Capítulo 1: Mundo oscuro.
Los ojos que antes brillaban
ahora se oscurecieron y se han ido.
Thomas Moore*
— "…después, en 1752, el gigante Melvin el Morose, pisó accidentalmente a unos duendes; esto interrumpió la rebelión de duendes pero empezó la guerra entre gigantes y duendes, que duró diecisiete años y dos días. Durante ese tiempo…".
Draco resistió el impulso de cerrar de golpe el libro para silenciar el incesante e irritante tono monótono. Historia de la Magia ya era aburrido de por sí; y ahora, ¿también tenía que ser fastidiosa la voz provocada por el el hechizo que hacía que el libro de texto se leyera solo en voz alta? En realidad, esa voz casi sonaba como el profesor Binns; incluso los libros de pociones se volvían aburridos luego de un rato.
Se frotó los ojos con cansancio, un hábito que al parecer se le había quedado como un tic de fatiga, a pesar de que sus ojos ya no estaban haciendo el trabajo. El libro seguía hablando, y se forzó a sí mismo a prestar atención; iba a haber un examen de Historia la próxima semana sobre los temas que se supone habían estudiado en las vacaciones, y quería llegar al final de sus estudios lo más pronto posible. Eso significaba meter mucho más información a su cerebro en la primera lectura, minimizando el número de veces que tenía que escuchar los malditos pasajes.
Habían pasado dos meses, dos oscuros meses, desde el accidente durante el partido de Quidditch. En su victoria, se había olvidado lo cerca que había estado volando de los aros de gol; el desliz le había costado la vista. La medimagia podía curar muchas cosas, pero no podía, como lamentablemente le habían informado los medimagos, revertir el daño cerebral. La lesión había sido en el lóbulo occipital de la parte posterior de su cabeza, por lo que no había nada que se pudiera hacer. Aunque su padre había amenazado, y su madre había implorado, y él mismo, incrédulo, había exigido, segundas, terceras, doceavas opiniones, la respuesta de la comunidad médica era siempre la misma: ceguera. Permanente.
Harry buscó en las repisas de la parte trasera de la biblioteca hasta que encontró el libro que buscaba: un análisis sobre hongos especializados que necesitaba para su clase de Herbología. Lo desempolvó, le dio una rápida checada y lo puso bajo su brazo. Había varios libros más que necesitaría después, pero decidió buscarlos al día siguiente. Él no era como Hermione, quien podía cercenar una pila de aburridos libros en una sola noche. Ese sería suficiente para esa noche, además de su estudio diario. Hablando de eso… estaba ese examen de Historia de la Magia la siguiente semana; necesitaba empezar antes de que Hermione comenzara a ir detrás de él con sus notas a colores y codificadas.
Fue cuando daba vueltas entre las repisas a lo largo de la pared de al fondo que se percató de una lenta y monótona voz. Sonaba extraordinariamente parecida a la del profesor Binns, aunque menos interesante. Curioso, asomó su nariz dentro de una de las pequeñas salas escondidas en la pared. Después, se detuvo en seco.
Sentado a la luz de las velas estaba Draco Malfoy, con su cabeza apoyada en su puño. Un libro de texto estaba abierto en la mesa frente a él... y era ese libro el que, al parecer, estaba hablando. Era eso o alguien más que tuviera una capa de invisibilidad, porque ciertamente, Draco no estaba pronunciando ni un murmullo y no había nadie más en la habitación.
— Quien quiera que seas, deberías hablar o irte. No me gusta ser observado.
— Eh... — dijo Harry, sorprendido. Observó cómo Draco giraba su cabeza -no para mirarlo, sino para escucharlo; su cabeza se volvió sólo lo suficiente para que su oreja izquierda señalara directamente a la puerta donde Harry estaba parado. — Soy yo, Harry. Potter. Yo... eh... no quise interrumpir. De todos modos, ¿cómo sabías que estaba aquí?
— Por tus pasos, idiota, ¿qué más? Los zapatos de la escuela jamás han sido terriblemente silenciosos en los pisos de piedra.
— Ah… — Harry se sintió tonto; nunca había pensado sobre aquello. — Entonces... amm... ¿Ese es tu libro hablador? ¿así no tienes que leer? Me preguntaba cómo te las arreglabas con eso.
