Konichiwa minna-san!

Ya era hora de que actualice ¿no? Quiero agradecer a MikoBicho-chan, nessie black 10, PekeLunaNegra, escarlata10, cristal12 y AS Carabajal (a quien contestaré al final de este cap) por sus reviews! n.n/

Lamento haber tardado pero estaba en período de parciales finales de las materias cuatrimestrales y eoe conseguí la habilidad "zombi-panda" :B es muy útil, podes estar 24horas sin dormir con unas lindas ojeras bajo tus ojos mientras estudias y estudias y haces ejercicio cada maldito segundo del día XDD

Disclaimer: Bleach y sus personajes son propiedad de Tite Kubo. Más les vale no robarme esta trama que es mía 3.3 si tanto quieren tener estas ideas vayan a enloquecer por ahí y después tomen papel y lápiz. XD.

Cinco más diez por dos

Parte II

I met them

Abrió sus ojos y notó con alegría que ya era de mañana, bajó de la cama, la cual ya no era invadida por el gigante animal, y corrió hasta la cocina donde su madre ya le tenía el desayuno preparado. La recibió con un abrazo y un gran beso en la mejilla, eso era lo bueno de despertar, ¡ella estaría allí! Lo malo y a la vez bueno era que nuevamente iría a la escuela. No quería separarse de su madre pero había hecho buenos amigos y en verdad quería ver más de los dibujos de Shiro-chan, y aprender junto con Rukia-chan y Hiyo-chan.

—Apresúrate Momo o llegaremos tarde— dijo la mujer sirviendo un tazón con leche y cereales para la niña, y un té verde para ella, mientras que su hija fue al baño a asearse como le había enseñado.

—Mamá, quiero presentarte a mis amigos hoy ¿sí?— pidió la niña después de un tiempo apareciendo tras el umbral que daba al baño.

—Claro querida pero ahora come tu desayuno.

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Los dos hijos de la familia Hitsugaya se miraban con cara de pocos amigos, debido al humor de perros que tenían encima por tener que levantarse temprano, ambos con los pelos desprolijos y los ojos achinados, escuchando a su madre con su típica alegría cantar al mismo tiempo de servirles el desayuno. No cantaba nada bien por lo que ambos se limitaban a apretar sus ojos para no taparse los oídos y ofenderla, cuando ella llegaba a una parte de la canción donde la voz debía afinarse.

—Mamá, hoy no podré ir por Toushiro— habló Hyorinmaru tratando de hacerla callar.

— ¿Por qué?— misión cumplida — ¿Acaso ya te anotaste en algún club o algo?— preguntó la mujer sentándose junto a sus hijos y tratando de darle al menor como si fuese un bebé, cosa que le molestaba pero como ella estaba tan metida en el tema de su otro hijo no lo notó.

—Mamá…

—Quedé en ir a tomar algo con Tobiume-chan ¿la recuerdas?— preguntó el mayor mirando a su hermanito rabiar, prácticamente le salía humo de la cabeza.

—Mamá…

—Claro que la recuerdo, era una niña tan linda y le encantaba vestirse como sacerdotisa y peinarse con cascabeles— dijo la mujer soñando con la hija que nunca tuvo y que encontró en esa niña…la cual ahora era una chica seguramente linda y candidata para ser su nuera.

—Ma… ¿qué caso tiene?— renegó el niño de cabellos blancos aceptando las cucharadas de cereal y leche que su madre le daba ¡eso debía acabarse!

Por su parte Chikako continuó dándole de comer a su hijo mientras hablaba con el otro. La abuela de la casa, su suegra, recién se había levantado y veía divertida la escena; al parecer la mujer que su hijo había conseguido le gustaba vivir en el pasado.

—Chikako-san debes dejar que Toushiro-kun coma solo— aconsejó la anciana sentándose a la mesa, viendo el leve rubor de la mujer al notar la mirada asesina de su pequeño sobre ella.

Los mayores comenzaron a reír, cosa que no le daba mucha gracia al pequeño Hitsugaya quien junto a su madre fueron los primeros en irse hacia la escuela. Seguidos por Hyorinmaru que partió momentos después, despidiéndose de su abuela, anunciando que no llegaría hasta la noche.

En el camino hacia su escuela Toushiro decidió ignorar a su madre quien hablaba sobre temas que no le importaba mucho, como lo eran sus ideas para la continuación de su manga, él dibujaba mejor que ella…bueno no mucho, pero algún día la superaría y no traumaría a una generación con muñecos deformes en forma de conejo…no, ni eso, lo que su progenitora dibujaba era intentos de conejo, no sabía por qué le pagaban tanto ¿quién podía ser tan ciego para gustarle aquello?

