2.- Enamorarse o no enamorarse…
El reloj sonó a las 5:00, como todas las mañanas de la semana laboral, a veces también los fines de semana, todo dependía de cómo estuviera de dinero la familia Winchester.
Dean casi se arrastró fuera de la cama, siempre odiaría levantarse temprano, no importaban los discursos de Sammy de lo bueno que era madrugar, una buena noche de sueño concluía a las diez de la mañana con hot cakes y mucho tocino frito.
Pero ese no era el caso, así que dejó de soñar y se duchó con agua bien caliente, uno de sus pocos gustos mañaneros, se vistió el uniforme de prisa y fue a la cocina a preparar el desayuno.
Él tenía que trabajar porque Sammy quería ir a la Universidad y eso no era nada barato, además estaba Adam y…bueno, muchísimas cosas.
Desayunó rápido y fue a levantar a Adam y Sam.
- ¡No quiero!- gruñó Adam, acurrucándose entre las sábanas – otro ratito-
- No voy a tener la misma discusión contigo todas las mañanas, Adam- respondió Dean – tienes que estar listo en diez minutos o no desayunas, ¿oíste?-
No esperaba la respuesta, Adam estaría a tiempo; con Sammy no había problema.
- ¿Papá?- llamó Dean, tocando la puerta de la habitación – papá, te dejé el desayuno-
- Gracias, hijo- respondió John Winchester, aún sin abrir la puerta – iré más tarde-
- Sí, me voy a trabajar-
Al menos el camión a esa hora no estaba tan lleno, ocupó un asiento en silencio y se puso los audífonos, llenándose los oídos de la fantástica música de AC/DC, la marcha del autobús era tan lenta que lo arrullaba.
Sí, él tenía que trabajar por sus hermanos, porque su padre alcohólico no aportaba mucho que digamos, lo único que había llevado a la casa fue otra boca qué alimentar, como si entre Dean y Sam no fuera suficiente problema.
Su madre había muerto cuando Sam era bebé, él también era un niño cuando Mary Winchester murió, sin embargo tuvo qué comenzar a cuidar de su hermano pequeño, John no era muy útil, pasaba más tiempo lamentándose por la muerte de Mary que cuidando de ellos, Dean no se lo reprochaba, sabía que su viejo hacía lo que podía y estaba agradecido con él, adoraba a ese hombre sin importar nada.
Pero hubo una cosa que Dean por poco no le perdona, porque para él y Sam era común que papá desapareciera por semanas, para regresar después con los bolsillos llenos de billetes apestosos a alcohol y grasa, pero nunca se imaginaron que papá se había enredado con una mujer, y de ese "desliz" había nacido Adam.
La madre de Adam cayó enferma de algo que Dean no quiso saber, después de un año de tratamientos y agonía la mujer murió, dejando a Adam huérfano, bueno, casi huérfano, porque John, a pesar de su evidente incompetencia para criar a sus hijos, se decía un hombre de familia, así que movió cielo, mar y tierra para quedarse con la custodia de Adam, cosa que no fue muy difícil porque el pobre chiquillo no tenía a nadie en el mundo.
Vivían los cuatro juntos desde hacía dos años, John, Sammy, Adam y Dean; aunque Dean no aparecía mucho en el nuevo cuadro familiar, porque en cuanto Dean terminó la escuela papá ordenó que debía trabajar, y Dean siempre obedecía las órdenes de John, aunque no le gustaran del todo.
Dean, tú no tienes cabeza para el estudio, no eres como Sammy, tú no entiendes de esas cosas, hijo, tú eres como yo, Dean, tú te vas a arreglar bien con lo que yo te enseñe, hijo, en unos años serás un experto y me ayudarás en el taller, lo que tienes que hacer es trabajar para ayudar a tus hermanos…
Sí, Dean el idiota, Dean que sólo sirve para conducir el impala y arreglarlo, Dean que, cuando se fastidia de hacerse cargo, se pierde el fin de semana y se acuesta con cualquier mujer que se le antoje, porque lo ha descubierto hace tiempo, es guapo, más que los otros muchachos de su edad y puede tener a quien quiera en la cama, aunque el placer sea momentáneo.
