Así que aquí está el capítulo 2

¡Gracias por todas las reviews!


-2-

Desastre invisible

Elsa no sabía cómo habían llegado a ese punto, lo único que tenía en su mente era una intensa neblina que estaba cegándola cada vez más. Todo era un borrón, un cambio de escena. Algo intangible, y al mismo tiempo, algo de lo que se podía aferrar. De lo que se quería aferrar. No había pensamientos, remordimientos, nada que la sujetara con firmeza a la tierra. Sólo estaba Anna; Anna haciendo lo posible por rastrillar suavemente las uñas en la piel de su abdomen para sacarle un poco el alma. Anna respirando como si el aire se le acabara y tuviera que robarle a ella el oxígeno; la vida. Y estaba encima de Elsa, a horcajadas, besándola furiosamente como si se estuvieran quedando sin tiempo. Como si una bomba de tiempo amenazara con explotarles en la cara. Elsa era nada en ese instante, nada cuando esa chica metía la lengua dentro de su boca y exploraba todo en ella, nada cuando gemía y luego se sobreponía mordiendo su labio inferior. Anna podía arrancarle las páginas a su existencia, podía hacer lo que quisiera con ella; recrearla, moldearla, rehacerla, revivirla.

"Anna", repetía. "Anna", porque era lo único que sabía decir cuando los besos húmedos de la pelirroja se perdían en su yugular e iban avanzado como fantasmas hasta su clavícula, hacia abajo, más abajo. Asesinos y certeros, cada uno. Las manos de Anna seguían avanzando, sin detenerse por mucho tiempo en un solo lugar. Elsa estaba jadeando; se retorcía bajo el peso de la menor. Su vientre era una caldera a punto de explotar. Y luego unos dedos tocando, pidiendo permiso para entrar en ella.

—¿Me quieres? —Anna ronroneó en su oreja y luego se apartó para tenerla de frente. Elsa tenía los ojos abiertos, intentando descifrar porque los ojos de su hermana eran más azules. Casi negros—. Respóndeme.

—Anna… —Ella no podía pensar. Su lengua no respondía, no podía decir otra cosa que no fuera ese nombre; pero lo estaba intentando, en verdad lo intentaba. Quería que Anna lo viera en sus ojos. Quería mostrar lo que tenía dentro, atorado, ahogándola cada momento de su vida.

"Te amo, te amo, te amo".

—Eres un desastre —Anna sonrió y esta vez su sonrisa se transformó en una mueca. Estaba llorando. Elsa no se movía, no actuaba, estaba congelada. Las lágrimas de Anna caían libremente sobre su piel y no podía hacer nada. No podía, no podía. Nunca pudo—. Y no sabes cuánto asco me das. Ni siquiera pudiste protegerme.

Entonces Elsa sintió que algo se rompía dentro de ella. Su corazón, frágil como la cáscara de un huevo, haciéndose trizas bajo la presión de la mano de Anna. Y las lágrimas ahora eran de ella, y el dolor era sólo de ella. De nadie más. Estaba gritando, fuerte, se rasgaba la garganta, pero nadie escuchaba. Nunca nadie lo había hecho.

Alzó una mano, por fin intentando tocar a la que le causaba esta lenta muerte, pero Anna se empezó a desvanecer como la arena entre sus dedos; mágica, efímera, sin dejar rastro. Y el único eco que seguía resonando en sus oídos era una especie de maldición que la seguiría de por vida.

Elsa despertó con un gemido de dolor esa madrugada, como si una estaca se le hubiera clavado muy profundamente en el pecho. Estaba sudando y tenía el cabello pegado al cráneo. Su respiración era intensa, sus pulmones parecían intentar tomar el oxígeno de una piscina. Sus manos apretaban con fuerza las sábanas blancas y había un intenso pitido en su cabeza que la hizo rodar, buscando que se detuviera porque el cerebro empezaba a latirle.

Lloró.

