Como era de mi costumbre, entrené de forma independiente mientras los otros observaban mis técnicas. En cuestión de medir las estrategias creo que todos estábamos en el mismo nivel aunque en mi caso todo era producto de mi propio esfuerzo, mientras los tres chicos lo hacían en conjunto.
Estábamos casi terminando cuando Takao me preguntó:
- Kai, es impresionante las técnicas que usas, y creo que sería interesante unirte a nuestro equipo. ¿Aceptarías?
- Hum… no lo sé. Debo pensarlo un poco.
Mientras miraba ellos entrenándose pensé en los diversos puntos para unirme al equipo. La parte mala era que no sabía trabajar en equipo, no podía pensar siquiera volver a ser mandado. Pero por otro lado talvez iba a ser la única forma de salir de aquella cárcel-mansión, y además si no acompañaba a Max estos serían lo últimos días que lo vería. Como las razones a favor pesaron más opté por ir.
- ¿Te has decidido, Kai? – preguntó Rei.
- Sí, y mi resolución es… iré con ustedes.
Muchos vítores fueron lanzados por estos tres eufóricos integrantes, y Max sonreía con total aprobación, lo hice por él, esperaba que no me defraudase.
El Torneo iba a iniciar su etapa final en los siguientes veinte minutos, el nerviosismo era patente entre nosotros. Llegamos a las finales del Torneo Asiático y teníamos conciencia que el entrenamiento nos benefició grandemente.
Como estábamos inscriptos en categorías diferentes competimos como correspondía. Primero estaban las competiciones de equipo.
La fuerza que Takao, Rei y Max demostraron fue increíble, la resolución de ganar era absoluta; el ahínco en la batalla les trajo recompensa pues vencieron en la categoría. Al llegar mi turno esperaba estar tranquilo como siempre, pero cuando miré en las graderías divisé a Max entre todos, y eso me hizo perder algo de mi seguridad.
Hubo momentos que casi perdía pero recuperaba mi aplomo y sangre fría habituales; vencí de una forma bastante reñida y fue decisivo para consagrarme campeón de la categoría individual.
Estaba en las nubes al escuchar mi nombre por los altavoces del Estadio al tiempo que me proclamaban como dueño del título. Una sensación realmente maravillosa interiormente, aunque no lo manifesté.
Fuimos conducidos a las afueras del Polideportivo como corresponde a los vencedores; como me siento mejor alejado de la muchedumbre rápidamente me escabullí hacia la Plaza Manezh, acompañado por los tres chicos. Me tranquilizaba andar entre los antiguos árboles y aspirar el acre aroma de las coníferas allí plantadas.
- ¿Qué es lo que admiras en esta plaza? – me preguntó Max.
- No sé. Talvez su ausencia de gente hipócrita intentando hacerme daño o quizás la paz que obtengo en contacto con estos árboles y que no conseguía en relación con otras personas.
A esto Max quedó ruborizado por la última parte de mi respuesta, sabía el desequilibrio que provocó en mi ser y la lucha por mi parte para recuperarla.
- Ya que somos todos victoriosos – dije – iremos a casa festejar. Habrá un banquete en nuestro homenaje.
Desde el portón escuchamos el bullicio de la dacha, divisé a Dimitri atareado como siempre, el salón principal estaba saturado de invitados y las mesas estaban todas ocupadas, hice todo para esta conmemoración ser memorable.
Invité a todos los miembros de la BBA en Moscú y a los principales competidores; nuestra mesa estaba reservada en un extremo más apartado del salón. Con un ademán ordené que sirvan.
Una vez más Takao hizo gala de una glotonería insaciable, eso me convenció que por lo menos alguien estaba apreciando verdaderamente todo. Lo que me inquietaba era Max, no cesaba de mirarme y no quise poner en evidencia nuestra relación. Por eso lo llevé a un rincón alejado de todos.
- Oye, Max¿podrías evitar esa mirada sostenida? No quiero que todos se enteren de nuestro asunto. Sería desagradable.
- No consigo evitarlo, Kai… es que… ¿tú sabes, verdad?
