Shaman King : Aomori Blues

Capitulo II

Abatido cielo con hermosos colores, preludio del anochecer, las aves permanecían mudas, como si respetaran aquel momento y simplemente eran testigos de aquellos seres humanos que intentaba despojarse de sus miedos y rencores.

Respirando hondo, Yohmei abrió sus ojos y miró a sus manos. Había meditado toda aquella tarde, sin embargo sus pensamientos vagaban hacia otra persona. A pesar de saber qué debía hacer, a pesar de sus numerosos viajes esta vez era diferente. La aparentemente olvidada y conocida sensación de tristeza había vuelto, envolviéndole como una pesada y fría capa. Recordándole todas las despedidas abruptas que había experimentado, pues la muerte para el como shaman era el hasta luego.

Nunca se trataba del adiós eterno, mas sin embargo dolía, como un puñal lentamente clavado en su pecho. El padre a temprana edad, la madre en plena adolescencia y luego los hermanos. Ahora entendía perfectamente la desesperación de su tío. Mas allá del deber también estaban los sentimientos paternales que su tío disfrazaba bajo una máscara de inflexibilidad. En parte, eso le recordaba a Kino.

Levantó su mirada y vió a Matamune sentado en el techo, enfocado en su libro de poemas, tan ensimismado, que las aves no se alejaban de él. Matamune buscaba una respuesta, eso había dicho varias veces. Incluso el mismo intentaba responder a las suyas, viajando, entrenando, experimentado la rigurosidad y la belleza de la naturaleza.

-Supongo que ya es hora…

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-Kino-sensei ha estado encerrada toda la tarde en su habitación. –dijo una de las aprendices a Ryuken mientras éste apenas llegaba a la entrada. – Yohmei-dono ha estado meditando toda la tarde en el jardín.

-Ya veo. Así que ese idiota esta concentrado en esto. – dijo Ryuken con satisfacción.

-¡Por favor deben darse prisa! –dijo Sayuri detrás de Ryuken. Gumakura estaba con ella.

-Yo apenas puedo ver a un espíritu, los únicos que pueden en este asunto son ellos dos. –dijo Ryuken a Sayuri.

-¿Qué sucede aquí? –dijo Yohmei saliendo de la casa.

-¡Es mi hermano, se lo han llevado! –dijo Sayuri arrodillándose ante Yohmei y llorando amargamente.- Por favor, sálvenlo.

-Levántate. –Dijo Yohmei ayudando a la chica.-Dime que sucedió.

La chica lloraba y apenas podía contenerse.

-Me dijo que esos oficiales se llevaron a su hermano. Este trató de derrotarles con su bokuto, pero cayó al suelo desmayado. –dijo Gumakura.

-¿estaba el Teniente con ellos? –inquirió Yohmei a Sayuri y ella asintió.

-Es obra de ese hombre, sin duda alguna. –dijo Matamune.

-¿Qué vas a hacer, Yohmei? –dijo Ryuken.

-Obviamente voy a ayudar al chico, Tío. –dijo Yohmei como si el asunto fuese muy obvio.

-Me refiero a lo demás. No solo es un gaijin, es un shaman. No sabes que tan fuerte puede ser. Y tú tienes solamente a Matamune. Sin mencionar lo que planeas acometer en aquel lugar.

-Tío…¿acaso…?-murmuró Yohmei teniendo el presentimiento de que su Tio sabía sobre la situación de Kino.

Ryuken sonrió. –Tienes la potestad de hacer lo que creas conveniente y Matamune está bajo tu custodia. Pero recuerda que si no tienes cuidado, esas almas pueden perderse.

Yohmei asintió muy serio. –No le defraudaré, Tío. –dijo y se dirigió a Gumakura. -¿crees que puedas echarnos una mano?

-Por supuesto. A eso he venido, es mi deber como oficial y como japonés que soy. –Señaló a su espalda, un camión estaba preparado para salir- Por eso traje mi camión.

-Pero, ¿a dónde piensa dirigirse, Yohmei-dono? –inquirió Matamune

Yohmei iba a responderle cuando escuchó unos pasos provenientes de la casa.

