Bueno aquí les traigo el segundo capitulo de mi fanfic. Gracias por los reviews del capitulo. En cuanto al tema de las faltas ortográficas….he..bueno digamos que no soy muy bueno para controlar mis errores, sin embargo voy a tratar de hacerlo lo mejor posible. Dejen sus opiniones y si alguien me podría dar algunos nombres para maestros de diferentes naciones se lo agradecería.
Capitulo 2: libertad
El extraño se encontraba parado frente a una de las puertas de la prisión de la nación del fuego. Había cambiado de táctica a mitad de la misión y en vez de apegarse al sigilo se había decidido por acabar con los pocos guardias que protegían la prisión. Y luego de preguntar "amablemente" por la celda que buscaba se había dirigido hacia allí rápidamente.
Sin embargo a unos pocos pasos de terminar su búsqueda se había detenido. No eran nervios lo que lo detenían. Ni tampoco miedo, a pesar de haber escuchado los innumerables rumores sobre esta persona. Lo que lo atacaba era la inseguridad. Dudas sobre lo que encontraría del otro lado de la puerta, la posibilidad de que su viaje haya sido en vano.
Retiro esos pensamientos de su mente y respiro profundo por la boca. Con un simple movimiento la puerta de acero salió volando y el extraño entro en la celda.
En la oscura celda, detrás de los barrotes de hierro, una figura observó con una extraña mirada a su nuevo visitante. Se encontraba muy sorprendida y a la vez insegura. Su cuerpo y su espíritu se habían debilitado tras los años de prisión. Pero su mirada dorada se encontraba mas fuerte que nunca, capaz de trasmitirle a cualquier persona todo el odio que sentía por quien la había condenado. Los diez años de prisión habían sido crueles con Azula.
-Vaya, se ve que la suerte no ha sido generosa con la gran Azula, princesa de la nación del fuego- Dijo el extraño.
-¿Quien eres?- Interrogo Azula.
-Parece que tu hermano no tubo problema en dejarte aquí abandonada- Prosiguió el extraño, ignorando la pregunta.- El perdón no es algo a lo que acostumbre el Señor del fuego….ni con los miembros de su familia.
-¿Quién eres? ¿Qué es lo que quieres?- El tono de voz de la princesa no pedía respuestas, las exigía.
-Mi nombre es Nero. He venido hasta aquí en nombre de mi maestro para ofrecerte un nuevo………destino- Dijo el hombre.
-Un nuevo destino?- Pregunto Azula con curiosidad- De que estas hablando?...¿Quien es tu Maestro?
-Él es el líder de una poderosa organización secreta, a la cual yo pertenezco. Él ha oído mucho sobre ti y esta dispuesto a ofrecerte lo que mas quieres a cambio de tus servicios –
-Servicios?...ja ja - Azula comenzó a reír- Lamento que tu viaje haya sido en vano. Yo no tengo nada que ofrecer.
Nero sonrió – Por lo menos no has perdido tu sentido del humor en estos diez años-
-Pero ya no me queda nada. Ni siquiera mi fuego control-Azula dejo de reír y agacho su mirada- El mismísimo Avatar se encargo de quitármelo.
Nero observo a Azula en silencio. No por lastima sino por enojo. La visión de una Azula débil e inútil le trajo recuerdos de si mismo. Recuerdos de su vida antes de conocer a su maestro, cuando era una persona completamente diferente. Recuerdos que prefería mantener olvidados, en vez de hacerles frente.
Sacudió su cabeza alejando esos pensamientos y se volvió a dirigir a la prisionera.
-Mi maestro es un hombre sabio y esta al tanto de tu situación. Sin embargo, puedo asegurarte que no será un problema.-
Azula miro a su extraño visitante con desconfianza. Ella no era ninguna tonta y no tenia intenciones de dejarse manipular por otra persona.
-Si te unes a nosotros el maestro te ofrecerá lo que tanto ansias-Dijo Nero buscando la confianza de la princesa- Si no te quedaras aquí y correrás el riesgo de seguir el camina de tu padre-
Esas últimas palabras le hicieron sentir un escalofrío. Azula sabia que Nero tenía razón. Y esa simple idea la empujo a tomar cualquier medida para poder escapar.