- ¿Tengo cara de adivino? Dímelo de una vez.
- La verdad es… es… – se fue poniendo rojo – siento como un fuego consumiéndome. Necesito tocarte, sentirte… ¿Acaso no sientes la misma sensación?
- Aunque la tuviera, siempre lo domino.
- Pero yo soy diferente. Soy más activo, quedaría loco si esperara más para hacer lo que pretendo. Vamos, Kai, no te resistas así.
- No podemos ir ahora, los invitados…
- Los invitados ni cuenta se dieron. Será ahora nuestro momento solos. Verás como soy dulce cuando me conocen por entero. No te arrepentirás, Kai.
Me arrastró hasta mi habitación y poniéndose de puntillas se acercó a mi rostro para besarme, dado su menor estatura. Con una espantosa rapidez me despojó de la camisa, sus atrevida manos se encargaron de poner en evidencia mis más bajos y ocultos deseos; sus labios húmedos me succionaron en diversas partes mientras me sentía confuso por tamaño atrevimiento de su parte. Iba perdiendo la noción de las cosas a medida que se acercaba a mis entrepiernas, no podía creer en la osadía de Max.
Cuando llegó al miembro siento que casi desmayo por el aluvión de sensaciones que me produjo. Sentí como si mi cabeza flotara, no escuchaba más nada que no fuera Max haciendo su tarea con delicado esmero.
No tardé en llegar a la cima del placer, liberando mi esencia sin que Max desperdiciara nada. La lujuria en sus azules ojos era evidente.
- Kai… siempre pensé que eras delicioso, aunque no tanto así.
- Haces… haces increíblemente bien, Max…
Estaba petrificado por la "faena", tenía un oído zumbando y los pelos erizados.
- Por hoy ya está terminado – agregó, limpiándose la boca – volvamos al salón.
Acompañé a Max hasta allá, aunque iba con un andar tambaleante, como si estuviera borracho. Las sensaciones fueron demasiado fuertes para alguien no acostumbrado a ellas.
- ¿Qué te pasa? – me preguntó Rei – parece que has tomado algo.
- No me pasa nada – contesté con voz temblorosa – estoy bien, muy bien.
Con la vista mareada observé a Max sentado, una sonrisa disfrazaba lo sucedido y actuaba como si nada pasara. La capacidad de hacer dos cosas sin relacionarlas me hacía quererlo más y más.
La conmemoración fue terminando gradualmente mientras los invitados se retiraban, los tres chicos ya tenían sus habitaciones asignadas como la vez anterior y yo fui inmediatamente a la mía, deseoso de tomar un prolongado baño para disminuir la euforia y restablecer mi equilibrio.
Estaba preparándome para acostarme cuando nuevamente recibí una visita nocturna por parte de Max.
- ¿Te sientes mejor, mi amor? – dijo riendo.
- ¡Eres un demonio! – exclamé – hiciste aquello de propósito¿no es así?. Sabías que no estaría normal después de semejante acto, quedé el resto de la fiesta como si estuviera ebrio.
- No me trates así – murmuró, haciendo una mueca de burla – tengo certeza que te gustó y repetiremos eso una y otra vez, no me canso fácilmente. ¿Qué te parece si ahora…?
- Ni pensarlo. Estoy muy cansado.
- ¿Hasta cuándo piensas resistir? Debes entender que estamos juntos ahora, no puedes evitarme.
- Esa idea no consigo asimilar aún. Necesito de tiempo.
- Perdón… quizás en ese periodo alguien se interese por mí y así…
- ¡Calla! No digas eso.
- ¡Vaya! Eso me gusta – dijo Max sonriendo – ahora tengo la seguridad que me amas y temes perderme.
- ¿Yo dije eso? Bueno… en verdad que sí te quiero, pero no soy como tú.
- Entonces aceptarás mi invitación: el próximo torneo será en Estados Unidos y quiero que vayas con todos nosotros. Quedarán en mi casa durante la temporada.
- Mañana te daré una respuesta.
- Esperaré aunque lo sepa ya. Estás amarrado, Kai, no olvides.
