Fotos en la Pared
By: Kailey H. S.
Roger Davies era guapo.
Este hecho se me reveló como por milagro el día en que me ayudó a hacer mi tarea de reparación de Historia de la Magia.
Su mirada era descarada, me atrevo a decir, y algo en el me llamaba la atención más de lo debido...
Sabía que no era ningún santo. Vamos, que saltaba de una chica a otra como si caminase sobre fuego, como dirían Silver y
McKay. Pero... pero... no sé, no tenía excusa. Era simpático, lindo e inteligente, y eso me bastaba. Y conmigo era tan diferente...
-Katie, vuelve a la tierra -Sacudí la cabeza. Shirley me miraba, manos en caderas-. ¿En qué estás pensando?
-¿Yo?... Nada, nada.
Pausa.
-Tu hermano me dijo para ir a volar. ¿Quieres venir? Erika me regaló su Cleansweep 7 y...
-No, gracias. Sabes que no vuelo. Llama a Mark, si quieres -A decir verdad, no, no quería-. ¿Qué vas a hacer con tu otra escoba?
-Venderla, supongo. Es una Nimbus 101 "Edición Limitada" y ya se volvió una escoba de colección. Si sabes de alguien que pueda quererla…
-No, no realmente. Nos vemos mañana ¿sí? Nada más ten cuidado.
-Mi mamá no me verá, tranquila. Recuerda que volamos es detrás del bosquecillo que está en...
-No lo digo por eso.
Fruncí la nariz, sin entender (o quizás entendiendo, pero sin quererlo) y me encaminé hacia donde él me debía esperar. No estaba ahí, y yo me elevé a hacer un par de piruetas mientras le esperaba.
Lo vi llegar al minuto, más o menos, y bajé cerca de tierra, en frente de él.
-Sí que sabes volar, Águila –dijo.
Traté de no sonreír. Nunca me gustaron demasiado los cumplidos, pero es que viniendo de Roger… con él últimamente era toda sonrisas. Di una vuelta en el aire para disimularlo, y me frené un par de metros por encima de él.
-Anda, vamos. Que tengo que estar en casa antes de las 8.
-¿No quieres que te ayude a entrenar para entrar al equipo? Tu prima ya se fue, y las dos cazadoras, en especial la Arlens, son un asco. Tú vales muchísimo más que la Arlens.
Me sonrojé, lo acepto.
-Mira -lo encaré-, si te vuelve a entrar ese complejo de Oliver Wood, no te vuelvo a hablar.
Estos dos meses de vacaciones fueron más que perfectos. Dos meses con Roger. Y con más gente... pero estaba él.
Mi escoba estaba dentro de mi baúl. A pesar de que mi idea de no entrar al equipo seguía siendo firme, no iba a renunciar a volar así de fácil. Además siempre podía ser que Roger se pasara un momento para pedirme, como lo hizo casi diariamente estos meses, para ir a volar un rato.
-Katie, estás demasiado morena. Casi no te reconocí.
-Y tú demasiado pecosa -Le saqué la lengua a Leanne, y nos abrazamos-. ¿Buenas vacaciones?
-Excelentes. Nueva York es preciosa, qué pena este clima tan horroroso. ¿Tú?
-No hice nada fuera de lo común... vamos, estar con los Davies y los Fawcett. Pero sí, bastante bien.
-¿Tienes tu escoba por ahí? -Esa voz me hizo voltearme. No podía ser otro sino...
-Wood, no molestes.
-Vaya, yo también te extrañé -Sonrió, le hizo un gesto de saludo a Leanne, y siguió su camino.
-¿Por qué me trata como si fuese una niñita? -le pregunté a mi amiga.
-Nos -corrigió-. Y no lo sé.
Yo no sé, pero lo que no me faltaba a esas alturas de la vida era gente que me adoptara como su hermanita menor.
-Es extraño, porque Roger también es mayor que yo y me trata de igual, como si tuviese su edad.
-Porque se conocen de toda la vida y hay confianza.
No podía evitarlo. Tenía que sacarme su sonrisa de la cabeza, o me iba a volver loca.
-Oh, sí. Vas a agarrar esa preciosa escoba y vas a "movilizar tu trasero", como tú misma dices, hacia el campo de Quidditch donde el guapísimo Oliver Wood -ese soy yo- va a hacer las pruebas para hallar cazadores.
-Qué modestia la tuya. Pues no, Wood. No.
Estábamos en la Sala Común de Gryffindor. Yo sentada haciendo deberes de Transformaciones, y el con escoba en mano.
Se acercó más a mí, de modo que quedó hablándome casi al oído.
-¿Segura que no quieres ni siquiera para demostrarle a Arlens que eres mejor que ella, aunque luego renuncies?
Vale. Eso sonaba mejor, y no lo había pensado. La verdad es que también sentía unas ganas irresistibles de volar, y, como decía Erika, de ser reconocida por mis habilidades, pero otro lado de mí me decía que no podía...
Media hora más tarde, me encaminé con los gemelos al campo de Quidditch. Había un buen grupo de gente, más que todo chicas. De hecho, al ver a mi alrededor noté que sólo habían tres o cuatro chicos. Observé a Oliver, entonces. Y comprendí... aunque no entendía por qué tenía una lechuza sobre su hombro.
Al verme sonrió, y levantó los pulgares. Yo, por alguna razón, me sentía derrotada, como cuando me obligan a hacer algo que no quiero. Y sí, quería con todo mi corazón hacer estas pruebas… pero me daba miedo no ser capaz de renunciar al puesto si me lo daban a mí.