Todas las imágenes venían a su mente. Anna la odiaba, Anna la debería odiar, Anna la odiaría. Apretó la almohada contra su cabeza y un grito ahogado salió de lo profundo de su garganta, al fin libre; pero la presión en el pecho no disminuía, así que volvió a gritar; y siguió haciéndolo hasta que se quedó sin fuerzas y sólo era un cuerpo inerte en esa oscuridad penetrante que estaba consumiéndola. Intentó calmarse, intentó y siguió intentándolo, hasta que se dio cuenta de un detalle que estaba entre sus piernas, culpa del sueño. Su estómago se contrajo. Una acidez subió y bajó dentro de ella. No iba a aguantarlo.

Salió corriendo de su habitación sin detenerse a pensar que su puerta se estrelló y las paredes vibraron; la casa entera estaba a oscuras, dio tumbos hasta el final del pasillo, en el baño, donde terminó aferrándose al inodoro. Entonces vomitó. Vomitó cada parte de lo que le hacía daño. Y el asco estaba presente, asco de sí misma, asco de lo que sentía, de lo que seguiría sintiendo por toda una eternidad. Cuando no había que sacar más, gateó hasta el rincón y se hundió entre sus piernas; el olor a lejía se apoderó de su nariz, le recordaba levemente al hospital. El llanto siguió, persistente y bajito, casi con culpa. Nadie la escucharía, nadie vendría por ella. Ni siquiera Anna.

Se odiaba. Se odiaba porque era un desastre, toda ella, cada parte. Se odiaba porque era la mejor mentirosa, una experta actriz que fingía ser perfecta en todo; pero a la cual se le había caído un poco la máscara hace unos años. Se odiaba porque intentaba encajar, intentaba ser alguien para su familia, para Anna, para ella misma; pero nada resultaba según lo planeado. Sus sentimientos, el pasado mismo, estaban haciendo efectos dañinos e irrevertibles en su persona. Era un fantasma que se adhería a las paredes y rogaba piedad en silencio. Un descanso que nunca llegaba. Y sentía que su alma tenía siglos de edad y estaba encerrada en ese cuerpo incoherentemente joven. Cada mañana tenía que levantarse y lidiar con su padre, que estaría como un águila sobre ella, midiendo cada una de sus acciones y esperando el momento exacto en el que se equivocara para que pudiera masacrarla viva. Cada mañana despertaría, temiendo que sus sentimientos por Anna fueran obvios, que siguieran creciendo y llegara un punto en que la locura se apoderara de ella. Y cada día se ponía en pie, sabiendo que les debía a todos, y que le había fallado a cada uno.

Elsa se levantó de su rincón frío después de un rato y se limpió las lágrimas que aún no se habían secado en sus mejillas. Encendió la luz y cerró la puerta del baño. El espejo le devolvió su reflejo, su palidez enfermiza y sus ojos rojos de tanto llorar; las ojeras eran ya imposibles de desaparecer. El maquillaje ayudaría después, cuando saliera el sol y tuviera que vestirse para su puesta en escena. Se lavó la cara en un intento de apaciguar su temperatura alta, también se lavó los dientes y haló la cadena del inodoro. Salió con pasos lentos, vacilantes. El reloj de pared que se encontraba cerca de la habitación de su hermana emitía un "tic-tac" vacío. Eran cerca de las cuatro de la mañana. Se detuvo cuando llegó a la puerta de Anna, estaba cerrada, pero Elsa sabía que bastaba con girar el pomo para que cediera. Anna nunca le cerraba la puerta a ella. Elsa suspiró y siguió avanzando. Iba a bajar las escaleras cuando notó el ruido de la televisión encendida. Era un volumen muy bajo, casi inexistente. Se encontró preguntándose si se trataba de su padre, que solía quedarse trabajando hasta tarde cuando tenía que hacer planos para la constructora.

Dudó en bajar, pero los recientes acontecimientos le habían producido un desierto en la boca y garganta. No tenía que quedarse, iba a beber agua e irse. Armándose de fortaleza y paciencia, continuó su camino hacia la cocina. Para su sorpresa, el que estaba recostado en su sofá no era su padre, era su hermana.

