Capítulo II: Algunas cosas no cambian por más que insistas

Kise sabía lo que era ser acosado y aunque ser perseguido por una horda de fans que variaban desde las más tímidas hasta las más lanzadas no era precisamente de su agrado tampoco se quejaba de ello. Vale, sí se quejaba, pero en el fondo, apreciaba que algunas personas fueran capaces de apreciar su talento y era precisamente por ese motivo que Kise se preguntaba por qué a Aomine le molestaba tanto que estuviera detrás de él todo el tiempo que podía. Es decir, no se veían durante las clases y había dejado de verlo durante el receso, incluso el tiempo que se veían durante los entrenamientos de básquet había disminuido considerablemente en cuanto Aomine dejó de asistir todos los días a las prácticas y Kise pensaba que aquello ya era cruel. Kise se preguntó también si Aomine estaría más feliz si él fuera una chica y tuviera unas bubbies tan grandes como las de Momoi.

Kise se mantuvo alejado unos cuantos días, los suficientes como para que la herida en su frente cicatrizara y ya no tuviera que andar por ahí con una curita ocultada por un cerquillo improvisado. Quiso acercarse a Aomine pero tuvo que controlarse, recordar a Kuroko diciéndole que dejara de ser tan sofocante y limitarse (medio oculto entre las sombras) a observarlo comer y dormir en la azotea.

Nadie debería juzgarle porque, demonios, en serio se estaba esforzando. Y eso nunca había sucedido, usualmente eran las personas las que se enamoraban perdidamente de él, no al revés. Además, se devanaba los sesos pensando en qué estrategia podría funcionar para convencer a Aomine de que no era tan malo que ambos fueran hombres y entonces, así, el moreno podría aceptar abiertamente que Kise era encantador.

Cuando decidió que ya había pasado el tiempo suficiente, permitió que su personalidad desbordante volviera a deslumbrar a Aominecchi, pidiéndole un uno a uno después del entrenamiento de básquet. Kise creyó que el moreno se negaría, pero después de unos segundos de vacilación y un ceño fruncido, aceptó y se dirigieron al parque.

Aomine no habló nada durante el trayecto, a pesar de que Kise trataba de comportarse como siempre, contándole lo que le había pasado la noche anterior en una sesión de fotos. A decir verdad, sí estaba un poco nervioso, después de todo era Aomine, su ídolo del básquet (Michael Jordan aparte) de manera que el traspié con un desnivel en la acera y la consiguiente caída no tenían nada que ver con que Kise disfrutara ser curado por el de cabello azul, era producto de su nerviosismo.

Por supuesto que Aomine no pensó en eso, ya que se limitó a dar una carcajada y darle un golpe en la cabeza, sin dejar de avanzar hacia la entrada del parque. Kise se incorporó, sonrojado hasta las orejas y trató de ignorar el ardor que sentía en la palma de su mano, corriendo para darle alcance. Por suerte el enamoramiento no afectaba su desempeño y a pesar de que fue incapaz de ganarle, fue capaz de copiar todos los movimientos del moreno. Claro que el enamoramiento tampoco impidió que terminara rendido en el piso, Aomine viéndole desde arriba en una clara muestra de su superioridad en la cancha.

—Siempre va a ser así, Kise. Algunas cosas no cambian por más que insistas.

—Aominecchi…

—Es todo, Kise. Esto ya me aburrió. Nos vemos. —Aomine hizo un gesto con la mano, cogió su morral y caminó hacia la salida, dejando a Kise atrás de él, humillado y vencido.

.-.

NA: Hola, espero no me lancen tomates por el pobre de Kise, pero siento que eso es lo más natural. Al menos por parte de Ahomine. No creo que esto quede aquí porque no resisto ver a Kise sufrir y estoy segura de que Aomine tampoco. Así que habrá otro capítulo. Ando feliz porque me dejaron comentarios (en cuanto descubra cómo se contestan, lo haré) ¡Muchas gracias por eso! En serio me motivaron a seguir escribiendo, aunque reconozco que esto fue algo cortito. Si me dejan reviews me harían feliz el lunes. Nos leemos, saludos :D