Capítulo 1: Enemigos

En un descampado, una niña, de unos cinco años de edad, vestía con ropas de entrenamiento. Su piel era blanca, sus ojos eran verdes y su pelo largo estaba recogido en una coleta alta. Tenía extendida una espada de madera hacia su oponente.

- Espalda recta jovencita. – La atacó y ésta cayó al suelo. – No te pongas a llorar ahora. Una líder tiene que ser fuerte y defender a su pueblo.

- ¿Y si no quiero ser ninguna líder¿Y si no quiero luchar?

- Eres mi hija. Y como tal harás lo que te ordene. – Dijo severamente el rey.

Después de esas palabras tan fuertes de su padre, salió corriendo y se adentró en el campo de maíz que había cerca.

- ¿No crees que has sido algo duro, querido? – Le dijo su esposa. – Es sólo una niña.

- Tiene que aprender que el mundo no es de color de rosa. Tiene que madurar. Si no¿cómo gobernará el reino cuando yo no esté? – Suspiró agotado. – Iré a buscarla. – Y dicho esto se adentró en el maizal con algunos de sus hombres.

- Mi señora¿voy a buscar a la princesa? – Dijo un niño con pelo castaño y ojos azules que entrenaba con los demás.

- No Shinichi, no vamos a dejar que te pierdas tú también, eres importante para el reino. – Dijo la reina cariñosamente hacia el pequeño.

La niña se adentraba más y más entre el trigo haciendo caso omiso de los gritos de los soldados y de su padre. Las hojas eran mucho más altas que ella, hecho que agradeció.

Mientras avanzaba, ante ella se topó con una figura oscura. Era una persona encapuchada con una capa negra como la noche. En su mano izquierda portaba un cetro con una cara endemoniada, y en el dedo anular vio que tenía un anillo de una piedra negra azulada que brillaba con luz propia.

- No deberías andar sola por aquí. Podrías encontrarte con personas peligrosas. – Le dijo una voz de mujer proveniente de la figura, era suave pero a la vez segura.

La niña sintió pánico. Sus padres le habían contado historias sobre una peligrosa bruja que había traído desgracias a su reino. - ¿Eres tú la bruja mala? – Preguntó inocente.

Sintió que la mujer sonreía y le extendió la mano libre. – Ven, te quiero presentar a alguien. – La pequeña dudó. – No te haré daño, te lo prometo. – La chica se fijó que en el brazo que le extendía la encapuchada tenía una pulsera de perlas blancas y negras y otra de conchas. Se decidió y le tomó la mano que le extendía y las dos desaparecieron en un haz de luz blanca.

Aparecieron algo lejos de los campos de trigo, en los lindes de un bosque, en el cual se adentraron cogidas de la mano.

Se detuvieron en un claro rodeado de árboles en la frontera oeste del reino. – Espera aquí, no te muevas. – Se perdió en la oscuridad que creaban los frondosos árboles.

La niña empezó a asustarse. Escuchó que las ramas de los arbustos se movían y se giró más asustada. - ¿Hola¿Eres tú?

Se hizo el silencio, el viento dejó de soplar y las ramas de los árboles se detuvieron, era como si el tiempo se hubiese detenido. Entonces, una figura amenazadora y con garras afiladas saltó sobre la niña. Ésta se cubrió con los brazos y cerró los ojos, como si fuese a servir de algo. Pero al no sentir nada, abrió los ojos y bajó los brazos para encontrarse con una sorprendente escena.

Ante ella se encontraba un niño con una espada de entrenamiento de madera.

Miró lo que le había atacado y vio, sorprendida, un lobo. Pero no era un lobo corriente. Gracias a lo haces de luces que pasaban entre las hojas pudo observar que era de un color blanco inmaculado. Y su tamaño era mucho mayor que otros lobos comunes.

El can tenía una pose amenazadora, mostraba sus pulcros colmillos y gruñía. Se movió de un lado a otro, como analizando a su presa. Pero hizo un acto que sorprendió a los dos niños, se giró y se perdió entre los arbustos.

El niño bajó la espada de madera y se giró hacia la niña. Era moreno con ojos verdes, tendría la misma edad que la niña. La miró con preocupación. - ¿Estás bien?

La aludida afirmó con la cabeza. – Gracias por salvarme. Era un lobo muy raro.

- ¿Te fijaste? Tenía marcas plateadas y negras.

- ¿Sí? No me di cuenta, me daba mucho miedo. – Dijo aún temblando la niña.

- Tenía como un círculo en un dedo de la pata izquierda, en la pata derecha tenía como dos tatuajes negros y plateados, y en el cuello tenía un tatuaje plateado que parecía un sello.