-¿Qué es lo que tu maestro puede ofrecerme?-
Nero la miro a los ojos y le respondió- En primer lugar, tu libertad. Y cuando el momento llegue una nueva oportunidad para vengarte-
Azula sonrió satisfecha por primera vez en años, había escuchado lo que quería oír. Ya no eran necesarias más palabras.
Era la madrugada todavía en la Nación del Fuego, cuando un soldado de la guardia real recorría los pasillos del palacio real hasta llegar a la puerta de la habitación del Señor del Fuego. Se detuvo y toco la puerta, nervioso pero decidido.
-Señor del Fuego Zuko- llamo el soldado.
Del otro lado del cuarto un Zuko de 27 años se despertó molesto con el que se atrevía a interrumpir su sueño.
-¿Qué sucede?-Gruño Zuko desde su cama, no dispuesto a levantarse.
-Señor, se trata de una emergencia-Contesto el guardia desde la puerta.
-¿Qué acaso no puede esperar hasta mas tarde?- Zuko se había pasado todo el día anterior atendiendo sus asuntos de Señor del Fuego. Se sentía agotado y no tenia ganas de atender ningún asunto.
-Señor es una verdadera emergencia…….se trata de su…….hermana-
Como si el guardia hubiera pronunciado una palabra mágica Zuko salto de la cama totalmente despierto, rezando para que solo se tratara de un problema menor. Preferentemente la muerte de Azula en su prisión, pero algo le decía que no era eso. Se vistió tan rápido como pudo y salió de su cuarto.
-El capitán Lee lo espera en la sala del trono para explicarle la situación- Dijo el guardia mintras se retiraba.
Al llegar a la sala del trono el capitán de la guardia real, Lee, recibió a Zuko con una reverencian, mientras se preparaba para dar las malas noticias.
-Mi Señor, temo informarle que su hermana Azula ha escapado de su prisión-
-¿Escapado? ¿Cómo es eso posible?-interrogo Zuko.
-No estamos seguros Señor. Al parecer ella recibió ayuda y fue liberada. Los guardias de la prisión fueron encontrados muertos con excepción de uno. Estaba muy malherido y dijo que fueros atacados por un samurái, que se movía a una velocidad increíble. Sucedió hace unas pocas horas-
Zuko no podía creer lo que estaba escuchando. Azula libre. Uno de sus peores miedos hechos realidad. Mas que eso ella había recibido ayuda. ¿Pero de quien? ¿Con que aliados podía contar Azula?
La última vez que la había visto fue hace tres años, cuando la dejo salir de su prisión por solo un dia. Y la mirada de Azula ese dia le había dado miedo. Zuko sabia que su hermana había perdido su fuego control, pero igual era igual demasiado peligrosa para quedar libre.
-Alerta a toda la ciudad. Quiero que todos los soldados disponibles la busquen en los alrededores. Que la guardia real aumente la seguridad del palacio. Cierren el puerto, que ningún barco de cualquier tipo o cualquier nación salga o entre. Inspeccionen la Ciudad por completo- Ordeno Zuko.
-Si, mi Señor. Pero conociendo a Azula dudo que la atrapemos tan fácilmente-
-Lo se. Pero si tenemos una posibilidad hay que aprovecharla.-Dijo Zuko. -Avísenle a Lady Mai de la situación y que algunos soldados la protejan a ella y a Kuzon.-
-Si Señor-
Una vez que el Capitán Lee se retiro Zuko se quedo solo, pensando. Estaba seguro de que no la atraparía, por lo menos no hoy. Se decidió a tragarse su orgullo por el bien de su Nación y se preparo para escribir una carta.
Era su deber informarle al Avatar sobre lo sucedido y pedir su ayuda. A pesar de que el Avatar y el Señor del Fuego se habían dejado de hablar desde unos tres años, después de una discusión que tuvieron.
Pero Azula consiguió su libertad, eso era lo que mas importaba.