Tenía que ser justo, su padre estaba tratando de cambiar, él y Bobby estaban dejando de beber poco a poco, todavía insistían en hacerse chistes de borrachos, como aquella vez que Bobby le preguntó a su padre cómo hacía para traer muertas a todas sus mujeres, John le contestó que no tenía qué envidiarle nada, porque él también tenía a su esposa muerta de amor…prácticamente, porque ambos eran viudos; esa noche los dos se pusieron más borrachos que una cuba, y después de ese día no tomaban nada, o casi nada.
Dean amaba a Sam y a Adam y a John, los amaba muchísimo, aunque eso significara hacerse a un lado, porque ahora John estaba intentando con Adam lo que nunca hizo con ellos, lo llevaba a partidos de béisbol y al cine a ver esas películas ñoñas de Disney, Sammy aún podía colarse a esos paseos pero cuando Dean iba…era como si algo estuviera mal, aunque nadie lo dijera él se daba cuenta, sabía que no encajaba en la función de las dos de la tarde en el cine, que todos los padres de familia lo veían con el rabillo del ojo en los juegos de fútbol de Adam, él no formaba parte de esa familia hacía tiempo.
Bajó del autobús y caminó al hospital, en cielo se estaba aclarando apenas, saludó al guardia de seguridad y fue a marcar su tarjeta, 6:55, casi sonrió de satisfacción, ese premio de puntualidad era suyo, pasó por los vestidores para guardar su mochila.
Fue a buscar su "material de trabajo" y la jornada comenzó oficialmente, aunque primero haría una visita especial, se encaminó a los ascensores, el de personal no funcionaba como de costumbre así que utilizó el "exclusivo pacientes", era más grande para que cupieran las camillas y todo eso; pulsó el botón marcado con el número 7.
Medicina interna era uno de sus lugares favoritos en el hospital, había todo tipo de gente con diferentes enfermedades, a veces platicaba con los pacientes mientras hacía la limpieza, le agradaba escuchar sus historias, pero el motivo por el cual iba ahí hoy era otro, tenía nombre y apellido y una bonita cabellera pelirroja.
- Anna, buenos días- saludó Dean, poniendo su mejor sonrisa.
- Hola, Dean- correspondió la enfermera.
Se había liado con Anna un par de veces, nada serio, aunque de unos meses para acá la enfermera no le prestaba tanta atención como de costumbre, Dean descubrió que salía con alguien aunque aún no sabía con quién, tampoco era que le gustara mucho Anna, pero pues…
- ¿Estás libre hoy?- preguntó Dean, recargándose en la barra de la estación de enfermería, Anna estaba revisando hojas, apuntando aquí y allá.
- Sabes que no- respondió Anna, sonriendo – déjalo ya, Dean-
- Nos la pasamos bien…- insistió el Winchester.
- Sí, muy bien, pero dejémoslo como está- contestó la pelirroja - ¿o te enamoraste de mí?-
- Eso quisieras, preciosa- siguió Dean, sonriendo de medio lado.
- ¿Perdiendo el tiempo tan temprano?- gruñó Ellen, acercándose a Dean.
- Buenos días también para ti, Ellen- le respondió el muchacho – ¿por qué estás de mal humor?-
- Falta personal de nuevo- contestó Ellen, bufando - ¿cómo están todos en casa?, ¿y tu padre?-
A veces Dean creía que Ellen estaba interesada en John, aunque a veces también pensaba que tenía algo con Bobby, los tres adultos se conocían de años, Ellen lo había cuidado cuando pequeño en muchas ocasiones.
- Sammy y Adam deben estar saliendo para la escuela, los dejé desayunando, papá está bien-
- Qué bueno, ¿todo bien con Adam?-
- Los berrinches usuales pero se porta bien- al hablar sobre sus hermanos, Dean no podía evitar sonreír – dice que quiere un cachorro para su cumpleaños, tal vez se lo regale-
- Qué hermano tan espléndido- comentó Jo, sonriendo.