Salió silenciosamente. Mis pensamientos andaban solamente en Max, últimamente mis sueños se ocupaban poniéndome en innumeras situaciones, uno más delirante que el otro, ya era insoportable vivir en soledad como antes; el placer del contacto físico me estremecía de felicidad y actuaba como alucinógeno que dejara adicto a la primera probada.
En el momento que me hizo la propuesta ya estaría aceptando, pero decidí dar un tiempo para verificar si no estaba yendo demasiado lejos en mi actitud. Lo cierto era que Max se arriesgó a todo al abordarme y obtuvo su premio¿por qué no lo haría yo también?
Si deseaba librarme de toda recordación mala de Rusia y comenzar una nueva vida tendría que aceptar. Era la única oportunidad y desperdiciarlo sería un suicidio.
Como Max esperaba mi respuesta era afirmativa, esa noche me dediqué a arreglar mis pertenencias para el viaje además de poner en condiciones el orden de la casa para funcionar durante mi ausencia.
El aeropuerto de Moscú estaba atestado de gente con todos los destinos imaginables, el avión que nos llevaría a Estados Unidos estaba por despegar. Subimos las escalerillas deprisa y nos acomodamos en nuestros respectivos lugares. Max providenció que nuestros asientos quedaran juntos.
Estaba durmiéndome cuando sentí una mano tocarme suavemente el rostro. Inmediatamente desperté con la sensación, Max no dejaba de hacer las suyas.
- ¿Qué pasa, Max?
- Nada, solamente quiero tocarte, acariciarte… ¿o es que no puedo?
- Puedes, aunque no en cualquier parte, todos están observando.
- A mí no me importa – comentó despreciativamente – es más, quiero que vean esto también.
Acto seguido se abalanzó y me dio un profundo beso. Unas diez personas sentadas en la misma hilera vieron, excepto Rei y Takao, sentados en la fila adelante. Quería morir antes de ver la expresión de asombro por parte de los pasajeros, sin duda más confundidos que yo.
Max continuó impasible, mientras yo no sabía donde esconder la cara, deseaba que la tierra me tragase en aquel mismo momento; este amor estaba volviéndose peligroso y vergonzoso.
Durante todo el viaje me mantuve lo más alejado posible del pequeño demonio rubio, no iba a esperar nada más audaz de su parte. Al llegar a destino bajamos del avión mientras Takao comentó:
- Oí a los pasajeros decir que dos chicos se besaban como locos. ¿Quiénes podrían ser?
- Ni imagino – contestó Rei – pero quisiera saberlo. Sería curioso ver la expresión de ambos después de semejante escena pública. ¿Tú qué opinas Kai?
- Yo… pues… opino que eran muy atrevidos, pero si se aman hay que dejarlos hacer lo que gusten.
- No imaginaba que pensaras así.
- Si no hacen daño a nadie, pueden expresarse lo que desean – sentencié.
Llegamos a la casa de Max, era verdaderamente espaciosa y contaba con un amplio patio ideal para nuestros entrenamientos. Era bueno estar lejos de casa.
- Pueden dejar todas sus pertenencias aquí – nos dijo señalando una habitación – iremos inscribirnos en el Torneo y después nos ocuparemos del resto.
Como estábamos cerca del estadio nos trasladamos a pie hasta allá, encontramos a un muchacho haciendo las inscripciones para el Torneo.
- Sus nombres, por favor.
- Takao Kinomiya.
- Rei Kon.
- Max Mizuhara.
- Kai Hiwatari.
- ¡Un momento! Ustedes son los vencedores del Torneo Asiático¿no es así? Aunque no recuerdo a ningún Kai entre ustedes.
- Es el más nuevo integrante – explicó Rei – vino de Rusia y competirá junto a nosotros en la categoría.
- ¡Excelente! Les deseo suerte y espero que ganen.
- Gracias.
- Max, tú eres de aquí mismo¿verdad?
- Así es.
- ¡Con más razón deben ganar! Suerte y adiós.
- Parece que eres famoso por aquí, Max – dijo Takao mientras volvíamos a casa.
