Oodora

Torani

Tras pagar la cuenta, además de comprarse un par de botellas de sake para que el camino de regreso al Sunny no se le hiciera demasiado largo a Zoro, los dos mugiwara se pusieron en marcha con gesto indiferente como si nada fuera de lo habitual hubiera sucedido entre ellos dos por mucho que sí lo hubiera hecho.

Era cierto, y ambos lo sabían, que el acostarse entre nakama podía dar lugar a momentos embarazosos, por suerte nada de embarazos pues una cosa era tener sexo de improviso y otra bien distinta era no estar preparado para tenerlo, ya que tras mantener relaciones sexuales suele haber momentos de incertidumbre al no saber a ciencia cierta cómo debían comportarse entre ellos. ¿Podían volver a cómo había sido su relación antes del sexo? Resultaba obvio que era algo imposible pues, como la pérdida de la virginidad, no había marcha atrás, válida, tras haberse acostado. ¿Entonces cómo debían comportarse a partir de ahora?

―¿Somos nakama con beneficios, kenshi-san?

Aquella pregunta, realiza completamente de improviso, y sin ni siquiera molestarse en dirigir su atención a Zoro, lo pilló tan de sorpresa que el trago de sake se le fue por el otro lado de manera que su rostro cambió de color antes de ponerse a toser como si fuera a echar fuera las entrañas, o los pulmones. Por suerte para él Robin se prestó a echarle una mano propinándole unos cuantos golpes en la espalda para tratar de aliviarle. ¿Aliviarle a golpes? Vale, en este caso, con estos dos en concreto, no podía ser más válido.

―¿Mejor?― se interesó Robin tras su último golpe.

―Yeah, arigatou por tu, desinteresada, ayuda, Robin― el sarcasmo en su voz no pasaba desapercibido.

―Cuando quieras, kenshi-san― le replicó sonriéndole maliciosamente―. Y hablando de querer, ¿podemos follar nuevamente cuando vuelva a tener ganas de hacerlo?

Sería del todo hipócrita el decir que no había disfrutado follando con Robin pero eso de hacerlo con un nakama cuando la mayor parte del tiempo se encontraban todos en el Sunny con la consecuente posibilidad de que el resto llegase a enterarse de este tipo de relación sexual entre los dos… solo con pensar en el alboroto que montará Sanji es suficiente para que te surgiera un tumor en la cabeza.

―¿Crees qué sería lo correcto, Robin?― ni burla, ni sarcasmo sino pura seriedad por parte de Zoro―. Esto, a pesar de las apariencias, no sería algo que solamente fuera a quedar entre nosotros sino que afectaría a los demás y por ello debe pensarse si pudiera resultar contraproducente para el devenir de nuestro viaje y la consecución de cada una de nuestras ambiciones.

El rostro de Robin se mostraba firme y sereno escuchando las palabras de Zoro y asimilándolas con mucho cuidado y atención aunque no pudo evitar recordar sucesos pasados en los que el kengou había dado muestras de su madurez.

Recordaba como Zoro se resistió a sus intentos por ganarse su confianza luego de haber logrado que Luffy le permitiera unirse a la Mugiwara Kaizoku-dan, a diferencia del resto de sus nakama quienes cayeron ante sus artes de una manera extremadamente rápida y sencilla. La manera en que le admitió tenerla bajo vigilancia por el bien de sus nakama para acabar con ella a la más mínima muestra de traición. Como, a pesar de estas intenciones, la ayudó y protegió ante terribles peligros, incluso del nivel de un Taishou de la Marina, Aokiji. Le advertía, la protegía y entonces supo que finalmente la había aceptado para que ella fuera y quebrase dicha confianza y aceptación traicionándolos y negándoles el conocimiento que la llevó a cometer dicha traición. Como manejaba semejante situación con una asombrosa madurez dejándole bien claros los puntos a Luffy sobre cuál debía ser el actual estatus por su parte tras traicionarles. Que atacase a tan terribles enemigos para lograr retenerla a su lado junto al resto de sus nakama.

Eye of the tiger… eyes of Zoro!