Elsa se detuvo. La televisión reproducía el final de "La Sirenita". Anna tuvo su maratón de películas, sola, después de su evento y de que su padre posiblemente se hubiera acabado la botella de vino que se prometió. Las articulaciones de Elsa se contrajeron, una parte de ella le gritaba que no se acercara, que ni siquiera se asomara para ver si Anna seguía despierta. Como la mayoría de las veces, perdió contra ella misma y rodeó el sofá. La pelirroja estaba durmiendo profundamente con la cabeza encima de su brazo derecho y su manta estaba en el suelo, había palomitas de maíz regadas por toda la alfombra y la mesita del café estaba repleta de las películas que Anna estuvo escogiendo para ver. También había una lata de soda, y un bol de plástico, ahora vacíos. Elsa se encontró sonriendo ante el desastroso panorama, pero el recuerdo aún burbujeante de sus sueños la hizo apagarse al instante.

Sin hacer mucho ruido, cogió la manta de Anna y cubrió a la chica con ella. Recogió las películas y las puso en su lugar, cerca de la televisión. Tomó el bol de palomitas y la lata vacía y los sostuvo un momento entre sus manos, con fuerza, mirando a su hermana dormir pacíficamente, algo que ella no había logrado en mucho tiempo. Era el precio que se tenía que pagar cuando su cabeza estaba llena de remordimientos. Los créditos de la película empezaron a aparecer en la pantalla. Fue a la cocina, dejó la lata en la basura y el bol en el lavabo. Bebió su vaso con agua y, antes de retirarse, cogió el mando de la televisión que Anna aún sostenía débilmente, y apagó el aparato que había reproducido por horas varias películas. La chica se removió en su lugar, pero siguió durmiendo. Elsa regresó a su habitación, deseándole en un susurro el "buenas noches" que no le había dado en tres años.

Ya no pudo volver a dormir.

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Era sábado, así que apenas salió el sol ese día, tomó una ducha y bajó a desayunar. Anna ya no estaba en el sofá, pero las palomitas aún regadas en el piso seguían delatando su estadía en la sala. Sus padres eran los únicos que estaban sentados, en silencio, en la mesa de la cocina. Desayunaban huevos, tostadas y café. Agdar bajó el periódico que estaba leyendo para verla entrar en la cocina. Elsa sólo levantó la cabeza en modo de saludo y se sentó en uno de los extremos de la mesa cuadrada.

—Ayer te fuiste a acostar muy temprano —su madre dijo, poniéndole margarina a una de sus tostadas—. ¿Te sientes bien?

—Creo que los bocadillos me hicieron un poco mal, es todo —respondió, era cierto de cualquier forma—. ¿Hay más café?

—En la cafetera—su madre apuntó con la vista—. Anna estuvo esperándote, creyó que bajarías a ver las películas con ella. Tu padre la ha tenido que llevar a su habitación hace un rato, seguía murmurando los diálogos de "Lilo y Stich".

Elsa no contestó, sólo se puso de pie de nuevo y fue hacia donde se encontraba conectada la cafetera eléctrica, apenas había para media taza. Se sirvió el café y lo bebió sin ponerle azúcar. Anna la estaría mirando con un gesto extraño si la viera hacer eso.

—Vamos a salir —anunció su padre sin apartar la vista del periódico local—. Tu madre y yo queremos visitar a la abuela, tu tío Nicholas dice que no se encuentra muy bien.

—¿Vas a faltar a tu trabajo? —Elsa dejó descansar su espalda en la barra, un poco preocupada, su abuela vivía a tres horas de distancia—. ¿A qué hora llegarán? Necesitaba ir a la librería.

—Pedí permiso, Elsa. Ve mañana a la librería, cuando regresemos.

Se congeló en su sitio. ¿Había dicho mañana? Tal vez había escuchado mal. Sus padres no podían dejarlas solas un día entero. Anna se ponía ansiosa, la libertad sin sus padres ponía en peligro a Elsa.

—Espera, ¿dices que regresan mañana?

—Sí —su madre contestó—. Le dijimos a Anna hace un rato, pero no creo que nos haya entendido. He dejado comida en la nevera, y pueden pedir pizza para la cena. Estaremos aquí al amanecer.

