Serena se levantó muy temprano la siguiente mañana. Se sentía muy emocionada por ser su primer día de trabajo, no sería fácil, eso lo sabía muy bien, pero nada le quitaba la furia que sentía de manejar lo que su padre con tanto esfuerzo había forjado día con día. Eligió el mejor atuendo que tenía, uno que la hacía verse como una importante ejecutiva, elegante, seria, pero al mismo tiempo muy sexy y hermosa. Soltó su cabello y lo dejó caer sobre sus hombros. Siempre había tenido el cabello muy largo y brillante, tan rubio como los rayos del sol. Maquilló su fino rostro como le gustaba, discreto y natural, y por último pintó sus labios rosados. Eligió unos tacones altos y grises que quedaban a la perfección con su atuendo. Tomó sus pertenencias y salió a la calle.
El camino hacia se nuevo hogar no era muy largo, en veinte minutos logró divisar a lo lejos el enorme edificio de 15 pisos que se alzaba por sobre los demás con su nombre brillante y muy grande en el centro: "Brightness Magazine: Tsukino Enterprises." Serena de pronto se sintió muy orgullosa de ello, ver su nombre ahí le parecía de lo más especial y genuino. Estacionó su automóvil en el lugar asignado para llena y que rezaba "Presidencia". El enorme estacionamiento estaba lleno de carros, lo que le indicaba que la mayoría de los empleados ya estarían en sus puestos de trabajo, lo que la hizo sentirse orgullosa de todos ellos.
Entró por la puerta principal, se abrió sola cuando el sensor detectó su movimiento y se sorprendió de ver todas las remodelaciones que le habían hecho al edificio desde su última visita hace 5 años. No lograba explicar la felicidad que sentía en esos momentos, tantos planes que tenía en mente para Brightness Magazine, tantos cambios, tantas cosas que haría allí. Escuchó una voz dulce pero firme que le daba la bienvenida desde la recepción.
-Buenos días, señorita, bienvenida a Brightness Magazine, ¿en qué puedo ayudarla?
Cuando miró a la muchacha que estaba del otro lado del mostrador se sorprendió mucho, nunca creyó encontrar a Unazuki Furuhata trabajando en su revista y por supuesto tampoco se imaginó el cambio en su persona, pues ya no era una niña. Unazuki miró a Serena, tratando de reconocerla, y cuando al fin lo hizo dibujó una sonrisa en el rostro y se levantó de su asiento para poder abrazarla.
-¡Serena!-gritó-¡No puedo creer que estés aquí!, aquí con nosotros al fin!
-Unazuki, que gusto me da verte, estas hermosa no puedo creerlo, tu hermano debe sentirse orgulloso de ti. No tenía la menor idea de que trabajaras aquí.
-Es porque comencé apenas hace una semana, estoy yendo a la universidad y mi hermano me ayudó para que me contrataran, necesito pagar mis gastos de la escuela.
-Me da muchísimo gusto, ¿qué estas estudiando?
-Diseño gráfico.-dijo sonriente.
-¡Qué bien!, así podrás incorporarte a nosotros cuando termines.-dijo Serena dándole otro abrazo.
-Serena, siempre me has parecido hermosa, pero ahora lo eres más que nunca, ya no eres una niña, te ves muy bien con tu maquillaje y tu ropa, eres la presidenta que esta empresa se merece.
-¡Oh, Unazuki!, me vas a hacer sonrojar, tú sí que estas bonita.
Serena continuó su camino hasta el elevador. Su oficina se encontraba en el piso quince, ya que en los otros catorce estaban destinados para otra cosa. En el catorce redacción, trece edición, doce contaduría y administración, once recursos humanos, diez diseño, nueve fotografía, ocho y siete imprenta, seis y cinco salones especiales para juntas masivas o conferencias, cuatro y tres ordenamiento y almacenamiento de las revistas ya impresas, dos empaquetamiento y distribución, planta baja recepción además de un salón especial para eventos públicos y privados, todo esto además de dos pisos subterráneos, uno para almacén, y el otro para embarque y descarga.
