Respondiendo a un par de preguntas... es una historia larga. no extensa pero tampoco es un short Fic. intentaré publicar varios capítulos esta semana. espero les guste y se mantengan conmigo hasta el final.
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Diez años antes.
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-Vamos, Bella. No seas aburrida! – levanta la mirada de su libro y ve como Jessica, su mejor amiga en toda la vida le hace pucheros mientras juntas sus manos en una plegaria.
-Sabes cómo se pondría mi padre si sabe que voy a una fiesta de universitarios? – pregunta sin dejar de sonreír, Jessica suele ser tan dramática cuando quiere conseguir algo que a Bella le causa demasiada risa, al final, casi siempre termina cediendo.
-Vamos, el comisionado Swan no va a enterarse y justo ahora se encuentra en Washington DC como para tomar represalias.
-Acaso entiendes lo que dices? – pregunta cerrando su libro y toma un sorbo de su café – papá a duras penas me deja salir cuando está cerca del oeste, cuando no lo está es peor. – gruñe ella enarcando una ceja, Jessica se levanta de la silla arrastrándola haciendo más ruido del necesario en la silenciosa biblioteca, varios murmullos y susurros para que se calle se oyen enseguida!
-Oh, por favor! Cállense ustedes – exclama gruñona pero nadie le presta atención, ella suele ser así de incitadora. Vuelve la mirada hacia Bella y pone nuevamente el puchero de ruego – por favor, por favor, Bella. Sue es más tu mamá que tu propio padre. Charlie pasa once de doce meses fuera del estado y vives con ella, puedes pedirle permiso a ella.
-Y Sue siempre consulta con papá – contesta ella recostándose al espaldar de la silla y se cruza de brazos – no creas que Sue es la mujer más indulgente del mundo. Puede engañar fácilmente su dulce sonrisa – Jessica rueda los ojos y bufa.
-Si quieres yo hablo con ella. Le diré a donde vamos, tampoco es que vamos a Seattle, es solo Port Ángeles. Y solo será una inocente fiesta.
-Una inocente fiesta de universitarios? – Pregunta con sarcasmo mientras enarca una ceja – solo tenemos diecisiete, Jess.
-Como sea – gruñe – y técnicamente no son universitarios, se acaban de graduar de la universidad.
-Más a mi favor! Solo seremos dos niñas tontas en medio de un montón de hombres! – Jessica lloriquea falsamente y la bibliotecaria les pide que se vayan – bien hecho, Jess. Volvieron a sacarme de la biblioteca. – gruñe Bella mientras caminan con sus brazos enlazados por la plaza hacia la casa de Sue.
Jessica tiene razón, el padre de Isabella es el comisionado de la policía de Washington, su trabajo es importante o eso es lo que dice. Siempre se ha escudado ahí para pasar el menor tiempo posible con Isabella, después de que René, su esposa, lo abandonara por un drogadicto y se fuera a recorrer todo el país dejándolo con una niña de cinco años, él decidió refugiarse en su trabajo.
Isabella vivió el resto de su vida entre guarderías, niñeras, preescolares, colegios y campamentos de verano, tuvo que crecer y madurar por si sola debido a que su padre nunca tenía tiempo para ella y era comprensible, en cierta forma lo entendía, ella era completamente igual a su madre en físico y Charlie ciertamente no soportaba eso.
Vivieron en Seattle hasta que Isabella tuvo la edad para entrar a la secundaria, el nuevo trabajo como detective de Charlie le pedía viajar constantemente a otros estados, su ex novia, Sue Clearwater, estuvo siendo la madrastra de Bella durante sus cortos ocho a nueve años, luego ella había regresado a Fork's porque su padre había enfermado, ellos habían mantenido contacto con por un tiempo y cuando Charlie tomó el nuevo trabajo sin pensar en Bella acudió a ella.
Charlie hizo las maletas de Isabella cuando ella tenía casi doce años, hicieron un viaje silencioso de casi cuatro horas hasta Fork's, la dejó frente a la casa de Sue, y con un escueto "te llamaré pronto" se marchó. Ella no lloró, no era apegada a él, no tenía una familia real a la cual amar. Eso cambió conviviendo con Sue.
