Hola! Aqui les dejo el capitulo 2, muchas gracias por los Reviews, y me alegro que le haya gustado el primer capitulo. Respecto a eso respondo la pregunta, no, no soy gotica. Pero estaba buscando alguna inspiracion para escribir un fanfic y se me cruzo es idea por la mente y me puse a escribir.

Tal vez exageré un poquito con lo de los animales sacrificados nnU, pero se que hay algunos grupos que lo hacen (en especial los que dejan las gallinas degolladas en la esquina de mi casa ¬¬)

Bueno, ahora si, aqui dejo la seguna parte, espero que les guste.

Capitulo 2

La mañana del examen llego antes de lo que hubiera deseado, todos los estudiantes revisaban enérgicamente las hojas de sus libretas, tratando de memorizarse a último momento los apuntes tomados recientemente y repitiéndolo en voz alta varias veces. Mientas parecía que a sus compañeros les iba a dar algo en cuestión de segundos, Taichi estaba recostado sobre su pupitre, con la cabeza escondida entre los brazos.

A pesar de estar sumergido en sus propios pensamientos, llegaban a sus oídos algunas de las frases que sus compañeros pronunciaban, de esa manera se había enterado de muchas cosas en varias ocasiones, pasando desapercibido por los demás. No le molestaba mucho que no lo tomaran en cuenta, al contrario, agradecía que no se sintieran intimidados por su presencia.

Cuando el profesor entro en el aula, Taichi se sentó derecho y froto un poco los ojos para sacarse el sueño. Miro despreocupadamente a un extremo del salón para asegurarse de que Yamato estuviera allí, y lo estaba. El chico rubio miro a su amigo, alzando el dedo pulgar deseándole suerte, lo que el muchacho moreno respondió con una disimulada sonrisa. No había estudiado en lo absoluto, ya que apenas ayer llego a su departamento preparo una rápida cena con comida ya hecha y se dispuso a mirar televisión acostado en su cama.

El examen no era difícil, por lo menos no para Taichi, al que por algún motivo se le hacia fácil encontrarle un significado a cada texto que se le ponía adelante. Una vez el profesor le dijo que tenia la habilidad de poder ver mas aya de las palabras, cuando le dijo eso Taichi sonrió para si, nunca podría imaginarse aquel hombre de hasta donde era capas de ver.

Leyó el texto que debía analizar y de inmediato las palabras afloraron a su mente. Comenzó al escribir en su hoja sin prisa, analizando cada frase. Paso el tiempo y cuando faltaba poco para que sonara la campana de salida, entrego su trabajo al profesor y se volvió a sentar. Observo a Yamato en la misma esquina del salón en donde siempre se encontraba y sonrió, las preocupaciones de su amigo habían terminado.

Algunas veces se le hacia increíble creer que Yamato era el responsable de los dos, el que le recordaba al otro las tareas que debía cumplir al día siguiente y el que mantenía un cierto orden en su vida. Si fuera por Taichi, no solo su departamento sería un completo desorden, sino que todo su tiempo se dedicaría a ver pasar las horas sin nada que hacer, a deambular por la ciudad a toda hora y ni siquiera acudiría a la universidad.

Pero en cierto modo, podía entender por que Yamato se preocupaba tanto por el. Se conocían prácticamente desde hace un año, desde que Taichi decidió independizarse de su familia y mudarse solo a su actual departamento. Desde ese día se volvieron inseparables, Taichi a pesar de ser solitario, disfrutaba de la compañía de Yamato, y este le gustaba seguir al castaño en todo lo que hacia. Taichi estaba seguro que la razón de la insistencia de Yamato en que cumpliera con sus obligaciones, era que el rubio no había tenido la misma oportunidad que el para formar su futuro, y no podía permitir que el lo despreciara de aquel modo.

Cuando volvió a quedar solo en el salón, Yamato se acerco a él y se sentó en el pupitre delante del muchacho.

- ¿Cómo te fue? – pregunto serio

- Creo que bien, la próxima semana lo sabré

- ¿Podrás sobrevivir hasta entonces?

- ¿Yo? ¡Si eres tu el que esta pendiente de mis calificaciones!

- Si, pero también a ti debería preocuparte

- Ahh…

Taichi suspiro, se levanto del pupitre y comenzó a caminar en dirección a la puerta. Yamato arqueo una ceja y lo siguió sin protestar.

- ¿Qué crees que haces?

- Tranquilo, solo quiero salir a la azotea, ¿creías que me iba a escapar?

- Viniendo de ti…

- Oye, me ofendes – volvió a ver a su amigo con un puchero en el rostro

- No me hagas reír

Taichi dio una pequeña carcajada al aire y se dispuso a subir la escalera rumbo a la azotea de la universidad. Cuando llegó, se acercó al alambrado y miro hacia el cielo. El día estaba completamente despejado y una brisa hacia que el calor fuera soportable. Volteo y vio a Yamato con los brazos cruzados, era increíble como siempre se las arreglaba para actuar igual que su padre imitando su mirada de desaprobación y dándole sermones sobre el estudio… Pero sabia que solo lo hacía por su bien e incluso llegaba a hacerle caso en algunas ocasiones, no como su padre, con el que nunca pudo llegar a una buna relación.

