Give'Em HellKid
Llegué a casa unas horas después, sobre la mesa había un montón de cuentas a pagar… cuentas que no podía pagar. La luz se había fundido, así que casi todo estaba a oscuras. La única iluminación era la que entraba por al ventana, de una luz de alumbrado público. Me asustó alguien que se aproximaba desde la alacena con una lámpara de mano. Era Mikey.
-¿Gerard eres tú?
-Si, soy yo. ¿Qué demonios pasa, por que no hay luz?
-No me digas que las cuentas en la mesa no te dicen algo.- era lógico, no pagamos la luz eléctrica y la cortaron.
-Si ya lo se… mañana….
-¿No has pensado que tal vez mañana no regreses?- contestó agresivamente, supe que comenzaría con su sermón.
-No se tú, pero ya no quiero seguir viviendo de las miserias que deja esa estúpida librería.- grité
-Por lo menos es un trabajo honrado- me respondió de la misma forma acalorada. – Si mamá te viera, moriría de nuevo, si viera el desastre en el que te has convertido.
-¡Cállate!
-Gee, Mikey, ¿qué pasa?- la dulce vos de Maraiah salió de su habitación. – ¿por que discuten?
-Por tonterías –le respondí. Ella no sabía nada sobre lo que yo hacía para vivir (… a stain that never goes of the sheets… i'm so dirty babe…) Mikey se había quedado sin aliento después de gritarme dos o tres frases.
Con ese sabor amargo de la discusión de fui a la cama. De pronto mis sueños se ubicaron en una calle solitaria de mi odiada Nueva Jersey… discutíamos entre varios… alguien desenfundó un arma… respondimos mas rápido, no le dimos tiempo a pensar (…this is how we like to do it on the murder scene…) Fue extraño, pues no sentía ningún remordimiento cuando comprobamos que estaba muerto. Después de todo, ¿Quién necesitaba otro como él en este mundo? Y ya que las cuentas estaban saldadas, los que me acompañaban y yo podríamos volver vivos a casa. A vivir lo que nos quedaba de vida, sin importar nada, era en serio, aunque teníamos las manos manchadas de decenas de gotas de sangre…. (…we are young and we don't care your dreams…)
Pero era la voz de Maraiah la que me despertaba. Si supiera…
Me desperté con el sonido del teléfono alrededor de las diez de la mañana, era Frank.
-¿Gerard?
-Sí soy yo.
-Ya esta hecho, ya hallé la manera en que te encuentres con Helena
-En serio… y ¿qué hay de su tío? Él no debe saber nada. No le gustará saber con quien sale su sobrinita querida.
-Eso es bueno. Él y Samantha están muy ocupados, planeando la fiesta del primer año de su boda… Escucha: se verán en el parque hoy a las diez de la noche… después de eso tu sabrás usar la imaginación para seguir con tu cita, jajaja
Colgamos y en ese mismo instante entró otra llamada. Era Samantha.
-¿Bueno?
-Ah, eres tú, sabía que me ibas a contestar.
-¿Tu jamás te rindes verdad? –dije con tono molesto
-Sabes que no, yo nunca me rindo. Y nunca me pediste que me rindiera cuando…
-Eso ya fue hace mucho. ¿Te doy un consejo? Amarra bien a ese viejo que es lo único que tienes y quítate la idea de la cabeza que podría volver a haber algo entre nosotros. Y por cierto, nunca te quise, ramera.- colgué la bocina
Hace unos años había salido un par de semanas con Samantha, de esas relaciones pasajeras, solo para divertirse, pero tal parece que se había vuelto loca, que estaba obsesionada.
A la hora indicada estuve en el parque. Y en una banca, en la que Frank me había indicado, estaba sentada Helena, como una princesa perdida.
-¿Que tal?- la saludé
-Hola, ¿eres tú? ¿Verdad?- preguntó emocionada
-Supongo que sí- en ese instante sonó su celular. Para mi sorpresa lo aventó a los jardines.
-Nada importante, sólo sirve para molestar. Vámonos, supongo que mi tío no tarda en mandarme buscar
-Pero Frank, él está de mi lado… - me miró como si yo fuera un inocente chico
-Olvídalo, vámonos
Me sentí como un adolescente de nuevo, con citas a escondidas. Fuimos a un bar cercano. Era impresionante como resaltaba la elegancia –no en sus ropas era algo más en ella- de Helena en contraste con la muchedumbre. (…you're beautiful and I'm a totally wreck and almost every day…) Al parecer la conocían ahí… al parecer ahí se "escapaba" como decía mi amigo, cuando no quería ser encontrada con nadie.
Hablamos de mil cosas, las copas seguían su camino… hacia las dos de la mañana regresamos al mismo parque. No sé si fue porque estaba algo bebida –aunque se notaba que la chica sabía beber- pero silenció mis últimas palabras con un apasionado beso… había besado mil chicas antes, había bebido con mil mujeres antes, había pasado la noche con mil musas, pero nada se comparó con esos segundos… ese beso que era tan inesperado como el primero y tan corto como si fuera el último.