—Voy a salir con Kristoff —dijo, tenía que liberarse.

—No —su padre cerró el periódico y la fulminó con la mirada—. Necesito que te quedes.

—Anna puede cuidarse sola.

—Claro que puede cuidarse, eres la menos indicada para…

—Agdar… Hoy no. —Su madre cerró los ojos. No quería empezar una discusión tan temprano—. Puedes salir Elsa, pero agradecería mucho que acompañaras a Anna hoy, por favor, cariño. Llama a Kristoff, estoy segura de que los tres pueden pasar un tiempo juntos.

Elsa asintió, tragando su rabieta junto con toda la cafeína que restaba en su taza. Estaba en una jaula después de todo, en una jaula en donde ella ya no tenía alas ni voz. Su madre se esforzaba para hacer que la relación entre ella y Anna funcionara, pero se desesperaba con tanta facilidad que terminaba por empeorar la situación. Además de que no le tenía demasiada paciencia a sus ataques de orgullo y terquedad. Su padre era otra cosa, él vivía para ofrecer comentarios mordaces que la terminarían haciéndose sentir más allá de lo mediocre. Un solo error, uno solo no le había podido perdonar a Elsa.

Vio partir a sus padres esa mañana fría, envuelta en un suéter ancho de color azul que su abuela le había obsequiado la navidad pasada y calzando unos simples mocasines cafés. Mientras se despedía de su familia, con una mirada cansada, volvió a entrar al calor de la casa. Cuando revisó el lugar en donde ponían las llaves, Elsa soltó una risa amarga al notar que Agdar se había llevado las llaves de los dos automóviles. No se le escapaba nada, posiblemente medía el kilometraje antes de salir todos los días. No es que Elsa fuera a sacar algún auto sin su permiso, no después de lo que había pasado. Sólo le dolía que su padre no fuera a confiar en ella de nuevo, pero en realidad, ¿podía culparlo? No, por supuesto que no, no cuando ella había roto las reglas familiares en toda su extensión.

Anna no había despertado aún, y no lo haría hasta el mediodía, porque era sábado y se había desvelado más de lo que acostumbraba. Al menos ahora podía sentirse tranquila al no tener rondando a la pelirroja cerca de ella sino hasta más tarde. Por tal motivo, se encontró de nuevo encerrada en su habitación, pensando si debería o no hacer que Kristoff fuera a su casa. Quería hablar con él en persona para preguntarle qué rayos había significado lo del día anterior, pero no quería que estuviera cerca de Anna. Ese era el dilema. Al final, terminó por no llamar a su amigo, ya tendría tiempo para charlar largo y tendido con él. Por el momento, sólo trataría de parecer ausente en la casa, mientras Anna hacía todo lo que quisiera ese día.

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Era la una de la tarde cuando Anna la llamó por su nombre. Elsa se sentó en su cama y miró ausente la puerta de su habitación. Mientras más lejos quería estar de su hermana, esta ponía el doble de resistencia. Estaba segura que en algún punto la pelirroja se cansaría, y cuando eso sucediera, entonces la vida de Elsa habría acabado completamente.

—¿Elsa? Sé que estás adentro. Mira, sé que mamá me dijo algo hoy por la mañana, pero no estoy segura de lo que es… Bien, no recuerdo nada. Me preguntaba si… —Elsa abrió la puerta abruptamente y Anna retrocedió medio paso sorprendida—. Si querías comer algo… Saqué de la nevera lo que nos dejó. Y ayer no cenaste y sé que tu desayuno se basa en muchas dotaciones de cafeína.

—Ellos regresan mañana, ¿entendido?

—Entendido —Anna siguió de pie frente a ella.

—¿Es todo?

—¿Comemos juntas?

Elsa suspiró cansada. ¿Qué podría salir mal en una comida? Si era sincera, muchas, muchas cosas podrían salir mal. Ni siquiera tenía ganas de hablar con su hermana, no cuando estaba golpeándose imaginariamente por cada uno de los sueños insanos que había tenido sobre ella esa noche. Tampoco quería hablar porque lo único que podía salir de su boca era un discurso de celos patéticos que girarían en torno a Kristoff. Y sin embargo… Aceptó.