Estuvimos ahí diez minutos más sin hacer nada, en los cuales llegaron dos o tres personas más. Entonces Wood se alejó un poco y llamó nuestra atención, y esperó a que todos estuviésemos pendientes para levantar su varita.
-¡Accio varitas!
Un par de varitas salieron volando hacia él. Cuando las tuvo todas en su mano, incluyendo la suya propia, las ató con un cordel y se las dio a la lechuza, que despegó de su hombro. La seguí con la vista hasta que aterrizó en las gradas, donde una persona retiró las varitas de su pico.
-Como pueden notar, no quiero trampas. Le pedí a Madame Hooch que supervisara la sesión, y es ella quien va a llevar cuenta de cada participante y quien hará magia en caso de emergencia.
Hizo una pausa y nos miró uno a uno, para asegurar que le hubiésemos comprendido.
-Es un ejercicio sencillo. Es un circuito de menos de un minuto. Cada quien va a partir de este aro, cruzar en diagonal hacia el otro lado del campo, pasar por dentro de los aros en zig-zag, cruzar en diagonal a este y hacer lo mismo. Cuando hagan este lado por segunda vez, van a descansar diez segundos y van hacer unos pases conmigo. Luego unos lanzamientos. Eso es todo. Y hasta la dejé fácil: Sin bludgers.
Por las caras de la gente, muy pocos habíamos captado la ironía.
-Quiero que pasen primero Delia Cloverland y Stella Arlens, que fueron nuestras cazadoras el año pasado.
Eran ambas jugadoras promedio. Por ejemplo, Arlens tuvo serios atascos en el circuito, y Cloverland haciendo los pases. Pero se ve que Arlens quería ese puesto de cazadora, porque estaba mejor que el año pasado. Practicó en vacaciones, seguro.
Uno a uno iban cayendo. Sí había algunos mejores que el resto, pero Cloverland aún llevaba record en el circuito, y Arlens en pases y lanzamientos.
Alicia Spinnet superó a todos los que pasaron hasta el momento. Hizo el circuito faltando quince para el minuto (más rápido de lo que lo hacía el mismo Wood, según él), casi no falló ningún pase y metió cinco de diez. Angelina Johnson sólo rompió el record de los lanzamientos, logrando seis de diez. Con un guardameta como el que teníamos, eso era un logro impresionante.
De última quedé yo, la única de segundo curso intentándolo. Me elevé con la ex escoba de mi prima hacia el aro que Wood había indicado, con el corazón latiendo a mil por hora. ¿Y si no le llegaba ni a los tobillos a Spinnet o a Johnson¿O peor todavía... a Arlens?
"Sí que sabes volar, Águila"
Tenía que hacerlo.
Sonó el silbato y salí disparada. Esta prueba dependía poco de la rapidez de la escoba. Tenía que ver más con cómo una se manejaba sobre la misma. Mi tiempo no fue nada impresionante... Una vez me golpeé el tobillo, otra la frente. Pero hice menos del minuto, y apenas dos segundos más que Johnson.
Wood venía hacia mí con rostro preocupado, y yo me aguantaba la cabeza que dolía después del golpe que me había dado.
-Estás sangrando en la frente.
Por favor, no. Me iban a llamar Harry Potter por semanas si me quedaba una cicatriz, y eso que ahora el chico estudiaba en nuestro colegio y casa.
-¿Mucho?
-No, no demasiado.
-Entonces pásame esa quaffle y no se diga más.
-Así se habla, Katie. -Observó un par de instantes más la herida mientras yo recuperaba el aliento-. Bueno, sabes cómo es esto... Yo paso primero.
Me la pasó. La devolví. Y así estuvimos, hasta que el tuvo la brillante idea de salirse del campo. Él por fuera y yo por dentro, y luego zigzagueando. Y la quaffle no caía. Llegaba a las manos del uno y del otro de forma perfectamente coordinada.
-¿Qué haces como guardián? -casi grité, cuando terminamos las dos vueltas al campo-. Eres demasiado preciso.
Rió, y me pasó la quaffle, dándome un tiempo para descansar.
-Yo me limité a moverme. Tú me la ponías en las manos, y yo la lanzaba a cualquier lado, y llegabas.
Me coloqué en posición para hacer los lanzamientos. Wood también llegó a su lugar, y me hizo la seña para empezar a lanzar. Metí cuatro de diez, y con eso había sido la tercera mejor de la mañana.
-Lo lograste, Katie.
-Wood, no quiero ser parte del equipo. Solamente quería...
-Demostrarle algo a alguien. Lo sé, y estás loca. Si ahora decides echarte atrás le tengo que dar tu lugar a Arlens. ¿Quieres eso?
-Tú fuiste quién me dijo que...
-Ya lo se, pero... mejoraste este verano, y ella también mejoró. No contaba con que sería la siguiente después de ti.
Ahora sígueme, y aclaramos esto con los demás en tierra.
Leí una decepción profunda en sus ojos, e hice una mueca sin atreverme a desobedecerle. Me hizo seguirle a donde estaban todos los demás, más específicamente, los golpeadores y las dos actuales cazadoras.
Los gemelos me aplaudían. Arlens tenía un rostro de derrota y sorpresa casi deprimente (para cualquiera que no sea yo). Spinnet me estrechó en un abrazo que me delató que, a pesar de su apariencia frágil, su fuerza debía ser capaz de maltratarle no una, sino tres costillas al capitán con una quaffle mal lanzada. Johnson y Cloverland comentaban algo, que por lo que oía asumí que era de mis pases...