Serena estaba muy orgullosa de su empresa y cuando al fin llegó al quinceavo piso encontró a Luna, Mina y Artemis esperándola. Los tres corrieron casi al mismo tiempo y se abalanzaron sobre ella. Luna inmediatamente llenó de besos a Serena, pues ella era como su segunda mamá, a pesar de que no era tan mayor, tan solo ocho años más que Serena, pero la conocía desde muy pequeña. Siempre fue la mano derecha de su padre en la empresa, y la de su madre en la casa. Ella cuidó mucho tiempo de Sammy y Serena y ahora sería la mano derecha de ella. Serena se sentía muy afortunada de tenerla, porque de no ser así hubiera sufrido de muchas maneras. Artemis también era muy importante en la vida de Serena, pero mucho más en la de Mina. Por esta misma relación, Mina y Serena se conocían de toda la vida.
-Mi niña no sabes la falta que me hacías y lo mucho que te extrañaba. Creí que jamás volvería a verte y no puedo creer que estés aquí.
-Hay Luna, sabes muy bien que yo pienso exactamente lo mismo, me hacías muchísima falta. Y tu Artemis, me alegra tanto verte, me da mucho gusto que sigas aquí con estas dos mujeres que lo son todo para mí.
-Serena, sabes muy bien que yo nunca las dejaría solas, ni a ellas ni a ti, son mis joyitas, te extrañábamos mucho.
-Anda, Serena, ven con nosotros, quiero que veas cómo arreglamos tu oficina. Sé muy bien que te hubiera causado nostalgia verla tal y como la dejó tu padre, pero nos hemos encargado de dejarla a tu gusto.
Los cuatro se dirigieron a la oficina y cuando Serena entró quedó totalmente sorprendida. Todo era hermoso y elegante, justo como a ella le gustaba. Tenía sus colores favoritos y lo que más le había gustado, su cuadro preferido "Noche estrellada" de Van Gogh. Un par de lágrimas resbalaron por su mejilla. No podía sentirse más feliz de estar ahí ahora. Dejó su laptop y su portafolio sobre el escritorio de caoba y se sentó en su cómoda silla.
-Luces muy bien detrás de ese escritorio, mi niña.-dijo Luna llorando por igual.-No sabes cuánto ansiaba verte ahí sentada.
-Ya no llores, Luna.-dijo Serena limpiándose las lágrimas.-A partir de ahora nadie llorará aquí, todo será mejor cada día. Yo soy Serena Tsukino, Presidenta Ejecutiva de Brightness Magazine y quiero que ahora mismo convoquen a una junta con todos los jefes de departamento en la sala de juntas en media hora.
-Por supuesto que sí jefa.-respondió Luna.-Yo me encargo.
-Artemis, quiero que prepares la sala de juntas y, Luna, antes de avisarles tráeme una carpeta con los nombres de ellos. Es hora de conocerlos.
Mientras Luna y Artemis se encargaban de sus trabajos, Mina no dejaba de agobiar a Serena con preguntas.
-Por favor, cuéntame Serena, ¿tienes novio?
-¡Mina! No es momento de hablar de esas cosas, aquí venimos a trabajar.
-¿Ni siquiera un pretendiente?-dijo con ternura.
Serena sonrió ante su desfachatez y decidió hablar.
-Sí tengo un enamorado, aunque no es mi novio, es un joven con el que me he estado mandado cartas desde hace tres años, justo después de que mis padres murieron. Un día me llegó una carta a Londres accidentalmente, como el lugar a donde iba dirigida se encontraba muy lejos, decidí responderle para disculparme por las malas noticias. Por lo que desde ese entonces nos empezamos a escribir, hasta que después de varios meses me di cuenta de que me gustaba demasiado hablar con él. Me envió una carta al mes durante tres años, y yo igual, no sé su nombre real, acordamos que el día que nos conociéramos en persona nos lo diríamos. Realmente lo adoro… sé que es una locura, que no sé quién es, no sé cómo es, pero lo conozco, sé todo sobre él, y he aprendido a quererlo en la distancia y en el anonimato.
-Wow.-dijo Mina muy seriamente.-Realmente estas enamorada de ese desconocido. No puedo creerlo, siempre has sido muy precavida, qué tal si no es quién te dijo ser, qué tal si… no sé… ¿qué ha pasado con él? ¿De dónde es? ¿Sabe que regresaste a Tokio?