Desde que era muy pequeño, su padre se mostraba muy distante en relación a Taichi, cosa que no se repitió cuando nació su hermana menor, Hikari, que parecía ser la niña soñada de su padre. Cuando fue un poco mayor, Taichi nunca se sintió como un niño normal, solía hablar con varias personas mayores que se acercaban a él pero que nadie conocía, pasar toda la tarde sentado en una silla del parque sin hacer nada y de vez en cuando le insistía a sus padres para dejar la escuela por que los otros niños lo llamaban "raro". Ellos pensaron que era normal para un niño de su edad querer dejar la escuela para no tener que estudiar, pero se preocuparon al saber que su hijo no tenía muchos amigos, todo lo contrario a su hermana menor.

Fuera del tema de la escuela, el padre de Taichi tenía el mal hábito de tomar por las noches con sus compañeros de trabajo lo que lo distanciaba de su familia. Cuando llegaba borracho a la casa, siempre descargaba de todo su estrés gritándole a Taichi y recriminándole su mal rendimiento en la escuela. Al principio el niño había reaccionado muy mal y solo había logrado aislarse más de las personas que lo rodeaban, pero cuando entro en la adolescencia y estos episodios seguían ocurriendo termino por ignorar completamente la presencia de su padre en la casa.

Su hermana fue la única en su casa que sabía sobre la habilidad de Taichi, quien nunca le rebelo nada a sus padres. Ella lo había aceptado apenas se lo dijo e incluso llego a fascinarse con la idea de que su hermano tuviera "superpoderes", como ella le había llamado. Al cumplir dieciséis años, Taichi decidió mudarse de su casa, ya que según su padre él estaba siendo una mala influencia para Hikari, a pesar de los intentos en vano de su madre para que se quedara, insistiéndole en que aún era muy joven y podría necesitar a su familia cerca.

Taichi suspiro y se desperezo exageradamente, estirando los brazos sobre su cabeza. Todos esos recuerdos habían renacido en su mente de un momento a otro, pero ahora toda su vida había tomado orden: ya había podido familiarizarse con sentir la presencia de los muertos y ya no se escandalizaba cuando alguno aparecía repentinamente frente a él, sus estudios parecían marchar bastante bien e incluso había conseguido un empleo en una biblioteca seca de su departamento que le proporcionaba ingresos suficientes como para subsistir. Sin mencionar que la presencia de Yamato había puesto el orden que el no tenía y su compañía le hacia mas fácil y apacible su vida, pero sentía que algo le faltaba… Y él sabia que ese algo le sería muy difícil de encontrar.

Cuando sonó el timbre de salida de clases, Taichi tomo su mochila negra, se la colgó en uno de sus hombros y salio rápidamente del edificio sin despedirse de nadie. Yamato lo siguió sin pronunciar palabra alguna, no necesitaba preguntar hacia donde se dirigían ya que todos los días era prácticamente la misma rutina. Luego de las clases, Taichi se dirigía a la biblioteca para comenzar con su jornada. Nunca se hubiera imaginado que aquel gótico despreocupado pondría estar tan interesado en los libros, y no especialmente en los libros ligeros, preferentemente siempre se intereso en los libros más gordos de temas bastante complicados que devoraba fácilmente en pocos días.

La dueña de la biblioteca, una mujer un tanto mayor, noto su gran interés por la literatura avanzada y solía observar al chico mientras leía o estudiaba para alguna materia, aunque esto último no era muy frecuente en él. Después de varios meses frecuentando en la biblioteca, Taichi se gano la confianza de la dueña y esta le propuso un empleo de medio tiempo, así el joven podría ganar algo de dinero para poder auto dependerse y podría llevarse los libros que quisiera a su casa para leerlos en paz.

Para su suerte la biblioteca quedaba a solo unas cuadras de la universidad y los estudiantes prácticamente no acudían a ella por ser algo pequeña y contener más que nada libros que no estaban pensados para los jóvenes, aunque Taichi era la excepción.

Cuando llego, se dirigió a la escalera detrás del mostrador y dejo su mochila en el suelo.

- Buenos días, señora Utada – dijo alzando la voz para que la mujer lo escuchara

- Buenos días Taichi, enseguida bajo

- No se moleste, le dejare mi última tanda de libros sobre el mostrador

- De acuerdo, ¿podrías reordenar el estante de los diccionarios? Ayer entraron un grupo de jóvenes muy apurados y dejaron todo como si hubiera pasado un huracán

- Claro señora Utada, no hay problema

Taichi saco un grupo de libros de su mochila y los dejo a un lado de la máquina registradora, se detuvo un momento y volvió a levantar su mochila, comprobando que definitivamente estaba mucho más liviana que cuando salio de su departamento esa mañana.

- Eso es porque te emocionas con esos libros, que parece como si tuvieran escritos los números telefónicos de toda Europa – le recrimino el rubio como si adivinara lo que estaba pensando.