Al principio fue una convivencia incomoda, no sabían cómo actuar frente a la otra pero poco a poco se fueron desenvolviendo, Charlie mandaba dinero constantemente para los estudios y los gastos de Isabella pero nada más, solo se comunicaba con Sue de cuando en cuando. Volvió a ver a su padre casi un año después en las vacaciones de verano, él había ido a buscarla para dejarla en un campamento en California, solo era mera cortesía, debía viajar allá y solo pasó a recogerla.
No se dijeron nada. No hubo saludos, comentarios, historias ni despedidas, ella solo se bajó del auto y no lo volvió a ver hasta el año siguiente. Con el tiempo empezó a decirle "mamá" a Sue y su padre solo fue "Charlie". Ella intentaba no meterse en problemas, no salir más de la cuenta y no llamar la atención para no tener que verlo, no interactuar con él. Ya faltaba poco para que tuviera los dieciocho, tan solo un año más y entonces podría irse, extrañaría a Jessica y a Sue, así como a Victoria y a Mike pero debía desaparecer del radar de su padre y hacer su propia vida, así sea bajo un puente.
-Entonces… me dejarás hablar con Sue? – Isabela enarca una ceja hacia Jessica – Vamos, B. mi primo Royce vas a estar ahí. Él nos cuidará, es uno de los que se gradúa, me dijo que podíamos ir con él. – Bella resopla y frunce los labios, sabe que no va a poder ganarle, con Jessica nunca puede, y para qué negarlo, siempre le ha gustado Royce.
-Vale, pero si dice que no. Es no.
-Yei! – Grita saltando feliz – veras que si te dejará. Sue es genial!.
-Sí, genial.
La casa de Sue era vieja, la había heredado de su padre como hija única, tenía un hijo, Jacob, que vivía con su padre en Australia. Ella se había metido con un tipo imbécil cuando estaba muy joven, apenas de dieciocho, él la había seducido, luego se llevaron la sorpresa de un embarazo. Él la acusaba de caza fortunas pero ella solo lloraba, ella una chiquilla ingenua, el tipo, Billi Black, un magnate de los negocios la demandó y falsificó un montón de pruebas alegando que ella solo quería su fortuna, el juez decidió que ella no obtendría nada del embarazo e inclusive había perdido la custodia del niño aun no nacido.
Fue la peor experiencia para Sue, estaba pensando abortar con apenas tres meses de gestación pero si lo hacía iría a la cárcel por asesinato. Decidió seguir el embarazo y cuando llegó el día ella ni siquiera pudo mirarlo, el bebé solo nació y fue sacado enseguida de la habitación, nunca supo nada de él, ni siquiera ahora, treinta años después, ella decidió no tener esposo ni hijos, solo había salido con Charlie un tiempo hasta que se hizo cargo de Isabella y fue la mejor decisión que había tomado.
-Mami Sue! – grita Jessica cuando entran a la casa. Bella sonríe porque Jessica siempre la ha tratado como una madre también. Sue sale de la cocina sonriendo mientras se limpia las manos con el delantal.
-Que hacen aquí, muchachas? – Pregunta sacudiendo algo de harina de sus manos – pensé que estarían estudiando un poco más.
-Yo quería estudiar pero Jessica no me dejó y nos volvieron a sacar de la biblioteca – gruñe Bella soltando el brazo de Jessica.
-Qué sentido tiene ir a la biblioteca si puedes estudiar en casa con internet? – Comenta con fastidio – eres tan anticuada, Bella! – Isabella ríe y se encoge de hombros, es cierto, siempre ha preferido los libros. – mami Sue… - Jessica sonríe ladinamente.
-Oh, no! No, no, no. No sé qué quieres pero es un rotundo no!- exclama Sue desapareciendo por la cocina escapando de la mirada de Jessica. Isabella ríe a carcajadas mientras camina tras su madre y toma una manzana de la mesa. Jessica hace su puchero dramático.
-Oh, vamos. Mami Sue! Ya somos graduadas, merecemos salir a mover el bote! – exclama levantando los brazos y moviendo las caderas de un lado a otro.
