18 de julio del 2012
Hola a todos y todas las que leen el fic, como les había prometido aquí les dejo la continuación el fic el cual estaré actualizando cada domingo :) Así que sin entretenerlos más aquí les dejo la continuación y gracias por tomarse la molestia de leer el fic y un agradecimiento muy especial a todas esa personitas que dejan un review, ustedes me inspiran a continuar escribiendo así que de corazón gracias.
Nota: Los personajes de digimon no me pertenecen son de su autor Akiyoshi Hongo quien por cierto nos arruino el final de digimon dos (Por lo menos a mi me lo arruinó) y la idea original de este fic fue basada en la pelicula de Tim Burton "El cadáver de la novia". Todo esto fue escrito sin fines de lucro sólo para entretenimiento mío y de las personas que gustan de estas parejas al igual que yo.
Capitulo 2
Votos matrimoniales.
-Sora Takenouchi.
Dijeron sus hermosos labios y no pude evitar sonreír levemente, ella era mi prometida.
-Con que tú eres la señorita Takenouchi, tus padres han ido a buscarte, temen que te hayas escapado.
Ella bajó su mirada algo apenada y yo aproveché que ya no me miraba directamente para poder apreciarla mejor, era simplemente hermosa, de piel morena, cortos cabellos color anaranjados rojizos, finos pero bien delineados labios, delgado cuerpo y sobre todo unos ojos color ámbar cautivadores y llenos de una calidez tan profunda que en cuanto los vi me hicieron olvidar toda aquella soledad y todo ese vacío que había estado viviendo desde que mi hermana dejó este mundo.
-Lo sé. –Murmuró-
Di un paso más a ella y ella de inmediato levantó su mirada hacia mi como si me temiera, la miré y le sonreí, ella pareció tranquilizarse más no bajó la guardia. En las costumbres inglesas era imperdonable que una joven se encontrara a solas en una habitación con un hombre sin una dama de compañía y sin ser esposos, aquello podría traer deshonra a la joven, tal vez por eso ella estaba tan a la defensiva y me miraba con cierta desconfianza.
-¿Puedo sentarme?
Le pregunté indicando el espacio vacío en el banco en que ella se encontraba, ella lo miró por un instante y después me miró a mí, no parecía estar muy segura de que aquello fuera correcto y yo temía que ella lo tomara a mal pero al final aceptó y se movió un poco para que yo pudiera sentarme a su lado.
Comencé a pasear mis manos por el teclado tocando la misma melodía que ella había estado interpretando momentos atrás, Sora me miró con curiosidad y por el rabillo de mi ojo alcancé a ver como una leve sonrisa se asomó en sus labios.
-Esta es la canción que interpretabas hace poco… ¿Por qué esta?
Mi vista no se despegó ni un momento del teclado pero aún así podía ver de reojo cada una de sus expresiones. Ella me miró por unos segundos sin responder a mi pregunta.
-Es una de mis piezas favoritas, la predilecta diría yo.
Sonreí, a Hikari también le encantaba es pieza musical, siempre decía que sonaba triste pero a la vez tenía un sentimiento de amor tan profundo que era difícil no enamorarse de esa melodía.
-¿Por qué?
Sora sonrió apenada al oír mi pregunta, bajó su mirada un instante pero después de un segundo volvió a levantarla fijándola nuevamente en mí, yo por mi parte seguía interpretando aquella triste música.
-Sé que es una pieza triste pero… dirás que estoy loca, pero creo que guarda un sentimiento de amor muy profundo, que resulta difícil no enamorarse de esa melodía.
Dejé de tocar y la miré fijamente, aquellas eran las mismas palabras de Hikari, ella me miró sorprendida al ver que ya no tocaba más el piano y un nervosismo comenzó a apoderarse de ella al sentir mi mirada fija en sus ojos.
-Lo sé es absurdo pero…
-No… no lo es… mi hermana solía decir lo mismo de esta pieza por eso fue que me asombró que tu pensaras igual.
Deslicé mi mirada al teclado de nuevo, hablar de Hikari aun me resultaba doloroso, pero al mismo tiempo amaba hacerlo, era como si así ella reviviera aunque fuera sólo un poco y su presencia estuviera conmigo por unos instantes.
-¿Solía? ¿Ya no le gusta?
-No es eso, es sólo que… ella murió hace poco.
Sora llevó sus manos a sus labios en un gesto de asombro y un pequeño grito ahogado logró escapar de ellos, me miró con sorpresa pero después su mirada cambio a una de tristeza.
-Lo lamento yo no…
-No te preocupes, está bien.