Draco suspiró irritado
– Sí, así es como funciona ahora. Hechizo el libro y se lee en voz alta para mí. Al igual que un niño recibiendo su cuento de buenas noches**, sólo que mucho menos interesante. Vine aquí a estudiar para que la voz del libro no moleste a nadie. No necesito gente mirándome por el ruido.
Harry entró en la pequeña sala para poder escuchar al libro más claramente
— Wow, suena aburrido. ¿Todos los libros hablan igual?
— Básicamente
— ¿Puedes cambiarlo?
— No.— La voz del Slytherin fue cortante —Ahora, si ya has terminado de jugar a veinte preguntas***, me gustaría terminar con esto.
— Sabes, — se ofreció Harry poniéndose en frente del otro chico. —Yo podría leer para ti
El rubio movió su cabeza para seguir la voz de Harry, y Harry se encontró un poco nervioso ante su primera mirada de cerca al rostro de Draco desde el accidente; el mismo pálido y afilado rostro, aunque extrañamente inexpresivo. Estaba acostumbrado a los ojos grises disparándole dagas; ahora eran unos muros de piedra, planos e impenetrables, enfocados en la nada.
— ¿Qué mierda? — escupió el rubio. Harry estaba extrañamente tranquilo por el hecho de que, al menos, la voz de Malfoy todavía pudiera lanzar dagas.
— Bueno... sólo pensé que podría ser menos aburrido si yo...
Malfoy resopló
— Yo no necesito tu lástima.
— ¡No es lástima! Es...
— ¿Qué?
— Solamente estoy tratando de ayudar, ¿de acuerdo? ¿Qué hay de malo en eso? Tú estás aburrido y yo te estoy ofreciendo tratar de hacerlo menos aburrido.
— Ah sí, ¿cómo podría olvidarlo? — el chico ciego arrastró las palabras. — "Harry Potter, el héroe de todo el mundo" No hay problema demasiado trivial para nuestro chico maravilla.
— ¿Cuál es tu maldito problema, Malfoy? - Harry se estaba enojando, aunque no estaba seguro si más consigo mismo o con el Slytherin. ¿Qué diablos se había apoderado de él para ofrecerle su ayuda a ese imbécil?
— ¿Mi problema? Mi problema es que te estás entrometiendo donde no te necesitan y, de hecho, estás interrumpiendo mi trabajo. Ahora, si me disculpas, tengo que estudiar. Ve y salva a una damisela en peligro si estás tan ansioso a ayudar.— Y con eso, Draco se giró de nuevo a su libro, regresando a la página que se había cambiado mientras discutían y dejó que se reanudara la lectura.
Harry salió corriendo.
Al día siguiente, sin embargo, estaba de regreso. Se dijo a sí mismo que era para obtener aquellos libros adicionales que necesitaba para su ensayo y que de hecho, ese era el caso. Ignoró el hecho de que no necesitaba estrictamente estar merodeando en calcetines alrededor de esa esquina, zapatos en mano, con el fin de lograr ese objetivo. Harry no estaba completamente seguro del porqué estaba ahí, pero después del intercambio de ayer, estaba curioso por investigar y ver cómo se las arreglaba Draco. No había visto mucho a su antiguo némesis después del accidente: primero se había ido, y después se había reservado en gran medida. Ya no se burlaba más de Harry y sus amigos, ni hablaba con nadie en lo absoluto, a menos que fuera llamado directamente por alguno de los maestros. Pero parecía que de alguna manera estaba compensando – había regresado a la escuela totalmente al día con el trabajo atrasado, estaba preparado para cada clase, y raramente Harry lo veía pedir ayuda con… cualquier cosa. ¿Pero cómo lo hacía?
Se deslizó hasta la pequeña sala determinado a no ser descubierto aquella vez, pero cuando llegó, se dio cuenta que no debió haberse molestado con el sigilo. En vez de estar descansándola en su puño, esta vez, la cabeza de Malfoy estaba descansando sobre la mesa. Sus ojos estaban cerrados, y parecía completamente ajeno al tono monótono del libro de Historia abierto frente a él. Al parecer, el aburrimiento había resultado ser mucho ese día, y aquello le dio una idea a Harry.
