Advertencias: Este capítulo contiene escenas un tanto fuertes sin llegar a lo explicito, malas palabras y escenas Slash T-cest.

Capitulo 2: Obsesión.

Aún no terminaba el primer día y ya era una completa tortura.

Después del desayuno, o más bien, después de observar a sus hermanos desayunar, los obligó a ir directamente al entrenamiento.

—¡Eso es injusto Sensei! —dijo Mikey escociéndose detrás de Donatello.

—Desde que comenzamos este entrenamiento, coincidimos que sería especialmente intenso para ti, Michelangelo —escuchó decir a su padre después de darle la señal a Donatello para que lo dejara al descubierto—. Y eso significa enfrentar a tu hermano en una batalla cuerpo a cuerpo.

—¿Pero por qué tiene que ser Raphael?

—Ven aquí bebé —dijo el rudo haciéndole una señal para que se acercara.

—¿No podría ser Leo? Él es más amable —vio a su padre negar con la cabeza—. Mínimo que sea Donnie.

—¡Oye! —se ofendió el de morado.

Mikey no tuvo más remedio que obedecer, así que resignado le entregó sus Nunchakus a Leo, quien algo divertido se ofreció a cuidarlos. Raphael observó el acto de su hermano mayor, así que quiso hacer lo mismo con Donatello, enviándole una mirada seductora al mismo tiempo en que le hacía ademán de entregarle sus Sai, pero lejos de conseguir algo parecido a lo de Leo y Mikey, sólo consiguió una creciente vena en la sien, pues Donnie ni siquiera volteó a verlo. El joven genio estaba entretenido burlándose del más pequeño por tener que pelear con el más rudo de sus hermanos.

Molesto, arrojó sus armas a sus espaldas y no supo donde quedaron.

—¡Hajime!

Apenas escuchó aquella luz verde, el de rojo no perdió tiempo y tacleó a su hermano menor.

Para mala suerte de Mikey, Raphael no pretendía perder el tiempo; él ya se encontraba molesto desde antes de ir al entrenamiento, así que el desaire de Donatello simplemente no le había sentado muy bien a su mal humor.

Rodaron por el suelo y los gritos de Mikey inundaron todo el dojo. Leo y Donnie no paraban de reír, hasta que la seriedad de Splinter los obligó a hacerse de un poco de autocontrol.

—¡Raph! ¡Ya basta! ¡Me rindo! —lloriqueó el más pequeño.

—¡Dilo! —ordenó Raphael mientras practicaba algo parecido al estrangulamiento en Mikey.

—Raphael lo sabe todo y lo puede todo —dijo el pequeño en un hilo de voz.

Enseguida Rapha aplastó la cabeza de su hermano y la magulló un poco.

—¿Y? —lo obligó a continuar.

—Y es mejor que yo en cualquier aspecto posible.

Feliz, el de rojo se compadeció un poco del pequeño y de un zape en la cabeza lo hizo caer para después descansar sobre él.

—¡¿Y?!

—Y soy un gusano bajo sus pies que no debería poder vivir en el mismo planeta que él, porque el fabuloso y yo soy un sucio zoquete —chilló con desesperación al ver que el mayor lamía uno de sus dedos. Sabía perfectamente lo que eso significaba.

—¡¿Y?! —Raphael colocó su dedo cerca de la cara de Mikey, esperando que este continuara con sus alabanzas.

—¡Yame!

El grito de su padre hizo que Mikey saliera despavorido de debajo de Rapha y corrió directo a los brazos de Donnie, quien risueño lo consoló acariciando su caparazón.

—¿Quieres ser el siguiente? —preguntó el de rojo al más alto—. Prometo tratarte mejor.

—Ya quisieras —lo señaló con cautela—. Pero lamento decepcionar a tus puños; hoy no podrán dejarme moretones porque me toca luchar con Leo.

Raphael gruñó, y después de ver por algunos segundos el hueco entre los dientes de Donatello ante una sonrisa de burla, su odio se concentró en Leo, quien ignoraba por completo ser el protagonista de dichos sentimientos.

