Amigos míos, dejo para ustedes la continuación
Muchas gracias por su infinito apoyo, los quiero.
.El Debido Proceso.
"Quise olvidarla. Y lo intenté con todas mis fuerzas. Apreté los puños, grité de rabia, lancé golpes y armé una guerra conmigo mismo en aquel confinado calabozo. Pero fue inútil. Cuando hube expulsado la ira y la pasión; lo único que quedó, tristemente, fue el amor"
…
Tuvo que borrar la sonrisa de sus labios tan pronto como se encontró sumergida en su segunda clase de derecho civil.
Tras ubicarse a propósito en las primeras corridas de asientos, para evitar otra desagradable nota en el pizarrón, se convirtió en el blanco de preguntas y comentarios mordaces por parte del profesor. Y tal como ocurrió durante la primera clase, ella apenas pudo balbucear unas cuantas respuestas antes de que Uchiha Sasuke la interrumpiera y pidiese la palabra a otro estudiante.
Al final de la clase, Sakura estaba echando humo por las orejas. Abandonó el aula dando tumbos y esperó fuera hasta que él decidió salir. Entonces, sin importarle las miradas curiosas de sus compañeros, lo interceptó antes de que pudiese alejarse escaleras abajo.
—Disculpe, señor Uchiha — le dijo, tan cortés como le fue posible. En su mente, sin embargo, lo llamó maldito estúpido arrogante.
Él no detuvo la marcha, pero con una mirada le indicó que la había escuchado. Ella decidió valerse de todo su arsenal. Entre ellos, el más poderoso era el enfrentamiento directo. Sin anestesia, directo al hueso.
—¿Puedo saber qué problema tiene usted conmigo?
Una sonrisa, o más bien una ínfima inclinación de la comisura derecha de su boca, apareció en el rostro atractivo de su profesor.
—Con usted en general, ninguno — explicó —Con su impuntualidad y su lengua imprudente, muchísimos.
Ella detuvo la marcha un momento para asimilar las palabras. ¿Lengua imprudente? Sí, bueno eso ya se lo habían dicho un par de veces en la escuela, aunque las palabras habían sido un poco menos benévolas.
Tuvo que apresurar el paso para alcanzarlo porque él había continuado con aquel rápido y rítmico descenso escaleras abajo.
—Siento mucho lo que dije en el elevador — dijo —Sé que fui imprudente, pero no volverá a pasar. Y sobre lo de llegar tarde, prometo ser puntual.
Él se detuvo en el último escalón y consultó su reloj primero antes de dar una respuesta.
—¿Qué debo hacer yo si usted llega tarde otra vez? — preguntó.
Sakura entonces comprendió lo que acababa de hacer. Le había dado a él la llave para comportarse como un bastardo si a ella se le ocurría por asomo llegar tarde. Qué estúpida.
¡Su problema de impuntualidad no era algo de lo que pudiera rehabilitarse de un día para otro!
Pero de nuevo, y como siempre, su orgullo estuvo allí para responder por ella.
—No lo haré, así que no se preocupe —prometió.
Él esbozó otra de sus sonrisas torcidas.
—De acuerdo —dijo —Supongo que acabamos de cerrar un trato, señorita Haruno.
Y sin despedirse, reanudó la marcha por el largo pasillo hacia la salida. En el trayecto, varias miradas le siguieron porque parecía sacado de un catálogo de modas. Vestido con ese asentador traje negro y el maletín en mano, no era en lo absoluto un hombre que alguien esperaría ver transitando por las dependencias de una facultad que se caracterizaba por tener especímenes milenarios como profesores.
…
Sakura arribó esa tarde a su pequeño apartamento con la sensación de que llevaba siglos estudiando. Las clases habían comenzado hacía menos de una semana, pero ella, en un mal asesoramiento curricular, había inscrito las asignaturas respectivas del semestre con los profesores más exigentes de la escuela. Como consecuencia de ello, llevaba el doble de trabajo que los compañeros que habían optado por otros profesores y las clases a menudo terminaban media hora más tarde que las del resto. Por supuesto, entre las funestas opciones de maestros, la magnánima persona de Uchiha Sasuke destacaba como si se tratase de un foco de luz incandescente.
Prescindiendo de ir a su habitación, dejó caer su mochila en medio del living y se dirigió hasta la cocina para prepararse algo de comer. Eran cerca de las siete de la tarde y ella no había podido almorzar nada gracias a su querido profesor de Derecho Constitucional.
Así pues, omitiendo el cúmulo de platos sin lavar que hacían una torre inclinada en el lavaplatos, Sakura sacó un tarro de fideos instantáneos, puso un poco de agua hirviendo y preparó la mezcla en menos de tres minutos. Luego, se encaminó a su habitación, sacó su notebook y se conectó a la precaria red que llegaba al sexto piso de la torre. Tenía tarea, pero la haría después de vagar un rato en Facebook.
Estaba en la ociosa actividad de recorrer el inicio plagado de noticias irrelevantes, cuando Ino le habló por el chat y le preguntó cómo le había ido en su segunda clase con su profesor favorito.