Entró en la sala, apuntó su varita al libro y susurró "Finite incantatem". La voz se detuvo. Después, sacó una silla cuidadosamente, y poniendo su mochila en el suelo lo más silencioso que pudo, se sentó y esperó a que el otro chico se despertara. No tomó mucho tiempo; aparentemente era un creyente de las siestas cortas.
El rubio se enderezó con un quejido, se frotó los ojos somnolientos y, mientras se percataba del silencio de la sala, buscó a tientas al ahora callado libro.
— Estúpido encantamiento- gruñó Draco.
Harry lo interrumpió antes de que el otro chico reactivara el hechizo.
— ¿La Increíble Voz resulta muy emocionante hoy?
Draco saltó, su cabeza girándose a toda prisa hacia la dirección de Harry.
– Potter, ¿qué diablos estás haciendo aquí? Idiota, casi me diste un infarto.
Harry se encogió de hombros, olvidando que el otro no podía verlo.
— Estaba cerca, te vi dormitando y vine a repetir mi oferta.
— ¿Estamos con eso de nuevo? Ya te lo dije, yo no…
— Sí, sí, lo sé. Tú no necesitas lástima. Pero tampoco necesitas ser dormido por tus propios libros de textos. Mira, yo también tengo que estudiar para ese estúpido examen. Así que si de todas formas leeré el material, bien puedo hacerlo contigo.
— ¿Por qué no vas con tus pequeños amigos Gryffindor? — soltó Draco.
— Porque Hermione tiene que dirigir una reunión de prefectos esta noche y Ron está afuera con su novia Mandy. Mira, estamos perdiendo tiempo aquí. Yo tengo que estudiar, tú tienes que estudiar, y esta cosa ya es de por sí malditamente aburrida. Por lo menos podemos mantenernos despiertos uno al otro.— Harry no pudo evitar añadir una burla. — Lo hemos hecho anteriormente.
Draco frunció el ceño
— Bien, — reconoció. Empujó el libro hacia donde estaba Harry. — Obviamente no me dejarás en paz. Si estás tan determinado a leer hasta quedar ronco, hazlo. Pero trata de ser entretenido.
Harry sonrió irónicamente mientras tomaba el texto
— Dudo que incluso los gemelos Weasley puedan hacer sonar la guerra gigantes-duendes verdaderamente entretenida, pero lo intentaré— regresó un par de páginas y comenzó a leer— "Después de que el tratado de Snodgrass se firmara en 1769, Olfred el Obusto creó una comunidad cerca del insignificante pueblo de Herringsford…"
Draco comenzaba cada mañana tumbado en su cama, respirando tranquila y deliberadamente, tratando de determinar si en realidad estaba despierto o no. Abrir sus ojos no tenía efecto en su cerebro, por lo que le tomaba varios minutos reconocer que estaba consciente de su cuerpo y consciente de su entorno y, por lo tanto, no durmiendo. Aquella mañana, el frío en el aire lo llevó a la rápida realización, y alcanzó automáticamente su varita, la cual dejaba en el mismo lugar de su mesita de noche cada vez que se acostaba.
Con un gesto rápido, apuntó a su reloj, el cual también había quedado en un preciso lugar a su lado
— "Tempus"— murmuró.
— Seis veintitrés. —le dijo el reloj.
Con un gruñido, se sentó, estirando sus piernas sobre el borde de la cama y puso sus pies en el frío suelo de piedra. Aquello siempre lo despertaba realmente rápido. Moviéndose con cuidado alrededor de su cama encontró su baúl, se arrodilló, sintiendo alrededor su kit de baño, y después, arrastrando sus dedos a lo largo de la pared, se dirigió hacia el pasillo de las duchas. Le gustaba ir temprano, antes de que hubiera mucha competencia por el agua caliente.
U otros para mirarlo.