Notando la distracción de su hijo la mujer de cabellos blancos depositó una especie de librito en uno de los bolsillos del mochila de este, seguramente así conseguiría amiguitos ¿a quién no le gustaba sus dibujos? Después de todo, Chikako Hitsugaya era una de las mejores mangakas para niños.

Cuando llegaron a la puerta del jardín, Toushiro no supo porqué la estaba buscando por donde fuera, claro que solo con su mirada pero aun así su madre se dio cuenta y le preguntó a quién buscaba pero él no contestó, ya que la había encontrado. A un par de metros a la izquierda de ellos Momo estaba hablando muy animada con las niñas que se sentaban con ella. Otra vez, no supo porqué se sintió excluido pero no pudo evitar querer ir y saludarla, mas no lo hizo.

A todo esto Chikako se moría de la diversión pero era mejor ayudarle, con la descripción que su otro hijo le había dado sabía que la niña que su hijo estaba buscando era aquella que seguramente era la pequeña de alguna de las tres mujeres que estaba cerca. Tomó la mano de Toushiro y comenzó a arrastrarlo, literalmente, hasta donde ellas, dejándolo muy rojo y enojado.

— ¡Hola!— saludó alegremente haciendo que el círculo de mujeres le abriera paso. —Soy Chikako Hitsugaya, nuestros hijos van juntos— comentó señalando al niño de cabellos blancos que estaba sumamente rojo de la ira que sentía hacia su madre porque supo que ésta se había dado cuenta de todo. —Este es mi hijo, Hitsugaya Toushiro.

—Oh, mucho gusto. Yo soy Sumomo Hinamori, la madre de Momo-chan— comentó una de las mujeres señalando a su mini réplica que trataba de sacarle palabras al niño de orbes turquesa, mientras que su madre seguía presentando a las demás —Ella es Hisana Kuchiki, la hermana mayor y tutora legal de Rukia-chan, la de allí de pelo negro— agregó haciendo que Chikako volteara para ver a la niña comiendo un chicle y con una típica imagen de niña malcriada. No tardó mucho para que una gotita de sudor se escurriera por su nuca al verla tan bien vestida y con aires de grandeza —Y ella…— la progenitora de Momo volvió a recuperar su atención —…es Yoruichi Urahara, la madre adoptiva de Hiyori-chan, ella es huérfana y lo único que le dejaron sus padres fue su apellido así que procura llamarla así— le susurró lo último al oído para que la niña rubia no escuchara.

Pronto, las mujeres volvieron a hacer un círculo, esta vez de cuatro, para conversar de algo que, en ese preciso momento, le importaba un comino. Después de todo, estaba muy concentrado en desaparecer el maldito sonrojo de su rostro y colocar su temple frío en su lugar, como le había enseñado su hermano ¡pero le era imposible! Y a la vez frustrante.

—Shiro-chan, ellas son Rukia-chan y Hiyo-chan— le informó Momo recibiendo una mirada fulminante por el apodo pero no le hizo caso.

—Mucho gusto— dijo secamente, él no quería conocer a esas dos bobas que también habían hablado mal de él el día de ayer ¡sólo quería hablar con…! —…no quería hablar con nadie— susurró para sí mismo, llamando la atención de Momo.

— ¿Dijiste algo, Shiro-chan?— preguntó con inocencia la niña durazno viéndolo negar de cabeza, ella simplemente le sonrió y antes de que pudiera decirle algo más la pequeña Kuchiki tiró de su brazo.

— ¿Por qué le hablas a ese, Momo-chan?— le interrogó Rukia una vez que estaba un poco alejada de ellos —No me malinterpretes— dijo viendo la mirada de reproche de Hinamori —Solo digo que si nos ven con él, nuestros compañeros…nos…nos…

— ¿Rukia-chan estás bien?— preguntó preocupada Momo al escuchar a su amiga que parecía disco rayado, pero al no recibir respuesta decidió ponerse a su lado y tratar de buscar qué era lo que estaba mirando.

Genial, le robaron a Momo justo cuando se había decidido a hablarle, por otra parte…estaba el pequeño detalle que habían olvidado a una de sus amiguitas allí, aunque para ser sincero Hiyori Sarugaki no parecía tan mala persona con la boca cerrada, más bien parecía ser bastante triste. Como su madre cuando su padre no llegaba a casa cuando debería.

— ¿Quieres?— preguntó sin mirarle pero extendiéndole su mano derecha, donde un caramelo reposaba en su palma.

Con desconfianza Hiyori tomó lo que le era ofrecido y luego ambos guardaron silencio. Ninguno era bueno para hablar…y menos cuando una loca niña de cabellera negra se te tira encima gritando "¡Chappy!".

