Solamente un baile

En algún lugar perdido de Inglaterra.

Harry podía escucharla sollozar cada noche desde que Ron les había dejado.

No sabía qué hacer, a veces se debatía entre la rabia y la tristeza, entre querer consolarla y querer desahogar con ella toda la frustración que sentía. Pero no hacía nada de eso porque sabía que el relicario tenía demasiado que ver con sus sentimientos más oscuros.

Se sentó en el exterior y cerró los ojos apoyando la espalda en el tronco de un árbol mientras escuchaba los suaves sollozos de la chica al otro lado de la lona de la tienda de campaña. Agarró una piedra y jugueteó con ella entre los dedos de una mano sin soltar la varita con la otra.

¿Qué más podían hacer?

Llevaban meses deambulando sin rumbo, huyendo de los carroñeros, de Voldemort, de sus secuaces… No tenían ni idea de por dónde seguir buscando, de cómo conseguir destruir el horrocrux, de cómo ponerse en contacto con Ron…

Era incapaz de dormir, cada día más preocupado por los Weasley, por Remus, por Ginny…

Suspiró recordando a la pelirroja y se frotó la cara con las manos , cansado. No podía evitar pensar en ella, a veces con anhelo, otras con la fría indiferencia que da la distancia ¿Qué le ocurría? ¿Por qué dudaba de los sentimientos que la pequeña de los Weasley le había despertado el año anterior?

Un ruido se escuchó a su espalda y se levantó entrando en la tienda.

Hermione estaba sentada delante de la radio mágica, escuchando a Fred dar las "noticias". Sabía lo que hacía, se pasaba horas allí esperando, rezando porque no dijeran el nombre de nadie que conocieran.

Ella levantó la vista durante unos segundos y Harry tragó saliva al contemplar sus húmedos ojos castaños.

Era increíble como ella seguía allí, con él… tan incondicional, tan terriblemente leal. Ni siquiera la marcha de Ron había hecho flaquear a la valiente leona.

Era por esto, se dijo Harry incapaz de mentirse por más tiempo. Era por esto por lo que sentía cada vez más lejos a Ginny. Desde que Hermione y él se habían quedado solos y se habían visto obligados a pasar juntos hora tras hora, algo había cambiado.

Sí, llevaban años juntos pero quizás la situación, el peligro, la soledad… había algo de todo eso que le empujaba hacia ella, como imantado por su presencia.

La voz de Fred desapareció y empezó a sonar música. Harry, como en un sueño del que no era dueño de sus actos, se acercó a la chica y agarró sus manos para levantarla.

Hermione le miró interrogante pero accedió a incorporarse y quedó de pie ante él.

¿Qué estaba haciendo? Harry notó sus propias manos temblorosas cuando rodeó el cuello de la chica para quitarle el relicario que llevaba colgado y lo apartó con cuidado, sintiendo su piel erizarse con el roce suave de su enmarañado cabello. Dejó el colgante en una mesa y tomó de nuevo las manos de Hermione bailando, no demasiado bien, al ritmo de las notas que salían de los altavoces de la radio.

Hermione alzó las cejas y se resistió, pero el chico hizo un mohín y no pudo evitar sonreír mientras dejaba que él la guiara, girando y dando vueltas hasta que finalmente se abrazaron para mecerse suavemente al compás, en un baile de pasos cortos, apenas un balanceo de sus cuerpos que no siquiera se movían ya del sitio.

Harry sintió más que oír el suspiro de la chica, cuyo aliento calentó su cuello cuando ella se apoyó en su hombro, pegándose más a él, como si buscara el consuelo de sus brazos.

Ninguno de los dos sabría decir cuánto tiempo pasaron así, abrazados bajo la lona de la tienda de campaña, con sus corazones latiendo a la par y sus cuerpos entrelazados. Dos amigos que se preguntaban en silencio si acaso no habían cruzado la línea de la amistad.

Aquella noche Harry pudo dormir por primera vez en mucho tiempo y Hermione dejó de llorar.