Una vez que los medimagos habían determinado que no iba a mejorar ni empeorar, y que habían tratado los dolores que podrían persistir, Draco había sido enviado a casa con un tutor para aprender habilidades compensatorias. Cómo moverse. Cómo utilizar mejor sus sentidos restantes. Cómo encantar a los textos para que pudiera leerse en voz alta para él; un encantamiento parecido era utilizado en etiquetas especiales cosidas en su interior para que se describieran a sí mismas. Cómo cortar los ingredientes de pociones sin perder sus dedos, apuntar su varita con una relativa precisión, y una multitud de otras habilidades que necesitaba para terminar sus estudios y sobrevivir en el mundo real. Resistió tanto como fuera posible, cualquier cosa que requiriera la ayuda de otra persona. Un Malfoy no pedía ayuda; un Malfoy no confiaba en nadie que pudiera fallarle. Había estado en contra a demostrar debilidad toda su vida, ciertamente no iba a comenzar ahora. Sobretodo cuando su padre había perdido casi inmediatamente el interés en él.
Ya no estaba destinado al Señor Oscuro o a cualquier posición de poder ahora que Lucius lo consideraba deficiente y débil. Al parecer, no había más uso para su hijo. Cuando el mayor de los Malfoy estaba cerca, era tan cortés como cualquier miembro del personal médico lo era, pero eso era todo. Draco estaba determinado a probar que aun era capaz, como mago –como persona— sólo para mentalmente hacer que el hombre que lo había rechazado se tragara sus palabras. La pérdida de los objetivos de su futura carrera le molestaba menos; realmente nunca le había dado una oportunidad al asunto y ahora que la tenía, no podía pensar tan lejos. Su mente estaba muy enfocada en regresar sobre sus pies y alejarse de todo el mundo.
Tan pronto como pudo manejarlo, se desprendió de los brazos de su madre y de Edin, el sirviente humano que había sido contratado para atenderlo (los elfos domésticos eran demasiado pequeños para guiarlo). Para distancias cortas – como su habitación y el pasillo hacia el baño— era capaz de navegar por su propia cuenta con pasos mesurados, a veces con una mano apoyada en la pared. Para viajes más largos le habían dado un Indicador había sido caro, pero tan pronto como el tutor para sus habilidades le había mencionado su existencia, él había exigido uno.
— ¿Qué voy a hacer, encontrar a alguien que me lleve a todas partes en Hogwarts, cómo un niño que no ha aprendido a cruzar la calle? — replicó una noche en la cena.
— Sí Draco, pero cariño, un mago es mucho más fiable,— respondió vacilantemente su madre. —¿Qué pasa sí… esa cosa "Indicador"… se le olvida algo?
Se volvió hacia la voz de ella
— ¿Sabes cuántas veces Enid se ha olvidado de mencionar un pequeño paso hasta donde las piedras son desiguales o, peor aún, bajo algo colgando? Mis compañeros de casa harán lo mismo; déjame con Crabbe y Goyle y bien puedes romperme el cuello desde ahora. ¿Por qué crees que ese es el costo del Indicador? Mi tutor dice que es el mejor.
Su tutor resultó estar en lo correcto. Con algo de práctica, sobretodo para ganar confidencia y confiar en el dispositivo, pronto fue capaz de viajar más a cualquier lugar que quería por su propia cuenta, ya fuera dándole direcciones, o, en situaciones más familiares, simplemente indicando el destino. El Indicador, una pequeña esfera del tamaño de una naranja, flotaba justamente enfrente de él a la altura de la cabeza, y estaba hechizado para sentir obstáculos, escaleras, cornisas y cualquier cosa que pudiera intervenir con su habilidad para moverse con seguridad. Le decía dónde girar, inclinarse, deslizar sus pies, cuándo alcanzaba la parte superior o inferior de las escaleras, o cuándo necesitaba hacer una pausa abrupta para el sentido contrario o interceptar el tráfico, o cualquier peligro. Sólo necesitaba tocarlo con su varita y murmurar el encantamiento adecuado para activarlo cada vez que quisiera ir a algún lado, y después exponer claramente su siguiente dirección, según fuera necesario. Aunque no podía verlo, sabía que el Indicador brillaba un poco cuando estaban en movimiento, como un medio de alerta para otros viajantes alrededor de ellos; esto eliminaba prontamente la necesidad de Draco de detenerse para esquivar a cualquiera, incluso aquellos que no tenían idea de qué hacía el dispositivo, por instinto lo esquivaban. No le gustaba así la publicidad de sus movimientos, pero, con la alternativa de ser independiente de otros para guiarlo menos fiablemente, lo aceptaba a regañadientes.