Sí, recordaba cuando la salvaron y les agradeció a todos y él desestimó dicho agradecimiento porque aún se encontraba en peligro pues no la habían puesto completamente a salvo. No, no se relajó hasta que dejaron atrás Enies Lobby y Robin se encontraba segura nuevamente junto a sus nakama. Luego, cuando dejó bien clara su postura con respecto al regreso de Usopp a la banda supo que le faltaba algo más que simplemente darles las gracias por ir a por ella y salvarla de sí misma. Les pidió disculpas a cada uno de sus nakama.

―――――

"―¿Qué es lo quieres ahora?― le preguntó Zoro sorprendido porque Robin se le acercase a solas.

―Vengo a pedirte disculpas por todos los problemas que te he causado con mis acciones al abandonar la banda, kenshi-san― la mirada de Robin no tembló lo más mínimo manteniéndose firme fija a la de Zoro―. Porque es lo que debería haber hecho en primer lugar antes de daros las gracias. Gomennasai, kenshi-san.

―Solamente seguí las órdenes de nuestro senchou así que no tienes nada que agradecer… pero sí tienes de qué disculparte― añadió con gesto serio―. Espero que hayas aprendido la lección de todo esto.

Robin sonrió luminosamente.

―No tienes por qué preocuparte, kenshi-san. Jamás dudaré de mis nakama."

―――――

Su seguridad, su voluntad, como le enseñaba esas lecciones a Chopper de cómo ser un hombre logrando darle seguridad y confianza en sí mismo. Todo un padre para su joven nakama.

Kawaii…

La mano de Robin se movió, casi parecía que por propia voluntad, para sujetar a su nakama por la muñeca en donde se encontraba la última botella de sake y deteniéndole una vez ella se hubiera parado en medio del camino.

―Nani?

Pero eso fue lo único que solamente pudo decir al ver como Robin le quitaba la botella de sake de la mano para tomarse un buen trago. Ver aquel sutil movimiento de su garganta al beber, un fino hilillo de sake que se arrojó desde sus labios y que cayó rodando por su cuello hasta que la propia Robin lo atrapó con la yema de su dedo índice para devolverlo a sus labios. Todo esto con su mirada fija en los ojos de Zoro.

Eye of the tiger… eyes of Zoro!

―Arigatou, kenshi-san― le agradeció Robin devolviéndole la botella de sake.

Zoro le dirigió una mirada de soslayo, enarcando la ceja y ladeando la cabeza pero sin decir una sola palabra, antes de volver su atención al frente… para ser redirigido a la dirección correcta que los llevaría hasta el Sunny. Torciendo el gesto tomó un trago de sake con las ligeras risas de Robin de fondo.

La calma en el Sunny parecía jugar a favor de los dos mugiwara quienes sustituyeron a Franky cuidando del navío permitiéndole poder disfrutar de lo que esta ciudad tenía para ofrecer.

A pesar de ello no se encontraban en el puesto de vigía por mucho que eso pudiera ser lo que a cualquiera le podría parecer viendo la luz encendida del lugar y las siluetas que se entrecortaban pero, en realidad, Zoro y Robin se encontraban en el baño y más centrados en otro tipo de actividad. Una mucho menos sosegada y bastante más intensa.

¿Ya había pasado una semana o dos? Porque entonces sí que el tiempo se mueve a su propio ritmo pues parecía más como si hubiera sido un par de horas antes cuando Robin se durmió agotada luego de que Zoro la extasiara con diez penetrantes orgasmos.

Robin se encontraba en silencio y dejándose hacer por las acciones elegidas por parte de Zoro para poder disfrutar de este momento. Y sí, se trataba de un "momento".

Zoro se quitó la camiseta y el calzado quedando únicamente con los pantalones puestos… y en opinión de Robin se trataba de demasiada ropa.

De pie en medio del baño con sus brazos descansando en sus costados con su mirada fija en Zoro y ofreciendo el suficiente vigor para moverse según los deseos de su nakama. Pudo sentir, a pesar del calor residual que su cuerpo mantenía luego de sus escarceos sexuales previos, un escalofrío recorrerla ante la sutil caricia con la que le acarició ambas mejillas con el dorso de su mano. Sí, en verdad había que hacer algo con las consecuencias de tan intenso sexo.