-No… hace seis meses que no sé nada de él. Le he mandado varias cartas desde entonces, pero no ha habido respuesta. Lo conozco y sé que no significa que no quiere hablar conmigo, eso nunca, algo tuvo que haberle sucedido, estoy segura. De cualquier manera le dije a mi amiga con la que vivía allá que en cuanto me llegara una carta de él me la enviara a mi dirección aquí en Tokio. No sabes todas las cosas hermosas que me ha dicho… la hermosa persona que es…
Luna entró interrumpiendo la conversación. Le informó a Serena que ya todos estaban en la sala de juntas excepto Mina y ella, por lo que ambas se pusieron de pie y se dirigieron a la sala. Ya dentro, todos los jefes de departamento se encontraban sentados en la enorme mesa del centro. Mina tomó el asiento libre que quedaba y Serena se quedó de pie en la cabecera de la mesa frente a todos ellos. Algunas miradas eran leales, otras no tanto, pero Serena estaba seguro de sí misma y estaba dispuesta a todo.
-Muy buenos días a todos ustedes. Supongo que a estas alturas ya saben el motivo de esta junta extraordinaria, les prometo que es la última vez que los llamo de esta manera porque quizá estaban muy ocupados. Estoy muy agradecida con todos ustedes, sé que todos ustedes ya tienen tiempo trabajando en esta empresa tan importante, y que son los mejores en su respectiva rama. Antes que nada quisiera presentarme con todos ustedes. Yo soy Serena Tsukino, presidenta ejecutiva de Brightness Magazine: Tsukino Enterprises, como ya sabrán, soy hija del Señor Tsukino, descanse en paz, mi padre tenía muchísimos planes para esta revista, planes que yo voy a seguir, planes que todos nosotros como un equipo debemos seguir y que juntos vamos a mantener la posición de nuestra querida revista. Sé que si cada uno de ustedes trabaja aquí es porque conoce, ama, respeta y disfruta Brightness Magazine, sin ustedes no sería posible esta creación. Quiero que sepan que me pueden tener la confianza suficiente, porque sin eso ni ustedes ni yo podremos trabajar bien, yo estoy dispuesta a aceptarlos a todos como sean y las ideas que tengan, con la única condición de que ustedes me acepten a mí. Sé que podemos ser muy buenos amigos, confidentes, compañeros, pero sí queremos que esto funcione, deben de estar siempre consientes que, a pesar de que seamos amigos, ustedes me deben lealtad y por lo tanto, deben cumplir lo que se les dice. Estudié Ciencias de la Comunicación en Cambrigde y una maestría en Medios Masivos de Comunicación en Oxford. Pueden llamarme Serena, sin necesidad de tanta educación, somos jóvenes y no hay necesidad de ello.
Todos aplaudieron cuando Serena terminó de hablar, nadie se esperaba que fuera tan amable y dinámica, era perfecta para el puesto, y hermosa, pensaron los hombres.
-Ahora quiero que cada uno se presente conmigo, porque quiero conocerlos más personalmente. A pesar de mi ausencia, sé el puesto y la función de todos, solo quiero poder identificarlos para comenzar a trabajar rápidamente.
Luna le entregó la lista con los nombres y comenzó a nombrarlos.
-Mina Aino, te conozco bien, ni te molestes en abrir la boca.-todos rieron.-Al que sí quiero conocer es a tu co-redactor y reportero, Yaten Kou. Luna, programa una junta para después de la hora de comer con los subjefes. Lita Kino, jefa de fotografía.
Lita levantó la mano tímidamente y le sonrió a Serena, parecía ser una buena chica.
-¿Rei Hino?
Rei, más amargamente levantó la mano y se presentó, no parecía prometer una buena amistad entre ellas.
-Tengo entendido que eres jefa de diseño.
-Estas en lo correcto.
-Muy bien… quisiera que trabajaras conmigo en el diseño de la próxima edición, hay unas cosas en la portada que no me gustan y…
-¿No te gustan? He trabajado en el diseño de las portadas desde hace casi tres años y…
-Rei, ¿crees poder manejarlo?-interrumpió Serena antes de que Rei pudiera siquiera seguir quejándose. Ella asintió de mala gana y cruzó los brazos en actitud negativa.
-Mi jefe de imprenta, Taiki Kou, ¿dónde está?
Taiki levanto la mano tímidamente, él era callado pero muy activo, le gustaba trabajar a la perfección y durante cuatro años jamás se había atrasado en la entrega de la revista. Su trabajo era quizá el más importante. Hacer la magia y tener la revista impresa y lista un día antes de su lanzamiento a la venta. Taiki había estudiado Ingeniería en Sistema Computacionales y toda su vida giraba en torno a la tecnología, para él significaba todo, por lo que era un experto en el tema. La segunda cosa que más le gustaba hacer era leer, he ahí el hecho de que amara tanto su trabajo incluso cuando a muchos les parecía aburrido. A decir verdad, Taiki trabajaba mucho, porque no podía permitirse el hecho de cometer errores en la impresión. Manejar las máquinas que hacían esto tampoco era algo fácil, ni siquiera Serena, ni Rei, ni nadie las podría manejar.