- ¿Verdad que sí?, esos chicos son afortunados de tenerme- siguió el Winchester – soy el mejor hermano que pudieran pedir-
- Modesto como de costumbre- continuó Joanna.
- Tú me conoces, Jo- dijo Dean – y podrías conocerme mejor, ¿planes para esta noche?-
- Sí tiene- bufó Ellen, torciendo el gesto – y es lunes, jovencito, no deberías tratar de ligar cuando mañana tienes trabajo-
- Pensaba regresártela temprano, Ellen, no te enojes, jamás le haría daño a tu preciosa hija-
- Para ya, Dean – pidió Jo, aunque sonriendo – tenemos muchísimo trabajo, esos patanes volvieron a faltar-
- Seguro tuvieron un fin de semana excelente- comentó Dean.
Un tropel de doctores bien vestiditos y con batas blancas se acercaba por el pasillo, y liderando la marcha estaba ese tipo odioso, Dean rodó los ojos de fastidio, vio cómo las tres enfermeras se ponían tensas, el doctor Nicholas (o Lucifer, como prefieran) se acercó a la estación con cara de pocos amigos.
- ¿Ya mandaron los análisis que pedí?- ladró el tipo.
- Acabamos de terminar de tomar signos, doctor- comentó Anna – falta personal y…-
- A mí me importa una mierda si falta personal o no, señorita, lo que pedí es de carácter urgente, ¿por qué no dejan de perder el tiempo y siguen las indicaciones?, para eso se les paga- bufó Lucifer, al tiempo que dejaba un montón de papeles sobre la barra – quiero esto para hoy, ¿entendieron?, HOY-
- Sí, doctor- respondió Ellen, tomando los papeles – ¿necesita algo más?-
- Sí, voy a dejar algunas indicaciones, páseme los siguientes expedientes para…- Lucifer miró a Dean, hizo un gesto de asco - ¿y tú qué haces aquí, Winchester?, ¿no tienes un inodoro qué destapar?-
- Eso depende, doctor- respondió Dean, sonriendo - ¿ha ido a cagar últimamente?-
- Cuida tu lengua, Winchester-
- Me temo que no es posible, doctor, me gusta meterla entre las piernas de las mujeres bonitas y según sé, eso está considerado como práctica de riesgo-
Ellen le lanzó una mirada asesina, Anna estaba más roja que un tomate y Jo apenas pudo aguantarse la risa, Lucifer le dedicó una sonrisa peligrosa.
- La única razón por la que sigues aquí es por Sam- dijo Nicholas - ¿lo entiendes?, en cuanto me asegure que Sammy va a la Universidad que ha elegido, tú estás fuera, Winchester-
- Lo sé-
- Entonces deja de molestar y lárgate a fregar pisos de una vez-
Dean contuvo sus palabras esta vez, se marchó sin decir nada, sintiendo cómo el estómago le ardía de coraje.
El doctor Nicholas era un ciudadano bastante respetado en la comunidad, tenía una hermosa esposa, un hijo pequeño y una casa amplia y de jardín impecable, además, junto con otros ricachones sin qué hacer, manejaba una especie de centro comunitario donde Sammy se había inscrito a clases de piano.
El talento de Sammy en lo musical era poco, pero Nicholas había hablado con él, descubriendo su dedicación al estudio y la gran inteligencia que poseía, estaba entusiasmadísimo con ese hallazgo, una joya entre tanto idiota mediocre, tenía que ayudar a Sam sí o sí, por eso se entrevistó con John Winchester, hablándole maravillas de ese hijo suyo.
- Sammy podría ir a la Universidad que eligiera, sólo si me dejara…-
- No- respondió John, gruñendo – no aceptaré caridad de nadie, si Sam quiere ir a la Universidad lo hará, pero nosotros nos encargaremos de los gastos-
Por más que Nicholas quiso explicarle que no era caridad, John no entendió razones, haciéndolo perder los estribos, no podía permitir que alguien tan valioso como Sam se quedara estancado en ese maldito pueblo.