Giró ambas manos para pasar de acariciarle con el dorso para copar su rostro y ser únicamente los pulgares quienes le ofrecieran leves caricias que terminaron sobre sus labios que fueron sutilmente acariciados de manera alternativa por las yemas de dichos dedos. De ahí descendió por su cuello, cerrando sus manos sobre él pero sin intención de ahogarla o quebrárselo pero sí ofreciéndole el conocimiento de dicha imagen, para luego moverse hacia sus hombros a los que acarició como si les estuviera sacando brillo. Las manos de Zoro bajaron por los largos brazos de Robin hasta llegar a sus propias manos donde, luego de haber entrelazado sus dedos por un par de eternos segundos, se las llevó a sus labios donde le plantó un par de besos, uno en cada dorso de las manos de Robin quien no pudo evitar entreabrir ligeramente los labios para dejar escapar un invisible suspiro.

Manteniéndole los brazos estirados se los fue llevando por encima de su cabeza mientras deslizaba sus manos para caer de dichos brazos a los costados del cuerpo de Robin hasta alcanzar finalmente su perfecta cintura que rodeó varias veces antes de volver a ascender por su cuerpo aunque, en esta ocasión, llevándose consigo el top dejando al descubierto la parte superior del cuerpo de Robin más allá del expuesto vientre.

Verla completamente desnuda de cintura para arriba, el conocimiento de que en el día de hoy había decidido moverse sin sujetador resultaba suficientemente excitante para pensar en acabar con todo esto y tomarla allí mismo. Tal vez por eso mismo Zoro logró controlarse porque esto no era, solamente, para él sino que era para el disfrute de Robin. El que él disfrutase al mismo tiempo era un punto a su favor.

Zoro la dirigió para que bajase los brazos y los dejase, una vez más, a sus costados mientras sus cuerpos quedaban muy cerca, llegando incluso a rozarse torso contra senos de manera sutil que logró ponerle erectos los pezones de Robin. Eso sin contar cómo el cálido aliento que desprendía Zoro de sus labios entreabiertos, a pesar de que sus dientes se encontraban firmemente apretados, lograba erizarle la piel en donde le golpeaba y volvía su propia respiración intensa y fogosa.

Los dedos del kengou delinearon la cintura del pantalón rodeándolo hasta quedar justo al frente donde, por detrás de la hebilla del cinturón, le desabrochó el botón y bajó la cremallera para luego dirigir sus manos a sus muslos pudiendo notar el calor que desprendían.

El kengou se agachó frente a Robin llevando sus manos hasta los pies de Robin para levantárselos lo suficiente y así poder disponerse a quitarle las sandalias. Una sandalia y un beso en el dorso del pie. Así la dejó descalza y ansiosa por más.

Llevó sus manos de regreso a las caderas de Robin para luego, al flexionar sus dedos, arrastrar con ellos el pantalón, a pesar de llevar puesto el cinturón, e ir bajándoselo hasta los tobillos. Con una mano sobre su gemelo la instó a levantar el pie para poder quitarle el pantalón para luego hacer el mismo movimiento con su otra pierna dejándola llevando únicamente sus medias de rejilla negras a juego con su braguita de encaje.

Un ahogado suspiro brotó de los labios de Robin, humedecidos con el paso de su lengua, cuando aquellas fuertes manos volvieron a moverse con delicadeza a lo largo de sus piernas para quitarle esas medias de rejilla que gastaba el día de hoy. Apretó los labios, mordiéndose el inferior con fuerza, cuando sintió los dedos de Zoro deslizarse por la cintura de su braguita justo antes de bajársela con terrible lentitud. Una vez más levantó sus pies para permitirle quitar finalmente la última prenda de ropa para dejarla completamente, en esta ocasión así era, desnuda.

―Kenshi-san…― no pudo evitar suspirar cuando las caricias de Zoro subieron por sus piernas rodeándolas por el interior de sus muslos acercándose todo lo diabólicamente posible a su sexo pero sin llegar a acariciárselo siquiera.

Finalmente Zoro se puso en pie clavando su mirada en el rostro de Robin el cual tenía un precioso tono sonrosado del ardor y deseo que emanaba de su cuerpo. Con inusual delicadeza en él, si no contabas la manera en que trataba sus katana, Zoro la cogió de la mano para llevarla hasta donde se encontraba la ducha.

―Alza el rostro― le ordenó secamente.

Robin hizo lo que le había ordenado y cerró los ojos dejándose sumergir por las sensaciones que le ofrecía sentir como el agua se deslizaba por todo su cuerpo. No pudo evitar, ni lo intentó, el recordar las caricias de Zoro recorriendo todo su cuerpo e imaginó que era él nuevamente quien la estaba acariciando.

