N/A: Sinceramente no tengo excusa para el retraso, lo siento, pero seguramente el tercer capítulo lo suba la semana que viene. ¡Espero que os guste éste! Y gracias a esas dos personitas que han dejado un review, eso siempre anima mucho. Y cómo no, de nuevo agradecerle a Volluhi-chan su labor como beta, sin ella esta traducción sería un desastre.

Reviews, balazos en la pared, críticas... todo es bien recibido.

- ClaireFJones: Aquí verás un poco de esa faceta de Jim, aunque ya se ha visto que Seb se preocupa constantemente por él, tal y como has dicho. ¡Aquí tienes el segundo capítulo! C:

- Camuilala: Parece que se entienden entre ellos y todo, eh. Sebastian no sabía dónde se metía cuando aceptó el trabajo, seguro... ¡Muchas gracias por el review! ^^

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen a mí, sino a Sir Arthur Conan Doyle, y la adaptación a la serie a Moffat y Gatiss; al igual que la idea del fic tampoco, es una traducción del de Deathbyacidp. Aquí está el link del original (quitar espacios): http:/ fanfiction .net/s/7709899 /1/Bloodstained_Shirts

2. De café y dulces.

Sebastian lo hace lo mejor que puede para dejar dormir a Jim, pero el hombre siempre se niega. -Esas manchas negras de debajo de tus ojos no te hacen nada atractivo, Jim. -Suspira, está sentado en otro de los muchos pisos de Jim, éste es enano, tiene espacio para una cama y poco más. Hay una cocina al lado, y detrás de ésta el baño.

Jim atravesó la cocina, todos los armarios y el horno y el fregadero. Había convertido todo el espacio en su área de trabajo, mapas, fotografías de gente, recortes de periódicos, cuerdas rojas conectando unos puntos con otros y más importante, post-its escritos con su letra pegados por la pared.

-Me encuentras lo suficientemente atractivo. -Responde Jim distraído, garabateando en el post-it pegado con una pluma estilográfica que insiste en usar. Su caligrafía es intrincada, pequeña y ordenada a pesar de ser cursiva.

-Diría que más que sólo suficiente, pero no me negarás que puedes ser mucho más atractivo. -Siempre flirteaban así. Bueno, Jim era el que lo empezaba como tal cosa; Sebastian simplemente le seguía el juego. No era como si Jim se lo tomase en serio, había flirteado con otras muchas personas antes. Sebastian sigue insistiendo en repetirse que no está celoso.

El más pequeño hace un mohín, su labio inferior sobresaliendo un poco, y las comisuras hacia abajo; levanta la mirada del papel, sus ojos, grandes. -Pero Seb, ¡tengo tanto que hacer!

Sebastian odia cuando Jim hace pucheros, oh claro, era adorable – demasiado adorable – habría cedido de inmediato y es peor que el hecho de que eso no se le escapa a Jim y lo usa constantemente en su contra. -Está bien, ¿puedo hacer algo para ayudar? -Sabe que Jim nunca aceptará su oferta, pero pregunta de todos modos.

El otro agita una mano despectivamente. -Lo haré yo mismo. Oh, tráeme un café con leche, ¿quieres? -Sebastian asiente, coge su chaqueta de cuero de la silla donde la había dejado y sale por la puerta.

MMMMM

Si hay una cosa que ha aprendido en todo este tiempo que ha pasado con Jim es que Jim realmente odia Starbucks. Le hubo comprado un café del Starbucks la primera vez que su jefe le había pedido café, "¡Starbucks! ¿¡Me estás tomando el pelo! Venden café barato y asqueroso a unos precios realmente altos, y las masas entran en los locales como si fueran ovejas. ¡Oh, Seb, cómo has podido!" Jim había procedido a tirar la taza de café humeante por toda su cara y le dio un rodillazo mientras se estaba protegiendo los ojos de la bebida caliente.

Estaba seguro de que el hombre lo iba a matar aquella vez. Habían llegado a situaciones próximas a ésa infinidad de veces, pero nunca acababa así. Sebastian se había preguntado por qué al principio, pero dedujo que era porque Jim lo necesitaba por sus habilidades a la hora de disparar. No se atrevía a pensar de otro modo. Entonces, supo que si hubiera sido cualquier otra persona, su cuerpo ya estaría tirado en el suelo muerto.

Sí, mataba porque se equivocaban a la hora de traerle un café que no era de su gusto. Pero ese es Jim. De algún modo Sebastian encontraba eso como una característica agradable. La muerte no le preocupaba ni lo más mínimo, había visto demasiado en la guerra, y mucho más tras acceder a trabajar con Jim. Habían llegado a un punto en el que se había convertido en una rutina, al menos un muerto por semana. Su rutina.

