Disclaimer: Miraculous Ladybug y sus personajes no me pertenecen, pues son propiedad de Thomas Astruc y de la compañía Zag. La base de la historia tampoco es mía, es inspirada en la obra "Escuela Para Prodigiosos", de CastielPonmeEn4. Tengo permiso para emplear la idea. La forma en la que se desenvuelve, sin embargo, es completamente distinta.
En un lugar lejano, inmerso en las profundidades del más frondoso bosque, yacía una enorme mansión blanca y marmórea recubierta por altas vallas. Un claro de luz dejaba relucir todo su esplendor.
Imponente, sí. Hermosa, también. Pero... ¿qué era? ¿Desde cuándo te encontrabas mansiones tan grandes en medio del bosque? ¿Quién en su sano juicio viviría allí?
—¡Maître! —gritó una dama de unos treinta años recorriendo, desesperada, los anchos pasillos—. ¿¡Puede hacer el favor de aparecer!? ¡Maître!
Su acento francés y melódico resonaba como una canción inmersa en frustración.
—Je, je... ¿Otra vez te perdiste? —La voz de un anciano resonó por los pasillos. En un abrir y cerrar de ojos, estaba allí. ¿Teletransportación? Quién sabe.
—¿¡Cómo pretende que no me pierda en semejante caserón!?
—Ya, ya, cálmate, LeeLee. El león que pretende domar las manadas nunca logrará cazar la gacela.
—¿Ya está otra vez con sus... acertijos? Así no hay quién le entienda. ¡Y no me diga LeeLee!
—Señor maestro —Una pequeña criatura verde semejante a una tortuga intervino en la conversación—, todo está listo. Deberíamos proceder a avisar a los futuros héroes.
—Excelente, Wayzz —respondió el mayor—. Paôn, por favor, envía las cartas a cada destinatario.
—Está bien, Maître. Si encuentro mi despacho algún día, claro —finalizó Paôncon sorna.
La joven de treinta continuó deambulando por los pasillos, mientras sus tacones sonaban armónicamente como un pequeño compás.
Definitivamente, aquello no era una mansión.
Abrió los ojos, la claridad del Sol la cegaba. Odiaba despertarse a horas tan tempranas cuando no era necesario.
«Estúpida costumbre del Collège», murmuró, levantándose, a la par que liberaba un sonoro bostezo.
Buscó ropa muy lentamente, con unas notables ojeras. Había estado hasta las cuatro de la madrugada diseñando prendas, sombreros, bolsos...
Peinó sus cabellos azabache en las coletas que tanto la caracterizaban.
Una vez se consideró aceptable, bajó hasta la cocina. Allí sus padres la esperaban mientras preparaban el desayuno. Pero, hoy había algo raro. Estaban demasiado... emocionados.
«¿Y ahora qué pasa?», pensó ella, mientras se sentaba pesadamente en una silla de madera tallada.
—¡Marinette! —exclamó su madre con alegría, parecía imposible retirar aquella sonrisa de su rostro—, ¡lee esto!
—¿Eh? Veamos... —Ella le entregó una extensa carta—. Blablabla... Academia... Blablabla... Admitida... Blablab... ¡¿Eh?! ¿¡Mi-Miraculous!? ¿¡He-ro-í-na!? ¿¡Yo!?
—¡Tú! ¡Marinette, vas a ser una Superheroína! ¡Vas a proteger la ciudad! —clamó el padre, eufórico, mientras abrazaba a su hija (la cual todavía permanecía boquiabierta).
—Ababa... Eh-eh... Esto... Es... ¡Increíble! Pero... ¿¡cómo voy a hacer semejante cosa!? ¡Yo no sirvo para heroína! —gritó la chica, Marinette. Ahora permanecía preocupada. ¿Por qué la habían escogido a ella? Era algo que no alcanzaba a entender. ¿Qué tal si se habían equivocado? Aunque no es que hubiese muchas Marinettes en el barrio...
—¡Vamos! Si te han escogido, será por algo. Toma, venía esta cajita adjuntada. La carta dice que la abras si aceptas la invitación —comentó la figura materna, tratando de convencer a su hija.
—Pe... pero... yo... —la muchacha desconfiaba de sí misma: no se veía apta para ser una figura de ¡semejante! importancia.
—Ya verás que lo harás bien... Allí te enseñarán a ser superheroína, no te preocupes. ¡Tendrás compañeros! —continuó, persuasivo, el padre; procurando que no se le quemasen las tostadas que pretendía desayunar.
—¿¡Compañeros!? ¡Aún peor! Esto va a ser difícil...
Tarde o temprano, la chica terminó por aceptar. Qué remedio. Pese a sus inseguridades, por nada en el mundo querría decepcionar a sus padres. Desayunó con normalidad y volvió a su cuarto, donde empezaría a preparar sus maletas.