-Osore-san indudablemente…-dijo Kino saliendo de la casa mientras se apoyaba en su bastón y en su mano libre sostenía su rosario. Parecía lista para salir, a juzgar por su kimono blanco.

-¿Osore? –dijo Gumakura un poco inquietado aunque intentaba estar calmado. Ryuken sonrió.

-Perfecto. Ustedes dos traigan al chico de vuelta mientras preparo un escondite por si algo malo ocurre. –dijo Ryuken.

Gumakura se fue hacia el camión y Sayuri iba detrás de el. Ryuken le dirigió una mirada alentadora a su sobrino, deseándole suerte y en silencio vio cómo Kino, Matamune y Yohmei se subían a la parte posterior del camión. Sayuri estaba sentada al lado de Gumakura en la parte delantera.

-Te prometo que en cuanto resuelva el problema con ese hombre te ayudaré con eso. –dijo Yohmei mientras el camión se balanceaba en el camino.

-Hay posibilidades de que fallemos y su espíritu se resista. –dijo Kino.-además no tengo la preparación necesaria. Llevo muy poco tiempo en esto.

-Estamos en desventaja, pero probablemente algo se nos ocurrirá. Lo importante es no tener dudas en nuestros corazones. Si dejas que eso te altere, no tendrás el temple necesario para fortalecer tu alma. –dijo Yohmei.

-Supongo que detrás de lo tonto que pareces, eres bastante inteligente…-dijo Kino sonriendo.

Yohmei se rió animadamente. –Eso es un cumplido, ¿verdad? Entonces yo debo de suponer que detrás de tu seriedad también hay espacio para un poco de humor.

-Un humor ácido, en todo caso. –dijo Kino con una mueca.

oooooooooooooooooooooo

Ya de noche, el camión había detenido su viaje en las afueras del templo, todos bajando del vehículo.

-Ustedes dos quédense aquí. –dijo Yohmei a Gumakura y Sayuri.

-Pero…-empezó a protestar la chica.

-No seas impertinente. –dijo Kino. –No es un asunto que puedas tratar.

-Supongo que es así como debe ser. –dijo Gumakura mirando hacia la montaña. –Tengan cuidado.

Unas pisadas rápidas alertaron al grupo. De entre la oscuridad salieron los dos soldados que acompañaban al oficial Collins apuntándoles con sus rifles.

-¡¿Dónde está? –dijo uno de ellos.

-¡Ustedes tienen a mi hermano! –dijo Sayuri y los oficiales miraban a la niña y a Yohmei. Gumakura parecía saber algo de ingles y los oficiales quedaron algo desconcertados al oir sus palabras pero no desistieron en apuntarle.

-Creen que atrapamos a su amigo y les hicimos algo. –dijo Gumakura luego de que los oficiales le gritaran.

-No hay tiempo para esto. –dijo Yohmei uniendo sus dos manos.- ¡Shikigami!

Los soldados intentaron dispararles pero con la velocidad de los shikigamis sus armas volaron lejos de ahí. Yohmei cargó a Kino y se alejó corriendo hacia la montaña.

-¡Te lo encargo, Gumakura! –gritó Yohmei mientras se alejaba con gran velocidad acompañado de Matamune.

-Ese cretino flacucho tiene mas fuerza de lo que parece…-dijo Gumakura sorprendido.

-Gumakura-san…-le interrumpió Sayuri mientras volteaba y los oficiales sacaban cuchillos.

-A un lado señorita. –dijo Gumakura sacando su arma y quitándole la carga que llevaba ante el asombro de los soldados. Luego de quitarle las balas se la dio a Sayuri, junto con su sable.

-Esto será interesante. –dijo Gumakura apartándose y en guardia al tiempo en que los rivales se lanzaban a atacarle.

oooooooooooooooooooooo

Yohmei se detuvo y dejó a Kino en un pequeño claro en la montaña, a pesar del esfuerzo no parecía estar mas que enfocado en aquella energía que rodeaba a aquel chico que yacía sentado junto a una roca, cabizbajo y con un palo en su mano derecha. No obstante, habia otra presencia que rodeaba el lugar con una clara intención de ataque. Yohmei y Kino mantuvieron sus posturas, la tensión creciendo en cada momento. Kino no podía ver pero el carecer de su vista hacía mas notable la percepción a través de sus otros sentidos. Su respiración se agitaba y sus oídos se agudizaban, su corazón palpitando con gran efusividad, su mente luchando por el equilibrio, recordando el consejo de Yohmei.