Le sonreí, y ella pareció tranquilizarse un poco, bajó sus manos de sus labios pero el leve sonrojo permaneció tiñendo sus mejillas.
-En verdad lo lamento, que torpe soy.
-Ya te lo dije, no hay problema, tú no lo sabías.
Un silencio se hizo entre ambos, yo la miré y ella aún se miraba apenada por lo sucedido y me pareció que se reprendía mentalmente así misma por su imprudencia.
-¿Qué te parece si me ayudas a tocar la melodía? Yo solía hacerlo con Hikari.
Ella sonrió, asintió levemente con su cabeza y acomodó sus manos sobre el teclado para seguirme a dueto con aquella hermosa música. Nuestras manos comenzaron a pasear por las teclas de aquel viejo piano inundando el salón de bellos y melodiosos sonidos que nos fueron relajando hasta que se creó una atmosfera de confianza entre ambos. El ritmo de la música a veces se aceleraba y los dos tocábamos con entusiasmo, nos dedicábamos miradas y sonrisas coquetas que nos hicieron pasar de la confianza al romanticismo hasta que la pieza estuvo a punto de terminar y nuestras manos se tocaron accidentalmente y los dos dejamos de tocar, nuestros ojos se encontraron y un magnetismo entre ambos nos obligó a acercarnos el uno al otro cada vez más, nuestras respiraciones chocaban, podíamos sentir el aliento del otro y nuestros labios se rozaron dispuestos a sellarse en ese momento hasta que…
-¡Pero que atrevimiento!
Gritó furiosa y alarmada la mamá de Sora al ver en que situación nos encontrábamos, ambos nos separamos como si quemáramos para después mirar a la señora Takenouchi que nos reprendía con una mirada inquisidora, yo miré a Sora de reojo, ella estaba tan apenada que no se atrevía ni siquiera ver a su madre. Yo por mi parte me encontraba fascinado con la mujer que me habían dado por prometida, era simplemente grandiosa y en tan sólo unos cuantos minutos había logrado revivir algo de aquel viejo Taichi que yo creía muerto.
-¡Sora que clase de comportamiento es ese! ¡Sabes que no puedes estar a solas con un hombre sin tu dama de compañía!
-Lo lamento madre.
-Y usted jovencito ¿Qué no le enseñaron a respetar a una señorita? ¿Qué clase de educación es esa?
-Perdone no volverá a pasar.
Le respondí con voz firme y seria, me puse de pie e hice una pequeña reverencia a forma de disculpa. No era que realmente lo lamentara, pero por no perjudicar más a Sora que en esos momentos me miraba con admiración por mi seriedad al disculparme de aquella manera tan formal, fue que no dije todo lo que realmente pensaba. Yo creía que todas esas reglas eran una exageración y consideraba también exagerada la reacción de la Señora Takenouchi ante lo sucedido después de todo Sora y yo nos casaríamos en unos días así que no entendía porque tanto escándalo.
La mujer suspiró resignada y malhumorada, nos dedicó una nueva mirada molesta y se dio la media vuelta.
-Dense prisa y bajen, el ministro nos espera para iniciar el ensayo.
Dicho esto la Sra. Takenouchi salió de la habitación. Yo me voltee hacia Sora y le ofrecí mi mano galantemente para acompañarla a bajar, ella me miró con esos hermosos ojos que ya estaba empezando a amar y colocó su suave y frágil mano sobre la mía para después ponerse de pie y en mi compañía bajar hacia la sala de estar.
Nunca me imaginé que realizar los votos matrimoniales me fuera a resultar una tarea tan difícil de llevar a cabo, en teoría era un trabajo sencillo, memorizar las líneas y después decirlas a Sora, ¡facil! Nada del otro mundo, entonces no entendía porque cada vez que lo intentaba me salían mal, llevábamos alrededor de dos horas ensayándolas y yo aún no era capaz de realizarlas sin cometer algún error en el proceso, sino era la vela que se negaba a prender cada vez que yo lo intentaba, era el vino que se me derramaba después de servirlo torpemente en la copa, todo era un caos, o mejor dicho yo era un caos y tanto mis padres como mis futuros suegros ya se estaban cansando de mi torpeza y ni hablar del ministro, yo podía jurar que se estaba poniendo verde del coraje y eso me ponía aún más nervioso aumentando así mi torpeza.
-¡De nuevo! ¡Joven Yagami empiece de nuevo!
Gritó exasperado el anciano casi esqueleto y de mirada rígida que se encontraba frente a nosotros y que se notaba cansado de mi torpeza.
-Sí señor, perdone.