—De maravilla —respondió —Creo que hasta se ha enamorado de mí.
Era una ironía, por supuesto, e Ino la captó enseguida.
—Bien te valdría agradarle, frente —dijo —Es un hombre poderoso y de muchísimos contactos.
—¿Y tú como lo sabes? —preguntó, mientras se llevaba una generosa porción de fideos a la boca. Al mismo tiempo, Ino le enviaba el link de una página web donde podría encontrar toda la información acerca de Uchiha Sasuke.
Movida por la curiosidad dio click en el link y fue conducida a una página que contenía en detalle el prolifero curriculum de su profesor. Tuvo que dejar el tarro de fideos a un lado, porque aquello se venía para largo.
Uchiha Sasuke tenía veintinueve años, pero había hecho muchas más cosas que la mayoría de las personas de su edad. Entre los antecedentes de sus años de secundaria, destacaban el haber sido el mejor de su generación durante cuatro años consecutivos (lo que equivalía a los años efectivos de secundaria) y el haber formado parte del grupo de debates de la escuela, con el que había ganado varios torneos a nivel interestatal y que le habían hecho merecedor de un par de reconocimientos.
Las cosas solo se ponían mejor con el correr de los años. Después de lucirse en aquellos grupos de debate y en los distintos campos académicos de la escuela, Sasuke había dado el gran salto a una de las universidades con más alto prestigio del país. Volvía a obtener las más altas calificaciones de su promoción y a obtener el premio de distinción máxima otorgado por la universidad, ello en una ceremonia en la que estuvieron presentes casi todos los maestros que habían tenido el privilegio de impartirle clases. Lo de "privilegio" no era una ironía inserta por Sakura. Estaba ahí, escrito justo antes de su siguiente reconocimiento: la tesis para optar al título de abogado. Sasuke había sorprendido a sus maestros con (en ese punto Sakura solo rodaba los ojos y murmuraba "oh, vamos, ¿en serio?") la mejor tesis del año. Un tema complejo, lleno de aristas y encrucijadas que pocos se habrían atrevido a explorar. Por tal reconocimiento era que su tesis estaba no solo empastada en un grueso y parsimonioso libro sino también publicada en el repositorio destacado de su universidad y de las demás universidades del país. Era oro puro, según parecía.
Para rematar, tenía un doctorado en nada más ni nada menos que Derecho Internacional Económico, con mención específica en mecanismos de resolución de conflictos en las áreas de inversión extranjera y libre competencia.
Lo que seguía hacía referencia a reconocimientos en el ámbito profesional. Con tales notas no había tenido problema para encontrar trabajo. Después de procurar dos años en el estudio de abogados de su familia, había dado el salto al ámbito internacional para asesorar a empresas en asuntos de mediación de solución de conflictos respecto a inversiones extranjeras. En la actualidad dividía su tiempo entre el estudio familiar y el asesoramiento particular que ofrecía a grandes empresas nacionales. Además, como actividades recreacionales, jugaba al golf y hacía un poco de natación.
Sakura no cerró de inmediato la página tras leer todo el contenido. Se quedó un poco más, contemplando la fotografía de su maestro, adjunta a un costado del largo texto. Aparecía tan serio como ella lo conocía, pero en aquel momento a ella le pareció que lucía muy diferente.
Aunque la imagen terminaba poco más debajo de sus hombros, se notaba perfectamente que llevaba puesto uno de sus elegantes trajes. Chaqueta negra, corbata del mismo color e impoluta camisa blanca. Todo aquello era igual, sí, pero Sakura lo vio diferente porque la forma en que ella lo miraba era diferente. Cuando lo captó, se sintió en la obligación de dejar a un lado la laptop.
Admiración.
Uchiha Sasuke era un hombre brillante, no solo en el ámbito profesional, sino incluso desde sus tiernos comienzos en la escuela. Sin embargo, ella había tenido la osadía (o la estupidez) de enfrentarlo como si entre ellos hubiere algún punto de comparación. No lo había, ni el más remoto.
Sakura nunca fue de las más aplicadas de la escuela. Y estaba segura de que tampoco lo era en la universidad. Con algo de suerte llegaría a la media, y al momento de titularse, no se esforzaría demasiado en hacer una tesis que fuera a perdurar en los albores de la humanidad. Ella solo quería terminar la carrera. No pretendía ser como Uchiha Sasuke, al menos hasta entonces.
Después de leer aquel curriculum, la admiración que sentía por ese maldito profesor era tan grande que le ponía furiosa. No quería admirarlo. No deseaba sentir que se encontraba en un nivel tan inferior y que jamás podría enfrentarlo igual a igual. Porque, aquello era imposible, ¿verdad?
A menos que empezara ahora mismo. Sí, aún estaba a tiempo. Iba en primer año, después de todo. ¿Qué tal si comenzaba leyendo parte de la bibliografía que Uchiha Sasuke había puesto a disposición de los estudiantes el primer día de clases? Podría hacer lo mismo con el resto de los maestros. Uno o dos libros por semana y para los exámenes finales tendría todo revisado.