Y yo me iba dando cuenta de que me sería difícil rechazar mi puesto, viendo a los gemelos y a Spinnet tan emocionados. Y encima, que lo sería la odiosa de Arlens. Seamos claros, una parte de mí también quería…
Para mí era ya evidente quiénes lo habían hecho mejor en las pruebas, pero el resto esperaba las palabras del capitán como si realmente fuesen necesarias.
-Entonces... Johnson, Spinnet y Bell. Mañana las quiero aquí a las seis de la tarde. Sin falta -nos advirtió Wood. Parecía ignorar mi declaración anterior; estaba casi obligándome.
-Perfecto -sonrió la rubia.
-Por mí, bien -la secundó su amiga, su semblante delatando satisfacción.
Tenía que negarme. Tenía que hacerlo, pero no hallaba palabras. Quería. Querían. Pero no podía.
-Yo... –Las palabras se negaban a fluir.
-¿Delia y yo nos podemos ir? -La voz siempre tranquila de Arlens llegó a mis oídos, aunque quien la viese notaba una ligera muestra de derrota en su postura de señorita. -Es que quedamos con Roger Davies en que nos iba a explicar Runas...
La miré. ¿Era posible que...? No, cómo iría a saber. Ni siquiera Leanne sabía y sólo Shirley sospechaba.
-Pueden irse todos, no olviden recoger sus varitas. ¿Katie, está bien para ti a esa hora?
Spinnet me veía con una gran sonrisa de las suyas. Johnson me miraba con cierta impaciencia. Wood alzaba una ceja, y podría jurar que el muy imbécil se estaba dando aires de triunfo.
Suspiré, resignada.
-Me cuadra perfecto.
¿Cómo había podido vivir sin esto?
Hace ya dos meses había empezado a ir a las prácticas y sé que sonará ridículo, pero cambió mi vida. En primer lugar, apenas tenía tiempo para pensar en Roger. No me lo conseguía mucho en el colegio, dado a que íbamos a distintos cursos y casas. Cuando nos conseguíamos, me zafaba la trenza (y no me la halaba, como hacían otros que no sabían lo mucho que duele) y seguía de largo, apenas con un "hola".
Me molestaba un poco, sobre todo después de que mis vacaciones fueron dos meses de puro Roger... Pero había notado que en esta historia, algo no encajaba. Había gato encerrado.
Luego, Angelina y Alicia. Había conseguido en la rubia una amiga más, y en Angelina un ejemplo a seguir... la chica era excelente cazadora, dueña de aquel talento natural que a mí tanto me gustaría tener.
Los gemelos Weasley nos amenizaban cada entrenamiento, tanto que a veces ni siquiera entrenábamos.
Wood era un caso serio. Se notaba que adoraba a su equipo, pero cuando de entrenar se trataba era poco menos que un nazi, como le decía Angelina. Nos metía tanto empeño que si algo salía mal sentíamos remordimientos aunque no fuese nuestra culpa.
El buscador, sorprendente, era un año menor que yo: Harry Potter, quién más si no. Leanne y yo llegamos a la conclusión de que ese chico nació para exhibirse ante el mundo. Primero su no-muerte a manos de ya-sabes-quién y segundo, la excepción que le hicieron... pero se la merecía. Éste era otro con un talento nato.
-¡FRED, GEORGE¡NO ES MOMENTO PARA BAILAR TANGO!
Cómo alguien puede bailar tango sobre escobas, es un misterio. No estaban demasiado por encima del suelo, pero resultaba gracioso verlos en equilibrio. En exceso, diría yo. De hecho me estaba riendo como jamás en la vida.
-¡Deja de ser tan amargado! -Angelina, la única que no encontraba divertido que nuestro capitán se ofuscara de esa forma.
-Bueno, se lo ganan. Mañana aquí, a la misma hora.
-¡NO! -Seis voces al unísono se alzaron.
-Entonces compórtense diez minutos más y los dejo libres. Bueno, cazadoras -Se acercó a nosotras-, ya no queda nada para el primer partido. Alicia, por favor, olvídate de que eres chica y si te golpea una bludger, sigue jugando. Se que
Angelina y Katie no tendrán ese problema. Pero Katie, por Merlín, no le tengas miedo a la ofensiva. Se que tú prefieres la defensa, pero a veces Angelina te necesita adelante. Ensayen por su cuenta la segunda jugada que vimos...
Un rato más tarde, cuando Potter hubo atrapado la snitch por enésima vez, bajamos y nos dirigimos a los vestuarios. Cada quien tenía un casillero, y el mío era el que antes le había pertenecido a Erika. Dejé mis cosas ahí y me cambié, pues preferí bañarme en la torre, y salí. Wood salía al mismo tiempo de los vestuarios masculinos.
-Buen entrenamiento -dije, para picarlo. No habíamos hecho demasiado, con los gemelos bailando tango. Y antes de eso, haciendo esgrima con sus bates de golpeador.
-Katie, no fastidies. Estamos a nada del partido y...
Traté de no reírme.
-Te preocupas demasiado. El equipo con o sin Charlie Weasley está mucho mejor que el año pasado, y tú como capitán ya eres lo suficientemente dedicado como para...
-Nunca es suficiente. Todavía me preocupa que Angelina no sea capaz de pasarte esa quaffle como Merlín manda.
-Angelina es Angelina. Va a poder. ¡Wood, respira y déjanos respirar!
Rió, pero no dijo más nada del tema.
-Estás volando magníficamente.
-Gracias.
-¿Tu madre ya lo sabe?
Lo miré, pero el miraba hacia el frente con una expresión que delataba su curiosidad. Sentí impulsos de pedirle que parase de meterse en mi vida, pero por alguna razón no pude.