El hombre suspiró resignado y en un tono más sereno me pidió que empezara de nuevo, yo respiré hondo para tranquilizarme y esperé a que Sora terminara de encender mi vela que por milésima vez se había apagado debido a mi torpeza aunque más que torpeza ya estaba empezando a creer que esa vela tenía algo en mi contra, ya me las pagaría cuando todo esto terminara y estuviéramos a solas ella y yo, nadie se metía con Taichi Yagami sin pagar las consecuencias y mucho menos una tonta vela.
Miré a Sora que se alejó de mí una vez que mi vela estuvo encendida, yo le sonreí agradecidamente, ella era la única que me tenía paciencia en ese lugar y lejos de desesperarse parecía divertirse por mis torpes equivocaciones, bueno me alegraba que por lo menos alguien ahí se la estuviera pasando bien.
Comencé a recitar de nuevo mis votos haciendo los movimientos necesarios, por fin parecía que lo iba a lograr estaba a punto de terminarlos cuando de pronto quedé en blanco ¿Qué era lo que seguía? Me paralicé al no saber como continuar, traté continuar todas las frases que me había dicho el ministro al principio del ensayo pero era inútil me había quedado totalmente en blanco.
-Mi… tú…
Balbuceé sin saber como continuar, miré a Sora esperando que ella me diera un pista de que seguía, ella movió sus labios intentado decirme el resto pero no logré comprenderla, temeroso voltee a ver al ministro, sabía que ese hombre explotaría del coraje cuando le dijera que había olvidado que seguía y hasta era probable que le diera un infarto del enojo pero no tenía opción había olvidado por completo la última parte de mis votos y algo me decía que era la más importante.
-¡Con este anillo…!
Gritó furibundo el hombre al percatase de que había olvidado lo que seguía, yo lo miré confundido y sus mejillas se encendieron como antorchas, estaba seguro que no faltaba mucho para que ese viejo estirara la pata debido a los corajes ocasionados por mis descuidos y mi torpeza.
-¿Anillo?
Pregunté ingenuamente, grave error, el anciano explotó, hizo caboom y empezó a recitar a gritos la parte que me faltaba para terminar mis votos.
-¡Con este anillo te tomo como esposa! ¡No me diga que no trae el anillo, joven Yagami!
-¿él anillo?
-¡Sí el anillo!
-¡Ah! ¡El anillo si aquí lo traigo!
A toda prisa comencé a buscar entre mi atuendo la pequeña pieza de joyería fina pero por más que lo intentaba no lograba hallarla acabando así con la paciencia del pobre anciano que estaba a bordo de un colapso nervioso.
-¡No puede ser no lo trae!
-¡Sí lo traigo, aquí esta, aquí está!
Grité emocionado una vez que lo encontré lo saqué de la pequeña bolsa de mi saco y se lo enseñé victorioso al ministro, pero en mi desesperación el anillo se escapó de mis manos y calló rodando al suelo, haciendo que un nuevo gritó de enojo y espanto saliera de los labios del clérigo.
-¡Este joven no quiere casarse!
Gritó alarmado el anciano a la par que extendía sus manos al cielo, convencido de que yo cometía todas mis torpezas a propósito.
-¡No!
Grité yo intentando calmar al viejo y negar la afirmación que había hecho, pero Sora no lo entendió así, volteó a verme con decepción e incredulidad.
-¿No quieres?
-¡No! Digo sí, claro que quiero casarme contigo.
Contesté desde el suelo, tratando de sujetar la pequeña y escurridiza sortija que fue a dar bajo las faldas de mi fututa suegra y yo por voltearme a ver a Sora no me fijé donde había metido la mano hasta que sentí la pierna de la mujer. Vi como Sora soltó un pequeño grito ahogado por sus manos que llevó a sus labios y yo aún sin estar consciente de lo que sucedía voltee temeroso a donde la mirada aterrada de Sora miraba, para ese entonces ya había alcanzado a percibir que lo que mi mano había tocado no era la pata de una silla sino la pierna de mi futura suegra que me miraba furiosa, alcé mi mirada a ella y pude ver como su blanca cara se había puesto tan roja como un tomate y mostraba indignación.
-Perdone.
Me disculpé sudando frío y retirándome cautelosamente no sin antes tomar la sortija del suelo, retrocedí aterrado hasta que choque con Sora quien tiró su vela la cual fue a dar al suelo.
-¡Taichi!
Gritó mi madre furiosa, yo voltee a verla estaba furibunda al igual que mi padre, gracias a mí sus millones se les estaban yendo por la ventana, después de lo sucedido lo más probable era que los Takenouchi quisieran cancelar la boda.
-Lo siento no era mi intención.