Taichi volvió a mirarlo con una sonrisa, no podía contestarle con palabras por que sino la mujer pensaría que había entrado algún cliente y al haría bajar las escaleras sin motivo alguno, cuando la mujer era bastante mayor se fatigaba de tanto subir y bajar la bendita escalera. Camino hacia el estante que le había indicado la mujer y comenzó a ordenar los libros, mientras como todos los días Yamato veía por la ventana sentado en una de las sillas.

Y así se les iban pasando las horas de la tarde, a veces cuando entraba algún cliente Taichi lo atendía para que la señora Utada descasara, aunque algunas personas solían intimidarse ante su presencia. Aprovechando que se acercaba el verano y el clima ya estaba siendo más favorable para todos, la dueña había puesto unas sillas fuera para que las personas pudieran leer mientras disfrutaban del clima y Taichi era el encargado de vigilar por si las dudas.

Cuado termino de ordenar los diccionarios se acercó a su estante predilecto y tomo uno de los libros a la zar, solía hacer eso para leer cosas nuevas y poder conocer de todo un poco, y elegía ese estante por tratarse de temas de su agrado.

- "El Club del Fuego del Infierno" – decía el título

Lo volteo para poder leer la contratapa, luego lo abrió y comenzó a leer en silencio. Yamato se acercó a él y, torciendo un poco la cabeza, leyó el título del libro

- Por favor amigo, las cosas que lees si que dan miedo, y lo digo yo que estoy muerto

- No exageres – susurro para que solo el rubio pudiera oírlo – Es solo un libro inofensivo, no van a salirle colmillos ni garras

- ¿Cómo lo sabes? Podría atacarte mientras duermes

- ¡O no, el ataque de los libros carnívoros! ¡Por favor, no, no me comas, tengo sabor a pescado! – dijo acercando el libro a su cara abriéndolo con las manos imitando una mandíbula que lo atacaba

- Que gracioso, no sabía que te habías graduado en la academia de payasos

- Si, y tu en la de paranoicos

Yamato volvió a mirar hacia la ventana con los brazos cruzados fingiéndose ofendido, mientras Taichi volvió a sumergirse en las páginas del libro. No ese preocupaba por el enojo de su amigo, siempre se hacían ese tipo de bromas en especial porque había varias cosas a las que Yamato no estaba acostumbrado y él solía tomarle el pelo.

Taichi se puso de pie nuevamente y se acercó a otro de los estantes, este era uno de los últimos a los que solía acudir para buscar algún libro interesante, pero tenía un poco de curiosidad. Tomo el primer libro del estante y dejo correr las hojas, en determinado momento introdujo su dedo para marcar la hoja y comenzó a leer.

- ¿Y ahora que lees? – dijo Yamato volviéndolo a mirar - No me dirás que es sobre gente muerta ¿verdad?

- Tranquilo, nadie se muere – respondió con vos tranquila, pero con un tanto de tristeza en el tono

- Milagro, ¿qué es?

Taichi le arrimo el libro para que leyera la tapa, al hacerlo el rubio abrió los ojos y dejo salir un suspiro.

- Taichi, por dios… deja de pensar en eso, sabes que no te hace bien.

- Lo se, lo se… Me dirás que debo preocuparme por otras cosas, como los estudios y todo eso – cerró el libro y lo volvió a colocar en su lugar – Pero no puedo evitar pensar en que si algo me pasara…

- Taichi…

- Si mañana o pasado un auto me atropellara, o si me enfermara gravemente…

- Taichi…

- Nadie notaria que falta mi presencia, al contrario, se desharían del "chico raro" que todos temen…

- ¡Taichi!

Éste lo miro con cara de "¿y yo que hice?" y cerró la boca de golpe.

- ¡Deja de hablar así, ¿quieres?, me asustas!

- No serías el primero…- susurro bajando los ojos

- Sabes que no lo digo por eso, no me gusta oírte hablar así.

- Es la verdad, todos piensan así

- Tú vales mucho Taichi, puede que no lo veas así, pero como yo lo veo eres una gran persona con un buen corazón…

- Y con una maldición a cuestas

Yamato volvió a suspirar, pero no de mala gana. Se acercó a su amigo y lo miro a los ojos.

- Puedes verlo así si tú quieres… Todo depende de cómo lo enfrentes, puedes verlo como una maldición… - Taichi bajo la mirada con tristeza – O puedes verlo como yo lo ago, como un don.

El muchacho no digo nada más, solo observo a su amigo por unos instantes mientras este sonreía. Le devolvió una débil sonrisa y se acercó al mostrador cuando vio que un cliente había entrado a la biblioteca. Mientras Taichi atendía al cliente, Yamato se acercó al estante y movió un poco el libro que el otro había sacado para poder leer nuevamente aquél título: "El hombre que quería existir"

He aqui el segundo capitulo, ahora que lo vuelvo a leer pienso que tal vez quedo un poquito deprimente, pero bueno.

Como dije antes, estoy abierta a criticas para mejorar mi escritura.

Gracias por leer!!