—Ya bajo —contestó sin emoción.

—¿En serio? —Anna pareció realmente sorprendida.

—¿No es eso lo que querías?

—Sí, pero… ¡Sí! Es decir, ya, en seguida. Voy a esperarte. Abajo. Ahora.

Elsa contuvo una sonrisa y en su lugar solo asintió.

—Me parece.

Bajó unos minutos después, cuando llegó a la cocina, Anna ya había servido dos platos del estofado que su madre les había preparado antes de irse. Dos zumos de naranja recién hechos coronaban el banquete. Anna estaba sentada en la mesa con la cabeza descansando en los nudillos de su mano izquierda y una media sonrisa; y la estaba mirando. Elsa carraspeó y se sentó frente a ella, haciendo demasiado ruido cuando movió la silla. Estaba nerviosa. Empezó a comer antes de que Anna pudiera abrir la boca para hablar, sin importarle que la comida estaba demasiado caliente y su lengua sufrió las consecuencias.

—Entonces… ¿Te gustó el evento de ayer? —Elsa siguió masticando, pensando en su respuesta. Anna seguía en la misma posición sin apartar los ojos de ella.

—Sí —dijo—. Los bocadillos estaban bien.

Si contestaba algo más la chica empezaría a hablar y no pararía. Tenía que evitar a toda costa eso.

—Ayer… quería enseñarte mi trabajo, pero tenía a todos encima, lo siento. De cualquier forma, tendré los cuadros en casa la próxima semana y podré enseñártelos tranquilamente.

—Los vi —dijo. Enseguida se arrepintió. Anna bajó los codos de la mesa y la miró con entusiasmo que se fue apagando cuando no dijo más.

—¿Qué te pareció? —Animó.

Dejó la cuchara en su plato. Podía ser sincera y, por una vez en su vida, ser la hermana normal que Anna esperaba que fuera. O podía destrozarle el corazón y ser la perra de siempre pero, al menos así, sus sentimientos se apretujarían en su corazón helado, sin siquiera atreverse a salir a echar un vistazo.

—¿Por qué no le preguntas a Kristoff?

"Oh, no, no, no, ¡qué acabas de decir! Eres una idiota, eres una idiota del demonio".

Anna abrió los ojos con sorpresa y su boca se crispó. Definitivamente no había esperado aquello, estaba fuera de lugar; pero era algo que estaba comiendo el cerebro de Elsa y las palabras habían salido de su boca sin poder retenerlas. Sólo quería retractarse, hacer que el tiempo volviera para evitar esa horrible pregunta sin sentido que había salido más fría de lo que se esperaba. ¡Ni siquiera quería una respuesta! Anna esquivó su mirada y tomó la cuchara de su plato.

—No quiero saber qué opina Kristoff o papá y mamá. Quiero saber qué piensas tú, Elsa.

No contestó. Seguía pensando en lo horriblemente celosa y obvia que había sonado. Tenía suerte de que Anna ni siquiera lo notó. Y lo que era mejor, estaba diciéndole que le importaba ella y nadie más. ¿Por qué todo tenía que ser tan jodidamente difícil? ¿Por qué no podía disculparse y ya? Empezó a clasificar por color cada uno de los vegetales, ahora sin hambre.

—¿Era yo? —Sí, era ella la chica del cuadro, pero tenía que estar segura. Tenía que saberlo de los labios de Anna.

—Éramos nosotras en cada cuadro, un poco de cada una —contestó Anna sin verla, de pronto sintiéndose cohibida—. Pensé en nosotras. Y en ti… un poco más que en nadie. Era una forma de pedir disculpas por cualquier cosa que hice en el pasado y que, de alguna u otra forma, te hizo daño.

"Tú no hiciste nada, Anna. Fui yo, fui siempre yo rompiendo las barreras. Rompiendo todo lo que nos unía".

—Me gustó —al fin dijo—. Eres buena.

Anna levantó la cabeza y dejó salir un suspiro.

—¿Eso crees?

—¿Por qué te mentiría?

