Título original: Ten Little Soldiers
Título: Diez pequeños soldados
Autora original: Orrunan
Traductora: Xanyxhi
Resumen: Traducción autorizada. Los defensores de la ley, de todas partes, deben de odiar lidiar con la Vongola. Diez veces trataron de lidiar con la Famiglia que no sólo rompe las leyes de los hombres, sino que también las leyes de la física; porque hasta donde el juez y el jurado sabían, balas mágicas no existían.
Disclaimer: Nada de esto es mío; KHR! Pertenece a Amano-sensei y la historia a Orrunan; así como tampoco estoy haciendo un negocio de esto.
Capítulo II
Dormir en Italia
Nueve pequeños soldados se desvelaron hasta muy noche
Uno durmió de más y ocho quedaron entonces.
El oficial de policía Marco di Francesco estaba sentado en un pequeño café llamado Amore, disfrutando su segunda taza del complicado frappuccino de chocolate—algo que no hubiese ordenado de haber estado con sus amigos—cuando un grupo de jóvenes adolescentes caminaron por la calle. Inicialmente, él sólo escatimó en un pensamiento desaprobador hacia los padres que dejarían a sus hijos el estar afuera hasta tan tarde, o de que no podían imponer el toque de queda. Fue la chica con el parche de ojo que le hizo dar un segundo vistazo. Su ojo bueno era morado, no azul oscuro, pero un honestamente-a-Dios morado y su cabello tenía el más peculiar matiz azulado de casi-negro; un aspecto muy llamativo. Y los chicos con ella no eran discretos tampoco. Un chico de apariencia oriental de cabellos plateados con un cigarrillo sin encender entre sus labios y un chico definitivamente oriental de cabellos claros quien estaba gritándole a los otros («¡Tiramisú es bueno al EXTREMO, pero NADA supera al daifuku de mi hermana!») como si estuviesen en el lado opuesto de un estadio de fútbol americano. Con la excepción del niño en ropa con manchas de vaca y un afro, todos eran japoneses, ya sean guapos o completamente hermosos, y el centro de su atención era un chico tan precioso que podría ser confundido por una chica.
Marco había sido bendecido con una memoria eidética. Una vez que veía, escuchaba o aprendía él nunca olvidaba y este grupo no fue para nada difícil de reconocer. Este era el futuro Don de la Famiglia Vongola, Sawada Tsunayoshi y sus hombres (y mujer) de más confianza llamados Guardianes, de acuerdo a la tradición Vongola. Él volvió sus ojos al tabloide que había estado leyendo, fingiendo desinterés y mirando los titulares acerca de la nueva Miss Sicilia Dolores Paprika atendiendo a una de las fiestas infames del Primer Ministro sin compresión alguna, toda su atención estaba enfocada en el grupo tomando asiento en algún lugar detrás de él. A parte de él, ellos eran las únicas personas en el café a semejante hora tan tardía.
—El grupo de Laila estará actuando en Londres en octubre y nos ha enviado boletos a todos, más Kyoko-chan, Haru-chan, Fuuta-kun y Reborn-san —declaró una voz suave y aguda, aunque no lo suficientemente aguda como para ser de una chica. El italiano del hablante era bastante bueno, aunque su acento estaba marcado. Había el sonido de las patas de las sillas rechinando contra los azulejos blancos y negros del piso.
—¡Es solamente apropiado que ella lo recuerde, Juudaime! —habló una joven voz ya un poco ronca por el humo de cigarrillo, y habló como si el italiano fuese su idioma madre—. Le ayudó a salir de un problemilla, Tsuna. —Ahora tenía dos voces identificadas: Sawada y muy probable la de Gokudera, al ver que no podía desechar la posibilidad de que alguien más pudiese ser un fumador también. Marco observó la foto de una mujer hermosa con cabello teñido mientras escuchaba, pero ningún detalle, incriminatorio o no, fueron ofrecidos.
—Es bueno tener un respiro después de ese asunto con Millefiore. Nos diste un susto, Tsuna —dijo una voz simpática. Ahora estaba hablando en un volumen de persona normal y Marco frunció el ceño antes de etiquetarla dudosamente como Sasagawa Ryohei.
—¡Lo sé! ¡Lo siento mucho! Aún no puedo creer que mi yo adulto hiciese creerles a todos que estaba muerto —balbuceó Sawada con un claro tono de vergüenza.
—Técnicamente fueron a nuestros yos adultos, Tsuna. Además, no fue como si Byakuran le dejase de donde escoger —respondió otra voz un tono competitivo y amistoso con un fuerte acento. No la de voz de una chica o de un niño, por lo que o era Yamamoto Takeshi o Hibari Kyoya.
Marcó mordió su labio inferior, un hábito suyo cuando estaba pensando profundamente. ¿Sawada había fingido su propia muerte por alguna razón y una persona llamada Byakuran, parte de algo llamado Millefiore, había sido responsable de alguna manera? No completamente sin precedentes, ¿pero la parte acerca de su yo adulto y las contrapartes adultas de sus Guardianes? Tal vez su italiano no era tan bueno como lo había hecho parecer al principio en vista de que eso no tenía mucho sentido. Hizo nota de buscar por alguna información que pudiese haber de Byakuran y Millefiore; él nunca antes había escuchado esos nombres.
Su conversación se detuvo cuando el traqueteo de tacones trajo a la mesera a su mesa. Todos menos uno ordenaron café, café ordinario con leche y azúcar y una voz sin tono pidió por té verde, volviéndose oscura cuando la mesera informó que sólo tenían té negro. Todos ordenaron diferentes postres dulces y la mesera se fue para cumplir con la orden.
