MUTE DEMONIC

Muchos son los libros que narran aventuras de terror. Los lees y piensas "eso son tonterías". El terror, el miedo, el pánico está representado en todas partes; en las películas… en los videojuegos… hasta por la radio te pueden transmitir esa sensación de terror que no te permite ir al baño de al lado de tu habitación porque el pasillo esta a oscuras. O de que en esa misma habitación donde estás tú hay alguien más…

Son cosas de las que admito siempre me he reído cuando la gente me ha contado que les ha pasado, pero ahora… el miedo ha poseído mi cuerpo y no soy capaz de moverme para otra cosa que no sea escribir lo que ahora voy a relataros.

Mi nombre es Miguel Fox, un simple estudiante de tercero de derecho en una universidad cualquiera de la ciudad de Madrid. Ahora mismo tengo 22 años… Sobre todo, os estaréis preguntando porque tengo tanto miedo. No es por haber visto una película de terror o por haber escuchado los últimos éxitos de Operación Triunfo, no… es porque a veces lo imposible puede convertirse en realidad, pero no eres capaz de comprenderlo hasta que tus propios ojos lo ven…

Hace unas horas, varios de mis amigos y yo vinimos a este pequeño pueblo, un pueblo que fue abandonado hace mucho años, poco después de la guerra civil. Raúl, un amigo nuestro, vino a este pueblo para cubrir una historia para un trabajo de periodismo. Pero no regreso… desapareció…

Vino buscando la verdad de lo que pasó en este pueblo. A pesar de que es un pueblo abandonado, dicen que sus habitantes nunca salieron de aquí, sino que todos murieron. O al menos eso se dice… Según algunas fuentes, se dice que varios soldados llegaron de pronto al pueblo, enviados aquí para proteger esta región, violaron a las mujeres y niñas, fusilaron a los hombres y después mataron a las mismas féminas que habían usado horas antes para fornicar.

Pero es una verdad que nunca se descubrió. Algunos dicen que este acto de explotación sexual duró tanto como la guerra y que, para no dejar testigos, mataron a toda la gente del pueblo. Lo más sorprendente es… que los soldados que fueron enviados a este lugar nunca regresaron. Se cuenta que fueron maldecidos por su cruel acto. Que fueron condenados a pagar su pecado sufriendo por toda la eternidad. Castigo bien merecido. Castigo dado por Moreik, dios olvidado en la antigüedad. Pero… ¿qué paso en realidad?

Cuando llegamos al pueblo, vinimos yo, Katty, Esmeralda y Enrique. Llegamos cosa del medio día. La última pista que tuvimos fue una llamada que recibimos el mismo día que desapareció. Yo fui el último en hablar con él…

- ¿Si? ¿Raúl eres tú?
- ¡Tíos! ¡No os lo vais a creer! ¡He descubierto la verdad de lo que paso aquí! ¡Esto es una pasada!
- ¿Eh? ¿Pero de qué hablas? ¿Te has vuelto a colocar con la maría o qué?
- Esta gente… tíos estaban locos. Eran… ¡unos auténticos lunáticos! Aquí pasaron cosas que ni os las imaginaríais. ¡Hay una gran verdad detrás de todo esto!
- ¿De qué hablas?
- Ya os lo contaré todo cuando vuelva. ¡Nos vemos!

Esa fueron las últimas palabras que oí de él…

Cuando llegamos al pueblo, todo parecía normal. Varias casas estaban en ruinas. Suponemos que debieron sufrir en su día algún tipo de ataque durante la guerra. Pero muchas se mantenían en buen estado. Buscamos por todos lados, pero en ninguno dimos con nuestro amigo. Solo encontramos su móvil destrozado en lo que parecía ser un viejo almacén de suministros de dos plantas.

- ¿Le habrá pasado algo? – Preguntó Esmeralda preocupada. Era normal. Ella era su novia.
- Se le puede haber caído y pisarlo sin darse cuenta. Ya sabes como es – le respondí intentado tranquilizarla.
- Aún así – intervino Enrique - .Busquemos por las casas que hay más allá.

Y eso hicimos, pero en ningún lado encontramos nada. Por los alrededores existía un antiguo templo al que fuimos. En el interior de este había la escultura más horrorosa que jamás hayamos visto. Algo parecido a un hombre, sujetaba por el cuello a otro hombre más pequeño, mientras con su mano libre le sacaba los intestinos.

- ¿Pero qué coño es eso? – Preguntó Enrique.
- No lo sé. ¿Tú que crees Katty?