-Bienvenidos.

Yohmei frunció su mirada y Matamune también, pero no se movieron de donde estabam. Kino apretó su rosario con frustración aun cuando su rostro no denotara mucha inquietud.

-Teniente. –dijo Yohmei adoptando una máscara de cordialidad. – Que interesante el verle por aquí.

Brightman se veía distinto, la sonrisa amable parecía ahora una mueca torcida, de sus ojos se desprendía un brillo de energía rojizo.

-Lo más interesante son las artes shamanicas de ustedes. Y este sitio que atrae a tantas almas, muchas con gran potencial de convertirse en mis acompañantes. –señaló a Yamato, quien yacía a su lado.- tuve la suerte de toparme con este mocoso y con éste espiritu…

-No puede ser…-murmuró Kino al percibir la presencia espiritual que rodeaba al chico. Las imágenes de un demonio desfigurado se mezclaban con las de su fallecido esposo en su mente. La rabia y la amargura quemaban su pecho y tuvo que refrenar un impulso súbito de usar su poder espiritual para atacar, mas sin embargo profirió una maldición, su rostro afectado por la rabia.

-uhm…debo admitir que incluso con ese rostro y esa intención de muerte, luce hermosa, Kino-san. –dijo Brightman.

-¡Suficiente! –Exclamó Yohmei – Esta es tu última oportunidad.

-No me haga reír, Asakura-san. –dijo Brightman sacando su arma. – Está en clara desventaja.

-Yohmei-dono…el chico…-murmuró Matamune mientras Yamato se levantaba lentamente, posesionado sin poder resisitirse ante el control del Teniente Brightman.

-Lo está usando como herramienta de posesión. –dijo Yohmei.

-Exactamente. Fue un poco difícil pero supongo que aun hay mucho qué aprender. Lo unico malo es que con sus presencias, el plan se me sale un poco de las manos. Asi que…-dijo apuntándoles mientras una mujer vestida de negro aparecía detrás de el.- Debo limpiar el rastro. Gomen nasai.

-Yohmei-dono…-murmuró Matamune.- Estoy listo para lo que tenga planeado.

-Yo me ocupo de Yamato. –dijo Kino con resolución- Es mi deber.

Yohmei asintió al ver su mirada concentrada –Matamune, quédate con Kino. Necesitará alguien que le escude de sus ataques. –dijo e invocó a decenas de shikigamis que se desprendieron de las hojas, escudándolo contra los disparos de aquel hombre mientras corría directo hacia él para atacarle.

-¡Estás demente! –rugió Brightman mientras Yohmei lo empujaba hacia la ladera y ambos caían estrepitosamente. Yohmei se repuso de la abrupta caída, pero de su frente manaba un pequeño hilo de sangre.

-Bastardo…¿Qué demonios pretendes? –le dijo el otro molesto y apuntándole con su pistola mientras se levantaba. Decenas de shikigamis rodeaban a Yohmei escudándole.

-Deja ir al chico. –dijo Yohmei.

-Imposible. Solo se detendrá cuando agote su energía. –repsuso el otro.

Yohmei apretó sus dientes, furioso. Si eso pasaba, el chico podria morir y el espiritu se corrompería aun más. Y a ese paso seria casi imposible remediarlo.

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El ruido de una lucha y de percibir varios espíritus agitándose se sentían distantes en sus oídos, como el viento lejano que provenía del norte. Lentamente fue sumergiéndose en un espacio atemporal, donde varias voces disonantes murmuraban, su propia voz sonaba con palabras que expresaban sus sentiemientos de dolor y angustia.

El sonido reverberante de las bombas retornó en ese espacio, trayéndole imágenes de aquel cielo mancillado por el humo y el fuego de las explosiones, los gritos que desgarraban el aire y las últimas imágenes que se habían grabado en su corazón como un hierro caliente pegado a su piel. Súbito dolor, pérdidas que nunca imaginó, ni en sus más terribles pesadillas.