La niña estaba alucinando. - ¿Y pudiste darte cuenta? Alucinante…

El chico sonrió. – Bueno… ¡Ah! No me he presentado, me llamo Heiji. – Dijo haciendo una reverencia.

- Yo me llamo Kazuha. – Hizo lo mismo.

- ¿Por qué estabas aquí sola?

Pues… - La niña dudó si contarle la verdad a su nuevo amigo, pero al mirarle a los ojos, sintió que se lo podía contar todo. – Me encontré con una bruja, y me dijo que no me moviese de aquí.

El niño la miró sorprendido. - ¿Cómo era?

- No le pude ver la cara, pero tenía una voz muy bonita, y su mano suave. - Desde la lejanía se pudo escuchar gritos. – Es mi padre. Tengo que irme. – Iba a irse cuando el niño la llamó.

- ¡Espera! – La chica lo miró confundida. - ¿Nos vemos mañana? A la misma hora.

Ella sonrió contenta. – Claro. Y gracias por salvarme. – Se le acercó y le dio un beso en la mejilla, para luego irse corriendo algo sonrojada.

Heiji posó la mano en donde Kazuha le había besado y sonrió sonrojado. Luego escuchó gritos y volvió por su camino.

Kazuha llegó hacia donde estaba su padre y sus hombres. - ¿Dónde estabas?

- Estaba paseando.

- Volvamos al castillo, está oscureciendo. – Y regresaron al castillo, siendo vigilados por unos ojos entre las sombras.

Después de dos años, Kazuha se adentraba de nuevo en el bosque, ya no tenía miedo, se sabía el recorrido de memoria. Llegó hasta el claro y esperó como siempre.

- ¿Se puede saber qué haces aquí, princesa?

- ¡Shinichi! – Se viró y vio al chico apoyado en un tronco con los brazos cruzados. - ¿Qué haces aquí?

- Me parecía extraño que después del entrenamiento siempre desaparecieses, hasta que ya no pude aguantar la curiosidad y te he seguido, princesa.

- Te he dicho millones de veces que me llames por mi nombre.

- Vale Kazuha. ¿A quién esperas?

- Si te lo digo, me tienes que prometer que guardarás el secreto.

- Te lo juro por tu padre.

La niña suspiró. – Estoy esperando a un amigo.

- ¿A un plebeyo?

- Pues no lo sé. Imagino… siempre quedamos para jugar aquí después de nuestro entrenamiento.

- ¿Kazuha? – Se escuchó entre las sombras.

- ¡Heiji! No te preocupes, es un buen amigo mío.- De entre las sombras apareció el moreno. – Heiji, él es Shinichi, Shinichi, él es Heiji, mi mejor amigo. – Hizo las presentaciones la chica.

Los chicos se acercaron y se estrecharon las manos. – Encantado. – Dijeron ambos a la vez.

- ¿Jugamos? – Preguntó Kazuha.

Entre las ramas, una figura veía a los niños divertirse como nunca. – No me esperaba que Shinichi aquí también fuese tan metuso.

- Nunca aprenderá. – Dijo la voz de un hombre.

Al menos aquí no le encogen. – Dijo divertida. Estuvo otro tiempo mirando el juego de los niños algo pensativa.

- ¿Qué piensas?

- ¿Qué te parece Yaren… si…?

- Dios… - Dijo temeroso el cetro. - ¿En qué piensas? Esa cara solo la pones cuando tienes un plan maquiavélico.

- Es que mis ideas lo valen. – Se levantó y desapareció.

- ¡Espérame! – Dijo desapareciendo también el cetro.

- ¿Dónde estará? – Se preguntaba una niña con el pelo largo castaño y ojos azules desde el balcón de su cuarto.

- ¿Quieres ir con él? – Le preguntaron desde las sombras.

- ¿Quién anda ahí? – Preguntó temerosa mirando las sombras.

Apareció una figura encapuchada con un cetro ante ella. La niña resbaló del susto y cayó del balcón. Creía que iba a morir estampada contra el suelo, pero vio que no fue así. Abrió los ojos y estaba entre los árboles, acompañada por la encapuchada. – Sé que doy miedo cuando aparezco, pero no creo que sea para tanto. – Dijo divertida.

- ¿Quién eres¿Qué hago aquí?

- Encima que te salvo de morir echa puré. – Dijo resignada. – Si quieres ir donde está el príncipe, avanza hasta el claro de los límites del país. – Y desapareció como una sombra.

La niña no estaba muy segura, pero hizo lo que la bruja le dijo. Y efectivamente, vio a su amigo en un claro, pero no estaba solo. - ¿Heiji?