Katty examinó la estatua. Desde niña le han interesado todo lo relacionado con la adoración a dioses y demás en templos antiguos.

- Teniendo en cuenta lo bien hecha que esta… y viendo la expresión del hombre al que esta destripando, podría ser la figura representativa de un Dios.
- ¿De un Dios? – Preguntamos todos.
- El hombre no parece resistirse a ser destripado, ni siquiera muestra dolor ante tal cosa. Debe ser algo parecido a un sacrificio o algo por el estilo. O quizás una entrega.
- ¿Y no sabes de que deidad se trata?
- Mm… podría ser una representación de muchos dioses. Durante toda la historia se han dado leyendas de dioses sanguinarios como Esus en la mitología celta o Ares, el dios de la guerra griego.
- Sea como sea… no me gusta nada estar aquí – dijo Esmeralda - . Vayámonos.

Salimos del templo. Tampoco allí había ninguna pista del posible paradero de Raúl.

- ¿Dónde se ha podido meter ese idiota?

Enrique ya empezaba a perder los estribos. Como todos. El lugar desde luego no era nada agradable. A pesar de ser un pueblo antiguo, era grande. Lo curioso es que no se haya hablado más de este lugar en las noticias ni documentales de historia.

- No quiero estar aquí… - Esmeralda comenzó a temblar y tartamudear - . Cuentan cosas horribles de este lugar… de que quién viene a este sitio nunca vuelve.

En ese momento nos reímos. Los lugareños del pueblo anterior nos habían dicho lo mismo, pero nos pareció una tontería. El que no volvía seguro que era porque se perdía. Pero cuanta razón tenía Esmeralda. Decidimos volver al pueblo para buscar de Si no encontrábamos nada, pues intentaríamos buscar pistas por los alrededores. Nos dividimos en dos grupos. Por un lado fuimos yo y Katty, y por otro Enrique y Esmeralda.

Toda el área que examinamos nosotros parecía normal. Un viejo hospital abandonado, la casa del alcalde… Todo parecía normal en verdad, hasta que oímos que Esmeralda gritaba. Corrimos hasta ella todo lo rápido que pudimos. La encontramos arrodilla, encogida en una pared.

- ¿¡Qué te pasa!? – Preguntó Katty.

Estaba temblando. Parecía no percatarse de que estábamos allí.

- ¿¡Y Enrique!? ¿¡Dónde está Enrique!?

Débilmente, con una mano temblorosa, señaló hacía arriba. ¿Pero era eso posible? ¿Es que Enrique había hecho alguna payasada subiéndose al techo de una de las casas y le había gastado alguna broma de mala pasada a la pobre? Era propio de él. Pero ojalá hubiese sido solo eso…

Siguiendo la dirección en la que apuntaba su dedo, hayamos a Enrique. O más bien su cuerpo sin vida… No sé que coño había pasado pero… estaba empalado en una enorme estaca de madera, saliendo la punta de esta por su boca. ¿Qué cojones había pasado ahí?

- ¡No puede ser…! – Katty se cayó de culo y retrocedió.
- ¡Enrique!

Me acerque hasta la estaca. Enrique estaba a más de dos metros por encima mía. El poste esa cosa estaba chorreando de sangre que caía al suelo. ¿¡Pero qué coño le había pasado!?

- ¡Esmeralda! ¿¡Qué coño ha pasado aquí!?

Iba a decir algo, pero parecía que había visto algo que la horrorizo y salió corriendo.

- ¡Esmeralda!

Comenzamos a perseguirla. Giró a la derecha en una bifurcación, desapareciendo de nuestra vista al pasar por la casa. Cuando nos giramos, algo golpeó a Katty y cayó al suelo. Al mirar lo que era, pegó un fuerte gritó de terror. Lo que la había golpeado era la cabeza decapitada de Esmeralda, que la miraba con una expresión de pánico.

Miré al frente, viendo como el aún caliente cuerpo de mi amiga, que no dejaba de echar sangre por el lugar en donde había estado antes su cuello. Cuando su cuerpo cayó al suelo, vi algo parecido a una sombra. Una sombra que desapareció.

- ¡Maldita sea!

Cogí a Katty, tirándole del brazo, y comenzamos a correr. Oía como unos pasos en todas partes. Como que algo nos perseguía, pero no lograba saber por donde venía ese sonido. Por simple acto reflejo, entramos en el hospital abandonado. Nada más entrar, cerré la puerta con todos los cerrojos de seguridad que había.