En efecto, lo que todos los niños del jardín de infantes Kokoro no Kaito pudieron contemplar fue cómo el niño de cabellos blancos caía al suelo con la niña Kuchiki encima suyo gritando el nombre del personaje principal del manga de su madre. Tal como lo suponía, su progenitora había atrofiado la mente de los niños a tal nivel que estos buscaban a aquel conejo como si fuera su vida en juego…un momento, ¡¿qué demonios hacía él con el manga de Chappy en su mochila?!

-.-.-.-.-.-

Cuando las clases dieron comienzo las madres debieron retirarse para esperar la hora de salida, Kuchiki y Urahara partieron hacia sus respectivos trabajo o casa, mientras que Sumomo y Chikako se fueron al parque que quedaba enfrente de la escuela a esperar y conocerse. En el tiempo que llevaban juntas, no mucho, tan solo una media hora, parecía que se conocían de toda la vida. Habían formado amistad tan rápido que les sorprendía a ambas. El shock más grande para Sumomo fue que Chikako tuviera treinta años ¡se veía tan joven! como alguien de veinte o hasta menos. La envidiaba en cierta forma puesto que ella aparentaba su edad ¿debería considerarse afortunada? Le restaba importancia, después de todo no esperaba conocer a muchos hombres mientras su niña fuera pequeña.

—Tienes tanta suerte de tener a tu esposo contigo— habló la madre de Momo mientras observaba cómo las hojas de los árboles eran sacudidas por el viento.

—No es que esté siempre conmigo, se la pasa en sus giras y solo podemos estar juntos en las vacaciones de invierno o verano— confesó la madre de Toushiro llevando su vista al mismo lugar que la de su amiga —Pero lo amo, y cada vez que estamos juntos sé que él me ama a mí…

Ahora la que miraba triste todo el panorama que se abría frente suyo era la madre de Momo. Ella no tenía a nadie más que a su niña, debido a que el hombre con quién había planeado compartir su vida la dejó plantada en el altar al enterarse de su embarazo. Pero no le importaba, ella amaba a su hija.

Otra cosa que envidiaba de su nueva amiga era su trabajo, Chikako era una mangaka por lo que podía trabajar en su casa y estar con sus hijos. Mientras que ella trabajaba de mesera por las noches para poder pagar los estudios de Momo y todo lo que ella quisiera, además de mantener la pequeña casa y poner comida sobre la mesa. Todo esto notó Chikako, eso y la perseverancia de esa mujer. Estaba feliz de conocerla y que Toushiro haya conocido a su hija.

— ¿Quieres cenar en mi casa hoy?— preguntó de un momento para otro —Después de todo, mañana será feriado y no habrá trabajo o escuela— dijo emocionada cual niña que recibe la muñeca más hermosa ante sus ojos.

Y ante aquella forma de pregunta, la mujer no pudo negarse.

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Le era raro tener que sentarse con ellas, aunque decir tener era algo erróneo puesto que si quería podía sentarse en la mesa que había elegido el día anterior. Sin embargo, allí estaba, sentado en medio de esas tres cotorras. Bueno…dos, puesto que Sarugaki parecía no tener voz. A decir verdad no le había escuchado decir palabra alguna desde que había comentado que él parecía muy raro, en el día anterior.

—Mis niños, hoy aprenderemos…— dijo Orihime haciendo graciosas y exagerados movimientos con sus brazos y manos —..tara…tará…tatá… ¡Los números!— dijo para finalmente abrir la puerta y dejar entrar a varios de los niños que "no habían asistido" vestidos cada uno de un número.

La respuesta de la mayoría fueron risas o exclamaciones de sorpresa o admiración. Pero la mayoría no son todos. Y este era el caso de Toushiro quien suspiró frustrado y dejó caer su cabeza hacia atrás ¿los números? ¿en serio? Esta reacción fue notada por las tres niñas, Hinamori rió divertida por lo que había hecho su amigo y este comenzó a pelearle por aquello mientras ella no desistía de su risa y podría arriesgar a decir que esta aumentaba; Rukia simplemente lo miró desinteresada y volvió su vista hacia la clase; y Hiyori…formó una imperceptible sonrisa, ese chico le agradaba, aunque no lo iba a admitir.

Sarugaki Hiyori, no quería encariñarse con nadie. Decir que por la fuerza se había sentado con Rukia y Momo no sería mentir, pero a ellas también les había tomado afecto puesto que aunque ella no hablase mucho ellas seguían hablándole y compartiendo las clases con ella. Y ahora Toushiro se sumaba…sí, lo admitía, había dicho que él era un raro por cómo se veía y por lo solitario que aparentaba ser pero no fue por mala intención sino porque se sintió identificada con él.