Sebastian piensa que se está volviendo loco, tener gente muerta en lo que consideras una rutina no es exactamente normal. Entonces de nuevo Jim es lo que se clasificaría clínicamente como demente, así que Sebastian tan sólo le echa la culpa a su jefe. Piensa que es abiertamente adaptable al punto en el que aprende los rasgos de las personas con las que trata.

Ahora, él sabe que eso no es cierto. No puedes simplemente convertirte en algo – tienes que ser tú desde el primer momento. Pero ignora eso, no está demente, se dice, es todo culpa de Jim.

Llega a la pequeña cafetería del final de la calle, pide un café con leche, se para, pensando, y pide un pastel de selva negra. Por lo que sabe, Jim no ha comido en días. Rara vez ve al hombre hacer algo que se pueda clasificar como "normal". No come, no duerme, casi nunca bebe – Sebastian una vez bromeó acerca de que Jim era un robot, y se ganó un puñetazo nada suave por ello.

MMMMM

-¿Qué es eso? -Jim mira la caja con cansancio, y con el ceño fruncido.

Si no fuera porque realmente le asustaba que su jefe le hubiera golpeado por hacerle gastar dinero en un pastel que en el insiste que no necesita, Sebastian hubiese encontrado la reacción de Jim sobre dicha caja que contenía el pastel singularmente adorable.

Sebastian abre la caja por él. -Selva negra.

La mirada de Jim pasa de la caja a Sebastian, y luego otra vez abajo. Sebastian casi puede oír los engranajes de esa brillante mente girando, analizando, deduciendo. Entonces: -Dame de comer.

Sebastian no está seguro de haber oído bien. -¿Qué? -Pregunta sin convicción, incluso a pesar de saber que a Jim no le gusta repetir las cosas.

Jim le mira intencionadamente. -Tomaré eso como un 'por qué', bueno, estoy ocupado y tú libre. Además, tú eres el único que quiere que coma.

Y así hace. Un bocado cada vez, coge rebanadas finas, mirando la cara de Jim mientras sus labios se envuelven alrededor del tenedor. Jim ni si quiera lo mira, está todavía ocupado escribiendo cosas que Sebastian jamás soñaría con entender, pero sabe que está mirando.

Su boca permanece en el tenedor durante un largo instante, saca la lengua para darle un toque a la punta. Con los ojos cerrados, se relame, dejado salir un ruido de satisfacción. -Oh Seeeeeb. -Arrastra las letras. -Está tan bueno.

Sebastian permanece sentado ahí, inmóvil, pasmado. El calor se apodera de sus mejillas cuando se da cuenta de que tiene un repentino y doloroso problema al que atender. Cuando Jim abre un poco los ojos hasta dejarlos entrecerrados, mordiéndose su labio inferior y girándose a mirar a Sebastian, se levanta tan de golpe que su rodilla choca contra la mesa. -Uhm, tengo, tengo que irme. -Entrelaza sus propios dedos con urgencia mientras habla. -Necesito, eh, hay una cosa de la que he de ocuparme.

Jim no le para, y no se da la vuelta para comprobar que su jefe todavía está sentado en la mesa con un pastel a mitad de comer, sale de allí como puede. Podría jurar que oye a Jim reírse tras la puerta cerrada.

MMMMM

Recibe un mensaje tres horas después del incidente del pastel. Está en su apartamento, viendo la televisión. Se niega a saber lo que sea que haya pasado en casa de Jim, yendo a darse una ducha fría nada más llega a casa. Maldice en voz alta cuando lee el mensaje: Arañas. Por todas partes. Ayuda. Rupert St. - JM

Jamás ha entendido por qué Jim toma drogas si su intelecto es superior al de un humano corriente, Sebastian piensa que las drogas son una elección realmente idiota. Claro que lo es, fuma, pero así son las cosas. Jim se toma cualquier cosa que pille por ahí fuera, más a menudo que otra cosa, acabando con sobredósis. Pero Jim discute con él por ello, diciendo que las drogas abren la mente a otras cosas, que hace que el vivir sea menos aburrido. Sebastian no está nada de acuerdo, pero no insiste.

No hay prisa, piensa, considerando que Jim todavía podía teclear en condiciones, todavía no estaba muy ido. Sebastian se toma su tiempo para vestirse. Mientras conduce para en una tienda, comprando una botella grande de agua para Jim y cerveza para él. Termina de beberse la cerveza antes de llegar al piso.