Agua fría, agua caliente. Un sutil gemido se le escapó de sus labios.

―Muy bien, vamos allá.

Pero para sorpresa de Robin, en esta ocasión Zoro no la cogió de la mano sino que, directamente, la cogió en brazos cogiéndola completamente por sorpresa de manera que no pudo evitar tanto un grito ahogado como el entrelazar sus manos al cuello de su nakama quien no realizó ningún gesto con el que pudiera mostrar algún tipo de disconformidad con la acción de Robin.

Estaba tan cerca, solamente tendría que inclinarse levemente y podría volver a sentir aquellos labios sobre los suyos disfrutando de su metálico sabor a sangre y acero. Solamente tendría que inclinarse…

Zoro se inclinó ante la bañera llegando a arrodillarse para poder introducir a Robin con cuidado y sin peligro alguno. La temperatura del agua estaba perfecta y una vez la situó correctamente pudo sacar sus manos y brazos del agua dejándola sentada con las piernas estiradas a lo largo de la bañera. Usando la punta de los dedos le apartó el cabello del rostro dejándoselo completamente expuesto aunque le llevó la melena por delante y así dejar la espalda al descubierto.

Empapando por completo la esponja la apoyó sobre un hombro para luego deslizarla recorriendo la distancia hasta el hombro opuesto dejando caer el agua de la esponja por la espalda de Robin. A continuación la llevó moviéndola primero por sus brazos hasta alcanzar la punta de sus dedos antes de regresar a uno de los hombros y moverse justo al medio entre ellos. Sobre su nuca donde se movió realizando pequeñas circunferencias que la relajaban.

Exprimió la esponja hasta dejarla sin una sola gota de agua para luego volver a empaparla con agua limpia y fresca con la que le frotó toda su espalda hasta la frontera donde esta perdía su nombre. Robin se movió para quedar sentada, ya no a lo largo de la bañera sino a lo ancho, dándole la espalda a Zoro quien se la rodeó para lavarle es estómago subiendo lo justo para estar a punto de rozarle sus pechos pero bajando hasta sus piernas.

Robin se reclinó hacia atrás de manera que su espalda se apoyó contra el pectoral izquierdo y su hombro correspondiente recostando la cabeza contra el cuello del kengou. Mientras inspiraba el intenso aroma que desprendía su nakama levantó su pierna derecha completamente en vertical para que pudiera lavársela con la esponja desde el muslo hasta la punta de sus dedos aunque sin poder evitar unas ligeras risas, y un estremecimiento involuntario, cuando la lavó la planta de los pies pues tenía cosquillas en esa zona en concreto. Su pierna izquierda fue lavada siguiendo el mismo esquema y también la hizo reír como suspirar cuando al lavarle la parte interior de sus muslos le rozó su sensible intimidad.

―Kenshi-san…― le susurró con un sentido gemido al oído de su nakama.

Una vez más exprimió los restos de agua de la esponja pero en esta ocasión lo hizo sobre el torso de Robin mojándole sus generosos pechos. Rápida como el pensamiento la mano de Robin detuvo a Zoro cogiéndole por la muñeca de la mano que sujetaba la esponja para arrebatársela y lanzarla lejos de la bañera.

―Kenshi-san…― repitió Robin con aquella ardiente voz.

Sin la esponja en su mano usó esta para seguir lavándole el cuerpo a Robin y en esta ocasión luego de acariciarle el vientre siguió su camino ascendente rodeando sus pechos acariciando sus contornos con delicadeza masajeándolos y disfrutando de la ductilidad que presentaban. Usó su otra mano para masajeárselos al mismo tiempo recreándose en los deliciosos gemidos que brotaban de los labios de Robin. Ni que decir cuando sus pulgares entraban en contacto con sus erectos pezones.

Ahora fue el turno de Zoro para respirar el aroma del cuello de Robin mientras sus manos, abandonando los pechos de la morena, se hundieron entre sus piernas separándoselas lo suficiente para poder acariciarle la parte interior de sus muslos cercando su sexo. Cosquilleó con la yema de sus dedos el clítoris hinchado de Robin mientras le besaba el cuello en donde su lengua marcaba la zona antes de que sus labios se lo succionasen con cuidado. Eran tal las sensaciones que a Robin se le hacía complicado decidir con cual de ambas sensaciones disfrutaba más.