Perder a una familia, ver cómo se queman en frente tuyo, recordar las miradas de horror de su esposo, de sus pequeños, sentirse aun más débil e impotente.

Hasta que todo se apagó. Como la flama de una vela a la que el viento le arrebató su oxígeno para seguir adelante. ¿era aquella la muerte?

No, simplemente era su destino. Lo había aceptado con amarga resignación cuando ya el odio no le devolvería nada de lo que había perdido.

Lo importante es no tener dudas. Si dejas que eso te altere, no tendrás el temple necesario para fortalecer tu alma.

Las palabras de Yohmei brotaron de los confines de sus pensamientos, como si fuese una pequeña luz encendida en medio de un extenso túnel.

No dejaría que se tornara en un demonio, salvaría a sus espíritus, era lo único que le restaba. No permitiría ver a mas personas morir en frente suyo.

La luz se tornó mas fuerte, dos pequeños aparecieron delante de Kino, sus rostros sonriendo con inocencia, ambos unieron sus manos y le entregaron un molino de papel.

-Sálvalo, por favor… madre. –dijo uno.

-Sabemos que lo harás. –dijo el otro.

-Por supuesto que sí niños. –dijo Kino sosteniendo el molino y dedicándoles una sonrisa- Les prometo que todos descansarán en paz.

Matamune se detuvo mientras Yamato caía al suelo, corriendo para cerciorarse de que estaba vivo.

-Lo ha logrado Kino-san…-dijo Matamune pero al volverse hacia ella, un espíritu estaba de pie ante ella y Matamune volteó su mirada en señal de respeto.

-Finalmente te he recuperado, Kenji.

-Yo…no sabía lo que estaba pasando…no lo recuerdo…-dijo mirándole. –Kino…tus ojos…

-No te preocupes. A pesar de esto, puedo verte. De una manera diferente…-dijo ella con una leve sonrisa.

-Lo siento…no sabía. Solo quería matarlos, matar a aquellos que habían destruido nuestra felicidad. –dijo aquel hombre con lágrimas en los ojos.

-No puedes seguir aquí lamentando el pasado. Debes cruzar el camino. –dijo Kino con amargura.

-Entiendo. Ahora entiendo lo que decías antes…-dijo Kenji con una sonrisa triste.

Un disparo hizo eco en la montaña, Matamune asomándose a la ladera y exclamando algo.

-Yohmei…-murmuró Kino.

-Ve y ayúdalo. –dijo Kenji- Date prisa.

Kino se quedó percibiendo la presencia de kenji por un instate antes de que ella y Matamune bajaran por un trecho que giraba hacia abajo. Cuando llegaron, se toparon con Yohmei en un lado, em el otro el Teniente Brightman a los pies del oficial Collins, herido en el pecho. El disparo que había sonado provenía del arma del oficial, quien inexplicablemente había atacado a su propio superior.

-Rápido. ¡Váyanse! –gritó éste.

-¡¿Por qué lo has hecho? – demandó Yohmei pero el silencio de aquel oficial se prolongó.

-Yohmei…-dijo Kino acercándose a él y tomándole.-debemos irnos.

Yohmei siguió a Kino mientras el oficial miraba a su superior moribundo con desprecio y tiraba su cuerpo por el hondo precipicio.

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Gumakura se reía mientras los soldados americanos yacían en el suelo, rogándole para que ya los dejara en paz.

-Son un par de debiluchos. Creía que entrenaban mucho pero se cansan rápido, jeje…

-Sed…cansado…no más…por favor…-dijo uno balbuceando cosas en japonés e inglés.

-Ya basta, soldado. –dijo Collins mientras llegaba cargando a Yamato, quien estaba inconsciente. Matamune los había acompañado silenciosamente durante el camino. Sayuri podía verlo, pero el le pidió que guardara el secreto.

-Ellos vendrán luego. –dijo Collins a Gumakura mientras llevaban a Yamato al camión.

-Pero creí que…-murmuró Gunakura y se silenció al ver la expresión escueta del oficial americano quien se prestó a atender a sus propios compañeros.

