Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, pero la historia es mía. Fruto de mi puño y mente.
Lo que está escrito en cursiva son conversaciones en la lejanía o conversaciones telefónicas.
Lo que está escrito "entre comillas" son los pensamientos de el/la protagonista.
En esta historia los personajes son humanos.
.-...-...-...-...-...-...-...-...-...-...-...-.
Capítulo 2. UNA CITA DE ENSUEÑO.
Ya eran las cinco y media de la tarde y en media hora tenía la cita con el chico misterioso. Estaba de lo más nerviosa, esperando que apareciera el coche que me iba a llevar al restaurante. Aun no sabía quien vendría a buscarme, si el chico misterioso o su guarda-espaldas.
Yo esperaba que llegara un coche, pero lo que se detuvo ante mí fue una enorme limusina. Supe que era para mí, porque de la limusina se bajó el guapo guarda-espaldas.
Bella, que había estado a mi lado hasta ese momento, me abrazó, besó mi mejilla y entró en casa.
- Buenas tardes, señorita Renesmee.
- Buenas tardes. ¿Voy vestida adecuadamente? - dije, dando una vuelta sobre mis talones. - ¿O voy demasiado vulgar?
Después de mucho buscar por mi armario, me había decidido por un pantalón estrecho de color negro, unos zapatos de tacón blanco, una blusa blanca, con un cinturón ancho de color negro debajo del pecho. No había sabido qué hacer con el pelo, así que decidí hacerme una trenza que me caía por el hombro izquierdo.
- Va per-perfecto. - dijo, mirándome fijamente, tendiéndome su mano. - ¿Está lista, señorita Renesmee?
- Si... Am.. Por cierto... ¿Como se llama?
- ¿Se refiere a mí?
- Si. Usted conoce mi nombre, pero yo no conozco el suyo.
- Me llamo Jacob. - dijo, sonriendo.
- ¿Y a donde me a llevar, Jacob? - cogí con fuerza mi bolso de mano y me dejé llevar hacia la limusina.
Una vez dentro del coche, me pasé todo el viaje hablando con Jacob, que era muy simpático y agradable.
Me estuvo contando que el chico misterioso había estudiado antropología, al igual que él, y compaginaba su trabajo en el museo con otro que no me quiso contar.
Se quedó bastante sorprendido cuando le dije que tenía diecisiete años y que ya estaba en la universidad. El psicólogo del instituto decía que era superdotada y había comenzado la universidad casi dos años antes de lo habitual. Estaba a punto de cumplir los dieciocho y estaba terminando segundo de psicología.
- Ya hemos llegado. - dijo, en cuando la limusina se detuvo. - Vamos. Ha llegado la hora.
Jacob salió primero del coche y me cogió de la mano para ayudarme a salir de la limusina. Me di cuenta de que no estábamos frente a un restaurante, sino frente a una enorme y preciosa mansión.
- ¿Qué es esto? ¿Me has traído a su casa? - dije, mirando a Jacob. - Porque me da un poco de mal rollo.
- No, tranquila. Es un restaurante. - dijo, llevando su mano sobre mi hombro.
- ¿Esto es un restaurante? - exclamé, sorprendida.
- Uno muy exclusivo.
- Pues parece una casa.
- Creo que alguna vez lo fue. Ese es su encanto.
- No me puedo pagar un lugar así. No tengo tanto dinero.
- No te preocupes por eso. Vamos.
Jacob volvió a cogerme de la mano y fuimos hacia la parte de atrás de la casa, donde había una magnífica terraza, en la que habían más de diez mesas, todas ocupadas por parejitas.
- ¿Vas a decirme ya quien es el chico misterioso? - susurré, hablándole al oído.
- Él único que está sentado solo. - dijo, sonriendo. - Es el que está en la mesa del fondo.
- De acuerdo. - dije, cogiendo aire. Estaba empezando a ponerme nerviosa. - Puedo hacerlo. - me dije a mi misma.
- Espero que disfrutes de la cena. Y de la compañía. - dijo, dándome un leve empujón, y fui hacia la mesa que Jacob me había indicado.
Cuando llegué a la mesa, me quedé paralizada al verle. Reconocí al chico de inmediato. Era el rostro que aparecía en los posters y las fotos que empapelaban las paredes de la habitación de mi hermana.
Riley se puso en pie, tomando mi mano, y besó el dorso. Yo seguía inmóvil. No me lo hubiera imaginado nunca.
