Olor a café y…¿tortitas? Al abrir los ojos descubro que estoy totalmente desnudo en una cama que no es la mía y que el otro lado está arrugado como si alguien hubiese estado allí y entonces recuerdo todo lo que sucedió anoche, como recorrí su cuerpo con mis manos, mis labios y como era sentirse dentro de ella y las cuatro veces que hicimos el amor. Al mirar el despertador veo que son las doce y media de la mañana, normal, anoche nos quedamos dormidos a las cinco. Me pongo mis bóxers y mis pantalones, no encuentro mi camisa. Cruzo el pasillo y llego al salón y es entonces cuando la veo. De espaldas a mí, cocinando lo que parecen tortitas, de ahí el olor, y con mi camisa puesta que le llega por debajo de las caderas y que le deja entrever su trasero está mi diosa, mi musa; lleva el pelo recogido en un moño y va descalza, espectacular.
-Buenos días Kate –mientras digo esto con mi voz de dormilon, me acerco a ella y la abrazo de la cintura besándola en el cuello, ella se ríe y se da la vuelta, devolviéndome el beso pero esta vez en la boca.
-Buenos días dormilón, he preparado café y he hecho tortitas, ¿te apetece?
-mmm…la verdad que me apetece otra cosa – no puedo dejar de acercarme a ella y besarla, es como un magnetismo –ya sabes –digo mientras levanto las cejas, provocándola.
-¿ No crees que ya quemamos suficientes calorías anoche?
-Puede ser, pero no es suficiente –me mira divertida y es entonces cuando pienso que ha preparado todo eso para mí- vamos a probar esas tortitas, inspectora.
Fue un momento mágico, desayunar con Beckett después de una noche intensa, entre risas, algún que otro beso y muchos tonteos pero entonces en mi cabeza surge la duda sobre lo que pasará a continuación, que nos depararía el futuro pero no me atrevía a preguntarle.
-Rick, desde que me he levantado he querido pegarme una ducha, ¿te apetece ducharte conmigo?
-Por supuesto –me levanté escopetado y la seguí a través del pasillo hasta el baño, cuando llegamos allí se agacha en la bañera para abrir el agua y se le sube la camisa, woaw, se me corta la respiración y mi respuesta es inmediata, es preciosa. Ella se gira lasciva – ¿me quitas la camisa? Es que a mi me cuestan los botones. –No dude en aproximarme a ella y arrebatarle la camisa, no llevaba sujetador. Ella procedió a quitarme la ropa y tras hacer el amor, esta vez lentamente y con cariño, nos dimos un precioso baño con espuma y velas por cortesía de la inspectora Beckett.