- Por ahora sí, todo comenzó cuando inicié en el beyblade y frecuentemente estaba en los torneos, después de unas cuantas victorias no pude continuar anónimo.
- Entonces tienes muchos admiradores.
- Por supuesto que sí… – dijo mirándome – … aunque nunca hice caso a nadie.
- ¿Y piensas hacerlo algún día?
- Quizás, pero hoy estoy bien.
Nos desviamos del camino para pasar a un restaurante y reponer las energías.
Mientras regresábamos a la casa estaba convencido que me esperaba una noche de sueño reparador, pero los brillantes ojos del rubio me indicaron que de hoy no pasaría, su ansiedad por vernos solos era cada vez mayor.
Apagamos las luces y acomodamos todo cuando Max entró en la habitación y anunció:
- Kai, tú vienes aquí un poco.
- Ahora no, Max, déjalo para otro día.
Puso su clásica expresión de "cachorro lloroso"y no tuve otra opción sino ir tras él. Lo seguí por varios corredores hasta llegar a su alcoba.
Sin pérdida de tiempo me sacó la camisa y dijo:
- No te imaginas lo mucho que he esperado para llegar este momento.
- Max, creo que debes ser más calmo.
- Estás pidiendo calma a la persona equivocada. Siempre te deseé y haré de todo contigo, no intentes detenerme – agregó, bajándome los pantalones cortos.
- Está marchando bien, pero después de hoy talvez te arrepientas.
- Tú y yo hemos llegado lejos, no hay marcha atrás – me sacó los calzoncillos.
- Pero no me estás…
En tres segundos se despojó de sus ropas, dejando ante mis ojos un cuerpo perfecto de enmudecer a cualquiera, no iba resistir más tiempo evitar ese cuerpo cálido al cual solamente yo tenía acceso.
Besándonos llegamos a su cama, mis manos tocaron todo su cuerpo y posteriormente mis labios, mientras escuchaba una respiración entrecortada; mi lengua ávida por sentir su gusto rápidamente llegó a su hinchado miembro deseoso de sentir el placer de ser largamente acariciado, no ahorré para satisfacerlo plenamente, los desvanecidos gemidos confirmaban la calidad de mi esfuerzo.
Una violenta contracción seguido de un grito ahogado lo hizo liberar su esencia, mismo después de eso continué acariciándolo con la lengua, observé que se hundía en un profundo relajamiento, las fuerzas lo abandonaron por completo dándome la oportunidad para dominarlo.
- Kai… ahora… ha-hazme tuyo…
Sin más consideraciones me introduje en su lánguido cuerpo, no puso resistencia y emitió un apagado gemido más; se ajustó dócilmente a mi ritmo, los centelleantes ojos de Max demostraban una mezcla de amor, confianza y placer. Iba continuar aquello eternamente si pudiera.
- Hazlo más rápido.
- ¿Eso es lo que quieres?
- S-Sí.
Intensifiqué mis movimientos para complacerle, la sensación era indescriptible y no tardé en liberar mi esencia seguido de una exhalación jadeante; mis energías se esfumaron, quedé agotado por el ejercicio que hice.
Quedé tendido a su lado para descansar, pero no pasaron veinte minutos cuando dijo:
- Kai, hagamos nuevamente.
- ¿Estás loco? No puedes haberte recuperado ya, por mi parte estoy sin fuerzas.
- Entonces yo te haré mío esta vez.
Esa noche lo hicimos tres veces más, si bien no sé donde saqué fuerzas para continuar el juego, era innegable que Max era un chico verdaderamente insaciable; a la cuarta vez me dejó dormir finalmente, posiblemente compadecido de mi estado.
Al abrir los ojos vi por el reloj que eran las doce del día, dormí mucho y mismo así me sentía cansado. Los chicos estaba practicando atrás de la casa, fui a verlos.
- ¿Cómo has dormido, Kai? – preguntó Takao.
- Bien, relativamente.
- ¿Dónde has pasado la noche? No te vimos volver a tu cama.