Entonces se fijó en Dean, el hermano mayor, se acercó a él intentando convencerlo de hablar con su padre pero se equivocó, si John era terco Dean era peor.
- Es una gran oportunidad para tu hermano- le insistió Nick - ¿por qué no me dejan ayudarlo?-
- Si mi padre dijo que no, entonces la respuesta es no- siguió Dean – tenemos un fondo para los estudios de Sammy, yo trabajo para inflar poco a poco ese fondo pero…-
Y ahí estaba la respuesta, Dean tenía un empleo de medio tiempo en una cafetería, seguro que no ganaba mucho, así que le propuso trabajar en el hospital, siempre sacando a relucir que era por el bien de Sammy, no le sorprendió que Dean aceptara enseguida, por lo visto su hermano pequeño era su punto flaco.
Dean sabía que él sólo era una pieza en el plan de Nick, sabía que el único interés del doctor era Sam, que él era desechable, en cuanto Sam pusiera un pie en la Universidad lo echarían a patadas del hospital, pero no le importaba demasiado.
Por supuesto que Nick volvió a visitar a John, diciéndole que sólo abogaría por Sam para conseguirle aunque fuera media beca, además haría que sus "colegas", como insistía en llamar a su rebaño de idiotas, hicieran cartas de recomendación para Sammy.
John aceptó, aunque a regañadientes, Sam estaba contento, y si Sam estaba feliz, Dean también lo estaba.
De vez en cuando el doctor Nicholas les enviaba entradas para eventos deportivos, invitaciones para las cenas que hacían en el centro comunitario y hasta les mandaba tartas o galletas, preparadas por las santas manos de su esposa Sarah, en navidad y acción de gracias; incluso había admitido a Adam en el equipo de fútbol infantil del centro, todo el mundo comentaba el espléndido mecenas que era el doctor, aunque Dean sabía que eran puras patadas de ahogado, si Nicholas quería ganarse la confianza de John Winchester debía probar sus tamaños, lo cual Dean veía difícil.
Pero ahora estaba trabajando, así que no había tiempo de pensar en nada que no fuera dejar el piso tan limpio que pudieras comer en él, aunque Dean nunca comería en el piso del hospital porque, bueno, es un hospital y muchas cosas asquerosas caen en ese suelo.
Hoy ni siquiera toma un rato para comer, se ocupa de limpiar los pasillos por donde los doctores pasan sin mirarlo siquiera, él está acostumbrado a saludar siempre, aún sabiendo que no obtendrá respuesta, después de todo, ¿quién es él para que esos alzados le dirijan la palabra?, sólo un conserje y ya.
Dean detesta a los médicos, le parecen personas engreídas e inútiles en muchos sentidos, él había sido testigo de los trabajos que le dejaban a sus amigos de enfermería, en su opinión, las enfermeras le salvaban el culo a esos idiotas todo el tiempo.
Gran parte de su aversión actual era culpa de Lucifer, pero recordaba detestar a los galenos desde niño, su pobre madre tenía que pedir disculpas a los médicos cuando llevaba a Dean a consulta, siempre terminaba dándole una patada al doctor cuando trataban de inyectarlo.
En definitiva, no le agradaban los médicos, no pudieron ayudar a la madre de Adam y se lavaban las manos con el alcoholismo de John, a quien le valía más hacer uso de toda su fuerza de voluntad para no beber que visitar a un médico.
Estaba a nada de terminar el turno y no había nadie cerca, aprovechó para ponerse los audífonos, siguió trapeando el piso al ritmo de Whole Lotta Love, ese Page era un maldito genio, por el rabillo del ojo vio una bata blanca.
- Buenas tardes, doctor- saludó, esperando que el médico pasara de largo.
- Buenas tardes- le respondió el doctor.