- Katty. ¿Estás bien?

Se había acuclillado junto a la puerta. Estaba temblando.

- ¿Oye?

Me miró. Su mirada parecía vacía.

- No te preocupes. Te prometo que saldremos de aquí. Solo tenemos que salir por la parte de atrás del hospital y llegar hasta el coche. Así podremos irnos.
- ¿D-De verdad crees que vamos a poder escapar? – Tartamudeaba del miedo.
- Claro que si. Ya lo verás.

Volví a tirar de ella y comenzamos a correr por el pasillo. Al fondo de este había una señal en el techo que indicaba que si girábamos a la izquierda encontraríamos la salida de emergencia. Eso hicimos. Tras correr otro extenso pasillo, llegamos a la puerta.

- Aquí es Katty. ¿Ves? Todo está bien.
- Si, tienes razón. Todo esta bi-

No sé que demonios era lo que atravesó la puerta, pero atravesó el corazón de Katty y cayó muerta al suelo al instante.

- ¡Katty! ¡Katty!

Nada podía hacer por ella. Ya estaba muerta. Además, algo golpeaba la puerta intentando entrar. También oía como golpeaban las ventanas con fuerza para romper los cristales. Estaba claro que alguien o algo intentaba entrar. Comencé a correr en dirección contraria y giré el pasillo. Me dirigí a las escaleras para subir a la segunda planta.

Cuando puse el pie en el primer peldaño, oí en la lejanía como la puerta de emergencia cedía. Lo que fuera que me venía persiguiendo había logrado entrar. Ni me lo pensé y comencé a correr al segundo piso. El cual tenía una forma muy parecida al primero. Al llegar al nuevo piso, oí algo parecido a un gruñido, y al girarme vi como una sombra en el suelo se iba acercando poco a poco a las escaleras para empezar a perseguirme.

No lo pensé más y comencé de nuevo a correr, entrando en la primera habitación que encontré. Una habitación con varias camas. La misma en la que me encuentro ahora. Reforcé la única puerta que se podía usar como entrada, usando las camas como pila, y busqué algo que me pudiese servir como arma defensiva. Tuve suerte. No sabía porque, pero allí había una pistola. Pensé que podía ser de cuando la guerra, pero parecía muy nueva. No entendía mucho de tipos de armas, pero si como comprobar la munición. Le quedaban seis balas.

Me senté a esperar. Fuera lo que fuera lo que me perseguía no me pillaría sin luchar. Mientras esperaba, ojeé los papeles que había por el suelo. Me llevé una gran sorpresa al reconocer en ellos la letra de mi amigo Raúl.

Los leí. Hablaban de cosas del pueblo. De que durante la guerra este pueblo fue explotado cruelmente, pero que no todo lo que se narra es verdad. Que en verdad nada de lo que ocurrió aquí es tal y como se cuenta. Este pueblo era un fiel adorador de Dios. El Dios cristiano al que se consagraron. Pero pensaron que los había abandonado y empezaron a adorar al primer Dios que tuvieron antes de la llegada del Dios cristiano. El dios Moreik. Un Dios cruel y salvador, que protegía al pueblo siempre y cuando estos lo adorasen. El a cambio, les protegía de las amenazas forasteras.

- ¿Qué coño significa esto?

En los papeles también decía que si que hubo supervivientes del pueblo. Supervivientes de la guerra y de la masacre que en este se produjo. Los verdaderos adoradores del dios Moreik. Solo ellos se salvaron.

Había y siguen habiendo más hojas. Pero ya no tengo tiempo de leerlas. Una de esas cosas intento entrar, pero pude espantarla con la pistola, usando cinco de las seis balas que tenía. Algunas le debieron impactar, por el enorme y desgarrador grito de dolor que oí. Pero estaba claro que esa cosa iba a volver…

Así que aquí os dejo mi última petición. Si alguien encuentra estas anotaciones, primero deseo que les digan a mis padres y a mi hermana Celia que les quiero. Y segundo… si encuentran a Raúl, o su cadáver, o encuentran el mío… por favor, resolved que coño esta pasando aquí y desveladlo al mundo.

Me queda solo una bala, y no pienso dar el gusto a esa o esas cosas de pillarme sin munición y disfrutar mis gritos de dolor mientras acaban conmigo. Voy a poner punto y final a mi vida. Sea quien sea que me encuentre a mí o a estos papeles, os encargo resolver esto.