Eh... no sé qué puedo decir. Soy realmente mala escribiendo las notas de autor, porque no tengo mucho que informar. Ya saben. Uh... me gusta Hamilton. Sí. Sisisisi. Y mi canción favorita es Non-Stop.

Déjame un review o te quedas sin camiseta.


Advertencias:

Idioteces a pedir por carta.
Posible lenguaje malsonante.
El lector podría avergonzarse de que yo exista.


Conociendo a los suegros.


Expectativa.


Se arregló la corbata otra vez. Ya era la quinta vez que deshacía el nudo y volvía a hacerlo. Mirándose a través del cristal de una ventana, se repeinó el cabello, que lucía un engominado hacia atrás al más puro estilo Malfoy. Quitó el inexistente polvo en su elegante traje negro, y cuadró los hombros. Harry, a su lado, lucía un bonito traje hecho a medida de color blanco, que revelaba al mundo su pureza e inocencia.

—Te ves maravilloso, Tom —murmuró Harry, avergonzado, tomando su brazo con el rostro rojo como un tomate. Tom sonrió ufano.

—Lo sé.

La puerta de la Casa Potter la abrió un rígido James Potter, que examinó de arriba a abajo a Tom, asegurándose de su buena apariencia. Con una mirada de aprobación pero con gestos bruscos, los condujo al interior, donde una guapa Lily Potter los esperaba a ambos con los labios apretados en una imitación excelente de Minerva McGonagall. Los tres hombres se sentaron en los sofás del salón, en un incómodo silencio.

—¿Cuáles son tus intenciones con nuestro hijo? —dijo Lily Potter repentinamente, una pregunta mordaz y una sonrisa viciosa. Tom tragó grueso, y Harry comenzó a temblar levemente.

—Planeo casarme con él y formar una familia estable donde pueda hacerle feliz.

—¿Nivel económico?

—Está hablando con el Heredero de Slytherin, por favor.

—¿Reputación?

—Eh... digamos que buena.

—¿Estatus sanguíneo?

—...mestizo.

James Potter se levantó del sofá, y apuntó a la puerta, con gesto furibundo.

—¡Mi hijo sólo se casará con un sangre pura, como todos en mi familia!

—¡Pero si su hijo es mestizo y usted se casó con una hija de muggles!

—¡James Potter, ven a sentarte ahora mismo! —ordenó la matriarca de la familia, y Tom podía jurar que de ella surgía una bestia de oscuridad dispuesta a destruir el mundo de un sólo puñetazo si su esposo no obedecía.

No se equivocó. El hombre corrió a sentarse nuevamente, y se calló por el resto de la tensa reunión.

Al final Tom se ganó la bendición de ambos padres, pero con la amenaza de que si hacía sufrir a su hijo, la misma señora Potter iba a cortar sus pelotas con un diffindo.


Realidad.


—¿Por qué demonios traes el pelo como si fueras un Malfoy? —rió Harry, soltando una carcajada tan fuerte que casi se le cayeron las gafas—. Te ves tan ridículo.

—Estoy tratando de presentarme correctamente y dar una buena impresión—masculló Tom, observando indignado la vestimenta de Harry—. Evidentemente a ti no te preocupa eso de dar buenas impresiones.

—Punto uno, son mis padres. Puntos dos, les vale tres kilos de mierda cómo me vea o cómo se vean mis amigos —rebatió Harry, alzando el dedo índice—. Y punto tres, eres el puto Señor Oscuro, ¿qué impresión quieres dar? ¿El de un hombre mentalmente estable?

—Tu lenguaje es una oda a los callejeros.

—Que te valga mierda.

Se veían extraños. Uno iba con un traje impecable, el pelo con tanta gomina que podría hacerle competencia a un Draco Malfoy de primer año en Hogwarts, y unos zapatos tan brillantes que podrían dejar ciego a cualquiera que los mirase. Y el otro, con el cabello tan revuelto que parecía que dos gatos se habían peleado en su cabeza, una sudadera de talla extra grande y unos pantalones tan rotos que fácilmente podrían haber pasado como ropa de indigente.

Harry se paró frente a la puerta, y antes de que Tom pudiera tocar, abrió su bocota y se puso a gritar.

—¡Familia, llegó el hijo favorito!

—Eres nuestro único hijo, Harry, y no sabes cuánto agradezco eso —James Potter abrió en pijama, tallándose los ojos y las gafas colgándole de la oreja izquierda.

—Acepta que no pudieron tener más hijos porque te faltó hombría —Harry le palmeó el hombro, entrando sin siquiera limpiarse los zapatos en la alfombrilla de bienvenida.

—Lo dice el muerde almohadas.

—1945 está llamando para que le devuelvas el apodo, viejo.

—Calla, mocoso, o harás que me arrepienta de haber donado ese espermatozoide —y reparó en Tom finalmente—. Anda, pero si es Lord Voldemort.

—Buenas tardes, señor.

—Yo debería decirte señor. Según sé tienes como setenta años.

—Harry, sé que te gustan mayores, ¿pero hombres que podrían pasar por tu abuelo?—Lily Potter apareció meneando la pelirroja cabeza, sentándose en el sofá—. ¿Qué fue lo que hicimos mal?

—Tiene setenta años pero es como uno de veinticinco y ya sabes dónde —murmuró Harry, sonriendo travieso mientras se echaba en el sofá.

—¡Nada de referencias sexuales en esta casa mientras yo esté presente! —gritó Lily.

¿En qué demonios se había metido?

—Te dije que el traje no era necesario, idiota.

—Se ve como una mala imitación de Lucius Malfoy.

—Saben que los estoy escuchando, ¿verdad?

—Ya me estaba preocupando.