- Para decir la verdad…
- ¡Lo ubiqué en otra parte! – interrumpió Max – pensé ponerle en otro lugar, ya que prefiere estar solo.
Sonrió inocentemente y correspondí su gesto. Me sentía hundido en su amor y no tenía escapatoria.
El torneo tuvo sus altibajos, pues casi quedamos en segundo lugar. El desempeño de Takao dejó que desear y la salvación fue los puntos adicionales por estrategia de ataque, muchas de las técnicas que usábamos en Rusia eran desconocidas aquí, por lo que obtuvimos beneficios en algunas partidas. Los días de victorias eran sucedidos por noches de éxtasis con Max, que nunca se cansaba de mí.
Parecía estar yendo todo bien hasta que un día todo se derrumbó. Salí de la ducha preparado para una noche más; me aproximé de la habitación de Max y noté que unos murmullos salían del interior, me acerqué más y vi… ¡Rei y Max besándose apasionadamente!
Quedé aturdido por el descubrimiento, sentía algo parecido a un cuchillo cortarme el alma en pedazos, mi corazón quedó oprimido por la traición. Una vez más fui engañado.
Con paso resuelto me dirigí adonde dormíamos, puse mis ropas y ya estaba saliendo cuando Max se interpuso en mi camino.
- ¿Adónde vas, Kai? Hoy la noche será larga para nosotros.
- No haremos nada hoy, Max.
- ¿Qué dices?
Me sonrió, pero la furia no me permitía articular palabra.
- Has echado todo a perder, eres un… idiota, solo eso puedes ser.
Cambió su expresión, puso un rostro serio.
- No te entiendo.
- ¡Tú y Rei¡Los vi a ambos abrazados y besándose¿Piensas que soy un tonto¿Negarás tu acción?
- Kai… yo no…
- ¡Cállate, imbécil¿Cuánto tiempo pensabas mantenerme así? Te arrepentirás de esto.
Pequeñas lágrimas rodaban por sus mejillas sonrosadas, un ligero temblor se presentó en sus labios.
- ¡Kai, no! Por favor… ¡escúchame! Aquello que viste no es lo que piensas… intenté resistir, pero Rei me dejó hipnotizado y tuve que besarle…
- ¿Y yo¿No consigo complacerte?
- No es mi intención sustituirte, siempre te quise y no siento nada por Rei, fue una locura pasajera… perdóname, Kai… ¡necesito que me perdones!
Intentó abrazarme pero repelí su gesto, fue escurriéndose hasta quedar agarrado a mis piernas, sollozaba y murmuraba.
- No puedes… no puedes dejarme…
Hablando aún con voz dura le solté:
- Fue un error amarte, Max. Te hubiera ignorado desde un principio, pero aquí estoy¡en medio de una farsa! Este fin de semana acaba el torneo, después volveré a Rusia, estaré a una buena distancia de ti y no volverás a verme.
- ¿Harás eso¿Recuerdas las noches que pasamos juntos?
- ¡Olvídalo todo! Mi decisión es absoluta.
De un tirón me liberé, salí en dirección a la calle. El firmamento estaba tachonado de estrellas, las mismas que brillaban en Rusia cuando estaba solitario pero al menos protegido contra los males del amor.
Concluido el Torneo comuniqué mi partida a Rei y Takao, quedaron extrañados con mi decisión pero no les expliqué mis motivos; mis pertenencias estaban ordenadas y solamente esperaba un taxi para el aeropuerto. Max se presentó, triste, para verme partir pero ni siquiera le dirigí la palabra.
- ¿Volverás? – me preguntó.
- Probablemente no. Iré continuar mi vida exactamente donde lo dejé.
- Espero que no te olvides de mí.
- Lo pasado es pasado. Es hora de cada uno tomar su rumbo en la vida.
Un coche amarillo se detuvo frente a mí. Evité mirar la expresión de Max, no quise que viera mis lágrimas caer, una a una, sobre mi regazo.
Llegué a Moscú sin contratiempos, quedé feliz por volver a mi hogar pero una sensación rara no permitía mi felicidad ser completa. La dacha continuaba la misma, Dimitri se encargó muy bien de cuidarla.