-Bailas fatal, Jess – se ríe Bella lanzándole una uva. Era cierto, hace un mes habían terminado las clases oficialmente pero Jessica y Bella junto con otros diez estudiantes más estaban haciendo un trabajo especial de grado para mandar como referencia a las universidades por ser los mejores estudiantes de sus clases.
Para Bella eso era mero papeleo sin sentido porque no pensaba asistir a ninguna universidad, solo quería irse, alejarse del mundo, de todos, de su padre. Solo hablaría con Sue todos los días porque ha sido la única, aparte de Jessica, que le han querido de verdad. Pero no pensaba decirle a Sue sobre su huida hasta el día de su partida, no quería romper su corazón aun.
-Vamos, Sue. Royce estará con nosotros. Solo será una fiesta en el día, va a ser una piscinada en Port Ángeles. Volveremos antes de que oscurezca.
-Piscina? – preguntan Sue y Bella al mismo tiempo.
-Cuando? – Pregunta con curiosidad, Jessica sonríe, sabe que ha ganado.
-Mañana. – Sue frunce los labios y mira de una a otra.
-Bueno, si va a ser en el día y solo piscina y volverán antes del anochecer, entonces sí.
-Qué? – Pregunta Bella con asombro – no vas a llamar a Charlie? – Sue hace una mueca, la misma que ve Isabella desde hace unos cinco años atrás.
-Llamo a tu padre solo cuando creo que es muy importante la situación, será de día, es menos peligroso. Pero las quiero en taxi, no van a conducir, van a estar cansadas luego de la piscina.
-Sí, mami Sue! – Jessica salta y la abraza – eres la mejor.
-Sí, sí. Niña escandalosa. Ahora vayan a hacer otra cosa y déjenme cocinar la cena.
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La mañana había llegado rápidamente, Jessica había ido a su casa a buscar un bolso con ropa y regresó para que ambas se fueran juntas temprano. Ella le había dicho a Bella que la fiesta empezaría alrededor de las nueve de la mañana, iba a ser algo temprano porque muchos de los que irían eran de Seattle y debían volver a sus casas, decidieron hacerla en Port Ángeles porque uno de los chicos graduados vivía ahí, era adinerado y tenía una piscina climatizada en su enorme mansión familiar donde sus padres no estaban.
A las ocho de la mañana ambas tomaron un taxi con sus respectivas bolsas, llevaban lo necesario, maquillaje, identificación, dinero suficiente para regresar y más, y también un cambio de ropa, ya tenían puesto los trajes de baño debajo de su ropa, no necesitaban más. Jessica chillaba emocionada mientras más se acercaban a Port Ángeles. Bella solo miraba tratando de grabarse el camino de la casa a la que iban, no fue difícil hallarla.
-Joder! – exclama Bella cuando el taxi se detiene, era la mansión más grande que había visto jamás, en realidad nunca había visto una a parte de la pequeña mansión de los Cheney en el bosque de Fork's pero eso solo era una casa de tres pisos muy moderna para un pueblo, esta era de otro planeta.
-Es genial, cierto? – exclama Jessica feliz. Ella pagó el taxi y empujó a Bella para que saliera del auto. Delante de ellas estaban unas altísimas rejas de hierro negro de más de cinco metros con dibujos de árboles muy hermosos. Si miraban de derecha a izquierda podían ver que los altos paredones estaban revestidos de hiedra escaladora y a través de las rejas un largo camino de árboles llevaba hacia la mansión.
Las rejas estaban abiertas así que caminaron todo el trayecto admirando todo alrededor, era como un pequeño bosque privado lleno de flores silvestres. Al final se encontraron con un montón de autos, desde el más viejo chevete verde deslavado, hasta un Suv Luxury del año, caminaron hasta la entrada de la enorme mansión de tres pisos y entraron al ver la puerta abierta.
-Esta casa es impresionante! – exclama Jessica bastante alto, la música se escuchaba desde la entrada, muy fuerte y movida, habían chicos en pantalones tipo bañadores y chicas en bikini por todos lados.
-Jess, no creo que encajemos aquí – musita Isabella apretando su brazo.