Splinter dio la orden para que el duelo cuerpo a cuerpo entre Leo y Donatello comenzara y así sucedió.

Los dos hermanos restantes observaron con detalle los lentos movimientos de cada uno, pues caminaban en círculos esperanto el momento preciso de atacar. Fue Donatello quien inició, pues aunque siempre salía perdiendo al tratarse de una pelea contra su líder, estaba decidido a siempre dar lo mejor en la batalla. Y justo hoy creía tener una ventaja; Leo no podía usar sus afiladas armas para ganar la partida.

El primer golpe del más alto se concentró el pecho de su hermano, pero rápidamente fue desviado por las esplendidas técnicas de defensa que Leo poseía, así que no tardó en quedar debajo de su hermano tal y como Mikey había quedado ante Rapha minutos antes.

—No quiero hacerte daño Donnie. Será mejor que te rindas —advirtió el mayor.

Donatello tenía el orgullo un poco alto ese día, y por nada del mundo quería renunciar así de fácil a una batalla, así que intentaría soportar un poco más el fuerte agarre de su hermano mayor. Mientras tanto, Raphael tenía su propio dilema mental al presenciar dicha batalla.

«Leo está tocando a Donnie» se dijo mientras veía con lujo de detalle una de las manos del mayor sobre el cuello del chico genio. Pero lo peor de todo era aquella rodilla que con descaro separaba las largas piernas de su tan deseado hermano menor.

Comenzó a gruñir internamente pensando en todo el dolor que le provocaría al mayor en su próximo enfrentamiento, pero entonces algo interesante llegó a la mente del chico rudo; si su egocéntrico hermano mayor le hacía daño de verdad al listo, esa sería la oportunidad perfecta para consolar y curar el adolorido cuerpo de…

—¡Tu puedes Leo! —gritó, asombrando al joven líder—. ¡Dale una paliza a ese bobalicón!

Leonardo tenía intenciones de preguntar la razón de aquella actitud, pero claramente el dominado en turno se levantó con todas sus fuerzas, empujando a Leo en un arranque de adrenalina. El puño de Donatello fue a parar justo a la clavícula del mayor, sacándole todo el aire debido al fuerte golpe que con toda libertad se hizo paso después de que un asombrado Leo se vio perdido ante tal oportunidad.

Cayó de rodillas, y después de toser por algunos segundos fue atendido por el pequeño Mikey.

—¿Gané? —preguntó Donnie mirando su propio puño—. ¿Le gané a Leo? ¡No puedo creerlo!

El genio comenzó a saltar en medio del dojo mientras Raphael se acercaba peligrosamente a Leo, empujando a Mikey de paso.

—¿Qué se supone que fue eso? ¿En qué universo paralelo el gran héroe Leonardo pierde ante alguien que no sea yo?

—¿Qué no tu intención era distraerme para que perdiera? —el de azul parecía no comprender la actitud de su hermano de rojo.

—¡Eres un bobo! ¡Se supone que tú le darías una paliza a Donnie para poder mantenerlo quieto algún par de horas!

En ese momento, una de las Sais de Raphael lo golpeó en la cabeza con el mango, provocándole un gran cardenal en la frente. Se giró rápidamente esperando encontrarse con una venganza por parte de Mikey, pero ver el rostro molesto de Donatello sorpresivamente lo alertó.

—¿Cuál es tu problema? ¡Querías luchar contra mí! ¿No es así? —Donatello se puso en posición para enfrentar a ese manojo de músculos e ira que tenía como hermano.

—Ya que insistes —Raphael tronó sus nudillos y cuello en señal de estar preparado para iniciar una nueva batalla—. Hoy dormirás como un bebé Donnie.

—¡Raphael! ¡Donatello! ¡Descansen!

La imponente voz de Splinter frenó la ansiedad de ambos hermanos por callar la boca del otro con una buena batalla. Ellos, incluyendo Mikey y Leo se posicionaron frente a su padre esperando una nueva orden para continuar con el entrenamiento.