Sacudí la cabeza y me adelanté, dando por terminada la conversación.
Dejé la taza de café sobre la mesa, y volteé a ver unos ojos idénticos a los míos. No los encontré, pues dichos ojos admiraban la hermosa vista que ofrecía la ciudad de Belfast. Yo respiraba, pues contrario a mucha gente, me gustaba el aroma a tabaco. Aroma que siempre relacioné con él.
-¿Papá?
Volteó.
-Quiero hablar un rato contigo, es todo. Nunca podemos hablar.
Caminó hasta donde yo estaba sentada y se sentó en frente de mí.
-Yo lo lamento tanto como tú, Katie.
Suspiré. Necesitaba pedir consejo, y mi padre parecía siempre tener una respuesta acertada para todo.
-Esto mamá no te lo dijo, estoy segura, pero... me gusta mucho volar. Estoy en el equipo de mi casa.
-Estás en segundo¿no? -Asentí con la cabeza-. No puedo estar más orgulloso de ti.
Sonreí. Primera vez que pasaba Navidad con mi papá desde los seis años. Siempre lo veía en Semana Santa y uno que otro fin de semana aislado durante el año, que ya no era posible porque yo estaba alrededor de cuarenta semanas en el colegio.
-Tú también volabas¿no?
-Fui capitán y guardameta del equipo de Gryffindor desde mi quinto curso. Luego varios representantes de distintos equipos quisieron ponerse en contacto conmigo. Y quería quedarme en Reino Unido a jugar, pese a la guerra contra ya-sabes-quién, pero un viaje a Colombia cambió mis planes. Conocí a mucha gente e hice muchas cosas. Entre la gente cuenta, como bien sabrás, una preciosa modelo de nombre Helena Autiero.
-Mamá nunca me contó cómo se conocieron.
Mi padre rió, arrugas formándose a los lados de sus ojos, y hoyuelos en sus cachetes (que desgraciadamente no heredé).
-Ella tenía un novio para esa época y llevaban un buen tiempo saliendo. Lo suficiente como para que él confesara que era mago... Y bueno, un día salió todo el grupo y el nos presentó. Se volvió parte del grupo, frecuentábamos discotecas muggles... Incluso mucho después de que ellos dos terminaran.
-Ya veo -La historia me había dejado llena de dudas casi irrelevantes, pero con mi padre siempre había sido mejor no preguntar. Ya era suficiente con haberle preguntado esto.
-De hecho se me hace raro que vueles porque nunca le gustó que yo volara. Una vez la llevé conmigo y... bueno, no, no le gustó mucho.
-No me permite. No sabe que vuelo.
Me inspeccionó, con su oscura y firme mirada posada sobre la mía. Cuando habló, lo hizo en un tono paternal, suave, lleno de algo que no sé que era, pero quería identificar como remordimiento.
-¿Por qué siempre la desobedeces? No creas que no sé que te expulsaron dos veces y que siempre le ponías problemas para ir al colegio. Tu madre te quiere mucho, Katie.
Bajé la cabeza. Así puesto, sí me avergonzaba. Pero vamos, que tampoco es que siempre la desobedezca. Nada más que en mi niñez tuve una época rebelde, por así decirle, que duró dos años.
-La primera expulsión no fue culpa mía. Simplemente mi magia se salió de control y bueno, tampoco es que esté orgullosa. Pero papá, que lo único que aprendía en el colegio eran cosas ridículas, de hecho no sé de donde ella sacaba esos institutos. Que si Protocolo y Etiqueta, Cocina...
-Esa fue la educación que ella recibió y no puedes culparla. Helena no conoce otra cosa que no sea belleza y perfección, y le cuesta asumir que ya por el hecho de que eres bruja, e hija mía, conoces otras cosas.
Suspiré. Era muchísimo lo que me hubiese gustado decirle... Pero el se quedó viéndome un rato, para después declarar:
-Te pareces muchísimo a ella.
-Siempre creí que era más como tú.
Mismos dedos largos, misma barbilla puntiaguda, mismos ojos...
-Quizás. Pero a Helena nadie le podía decir que no a nada. Y a ti, por lo visto, tampoco -No sabía si lo decía para bien o para mal-. No puedes seguir escondiéndole cosas. No le voy a decir que vuelas, porque eres tú quien debe aprender a enfrentar la consecuencia de tus actos.
-Como si ustedes no me escondiesen nada -dije, muy a mi pesar. No me gustaban esa clase de dramas, de hecho la hermana mayor de Roger siempre se lo montaba a sus padres y yo lo detestaba.
Se quedó callado, dando paso a un silencio incómodo.
-¿En qué trabajas, papá? Nunca me lo has dicho -pregunté, lamentando también este atrevimiento.
-¿Yo? Soy representante del Ministerio para asuntos de política internacional.
-No es verdad.
Bajó un poco la voz.
-No, pero necesito que me creas.
-¡Águila! -Nada más una persona me seguía llamando así.
-Roger -Sonreí. Leanne, que estaba conmigo en ese momento, me miró con curiosidad.
-Mira, ando apurado. Era nada más para saber si querrías estar en mi equipo en el amistoso del sábado...
-¿Van a hacer un amistoso el sábado?
-Sí. Van a ser equipos mixtos, pero obviamente sin Slytherin.
Me encogí de hombros, todavía sonriendo.
-Perfecto.
-Dale, entonces nos vemos. Mediodía en el campo.
Cuando pude superar que él me quería en su equipo, miré a Leanne.
-Te gusta Davies.
-No me...