- No sabes cuanto me alegro de que aceptaras quedar conmigo. - dijo, retirando mi silla para que me sentara. - Estás preciosa.
- Gra-gracias. - me senté en la silla y él también. Fue a sentarse. - la verdad es que no sabía si venir. Me lo he estado pensando.
- Y lo entiendo. - dijo, sonriendo. - Un desconocido te invita a cenar y encima no lo hace ni él.
- En esencia.
- ¿Te apetece una copa de vino?
- Preferiría beber algo sin alcohol. - dije, dejando el bolso en la mesa. - Pero gracias por el ofrecimiento.
- De acuerdo. Entonces voy a pedirte un refresco.
- Puedo ir yo. - dije, haciendo el intento de levantarme
- Insisto. Por favor. - dijo, poniéndose en pie.
- Gracias, Riley.
Apenas tardó un minuto en volver con dos botellas de coca cola y me sirvió una en mi copa. Se sirvió un poco de vino blanco y alzamos nuestras copas.
- Por las nuevas amistades. - dijo, sonriendo. Chocamos nuestras copas y bebimos un trago. - Aun no he pedido la cena, porque no sé que es lo que te gusta.
- Gracias, porque odio que la gente decida por mí. - dije, provocando que Riley soltara una risita.
El camarero vino a nuestra mesa y pedimos nuestra cena. No sé que es lo que pidió Riley, pero sonaba muy fino. Yo miré bien la carta y pedí sopa y pollo, de lo más barato que había en la carta. Cuando el camarero se marchó, Riley se me quedó mirando.
- ¿Qué pasa? - dije, empezando a cansarme de tanta miradita.
- Te has pedido lo más barato que había en la carta.
- Es que no puedo permitirme nada más caro. - dije, dando un leve golpecito a mi bolso.
- ¿Y quien te ha dicho que vas a pagar tú?
- No puedo permitir que lo pagues todo. - dije, sonando más borde de lo que había pretendido. - Me sabe mal que lo pagues todo.
- No digas tonterías, Renesmee. - dije, sonriendo de nuevo. Cada vez me gustaba más esa sonrisa. "Ahora entiendo porque le gusta tanto a Bella. Su sonrisa es demoledora." - Te he traído aquí porque quería invitarte.
- Aun así.
- ¿No te gusta que te paguen las cosas?
- En realidad es algo que odio.
- Bueno, otro día me invitas tú y así estaremos en paz. - dijo, poniéndose a reír.
- ¿Me está pidiendo otra cita, señor Pool?
No dijo nada, pero sonrió más ámpliamente.
Cuando nos trajeron la cena, Riley comenzó a hablarme de su ocasional trabajo en el museo, trabajo que muy poca gente conocía. Me encantó oirle hablar sobre ese tema. sus ojos brillaban, no dejaba de sonreír y su voz irradiaba felicidad.
Poco a poco me fui sintiendo mucho más cómoda con él. Siempre había creído que era un engreído, por lo que había leído en algunas revistas de cotilleos, pero le había juzgado sin conocerle, algo que, por cierto, siempre había odiado.
- ¿Te estoy aburriendo?
- No. Claro que no.
- Perdona que no deje de hablar.
- Me encanta escuchar. - dije, apartando un poco la mirada. Me sentía un poco incómoda cuando me miraba a los ojos. - Pero si quieres que hable yo, puedes preguntarme lo que quieras.
- ¿Estás estudiando?
- Si. Estoy en segundo de psicología.
- ¿Y te gusta esa carrera?
- Gustar es poco. - dije, sonriendo. Me hacía muy feliz la carrera que estaba estudiando. - Es muy estimulante.
- Tus ojos brillan cuando lo mencionas.
- Y los tuyos cuando hablas de lo que haces en el museo.
- ¿Quieren postre los señores? - preguntó el camarero, que apareció a nuestro lado como salido de la nada.
Levanté la vista y me di cuenta de que Jacob estaba a pocos metros de nosotros, vigilando.
- ¿Te apetece alguna cosa? - preguntó Riley, acariciando la mano que tenía encima de la mesa.
- No, gracias. No tengo más hambre. - mentí. quería postres, pero aun me sabía mal que lo pagara todo él, por mucho dinero que tuviera.
- Mentirosa.
No dije nada. Riley pidió dos musses de chocolate para llevar y, sin que me diera tiempo a reaccionar, tomó ambas manos y comenzó a acariciarlas.
