Hola. Gracias a todos los que leyeron el primer capitulo.
Sobre todo a ti Silvemy89. Que siempre estas apoyandome en todos mis Fan Fics.
Goshi: Claro que sí. Aunque este capitulo va estar no tan intenso.
Capitulo II
Partiendo quijadas.
Las semanas habían pasado. Todo transcurría de manera tranquila. Phil no se había aparecido por la casa y Sonomi –su madre- intentaba cumplir con su rol de matriarca. Aún no entendía como una profesora tan inteligente había acabado de esa forma. Bueno, sí lo recordaba. La perdida de su padre había sido fatídica para todos, pero su madre no había logrado superar. Al parecer.
—¡¡Kagome!! —la aludida se volteo. Pálida observo el rostro de su amiga inundarse de lagrimas. Su corazón se partió y la abrazó, mientras estaba se le tiraba encima.
—¡¿Qué sucede Sango?! ¿Por qué lloras? —le pregunto preocupada mientras intentaba verle la cara.
—…Mi-ro-ku… —gimió exhalando todo el aire de sus pulmones. Su cara estaba roja y no se le entendía lo que decía.
—¿Qué paso con Miroku? —ambas estaban sentadas en el parquecito que estaba cerca de sus casas. Era martes lo que significaba que tenían el día libre. Sango había aceptado salir en una cita con Miroku.
—¡Fuimos al cine! Y…y…bueno antes de llegar…—Sango oculto su cara entre sus manos—. ¡Por favor no me vallas a regañar!! —Kagome se rió y le seco las lágrimas.
—No soy tu madre para hacerlo. ¿Qué te hizo Miroku? —ella volvió a hipar. Se sentía mal iba a partirle la cara al tal Miroku cuando Sango dejara de llorar. La conocía y sabía que siempre que se la pasaba llorando, caí profundamente dormida.
—¡Bueno! ¡Ya lo dijiste! ¡Sabes que no me vas a regañar! Esta no es la primera vez que salimos —Kagome abrió un poco sus ojos pero se tranquilizo—. Sí. Ya habíamos salidos y éramos novios.
—Pero si solo lo conoce hace un mes y medio. Maldito desgraciado —pensó—. Estoy segura que intento propasarse, el imbécil tiene mala fama. Aunque ella no se quiere dar cuenta.
—¡Y hoy cuando salimos! ¡Cuando llegué él estaba con una tipa! ¡La mujer lo besaba y lo manoseaba! ¡Le pedí una explicación y él se quedo callado! Y la mujer me dijo: ¡Por favor, no seas tonta! ¡Cómo crees que alguien como él, podía fijarse en alguien como yo —y termino de estallar en lagrimas. Kagome no podía consigo, como pudo la llevo hasta su casa y la consoló. Cuando Sango se durmió tomo un taxi y fue hasta donde vivía él. En una oportunidad Sango se lo había dicho, aunque no le presto atención en su momento, recordaba perfectamente la dirección.
Al llegar vio la enorme mansión. Pero no se dejo intimidar, venía a ponerle un parado al tonto que lastimo a su amiga. Iba a aprender que con la gente no se juega. Y menos si eran sus amigas.
—¡Imbécil! Como estás podrido en dinero, crees que puedes tener a cualquiera —mientras lo despedazaba en su mente, tocaba la puerta de la lujosa mansión.
—¿Sí? Buenas tardes —la mujer de servicio la miro de arriba abajo.
—Con Miroku Taisho, por favor. Dígale que es de parte de una amiguita suya.
La mujer puso mala cara cuando recalco la palabra amiguita. Pero en la casa debían saber como era la reputación de Miroku, por que al instante la dejaron pasar. Y la verdad era que se quedo estupefacta con tanto lujo. Blanca, bien decorada. Muebles caros: roble, cedro, pino, cuero. Toda la casa olía a lujo.
Cuando la hicieron pasar al vestíbulo, no noto a una de las personas. En cuanto bajo Miroku sonriente de la escalera, está se acerco a él y le lanzó un puñetazo en la cara.
—¡Kagome! —gimió él. Su boca estaba ensangrentada, mientras ella lo miraba con rabia. Ambos se conocían por Sango. Su trato era distante, hola y chao.