Intenté disculparme creyendo que las cosas no podían estar peor, pero si podían, la vela que se le había caído a Sora por mi culpa fue a rodar hasta los pies de la señora Takenouchi prendiéndole así lumbre al atuendo de la pobre mujer.
-¡Mamá tu vestido!
Gritó horrorizada Sora al darse cuenta de lo que sucedía, todos volteamos hacia la mujer y vimos aterrados como un pequeño incendio había comenzado en los atuendos de tan elegante dama. La mujer entró en pánico y comenzó a gritar horrorizada mientras que su esposo intentaba inútilmente apagar el fuego a pisotones. Todos la rodeamos intentando hacer algo para acabar con la tragedia de la mujer pero por más que hacíamos el fuego no se extinguía hasta que de la nada apareció un caballero y vertió el contenido de una de las copas de agua sobre el vestido de la mujer y terminó con el incendió. Todos volteamos nuestra vista hacia el desconocido, un elegante, alto y algo regordete hombre de gran papada y bien peinado cabello negro que resaltaba las pocas canas que ya empezaban a aparecer en su cabeza. Aquel hombre tendría ya unos cincuenta y tantos años, casi la misma edad de mis padres o tal vez un poco menos.
-¿Quién es usted?
Preguntó el señor Takenouchi rompiendo con el silencio formado por la imponente figura de aquel hombre.
-Yo señor Takenouchi, soy Lord Byron y he venido desde Francia par a presenciar la boda de su hermosa hija. Pero al parecer he llegado antes.
Los señores Takenouchi se vieron entre sí, preguntándose con la mirada si alguno conocía a ese sujeto pero sin atreverse a indagar sobre aquel misterioso personaje que había aparecido en escena.
-Pues sea Bienvenido Lord Byron. Y muchas gracias por la ayuda sin usted no sé que hubiera sido de mí así que siéntase como en su casa.
-Oh no se preocupe mi buena mujer, yo sólo hice lo que tenía que hacer y sepa que estoy a su total disposición.
El hombre hizo una pequeña reverencia ante la señora ganándose así toda su aprobación, misma que yo había perdido desde que me vio en el salón de música junto con su hija y que ahora estaba muy lejos de recuperar.
-Debido a los sucesos que acaban de acontecer –Comenzó a hablar el ministro con voz fuerte y grave- hemos de posponer el ensayo de la boda para mañana, claro si es que los Takenouchi aún desean esta unión.
Mis padres, Sora y yo volteamos preocupados a ver la respuesta de los dos señores que se miraron entre si y guardaron silencio un minuto como si intercambiaran pensamientos telepáticamente.
-Continuaremos mañana.
Dijo al fin la señora pero con voz fría y no con su mejor cara. Mis padres y yo respiramos aliviados una vez que escuchamos la respuesta de la mujer. En ese entonces nosotros desconocíamos los planes de los Takenouchi que eran básicamente el mismo que el nuestro recuperar su fortuna a través de la unión con una familia rica, gran decepción que se llevarían cuando se enterarán que nosotros también estábamos en la ruina.
-Vamos Lord Byron le enseñaremos la casa.
La señora Takenouchi en compañía de su esposo y Lord Byron salió con toda su dignidad e indignación, enseguida de ellos salió el ministro quien me dedicó una mirada inquisidora antes de salir y yo me sentí terriblemente mal, había echado todo a perder y estaba seguro que mis padres no tardarían en reprochármelo.
-Taichi.
Me llamó mi padre con voz severa, yo voltee a verlo; ambos se acercaron a mí con caras molestas.
-No sé que milagro pasó por la mente de los Takenouchi para que no cancelaran la boda pero por tu bien mas vale que mañana no lo eches a perder.
Me reprendió mi madre y yo desvié mi mirada molesta de ella, apreté los puños y rechiné los dientes, lo único que me había contenido para no responderle fue el hecho de que la amaba, a pesar de todo yo amaba a mis padres y no era capaz de faltarles el respeto aún, pero si seguían con esa actitud algún día lo perderían.
No me dijeron más y salieron indignados por la puerta dejándome a mí solo con Sora y su dama de compañía. Sentía como la rabia me estaba consumiendo por dentro hasta que sentí una suave mano tomar la mía, me voltee y me encontré con los cálidos ojos de Sora mirándome y poniendo en mi mano el anillo que debido al escándalo ocasionado por el pequeño incendio en las ropas de la señora Takenouchi se me había vuelto a caer.
-Señorita Takenouchi.
Murmuré al verla y ella me sonrió, sentí como un leve carmesí pintaba mis mejillas y bajé mi mirada al suelo.
-Yo, lo lamento.