-Claro que si encajamos, tenemos las tetas, el culo y las caderas, lo que no tenemos es la altura. Demonios! Estas chicas son altas – exclama asombrada. En eso también tenía razón, ellas se habían desarrollado después de los quince, habían tardado pero sus atributos las recompensaron, tenían un par de tetas grandes, un culo considerable, unas caderas gruesas con cintura estrecha y la carita angelical. Los perfectos veinte años de prisión que necesita un pedófilo.
-Y si buscamos a Royce? – pregunta Bella nerviosa caminando entre la gente con Jessica. Algunos las veían y sonreían otros las miraban confundidos.
-Sé que estas enamorada de Royce pero… tiene novia, sabes? No quiero que te ilusiones. Igual vamos a buscarlo para que sepa que estamos aquí.
-Claro – los ánimos de Bella bajaron enseguida. Sabía que Royce no se iba a interesar en ella, es decir, tiene veinticinco y siempre ha sido un rompe corazones. Pero es que su cabello negro azabache corto y despeinado, su sonrisa arrogante y ese cuerpo perfecto hacían estragos en ella. Nunca le dijo a Jess que casi estuvo a punto de hacerlo con Royce hace un año cuando fue en vacaciones de verano. Ella solo se asustó y huyó.
-Hey, Royce! – Jessica grita y arrastra a Isabella – ahí está, ven! Royce – Ambas llegan hasta el final de la casa y pasan unas puertas de vidrio que lleva a un enorme salón de paredes y techo de vidrio, hay sillas playeras por todos lados, la música es más fuerte y en medio una enorme piscina climatizada.
-Jess, Bella! – Isabella se detiene cuando llegan donde está Royce con solo un pantalón playero negro y su abdomen liso y duro desnudo, tiene una chica a su lado, es toda una modelo, alta, rubia y exuberante, él tiene su mano en su trasero y ella sonríe coqueta. – vinieron! Excelente. Tengo que presentarles a mis amigos.
-Claro! Aunque quiero entrar a esa piscina – exclama Jessica emocionada.
-Y lo harás, enana. Pero espera un poco – Royce repara en Bella y la mira a los ojos intensamente – como estás, Pequeña? – pregunta dulcemente y ella sonríe ruborizándose. Él tiene ese efecto en ella a veces.
-Bien. – le devuelve la sonrisa y suelta a la chica – ya vuelvo, nena. Espérame aquí. – eso baja el ánimo de Bella. Es obvio que tiene a la rubia. Él enlaza sus brazos con Bella y Jessica, una a cada lado – Esa era Laurent, mi chica. Creo que vamos enserio.
-Me alegro por ti – musita Bella bajito. Caminan alrededor de la piscina y llegan a donde está un grupo de chicos jugando cartas y bebiendo.
-Hey muchachos! – grita Royce y todos se giran. Son muy guapos, altos, musculosos y muy mayores. Bella debe recordarse que solo tiene diecisiete y cree que también debe recordárselo a su mejor amiga.
-Royce! – vitorean la mayoría y saludan mientras miran a las chicas.
-Quiero presentarles a mi prima Jessica – señala a la rubia – y a su mejor amiga Bella.
-Señoritas… - alarga las palabras uno de ellos con coquetería mientras intenta besar la mejilla de Jessica pero Royce las echa hacia atrás a ambas alejándolas de los chicos. – pero que…
-No estoy vendiéndolas al mejor postor, malditos ignorantes – gruñe sonriendo – Jessica es mi prima y Bella es muy importante para mí. Se las presento para que sepan que no deben tocarlas, no están a su alcance y son menores de edad. – un montón de abucheos se escucharon enseguida de parte de los chicos
-Entonces para que trajiste a estas hermosas chiquillas si no podemos tocarlas? – pregunta uno de los tipos confuso.
-Quiero que vean la mierda de tipos que van a encontrarse en la universidad. Esto es solo aprendizaje – varios se hicieron los ofendidos.
-Eso rompe nuestro corazón, Royce – el tipo morenos rodea los hombros de Jessica y le sonríe más amistosamente – te prometemos que no nos propasaremos con ellas.
