Aquella noche la pasó mejor, y por fin había despertado su poder mágico tras haber estado latente durante los últimos días. La mujer de cabellos rojizos se incorporó lentamente hasta que, después de haber conseguido ponerse de pie, tomó la sábana blanca y la envolvió en su cuerpo desnudo. Caminó hasta la ventana y observó el grato paisaje. La brisa matutina chocó contra su rostro alborotando las hebras color escarlata que caían por su frente, haciendo que la maga cerrara los ojos para poder disfrutar más de la tranquila sensación.
El crujido de la puerta de madera la sacó de sus pensamientos y volteó de inmediato para toparse con el intruso.
—Aquí tienes tu ropa. —habló Mira con frialdad dejándola, casi lanzándola, sobre la cama para después disponerse a recoger la bandeja de comida, ahora vacía, de la pequeña mesa.
La mujer la observó atentamente analizando cada movimiento, hasta que tras verla acabar, pronunció un "Gracias".
—Más te vale explicarnos a todos por qué has venido. —la peliblanca cerró de un portazo la puerta. La mujer simplemente medio sonrió con sorna. Estaba claro que no era bienvenida a ese lugar.
Se acercó a la cama y tras soltar el nudo que le había hecho a la sábana, ésta cayó en el suelo. La mujer tomó la vestimenta que le había traído la otra maga y se la puso, incluido el sombrero y su capa negra. Ahora sí que se sentía ella, aunque echaba en falta su largo bastón mágico que posiblemente se lo hubiera requisado por miedo a un ataque. Ella volvió a sonreír ante lo precavidos que eran los integrantes de ese gremio…¿acaso se pensaban que no podía usar su magia sin ese artilugio?
Se dispuso a salir de la habitación y a ir hacia donde seguro se encontraría la mayoría de gente. Y efectivamente así fue. En el preciso momento en el que se dispuso a bajar las escaleras hacia el vestíbulo del edificio las miradas acusadoras de todos los que estaban allí se clavaron sobre ella. Ella observó y analizó en cuestión de segundos los perfiles de los magos, y tras un ligero suspiro, comenzó a bajar los escalones oyendo el ruido de la madera crujir a cada paso que daba bajo el sepulcral silencio.
Una vez que tocó el suelo con ambos pies comenzó a caminar por el pasillo que formaban las mesas que se situaban a cada lado del lugar. Las antorchas que iluminaban la estancia a pesar de que era de día se agitaron levemente, detalle que no pasó desapercibido por Laxus, que se mantuvo observando a la mujer antes de levantarse de la silla tras un corto periodo de meditación y dispuesto a tomar la palabra.
—Cuál es tu nombre, Spriggan. —el nieto de Makarov no se anduvo con rodeos.
—Me llamo Eileen Belserion, y era una de los integrantes de la corte del Emperador, o Zeref, que es como vosotros lo conocíais. —dicho aquello la pelirroja desvió su mirada hacia el Dragon Salyer de fuego, que estaba atento a cada palabra que ella decía.
—Sois unos asesinos…—Gray no tardó en pronunciarse al tener la imagen viva de su antiguo Maestro.
—No voy a hablar de la guerra pasada, no estoy aquí por eso.
—¿Ah no? Qué extraño, pensaba que ya veníais a tomar represalias. —Freed se puso al lado de su jefe, con la misma seriedad que todos sus compañeros.
—Si quisiera mataros ya lo hubiera hecho. —habló cerrando los ojos y al volver a abrir abrirlos la ola de magia que desprendió fue suficiente como para hacer que todos tragaran saliva.
—¡Me está encabronando! —Natsu ya encendió sus llamas y estaba totalmente dispuesto a atacar a la mujer.
Y de nuevo, como la primera vez, el chico fue interrumpido por la presencia de simplemente una niña.
