Capitulo II
"Un nuevo reencuentro"
Por Badguy y Moores
3100 palabras según Word.
Los meses pasaron tortuosamente lentos para Theta. Si bien su familia lo había terminado apoyando, gracias a que su padre no podía reprocharle nada, pues él se había casado con una humana, mientras que su madre fue la que había escuchado su historia completamente, la que lo había consolado como si fuera un niño pequeño nuevamente.
En la academia nadie le había dirigido la palabra y había tardado en poder pilotear una Tardis propiamente, pues en su estado no era "apto".
Sabía que la gente lo miraba mal cuando salía a comprar cosas necesarias, los time lord muchas veces terminaban siendo demasiado prejuiciosos, aunque vivieran cientos de años.
Después de aquellos agonizantes meses, su bebé había nacido. Había sido un varón, que tenía su cabello, pero los ojos eran los de Koschei, incluso en su pequeño bebé los ojos de aquel amor lo seguían.
Lo crio por su cuenta, siendo especialmente cuidadoso con el pequeño, con lo que había logrado procrear con Koschei antes de que este lo abandonara. Su madre le había ayudado en lo que había podido, y pronto estaba teniendo a un bebé fuerte al que él amaba demasiado.
Se hizo padre y madre para él, y el niño crecía bien, siendo más Time Lord que humano, lo que en cierto modo parecía ser bueno para el pequeñín, quizás así no sería tan discriminado por ser el hijo de un Time Lord solo, ni por la falta de su padre, pensaba él.
Años habían pasado, y su bebé se hizo un niño inteligente, que a sus tres años parecía ser demasiado suspicaz a lo que había a su alrededor, tan brillante como él o como su padre a esa edad, y pensó que al niño le iría de maravilla en la academia de Gallifrey, cuando tuviera que ir a los ocho años. Solo esperaba que el niño no sufriera lo que él a esa edad.
Esperaba que no sufriera ver por aquel vórtice, aunque en él había ganado su lado humano, como solía decirle. La supervivencia que aquella especie tiene, de alejarse del peligro para seguir viviendo. Aquella vez había seguido sus instintos y muchas veces le habían dicho cobarde por huir...
Y ahí era cuando Koschei lo defendía de los otros niños, con aquella mirada fría, aquella que nunca deseo que fuera para él, pero que una vez lo fue.
Suspirando dejó a su pequeño jugando en la sala, mientras él iba a la cocina a preparar algo para comer, pues se moría de hombre, realmente.
Justo en ese momento, en que él estaba ocupado y su pequeño niño jugaba en la sala con una pequeña y suave pelota, la puerta se abrió. Lentamente un hombre entró por ella. Tenía un gesto serio, severo, y al ver al pequeñito en el suelo, se quedó quieto.
Lo observó sin hacer ni un solo movimiento, fijamente, y finalmente se acercó con pasos seguros y pesados hasta él, para ponerse de cuclillas, mirando con sus fríos ojos al niño que le devolvía la mirada, casi con curiosidad. No pudo evitar el hombre hacer una mueca ante eso.
— ¿Quién te crees que eres? — Le dijo mientras alargaba la mano para tocar la pequeña cabecita rubia.
— ¿Qué haces? — La voz de Theta lo sorprendió.
El recién llegado vio como la madre del bebé, porque nunca sería el padre, sólo la madre finalmente, había salido de la cocina a gran velocidad, tomando al bebé entre sus brazos, para luego mirar al hombre, sin poder evitar estremecerse y sentir como un nudo se hacía en su garganta, por querer llorar al recordar toda la soledad que tuvo que pasar.
— ¿Qué haces aquí, Koschei?
— ¿Tengo que tener un motivo para verte? — Le contestó con la voz fría, pero era una especie de frialdad calculada, como si fuera un método de defensa, pensó el rubio aferrando más a su bebé. Koschei se puso de pie, observándolos a ambos, para luego sonreír ladino. — Lo tuviste, que sorpresa. Tiene mis ojos, ¿podría sostenerlo un momento? No es como si fuera a hacerle daño, Theta.
Theta lo miró unos segundo, pero finalmente y con mucho cuidado le entregó el pequeño niño en los brazos del que era el padre del infante, padre que nunca había conocido hasta ese momento.
— Pues porque han pasado casi cuatro años y no habías venido... — Le contestó finalmente.
Koschei ignoró aquel comentario, tomando al pequeñito en sus brazos. Theta pudo ver como los ojos del hombre parecían brillar con alegría, una alegría que no iba a confesar con sus labios, mientras mecía al niño suavemente, una suavidad que el rubio no había visto desde que él le dijo que estaba esperando un hijo.