Estaba bastante apenado con ella, habíamos tenido un magnífico comienzo y yo lo había arruinado con mis torpezas.
-No te preocupes, fue divertido.
Me dijo con una sonrisa haciéndome sentir más aliviado, por lo menos ella no me consideraba un estúpido como los demás. Correspondí a su sonrisa y los dos nos quedamos nuevamente cautivados por nuestras miradas, sin duda alguna éramos el uno para el otro.
-Bueno será mejor que me vaya sino queremos que mi madre nos vuelva a reprender.
Me dijo después de unos segundos y rompiendo con el hechizo que nos había cautivado a ambos, yo la miré y asentí comprendiendo su preocupación.
-Lo veo a la hora de la cena señor Yagami.
Me dijo con una sonrisa coqueta y se dirigió a la salida. Me le quedé viendo como un bobo aun idiotizado y cautivado por la belleza y la adorable personalidad de esa mujer que pronto sería mi esposa. Poco antes de salir, Sora volteó a verme por última vez.
-Procura aprender tus votos para mañana y no prenderle fuego a mi madre.
Me dijo de manera divertida y con una sonrisa tan cautivadora que no pude hacer más que reír ligeramente.
-Así lo haré.
Le contesté, ella me volvió a sonreír y salió de la habitación dejándome convencido de que ella era la mujer perfecta para mí.
La hora de la comida fue simplemente insoportable para mí, los señores Takenouchi no dejaban de admirar encantados a Lord Byron quien se regocijaba contando historias del extranjero cautivando aun más a los dueños de la casa. Mis padres por otra parte no hacían más que lanzarme miradas molestas y de reprimenda, misma que yo trataba de evadir a la par que maldecía mentalmente a ese tal Lord Byron, ese sujeto no era para nada de mi agrado, no solo me causaba problemas con mis padres sino que también estaba seguro que quería quitarme a mi prometida, bastaba ver como la miraba y trataba de encantarla para darse cuenta de ello, afortunadamente Sora se mantenía fría y distante cuando hablaba con él al parecer a ella tampoco le había agradado ese sujeto y no era para menos, era un engreído que despedía un aura que daba desconfianza. Más tarde averiguaríamos porque.
-Y dígame joven Yagami, a memorizado por fin esos votos.
Dejé la cuchada con que bebía mi sopa a un lado cuando escuché su comentario acompañado de un tono de burla, alcé mis ojos y lo miré desafiante, ese hombre intentaba dejarme en ridículo frente a los señores Takenouchi y en especial ante Sora pero eso era algo que yo no estaba dispuesto a permitir.
-Por supuesto que sí señor.
- Me alegra oír eso –Comenzó a decir a la par que jugaba con la copa de vino que tenía en sus manos y hacía que su contenido líquido diera vueltas debido a sus movimientos.- Porque esta mañana, era usted todo un desastre, cualquiera pensaría que no deseaba casarse.
Apreté con mi mano el mantel que se encontraba en mi lugar, ese hombre era un cobarde, ni siquiera tenía el valor de mirarme a los ojos cuando descaradamente estaba intentando provocarme, y lo estaba logrando, mi carácter siempre se había caracterizado por ser impulsivo y temerario, pero esta vez debía controlarme sabía que no debía caer ante sus provocaciones y armar otro alboroto frente a los Takenouchi, eso sólo lograría que ellos cancelaran el matrimonio.
-Debe entenderme mi buen señor, el matrimonio no es algo que debe tomarse a la ligera, es normal que halla estado tan nervioso, ¿no cree?
Ni un segundo aparté mi vista desafiante de aquel hombre que levantó su mirada hacia mí y sonreí victorioso al ver reflejada en su mirada la maldición interior que hizo al ver que no había caído en su juego, sin embargo esta mirada duró solo un segundo y cambió a una sonrisa burlona y arrogante.
-Lo comprendo joven, es sólo que me causa un poco de gracia su situación digo ¿Cuándo se ha visto que el novio esté más nervioso que la novia? Pensé que eso era solamente cosa de mujeres.
Golpe bajo, muy bajo para mi ego pero a pesar de que quería estallar y romperle la cara a golpes no lo hice, solté una socarrona sonrisa y al igual que él jugué con el líquido en mi copa, para después verlo a los ojos, a diferencia de ese hombre, yo era de los que decía las cosas de frente.
-Supongo que a los hombres que en realidad nos importa el matrimonio también nos invaden un poco, después de todo no es algo que deba tomarse a la ligera, o ¿usted cree que es un juego que no deba tomarse en serio?