-Sí, que sí. Te conozco. Nunca sonríes y con él eras toda sonrisitas y cariñitos. Vamos, en verdad no tiene nada de malo. A mí me gusta Diggory.
En medio de la sorpresa que me causó aquella confesión apresurada, traté de ubicar el nombre con un rostro pero...
-Mira, ese con el que Davies esta hablando ahora.
No miré al chico, sino veía a Roger que hablaba con aquel grupo con aparente calma. No, bueno, con la mayor calma del mundo.
Menos mal que estaba apurado. Insisto: Aquí había algo que sencillamente no cuadraba.
Acabábamos de presenciar algo histórico en la Sala Común: Annie Hitchens dejando a Wood. Y fue histórico porque fue una escena más grande que la que montó Arlens cuando vio su cuerpo con varios kilos demás (de los cuales ya no había ni rastro, y de hecho, la chica se veía mejor que nunca).
-Oliver es demasiado bueno para ella -Logré escuchar a la susodicha decirle a su amiga.
-Estás loca -le respondió Cloverland-. Hitchens es una persona estupenda.
-Una persona estupenda no monta esas escenitas cuando sabe que todos la ven, Delia. Y menos a su novio de un año.
A pesar de que Arlens amaba llamar la atención, no lo hacía montando esa clase de melodramas. Suena extraño, pero ella era más bien una persona tranquila y muy en lo suyo. Claro que ese "en lo suyo" incluye contradecir a cierta personita (léase: a mí) en todo lo que decía y hacía, más de una vez pasando de batallitas verbales a hechizos, y una sola vez casi llegamos a pelear a lo muggle, de no ser porque Percy Weasley, prefecto de quinto curso, nos paralizó a ambas.
-Un novio que está más tiempo con el equipo de Quidditch que con ella... ya oíste a Hitchens, él lleva sin estar con ella más de tres semanas. Yo, por mi parte, si la entiendo, aunque no justifico la escenita. Y es que él ni siquiera tiene la decencia de fingir que le importa.
Yo, que no estaba departe de ninguno de los dos, volteé a buscar a Wood. Estaba ahí, como siempre, muy concentrado moviendo fichas en su maqueta del campo de Quidditch.
-Oh, Katie -Hitchens acababa de salir de quien sabe dónde y se sentó a mi lado, cosa que me hizo un poco de gracia-. Tú estás con él mas tiempo que yo, y seguro entiendes esa ridícula obsesión que tiene.
-A mí me parece algo admirable. Tiene una dedicación que no he visto a más nadie -respondí resueltamente.
-No lo niego, pero Katie, lleva semanas sin estar conmigo. Que no, que el equipo, que la escoba... ¡Tiene un affair con esa escoba!
A pesar de todo, me hizo reír.
-Ya tu punto le quedó claro a toda Gryffindor.
-Sé que no debí... bueno, pude hacerlo de otra forma y quedar como buena amiga de él.
Examiné a Hitchens. No lloraba, no reía. Simplemente decía las cosas como si no le pasaran a ella.
-¿Por qué hablas de esto conmigo?
-Porque últimamente pasa más tiempo con su equipo que conmigo. Y su equipo lo conoce mejor que yo.
Ah, ya entendí. Estaba siendo cínica. Sé que me tardó un poco.
-No es asunto mío los problemas que haya entre ustedes dos -decidí-. Ni que fuese mi culpa. ¿O quieres que haga que vuelva contigo?
La rubia me miró, airada. Vale, que el tacto no era uno de mis puntos fuertes. Quizás Alicia hubiese ignorado su cinismo, pero a mí, aunque me había ayudado un poco cuando Arlens sacaba sus garras, no tenía derecho a venirme con esas.
Apenas se fue, volteé a donde estaba mi capitán y me quede viéndole fijamente. No eran muchos los pensamientos que le dedicaba, pero en el momento que Hitchens se sentó a hablar conmigo yo misma entendí muchas cosas sobre él...
Cuando yo era pequeña, volaba para dejar atrás lo que no me gustaba. No sé como concluí, sin saber si acertaba o no, que Wood no era más que un niño grande que, como todos los niños, necesita algo a lo que aferrarse.
-Roger...
-Ahora no, Katie.
-Por favor, un minuto...
-Voy tarde.
-¿Y desde cuando dejé de ser Águila?
-No tengo tiempo para idioteces. No es el mejor momento. Rápido¿Qué quieres?
Pausa.
-Nada. No importa.
-Como sea.
¿Dónde estaba Roger Davies, aquel que pasó conmigo todas las vacaciones?
-A ver, chicas. Reunión de emergencia.
Era ya Semana Santa. La compañera de habitación de Angelina y Alicia se había ido, por lo que Leanne y yo nos la pasábamos metidas en esa habitación.
-¿Qué paso ahora? -dijo Angelina, delatando cierta diversión.
-Ustedes dos llevan un año más que nosotras y necesitamos cierta información.
La que hablaba era Leanne, a mí me llevaba prácticamente arrastrada.
-Acerca de...
-Diggory.
-¿A cuál de las dos...?
-A Leanne.
-A ver, a ver. Ese niño es un bombón. Es muy popular, y no se da ni cuenta. Sabe aprovecharlo para bien.
-...No como Davies.
-Angelina, cuida lo que dices. Roger...
-Katie, el Davies que tú conoces no es el Davies que conoce el resto. Él es... cómo decirlo. Un grandísimo hijo de...
-La señora Davies es una mujer realmente agradable, Angelina -interrumpí, tratando de sonar a broma-. ¿A ti, personalmente, él te ha hecho algo?