—Será mejor que terminemos la práctica de hoy antes de que esto se vuelva una guerra autentica. Hicieron un buen trabajo hoy, así que el enfrentamiento entre Raphael y Donatello se pospone para mañana. Mientras tanto, Leonardo y Michelangelo continuarán con su entrenamiento de meditación.

—¡Hai! —respondieron tres de ellos.

El cuarto, simplemente se quedó con las ganas de ponerle encima las manos a su hermano genio.

Las cuatro tortugas deshicieron la formación y fueron directo a recoger sus armas, las cuales habían quedado esparcidas por el todo el piso de madera. Raphael tomó la Sai que Donatello le arrojó y buscó con la mirada aquella que le hacía par, encontrándola en una de las esquinas del dojo junto al Bo de su hermano; un tanto alejados de donde había ocurrido toda la acción, así que sin ninguna preocupación se dispuso a ir por su arma.

Se agachó para levantar su Sai, haciendo un ademán de triunfo y girando al momento que se ponía de pie, sólo que por ningún motivo se esperaba lo que ocurriría a continuación; escuchó un fuerte golpe que resonó en todo el dojo seguido del hueco sonido del Bo al caer, y para cuando todos se dieron cuenta, Donatello estaba contra el suelo, tomando insistentemente su rostro como si fuera lo más doloroso del mundo.

Raphael observó todo con detalle, pues él había provocado aquél accidente al momento de blandir su preciada arma.

Todos corrieron para auxiliar al joven genio esperando lo peor, como que el chico rudo provocara una larga herida en el rostro del menor, pero para suerte de Raphael la respuesta de lo ocurrido llegó rápido; Donatello se levantó del suelo por su propio pie y después de frotar insistentemente su quijada, escupió algo a los pies de su agresor.

—¡Acabas de tumbarme un diente! —reclamó el más alto.

Inmediatamente después apretó los labios debido al dolor que esto le ocasionó.

Lo primero que pensaba hacer era reírse de su hermano, pues aunque él había provocado la pérdida de otro de los dientes de Donatello, este simplemente había estado en el lugar equivocado en el momento menos preciso, pero después de ver el dolor reflejado en aquel rostro cubierto por la bandana púrpura, soltó nuevamente sus armas y ayudó a su hermano a mantenerse en pie unos segundo antes de que los demás llegaran a auxiliarlo.

Genial, Donatello había salido lastimado de aquella práctica como tanto había deseado, pero lamentablemente él había sido el responsable.

Raphael estaba sentando en una pequeña silla que adornaba una de las esquinas de la habitación de Donatello, aquella que estaba justo al lado de la puerta, por lo que cada que sus hermanos y Splinter entraban su vista hacia la diminuta cama se bloqueaba momentáneamente.

Inmediatamente después del accidente, el rudo ayudó a su hermano a llegar hasta el botiquín de emergencia que tenían en la sala común y quiso revisarlo, pero fue el mismo Donatello quien se lo impidió, señalando a su padre para que este lo atendiera.

—Ayúdenme a llevarlo a su habitación —pidió a Leo y Mikey después de masajear un poco las adoloridas mejillas de su hijo.

Entre los dos hermanos lo cargaron y lo recostaron sobre su cama, esperando que el sabio hombre hiciera algo más para aliviar el dolor que en aquellos momentos sentía el joven genio, pero se sorprendieron al ver éste sólo era vendado para mantener la quijada quieta mientras su padre le colocaba una bolsa de hielo en parte hinchada.

—¿Eso es todo? —preguntó el de rojo a su padre.

—Es sólo un diente Raphael, cuando baje la hinchazón tu hermano estará bien, lo cual supongo será hasta mañana. Mientras tanto tendrás que cuidar de él debidamente.

Ante este comentario, Donatello se tensó e intentó reclamar por la enfermera que le había sido asignada, pero el apretado vendaje le impidió hablar.

Raphael se burló de su hermano cuando lo vio removerse en su lugar con mucha insistencia, haciéndole un montón de señas ininteligibles. Splinter lo observó con suma seriedad, demostrándole que no planeaba cambiar de opinión, así que a regañadientes cesó su queja.