-Seguros? – pregunta aun desconfiado. Otro de los chicos, un moreno sonriente con acento extraño rodea los hombros de Isabella.
-Promesa, amigo. Respetamos a la familia y… no queremos ir a la cárcel ahora! – las risas comienzan y Royce las suelta a ambas antes de dejarlas ir. – Sabes jugar poker, bonita? – pregunta el moreno a Bella.
-Solo un poco – musita él sonríe.
-Bien, esto es poker de chupitos. El perdedor bebe. Se unen?
-Claro! – exclama Jessica feliz.
-Por cierto. Soy Benjamin. Ellos son Ashton, Nahuel, Dimitri, Hana, Margaret, Peter y Duke.
La partida de poker llevaba alrededor de una hora y media, resulta que Isabella era increíble en el juego apenas se había tomado dos chupitos en todo el juego, varios se habían retirado del juego borrachos y otros más entraban y a todos les advertían que Jess y Bella eran intocables. Jessica se retiró aburrida otros veinte minutos después y se fue a la piscina. Bella tenía ganas de nadar pero había muchos dentro y en realidad no sabía nadar muy bien, preferiría evitar la piscina mientras se le bajaban los dos tragos.
Caminó alrededor de la piscina y entró hacia el pasillo de la casa, pasó esquivando parejas besuconas y luego vio el salón, también había más parejas y más juegos de bebidas. Se fue a la cocina y tomó una soda, necesitaba algo de azúcar, también tomó unas botanas y cuando iba a volver a la piscina vio una puerta entre abierta al otro lado del pasillo. Con curiosidad se acercó y jadeó al ver la biblioteca de dos pisos, llena de libros por todos los anaqueles, era un sueño hecho realidad.
-Hola? – llamó al entrar pero no había nadie. No creía que al dueño de la casa le molestara si leía un libro o dos mientras estaba ahí, prefería siempre los libros a las fiestas. Cerró la puerta detrás de ella y caminó entre los estantes acariciando levemente el lomo de los libros, siempre le ha gustado el aroma de las páginas viejas.
Le dio dos vueltas a los pasillos hasta que encontró en el segundo piso el área de novelas románticas, habían tanto nuevas como viejas, ya había leído todos los clásicos, su favorito siempre era orgullo y prejuicio pero había agarrado esta vez uno actual, el prólogo hablaba de romance prohibido y sadomasoquismo. Encontró un puf al final del piso junto a una ventana y se sentó a leer.
-Así que te gusta leer?
-Oh, por Dios! – exclama dejando caer el libro asustada, llevaba unas treinta paginas leídas y estaba tan absorta que no se dio cuenta que alguien se había acercado.
-Lo siento, no quise asustarte – musita aquella voz y ella jadea tratando de calmar sus latidos acelerados.
Ve como una mano toma el libro y sube la mirada siguiéndolo, no puede evitar impresionarse, él es increíblemente hermoso. Tiene unas bermudas verdes pino solamente, su torso desnudo le muestra un cuerpo trabajado y un abdomen duro, su pecho es ancho y su cintura estrecha, tiene una barba corta, de unos cuatro días a lo mejor, le llama la atención ese cabello cobrizo y alborotado, tan loco y brilloso y sus ojos, son del verde más intenso y hermoso que ha visto nunca.
-Está bien, yo… solo me distraje. – musita bajando la mirada.
-Qué haces aquí leyendo? Deberías estar en la fiesta – murmura viendo la contraportada del libro – sado? Intenso! – murmura sonriente, ella se sonroja enseguida al haber sido descubierta leyendo ese tipo de libros, solo Jessica sabe de su afición por los libros de amor erótico.
-Yo no… me llevo bien con las fiestas – musita bajo aun avergonzada. Ve como él se agacha frente a ella y la toma por la barbilla mirándola con fascinación.
-Es un color precioso – musita acariciando su mejilla con el dedo índice, lo aparta un segundo después para mirarla a los ojos un poco confuso – eres una de las niñas que vino con Royce – afirma y ella asiente. – eres la prima? – pregunta ladeando la cabeza.