¿Para qué tener que elegir en realidad?

Podía sentir como la respiración de Robin se aceleraba y su excitación aumentaba con sus caricias y besos pero cuando estaba seguro de que estaba a punto de alcanzar su límite tras el cual su clímax la envolvería por completo… Zoro detuvo todas sus acciones ganándose un gemido de protesta por parte de Robin quien junto sus piernas atrapando la mano del kengou para impedirle dejarla a medias.

―Kenshi-saAAAH!

Si bien fue un grito de, inesperado, placer el bocado que le propinó Zoro al cuello de Robin solamente fue suficiente para obligarla a separar las piernas y liberarle la mano atrapada pero no para llevarla hasta su clímax.

Con una sonrisa impresa en sus labios Zoro llenó una cubeta con agua limpia y fresca, y usando una mano como visera para evitar empaparle el rostro, se la vertió por la cabeza mojándole por completo su larga melena. A continuación la reclinó de cara al ventanal del baño, dándole la espalda, para masajearle los hombros y alejarle esa reciente frustración por haberla dejado a las puertas del placer. A pesar de poder sentir la diabólica sonrisa en los labios del kengou Robin se dejo arrastrar por tan agradables sensaciones.

Robin había cerrado los ojos dejándose llevar y ni siquiera reaccionó cuando Zoro dejó de masajearla pues sabía que, a pesar de la interrupción anterior, no la iba a dejar a medias. Bueno, sin su orgasmo porque en realidad ni "a medias" pues se las había quitado antes de meterla en la bañera.

Cuando sintió las manos de Zoro sobre su cabeza supo de inmediato sus intenciones y no pudo evitar liberar un suspiro de gusto, en sentido completamente opuesto a los recientes, pues en este caso se debía a que le gustaba el gesto por parte del kengou de lavarle el pelo. Para alguien que siempre lo relacionaban con violencia y muerte se mostraba muy cuidadoso con algo tan inocente como era lavarle el cabello a alguien aunque, seguramente, el que dicho alguien fuera Robin tendría algo que ver. Sin embargo ella sabía que, aparte de a sí mismo, Zoro también le lavaba a Chopper. Y ahora también a ella.

Una sentida sonrisa brilló en el rostro de Robin.

No fue una acción simple o apresurada sino que Zoro se tomó su tiempo para lavarle a conciencia el cabello, desde las raíces a las puntas, enjabonándoselo durante unos bien utilizados cinco minutos. Robin podría haber seguido así durante horas.

―No vayas a abrir ahora los ojos― le advirtió Zoro justo antes de enjuagarle el cabello―. Bien, ya estás lista.

Con esto Zoro destapó la bañera vaciándola por completo y ayudando a Robin a salir de ella antes de que ya empezase a arrugarse a causa del agua. Mientras preparaba la bañera para que pudiera usarla cualquier otro de sus nakama a continuación, Robin volvió a darse una rápida ducha tras la cual, al volverse, se encontró con una toalla grande ante ella en la que fue envuelta y atrapada entre los brazos de Zoro. Con un par de brazos fleur se cubrió el pelo con una toalla mucho más pequeña.

Robin se sujetó la toalla grande para luego ofrecerle la mano a Zoro con sus grandes ojos fijos en los del kengou quien se dejó llevar por cubierta hasta el camarote que Robin compartía con Nami. Afortunadamente la akage, o cualquier otro de sus nakama, no habían regresado aún al Sunny.

Zoro se detuvo obligando a Robin a detenerse también y cuando se volvió para ver cuál podía ser el motivo de aquella parada se encontró frente a frente con su nakama. Aquellos ojos resplandecían peligrosamente y Robin sintió como se quedaba sin aliento. A pesar de ello aceptó sus labios mientras la obligaba a retroceder hasta sentir la cama tropezar contra sus piernas pero Zoro no se detuvo ahí sino que no le dejó otra salida que la de sentarse en la cama. Este fue el momento elegido por Zoro para cortar aquel beso.

―No me gusta dejar las cosas sin terminar― le dijo Zoro con un deje de humor que le sacó un leve fruncido a Robin al recordar como antes, precisamente, eso fue lo que había hecho al dejarla a las puertas de su clímax.