La prueba vino en Enero, cuando las fiestas navideñas terminaron y regresó a Hogwarts por primera vez desde el accidente. Como su lesión había pasado en mitad de Noviembre, el resto del semestre otoñal lo había pasado primero en el hospital, y después en casa aprendiendo cómo sobrevivir en su nuevo mundo oscuro. Draco había insistido en seguir con su trabajo; la situación ya era de por sí mala en su mente – se negaba a empeorarlo incumpliendo en la escuela y arriesgarse a repetir el año. Por lo tanto, tutores adicionales le llevaron la tarea cada semana tan pronto como sus habilidades compensatorias fueron lo suficientemente fuertes. El mismo profesor Snape había hecho algunas visitas; hacía fabricar a Draco las más importantes pociones, después se iba a socializar con el mayor de los Malfoy durante la cena. Draco comía en su cuarto tan seguido que podía salirse con la suya.
Por lo tanto, la primera vez que bajó del tren después de las fiestas navideñas, estaba esencialmente en plena forma en la mayoría de sus materias, y teóricamente armado para enfrentar la mayoría de las cuestiones; sin embargo, enfrentar la realidad de su nueva vida en Howgarts fue bastante diferente.
Húmedo, pero sin gotear, vestido en una bata de baño, Draco regresó a su dormitorio y fue a su armario. Jaló de la puerta derecha abriéndola y tomó la camisa de su uniforme que estaba colgada de ese lado.
— "Blanco. Excelente"— le dijo la etiqueta después de haber murmurado el encantamiento adecuado. Aunque en realidad no tenía muchas dudas de haber tomado la camisa correcta —conocía bien cómo era organizada su ropa, al igual cómo se sentían en su mano— al slytherin en él no le sorprendería que sus compañeros de casa se hubieran metido y hubieran cambiados sus cosas, sólo como una pesada broma. Sacó su pantalón, una corbata, su "Gris. Verde limpio" chaleco, su capa de Hogwarts y su ropa interior, después se vistió rápidamente.
— Tu cabello necesita peinarse—le regañó su reflejo; había un espejo en la parte interior de la puerta del armario.
— Sí, sí— gruñó, tanteando alrededor en busca de su cinturón —Dame un minuto— le tomó unos momentos terminar de pasárselo alrededor y luego acomodar su húmedo cabello; la memoria muscular se le daba muy bien.
— Mucho mejor—fue la respuesta de su reflejo. Draco deslizó sus manos reflexivamente sobre su capa, checando su apariencia a través del tacto una vez más. El espejo no parecía muy inclinado por dejarlo perdido, pero aun así todavía no confiaba en las opiniones del vidrio. Sin embargo, era todo lo que tenía, dada la alternativa – preguntarle a sus compañeros de casa todas y cada mañana si lucía bien, como un niño necesitado, o peor, una chica vanidosa. No gracias.
— Accio Indicador—extendió su mano y sintió la suave esfera cayendo gentilmente sobre su palma. —Tendo— le dijo. Hubo un ligero zumbido al activarse el dispositivo y sintió la ligera brisa mientras se elevaba para colocarse en su posición habitual, frente a su cabeza —Gran Comedor.
— Adelante.
Fue hacia afuera de la puerta (Gira a la izquierda). Casi no necesitaba el objeto para encontrar el camino al más frecuentemente cuarto visitado. Estaba haciéndose bueno en mantener un registro mental de cuántos pasos, cuantos escalones, y cuándo sería la siguiente vuelta. Pero aun así, dependía de él para que le advirtiera de los escalones desvanecedores, obstáculos dejados por Peeves en el suelo, y otros peligros. Sin embargo, el viaje de aquel día hacia el desayuno no tuvo incidentes. El Indicador lo dirigió hasta el final de la mesa de Slytherin donde regularmente se sentaba, y tomó su asiento habitual sin fanfarria.
— Tienes huevos revueltos en frente de tu mano izquierda, tostadas encima de tu plato, y muesli justo a la derecha del plato.— le dijo Blaise — Oh, y la tetera está aquí…— Draco escuchó oyó un golpe seco al ser colocada la tetera a su derecha —por tu codo derecho.