-Bueno, tuve que calarme la histeria de Jill Gardner un buen tiempo. El año pasado... no sé si sabías, pero salió con ella.
-No, no sabía.
-Dijo que quería mantenerlo en secreto. ¿Para qué? Para salir a la misma vez con... ¿Cómo es que se llamaba, Lizzie?
-Ni idea, una de su año. Créeme, Katie, no sé como es el Davies que tú conoces ni en qué mundo vives, pero...
Leanne me veía, notando mi consternación. Y estaba así porque el perfil que éstas dos me estaban dando de mi amigo de infancia iba muy de la mano con la actitud que él estaba teniendo hacia mí.
Pero al mismo tiempo… no. Me negaba a creer que Roger era esa clase de persona que mentía y engañaba. El Roger que yo conocía era todo lo contrario.
-Ya, ya -interrumpió-. Diggory. Cedric Diggory, niñas.
-Bueno, el sí es un dulce. ¿Te lo presento?
Había sido el peor día de mi vida. Había estado en detención hasta las 7 (castigada por hechizar a Arlens, qué si no). Luego fui a las prácticas, donde Wood nos hizo correr un millón de vueltas al campo. Ahora tenía que subir al castillo con las piernas vueltas un amasijo de músculos dolorosos y esa no era una idea agradable. Estaba más cansada que nunca… nada más podía pensar en dormir.
En eso y en matar a un par de personas: Arlens, McGonagall, Filch, Wood...
Por todo lo expuesto antes, cuando resbalé sobre un suelo húmedo y bajo un cielo lluvioso ni me molesté en gastar fuerzas para levantarme.
-Está lloviendo, así que no es el mejor momento para disfrutar de la vista del castillo.
Ah, Wood. Qué gracioso.
-Dime algo que no sepa.
Se agachó a mi lado, colocándome una mano en el hombro.
-¿Estás bien?
-Cansada, es todo. -contesté con sinceridad-. ¡Hoy nos mataste!. ¿Por qué nos hiciste darle vueltas al campo corriendo?.
¿Qué sentido tiene eso?
-Anda, levántate, que me estoy helando -Sí, tú evade la pregunta. Nada más porque dos días antes los gemelos encantaron la quaffle para que se resbale de las manos... lo llamó "sabotaje", "boicoteo" y un par de insultos más. La batallita que tuvieron entonces Angelina y él al respecto se tomó lo que restaba del entrenamiento. Y hoy se vengó.
-Me duelen demasiado las piernas, Wood. Hazme el favor de dejarme tranquila.
Más encima, tuvo el descaro de reírse. Maldito idiota.
-Búrlate, anda. Me ayudas demasiado.
-Disculpa, pero... ¿No puedes pedir ayuda para levantarte y ya?
Se paró y me extendió su mano. ¿A qué jugaba?. Le miré, más enojada que antes, si es que es posible. Él pareció entender que no estaba siendo precisamente gracioso.
-Anda, perdón. Fui demasiado lejos. Pero por favor levántate y vamos, que no necesito una segunda ducha después del entrenamiento.
-Claro, porque tú no hiciste absolutamente nada más que vernos correr. A mí me duele cada músculo de mi cuerpo, y yo me quedo aquí hasta que... ¡OLIVER WOOD, BÁJAME EN ESTE INSTANTE!
Como se puede adivinar, él me había levantado y me estaba cargando como si fuese un saco de papas, llevando al mismo tiempo nuestras escobas. Vaya, tenía fuerza.
-No, porque no puedes caminar, y quiero ir al castillo. Además, creí que te dolían todos tus músculos, así que descansa tu lengua.
Se las estaba dando de gracioso, y yo simplemente tenía ganas de llorar.
-Bájame. Yo camino, pero bájame.
Sorprendentemente, me hizo caso y me miró. Parecía algo preocupado, aunque me permití dudarlo. Yo sí que me sentía mal físicamente, con frío, cansancio y hasta hambre; y moralmente, con la detención, un partido dentro de poco y exámenes encima. Ah, y estaba empapada.
-Perdón -volvió a decir y me entregó mi escoba. Tengo que aceptar, la mirada en su rostro me ablandó. Era una mirada... bueno, de cachorrito regañado.
-No seas idiota -Me giré, para que no notase mi debilidad-. No importa.
Di un par de pasos más.
-¡Katie!
-Dime que quieres de una vez y déjame tranquila. Es todo lo que pido -rogué.
Insisto: Nada más quería mi camita.
-Nada, que... no sé. No me prestes mucha atención.
-Ojalá pudiese.
Caminamos juntos, yo por delante de él. La verdad es que me sentía fatal, pues tuve un mal día y él lo había pagado. No era la primera vez que nos hacía entrenar así, venganza o no. Y pensándolo bien, sí había molestado un poco su actitud hoy, pero ahora sólo trataba de ser amable conmigo.
-Perdóname tú a mí -dije suavemente, jugando con mi cabello-. No es un buen día.
No respondió, y me giré a ver qué pasaba. Incluso viéndome a los ojos, tardó un poco en responder.
-No hay nada que perdonarte a ti. No debí yo...
-Ya déjalo, Wood.
-Oliver.
-¿Cómo?
-Llámame Oliver, Katie.
Me encogí de hombros, un poco sorprendida.
-Como sea.
Otra vez yo y mi no tan dulce boca. Nunca me había importado, pero él era una persona que me tenía muchísima paciencia. Merecía al menos algo de amabilidad a cambio, y no sólo el respeto y la admiración que ya se había ganado de mi parte.
-Necesito una ducha caliente -dijo, cuando ya estábamos a salvo bajo un lindo techo.