Y donde abriría la pequeña caja, claro está.
—Vamos a ver... Tengo que abrir esto, ¿no? —Tomó con cuidado la caja y levantó la tapa superior, para observar unos hermosos pendientes rojos moteados y... ¿una luz que la cegó?—. ¡Aaaaaaaah!
—Bonjour, señorita Dupain-Cheng. Soy Tikki, tu Kwami —Una servicial criatura similar a una mariquita apareció ante sus ojos, mirándola con curiosidad y simpatía.
—¿¡Q-qué eres tú!? —alcanzó a decir la joven, de sopetón.
—Soy y seré tu compañera durante mucho tiempo. Me alegra que hayas aceptado la invitación. ¿Quieres que te explique un poco en qué consiste todo?
—¿¡M-mucho tiempo!? —la pelinegra se llevó las manos a la cabeza.
—Sí, más allá de la finalización de la enseñanza —la de puntos negros reía grácilmente, le causaba gracia la reacción de su nerviosa portadora.
—Espera, espera, espera; espera, espera, ¿cuánto tiempo voy a pasar allí?
—Um... bastante... pero, debemos continuar. ¿Quieres que proceda a explicarte qué soy?
—Ah... C-claro...
—Bien. Soy un Kwami, es decir, una especie de espíritu cuántico capaz de otorgar el poder de la creación a quien se ponga estos pendientes. Cuando lleguemos a la Academia, empezarás a entrenar para ser una gran superheroína conocida como la guerrera de los puntos negros, aunque el nombre oficial lo podrás escoger tú. Tu poder se basa en la buena suerte y la ya mencionada creación, y tu arma será un yoyó.
—¿... En serio...? No sé si seré capaz, Ti-Tikki... —Marinette trataba de procesar la información, realizando extraños gestos con su dedo índice.
—¿Y por qué no? ¡Ya verás que lo vas a hacer genial! De todos modos, en la Academia te enseñarán a dominar bien tus poderes —La Kwami movía sus pequeñas y adorables patas de manera frenética.
—Bueno..., si es así..., c-creo que podría aceptar... —Por más que quisiera ocultarlo, una pequeña parte de sí estaba intrigada.
—¡Genial! Empieza a prepararte, pronto vendrán a buscarte.
La joven azabache se miró al espejo. Su mirada, llena de dudas, debía desaparecer si quería continuar; se planteó.
Comenzó a preparar sus maletas con neceser y útiles básicos más ropa sencilla. ¿Cómo será la Academia?, pensó, ¿y mis compañeros? A pesar de que Tikki le había asegurado que sería genial, Marinette Dupain-Cheng seguía llena de inseguridad.
Como siempre.
Pasaron las horas.
A las nueve de la noche, una limusina mediana color carmesí con pequeños detalles dorados se estacionó junto al apartamento de la familia Dupain.
—Es hora de irse... Mamá, papá -dijo fijamente la azabache. Se despidió de sus padres, melancólica y taciturna, y se adentró en aquel coche tan peculiar. No pudo distinguir quien lo conducía, aunque tampoco es que le importase demasiado. Lo único que dominaba su mente en aquel momento eran las dudas y los intentos por evitar llorar al ver su querido hogar alejarse ante sus ojos.
Pronto cerró estos, mientras las estrellas bailaban a su alrededor y la Luna guiaba con su luz el viaje. Cayó pronto en los brazos de Morfeo.
—Marinette, hemos llegado —comentó la criaturilla roja, frotando la mejilla de su portadora—. Despierta, ya ha amanecido... hace rato.
—¿E-eh...? Woaaaaah... —Nada más abrió los ojos, vio ante sí el frondoso bosque verde esmeralda y la institución marmórea que pronto pisaría.
Salieron del coche, siendo que Marinette se quedó pasmada observando el edificio. Había unos pocos chicos aparentemente de su edad caminando; pero no notó ningún profesor.
Puso un pie tras la valla. Podía sentir un aura poderosa en aquel lugar.
Dio otro paso. Los chicos que ya estaban allí no tardaron en fijar su vista sobre ella. Pero ella no se inmutó, apenas podía fijarse en el gran edificio.
—Ciao! ¿Tú también eres una Portadora? —una voz risueña la sacó de sus pensamientos—. Soy Lila Rossi, Portadora del mejor Kwami que puedas imaginar.
—Ahm... H-hola, Lila... Soy Marinette Dupain-Cheng, encantada. Soy la Portadora de la Kwami mariquita —se presentó Marinette, bastante roja y algo nerviosa.
—Yo poseo a la Kwami zorro —«Parece agradable», pensó Marinette ante su compañera—. ¿Cuáles son tus poderes? Yo podré crear ilusiones según me dijo él, Trixx.