- ¡Un gusto verlo nuevamente, señor! – me saludó.
- Igualmente, Dimitri. Escucha, quedaré pocos días aquí, entonces ordenarás nuevamente mis maletas pues iré a Vladivostok. Encárgate de sacar los boletos a mi nombre también.
- ¿De avión, señor?
- No. Viajaré en el Expreso Transiberiano, de primera clase.
El Expreso Transiberiano es un ferrocarril que une Moscú a Vladivostok atravesando Siberia; demoraba siete días para llegar a destino y consideraba tiempo suficiente para pensar en mis acciones.
Las desoladas llanuras corrían a través de las ventanillas del vagón mientras meditaba. Dejarle a Max fue una actitud extrema pero tuvo que aprender de mi manera como los reveses de la vida pueden ser ásperos.
Todavía lo amaba y deseaba… pero la crudeza de aquella escena mató en mí la confianza que le deposité, pero por algo no podía detestarlo permanentemente. En realidad, cuando dijo no tener nada con Rei le creí pero no demostré, a veces la única forma de asimilar es sufriendo un poco.
Le contesté que "probablemente"no volvería, dejé en abierto una esperanza para él, si supo interpretarla correctamente no lo sé, quizás se olvidaría de mí a favor de amar otro, talvez Rei sea el próximo a caer en su trampa.
En cada ciudad donde el tren se detenía ocurría una transformación: mi odio inicial iba convirtiéndose en añoranza, deseaba sentir nuevamente las caricias de quien siempre amé, el gusto de su boca, el amor reflejado en sus chispeantes ojos…
Vladivostok entró en invierno cuando llegué a la estación, los copos de nieve cubrían los rojos tejados y el humo de las chimeneas se dispersaba en el cielo gris. Una nueva sede de la BBA fue inaugurada días atrás, decidí visitar las instalaciones y conocer los futuros competidores.
Quedé dos meses en la ciudad, donde pasaba la mayor parte del tiempo entrenando y enseñando a los iniciantes; cada tres días recibía una llamada telefónica por parte de Dimitri, de Moscú, en la que me informaba de los acontecimientos, y un tema era recurrente: Max llamaba diariamente a la dacha preguntando por mí, y Dimitri contestaba que no me encontraba allí.
Aún me quería… y yo a él. Este viaje era una forma de huir de todo, ocuparme en otras cosas, pero a medida que pasaba los días lo recordaba con más intensidad, en algún momento no aguantaría más e iría volver a su lado.
Uno de esos días no toleré más y tomé el avión rumbo a Estados Unidos; mi tarea en Vladivostok concluyó y la falta de contacto, asociada con la soledad, me dejaban casi enfermo.
Las puertas de la casa de Max estaban cerradas, pero se notaba movimiento en su interior. Di tres golpes a la puerta y una voz conocida dijo: "¿Quién podría ser?"
Al abrir quedó asombrado por mi presencia, las palabras no salían de su boca, pero sus ojos brillaban en una alegría indecible.
- ¡Dios mío¡Has… has vuelto!
Me abrazó con fuerza, como si nunca más quisiera separarse de mí, y le correspondí. Acaricié sus dorados cabellos, era el mismo pequeño de siempre.
- Desde el día que volví a Rusia nunca dejé de pensar en ti.
- Yo jamás te cambié por otro – dijo Max, la emoción no lo dejaba hablar bien – nadie es como tú. Te quiero, Kai, eso será para siempre, recuérdalo.
- Casi me volví loco sin ti, pero ahora no te dejaré nunca, durante todo este tiempo deseé tu contacto, tus caricias…
- Esta noche, Kai, será de conmemoración. Nuestro éxtasis será infinito. ¿Crees estar preparado?
- Por supuesto que sí.
- Ah, tengo que avisarte otra cosa…
- ¿Qué es?
- Las noches de conmemoración mis exigencias son duplicadas. ¿Piensas continuar?
- Se me dejas dormir un poco después de terminar, estoy dispuesto aún.
(FIN)
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Tzaitien!