Claro que eso quería decir que también tenía pensado terminar con eso más adelante, ¿verdad?

Con cuidado, lo último que buscaba era dejarla sin un solo cabello en la cabeza, además de enfadarla más allá de todo entendimiento, Zoro empezó a secarle el pelo usando la toalla que lo cubría. Cuando finalmente le quitó la toalla Zoro no pudo evitar una carcajada al ver el estado en el que se le había quedado el pelo a Robin aunque al ver el ligero rubor en sus mejillas le cortó las risas y le aumentó el deseo. Sinceramente, ¿podía ser Robin totalmente consciente de lo que lograba provocarle con tan inocente gestos por su parte? Era Nico Robin, por supuesto que lo sabía aunque eso no quería decir que no sintiera un mínimo de timidez a pesar de todo.

―No deberías reírte cuando ha sido culpa tuya, kenshi-san― le advirtió Robin con sus mejillas sonrosadas pero cuando se disponía a cepillarse el cabello, usando el cepillo que se entregó a sí misma con unos brazos fleur, Zoro se le adelantó haciéndose con el cepillo.

―Tienes razón, y por tanto es mi deber el arreglarlo.

Habían follado salvajemente. La había lavado y, obviamente, en ambas situaciones la había visto desnuda pero era este otro tipo de situaciones y gestos por parte de Zoro los que lograban ruborizarle con más ahínco.

De pie frente a ella, con su vista fija en su objetivo, Zoro empezó a cepillarle el pelo con la mayor de las delicadezas posibles. Sí, como lo había pensado antes, a Robin le recordaba esta intensa atención a los detalles y al cuidado al que Zoro usaba cuando se estaba encargando de limpiar y cuidar sus katana. ¿Quería decir esto que para Zoro ella resultaba alguien tan respetada como sus preciadas katana?

―No hace falta que te molestes, kenshi-san, yo misma puedo cepillarme el cabello― le aseguró Robin aunque sin ser capaz de mantener un contacto directo con los ojos de Zoro sino de reojo alzando la vista.

―¿Quieres dejarme mal? Además ya me queda poco para terminar.

A pesar de sus palabras el cepillado se extendió durante unos benditos minutos en los que nada más pareció existir más allá de aquellos largos cepillados hasta que llegaron a su final.

―Listo― sentenció Zoro dejando el cepillo en la cama adyacente―. No ha estado tan mal para alguien que no se cepilla su propio pelo, ¿no crees?

Cierto, por lo que Robin sabía, Zoro no solía cepillarse el pelo más allá de pasarse los dedos por él tratando de ofrecer un aspecto natural pero sin que pareciera que se hubiera levantado de la cama, por mucho que algo así viniendo de una persona que solía pasar dormido gran parte del día…

―Arigatou, kenshi-san.

―Deja de agradecer por todo o, por lo menos, espera a tener un buen motivo para dar las gracias― le recriminó Zoro llevando las manos a la cintura de Robin.

Fuera lo que fuera lo que Robin tenía planeado replicarle a Zoro se le olvidó al instante exacto en que las manos del kengou empezaron a moverse por todo su cuerpo pero, a diferencia de anteriores caricias, en esta ocasión con intenciones inocentes o todo lo inocente que pudiera ser el que Zoro la estuviera secando moviendo la toalla sobre su cuerpo. ¡Por todo su cuerpo! Olvídate de gesto casto porque la manera en que sus manos se movían no era para todos los públicos, y eso sin contar cuando se dedicó a secarle los pechos o las piernas. ¡Las piernas! Por algún motivo parecía ser que la humedad no terminaba de ser secada porque cuando pasaba por el interior de sus muslos no hacía más que aumentar la humedad en su entrepierna. Así no había manera.

―Ya está, kenshi-san― le dijo Robin por muy húmeda que pudiera sentir en esa zona de su cuerpo en concreto―. No hace falta que sigas.

Por fortuna para Robin su nakama aceptó su palabra y dio por terminado su labor de secarle el cuerpo pero, ¿realmente había terminado con ella? Bueno, en realidad era la propia Robin quien tenía la respuesta a esta pregunta.

―¿Hay algo más que hagas tras bañarte?

La respuesta brotó de Robin sin pensar seriamente en las consecuencias de sus palabras, ¿o sí las había pensado claramente?