-No – susurra tratando de mirar a otro lado, su mirada es demasiado intensa e intimidante. Él asiente dos veces entendiendo.
-De acuerdo, entonces eres la chica importante. Lástima.
-Cómo? – pregunta levantando la cabeza cuando él la suelta y se pone de pie. – que… que lastima qué? – pregunta confundida.
-Hubiera sido increíble que solo fueras la prima. – comenta dándole la espalda mientras va hacia un estante de libros de economía.
-De que hablas? No entiendo! – pregunta poniéndose de pie para seguirlo. Choca con su espalda cuando él se detiene para girarse, la toma por los brazos para no dejarla caer. Sus miradas conectan por segundo u horas pero ambos lo sienten, está ahí, es intenso, ardiente, casi insoportable pero él cierra los ojos y niega antes de soltarla y dar un paso atrás.
-Eres la chica de la que Royce siempre habla – murmura serio mientras descansa los brazos sobre la baranda de madera mirando hacia el piso de abajo – te llamas Isabella, no es así? – pregunta y ella asiente. – pues es la afirmación que necesitaba y entiendo el porqué de su obsesión. Eres malditamente perfecta.
-Yo… que? – Jadea más confundida aun – no entiendo nada. De que hablas? – él bufa y niega cansado, se pasa una mano por el cabello con impotencia.
-Royce ha estado hablando de ti en la universidad durante los últimos tres años – gruñe con los dientes apretados – Isabella tiene el cabello así… Isabella tiene los ojos así… Isabella sabe hacer esto… Isabella es preciosa… Isabella es inteligente… Isabella es… Isabella es y toda esa mierda de Isabella es me tiene jodido.
-Yo… lo siento? – susurra confusa sin saber que decir, él resopla una sonrisa y la mira con melancolía.
-Él tiene razón. Eres jodidamente perfecta. Durante tres años he sabido cada cosa sobre ti, tus estudios, tus logros en el club de teatro, tu talento como capitana de las animadoras a pesar de ser torpe con tus propios pies, tu amor por el arte y los libros, tu inmenso corazón bondadoso, tu humor satírico… - gruñe y vuelve a pasarse una mano por el cabello – cuando comenzaste a desarrollarte fue peor.
-Que…
-Bella está preciosa decía… – continua hablando casi gruñendo sin dejarla hablar – sus tetas son impresionantes, su culo es impresionante, su sonrisa pícara es impresionante, cada maldita cosa es impresionante. – Se separa de la baranda y la mira – te idealicé en mi cabeza – gruñe tocando su cabeza varias veces con su dedo índice – nunca me enseñó una foto de ti a pesar de tenerla, me hice mil imágenes sobre ti pero ninguna te ha hecho justicia.
-Mira… lo siento – susurra ella dando dos pasos atrás algo nerviosas y asustada. – no sé de qué hablas. Yo ni quisiera he visto a Royce más que unos días cada verano, inclusive hoy es la primera vez que lo veo desde hace un año, como puede él…
-acaso no lo sabes? – pregunta él confuso y da los pasos que ella retrocedió, ella vuelve a retroceder por instinto y pega su espalda al ventanal, él la acorrala entre la ventana y su cuerpo dejándola sin escapatoria.
-Que debo saber? – jadeo nerviosa y asustada. Él aspira el aroma de su cabello y gruñe bajo.
-Hasta tienes el aroma que él dice – gruñe molesto – ese bastardo sabe todo sobre ti, cada paso que das, cada aliento que tomas, cada sueño que tienes, incluso sabe de tu aversión a las mariposas y tu alergia a la anestesia general.
-Qué? Pero… como es que tú no eres el acosador? – pregunta alterada, él sonríe levemente.
-Nunca te había visto, Isabella. Todo lo que sé de ti lo sé por Royce, era mi roomie en la universidad y todos los malditos días me decía una cosa nueva de ti. Y créeme, creo que hasta yo estaría obsesionado contigo. Eres hermosa, preciosa y eres como un farol de luz que atrae a todas las malditas polillas alrededor.