—Pero aún así, no puedo evitar sentir que debería haber existido otra opción menos dolorosa —reanudó Sawada la conversación anterior—. Todo ese asunto acerca de las cajas armas me confunde un poco. ¿Cómo creen que funcionen? —Marco estaba obteniendo pedazos de información por montones—eran muy descuidados para ser Mafiosos, hablando así en público—pero con su italiano inseguro y sin el contexto eso le decía frustrantemente poco.
—Hmph. Dolor es para herbívoros débiles. ¿Y por qué insistes en hablar en este idioma? —dijo una voz fría y sin tono en un idioma que Marco no entendió, pero que sabía que tenía que ser japonés.
—Reborn quiere que hablemos italiano cuando estemos en Italia… —respondió Sawada al hablante, pero fue interrumpido.
—¡Cierra tu boca traidora Hibari! Solamente porque no tienes la decencia de… —gruñó Gokudera literalmente. Marco siempre había pensado que era una forma de decir, pero la voz del chico se parecía al ladrido de un perro enojado por mucho.
—Gokudera, por favor —le interrumpió Sawada con una voz de sufrimiento—. Él no hubiese sufrido nada de todas formas, ya que estaba en el plan.
—Yo pienso que la forma en la que los animales caben en las cajas es asombroso y también en la manera en la que cambian de forma. ¡Pensé que teníamos tecnología avanzada en Japón, pero los detalles que ellos ponen en este juego es asombroso! —interrumpió alegremente el que tenía que ser Yamamoto, confundiendo a Marco aún más.
No era simplemente la plática extraña por lo que estaba pensando a dudar que todo hubiese sido un error de traducción tampoco. Había esperado aprender más acera del funcionamiento interno de la nueva generación de Vongola cuando se dio cuenta de que el futuro Don Sawada estaba en el mismo café que él, pero en lugar de eso se estaba confundiendo más y más. ¿Dónde estaba el miedo, temor, el respeto hacia Sawada? Estas personas estaban hablando como jóvenes de escuela. De hecho, ellos actuaban más como una familia que una Familia, un grupo de hermanos exuberantes, un hermano mayor maduro—aunque pareciese como una hermana pequeña—y una tímida hermana; la cual no había hablado todavía. ¿Y qué eran estas cajas armas… con animales adentro?
—Eres tan estúpido, Cabeza de Césped, aunque no tanto como la vaca-afro pequeña —fue Gokudera otra vez.
—¡Waaah! ¡El asombroso Lambo te aplastará, Estúpidera! —gritó Lambo Bovino, haciendo que los labios de Marco temblaran de verdad. Hubo el sonido de una silla rechinando contra el suelo y el casi inaudible sonido sordo de él poniéndose de píe.
—¡Sí usas una granada de mano aquí, Lambo, no te van a servir nada! —interrumpió Sawada con rapidez.
¿Una granada de mano? Marco comenzó a sudar y suplicó profusamente de que el chico estuviese bromeando, de que él pudiese voltearse y dar fe de que estaba bromeando, pero se forzó a sí mismo a sentarse recto y voltear la página y parecer completamente enfocado en los cotilleos de las celebridades de Italia.
—D-disculpe, Jefe, pero, uh… —la voz de la chica se desvaneció en la nada y otra voz emergió—: Parece que tenemos un pequeño problema, Tsuna-kun —resonó una risa horripilante y los escalofríos que recorrieron la espalda de Marco lo distrajo de un momento vital. Cuando se dio cuenta de que cada voz ya tenía una identificación y que esa era la de alguien nuevo, ya era muy tarde. Algo cortante y atravesó su nuca y se sobresaltó, entonces todo quedó en silencio. El café fue sumergido súbitamente en una niebla blanca que oscureció rápidamente a un gris más y más oscuro. «No deberías de meter tu nariz en los asuntos de las personas, podría ser amputada». Las palabras no parecían venir desde afuera de su cabeza para nada, sino que resonar dentro de su mente. Trató de pararse, su corazón saliéndose de su pecho y su boca con sabor a hierro, pero no podía mover un músculo. Y entonces todo fue negro.
Marco se despertó sobresaltado cuando una mano sacudió su hombro gentilmente, mirando el desorden de colores rojo, amarillo y azul. Parpadeó y levantó su rostro de la revista, el desorden de colores convirtiéndose en la imagen de una rubia en un vestido rojo parada a la orilla del mar.
—Disculpe, signor, pero parece que se quedó dormido —dijo compungida una mesera de piel oscura con cabello muy corto y rizado y con tacones muy altos de color negro—. Le dará tortícolis si duerme así.
—Gracias —dijo Marco y la miró a los ojos, y luego posó su mirada detrás de ella. No había nada. Bueno, no realmente nada, había muchas mesas vacías con manteles a cuadros blancos y negros sobre ellos, pero no Mafiosos adolescentes fueron vistos. Por supuesto: había sido un sueño. Era tiempo de beberse su frappuccino e irse a casa al ver que obviamente estaba más cansado de que lo había pensado.
Su café ya estaba tibio y Marco se lo tragó con una mueca, luego se abrochó su chaqueta ante el frío de una noche de otoño. Se sintió más que un poco tonto mientras caminaba fuera del café. El sueño se había sentido excepcionalmente real, detallado, pero la conversación absurda debió de haber sido una clara señal. Algunas cosas sólo tienen sentido en sueños.
Xanyxhi: El otro capítulo, ¡yuju~! Si hay algo que no tenga mucho sentido o algún error de mi parte, me avisan ¿vale?
¡Ah! ¡Y gracias Orrunan, por dejarme traducir tu historia!