—Sé que no lo haces. Pero es bueno escucharte reafirmarlo, haces que mi ego crezca un poco más, así que no te detengas —Elsa le envió media sonrisa, Anna estaba notablemente menos tensa con eso.

—La abuela está un poco mal —dijo después de un rato de silencio—. Es por eso que papá y mamá no regresan hasta mañana.

—¿Es grave? —Anna empezó a comer sin parar, viendo cómo ella sólo estaba separando los vegetales para luego volver a unirlos con lo demás.

—Espero que no. La abuela es fuerte, seguramente no es nada.

—De cualquier forma, llamaré a mamá por la noche para preguntarle.

—¿Quieres acompañarme a la librería? —soltó sin pensar, de nuevo. "Sólo cállame, Dios". Anna la miró con los ojos grandes y un brillo notorio en ellos. Si lo pensaba, ella también estaría así. No habían pasado tiempo juntas desde hacía mucho, mucho tiempo atrás—. Sólo… te lo digo porque de otra manera me iría mal si se enteran que salí —quiso componer—. Querían que te cuidara como si tuvieras cinco años. No es que quiera…

—Iré.

—¿En serio?

—¡Claro!

—Bien, pero tomaremos el subterráneo.

La sonrisa de Anna se borró. Elsa quiso burlarse.

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Anna se apretujó junto a ella y Elsa no sabía si reírse, sentirse bien por tenerla tan cerca o estar a la defensiva y obligarla a alejarse. Todo el viaje a pie hasta ahí había sido inusualmente tranquilo, si bien, brillaron por la ausencia de una charla, al menos los silencios no fueron incómodos como siempre. A esa hora el metro estaba casi vacío. Elsa estaba caminando a su velocidad normal, pero la extraña lentitud de Anna la obligó a reducir el paso cada vez más y más, hasta que llegó un punto en el que creyó que la pelirroja simplemente se echaría a correr hacia atrás, pues la estaba halando hacia ella. Anna estaba entrando en pánico. No le gustaba el metro y Elsa no sabía por qué. Le tenía fobia, y no era una muy antigua, de hecho, apenas había surgido hace un par de años atrás.

No es que fuera uno de los lugares más hermosos del mundo, pero simplificaba su vida cuando no podía usar un automóvil o no tenía recursos para llamar un taxi. O cuando no podía recurrir a sus padres, como en ese momento.

—Recuérdame por qué hago esto —Anna dijo, apretándose a su brazo.

—No lo sé. Eres masoquista, quizá —dijo, intranquila, pero haciendo lo posible para que Anna no lo notara y pensara que se burlaba de ella.

—Regresamos en un taxi, yo pago, no importa.

—Tranquila —Anna hundió los dedos en su brazo. Elsa casi chilló de dolor.

—No puedo. ¿Cómo puedes hacer esto todos los días? ¿Lo haces todos los días? Oh, dioses, obviamente lo haces todos los días.

—Sí, bueno, no tengo muchos amigos que me puedan llevar a donde quiera todo el tiempo, Anna. ¿Por qué te da tanto miedo?

—Por nada.

—¿Nada? Siempre hay una razón.

—Ninguna en especial. Camina… No tan rápido. ¿Puedes cogerme la mano?

—Sí, si dejas de torturar a mi brazo.

—¡Cielos! Perdón, perdón, no sabía que estaba haciéndolo.

Elsa se detuvo por completo y la miró. Podía ver el terror en los ojos de su hermana. No podía burlarse de eso, sabía que algo estaba pasando en ese instante, era como si Anna estuviera entrando en una crisis nerviosa o algo por el estilo. Aún envuelta en un abrigo grueso, estaba temblando y tenía los ojos desenfocados.

—Mírame, ¿estás bien? —Elsa se acercó a ella, sin tocarla—. ¿Anna?

—Estoy bien.

—No, no lo estás. Fue una mala idea venir. Creí que todo esto era un juego… Papá y mamá me van a matar si se enteran. Podemos regresar, no estamos muy lejos de la salida.