—Te prepararé algo de pudín de moho para que puedas comer un poco —dijo Mikey, haciendo que Donatello tragara saliva sonoramente ante la idea—. Y despreocúpate por Rapha, sé de primera fuente que es una excelente enfermera.

—¡Mikey!

El más pequeño corrió fuera de la habitación para evitar ser golpeado por Raphael después de poner al descubierto aquello que lo hacía mejor ser vivo. Gracias a eso, Donatello no supo donde terminaba la bandana de su hermano y donde comenzaba la piel de su rostro debido al color que se le subió por la vergüenza.

Leo tuvo que salir detrás del de rojo cuando este quiso buscar una venganza para con su hermanito menor. De esa forma Donatello por fin tuvo un poco de paz, lo cual lo llevó inevitablemente a un muy necesitado descanso en los brazos de Morfeo cuando Splinter se retiró de su habitación, no sin antes acariciar un poco la cabeza de su preciado hijo.

Abrió los ojos y se dio cuenta de que su habitación estaba en penumbras, y después de desperezarse un poco quiso levantarse para ir a la cocina por un bocadillo, pues lo primero que sintió fue un enorme hueco en su estomago.

Aún sentía su rostro hinchado y gracias a eso el desagradable recuerdo de Raphael insistiéndole a Leo que le diera una paliza pasó por su mente; vaya que su hermano había obtenido parte de su deseo, pues aunque su cuerpo no estaba destrozado, por lo menos su cara había sufrido las consecuencias de aquella mala práctica.

Llegó hasta la puerta, pero antes de siquiera tomar la perilla, pudo ver que en la silla de al lado se encontraba su tan insoportable hermano mayor, quien en ese momento cabeceó, despertándose inevitablemente.

—¿A dónde crees que vas? —preguntó el rudo al ver a su hermano de pie justo frente a él.

Donatello rodó los ojos ante la situación, así que se limitó a sobar su estomago en señal de apetito.

—Oh cierto, aún no puedes hablar —Raphael abrió la puerta de la habitación de Donnie y pudo ver su rostro torcido por la molestia—. Te sigo, ¿o acaso no recuerdas que no puedo despegarme de ti ni por un segundo?

El genio bufó con fastidio, pero resignado dejó que el mayor lo siguiera.

Caminaron hasta la cocina uno detrás de otro; Raphael resguardando a su querido hermano, así que de nueva cuenta no pudo evitar concentrar su vista en las alargadas piernas de Donatello, pero cuando quiso quitar aquello de su mente, su vista ya estaba clavada en la diminuta cola que despacio se movía de arriba abajo conforme el más alto caminaba.

Incluso llegó a notar que un par de veces se escondió dentro del caparazón de su hermano, como si la pequeña cola supiera que era insistentemente observada y sintiera algo de pena por ello.

Entraron a la cocina y para mala suerte de Raphael, aquella grandiosa vista se bloqueó gracias a la mesa, la cual en ese momento Donatello ya estaba rodeando para llegar al frigorífico.

—¡Oye! ¡Oye! ¿Qué haces? —lo detuvo Raphael después de salir de su deslumbramiento—. Siéntate y quédate quieto, tu comida ya está lista desde hace un par de horas.

Si Donatello tuviera cejas, se hubiera notado fácilmente que en este preciso momento una de ellas podía formar un arco mientras observaba a su hermano mayor para después ser guiado hasta una de las sillas forzándolo a tomar asiento.

Ya en su lugar, observó cada movimiento de Raphael al servirle lo que aquél día sería su cena. Tomó un plato con fondo amplio, encendió la estufa, esperó a que el contenido dentro de una olla de aluminio se calentara, lo sirvió y lo puso en la mesa frente a su hermano.

Donatello no tenía idea de lo que estaba ocurriendo, así que con debida cautela, observó detalladamente aquel plato que tenía delante de él. ¿A que estaba jugando?