¡Sí! Ese fue mi primer ataque directo hacia ese hombre engreído que para mi mala suerte lejos de quedarse callado y avergonzado como yo creía que lo haría comenzó a hablar y me lanzó el contrataque uno muy bien pensado y que yo debía resolver con cautela sino quería quedar nuevamente como un estúpido frente a los Takenouchi.
-¡Oh! Pr supuesto que no joven Yagami, concuerdo con usted con el hecho de que el matrimonio es sagrado y debe tomarse muy enserio, lo que no comprendo es como ponerse nervioso cuando se va a casar con una mujer como la Señorita Takenouchi, con una mujer como ella supongo que no habría ni porque pensarlo.-Lanzó una mirada y una sonrisa más que insinuante a Sora y yo rabié por dentro conteniéndome las ganas de hacerlo retractarse a golpes, nadie más que yo le coqueteaba descaradamente a mi prometida-sólo se piensa cuando no se está seguro. ¿Acaso usted no está seguro joven Yagami?- Esta vez apartó su vista de Sora y la dirigió burlona hacia mí, yo apreté mi mandíbula y rechiné los dientes, ese sujeto se estaba buscando una paliza en serio.
-No confunda mi querido Lord los nervios de la inseguridad con los nervios de la emoción que no son los mismos, yo estoy más que seguro de mi unión a la señorita Takenouchi y es la emoción a esta unión lo que me hace actuar torpemente, digo ¿Quién no sería un poco torpe cuando tiene a su lado a una mujer tan bella y perfecta?
Ni siquiera yo supe de donde salió aquella inspiración para responder de aquella manera tan apropiada y exquisita, pero me alegró ver como aquel sujeto se tragaba sus palabras y disimulaba su disgusto bebiendo un poco de vino para darse tiempo de tranquilizarse así mismo antes de hablar.
-Tiene razón joven, eso es imposible, las mujeres siempre son las que nos desarman con sus encantos.
Sonreí orgulloso al verlo tragarse su orgullo y percibir levemente como rechinaba sus dientes de la indignación sin duda alguna yo había ganado la guerra. Miré a Sora y ella me miraba cautivada, yo le sonreí como se le sonríe a un cómplice y ella se sonrojó pero aún así fue capaz de sostener mi fuerte mirada y contrarrestarla con una cálida que realmente me dejaba doblegado ante ella.
La comida continuó tranquila, Lord Byron continuó hablando de sus viajes y de su gran fortuna, sin intenciones de meterse más con mi compromiso con Sora pero si con algo que era mucho más sagrado para mi que cualquier otra cosa en el mundo y no sólo logró amargarme la comida sino hacerme quedar nuevamente mal frente a mis futuros suegros.
-Por cierto señores Yagami supe que tenían otra hija ¿que ha pasado con ella? ¿Por qué no ha venido?
Yo me sobresalté al oír su pregunta al igual que mis padres, voltee a verlos y pude ver reflejados en sus ojos la tristeza de nuevo, maldito Lord Byron estaba seguro de que ese sujeto conocía la historia de Hikari y la había sacado a flote sólo para hacerme pasar un mal rato después de la humillación que le había hecho pasar yo a él.
Sora me miró preocupada en cuanto escuchó la pregunta de ese hombre, e intentó decir algo pero de inmediatamente cerró sus labios seguramente temiendo empeorar las cosas.
-Nuestra hija murió hace poco.
Contestó mi madre con dignidad y una voz y una mirada tan fría que se me hizo casi imposible reconocerla, pero no la culpaba yo también había encontrado de mal gusto la pregunta tan fuera de lugar de ese sujeto. Yo estaba seguro que aquello sólo lo hacía para incomodarme.
-¡Oh pero que horrible desgracia!
Exclamó alarmada la madre de Sora y dirigiéndonos la mirada por primera vez en toda la comida.
-Ella enfermó y murió.
Contestó esta vez mi padre con voz seria y sin intenciones de profundizar en los detalles. La señora Takenouchi pareció conforme con esta respuesta y volvió su atención a su comida pero no sin antes soltar otro comentario discriminante hacia nuestra familia.
-Bueno supongo que hay personas que nacen más débiles que otros no hay mucho que se pueda hacer al respecto.