El aludido se viró y la miró sorprendida. - ¿Ran? – Sus acompañantes también miraron a la recién llegada. - ¿Qué haces aquí?

- Pues…

- No importa. – Dijo Kazuha avanzando hacia la chica. – Cuántos más seamos mejor. Él es Shinichi. – Dijo señalando hacia el de ojos azules. – Y yo soy Kazuha.

- Yo me llamo Ran…

- Es amiga mía. – Dijo Heiji sonriente. – ¿Seguimos jugando?

Desde las alturas, la chica miraba feliz la escena. El cetro la miró resignado. – Si no juntas a estos dos no eres feliz.

- No. – Seguía mirando a los niños divirtiéndose. - ¿No ves sus auras? Están predestinados a estar juntos. – Dijo con lucecitas en los ojos de emoción. Entonces sus ojos se volvieron negros y su rostro se volvió inexpresivo. Cuando sus ojos retornaron normales y su rostro se relajó, miró hacia la lejanía. – Mierda…

- No todo sale como quieres¿no?

- Más les vale aprovechar todo lo que puedan juntos. – Dijo con las piernas cruzadas y la cabeza apoyada en una mano sobre sus rodillas.

Cuando cada niño volvió a su castillo, las noticias que recibieron no les agradó de lo más mínimo. - ¿Qué? – Dijeron los cuatro a la vez, como si estuviesen sincronizados.

- Ya lo has oído Kazuha. – Dijo el rey. – Cuando cumplas la mayoría de edad te casarás.

- Ya lo has oído Heiji. – Dijo Heizo. – Cuando seas mayor de edad te casarás.

- ¿Pero por qué con Shinichi¡Es mi amigo!

- ¿Pero por qué con Ran¡Somos amigos!

- Por eso mismo, os conocéis desde siempre, siempre estáis juntos. Además, sus dotes de guerrero y mando son impresionantes ya con su edad. Será un buen marido y rey.

- Por eso mismo, os conocéis desde siempre, siempre estáis juntos. Además, es muy gentil y se preocupa por los demás. Será una buena madre para vuestros hijos y una buena reina.

- Además, nuestros espías nos han dicho que el príncipe Heiji Hattori, del país enemigo, ya está comprometido con Ran Mouri.

- Además, nuestros espías nos han informado que la princesa Kazuha Toyama, del país enemigo, ya está comprometida con Shinichi Kudo.

- Heiji…

- Ran…

- Kazuha…

- Shinichi…

- La guerra está cerca, cuando estéis preparados, los dos lucharéis contra Ushala. – Los dos amigos se miraron sorprendidos.

- La lid está cada vez más próxima. Cuando estés preparado hijo, lucharás contra Ishral. – Los dos amigos se miraron sorprendidos.

Cuando fueron a sus cuartos, Kazuha y Shinichi estaban los dos sentados en la cama de ella, como siempre hacían para charlar. – No me lo puedo creer…

- ¿Crees que Heiji sabía quién eras en realidad?

- No lo sé… - Dijo con lágrimas en los ojos la niña. – Pensé… que era mi mejor amigo. Se hizo el silencio entre ambos. – Shinichi… no es por nada pero…

Él respiró resignado y se tumbó en la gran cama de su amiga con las manos tras la cabeza. – Yo tampoco quiero… Eres mi amiga, pero no te quiero como para casarnos. Pero es por el bien del reino.

Ella hizo lo mismo que él. – Lo sé. – Los dos miraron el azul techo, simulando un cielo.

Un niño moreno entró hecho una furia en la habitación. – Me ha estado mintiendo todo este tiempo.

- Heiji cálmate por favor. – Intentó calmarle Ran.

- ¡Ella seguro que sabía quién era yo desde le primer momento! Ha estado jugando conmigo todo este tiempo… Seguro que… que… - El chico se derrumbó sobre su cama.

Su amiga se sentó a su lado y empezó a acariciarle su cabello castaño. – Seguro que no es nada de lo que estás pensando.

- Ran… - La miró a los ojos. – Siento la decisión de mi padre. Sé perfectamente que no quieres casarte conmigo.

- Si es para el bien del reino… - Dijo triste.

- Te gustó Shinichi¿verdad?

- Te gustó Ran¿verdad?

Los dos niños de ojos azulados miraron a sus amigos y se sonrojaron. - ¿Pero qué dices?

Los dos príncipes rieron. – Yo… le/la intentaré borrar de mi corazón. – Dijeron a la vez desde la lejanía, y una lágrima solitaria resbaló de sus ojos verdes.

CONTINUARÁ…