—Eres muy divertido, Toushiro-kun— habló por primera vez la niña rubia, haciendo que Orihime pausara la clase para verlos un momento. No les estaban prestando atención pero al menos uno de los casos especiales, como ella había catalogado, estaba progresando.

Mientras los niños seguían platicando, Toushiro trataba que Momo y Hiyori no se rieran de él y Rukia trataba de calmar los ánimos; Inoue continuó su clase. Ya los reprendería si luego no llegaban a entender las actividades. Porque ella creía firmemente que los amigos eran muy importantes, pero también lo eran sus estudios.

En el recreo Rukia se quedó a despejar sus dudas de toda aquella rareza llamada números, su hermano se los había tratado de enseñar y ahora se arrepentía de no haberle prestado la mayor atención que debía. Por su parte, Toushiro quería que ese día terminase, el día anterior había tenido que soportar a Momo y ahora se le había sumado Hiyori. ¿Acaso era un maldito imán de niñas?

—Mira, Shiro-chan me dibujó este increíble dragón.

— ¡Yo también quiero un dibujo!

Que buen día que iba a ser el día de hoy. Nótese la ironía.

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En el instituto Soul Society un joven con otra clase de uniforme al que se acostumbraba allí, estaba apoyado contra la pared que estaba a un costado de la puerta de entrada del instituto, esperando. Rogando más bien, que ella no le hubiera olvidado y que Kami-sama le permitiera encontrarla, y decirle lo que guardó por muchos años. No era muy expresivo pero estaba seguro de lo que quería: A ella.

—Tobiume…— susurró al verla salir del instituto con Haineko a un lado de ella ¿qué no eran enemigas? Eso no le importaba mucho ahora. — ¡Tobi…!— elevó su voz y sus pies se movieron a su encuentro más cualquier movimiento fue congelado al ver que la pelirroja se despedía de la castaña y ésta corría a besar a un joven que recordaba demasiado bien.

Sintió una opresión horrible en su pecho, Sembonzakura había dicho ser su amigo y la última vez que lo había visto le había contado sobre sus sentimientos hacia esa chica y ahora él…él la estaba…Escondió su mirada tras su cabello, se sentía dolido, traicionado, tanto por él como por ella, aunque ella no tuviera la culpa de nada más que la tardanza de él. Y ahora, la había perdido, para siempre.

— ¿Hyorinmaru? ¿Ese es Hyorinmaru?— preguntó la pelirroja con gran delantera y trasera colocando una mano encima de sus ojos para que funcionaran como una visera de la luz del sol para poder divisar mejor la figura de aquel chico. Sin querer, dejando a la pareja un poco incómoda. Sobre todo al chico de cabellera negra, que recién en ese momento, se dio cuenta que sus mentiras podrían ser descubiertas.

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Toushiro y Momo se despidieron de sus amigas para luego ir a la casa de él. La niña estaba encantada pero él…estaba con más ganas de asesinar a su madre que otra cosa. ¿Por qué había invitado a esa muy molesta y preocupona niña a cenar? Para colmo su madre siempre lo humillaba. Definitivamente nada bueno saldría de esto.

—No te preocupes, Shiro-chan. Todo saldrá bien.

Se le quedó mirando algo sorprendido, deteniendo su pelea con su madre, ¿acaso ella podía leer su mente? Eso era ilógico pero eso no hacía que dejara de ser una posibilidad. Frunció su ceño y asintió antes de girarse a mirar por la ventanilla. Pronto llegarían. Hinamori observó que él aún continuaba con su ceño fruncido por lo que le abrazó ¡eso siempre alegraba a su madre!

— ¿Eh? ¿Shiro-chan por qué estás tan rojo?— preguntó la chica con inocencia al mismo tiempo que las carcajadas de sus madres comenzaron a resonar en el automóvil.

Si ella se comportaba así, si su hermano estaba allí, si su madre estaba allí…sería tachado con esa niña por el resto de su vida.

Continuará…

:3 hola persona que llegó acá abajo…uff, volver a dejar notas a los caps es un tanto agotador –?- lo sé, soy vaga XD

¡Gracias por leer!

Reviews:

AS Carabajal: Hola! Muchas gracias por volver a leer mi fic :3 significa mucho para mí porque e.e si te sigue gustando es porque de verdad está bueno x3 gracias! Espero sigas comentando y te siga gustando :D y cuando no e.e favor de decírmelo así veo qué hice mal. Arigatou!

¡Cuídense y dejen review!

Ja-ne!