—Sólo cómelo, no te ocurrirá nada.

Raphael cayó en cuenta de que su hermano no podía probar bocado si mantenía ese vendaje firme su quijada, así que lentamente se acercó a él para ayudarlo a retirarla.

Instintivamente, Donnie se movió hacia atrás sólo un poco, haciendo que el corazón de Raphael se contrajera; le había dolido un poco que su hermano desconfiara tanto de él. Retiró la mano sin llegar a tocarlo, pues aquella reacción por parte de Donatello lo ofendió un poco, así que le arrojó una pequeña cuchara para que comiera y se dispuso a salir de la cocina con paso firme y un aura difícil de soportar.

—Sólo come. Y no intentes huir de mí que te estaré vigilando de cerca.

Raphael se alejó a paso presuroso y Donatello agachó la mirada, concentrándola en el plato frente a él.

Se sentía mal de haber rechazado de esa forma a su hermano, ya que después de unos segundos pudo notar que no quería hacerle daño, simplemente deseaba que se sintiera cómodo a la hora de comer.

Al final lo había hecho enojar de nuevo.

Sin meditarlo tanto, se quitó los vendajes y llevó a su boca una cucharada de aquella poco apetecible masa color tierra que Mikey había preparado especialmente para él, gracias a que no podía masticar nada en aquel momento; se sorprendió gratamente al saborear una exquisita sensación de chocolate y algunos frutos secos llenar sus papilas gustativas.

Aquello era la comida casera más deliciosa que había probado en mucho tiempo.

Definitivamente debía felicitar a Mikey por consentirlo tanto.

La hora de dormir había llegado y antes de ir por sus cosas se aseguró de mantener a Donnie encerrado en su habitación, obstruyendo la perilla con una silla por la parte de afuera. Tomó un montón de cobertores, su almohada y se dirigió a la recamara de su hermano sin miramientos.

Pero estando a punto de quitar la silla de la puerta, se encontró con un problema el cual no había considerado hasta ahora; ¡Va a dormir en la misma habitación que Donnie! Sólo pocos centímetros los alejaría uno del otro y sabía que su hermano no tenía el sueño muy pesado. ¡Qué tal si soñaba con él y… pasaba lo de cada noche!

Pateó la silla y la hizo volar por toda la estancia, así que cuando entró al pequeño cuarto, encontró a Donatello muy alertado viéndolo directamente; era como si reclamara que le fuera informado lo ocurrido allá afuera.

—Duérmete ya —fue la única contestación que obtuvo.

Donatello acomodó su vendaje una última vez y se recostó nuevamente; mientras más rápido pasara esta semana, más rápido podría volver a su vida normal sin tener que ser vigilado las 24 horas del día.

Bueno, aunque en realidad no habían pasado ni 24 horas; esto sería un auténtico desastre.

P-por favor Raphie… Continúa… Continúa.

Aquella forma de llamarlo lo había molestado un poco, pero decidió hacerle caso gracias al tono que su joven amante puso en su voz; era simplemente provocador escucharlo hablar así.

Sobre todo cuando rogaba.

Comenzó a masajear la pequeña colita del más alto, aquella que hace unas horas no había dejado de ver mientras caminaba detrás él; desde aquél momento había desaseado tenerla entre sus manos… Y ¿Por qué no? También en su boca, provocándole sensaciones que nunca en su vida hubiese experimentado antes.

Y lo estaba logrando, pues aquella forma de rogar era todo lo que Raphael necesitaba para poner más intensas las cosas. Con una de sus hábiles manos siguió masajeando aquella parte del cuerpo de su hermano, mientras que con la otra, elevó un poco una de aquellas largas piernas que lo volvían loco. Comenzó a lamer lentamente aquella piel expuesta, y dado que la tortuga debajo de él parecía volverse loca con aquella atención recibida, siguió con pequeñas mordidas, importándole poco lo que sus otros hermanos, o incluso su padre, pudiera decir sobre las marcas que seguramente quedarían en aquellas fascinantes piernas ligeramente marcadas con músculos.

