo James
A Harry no se le ocurrió qué contestar, de forma que se calló. Fred y George volvieron a fruncir el entrecejo. Cedric parecía incómodo.
—Harry se cayó de la escoba, papá —masculló—. Ya te dije que fue un accidente...
Porque te caíste Harry – pregunto James
Pues que entraron unos dementores – dijo Harry – y a mí me afectaban mas que al resto y me desmaye y caí
Entonces no te venció como toca – dijo James
—Sí, pero tú no te caíste, ¿a qué no? —dijo Amos de manera cordial, dando a su hijo una palmada en la espalda—. Siempre modesto, mi Ced, tan caballero como de costumbre... Pero ganó el mejor, y estoy seguro de que Harry diría lo mismo, ¿a que sí? Uno se cae de la escoba, el otro aguanta en ella... ¡No hay que ser un genio para saber quién es el mejor!
Seguro que mi hijo es mejor que el tuyo Amos – dijo Lilly enfadada
Amor que tienes - le pregunto James
Que se está metiendo con mi pequeño, y no es justo porque uno dementores lo tiraron de la escoba – dijo llorando
Mama no llores estoy bien no lo ves – dijo Harry acercándose a ella y la abrazo
Por que llora la madre de Harry – le pregunto Ron susurrando a Hermione
Esta más sensible por el embarazo y esto le afectado, no le ha gustado que se meta con Harry – le explico Hermione en susurros a Ron
—Ya debe de ser casi la hora —se apresuró a decir el señor Weasley, volviendo a sacar el reloj—. ¿Sabes si esperamos a alguien más, Amos?
—No. Los Lovegood ya llevan allí una semana, y los Fawcett no consiguieron entradas —repuso el señor Diggory—. No hay ninguno más de los nuestros en esta zona, ¿o sí?
—No que yo sepa —dijo el señor Weasley—. Queda un minuto. Será mejor que nos preparemos.
Miró a Harry y a Hermione.
—No tenéis más que tocar el traslador. Nada más: con poner un dedo será suficiente.
Con cierta dificultad, debido a las voluminosas mochilas que llevaban, los nueve se reunieron en torno a la bota vieja que agarraba Amos Diggory.
Todos permanecieron en pie, en un apretado círculo, mientras una brisa fría barría la cima de la colina. Nadie habló. Harry pensó de repente lo rara que le parecería aquella imagen a cualquier muggle que se presentara en aquel momento por allí: nueve personas, entre las cuales había dos hombres adultos, sujetando en la oscuridad aquella bota sucia, vieja y asquerosa, esperando...
—Tres... —masculló el señor Weasley, mirando al reloj—, dos... uno... Ocurrió inmediatamente: Harry sintió como si un gancho, justo debajo del ombligo, tirara de él hacia delante con una fuerza irresistible. Sus pies se habían despegado de la tierra; pudo notar a Ron y a Hermione, cada uno a un lado, porque sus hombros golpeaban contra los suyos. Iban todos a enorme velocidad en medio de un remolino de colores y de una ráfaga de viento que aullaba en sus oídos. Tenía el índice pegado a la bota, como por atracción magnética. Y entonces...
Tocó tierra con los pies. Ron se tambaleó contra él y lo hizo caer. El traslador golpeó con un ruido sordo en el suelo, cerca de su cabeza.
Harry levantó la vista. Cedric y los señores Weasley y Diggory permanecían de pie aunque el viento los zarandeaba. Todos los demás se habían caído al suelo.
—Desde la colina de Stoatshead a las cinco y siete —anunció una voz.
Bueno hijo ya has llegado ahora a pasárselo bien – dijo James
Siguiente en leer – pregunto Harry
Yo leeré – dijo Hermione