—No, no… Se me va a pasar, Elsa. No les diré nada, por favor solo…

Elsa suspiró y la tomó por las mejillas. Anna estaba fría y sus mejillas habían perdido su color. Sus ojos hacían lo posible para enfocarla, pero seguían mirando por todos lados, con miedo. Estaban opacos. Elsa la llevó a un lugar en el que no obstruyeran el paso y respiró profundo. Miró hacia los lados como si temiera que alguien viera lo siguiente, después hizo espacio entre las sienes de Anna y su gorrito verde, luego puso sus dedos índice en cada uno de los extremos y empezó a dar masajes.

—Estoy contigo. No te va a pasar nada, ¿vale? —Anna no contestó, sólo estaba mirándola.

Elsa hizo lo posible para que no le afectara eso. Intentaba ver más allá de todo, aquí estaba siendo la hermana de Anna. Es todo. No podía, no quería, no debía sentir nada más. Pero su corazón era idiota y había caído hace mucho. Sus ojos se deslizaron con traición hacia los labios de su hermana, y con una patada mental, volvieron a su sitio, cerca de la unión de sus cejas en donde nadie peligraba. La respiración de la pelirroja empezó a regularse y dejó de temblar, con eso, el corazón de Elsa también dejó de bombear tan rápido.

—¿Estás mejor? —Le preguntó después de un rato. Se quitó su bufanda negra y la envolvió alrededor del cuello de Anna.

—Sí… Mejor.

—Vamos a regresar. ¿Puedes hacer eso? No tendré que cargarte, ¿o sí? Porque haz comido demasiado estofado hoy. —Bromeó para sacarle de una vez la cara triste.

—No, no tendrás que hacerlo —Anna entendió la burla y rió, acomodándose el gorro—. Pero… ¿Y tu libro?

"Eres más importante que un libro o cualquier cosa en este mundo. Incluso mis miedos u orgullo".

—Estoy muy segura que podrá esperarme hasta mañana, pero una taza de chocolate… Esa no, esa no espera. Sé de un lugar que te encantará saliendo de aquí.

—¿Puedo pedir una rebanada de pastel?

—¿Tú pagarás?

—Tacaña —Anna la codeó.

Anna le sonrió, olvidándose por completo del pánico anterior. Elsa se sentía culpable. Hacer feliz a su pelirroja no podría ser un problema ese día. Sobre todo cuando sabía que una parte de ella ya no podía fingir ser dura en algunas ocasiones. Por lo pronto, sólo tenía que preocuparse por salir de ahí y llenarse insanamente de chocolate. El chocolate hacía feliz a todos. Incluso a su alma moribunda que se sintió mejor cuando su hermana deslizó su brazo para atrapar el suyo.

Sí, era un desastre, pero era su desastre por el momento. Y nadie tenía que saberlo.


Guest: no sé si estoy haciendo considerar a muchas personas su sexualidad o eres la misma que me lo ha dicho antes XD. ¡Gracias por pasarte! Espero que sigas disfrutando de las historias :).

Hinata Tsuki: ¿por qué te regañaría? ¡Me alegra que te hayas pasado! Tenía que poner la advertencia, no quiero comentarios ofensivos luego, luego. Están los anti Elsanna, recuerda XD. Todas tus preguntas se irán contestando en los siguientes capítulos, me temo que no puedo desentrañar toda la trama aquí jaja, pero sí te puedo dar la edad de las chicas: Anna tiene 18 y Elsa 21, como en la película :). Y sí, Elsa es completamente consciente de lo que siente por su hermana, sin embargo, ese será su problema. Y otros más, claro. Igual pensé en las pinturas, un día cuando aprenda a pintar las haré, o haré el intento. Algo es algo. Por cierto, soy chica, al igual que... Mujer XD. Todos lo olvidan. De nuevo, muchas, muchas gracias por pasarte. Un enorme saludo.

