En una parada de guagua se bajaron dos chicas, un chico y un niño. La parada estaba en un pueblo, pero la casa rural que habían alquilado estaba a quince minutos caminando, así que se pusieron en marcha aunque estuviese lloviendo.

¡Qué lluvia más puñetera! – criticó el chico.

¡Heiji¿No podrías ser más educado? – le regañó una chica de piel pálida y coleta.

No me vengas con esas ahora Kazuha…

Y como no, se pusieron a discutir.

- Un día de estos esos dos se casan – dijo la chica de ojos azulados – ¿No crees Conan?

- ¿Eh? Sí – asintió el niño. "A mí no me engañas, estás hecha polvo por llorar toda la noche. Me odio a mí mismo."

- ¡Ran¿Cómo puedes decir eso? – Kazuha fue corriendo detrás de ella, mientras estaban corriendo, llegaron a la casa terrera.

Había que subir un pequeño camino de cemento. Al lado había un pequeño terreno con un nogal y un castañero, todo estaba embarrado por la lluvia. Siguieron por el camino y giraron por el camino de la izquierda hasta llegar a una verja, allí le estaba esperando la encargada.

- Bienvenidos. Mi nombre es Ai.

- Encantados. – dijeron todos a la vez.

- Les mostraré sus habitaciones y luego les enseñaré la casa.

El patio era muy simple, suelo de cemento, flores y plantas por todas partes, un pequeño cuartillo, las escaleras para subir a la azotea, una barbacoa. Fuera de la casa habían dos cuartos.

- El de la izquierda será para las jovencitas, y el de la derecha para los jovencitos. – dijo Ai.

Cuando se acomodaron, estuvieron viendo la casa, era un salón con cocina, un baño, un patio pequeño por detrás de la casa, un cuarto de trastos y un cuarto con varias camas para familia numerosa.

- La casa es preciosa, pero… - dijo Ran.

- ¿Las habitaciones que tenemos asignadas no son como si durmiésemos fuera de la casa? – siguió Kazuha.

- No se preocupen jovencitas, esas son las habitaciones más cálidas que hay en la casa, también son las más independientes. Con la llave que os he dado no hay problema, ya que tiene la llave de vuestro cuarto y la de la casa por si queréis atracar la nevera por la noche o tenéis ganas de ir al servicio.

- No si nosotras lo decíamos por… por… - no se atrevía a terminar Ran.

- Ellas tienen miedo de que vengan por la noche a robar. – terminó Heiji, que se llevó de propina unas miradas furibundas de las chicas y una mirada divertida del niño.

- ¡OH! No se preocupen por eso, los únicos que entran por la noche son los gatos, pero lloviendo así no creo que vengan esta noche… Por favor, descansen un poco. Dentro de una hora estará la comida preparada.

Y así hicieron, se fueron a descansar un poco del largo viaje y poder disfrutar un poco de esos días de campo, si dejaba de llover, claro.