Un suspiro ahogado salió de la boca de aquella chica de cabello rosado cuando los labios de Shota bajaron a su cuello. Enredó sus manos en los negros cabellos despeinándolo un poco mientras lo apegaba más a ella. Otra vez subió a sus labios para besarlos con fiereza.

Shota la tenía aprisionada al cristal mientras la besaba, ella no ponía resistencia alguna y correspondía. Las manos del hombre se encontraban en su cintura y volvió a bajar al cuello arrebatándole un suspiro a esa mujer. Las manos subieron para desabotonar la camisa de la chica y de ese modo obtener más acceso a esa dulce piel. El olor a fresas que tenía ese día casi era tan dulce como el sabor. Le arrancaba varios suspiros que ella intentaba suprimir.

No estaba bien, ellos eran colegas que se odiaban, ella era muy desordenada y el muy estirado en el trabajo.

Las manos de Shota delineaban su figura y ella se aferraba a sus hombros para que el no se atreviera a alejarse. La levantó volviendo a besar sus labios y la acostó en la mesa, sin dejar de besarla metió la mano debajo de su falda y sintió la tela de encaje, media sonrisa surcó los labios de la chica cuando Shota tembló.

Otro gemido se escapó de ella cuando Shota metió dos dedos en ella sin previo aviso, resbalaron rápido dentro y fuera de ella. ¿Que diablos estaban haciendo? ¡Debían detener esa imprudencia!

— ¿Quiere que siga, pequeña Airi?

Ella no respondió, su orgullo estaba por encima de ese embriagante placer que ese hombre la hacía sentir.

Se detuvo haciendo que ella quisiera saltarle al cuello y arrancarle la cabeza, en vez de eso tomó su corbata y lo atrajo a sus labios tomando ella el control del beso, pero el no se quedaría de brazos cruzados y empezó a masajes sus senos a lo que ella siguió frotándose contra el bulto de Shota cada vez más rápido.

Gimió contra sus labios y entonces el cayó en cuenta de lo que hacía, ella llegaría por su cuenta y el no permitiría eso.

— ¿Ya quieres llegar?— ella asintió sin despegar sus ojos de los labios del azabache. El sonrió.

Jugaba con su clitoris mientras desabrochaba su pantalón y de un tirón arrancó las perfectas bravas de encaje amarillo que ella tenía puestas. Entró de un solo golpe haciéndola gemir, tan caliente y estrecha como el imaginaba solo que se sentía mil veces mejor.

Se concentró para no correrse por la abrumadora sensación y empezó a embestirla sobre la mesa donde ella solía subir los pies solo para sacarlo de quicio, ahora estaba siendo cogida ahí, cosas de la vida.

— Es esto lo que te gusta ¿Verdad pequeña Airi? Andar provocando a todos.

Con cada palabra las envestidas eran más fuertes al igual que los gemidos que se escapaban de la boca de Airi, solo un poco más, ella quería más pero su orgullo no le permitiría pedirle más a ese hombre.

— Luego de una buena follada dejaras de provocar a todos.

— He tenido mejores.

Su voz sonó burlona aún cuando gemía. Shota se enfureció y salió de ella dejándola desorientada. ¡No era justo! ¿Acaso iba a dejarla así? Iba a obligarla a terminar ella sola... no terminó su monólogo interno cuando el la tomó del brazo y la atrajo a él llevándola al cristal.

Se estremeció cuando sintió el frío cristal en su piel expuesta. La brusquedad con la que la empujó y aprisionó la puso nerviosa. La mano de Shota fue a su cuello y ella tembló pero el miedo se fue cuando la beso de forma feroz, en el beso se notaba la ira que sentía.

La puso de espaldas y frotó su pene en la humedad de Airi haciendo que su voz temblara, volvió a entrar en ella esta vez con más fuerza. Sin importar el aire acondicionado ambos sudaban y las manos de la chica resbalaban en el cristal.

— Espero que todo Tokyo levante la vista y te vea corriéndote por mi. — dijo en voz ronca, justo cuando iba a protestar un gemido fue lo que salió, más fuerte que todos los anteriores indicando su orgasmo.

Todos sus músculos se tensaron y trataba de recuperar el aliento, su vagina aún apretaba el pene de Shota.

— Que sensible. — dijo en su oído comenzando a moverse otra vez dentro y fuera de ella.

— Cierra la maldita boca.

Otro gemido fuerte junto a la embestida.

— No digas groserías.

La mano que cubría la boca de Airi ahora masajes a su clitoris mientras Era embestida. El orgasmo del chico estaba cerca y las piernas de la chica temblaban.

Se derramó dentro de ella.

Ambos se quedaron en esa posición, ella con la frente pegada al vidrio y el con su frente en la espalda de ella. Jadeando y recuperando la respiración.

Sin decir nada cargo a la de hebras rosadas y la sentí encima de la mesa mientras ambos se acomodaban la ropa. Shota abotonaba su saco y sin darse cuenta Airi ya estaba saliendo por la puerta.

De milagro no se cayó, al cerrar la puerta tropezó y por poco chica con el suelo pero se sostuvo de la maceta que había al lado de la puerta.

Se subió al ascensor esperando que fuese rápido y repasaba lo que había pasado un rato antes ¿como habían llegado a eso? Se suponía que iban a charlar y seguro discutir y largarse uno que otro golpe como cuando eran niños.

Un par de insultos y un acuerdo que ninguno cumpliría. ¡Pero sexo! Era loco, demasiado loco... y bueno.

Sintió algo bajar por su pierna y maldijo a Shota por correrse dentro.