—¡Que sea la última vez que te acercas a Sango! ¡¿Quién te crees que eres?! Crees que como tienes dinero, puedes jugar con los sentimientos de las personas. Sango no es de esas zorritas con las que paseas. Ni es una mujer de exhibición. Así que te agradezco que no te le acerques —rugió furiosa.
—¿Ella te ha enviado? —le pregunto mirándola con nostalgia. Estaba sentando en la escalera mientras se sobaba la boca, y tragaba la sangre.
—¡No! ¡Ella no sabe! ¡Si llego a saber que le dijiste, te emparejo la boca! —Miroku abrió sus ojos y dio un pequeño salto.
—¡Hola Ka-chan! ¡Estás hermosa hoy! —bajo sonriendo sensual InuYasha. Kagome lo miro de arriba abajo.
—¡Dios! ¡El ser imbécil viene de familia! —InuYasha era un pretendiente fastidioso que tenía Kagome. Aunque a veces creía que iba a flaquear cuando le sonría, nunca cedía, siempre se mostraba indiferente—. Lo menos que necesito es un descerebrado hijo de mami.
—¡Espera Kagome! —la detuvo Miroku cuando vio que esta se iba. Ella se volteo y no le dijo nada. Sólo lo miraba de manera dura—. Siento lo de Sango. De verdad, no quería lastimarla.
—¿De verdad? Por que no parece —rió con ironía y sarcasmo.
—¡Vamos mujer déjalo que hable! —intervino InuYasha mientras intentaba abrazarla. Ella solo lo empujo, pero este te todas, todas logro abrazarla.
—…La mujer con que ella me vio…—hizo una pausa y miro al piso—, Es mi prometida, Yura —Kagome frunció el seño, mientras intentaba sacudirse a InuYasha. Más no hablo, solo lo siguió mirando—. Sé que eso no justifica nada. Pero de verdad quiero a Sango. No quería lastimarla. No pensé que Yura se enteraría.
—¡Que cínico, Miroku! ¿Qué pensabas hacer cuando te casaras? Arrastrarla contigo. Que fuera la otra.
—¡Lo sé! ¡Pero es que cuando estoy con ella olvido todo!...es mágicamente perfecta —aquello mismo le había dicho Sango de él.
—Yo no soy quien para juzgarte. Pero te agradezco que por el bien de los dos, te alejes de ella. Sango no se merece que juegues así. No podría llevar esa vida, a la que la vas a arrastrar si sigues con éste juego —Miroku la miró sorprendido.
—¿Crees qué me perdone?
—Sí. Sango te quiere, y seguro lo haría. Pero por favor, no lo hagas, no la busques. Es lo mejor para los dos. A menos que, termines con Yura —y sin decir más, se soltó del agarre de InuYasha y partió a la salida de la casa.
Sin darse cuenta alguien la había pasado. Cuando abrió la puerta de la casa un hombre de cabello argentado, unos ojos tan amarillos, que parecían el topacio más hermoso. El hombre la miraba con frialdad.
—Disculpe. Con permiso —intento pasar, más él no la dejo.
—La llevo a su casa —ella lo miro con mala cara.
—No creo que sea buena idea. No es necesario —aunque él parecía que le había dado una orden. No supo por qué se sentía nerviosa, delante de él.
—Por aquí —la guió.
—No me escucho. No pienso ir con usted. Muchas gracias —el hombre suspiro y abrió la puerta.
—Son las siete. No creo que por donde usted viva sea muy agradable llegar sola, a las diez de la noche. Un taxi no la va a llevar. Pero si insiste en irse caminando —hizo una mueca de desinterés. Al ver que ella no cedía y seguía rumbo a la salida, la tomo del brazo y la guió.
—Que testaruda es esta mujer. ¡No podía decir! ¡OK, gracias!
Ambos se montaron en un lujoso auto. Mientras ella miraba por la ventana.
—Gracias —le susurro ella con una media sonrisa cuando llegaron a la casa.
—De nada…
—Kagome —ella le sonrió abiertamente y entro. Gracias a él había llegado para hacer la cena.
—¡Llegaste Kagome! —la recibieron sus hermanitos.
—Sí. Siento haberme tardado. Espero ver pronto sus tareas.
—Sí. Ya las hicimos, mamá nos ayudo.
Todos fueron hasta la cocina y buscaron su comida, encendieron la televisión y se sentaron en familia a ver la novela.
Gracias a todos. Please no se olviden de dejar sus comentarios.