-señor gato…-dijo Sayuri mientras ellos no les miraban.

-Me puede llamar Matamune, señorita. –dijo Matamune sonriente.

-Matamune-san ¿que les paso a Kino-san y al señor? –pregunto ella preocupada.

-Ya bajarán de la montaña. Están bien, no te inquietes. Solo ocúpate del muchacho. –dijo Matamune.

Era aquella una noche de Luna llena, mientras el frío era mas fuerte, Yohmei decidió esperar a Kino mientras veía como ella se despedía de su familia. Sin embargo, no estaba preparado para ver a esos espíritus saludarle, los niños sonrientes y el señor Kenji inclinarse levemente antes de aproximarse a él.

-Te encargamos a Kino.

Yohmei se inclinó y en su silencio demostraba lo significativo de aquel compromiso. Kenji se alejó de el, junto con sus hijos, mientras una luz brillaba por encima de sus rostros, la misma que él había visto el día que murió su madre en Izumo. Bajó su mirada, mientras el viento soplaba con gentileza y Kino de espaldas bajaba su cabeza mientras trataba de esconder su rostro entre sus manos.

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Ryuken los habia esperado en vigilia junto al resto de las aprendices, quienes contentas agradecían a los dioses por el regreso de su sensei. Yamato regresó a su casa aun dormido, con su hermana a su lado y su madre quien se había arrodillado ante Yohmei y Kino y les daba las gracias por salvarle. No volvieron a ver a ninguno de los oficiales de nuevo, Gumakura había oído que los transfirieron a otro lugar.

Finalmente el viaje hacia Izumo podría realizarse sin problemas.

-Todavía estás a tiempo de huir…-dijo Yohmei mientras salían. Ryuken y Matamune iban adelante a paso lento.

-Empiezo a pensar que quieres seguir soltero. –dijo Kino riéndose.

Yohmei esbozó una sonrisa amarga. –Aun cuando te relaté lo de Hao Asakura….

-Es simplemente un pobre hombre, en mi opinión. –dijo Kino muy seria. –Un hombre con un corazón débil que se dejó llevar por sus demonios.

Yohmei estaba impresionado. –Supongo que pienso igual en la última parte, pero…el shaman mas fuerte de la historia, incluso él fue quien le dió la forma actual a Matamune. –dijo y suspiró cansado.

-Necesitarás ayuda para manejar esa responsabilidad. –dijo Kino- Además…estamos en la misma situación, ¿verdad?

Yohmei se quedó mirándola por un rato. – ¿Fue por eso que aceptaste? ¿Por la misma razon que yo?

-Es duro seguir adelante sin nadie a tu lado. –dijo Kino con una nota de melancolía. – Además necesitaba una razón para seguir con vida. Algo que construir, algo a lo cual proteger. A pesar de lo sucedido, mi dolor no debe evitarme el continuar la vida que no me ha sido arrebatada.

Yohmei no pudo contestar aquellas palabras, pero las compartía con intensidad.

-Me alegra que mi tío te escogiera. –dijo Yohmei con una sonrisa.

-Eres un hombre con suerte, sin duda alguna. –asintió Kino mientras continuaban su camino. Adelante, Matamune y Ryuken se miraron un instante con satisfacción antes de proseguir su camino hacia el terminal.

/ FIN /

Notas Finales: Bien, en parte el escribir todo esto me recordó al manga de sk, a la parte de osoresan revoir, pero en esencia todo es completamente distinto. Incluyendo a los dos personajes centrales. Fue un poco raro, imaginarme a Yohmei de joven (vamos, casi como imaginarme a mis abuelos jóvenes XD) pero supongo que todo eso encajaría en el abuelo que se ve en la serie con un fuerte sentido de la responsabilidad para con su familia. Y en cuanto a Kino, pues no es tan difícil, un poco del mal carácter de Anna XD y otro tanto de mucha mas seriedad. Aunque con todo lo del asunto del bombardeo, no es para menos.

Lamento no haber escrito más de Matamune, pero el tiempo apremia, y hay mas fics que demandan mi atención.

Y pues, gracias por leer.

Mata ne.