— ¿Cómo se llama? — Le preguntó finalmente, mirando al pequeño mientras que le ofrecía su dedo enguantado para que lo apretara, para que lo chupara incluso.
Theta vio como el pequeño tomaba el dedo que le ofrecían, apretándolo con suavidad, curioso y después se lo llevaba a la boca, sintiendo el gusto a cuero que seguramente el guante poseía.
— Se llama Alpha Omege. — Le contestó con suavidad y se agachó con cuidado recogiendo unos juguetes tirados en el suelo, para que Koschei no fuera a pisarlos.
— Magnifico nombre — Le dijo de vuelta, mientras dejaba al otro hacer aquello, sin perder ningún detalle del pequeño delante suyo. Luego, cuando Theta le dio la espalda, sonrió suavemente, acariciando suavemente la mejilla del infante, de su pequeño hijo. Una parte de él se sintió romperse al no poder estar a su lado, y la otra se alegró de alejar eso tan hermoso de lo que él era.
— ¿Quieres algo de comer, Koschei?, preparaba las cosas para comer, mientras Alpha iba a tomar su siesta. — Le habló caminando a la cocina, sintiendo que podía dejar al hombre con el bebé, pues no estaba en un mal día, aparentemente.
— No tengo tiempo — Le dijo, volviendo a poner ese gesto serio en su rostro, y miró al rubio. — ¿Dónde está la habitación de Alpha? Lo llevare a la cama yo mismo — Le informo con esa voz de que estaba dando una orden y no esperaba replica alguna.
— A un lado de la mía... — Sintió la voz de Theta venir de la cocina y sin más llevó al bebé a aquella habitación, viendo como el infante lo miraba con sus ojitos cansados, pero curiosos por aquel tono que había usado con su madre — o bien padre —.
Con cuidado lo recostó en la cuna que encontró, que por algún motivó le recordó a una humana, no a la de los time lord, pero Theta siempre había tenido algo con aquella raza.
No comentó nada, y acomodó cuidadosamente al niño en la cama, besando su frente con suavidad para susurrar, tan despacio que solo el niño pudiera oírlo.
-No volveré a verte en mucho, mucho tiempo, Alpha, serás el mejor de los Time Lord- Sin más, hizo sonar los pequeños juguetes de la cuna para que el pequeño Alpha durmiera, y salió de la recamara, mirando a Theta al volver a la cocina, con fijeza.
Theta cocinaba con cuidado, él mismo sabía que Theta no era buen cocinero, pero no dijo nada.
Pudo ver que el hombre había bajado de peso, incluso después de dar a luz al bebé, pero seguía siendo el mismo Theta que había dejado en aquel lugar, con los corazones rotos.
No pudo resistirse, y tomo al otro de la cintura, sin impedirle cocinar, y lo estrecho contra su espalda. Cerró sus ojos, había extrañado el calor de Theta, su aroma, y mientras no lo apartaba iba a volver a sentirlo y a disfrutarlo, porque era su Theta, y aunque se había marchado rompiéndole los corazones, seguía necesitando de él, de su cuerpo y de su amor, porque era su Theta.
Por su lado Theta se había quedado quieto entre los brazos del otro time lord. Podía sentir sus corazones golpear con tanta fuerza su pecho, que incluso le dolía.
Quería llorar, quería gritar, estaba feliz, pero se odiaba por aquello, por ser feliz al sentir aquellos brazos que lo habían destrozado. Abrazarlo con esa fuerza, con esa curiosa necesidad.
Sabía que si no hacía algo rápido, Koschei podía tomarlo como una invitación... y así fue. La lengua del moreno se paseó por su cuello un momento antes de comenzar a besar esa piel. El abrazo se envolvió más fuerte, casi sofocante para el rubio que seguía luchando con sus propias emociones, y los dientes de Koschei no ayudaban en nada al morderle de ese modo tan lento el lóbulo de la oreja.
Fue consciente que sus gemidos comenzaban a resonar cuando Koschei le tapó la boca, casi para acallarlo de aquella manera, haciéndolo recordar que Alpha estaba ahí y que podría despertarlo con sus gemidos, pero eso no significo que el time lord moreno detuviera su boca o sus caricias.
Se sorprendió cediendo a lo que Koschei hacía, y se vio rápidamente sobre un mueble mientras era despojado de su ropa con una rapidez casi alarmante. Los labios del moreno recorrían su pecho, mordisqueando, saboreando la piel que hacía años no saboreaba y que necesitaba sentir, morder, necesitaba marcarla como suya como antes solía hacer.
No podía evitar jadear a cada mordida, a cada marca dejada en su piel, que desde que había ocurrido su separación nadie más la había tocado de aquella forma.