MMMMM

-¿Jim? -Llama en voz alta mientras pasa por la puerta del edificio de dos pisos en la Calle Rupert. La puerta está sin cerrar, la sala de estar vacía. Cierra la puerta principal, a continuación aparece en el dormitorio. -Jim... -se corta a sí mismo cuando ve al hombre tumbado en una cama grande, una navaja a su lado, desnudo salvo por un par de lo que solían ser boxers amarillos, ahora tintados de rojo, su cuerpo completo cubierto en sangre.

-¡Dios mío! -Se apresura a llegar al borde de la cama, se sienta, con cuidado de no hacerlo sobre las partes teñidas por la sangre. -¿Qué has hecho ahora?

-'rañas, Seb. -Jim arrastra las palabras y se gira para mirar a Sebastian, pero todo lo que ve son pequeñas manchas oscuras. -He comido arañas...

Continúa murmurando palabras a mitad mientras Sebastian lo mira. La mayoría de ellas son meramente superficiales, el único corte que le preocupa es el de su muslo. Una puñalada. Sebastian se preocupa por un momento por si va a causar algún daño permanente, pero después de inspeccionarla no parece tan mala la cosa. Era una cosa mediocre en comparación a los otros "episodios" de Jim.

Va al baño a buscar el kit de primeros auxilios que sabe que está ahí. Había comprado varios y había dejado cada uno en cada casa de Jim, éste se quejó de que era un gasto innecesario de dinero, pero Sebastian piensa de otro modo.

-Ven, déjame arreglarlo. -Dice mientras sale del baño, con el kit de primeros auxilios en la mano.

Jim está tirado en la cama, todavía, pero se incorpora cuando oye la voz de Sebastian. -Noooop, ven 'quí Seb, métete en la cama co'migo. -El francotirador suspira, se deshace de la chaqueta y se sienta al lado de su jefe en el colchón pegajoso por la sangre. Anota mentalmente que tendrá que lavar su ropa nada más llegue a casa.

Jim tira del cuello de su camisa de modo que aterriza encima de Jim y se las apaña para parar los tirones hacia abajo sosteniéndose con su codo derecho al lado de la cabeza del otro.

-Seeeeeb. -Ahí iba de nuevo, esa forma de llamarlo alargando la palabra. Sebastian hace una mueca al recordar lo que había pasado antes esa tarde, pero sale de sus pensamientos cuando Jim elimina el espacio entre sus cuerpos, entrelazando sus piernas alrededor de las caderas de Sebastian. -Más cerca, Seb. -El susurro fue peligrosamente cerca de su oreja, su respiración entrecortada cuando siente algo húmedo en su lóbulo.

-Hueles tan bien. -Jim lame el lóbulo con más intensidad, masticando. -Sabes tan bien. -Algo duro roza el muslo de Sebastian y maldice por lo bajo, no queriendo pensar lo que en verdad era pero que sabía de todos modos. Intenta tranquilizar a Jim, hablando suavemente. -Hey, simplemente déjame limpiarte las heridas, ¿vale?

Jim gime, y si no fuera por el hecho de que tiene sus brazos alrededor del hombre de Sebastian, se hubiera caído. Jim lame su cuello y deja escapar un gruñido. -Mierda, Jim, qué me estás haciendo. -Lo odia, odia cómo su cuerpo le traicina. Se dice a sí mismo repetidas veces que esta extraña atracción que tiene hacia el hombre está mal en muchas formas de la palabra, pero no puede encontrar las fuerzas para retirarse. La presión en su cuello lo está volviendo loco.

-Te quiero, Seb, dentro de mí. Fóllame. -Murmura Jim contra su cuello, y luego vuelve a lamerlo y morderlo. Sebastian no se mueve, no puede moverse. Todo lo que puede oír es la respiración de Jim al lado de su oreja, todo lo que puede sentir es Jim presionando contra él, todo lo que puede oler es el dulce aroma de la sangre de Jim. Era algo altamente intoxicante, ese olor; gira la cabeza un poco, besando la mejilla de Jim, paseando la lengua para probar el sabor de la sangre que la mancha – pecaminosamente dulce.

Una mordida y Sebastian sale de su aturdimiento de lujuria, empuja a Jim de vuelta a las sábanas y sale de la cama, su respiración agitada, sus pantalones muy incómodos. Esto no está bien, se dice a sí mismo mientras ve a Jim encogerse en la cama. -Frío, Seb, ven aquí.

Eso era una orden con la que Sebastian no podía cumplir. Ni si quiera trata ya de curar las heridas del más bajo. Un simple toque y Jim volvería a enloquecer, y no era algo que pudiese manejar especialmente bien en ese momento. Así que sale del cuarto, cierra la puerta y se deja caer al suelo. Entierra la cara entre las palmas de sus manos. -Mierda Jim, por qué me haces esto...