- Me alegro mucho de haberte conocido. - sonrió ampliamente. - Cuando te vi ayer en el pre-estreno...
- ¿Me viste?
- Me fijé en ti cuando Jon te firmó en el pecho. - dijo, sonriendo aun más, logrando que me sonrojara. - Y cuando te vi perdr el conocimiento, le dije a Jacob que te sacar de allí de inmediato.
- Lo cual os agradezco a los dos.
- Me escapé un rato para visitarte, èrp no pude quedarme por mucho tiempo.
- No pasa nada. Riley.
- Dime.
- ¿Por qué has pedido el postre para llevar? - dije, ahora sin poder apartar la vista de sus hermosos ojos verdes.
- He pensado que nos podríamos comer el postre mientras damos un paseo. - dijo, aun acariciando mis manos. - Si te parece bien, claro.
- Vale.
- Pues vamos.
Aun con nuestras manos unidas, fuimos a por nuestro postre, Riley pagó toda la cena y fuimos dando un paseo hacia un mirador que había cerca.
- ¿Jacob siempre te sigue a todas partes?
- No a todas. - dijo, con una sonrisa, haciendo que me sonrojara. - Pero si que me sigue a la mayoría de lugares.
- Debes de pagarle muy bien. - dije, haciéndole reír, mientras comíamos el postre. - O debe de apreciarte mucho.
- Tanto como yo a él.
- Seguro qu si.
- Me lo estoy pasando realmente bien, Renesmee. - dijo Riley. - La verdad, es que al principio, cuando te vi en primera fila, pensé que serías otra fan alocada, pero sé admitir mis errores.
- Bueno, eso es porque no soy fan tuya. Solo fui al pre-estreno para acompañar a mi hermana.
- Vaya. - dijo, quedándose sorprendido.
- Pero no te equivocas en lo de alocada. Estoy como una cabra. - dije, probocando que estallara en carcajadas.
- Eso también me gusta, junto con lo inteligente que eres.
- Calla. - dije, apartando la mirada. - Vas a hacer que me sonroje.
Riley parecía que no pudiera dejar de reír y yo realmente me estaba sonrojando.
Cuando terminamos de comer nuestro postre, fuimos hacia la parte del mirador, desde donde se veía toda la ciudad iluminada.
Noté como Riley pasaba su brazo por encima de mis hombros. Sonreí, porque noté como lo hacía con cierta duda. Ne dejé llevar por el momento y pasé mi brazo alrededor de su cintura y apoyé mi cabeza sobre su hombro, agradeciendo que nuestra altura era muy similar.
Estuvimos así mucho rato, no sé cuanto, admirando las vistas en silencio. Un silencio nada incómodo, hasta que sentí como Riley comenzaba a besar mi cuello.
- Creo que debería irme ya.
- ¿Por qué? ¿He hecho algo que te haya incomodado? - dijo, mirándome a los ojos. Realmente parecía afectado.
- No. - mentí un poco. - Y por eso mismo debería irme ya. - me aparté de él y retrocedí un par de pasos. - Yo.. me lo he pasado muy bien esta noche, pero... creo que no tiene lógica que continuemos con esto. En fin. Te vas mañana.
- Lo sé. - suspiró. - Pero no puedo dejar que te vayas sin antes despedirme como Dios manda.
Riley se acercó, llevó sus manos a mi cintura y, sin que me lo esperara, me besó.
Me quedé un poco helada en un principio, pero terminé rodeando su cuello con mis brazos y correspondí a su beso encantada. Sus labios eran increíbles, pero no podía continuar con eso. Por mi hermana.
- Tengo que irme. - dije, abandonando sus labios para poder respirar. - Mañana es lunes y tengo clase.
- Lo sé.
- Deberías soltarme.
- Lo sé.
- No deberías besarme así. - dije, sintiendo como comenzaba a besar mi cuello.
- Lo sé.
Busqué sus labios de nuevo, volvimos a besarnos y, después de no sé cuanto rato, nos separamos.
- Tengo que irme. - dije de nuevo.
- Le diré a Jacob que te lleve a casa.
- No hace falta. Iré dando un paseo.
- Entonces le diré que te acompañe.
- No hace falta, de verdad. - dije, deseando marcharme de allí.
- ¿Vas a irte sola? - preguntó, alarmado.
- Gracias por esta noche de ensueño.
.-.-.-.-.-.-.-.