Sonrió cuando vio que el "amiguito" de su amante estaba comenzando a salir de su escondite y quedaba justo entre sus manos gracias al masaje que le estaba proporcionando, cosa que provocó que los gritos del más joven fueran aún más sonoros.

Eso es, le fascinaban esos gritos colmados de placer. Aquellos que sólo él podía proporcionarle, pues eran los únicos que lo excitaban como nadie más lo hacía.

¿Quieres que continúe? le preguntó a su extasiado hermano.

S-sí… ¡SI!

Rápidamente, Raphael se separó de él; quería torturarlo un poco antes de proporcionarle todo el placer que en pocos minutos lo dejaría sin respiración… Y sin voz.

Primero tú le dijo como cual orden a su mancebo. Si me lo haces bien, créeme que tu recompensa será… Enorme.

Vio aquella manzana de Adán moverse ante la saliva tragó su amante; estaba seguro que se volvería intenso.

Raphael se puso de rodillas en la cama donde estaban a punto de consumar el acto sexual; su hermano más joven permaneció sentado, enredando sus manos en las sabanas blancas antes de acercarse al mayor y tomar con cuidado la hombría de Raphael; parecía inseguro, pero al mismo tiempo ansioso de proseguir con lo que ya habían comenzado.

Fue en ese momento que todo se fue por el retrete, pues justo cuando observó a su hermano menor abrir la boca para comenzar a estimularlo, Raphael pudo ver claramente la bandana púrpura que cubría aquellos ojos rojizos que se ocultaban lentamente al cerrar sus parpados.

—¡NOOO! —se enderezó en su cama improvisada justo en el peor momento posible.

Raphael sentía que las lágrimas querían salir de sus ojos, pues aún tenía muy clara la última imagen de Donnie en sus sueños; él estaba lamiendo sus labios dispuesto a poner en su boca…

—¡¿Porqué?! ¿Por qué tenía que despertarme en el preciso momento en que por fin obtendría un poco de sexo oral?!

Aquél sueño había sido tan excitante, tan claro, que realmente había podido sentir a Donatello tomar su virilidad entre sus manos, pero… Observó el techo iluminado ligeramente por la lámpara de lava que su hermano tenía como adorno en la mesita al lado de la cama.

Ya quieto, sintió algo húmedo justo entre sus piernas.

Apoderado de una más que bien razonable furia naciendo en su interior, se levantó, tomando una de las sabanas más delgadas cubriéndose con ella para poder dirigirse al baño y tomar otra ducha en plena madrugada.

Entonces se preguntó; ¿Qué horas serían esta vez? Pero aquello que encontró al buscar un reloj en la habitación de Donnie no fue precisamente un montón de números o manecillas, si no la mueca de desagrado de su hermano al observarlo de arriba abajo; Donatello se había despertado y seguramente había escuchado TODO lo que dicho anteriormente… incluso lo del sexo oral.

Raphael bajó su mirada hasta llegar un poco más abajo del nivel de su cintura y pudo notar que aún con las sabanas puestas, aquel bulto entre sus piernas podía notarse fácilmente.

Dedujo fácilmente que aquello era lo que Donatello observaba con tanta insistencia y… ¿Asco?

El joven rudo dio un par de vueltas más a la sabana sobre su cuerpo, y tratando de que la vergüenza no se notara en su rostro salió de la habitación, asegurándose de bloquear la puerta antes de correr directo al baño.

Aquél era el momento en que pensaba que nada ni nadie podía detenerlo, a menos que un osado quisiera meterse en su camino sólo para morir lo más rápido posible, pero al llegar hasta la puerta de las duchas, notó que las luces estaban encendidas además de que podían escucharse unos ligeros gemidos tratando de ser reprimidos.

Era como cuando Mikey hacia esos extraños pucheros que pronosticaban un inminente llanto por parte del menor, así que decidió calmarse y echar un vistazo de lo que ocurría dentro del cuarto de baño.