―No, bueno, en realidad me pongo algo de crema para…

Robin se percató de que Zoro estaba siguiendo su mirada hacia el aparador dirigida al pequeño bote de crema. No se movió lo más mínimo cuando Zoro fue a coger dicha crema porque Robin se había quedado pasmada viendo su reflejo en el espejo. Su rostro se veía tan vivo, sonrosado, y su cabello azabache brillaba perfectamente sobrio cayendo sobre su espalda salvo un par de mechones que, estratégicamente, caían justo ante sus pechos, de no haber tenido puesta la toalla cubriéndoselos.

―¡Kenshi-san!

El movimiento fue tan rápido como inesperado por parte de Robin cuando Zoro le dio un leve empujón que la llevó a terminar tumbada sobre la cama. Aunque no fue por eso, solamente, por lo que había emitido aquel gritito de sorpresa, sino porque al mismo tiempo le abrió la toalla logrando quitársela sin que se percatase de ello hasta que se la vio en la mano y se sintió desnuda ante él, literalmente hablando. Robin no pudo evitar el cubrirse los pechos con un brazo mientras mantenía apretadas las piernas, esto último por muy variados motivos.

―Kenshi-san…― su tono vergonzoso la hacía verse completamente adorable aunque era algo que Robin no podía evitar al fijarse en la manera en que Zoro la miraba ladeando la cabeza ligeramente como si la estuviera estudiando al detalle.

―¿En dónde te la pones?― le preguntó Zoro mostrándole el bote de crema.

―No es ninguna crema corporal― dijo de golpe Robin antes de cerrar la boca, y los ojos, recriminándose por semejante reacción―. Es para las articulaciones― confesó volviendo a abrir los ojos manteniéndolos fijos en Zoro―. Consecuencia del uso continuado de mi Hana Hana no mi― admitió resignada.

Robin sintió un nudo en la garganta cuando Zoro se inclinó sobre ella, cubriéndola a su pesar, pero para luego dirigir su atención en sus hombros en los que extendió aquella crema junto a un relajante masaje que también recibió sus codos y muñecas. A pesar de la inocencia de dichas acciones, y en realidad deberían serlas, Robin notó como aumentaba su calor corporal sobre todo cuando fue el turno de sus piernas, extendiendo la crema sobre sus rodillas y, finalmente, en los tobillos. Apoyándose sobre sus brazos Robin se alzó ligeramente para comprobar la situación de Zoro, algo de lo que no debería haberse preocupado pues pronto supo dónde se encontraba cuando sintió sus manos situándose bajo su cuerpo para levantarla lo suficiente y obtener una privilegiada visión del húmedo sexo de Robin cuyas piernas no podían más que descansar apoyados sobre los hombros del kengou.

―¡Kenshi-san!

No podía decirse que aquello fuera un grito de advertencia, o aprensión, sino uno más del tipo de anticipación. Sobre todo luego de haber disfrutado previamente de una buena sesión de intenso sexo con su nakama. Además, ¿qué podía haber mejor para terminar esta relajante sesión de baño y masaje?

Pues un buen cunnilingus.

Exacto, se encontraba relajada y por tanto su respiración no se mostraba alterada o acelerada sino que se movía a ritmo acompasado que, ¿casualidades de la vida?, fue el usado por Zoro para empezar a lamerle la vagina. Lo curioso era que se trataban de movimientos que no le resultaban desconocidos para Robin y no, no era porque ya se lo hubiera comido anteriormente, sino porque tenía bien visible los recuerdos de Zoro comiéndose un helado de una ingente cantidad de bolas de todos los sabores imaginables. Si alguien le aseguraba que había de biiru o sake lo aceptaría sin rechistar.

Sentía el movimiento de su lengua recorrer sus labios interiores derechos para luego pasar a los labios mayores con la misma lamida y seguir moviendo la lengua lenta y tortuosamente estremeciéndola de gusto. Claro que entonces atrapó aquellos labios en su boca, con sus propios labios, ofreciéndoles una ligera succión acompañada por las caricias de su lengua. Robin no pudo evitar esos gemidos de placer con su cuerpo arqueándose para darle mayor acceso a su sexo. Lo que hizo Zoro fue repetir aquellas más que agradables e intensas acciones sobre los labios izquierdos.