-Mucho gusto, señorita Tsukino, siempre quise conocerla.
-Taiki… ¿qué dije sobre mi nombre? Aquí nada de señoritas, todos somos iguales y somos amigos, ¿no?-dijo Serena sonriendo.
-De acuerdo… Serena.-sonrió.-Me da gusto que estés aquí, en cuanto puedas baja al piso ocho de imprenta, te gustará estar en donde la magia se hace.
-Te aseguro que más pronto de lo que piensas estaré contigo.
-Por último tengo a Amy Mizuno, mi jefa de edición. Tú y yo tendremos que ser muy buenas amigas si queremos llegar a acuerdos.-dijo Serena sonriendo.
-Descuida, Serena, te aseguro que nunca te vas a arrepentir de trabajar junto a mí, soy muy tolerante y de mente abierta.-rió.
Amy era otra genio más en el corporativo, ella y Taiki eran los más inteligentes y expertos dentro de la empresa. Amy estudió periodismo, literatura, y una maestría en comunicaciones. Tenía una excelente ortografía así como el poder impresionante de detectar faltas de ortografía y redacción en cualquier texto. Además de ser la persona más amable sobre la tierra.
-Espero que…-Serena leyó algo en su lista y luego asintió.-Seiya Kou es tu co-editor, ¿no?, espero que esté aquí porque lo quiero ver a él y a los otros subjefes después de comer. Ustedes hermanos Kou de dónde salieron.-dijo Serena dirigiéndose a Taiki.-No puedo creer que los tres estén trabajando aquí.
-Bueno es que mi hermano es muy buen reportero, es el menor y tiene apenas un año aquí, está por cumplirlo.
-Entonces ascendió muy rápido, debe de ser bueno para haber logrado eso. ¿Qué hay de Seiya? También tiene un muy buen puesto.
-Seiya es el de en medio y ya tiene incluso más tiempo que yo trabajando aquí, solo que no de co-editor.-rió.-Empezó a trabajar hace seis años de mensajero, duró en ese puesto por dos años y luego trabajó en el almacén uno más. Cuando terminó su carrera le mostró a su padre que en paz descanse, sus escritos y reportajes y de inmediato lo puso a trabajar con Amy, ya después se convirtió en co-editor. Por lo que ve conoce la empresa muy bien, y cada parte de ella.
-Ya veo, ya tendré la oportunidad de hablar con él. Eso es todo, está de más decirles que ahora a quien tienen que reportarle todo es a mí y no a Luna. Quiero todas las mañanas en mi escritorio un reporte del día anterior, cualquier cosa que tengan duda o que necesiten ayuda no duden siquiera en llamarme. Cualquier cosa que no se vea conmigo primero será intolerable, absolutamente todo lo que ustedes quieran hacer me lo tienen que consultar primero. Todos los viernes tendremos junta aquí en esta sala, con subjefes también para discutir temas de vital importancia y como es de costumbre, el quince de cada mes nos reuniremos a hacer el prototipo del mes, los veintiocho de cada mes nos reuniremos a ver el producto total para lanzarlo los 30, como siempre, y por último, el primero de cada mes junta mensual con todos los empleados de todas las áreas en la sala de conferencias.
Todos asintieron y saludaron formalmente a Serena, menos Rei que salió de la sala lo más rápido posible. Lita y Amy se quedaron a charlar más tiempo con Serena, pues a ambas les agradó la idea de tenerla de jefa. Amy pensó que Serena era muy segura de sí misma y que eso traería muchas cosas buenas a la empresa, también creía que era muy inteligente y decidida, eso lo era todo para ese lugar. Todas serían muy buenas amigas.
-Serena… quería advertirte sobre algo antes de que tengas esa reunión con los subjefes. Sabes… Seiya puede parecer alguien muy especial y tener un humor algo… recentido y molesto, pero te aseguro que trabaja muy bien, hace un excelente trabajo, aunque su actitud no lo ayude mucho.
-Gracias por contármelo, Amy, te aseguro que personas como él no me afectan para nada, sabré cómo manejarlo, muchas gracias.