Ahí dentro, sentado en el retrete, se encontraba su hermanito más pequeño, agachando la cabeza mientras un sólido color rojo cubría su rostro totalmente descubierto, pues no llevaba su bandana color naranja puesta.

Lo más extraño era que mantenía sus piernas juntas, apretándolas lo más que podía y tratando de cubrir algo con sus manos; algo que trataba de ocultar justo en la entrepierna.

—No te preocupes Mikey —aquella era la voz de Leo, al cual no lograba ver posiblemente porque estaba oculto en alguna parte del cuarto de baño—. Sólo tienes quince años, es bastante normal que a alguien de nuestra edad le pasen estas cosas.

Leo por fin hizo acto de presencia en la escena, portando una gran manta de color azul cielo y algunas servilletas de tela aparentemente húmedas. Colocó la manta en el regazo de Mikey y después la extendió, cubriendo por completo sus piernas aún sin que el menor quitara las manos de la entrepierna. Con las servilletas húmedas comenzó a limpiar el rostro del más joven, donde ya habían aparecido un par de lágrimas.

—Gracias Leo —susurró Mikey con algo de temor—. Aún no se qué hacer cuando me pasan estas cosas.

—No es algo de lo que tengas que avergonzarte. No importa que te esté pasando un poco más seguido que antes; eso no significa que estés enfermo o algo por el estilo —le dijo el mayor con palabras dulces para tratar de calmarlo.

—¿Qué es lo que me está pasando Leo? Tengo miedo.

—¡No! No debes tenerlo. Estás pasando por un cambio que todo ser vivo experimenta; es tu camino para convertirte en adulto, y este es sólo el primer paso. El primero de muchos —explicó el mayor.

—Es que… Me da asco. Cada vez que me pasa me siento como un niño que se hace pipí en la cama.

—Pero no es eso, Mikey —lo corrigió Leo—. Lo que sale de ti cada vez que te despiertas sólo lo hace porque recibes ciertos… Estímulos. El más mínimo contacto que tu cuerpo, más específicamente la parte baja, tiene con cualquier superficie suave cuando duermes, puede provocar que te liberes mientras duermes. Eso o que sueñes con alguien te gusta mucho, pero sólo en situaciones muy comprometedoras.

—¿Cómo cuando sueñas con un beso? —preguntó ingenuamente el más joven.

—Algo parecido —lo pensó un poco Leo—. Pero la mayoría de las veces suele ser porque ese beso se convierte en algo más.

—Tú hablas de, ¿hacer bebés? —enrojeció de nuevo, haciendo que las diminutas pecas brillaran en su rostro.

Leo sonrió ante la inocencia de su hermanito y continuó limpiándole el rostro. Lo más fascinante fue que no se dio cuenta de aquello que Raphael pudo ver desde la lejanía; Mikey observaba a Leo mientras tomaba uno de sus brazos para continuar con lo que estaba haciendo. Parecía absorto en el rostro del mayor mientras el propio enrojecía cada vez más conforme Leo avanzaba con la limpieza.

Mikey estaba viendo a Leo tal y como Donnie lo observaba a él en sus sueños.

Leo no lo sabía, pero lo más probable era que fuera él la razón por la cual Mikey se despertaba por las noches con ese pequeño problema en su entrepierna.

Raphael no sabía qué hacer, pues si proseguía a entrar al baño para tomar una ducha interrumpiría aquello tan interesante que en estos momentos presenciaba, y obviamente no quería regresar a la habitación de Donnie sólo para seguir viendo cómo su apetecible hermano le dedicaba nuevamente aquella mirada de repulsión.

Aunque si se quedaba ahí se convertiría en un autentico y despreciable entrometido.

Iba a retirarse, pero cuando se alejó sólo un poco de la puerta, escucho algo por demás interesante.

—Leo, ¿me podrías ayudar a darme una ducha? E-es que… Aún tengo algunas manchas en mis piernas y mi caparazón que no me puedo quitar.

Observó al mayor tragar saliva con pesadez y después se quedó con la boca abierta sin quitar la vista de la mirada suplicante de su hermano. Él parecía tener problemas con la petición del menor.