Aquello fue la gota que derramó el vaso, desde que habíamos llegado a esa casa los señores Takenouchi nos habían tratado como basura, al principio los había soportado por mis padres y nuestra situación económica, después por Sora pero aquello ya era suficiente, ¿Qué sabía esa mujer de nosotros que se sentía con el derecho de hablarnos así? ¡Ella no sabía nada! No sabía nada de Hikari, no sabía lo mucho que ella sufrió, tampoco todo lo que mi hermana tuvo que soportar, simplemente esa mujer no sabía nada y por lo tanto no tenía ningún derecho de expresarse de esa manera de Hikari, Hikari había sido más fuerte de lo que esa mujer algún día llegaría ser, inclusive más fuerte que todos los que estábamos en la mesa en ese momento y yo no iba a permitir que nadie se expresara de mi hermana de esa manera, nadie, no importaba que se tratara de la mamá de Sora yo le cerraría la boca y la haría comerse sus palabras.
-Se equivoca… -Murmuré por lo bajo y tan molesto que apretaba mis dientes para hablar- ¡Usted se equivoca! –Grité llenó de rabia y lanzándole una mirada furiosa a la mujer que se quedó sin palabras al verme hablarle de esa manera- Hikari era muy fuerte, más de lo que usted algún día llegará a ser, usted no sabe nada es sólo una vieja amargada que no ve más allá de sus narices y le advierto una cosa, en mi presencia jamás, óigalo bien jamás vuelva e expresarse de esa manera de mi hermana.- Dicho esto me puse de pie y salí del comedor hecho una furia mientras dejaba atrás los escandalosos gritos de la señora Takenouchi que se quejaba de mi mala educación. Sora hizo un movimiento como si hubiera pensado seguirme pero casi al instante se arrepintió y se quedó en su lugar con su mirada triste.
Salí a tomar aire a unos de los balcones de esa casa, necesitaba tranquilizarme, estaba tan furioso que sentía como mis manos temblaban debido al coraje, por mi los Takenouchi podrían irse al infierno con toda su fortuna yo no pensaba formar parte de una familia tan despreciable y sin corazón como esa que ni si quiera respetaban a los muertos, maldita vieja que se atrevió a hablar así de Hikari, maldito Lord Byron que había empezado la platica y maldito señor Tachikawa que le había propuesto esa unión a mi padre, para mi todos ellos podrían irse al demonio yo no pensaba continuar con ese estúpido plan que estaba seguro sólo nos traería desgracias y amargura.
Tardé unos minutos en tranquilizarme pero apenas y saqué de mi bolsillo el regalo que me había dado Hikari, sentí como me tranquilizaba, su sólo recuerdo ejercía en mí un efecto sedante y me regresaba la tranquilidad.
-¿Era de tu hermana?
Me preguntó una dulce voz tras de mi, me voltee sobresaltado y vi que se trataba de Sora quien me sonreía y me miraba con esa mirada tan cálida que sólo ella poseía.
-Sí fue el último regalo que me dio.
Le respondí e instintivamente guardé el collar en mi pantalón y voltee enteramente hacia Sora.
-Ha de ser muy especial.
-Mi mayor tesoro.
Sora sonrió pero cambió su mirada a una apenada y llena de tristeza.
-Sobre lo sucedido en la mesa –comenzó a decir y bajó su mirada tratando así ocultar su vergüenza- Yo lo lamento mi madre fue muy grosera con su comentario.
Miré a Sora, ella se miraba sincera en su disculpa y yo sentí que algo se removió dentro de mi al verla ofrecer una disculpa que a ella no le correspondía, sin duda alguna Sora era una chica de buenos sentimientos muy diferentes a los de sus padres.
-No tiene por qué disculparse señorita Takenouchi, yo debí contenerme y no haberle contestado a su madre de esa manera, esta es su casa y…
-Ella se lo merecía.
-¿Perdón?
-Mi madre no es nadie para haber hablado de esa manera de la señorita Hikari, aunque esta sea su casa eso no le daba ningún derecho, ella ni siquiera la conocía y…
Tome las manos de Sora, ella había permanecido con su mirada en el suelo durante todo su discurso y podía ver como contenía sus lágrimas del coraje así que sin pensarlo dos veces tomé sus manos dispuesto a hacerla ver que ella no tenía por qué disculparse, ella era la única persona que se podía considerar inocente en ese lugar.
Sora alzó su vista para verme en cuanto tomé sus manos, nuestros ojos se encontraron nuevamente y esa conexión que sentíamos ambos volvió a hacerse presente entre ambos.
-Usted es muy diferente señorita Takenouchi.
Sora se sonrojó notoriamente al oír mi comentario intentó decir algo pero en cambio ella comenzó a tartamudear adorablemente, desvió su mirada más que apenada de mí, y yo sonreí al verla era simplemente hermosa y perfectamente adorable, sin lugar a dudas ella hacía que valiera soportar todas aquellas humillaciones por parte de los señores Takenouchi y Lord Byron.
-yo… yo…
-Perfectamente diferente a su padres.
