CAPÍTULO 2

Iba a entrar con Castle de la mano, cuando noté que algo rozaba mi pierna. Me giré y vi a una niña de unos 5 años que se acercaba a mí para recoger una pelota. Me miró con unos llenos de vida e inocencia, y me apresuré a devolverle la pelota. Me sonrió y me dio un beso en la mejilla dándome las gracias. La madre apareció por detrás mientras se disculpaba.

-Perdone, señorita, ya sabe como son los niños, muy traviesos.

-No pasa nada, si es un encanto. ¿Cómo se llama?- La madre miró a la pequeña, dándole a entender que respondiera ella.

-Me llamo Laura, y tengo cinco años- Me dijo toda convencida enseñándome su manita.

-Pues encantada Laura, yo soy Kate, y él es Rick- Le cogí de la mano para que se arrodillara a mi lado, mientras saludaba a la niña.

-¡Hola Kate y Rick! ¿Queréis venir a la piscina? Es muy grande y no hay nadie, mi mamá va a jugar conmigo.- Su madre se acercó nerviosa mientras le decía a su hija:

-Peque, pero no ves que acaban de llegar, van a querer descansar, son sus vacaciones.

Rick le sonrió a Laura y le dijo:

-No pasa nada, si nos apetece mucho venir a la piscina contigo, pero ahora tenemos que dejar las maletas y colocarlo todo a sitio. Luego nos bajamos, que tenemos muchas ganas de darnos un baño.- Le sonreí a Rick, era tan tierno con los niños. Bueno, y conmigo también.

-¡Bien!- Exclamó la pequeña.

-Gracias, pero de verdad que si no les va bien, no tienen porque hacerlo, mi hija es muy entusiasta.

-Claro que sí que bajaremos, nos va a venir bien un poco de sol.- Le dije a la madre tranquilizándola.

-Muy bien pues hasta luego, que vaya bien.

-Hasta luego Laura.

-¡Adiós!- Nos contestó la niña mientras se alejaba dando saltitos.

Cuando ya vimos que desaparecían madre e hija, nos dimos cuenta que aún estábamos delante de la habitación, con la puerta abierta. Así que decidimos entrar.

Empezamos a deshacerlo todo, en medio de caricias y besos, con una ternura infinita. Éramos puro azúcar en ese momento. Creo que nuestro encuentro con la niña nos había despertado la máxima de nuestras dulzuras. En seguida nos cambiamos y nos pusimos el bañador, y bajamos cogidos de la mano hasta la planta baja donde se encontraba la piscina. Era grande y con unas cuantas hamacas alrededor, totalmente vacías. Al final distinguimos a la madre de Laura y la saludamos, pero nos situamos lo suficientemente lejos para disfrutar de nuestra intimidad. La pequeña nos saludó desde el agua y no pudimos evitar esbozar una sonrisa pensando en la inocencia de esa criatura. Cuando ya estábamos acomodados uno al lado del otro en la misma tumbona, decidí que era el momento para comentarle sobre algo en lo que había estado pensando últimamente.

-Rick, respóndeme sin ningún compromiso, solo es una pregunta que me ronda desde hace unos días por la cabeza. A ti te gustaría tener un hijo conmigo, en el futuro?