—Yo... bueno... tengo un yoyó... y tengo el poder de la creación... pero no entendí mucho, la verdad.
—Pffff, ¿en serio? Tienes que tener algo más, sé que mis poderes son los mejores pero tendría que haber equilibro —rio la más segura, apoyando su mano sobre Marinette; cosa que la puso más nerviosa.
—De hecho, Lila, los poderes del LadybugMiraculous son los más poderosos regularmente. Que esta no sepa utilizarlos no es problema de Tikki —interrumpió Trixx, examinado a Marinette de arriba a abajo con superioridad—. No me convences.
—¡Trixx! Marinette sí sabe utilizarlos, tan sólo necesita probarlos —discutió Tikki encarando a la naranja.
—¿El más... poderoso? Increíble... —murmuró Marinette a la par que su aparente nueva amiga.
Lila Rossi era una chica mediana, morena, de ojos oliva y cabello espeso cual chocolate. Se veía segura de sí misma, sincera, fuerte. Aunque la sonrisa que siempre estaba en su rostro, inquietaba a Marinette. ¿Ocultaría algo?
—Bueno... lo dudo, la verdad, sin ofender —lo que Marinette no sabía era que la castaña también era un tanto... peculiar—. ¡Ven, vamos a conocer otros portadores!
—¡Ahhh ahhhhhh! —chilló la azabache, mientras que Lila la agarraba del brazo y echaba a correr.
—¡Hey, Adrien! —exclamó ésta—. Mira, esta es Marinette, la Portadora mariquita.
—Bonjour, Marinette ! Soy Adrien Agreste, portador del CatMiraculous; y este glotón de aquí es Plagg, mi Kwami —saludó él con un notable acento francés y un aura carismática. Su rostro mostraba que estaba ansioso. Ansioso por hacer amigos.
—¿Eres de Francia? -musitó la azabache mientras una centella atravesó sus ojos celestinos. Quizás sí pueda sentirse como en casa... aunque no hemos salido de Francia, se dijo.
—¡Sí! Se me hace curioso que no lo sepas —rio él. Era alto, moreno, rubio... guapo—. Soy modelo, parisino.
—Yo también soy de París, que curioso —trató de socializar la azabache observando los ojos esmeraldas del chico.
—Pues, yo soy de Italia —se interpuso Lila—. De Valle de Aosta, si buscamos ser exactos. Queda cerca de Francia.
—Se te nota, por el acento —comentó Adrien desviando su mirada hacia la castaña.
-—¡Heeeeey! ¡Hola! —Una voz cantarina interrumpió—. ¿También sois portadores? ¡Soy Rose Lavillant, portadora del Kwami cerdito! Es adorable, ¿a que sí? ¿Y vosotros?
—Hola, Rose.
Los tres chicos procedieron a presentarse. Rose también era rubia, de tez un poco más blanca, algo más bajita y ojiazul. Se veía más alegre, habladora, risueña e incluso infantil. Adorable, pensó Marinette.
—Yo soy Juleka Couffaine, portadora del RabbitMiraculous —La áspera voz de una segunda chica pudo escucharse detrás de la primera. Ésta, Juleka, parecía más cerrada y tímida. Pálida, de ojos rojos, pelo negro con mechas violetas y alta—. Un gusto...
—¿Cuántos portadores somos? —preguntó Marinette, sorprendida de ver tantos chicos prodigiosos.
—No lo sé, muchos, supongo —contestó Adrien, aportándole a su Kwami otro pedazo de queso. ¿Desde cuándo los gatos comen queso?
«Riiiiiiiiiiing», de pronto, el extenso sonar de un timbre los sorprendió a todos y a la vez les indicó que debían entrar.
Uno por uno fueron adentrándose en el edificio, hasta llegar a Marinette. Miró nuevamente hacia atrás y vio como la gran verja se cerraba lentamente. «Supongo... que este es el comienzo de una nueva vida», pensó, nostálgica.
—¡Marinette, vamos! —exclamó Adrien, observando a la azabache.
—Ah... ¡Y-ya voy! —respondió la francesa subiendo con torpeza las escaleras.
Pronto, muy pronto, se convertiría en una nueva heroína.
Bueno. Este es el prefacio. La verdad, tengo más de veinte capítulos escritos y trataré de subirlos lo más rápido posible, puede que con algunas ediciones.
Esta obra está publicada en Wattpad, la estoy trasladando porque prefiero este servidor. No, no la robé, soy la autora x,d. Pretendo continuarla aquí.
Como podréis observar, este es un AU en el que varias cosas cambian. Fue escrito antes de que se revelaran los poderes de los demás Miraculous, así que la Tortuga y la Abeja tienen poderes distintos que me gustan más. Heh. Y los Miraculous son asignados de forma distinta a la serie. Por ejemplo, Lila es el zorro. Tranquilos, Alya sigue viva (?