Dean se detuvo al instante, se quedó mirando al médico, no le sonaba de nada, ¿sería nuevo?, era un hombre joven, tal vez rondando los 24, tenía el cabello oscuro y los ojos azules, de un azul muy…azul.
- Hm, disculpa, quería saber…-
Sí, eran ojos bastante azules, los labios eran rosa pálido, la tez perlada y los ojos azules, muy azules, bastante azules, como dos zafiros o algo así, Dean jamás había visto un zafiro en su vida pero no se le ocurrió otra comparación apropiada, recordó ese diálogo de la princesa Botón de Oro sobre los ojos de Westley, "con los ojos color de mar embravecido"…
- Yo…eh, tengo que ir al departamento de gastroenterología y…es vergonzoso, pero estoy perdido-
- Es en el siguiente pasillo, al fondo a la izquierda en la segunda puerta, no te perderás- contestó, sin despegar la vista de aquellos ojos.
- Me llamo Castiel- dijo el doctor, sonriendo– soy residente aquí, te lo agradezco…-
- Dean- correspondió enseguida– yo soy, bueno, conserje-
- Entonces nos estaremos viendo- agregó Castiel – adiós y gracias de nuevo-
- Por nada-
Ok, eso fue inusual, un doctor que saludaba y que admitía que necesitaba ayuda, un doctor con ojos tan…en fin.
Su turno terminó, fue directo a la máquina para marcar salida, se dirigió a los vestidores y se cambió, su celular comenzó a vibrar.
"De: Papá
Mucho trabajo,
Haz la comida, por favor"
Dean repasó mentalmente lo que había en el refrigerador, estaba pensando qué prepararle a sus hermanos cuando llegó el camión.
Terminó preparando ensalada, sabía que Sammy no querría comer nada de "chatarra", como su hermano llamaba a toda la comida favorita de Dean, estaba poniendo la mesa cuando sus hermanos llegaron.
- ¿Cómo te fue, Dean?- preguntó Sammy - ¿y papá?-
- Tiene trabajo, vendrá tarde- explicó Dean – todo bien-
- Hoy Danny Payton se comió un gusano- comentó Adam, sonriendo.
- Eso no suena agradable- dijo Dean.
- Fue asqueroso- aseguró Adam – la maestra lo castigó-
- Una mujer muy sabia- siguió Dean – ahora ve a lavarte las manos o te saldrán gusanos en el estómago-
Adam hizo una mueca y corrió a lavarse al baño, Sam utilizó el fregadero de la cocina, de nuevo Sammy tenía esa cara de…
- No tenías que hacer la comida, Dean, yo pude haberlo hecho-
Sí, ahí iba de nuevo…
- Trabajas demasiado- continuó Sam – no deberías…-
- Está bien, Sam- contestó Dean – no me molesta hacer la comida-
- Yo sé que no, pero ese no es el punto-
- ¿Por qué no te sientas?, Adam no debe tardar-
Sam dejó el tema, aunque Dean sabía que volvería a mencionarlo, Adam regresó con las manos limpias y se sentó a la mesa, comieron tranquilamente, escuchando las historias de su hermano más pequeño.
Estaba lavando los platos cuando le llegó un mensaje, Dean lo leyó con una sonrisa.
- Saldré un rato- anunció, tomando su chaqueta – cuida de Adam-
Sammy rodó los ojos pero no dijo nada, su destino estaba sólo a unas cuadras de su casa, Lisa le dio la bienvenida con un beso tremendo.
- ¿Recibiste mi mensaje?- preguntó Lisa, sonriendo de medio lado.
- Claro-
Por supuesto que lo había visto, ¿cómo podría ignorar un estoy-sola-en-casa de una chica como Lisa?, dejó que lo arrastrara al sillón, permitió que ella tomara el control un rato, y de pronto la puso debajo de él, le arrancó la ropa y la besó por todos lados, divirtiéndose con los gemiditos que se le escapaban.
Sacó la tira de condones que siempre guardaba en la bolsa de la chaqueta y tomó uno, ahora dejó que Lisa lo desvistiera y empezó la función, entró en ella tan fuerte que la pobre gritó, Dean se recordó que no era educado reírse.