―Kenshi-san… it feels so good!

El que Robin estuviera gozando era suficiente recompense para Zoro aunque eso no quería decir que fuera a conformarse con ello pues, aunque no resultaba conocido en exceso por 'darle a la lengua', pues era del tipo silencioso porque no hablaba si no había nada interesante que decir, sí era conocido por sus extenuantes entrenamientos donde fortalecía todo su cuerpo, cada uno de sus músculos, para poder estar en forma ante cualquier eventualidad que se le presentase.

La lengua es el músculo más fuerte del cuerpo. Es un hecho.

La respiración jadeante de Robin se vio interrumpida por un inesperado gemido provocado por la súbita acción de la lengua de Zoro al introducírsele en la vagina penetrándola tanto con rápidos movimientos, con la lengua firme como con otros más exploratorios moviéndose por todo el interior que le fuera posible. Lamiéndola con cuidado alcanzaba su clítoris moviéndose alrededor con la punta de la lengua para luego dejarla completamente plana y cubrírselo mientras se lo lamía lentamente.

―Yes, kenshi-san, yes… así, sigue así, onegai…

Zoro la siguió penetrando con la lengua, lamiéndole los labios y succionándoselos pero, sobre todo, interactuando con aquel sensible y erecto clítoris al que las húmedas caricias de la lengua del kengou eran suficientes para llevarla a su clímax. Ni qué decir cuando también las lamidas iban acompañadas de una cierta presión o cuando lo atrapaba entre sus labios propinándoles una sucesión de rápidas succiones que la enloquecían.

Los dedos de los pies de Robin se contrajeron cuando su orgasmo la inundó por completo y sus gemidos fueron acompañados de monosílabos e, incluso, algún que otro "kenshi-san" cuando este atrapó en su boca el clítoris para propinarle una tanda de suaves succiones mientras su lengua se movía a su alrededor además de acariciándoselo. Los tranquilos movimientos llevaron a Robin a un nuevo orgasmo y a la petición de más suplicándole que fuera más rápido, más agresivo.

Robin sintió como todo su cuerpo perdía firmeza, quedándose completamente inerte, y siendo consciente de que tardaría un buen rato antes de poder recuperar la movilidad y control de su propio cuerpo aunque esa era la bendita consecuencia de disfrutar de la sucesión de cuatro orgasmos de manera consecutiva mediante sexo oral.

―Kenshi-san…

Le vio ponerse en pie mientras se relamía los labios, gesto que la azoró violentamente aunque sin fuerzas para hacer algo al respecto, y abría las ropas de la cama para luego moverla con cuidado en ese punto y tapar su cuerpo desnudo y extasiado.

―Descansa― le dijo Zoro mientras le recogía un mechón de cabello tras la oreja y sin poder evitar una sincera sonrisa al ver el rubor en las mejillas de Robin.

Fue a ponerse en pie cuando una mano le sujetó por la muñeca sorprendiendo a los dos porque Robin hubiera encontrado fuerzas para poder moverse aunque solamente fuera un brazo.

―Descansa conmigo― le pidió Robin con gesto nervioso―. Es que como sueles dormir en cualquier parte también podrías…

―Si no paras de hablar dudo mucho que pueda dormir algo― aunque eran unas palabras algo cortantes no había ninguna maldad en ellas. Además de que Zoro se tumbó sobre las sábanas al lado de Robin.

―Entonces estaré tan silenciosa como un cadáver.

―Y aún así esta parece ser una tumba bulliciosa― le replicó Zoro por volver a hablar.

Robin no dijo nada más. Cerró los ojos y se acurrucó contra Zoro dejándose llevar por el sopor y el cansancio acumulado en todo su cuerpo.

Feels so good!

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ENDorFin
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Disclaimer: todo lo reconocible acerca del Universo de One Piece pertenece a Eiichiro Oda/Shueisha inclusive, sobre todo, el ZoRo xD

Oodora: Gran tigre, bebedor.

Como algunos parece ser que un one-shot demasiado extenso les resulta demasiado aprovecharé este en concreto para dividirlo en tres partes, bien, diferenciadas principalmente por la propia naturaleza de la historia y el fan-art de apoyo. En realidad no hay mucho más que decir salvo que espero que guste a pesar de la simpleza de la inexistente trama xD

Nos leemos.^^