Esta era un área donde Draco se había visto forzado a pedir ayuda; sin una persona que se lo dijera, no tendría exactamente idea de que se había servido, o dónde estaba en la mesa. Los elfos domésticos tenían muchos hábitos, pero aún así no ponían los platos en el mismo preciso lugar cada día ni servían la misma comida y, de todas formas, las cosas eran movidas alrededor por otros estudiantes antes de que él llegara.
Blaise y Pansy eran los más confiables en esa área; después de dos mañanas de "La leche está por acá" de Crabbe y Goyle, había dejado de preguntarles.
— Gracias— murmuró todavía odiando el tener que pedir ayuda por cualquier cosa. Tomó algo de comida y comió en silencio. Podía escuchar a sus compañeros llegar a la mesa, bostezar y parlotear antes de su primera clase, pero él no se unió. Dónde él había sido el reconocido líder de la Casa, sabía que ahora era visto como nada más que un rey caído; para una Casa que todo era acerca del poder, ¿qué podía hacer un estudiante ciego por ellos? Tampoco quería su lástima y desdén porque no podía volar; porque había perdido su puesto de oro en el equipo. Sus antiguas y llamadas amistades en realidad nunca habían estado tan cerca, se dijo a sí mismo –más socialización por defecto, o parte del interminable juego de poder.
Y ni siquiera pensaba sobre las relaciones románticas. Al igual que con su carrera, había crecido sin pensar que tendría mucho qué decir sobre su futuro; los Malfoy generalmente se casaban por razones de política, no de amor. El hecho de que Draco era gay no había disuadido a Lucius en lo más mínimo; después de todo, siempre habría amantes. Pero a pesar de que su ceguera había comprado su libertad, era un punto muerto; no podía imaginar a alguien queriéndolo ahora.
Era mucho más fácil alejar a todos antes de que pudiera ser rechazado. Se alejaba, vivía lo más normalmente posible, y hacía su tarea por su cuenta.
Bueno, hasta el día anterior, de todas formas. Draco se dijo a sí mismo que lo había hecho sólo para callar al Gryffindor, pero tenía que admitir que había sido sorpresivamente agradable estudiar con Harry; tenía una buena voz para leer. Y aunque la inicial pelea se había sentido bien –no habían discutido así desde… Antes. Fue, tal vez, lo más normal que alguien lo había tratado hasta ahora, inclusive si el tema tenía que ver con él. Sin embargo, sus desacuerdos subsecuentes habían sido mucho más ordinarios, discutieron sobre el texto y la relativa importancia sobre ciertas eras en su preparación para el examen de Binns.
Terminado el desayuno, echó el asiento hacia atrás.
–Tendo… Pociones— le dijo a su Indicador, girando automáticamente hacia la derecha, donde estaban las puertas. Al menos aquél día empezaría con una materia que disfrutaba, a pesar de que –como con todo lo demás— era mucho más difícil para él ahora.
Notas de traductora
* Thomas Moore fue una gran figura literaria y filosófica de la época del renacimiento en Europa, escribió una de las obras más importantes de la literatura renacentista y que trajo consigo grandes movimientos: Utopía. Todos hemos escuchado por lo menos una vez hablar sobre lo que es un mundo utópico, pues bien, de él viene la idea. Es un libro que les recomiendo mucho.
** Bedtime story. Así se llama en inglés a los típicos cuentos que les leen los padres a sus hijos antes de que duerman, en México he escuchado que se les dice "cuentos de buenas noches", pero no es un cuento en especial, simplemente así se le llama a esa acción de leerles cuentos a los niños por las noches.
*** Twenty questions. (Veinte preguntas) Era un concurso radiofónico y después televisivo de preguntas y respuestas muy famoso de Estados Unidos en los años 40, no conozco mucho sobre la materia pero fue tan exitoso que también se extendió a Reino Unido y Canadá.
Notas de traductora
Hola a todos, lamento la demora pero por fin está aquí el capítulo 2 XD
Una vez más le agradezco mucho a mi querida Beta (Caro XD) por ayudarme tanto ya que sin ella sufriría de terribles migrañas hehehe. También les doy las gracias a ustedes por leer y a los que se toman la molestia de dejar un comentario; siempre suben el ánimo y es muy bueno saber sus opiniones.