—C-claro Mikey. Pero tú debes tallar esa parte de cuerpo solo. Si yo lo hago sería inapropiado.

El pequeño asintió enérgicamente y abrazó a su hermano mayor, ocultando el rostro en su cuello y sin aparentes intenciones de separarse de él.

Entonces Raphael pudo notar que su hermano mayor tenía culpabilidad dibujada en todo su rostro, así que cerró los ojos con fuerza y correspondió al abrazo.

El joven rudo se retiró de ahí, pues ya daba por perdida esa situación y sabía que nada más ocurriría en aquellos momentos salvo por Leo metiendo a su hermano menor a la ducha con sumo cuidado mientras lo observa limpiar su cuerpo con cautela.

Se dio un golpe mental ante el hecho de encontrar provocadora esa escena.

—¿Recuerdas que tú deseas a Donnie y no Mikey, Raphael? —se dijo con burla mientras guiaba sus pasos a uno de los sillones de la estancia.

Encendió el televisor, pues aún no tenía intenciones de entrar a la habitación donde debería estar durmiendo en estos momentos. Lo bueno era que desde ese lugar se daría cuenta si Donnie pretendía escaparse de él.

—¿Llegará el día en que también sueñes conmigo?

Hizo una pregunta a un imaginario Donatello, al cual intentaba fantasear sentado en sus regazos, ¿Y por qué no? Entregándose en charola de plata ante él.

Suspirando, se dirigió por una pieza de pizza fría a la cocina, no sin antes reírse ante la idea de tener a Mikey tal y como ardía en deseos de tener a su hermano el genio.

—No, Mikey es de Leo.

Sonrió con burla ante el hecho de que su hermano mayor ni siquiera lo sabía, pero de que Mikey le pertenecía, le pertenecía.

Así como algún día Donatello lo haría con él, o dejaría de llamarse Raphael Hamato.

Después de presenciar aquella extraña escena en los baños, pudo darse cuenta de que Leo y Mikey estaban destinados uno para el otro, pues pudo notar verdadero cariño en los rostros de ambos cuando se observaban.

Aunque en su caso era muy distinto, pues no se encontraba enamorado de Donnie. Simplemente estaba deseoso de un acostón y ya, lo cual, conociendo el carácter de su hermano durante los últimos días, era justo lo que también necesitaba para hacer de lado toda esa amargura que derrochaba cada vez más seguido gracias a ese estúpido experimento para ayudar al aún más estúpido Timothy.

—Está bien Donnie, tú lo pediste, te haré el más grande favor alguien jamás haya hecho por ti. Sólo debo encontrar la manera de convencerte.

Sonrió con malicia, pues estaba dispuesto a hacer cualquier cosa con tal de hacer realidad su más reciente obsesión sin importar que para eso tuviera que ser mucho más amable con su hermano y convencerlo de que no era un pervertido. Esto obviamente por la escena que le mostró justo antes de salir corriendo hacia los baños.

Pero de que se cogería a Donnie estaba seguro.

…Continuará.

¡Y así quedó el segundo capítulo! Prometo que actualicé lo más rápido que pude, pues el deber se vuelve cada vez más asfixiante (entristece).

Jackeline hermosa, ¿te gustó el capitulo? Tu petición tuvo un comienzo, y aunque pequeño, habrá más de estos dos dentro del fic, lo prometo. Y es que en realidad ya los tenía previstos como pareja secundaria ya que a mí también me encantan (guiño). Este capítulo está dedicado completamente para ti (le envía un beso).

Gracias a todos por leer. Sus comentarios son bien recibidos sin importar del tipo que sean (y lo digo en serio, ya tuve un caso un tanto extremo en mi anterior fic Rated M de TMNT pero aún así lo considero valioso y parte de mi crecimiento como escritora, pues a fin de cuentas leyó la historia y se tomó la molestia de dejar un comentario, lo cual jamás consideraré como una pérdida de tiempo).

¡Nos vemos en el capítulo 3!

Miss GRavedad.