MMMMM

Jim se despierta, la cabeza le pesa, se siente extrañamente pegajoso. Se mira y deja escapar un suspiro: está tumbado en la cama cubierto por su propia sangre. Genial. No recuerda nada de la noche anterior, la única cosa que mantiene en la memoria son arañas y enviar un mensaje a Sebastian sobre esas molestas cosas negras.

Se incorpora rápidamente, se pone en pie y tira de la puerta con casi fuerza suficiente como para arrancarle las bisagras. -¿Seb? -llama, y no es como si el pistolero no hubiese venido a comprobar lo que ocurría tras recibir un mensaje como ese, mucho menos no ayudarlo a limpiarse las heridas.

Una sensación de alivio le tranquilizó al ver al otro tumbado en el sofá, durmiendo felizmente. Había pensado que Sebastian estaba en algún tipo de problema. -¡Levanta! -Grita e inmediatamente Sebastian está en pie.

-Oh, Jim...

-¿En serio? ¡Eso es todo lo que tienes que decir tras dejarme durmiendo en un charco de mi propia sangre! -Acecha al hombre, menos intimidante ya que Sebastian estaba completamente vestido y Jim sólo llevaba sus boxers, pero la ira se proyecta de todos modos. Golpea al hombre en la cara, satisfecho al escuchar un crack.

-Lo siento. -Sebastian dice ahogado, acariciándose el lado de la cara que sin duda pronto estaría marcado por un moretón. Jim rueda los ojos en respuesta y desaparece marchándose al cuarto de baño sin decir nada más.

Sebastian vuelve a sentarse en el sofá y mira en dirección en donde Jim se ha ido. -Joder. -Murmura en voz baja, no sabe si estar contento porque Jim no se acuerda de los incidentes que habían pasado cuando estaba drogado o no.

Jim no sale de la ducha, pero el sonido del agua cayendo le dice a Sebastian que el hombre todavía estaba ahí, vivo. Una hora pasa y sigue en el sofá, finalmente la puerta del baño se abre.

El hombre sale desnudo, y Sebastian se sonroja – había visto a Jim sin ropa infinidad de ocasiones tras curarle heridas y limpiarlo – pero esto era distintio. Tras lo que había pasado la noche anterior Sebastian no pudo evitar que su cuerpo reaccionase. Pero Jim no se molesta en mirarlo, camina directo a su habitación para coger el kit de primeros auxilios.

-Así que, ¿te importaría decirme por qué no te encargaste de mis heridas ayer? -Pregunta, sacando las vendas para envolver el corte del muslo.

Las cejas de Sebastian se arrugaron, se muerde el labio inferior, evitando mirar a Jim. -Simplemente estaba cansado.

Jim frunce el ceño concentrándose, arrancando el último trozo de venda cuando ha acabado de envolverla. -Mentirme no te beneficiará en nada, ¿no sabes?

-No hay razón, de verdad. -Sebastian camina hacia él, saca unas cuantas tiritas de la caja y las pone encima de los cortes de Jim. Debería, después de todo, haberle ayudado.

Jim no dice nada después de eso, sólo mira mientras los dedos de Sebastian rozan su piel desde los cortes de su torso hasta los de sus brazos. Después de considerar que es suficiente, no quería estar cubierto de tiritas, retira las manos de Sebastian, se levanta y vuelve a su habitación de nuevo.

Jim sale momentos después, llevando una sudadera y unos vaqueros desteñidos. A Sebastian le gusta de ese modo, de verdad, cuando no estaba vestido con todos esos trajes tan caros – haciéndolo parecer más real, más humano, normal. Pero Jim no hace nada normal, no viste normal, y es eso lo que le hace diferente. Jim sólo viste así cuando está alrededor de él – para él, porque Jim sabe cuánto le gusta: el mero pensamiento le hace sonreír.

-¿Por qué sonríes? -Pregunta Jim, obviamente molesto.

-Estás genial. -Dijo. El otro sonríe radiante ante su respuesta, eso era algo que no esperaba. Luego Jim sobrepasa sus expectativas, más que eso, las destroza por completo.

-Bien, estoy pensando en que vamos a salir a por pizza. Estoy hambriento y la resaca no ayuda.

Rara vez Jim se ofrecía para ir a por comida, Sebastian tenía que forzarlo prácticamente para comer la mayor parte del tiempo. Así que Sebastian asiente rápidamente, ambos de ellos todavía sonriendo de forma radiante, una estúpida sonrisa que debía parecer fuera de lugar para dos asesinos en serie como ellos. -Claro.