-Si eso es cierto… - susurra nerviosa al sentir las manos de él a los lados de su cintura, muy cerca, puede sentir el calor a través de su vestido blanco veraniego. – por qué nunca se acercó a mí? – pregunta con valentía mirándolo a los ojos, tiene que subir la mirada porque es más alto, él baja la mirada y hace una mueca.
-Eres menor de edad, preciosa. No va a meter la pata contigo siendo la hija del comisionado de Washington. Esperará a que tenga dieciocho.
-Eso… eso es improbable – niega nerviosa y mira sus ojos – él me gusta solo un poco pero, hasta yo sé que él no es para mí. Y cuando tenga dieciocho no pienso estar aquí, no quiero nada con Royce solo quiero… irme – gruñe seria y él frunce el cejo y baja las manos.
-Qué? – pregunta confuso – no sientes nada por él?
-No – contesta enseguida – si, me sentí atraída por él, deslumbrada tal vez pero nada tan impresionante y tengo un objetivo y es largarme para siempre de este lugar. Donde nadie pueda encontrarme. – él la mira con exagerado asombro, se supone que ella estaba enamorada de él, Royce se lo había repetido mil veces, Isabella besaba el suelo que él pisaba, bastardo arrogante.
-Pero… - se detiene cuando escucha que la puerta se abre y Royce asoma su cabeza, él enseguida tapa a Isabella con su cuerpo y toma sus labios en un beso intenso y desesperado.
-Hey, Cullen! – grita Royce y este se separa solo lo justo de la chica, le tapa la boca con una mano y gira un poco la cabeza. – Has visto a Isabella?
-A quién? – Pregunta molesto – estoy ocupado ahora mismo Royce, lárgate.
-Bien, joder! – gruñe y cierra la puerta. Él vuelve a mirarla y la encuentra mirándolo con sorpresa.
-Lo siento pero tenía que hacerle creer que solo eras una de las chicas de afuera, por favor, no grites – él aparta la mano de su boca lentamente mientras ella solo lo mira agitada, ese beso había prácticamente el primero que había recibido.
Era cierto que Adam Greyson la había besado a los quince, pero él solo rozó sus labios por unos diez segundos y luego salió corriendo nervioso, luego había besado a Royce a los dieciséis pero fue también algo superficial, solo un roce de labios, luego había atacado su cuello y su escote y corrió lejos de él, ahora ese chico la besaba con pasión, con ansias, con labios, lenguas y dientes y había sido devastador para su cuerpo.
-Yo… - susurra aun sintiendo cosquillas en su vientre y en sus senos, su pecho roza estos, los cuales están sensibles y una de sus manos la sujeta por el cuello calentando su piel – puedes besarme de nuevo? Por favor? – jadea ansiosa y él gruñe.
-Mierda, Isabella – susurra y un segundo después invade su boca nuevamente, gime al sentir el contacto de su lengua, ella es cálida, suave y deliciosa, su lengua húmeda y picara batalla con él sacándolo de quicio, quiere reñirle que no lo haga, que deje de besarle así, que deje de provocarlo más pero no puede, lo necesita, ella es jodidamente suave por todos lados, tan inocente y tan picara.
La toma del culo y la alza haciendo que su dura erección roce con su caliente centro. Puede sentirlo a través de la poca tela, amasa su culo y la siente moverse sobre él, meciéndose entre sus manos, ella gime y él toma su gemido, quiere todo de ella. Deja sus labios a duras penas y va dejando un reguero de besos húmedos por su barbilla y cuello, la pega a la ventana y afinca su erección en ella haciéndola gritar de placer.
-Sabes tan bien – gruñe lamiendo su cuello, ella jadea y él sube una mano para tomar uno de sus senos, son grandes, abarcan sus manos por completo – joder, Isabella. Eres tan exquisita.
-Oh, necesito… necesito… - ella gime moviéndose sobre él restregándose en su erección.
-Que quieres, nena? Dímelo y te lo doy…
-Yo… no lo sé. – Gruñe ansiosa – me siento al borde de algo – Edward siente un gruñido salir de los más profundo de su pecho y toma sus labios de nuevo mientras baja sus manos hacia el caliente y húmedo sexo de Isabella. El neandertal que hay en él celebra al saber que ella es virgen y que jamás ha tenido un orgasmo.