Luna y Serena fueron a la oficina para seguir ordenando los asuntos. Sería algo difícil ponerse al tanto de todos los asuntos pero tenía que hacerlo. Quería tener orden lo más pronto posible y adaptarse al ritmo de la empresa. Un par de horas después de revisar papelería y archivar, firmar y un montón de cosas más, Luna entró a su oficina con un vaso de agua.
-Serena, Andrew Furuhata está allá fuera y muere por entrar a verte.
Serena sonrió ampliamente. Andrew era su amigo desde pequeños, incluso había sido su primer novio y había mucho cariño entre ellos. Siempre que se veían seguía existiendo una química extraña entre ellos y por supuesto que después de cinco años, Serena moría por verlo. Andrew entró a la oficina después de la señal de Luna y en cuanto vio a Serena la abrazó tan fuerte como pudo.
-No puedo creer que estés aquí, bruja.-dijo Andrew. Ese era su apodo.-Tenía tantas ganas de verte y ahora regresas siendo mi jefa, no puedo creerlo.
Andrew era el administrador ejecutivo de Brightness Magazine, tenía trabajando ya casi ocho años en la empresa y además era muy buen amigo de su padre y de ella, al igual que Unazuki.
-Por qué no me invitaste a la reunión esta mañana, moría por verte pequeña bruja.
-Andrew, te extrañaba tanto, deja de reclamarme cosas, tengo suficiente con todas las cartas que me enviaste a Londres.
-Sé te encantaron, así que acéptalo ya. Que tú estés aquí va a ser lo mejor para todos nosotros, lo sé muy bien.
-Cómo está Reika.-preguntó Serena.
Reika era prometida de Andrew, a pesar de que tenían una relación de varios años ella siempre había estado celosa de Serena, y con mucha razón.
-Ella está bien, sé que la verás pronto pues está en recursos humanos.
-Sí, estoy enterada. Me dará mucho gusto verla, espero tener tiempo por la tarde o mañana.
-Bueno, solo quería venir a saludarte, moría de ganas, ahora me iré a trabajar porque hay mucho dinero que administrar.- se mofó Andrew. Le dio un beso en la mejilla a Serena y salió de la oficina.
El día parecía no terminar. Luna le trajo comida a Serena a las dos porque ni siquiera había podido salir de su oficina en todo el día. Después de comer decidió dar un paseo por los pisos de la empresa. Saludó a los empleados y estuvo familiarizándose con ellos y con sus funciones. Bajó hasta la imprenta para ver cómo funcionaban las máquinas y estuvo un buen rato revisándolas y conociendo a los impresores. Escuchó un par de gritos del otro lado y le dio curiosidad por saber a qué se debían.
Vio a Taiki dibujando unas cosas en un papel y frente a él estaba un joven alto y de cabello negro muy espeso. Hacía movimientos bruscos con el cuerpo, como si estuviera imitando algo mientras gritaba y hacía voces extrañas. Se acercó lentamente hasta que Taiki la vio se puso algo serio.
-Además ni siquiera he visto a la gran y magnífica señorita Tsukino "soy dueña de todo", Rei no para de quejarse de ella, no sé si es envidia o si es coraje por haber venido a invadir nuestro lugar de trabajo. Si Rei no estuviera tan bonita y no tuviera un cuerpo tan perfecto, creería que está celosa, ¿está tan bonita como para hacer que Rei muera del coraje? Por Dios, las mujeres son tan molestas que… ¿Taiki? ¿me escuchas? ¿qué rayos mira…
Seiya se dio la vuelta lentamente y encontró un cuerpo desconocido detrás de él. Recorrió lentamente sus piernas largas y casi perfectas con la mirada hasta esa falda que se ajustaba perfectamente a su cintura y glúteos. Un saco elegante y sexy que hacía denotar sus senos redondos y firmes terminando en un rostro fino, blanco y hermoso adornado de una cabellera larga y tan rubia como el sol. Quién podría ser esa diosa.
-Serena… no esperé que vinieras tan pronto a mi espacio.-intervino Taiki.- Él es…
-Déjame adivinar. ¿Seiya Kou?, claro, ya me habían dicho que tienes pocos modales.
-Oye pero tú no eres nadie para…
Antes de que Seiya siguiera hablando, Taiki decidió interrumpir.
-Ella es Serena Tsukino, nuestra presidenta ejecutiva.