Se lo hizo un par de veces hasta quedar satisfecho, Lisa tenía una sonrisa en los labios que lo decía todo.
- Tengo que irme, preciosa- dijo Dean, apartando a Lisa – mañana trabajo-
- ¿Por qué no te quedas a dormir?-
Oh no, eso ya era terreno peligroso, Dean sonrió amablemente, le gustaba Lisa pero no tanto como para tener algo serio con ella, estaba bien para follar, no para enamorarse.
- En serio no puedo, pero te llamo, ¿ok?-
- Ok-
No pensaba llamarle en al menos una semana, Dean no quería amor, o al menos era lo que se repetía cuando se topaba con una guapa morena que comenzara a gustarle más de la cuenta.
El placer estaba bien, tomaba lo que quería cuando quería, pero de ahí a enamorarse… ¿y para qué?, lo único que conseguías era que te rompieran el corazón, como prueba tenía a sus tres adultos favoritos: Bobby, Ellen y su padre; los tres viudos, papá de hecho viudo dos veces, los tres solteros, los tres medio amargos (en el caso de Bobby, muy amargo).
No, el amor y Dean Winchester jamás serían compatibles, ni siquiera se veían bien en una oración, pero últimamente le había dado por pensar, ¿qué pasaría con él cuando Sammy se fuera a la Universidad?, cuando Adam entrara a la secundaria y quisiera portarse como un pequeño patán (como todos a esa edad), cuando no tuviera nada más qué hacer que trabajar con su padre en el taller…
Hablando de su padre, ya estaba en casa cuando volvió, lo encontró frente al televisor con una coca-cola en la mano, viendo la repetición del partido de los 49's.
- ¿Dónde estabas?- preguntó John, sin despegar los ojos de la pantalla.
- Salí con Lisa- respondió Dean, bostezando – me daré un baño y luego directo a la cama, ¿necesitas algo?-
- Son las 8:30, Dean-
- Lo sé, pero tengo sueño, estoy muy cansado-
- Está bien, hijo, vete a dormir-
- Hasta mañana-
Sí, la verdad estaba molido, fue a darse una rápida ducha y se vistió la pijama, leyó un poco antes de dormir, Sam no era el único en la familia que disfrutaba un buen libro, Dean pasó las páginas de su gastadísimo ejemplar de En el camino, era y siempre sería su libro favorito, se imaginaba tomando el impala de su padre y haciendo un viaje de carretera lleno de sexo, alcohol y buena música, por supuesto que se identificaba con el loco de Dean Moriarty.
- ¿Dean?- era Adam.
Su hermanito corrió hacia él, dejándose caer en la cama, traía puesta su pijama favorita de Iron man.
- ¿Qué pasa, Adam?-
- Tengo miedo…-
- Adam…-
- Por favor, ¿puedo dormir contigo?, Sam se tira gases todo el tiempo-
Dean aguantó la risa, acarició los rubios cabellos de su hermanito y le hizo espacio junto a él.
- Mi despertador suena muy temprano, no quiero que te quejes- advirtió Dean, dejando el libro sobre su mesa de noche – a dormir-
- Te quiero, Dean- dijo Adam, abrazándolo – te quiero mucho-
- Yo también te quiero, Adam-
¿Y qué era amar, de todos modos?, recostado en la cama, con su hermanito acurrucándose junto a él, Dean pensó que enamorarse era estúpido, un error garrafal, algo que hacían los bobos, algo que…que haría alguien como el residente que le habló ese día, Castiel, ese de los ojos preciosos.
"Si pudiera enamorarme de cualquier persona en el universo…bueno, creo que ese doctor no estaría tan mal…" pensó Dean.
Aww, gracias por todos sus comentarios; he escrito mucho estos días y creo que se perdió mucho de la intención del primer cap, podría considerarse como prueba fallada, sin embargo continuaré porque YOLO SWAG xDDD
Gracias por su atención