Se estremeció cuando Koschei llegó a su vientre, sabiendo que ahí aún se notaba la cicatriz de la operación que había tenido para dar a luz a Alpha.
La lengua del hombre le recorrió aquella cicatriz, lentamente, como saboreándola incluso, y luego le tomó su miembro, moviendo lentamente la mano hacia arriba y abajo, dándole una extraña sensación al estar el cuero del guante entre la piel de uno y la del otro, que parecía estar más serio cada vez.
Sus gemidos fueron rápidamente ahogados con un profundo y salvaje beso que el hombre le dio, siendo demasiado posesivo, demasiado ansioso, tanto que aquello lo iba aturdiendo cada vez más, mientras sentía como se iba poniendo más duro contra aquella mano.
Pudo sentir cuando las manos del otro lo abandonaron, y solo para retirarse el propio pantalón de un movimiento rápido, casi salvaje. Las manos enguantas volvieron a él, tomándolo de las manos para hacerlo abrir las piernas, posando la punta de su miembro en la entrada del otro, con una mirada profunda y un gesto de severidad, casi como diciéndole que era suyo.
Y no pudo más que asentir a aquel gesto, porque era de aquel hombre, de aquel time lord, sólo de él, pues sólo Koschei había tenido su amor y su cuerpo realmente.
Se sorprendió a si mismo moviendo la cadera, como buscando que aquel duro miembro estuviera en él, buscando la manera de volver a ser uno, como siempre eran antes.
La sonrisa que apareció en los labios del hombre le hizo temblar, y es que parecía ser una sonrisa de superioridad, mientras se deslizaba dentro del cuerpo de Theta, hondo, y sin esperar nada, ninguna señal de que estuviera cómodo ante eso, comenzó a moverse bruscamente, demasiado brusco, besándolo profundamente para que fuera incapaz de gemir.
Theta gemía contra aquellos labios, por el dolor de no haber tenido nada ahí por largo tiempo, pero rápidamente aquella brusquedad, aquellas fuertes estocadas contra su punto lo hicieron perderse en el placer.
Sabía que aquello estaba mal, que aquello no podía ser, que Koschei lo volvería a dejar a él y a Alpha, pero lo había extrañado tanto, lo había necesitado tanto... que no podía rechazar a hacer el amor con él, a que lo marcara como lo que era, suyo.
Podía sentir como los movimientos del otro eran cada vez más bruscos, más fieros, y se deslizaba muy profundamente dentro del muchacho, sin cuidado alguno de él. Las manos lo tocaban deliberadamente, paseándose sin pedir permiso alguno por todo su cuerpo, con necesidad de oír más de esos gemidos, pero acallándolos al mismo tiempo con sus labios.
Y el muchacho de cabello rubio sólo se dejaba hacer, dejaba que el hombre de moreno cabello tocase más su cuerpo, tocando aquellos puntos que lo hacían estremecer de placer, que lo hacían enloquecer, mientras que él sólo podía aferrase un poco a él, sujetando la ropa que Koschei tenía puesta, necesitando aferrarse de algo para no perderse dentro de ese mar de placer prohibido.
Podía sentir el fuerte latir de sus corazones, cada vez galopar más rápido, más fuerte con cada envestida que le daban.
El placer lo llenaba, y podía saber por la mueca en el rostro del moreno, que él mismo sentía demasiado placer por aquello, por aquellas deliciosas envestidas contra su punto, contra su interior. No supo en que momento la mano del otro le envolvió su miembro, pero supo que se sentía demasiado bien, el cómo esa mano volvía a masturbarlo, a hacerlo temblar por más placer, por más necesitando de él, casi como para dejarle claro que él era el único que podía darle ese placer.
Aquel placer que lo llenaba finalmente fue demasiado para él, intentó decirle que terminaría acabando, pero no pudo ya que aquello labios volvieron a tomar de los suyos posesivamente, cuando sintió como su semilla caliente terminaba por ensuciarlo en su vientre y estaba seguro que la ropa y la mano de Koschei quedaban igual.
No pudo más que arquearse, apretándolo fuertemente en él, sin siquiera notarlo, jadeando demasiado sensible al sentir las envestidas que seguían.
Siguieron un poco más, bruscas aún, más fuertes, y finalmente se terminaron dentro cuando sintió la semilla caliente de Koschei dentro suyo, llenándolo completamente mientras le gruñía sobre los labios en un beso menos agresivo, pero igual de posesivo en su boca.
Se quedó quieto, cubriendo suavemente a Theta con su cuerpo un momento, sólo un par de segundos que para el rubio fueron eternos, y finalmente se apartó. Tomó uno de los paños de la cocina para comenzar a limpiar su ropa y sus guantes, aun con su gesto frio.