Seiya palideció al instante tragándose todas sus palabras. No supo dónde esconderse. Y no solo significaba su vergüenza por haber dicho todo aquello, sino por haber quedado tan mal ante la chica más hermosa que quizá sus ojos hayan visto antes.
-No puedo creer que mi co-editor sea un tipo tan patán como tú, Seiya Kou. Espero que ya te hayan informado de nuestra reunión a las cuatro en punto.
Serena se dio la vuelta para salir de ahí cuando escuchó su voz nuevamente.
-Lo siento querida jefa, pero no, hay otros asuntos que requieren mi atención más urgentes que estar encerrado con mi jefa presentándonos, mis compañeros me dirán qué…
-Es que no es una pregunta, Kou, es una orden, como sabrás soy tu jefa, tú lo acabas de decir, y QUIERO que estés ahí a las cuatro, cuando yo te diga que vayas a verme, irás, no me importa lo que hagas así estés con el primer ministro o con tu novia, ¿me oíste?
-Ah, claro… y tú crees que con unas cuantas horas aquí yo tengo que…
-Claro que sí. TIENES que porque como me llamaste hace unos minutos, ¡soy la dueña de todo esto que pisas! Y no toleraré que…
-Serena.-intervino Taiki.-Te ruego disculpes a mi hermano él… él estará ahí, dale una oportunidad porque él hace muy bien su trabajo.
Serena se dio la vuelta y se fue sin decir una sola palabra. Taiki golpeó a su hermano tan fuerte como pudo en el estómago y se sentó a continuar trabajando.
-Espero que con esto aprendas a no volver a hablarle así en toda tu vida a esa mujer, porque es ella quien te paga y quien te da trabajo. Eres un hijo de perra, Seiya.
-Es que ella no tiene derecho a venir a imponer sus órdenes y…
-¡Es la dueña, por Dios!, claro que tiene derecho, además es muy buena persona, tú ya la estabas criticando antes de siquiera conocerla, eres de lo peor Seiya, ahora vete y déjame trabajar porque yo sí quiero conservar mi trabajo, a alguien de esta familia le debe de importar nuestro bienestar.
-No seas dramático, Taiki, ella no me hará nada, pronto se dará cuenta de que me necesita.
-Nadie es indispensable en este lugar, Seiya, y créeme que si yo hubiera estado en el lugar de ella te habría corrido ahora mismo.
-Ya, ya… después de todo ella me tiene que conocer, todos aquí saben que nadie me controla, así sea Serena "soy la dueña de todo" Tsukino, ¿de acuerdo?
Seiya regresó a su lugar de trabajo sin poder quitarse de la cabeza esas piernas torneadas y esos glúteos redondos y perfectos. Para su desgracia, la única debilidad que tenía eran las mujeres. Pero nadie, ni siquiera Serena Tsukino pasaría por encima de él, y de eso se iba a encargar, de recordárselo día a día hasta que lo entendiera, y por supuesto que no iría a la junta.
Serena golpeó la puerta tras sí al entrar a su oficina. Ese tal Seiya sí que la puso de mal humor y no podía creer tanta desfachatez, ella no toleraría esa actitud en su empresa y si fuera necesario lo correría. El resto de la tarde se le hizo eterno debido a su enfrentamiento con Seiya Kou. No dejaba de pensar en su comportamiento estúpido y arrogante, cómo lo detestaba. Lo detestó más cuando vio que de hecho la desobedeció al no presentarse en la junta.
Se despidió de Luna y bajó al estacionamiento para ir a su departamento. Lo único que quería era recostarse y comer algo. Olvidarse de todo y descansar. Cuando llegó se sirvió sopa caliente y se recostó en su habitación a comérsela tranquilamente, aunque algo la seguía molestando continuamente, por lo que dejó su plato en el buró y tomó su móvil. Marcó el número que decía "idiota" en su agenda y esperó a que respondieran. Al escuchar la voz no se resistió más y gritó: "IDIOTA!" para después colgar rápidamente. Esto le causo un ataque repentino de risa, lo que provocó que su enojo y frustración se desvanecieran poco a poco para poder dormir tranquila.
A pesar de que ya se sentía mejor y más liberada del estrés, antes de lograr dormir no puedo evitar recordar el estúpido rostro de Seiya Kou gritándole. Ella se encargaría de ponerlo en su lugar, pues Brightness Magazine era su empresa y nadie la pisoteaba en ella. Dibujó una sonrisa de oreja a oreja en su rostro al recordar al idiota del teléfono y se hundió en un profundo sueño.