-Yo lo único que quiero es irme a dormir.
-Nada de eso. -regañó-. Te vas a duchar tu también, lo que menos necesito es que una de mis cazadoras se enferme faltando una semana para un partido.
-Siempre tan atento -ironicé, pero ya en mejor tónica-. Pues la verdad es que debería, ya estoy sucia de nuevo. Y digamos que en estos momentos estoy más cerca de ser un cubo de hielo que una persona.
-Necesitas un abrazo para entrar en calor -observó, alzando una ceja, con cierta diversión en su voz.
Y es que él era adicto a los abrazos. A su hermana menor, Sylvia, a sus amigas... a Hitchens cuando eran novios (o amigos con derecho, ese punto no lo tenía claro)... siempre eran abrazos. Contagiados de mi prima Erika, supongo. Pero por alguna razón, algo en la sugerencia me espantó un poco.
-Claro, Wood...
-Oliver.
-...Oliver. Perdón, se hace raro -Me humedecí los labios y bajé la cabeza. Ahí estaba él, tratando de agarrarme confianza, y yo sin dejarme. No sabía por qué-. ¿Y eres tú el más indicado para dármelo, acaso?
-¿Por qué no? -No pareció notar la ironía y simplemente me abrazó.
Era, de cierta forma, algo reconfortante. Se sentía tan extraño...
Yo también le abracé y apoye mi cabeza contra su pecho, quizás deseando poder cerrar los ojos y quedarme dormida. Es increíble el efecto que tienen los abrazos. Alejan de tu mente cualquier preocupación (frío, hambre, dolor en cada rincón de tu anatomía...) y simplemente te hacen feliz. Sentí que me miraba, y no pude evitar sonreírle.
Nunca fui muy inclinada a gestos de cariño, pero jamás me había dado cuenta de cómo simplemente mostrando afecto puedes mejorar el día de una persona.
Ya sé que soy cursi, no necesito que me lo digan.
Lo abracé más fuerte, sin importarme que mi escoba resbalara de mis manos. De pronto sentía que esos brazos que me rodeaban eran amigos y protectores, y noté que algo (no sabía qué) había comenzado a cambiar de forma irreversible.
Odiaba este colegio nada más por una razón: Porque me separó de mis amigos de infancia. Uno aplicadísimo con los estudios, la otra juntándose con Chang, yo con el Quidditch y Roger... oh, Roger.
-No me hace lógica que de un día para otro se haya olvidado de que eran amigos, Katie –solía decirme Alicia, y yo asentía, aunque no estaba de acuerdo.
Pero ella tenía razón. Lo descubrí el último día que nos quedaba en el colegio. Subía hacia el castillo con Oliver. Ya la temporada de Quidditch había terminado, por supuesto, pero yo había sentido la urgencia de ir a volar y fui a hablar con él, que suele sentir esa urgencia a todo momento. Así que ahí estábamos, poco antes del anochecer subiendo hacia el castillo.
-Me sigo sin creer que Ravenclaw nos ganó -comentó por millonésima vez en tono de derrota.
-No teníamos buscador, Oliver. No esperaba más -dije, como cada vez que se ponía en esas-. Y no teníamos como saber que...
-Perdimos. Es lo que importa.
-Ponle un pelo de atención a tus prioridades, por favor -dije, sonando más seria de lo que hubiese querido.
-Katie, pasé mucho tiempo dedicándole cada segundo de mi vida al este programa. Teníamos todas las de ganar...
-¿Crees que fuiste el único que puso de su parte? Todos, hasta el pobre Potter, todos estamos muy frustrados. Este último partido fue un asco... Ya qué, nos quedan dos años en los cuales la copa será nuestra.
Sonrió.
-Ojalá tengas razón.
Daban ganas de matarlo. La autoestima de este Oliver era un asunto serio a ratos.
-Por supuesto que tengo razón -declaré firmemente y no insistió más.
A esa hora, varias parejitas salían a disfrutar del atardecer. Roger Davies era un visitante casi fijo a los terrenos a esa hora, cuando no tenía entrenamiento. Bajaba de la mano con una chica de cabello negro que no reconocía, pero se me hacía vagamente familiar...
Fruncí el ceño. Él me provocaba una mezcla de sentimientos extraña. Era como si quisiera estar con él (y tuviese ganas de ser aquella extraña de pelo negro), pero al mismo tiempo me sentía dolida. Era como si en el colegio yo fuese poco menos que un cero a la izquierda para él.
-¿Qué miras? -preguntó, supongo que notando mis ojos fijos.
-Aquellos dos, sentados bajo aquel árbol... sí, míralos. Él es Davies y ella...
-Arlens. ¿Quién más si no?
-Qué raro. Él me había dicho que...
No pude seguir. El siempre había manifestado su desagrado hacia Arlens, pero...
-¿Qué te dijo?
-Nada, que ellos no se llevaban demasiado bien.
-Y le creíste.
-Pues sí, o eso supongo. Él es amigo mío de toda la vida y…
-Estás ciega, Katie. Definitivamente. Esos dos no son los mejores amigos del mundo, pero sí se llevan bastante bien. Pero por lo visto… -volteó a verlos. Yo no me atreví. Su ceño estaba fruncido mientras los observaba-… da la impresión de que tienen algo más –determinó, seguido de un suspiro-. No que me importe demasiado. ¿Subimos?
Me volteé más velozmente de lo que una snitch sería capaz, y ahí estaban ellos dos abrazaditos, disfrutando a su propia manera un atardecer en Hogwarts.