Por su parte Theta estaba con las mejillas sonrojadas, lo sabía, podía sentir aquel ardor de su sangre acumulándose ahí, mientras jadeaba con fuerza, intentando recuperar el aliento.
Necesitaba del cuerpo de Koschei, necesitaba que lo siguiera abrazando, pero sabía que no lo haría.
Él sólo podía estar ahí, sentado en el mueble de su cocina, sin poder moverse bien, porque sabría que sus piernas le terminarían fallando al querer levantarse.
Agacho su mirada, sintiendo como sus corazones le dolían por el frío gesto que el moreno estaba teniendo con él.
Para su sorpresa, de verdad su sorpresa, sintió la suave tela de la capa, esa capa que solía usar el otro cuando se volvió piloto, sobre sus hombros con suavidad. El moreno no le dijo nada, pero se aseguró de que la tuviera bien puesta y luego se arregló la propia ropa con rapidez, arreglándose el cabello con la mano, sin volverse a mirar al hombre sobre el mueble.
— K-Koschei... — Se atrevió a murmurar, mientras se envolvía con cuidado en aquella capa, sintiendo el olor del moreno en la prenda, sintiendo como aquel olor y el suave calor que la tela aún tenía del cuerpo de Koschei.
No sabía que más decir, sólo el nombre de aquel hombre que le estaba dando la espalda y se arreglaba su ropa como si nada hubiera pasado.
— Tengo que salir de viaje de nuevo — Le informo como si fuera de lo más usual. Theta no pudo evitar imaginarse casi como una familia humana, donde el padre se largaba todo el día y la madre se quedaba sola con los hijos, esperando el regreso. No supo si se comenzaba a sentir enfermo por la idea o por la situación, en la que acaban de hacer el amor y simplemente iba a dejarlo otra vez.
— ¿E-Esto seguirá s-siempre igual, K-Koschei? — Habló finalmente, no supo de donde había sacado su valor para preguntarle aquello, envolviéndose más en aquella prenda sin poder evitarlo, cerrando los ojos, no quería ver como se iba nuevamente, así como si nada.
El moreno la miro. Tenía una especie de mirada vacua al verlo, pero simplemente la fijo en él. Luego de unos minutos, le hablo con una voz tan calmada que no supo si eran buenas o malas noticias.
— ¿Igual? — Luego sonrió, divertido. — ¿A qué te refieres con igual? Esta vez no voy a volver, Theta. Ahora tengo otro nombre, uno mucho mejor que Koschei, y tengo cosas que hacer por ahí.
Se quedó observándolo, sintiendo como un nudo se formaba en su garganta, otra vez se iría, esta vez posiblemente para siempre, dejándolo con los corazones destrozados.
— ¿Qué nombre? — Murmuró a penas, era muy consciente de que los señores del tiempo cambiaban su nombre verdadero, ocultándolo con un seudónimo.
Sonriente, pero raramente no feliz, Koschei se acercó a él, observándolo.
Una parte de él lo sentía como si fuera un poco cruel por aquello, pero otra parte estaba... disfrutándolo. Le gustaba ver a Theta de ese modo, temeroso, desnudo y asustado, con el dolor marcado en cada una de sus expresiones. Eso le hizo sonreír más, más fuerte, y divertido le sonrió de lado.
— Me llamo Master. Así que ya no me llames más Koschei, ¿bueno?
Sólo pudo asentir, sin tener nada más que decir. Era como si el Koschei que él había conocido ya no existiera más, y aquello era cierto, de un modo u otro, pues ahí, frente a él en ese momento, el hombre que estaba era alguien que se hacía llamar "Master".
Sentía cómo las lágrimas querían salir y rodar por sus mejillas, pero se obligó a reprimirlas, no lloraría hasta que él se fuera, hasta que... el Master se fuera.
El hombre, Master, reía al verlo, cruzando sus brazos con cierta elegancia, con burla. Se humedeció los labios y finalmente alcanzo al hombre para hacerle levantar la cara, con fuerza.
— Eres patético, un poco más patético de lo normal — Se rio entre dientes, divertido. — Alpha será igual que tú, por lo que veo, pobre mocoso. — Lo empujo para luego acomodarse bien el saco. — No te volveré a ver Theta, al menos no por ahora. Me largo de este desagradable planeta. Hasta nunca, Theta.
Sin más, el hombre le guiño el ojo, casi con burla y se alejó de él, yéndose de nuevo, dejando ahí al pobre hombre rubio.
Aquel muchacho, porque nunca había dejado de comportarse como aquello, que comenzó a llorar, aferrado a la capa que cubría su desnudes, con sus dos corazones rotos, aquellos corazones que parecían que siempre habían estado a ser rotos.
TBC.