Yui Tainaka: lamento si la angustia es demasiada por momentos. Era el punto jaja. No será una historia tan... alegre (¿?). Tendrá sus subidas y bajadas extremas. Mérida seguirá apareciendo en la historia, aun no tengo muy claro su papel en ella... Es decir, la tengo en una balanza de posibilidades. Por otro lado, Kristoff jugará un papel importante en la historia. Algunos lo odiarán y otros... No estoy segura si puedan amarlo XD. Gracias por comentar como siempre. Abrazos!

sakura-chan: no estoy segura si Elsa será rebelde, en eso sí estaré muy apegada a sus papeles. Digamos que se comporta cortante y sarcástica cuando se siente atacada o todo le está saliendo mal. Como aquí no es una reina, aquí no se tiene que contener XD. Gracias por ser una de las primeras en comentar y quizá en leer. Un saludo.

rustjacque12: la confusión se irá disipando en los demás capítulos. Entiendo que hayas encontrado un parecido de esta historia con el otro fic, quizá sea por los sentimientos de Elsa, pero sus personalidades son muy distintas (¿?), si es que podría llamarlo así. Siempre intento apegarme a las originales de cualquier forma. El incesto será solo la punta del iceberg en la trama. Las advertencias no están de más, no quiero que salga gente traumada de aquí XD. Pd: ¿lo dices por los nombres de los padres de las chicas? En teoría, son los originales. A alguien se le ocurrió traducir los nombres de las lápidas que están en la película lol. Así que ahora los uso.

Egia: yep, ya de por sí el tema es delicado. Así que estará plagado de sufrimiento XD. Espero que no terminen huyendo por eso. Prometo que tendrá tintes de felicidad también. Un saludo.

BrenBren: hey, gracias por pasarte. El drama no estará centrado solo en el incesto (aunque parece que es lo que les causa el DejaVu), hay muchas otras cosas ocultas por ahí. Gracias comentar.

javiviyutronichi: ¡muchas gracias! Sigue disfrutando de las actualizaciones :)

Nava58: jaja no sientan tanto los sentimientos, que se ponen peores. Muchas gracias por todas las palabras como siempre. Agradezco que te tomes la molestia de pasarte por estos lares oscuros de mi cerebro (?). No puedo dar spoilers :( pero ya se irán enterando de todo en los siguientes capítulos ;)

Kitty: gracias! Es bueno saber que hay muchos lectores que me siguen incluso en mis demás historias. Espero que puedas seguir pasándote a leer por aquí.

Y07: Frozen me hizo replantearme muchas cosas sobre el incesto XD. En mi caso, lo veo ridículo porque jamás me enamoraría de mi hermano o "x" primo, son casi una extensión de mí. Por otro lado, he leído varios casos y cuando el amor es mutuo y va más allá del sexo o morbo... Creo que me es imposible juzgarlo. No sé, por ahí le dije a alguien que no deja de ser extraño y raro, pero es porque nos han criado con todas esas ideologías. No puedo arrojar la piedra porque sí. Mientras no dañen a terceros, pueden hacer lo que quieran con su vida. Sin embargo, es un un problema cuando la cuestión de tener hijos en familia está presente, eso sí es peligroso. Pero ya ni siquiera es por la pareja en cuestión, es por el bebé y su salud. Eso, básicamente. Y sí, esta historia me traerá muchos dilemas existenciales jaja.

sakuradakota: no olvido mi otro fic, tranquila :) de hecho, aún tiene prioridad ese hasta que acabe. Gracias por leerme también en esta historia, espero que sigas disfrutando todos y cada uno de los capítulos. Abrazos y saludos.

Misticgwen: el incesto es solo la punta del iceberg en esta historia, se los aseguro. Muchas gracias por pasarte! Espero que te quedes a seguir leyendo la evolución del fic. Besos.

kikicai94: sí, pronto se irá aclarando todas las dudas. Muchas gracias por el comentario. Un saludo.

Gorgino: hey! gracias por seguirme también aquí. Elsa está metida en muchos problemas mentales, la intriga seguirá por aquí un rato más ;)

Eternally Paradox: tus reviews me confunden XD. Gracias por pasarte.

FanTD97: gracias! será una mezcla de todo. El Elsanna estará al orden del día no importa cómo jaja. Un saludo.

Bekwo: estás aquí! Gracias por leer también esta historia. Espero que sigas disfrutando. Saludos!