Abrí la boca por la sorpresa, y me dieron casi ganas de llorar. Lo que había sido claro hasta aquel momento se me hizo por fin evidente. Roger no tenía ningún reparo en mentir nada más para quedar bien.
Y muy probablemente nada más me había dejado de saludar por los pasillos para que ella le aprobase… También me pregunté si Arlens estaría al tanto de que él y yo éramos amigos de toda la vida.
No puedo decir que se iba a acabar el mundo, ni mucho menos que es lo peor que me había pasado hasta la fecha, pero sí me sentía apuñalada por la espalda. Nunca me importó con quien estuviese él, y si me hubiese dicho que Arlens era su amiga o novia o lo que fuese, no me habría importado. Pero me había mentido.
No era quien aparentaba ser delante de mí, y sentía que todos aquellos años fui amiga de un desconocido. ¿Cuándo habría cambiado tanto, si no?
Entonces Oliver frenó en seco y se giró, casi espantado.
-Oh, no... No me digas que... -Me agarró por los hombros, se agachó para quedar a mi altura y me hizo mirarle-. No eres una de las fans de Davies¿o sí?
Entre mi rabia y mis ganas de desahogarme, el desdén en la voz de mi capitán me cayó como una bomba. Y, de hecho, la bomba detonó dentro de mí. Odiosas lágrimas se agolpaban en mis ojos, y yo hacía un esfuerzo anormal porque no salieran.
-Era mi amigo, Wood. Estuvimos todo el verano pasado juntos, y él en plan de "Arlens es desagradable", "eres excelente volando" –solté, imitando su voz-... y yo siempre era Águila para él, y de pronto... ya no estaba ahí.
-Típico de Davies –Hizo una mueca.
-No lo conocía así. Siempre fue para mí un compañero de juegos, una persona amable. Cómo me trataba, Oliver. Era tan...
No encontré palabras, y bajé la cabeza. Oliver se acercó entonces, y me abrazó suavemente, presintiendo que lo necesitaba. Me dejé envolver por todo lo que representaba estar ahí, con mi capitán, con la lengua en modo suelto por una vez en mi vida.
Se sentía maravilloso.
-No lo vale, Katie. Supongo que ya te diste cuenta.
-Lo sé. Pero no puedo evitar que me duela.
-Te gusta¿no?
Lo miré. Ahí estaba yo, con un joven con el que me llevaba bien, preguntándome lo que no era capaz de decirles a mis amigas más cercanas. Lo que Leanne tuvo que adivinar por su cuenta.
-Creo que eso quedó claro –murmuré lentamente, procesando mis palabras-. Merlín, creo que estoy llorando -dije, y dejé fluir una carcajada entre amarga e histérica. Reía por lo extraño de todo esto, del aquí y el ahora, de haber estado ciega por todo un año escolar y no ver lo que estaba delante de mis ojos.
Más que por Roger en sí, porque me sentía traicionada. No podía evitar que los ojos se me llenaran con lágrimas de indignación, y ganas de liberarlas sobre un hombro ajeno.
Y vaya hombro que tenía a la mano. Me encantaban los abrazos de Oliver, ya que me hacían sentir que no estaba sola, que podía contar con él. Nos quedamos ahí un rato más, hasta que pude calmarme un poco.
-Odio estos dramas -dije zafándome de su abrazo y limpiándome los ojos-. Ya, ya que más da. Ni que importase demasiado, y tengo que olvidarlo.
Me observó con algo indefinible marcando sus ojos oscuros. Era algo intenso y dubitativo a la vez.
-Por qué me miras así -demandé. No era una pregunta.
-Eres todo un caso, Katie -sonrió-. Vamos a la Sala Común.
Me agarró de la mano y me arrastró lejos de ahí, cosa que le agradecí con todo mi corazón. Luego me soltó y simplemente caminó a mi lado en silencio, dejándome pensar. Y ocasionalmente, hablar.
¿Por qué Roger tuvo que cambiar así?.
Y escoger a Arlens, por favor. De entre toda la población femenina de Hogwarts, tenía que escoger a la que peor me caía (Y no a mí en su lugar, por ejemplo…). Una chica que, si bien tenía gran belleza y una manera de ser auténtica, no le importaba llevarse al mundo por delante para quedar ella bien parada.
No entendía qué le costaba a Roger ser perfecto. Digo, tenía casi todo. De hecho, unas noches antes me había sentado a buscarle algún defecto, sin conseguirlo. Ahora noté que tenía todo, menos honestidad, sencillez y cierta valentía. Sería tan perfecto si fuese más como...
...como Oliver Wood, por ejemplo.
Notas: Pues al principio no iba a poner notas… pero aquí están.
En cuanto a este capi… no utilicé ninguna escena del borrador original (en el pasado use sólo una)… y me gustó como quedo así. Como ven, Katie puede estar o no estar enamorándose de Oliver. Como ustedes prefieran. Yo tengo mi opción, pero no la diré.
Si quieren un poco de historia extra mientras actualizo, entren a mi perfil y luego a mi página… es mi livejournal dedicado a mi tabla de 30vicios. Que es, nada más y nada menos, trozos complementarios a esta historia.
Quiero agradecerles a todos los que me dejaron review (¡siete bellos reviews! Mucho más de lo que esperaba por una pareja poco usual).
Que sepan que sus reviews valen muchísimo para mi, así solo sea una pequeña línea con un "me gustó/no me gustó". Así que si son muy amables de invertir un minuto de su tiempo a cambio de una semana del mío… que conste que yo respondo todo review que esté firmado.
Nuevamente, gracias a todos por sus reviews y a mi queridísima Maggie por betearme.
¡Se les quiere!
Kayi.