-Yo no los comprendo y casi nunca estoy de acuerdo con ellos, pero al fin de cuentas son mis padres y no hay nada que pueda hacer al respecto, y aunque lo hubiera yo no lo haría, son mi padres y a pesar de todo los amo, no importa que ellos no me entiendan y yo no los entienda a ellos simplemente los amo por ser mis padres, sé que es complicado y un poco difícil de entender, pero ellos son mi familia lo único que tengo.
-Créame que la entiendo señorita yo también tengo problemas con mi padres pero aún así los amo.
Ella sonrió levemente y me vio tímidamente.
-Espero que también entienda que no me puedo separar de ellos- Yo asentí y ella continuó- Pero eso no significa que usted tenga que cargar con ellos así que comprendería si quiere romper con el compromiso, no lo culparía, no después de la ofensa que mi madre le hizo a su familia.
Miré a Sora fijamente por unos segundos ella había vuelto a bajar su mirada así que tuve que hacer que la levantara para poder verla a los ojos. Tomé su barbilla y sutilmente la obligué a verme, ella clavó su hermosa y cálida mirada en mí y ya no tuve más dudas la amaba y no estaba dispuesto a perderla.
-Señorita Takenouchi si para poder estar a su lado he de cargar con sus padres créame que es una carga que llevaré con mucho gusto ya que nada sería suficiente carga para hacerme desistir de la idea de tomarla usted como esposa.
-Señor Yagami…
-Así es señorita Takenouchi, le estoy pidiendo que se case conmigo pero esta vez no por qué nuestros padres así lo decidieron sino por decisión propia, la amo y deseo pasar el resto de mis días a su lado.
-Señor Yagami.
Murmuró conmovida y con lágrimas dispuestas a rodar por sus ojos, yo sonreí y tomé con una de mis manos su suave mejilla derecha.
-Llámame Taichi.
Le susurré y sellé aquel momento con un beso que se vio correspondido por los labios tímidos de Sora que me besó dulcemente y rodeó con sus brazos mi cuello mientras que yo bajé mis manos hasta su estrecha cintura y me dediqué a saborear aquellos exquisitos y perfectos labios.
Un nuevo día llegó, de nuevo se trataba de un día gris, pero aún así yo decidí salir a dar un paseo, faltaban sólo unas cuantas horas para el ensayo de la boda y yo quería que esta vez me saliera perfecto, así que me encontraba caminando por el bosque a la par que ensayaba mis votos matrimoniales de nuevo, estaba decidido a realizarlos a la perfección para demostrarle a Sora que tomaba enserio nuestro matrimonio y que realmente quería pasar el resto de mi vida a su lado.
Sin saber como llegue a un viejo cementerio y sin darle mucha importancia a este hecho continué caminando entre las tumbas a la par que recitaba mis votos en voz alta y hacía los movimientos necesarios que los acompañaban pero mi practica no estaba resultando muy buena ya que seguía equivocándome en distintas partes de los votos.
-Maldición.
Me quejé frustrado por mi incompetencia y me paré frente a una enorme tumba abandonada que tenía como adorno principal la imagen de una hermosa joven de cabellos largos que estiraba su mano izquierda hacia el caminante mientras que su mano derecha se hacía puño a la altura de su corazón. Miré la hermosa figura de la joven que parecía un ángel per no tenía alas en cambio parecía tener un velo sobre ella, tal vez era una virgen aunque no estaba muy seguro. Sin intenciones por romperme la cabeza y averiguar lo que la figura de esa hermosa joven representaba vino a mí la idea de que ella me serviría para ensayar mis votos, era de la altura de una persona normal así que la consideré perfecta para que ella hiciera el papel de Sora mientras yo practicaba.
Comencé a decir mis votos, todo en perfecto orden y con perfectos movimientos, nunca antes me habían salido tan bien así que me emocioné y rápidamente llegué al final de mis votos, saqué el anillo de la bolsa de mi pantalón y lo deslicé por el fino dedo de aquella estatua pronunciando el fin de mis votos.
-…Y con este anillo te tomó a ti mi amada como esposa.
Sonreí al ver terminados mis votos con tal perfección, pero antes de que pudiera alardear sobre lo bien que me habían salido el suelo bajo mis pies se comenzó a temblar fuertemente, un viento extraño sopló y las aves del lugar salieron despavoridas, ante mí una fuerte luz comenzó a emerger de aquella estatua y la imagen de una hermosa castaña se hizo presente ante mí.
-Acepto.- Dijo con una hermosa sonrisa en sus labios.
Mimato196
Siguiente Capitulo: Reencuentro/ Publicación:11 de noviembre del 2012