Si lo miraba desde ese punto de vista, no parecía tan difícil.
Retomó su laptop para buscar la bibliografía sugerida. Por supuesto, solo tenía un texto en formato material. Lo había comprado para el semestre anterior, pero jamás le había echado ni una sola ojeada. Estaba como nuevo, debajo de un montón de otros libros más interesantes.
Lo cogió, y comenzó a leerlo detenidamente hasta que el sol inició su declinación en el horizonte y despareció por completo. Encendió la luz de su aparador para estudiar una hora más, pero en medio de una difusa lectura, se quedó dormida y despertó, por milagro, a las siete de la mañana.
Tuvo que correr a ducharse. Apenas pudo arreglar su cabello húmedo, se vistió con casi lo primero que encontró y después de echar una barrita de cereal dentro de su bolso, salió disparada a las calles para tomar un taxi. Nada de trasporte público ese día.
Llegó a las 8.25 y se precipitó a los elevadores. Antes de llegar se percató de la presencia de Uchiha Sasuke, por lo que estuvo a punto de darse la vuelta y tomar el tedioso camino escaleras arriba. No lo hizo porque él echó una causal mirada por sobre su hombro y sus miradas se encontraron.
Con una fingida sonrisa, Sakura recorrió el camino restante y se ubicó junto a él. Había otros estudiantes, dispersos a prudente distancia de la magnánima figura de su maestro. Parecía como si una fuerza sobrehumana los repeliera; excepto a ella, claro. Ella era la necia polilla.
—Buenos días, señor Uchiha —saludó. Él consultó su reloj antes de saludarla un poco menos adusto que el día anterior —Puntual, como prometí—agregó ella.
—No es algo de lo que deba sentirse orgullosa, señorita Haruno —replicó él, regresando a esa actitud agría tan suya.
Ella dejó escapar un leve resuello.
Cuando el elevador abrió sus puertas, Uchiha Sasuke se hizo a un costado para permitir que todos los estudiantes, incluyendo ella, ingresaran primero. Luego, subió y se ubicó en el espacio libre, casi adherido a la pared. Tres estudiantes separaban a Sakura de su enigmático profesor, pero eso no evitó que ella tuviese una clara vista de lo que pasaba por el rostro de él. No estaba cómodo, eso era seguro. A juzgar por cómo fruncía el ceño y mantenía una postura forzosamente erguida, debían molestarle un montón los espacios pequeños repletos de gente. Y eso que el elevador todavía no superaba su máxima capacidad.
Para suerte de él, en el tercer piso bajaron la mayoría de los estudiantes. El aire se hizo un poco más respirable, pero el silencio continuó siendo incómodo.
Un estudiante, metido en medio de los dos, impedía a Sakura cualquier acercamiento a su maestro. Y lo cierto era que se moría por hablarle; probablemente, consecuencia de lo que había leído sobre él la tarde del día anterior.
Por suerte, el resto de los estudiantes bajaron en bloque en el cuarto piso. Al cerrarse las puertas, solo quedaban ellos dos en aquel reducido espacio. Sakura se movió sutilmente en su dirección, ubicándose luego a solo un pie de distancia. Estuvo tentada a hacer chocar sus hombros, como una forma de llamar su atención, pero si lo hacía no golpearía su hombro sino poco más arriba de su codo. Se abstuvo de hacerlo, porque en ese preciso momento él le dedicó apenas un segundo de su atención. Una mirada oscura, incluso despectiva.
Sakura aprovechó entonces su oportunidad para mencionarle lo que había estado haciendo la tarde del día anterior. Una asidua lectura por los más importantes textos obligatorios del semestre. No era del todo cierto, porque solo había alcanzado a leer la mitad de un texto cuarenta páginas, pero Uchiha Sasuke no tenía por qué conocer la historia real. Además, necesitaba demostrarle de lo que era capaz.
Él no varió un solo tono la expresión despectiva en sus perfectas facciones. Su voz fue neutra al decir.
—¿Está tratando de impresionarme?
La pregunta la tomó por sorpresa desde todos los ángulos posibles. Le templaron las piernas mientras el color rojo pasión ascendía a sus mejillas, acompañado de un ardor canicular.
—¡No! Por supuesto que no — se apresuró a responder, pero tal vez fuera demasiado tarde. Ya había sembrado la semillita que le serviría a aquel arrogante para burlarse de ella — Lo hice exclusivamente para poder responder sus preguntas durante la clase. Hasta ahora he sido un completo desastre, ¿no?
Él no respondió. Las puertas del elevador se abrieron en ese preciso momento y él le hizo un gesto con la mano para que ella saliese primero. Sin embargo, mientras caminaban en dirección al salón, él se ubicó un poco más cerca y murmuró algo que la dejó de piedra.
—De cualquier modo, si estaba tratando de impresionarle, le digo enseguida que no estoy interesado en las niñas. Me gustan las mujeres.
Con dificultad, Sakura logró continuar el resto del camino hacia el salón. Durante las clases, sin embargo, no pudo responder ninguna maldita pregunta que él le hizo porque se quedó repentinamente en blanco.
…
¡Continuará!