-Déjame aliviarte, nena. – ella asiente jadeando y él aparta el bañador y acaricia la húmedas bañando sus dedos antes de insertar lentamente un dedo.
-Oh, Dios! – gime alto echando la cabeza hacia atrás.
-Eso, linda. – Susurra besando su cuello y su pecho sin dejar de mirar la expresión de su cara – déjame llevarte alto – comienza a mover el dedo dentro y fuera hasta que busca meter un segundo dedo, con algo de resistencia, es muy estrecha, con más gemidos los acepta profundamente – estás tan apretada, preciosa. – ella gime más alto y más seguido mientras el mueve sus dedos dentro de ella deleitándose con la imagen erótica frente a él.
-Oh, joder! – gime apretando los ojos mientras mueve sus caderas sobre la mano de él.
-Eso, nena. Lo sientes? Sientes la presión en tu vientre? Como recorre tus piernas y brazos? Ese rico hormigueo que se concentra aquí abajo? – susurra él incitándola, sabe que está cerca, quiere que se corra, quiere ser el primero en dárselo.
-Sí, sí, lo siento! – gime ansiosa.
-Vamos, nena. Siéntelo más. Siente la presión, siente como se recoge para luego expandirse. – ella jadea y abre los ojos y lo mira fijamente, eso fue lo que él necesitó para correrse en sus pantalones, esa mirada de lujuria total en esos preciosos ojos marrones, era sexo puro. – córrete! Córrete ya! – ordena apretando los dientes sintiendo el placer recorrerle el cuerpo y grita. Él toma su boca para absorber sus gritos, lo quiere todo, su orgasmo, sus gritos, su cuerpo, todo.
-Eso… eso fue… - ella jadea buscando aire mientras descansa la cabeza en el pecho de él. Este saca sus dedos de su centro, se corrió en su mano y si, necesita probarla, ella ve como él lleva esos dedos que estuvieron dentro de ella a su boca y gruñe – pero que…
-Eres tan jodidamente deliciosa – gruñe y luego la besa haciéndola sentir su sabor – nada sabe mejor que tú, hermosa. – suspira y ella vuelve a descansar su cabeza en el pecho cálido de él. – te ha gustado, nena? – pregunta en un susurro mientras la carga para tirarse en el puf con ella sobre él. Sabe que la ha dejado agotada y eso le ha subido el ego mucho más.
-Eso fue increíble. Jamás había sentido eso. – él sonríe con arrogancia y muy en el fondo de su mente se burla de Royce "ahora es mía, hijo de puta bastardo".
-Puedo dártelo siempre que quieras, nena. – Susurra aspirando el aroma de su cabello – eres mi chica ahora, mía y ningún bastardo va a cambiar eso. Ni siquiera Royce. Lo entiendes?
-Lo entiendo – susurra en su pecho. Le hubiera asustado la forma tan posesiva en que habló de ella, debería molestarle eso pero hay algo en él, algo especial, único y esa conexión que siente con él nunca la sentirá con Royce. Y quizás con nadie. – creo que deberíamos salir de aquí, el dueño de la casa puede molestarse. – él ríe y besa su cabello mientras la aprieta más a su cuerpo.
-El dueño no va a molestarse. La casa es mía – ella levanta la cabeza con asombro y él le sonríe ladinamente. – sí, nena. Es mía. Bueno, de mi familia. Así que estamos bien – ella vuelve a recostarse en su pecho más tranquila.
-Por cierto… cómo te llamas? – él vuelve a reír, la situación es de lo más bizarra, él sabe todo sobre ella, todo sobre su vida, la ha besado y la ha hecho correrse con sus manos, la ha probado y ahora están abrazados en silencio, pero ella ni siquiera sabe su nombre.
-Soy Edward, nena. Edward Cullen. Y te diré todo lo que quieras saber sobre mí para que sepas que esto no ha sido solo un desliz. Esto es serio y puede que permanente.
.0.0.0.
So...
que les pareció?
déjenme su Rw y nos leemos pronto.
bye