—¡No solucionaremos nada discutiendo! Vamos a escuchar lo que tiene que decir—Wendy parecía ser la más lógica de todos los que estaban allí, a lo que Mira finalmente también habló.
—Wendy tiene razón, si esa mujer vino herida de gravedad hasta aquí es porque ni con su poder puede solucionar aquello que sea que le preocupa.
—Mira.
Laxus observó a la chica de soslayo. Ella simplemente le transmitió seguridad con su mirada.
—Mira tiene razón. Discutiendo lo único que hacemos es demorar más el hecho de que se vaya.
—Fairy Tail, ya no soy ninguna Spriggan. No estoy aquí por ningún motivo de lo que pasó, solo quiero hacer una petición.
—¿Una petición?
—Sois un gremio, vuestro trabajo es aceptar encargos. Y yo tengo uno para vosotros.
—¿Qué podrías darnos a cambio de aceptar ese trabajo?
La pelirroja de largas trenzas dio unos pasos haciéndose sitio entre los magos hasta llegar a la estatua de piedra que decoraba una de las mesas. Lo observó profundamente, cada detalle de la figura y su expresión de sacrificio por lo que seguro más quería. Durante unos instantes le recordó a ella.
—Makarov Dreyar sin duda me dio muchos dolores de cabeza durante la guerra.
—Ni te atrevas a pronunciar su nombre—la voz de Erza hizo que la Spriggan volteara a verla. Y entonces se vio reflejada en los furiosos ojos de la Titania.
—Puedo intentar ayudaros a traer de vuelta a vuestro Maestro.
Todos los presentes en la gran sala no creían lo que la poderosa maga estaba diciendo. Todos enfurecieron ante sus palabras creyendo fervientemente que se estaba burlando de todos, aunque tras aquel ataque de ira en sus ojos guardaban algo de esperanza en sus corazones. Todos deseaban que el antiguo Maestro volviera a sus vidas.
—¡Si pretendes reirte de nosotros puedes coger la puerta y largarte!—Natsu no dejaba que las llamas de sus puños se apagaran, de hecho tenía unas ganas tremendas de pelear contra esa mujer. Aún así algo le escamaba, no sólo era su apariencia sino más bien su olor. Era tan parecido al de Erza que frenaba sus ansias por medir sus fuerzas contra ella.
—No pensé que hablar con vosotros fuera tan complicado…—la mujer se llevó una de sus manos a su cabeza y suspiró con hastío intentando mantenerse paciente ante las constantes acusaciones de los magos de ese miserable gremio.
La de trenzas dio media vuelta dispuesta a marcharse, pero una barrera mágica la frenó. ¿Runas mágicas?
—Ahora que has venido aquí no vas a salir hasta que nos digas qué diablos quieres—Freed se atrevió a hablar tras saber que la mujer se había percatado de su ataque mágico.
Entonces las garras de su mano enguantada se deslizaron por la barrera mágica dejando algunas chispas tras su toque de ese modo haciéndola pedazos.
—Hasta un niño pequeño podría haberlo hecho mejor. —la vanidosa voz de la mujer crispó los nervios de Freed, mientras que Laxus no podía creer la facilidad con la que el ataque de máximo nivel de su amigo había sido destruido como si nada. —He venido a conversar, no a luchar.
—¡Bien pues entonces-
—Entonces me vais a escuchar. —Eileen cortó en seco al pelirosa. Esta vez la intensa mirada de la mujer se clavó en la del chico como si de dos dardos se tratara—August, el ahora General de Alvarez, está buscando unos huevos de dragón.
—¿¡Qué!? —dijeron todos al unísono.
—Piensa que yo tengo esos huevos, lo cual es verdad. Pero no pienso entregárselos de ninguna de las maneras. Entonces hace unos días peleó duramente él junto con otros Spriggans contra mí, y como pudisteis ver no salí bien parada.
—Pero, ¿por qué quiere esos huevos? Y… ¿de dónde han salido? —inquirió curioso el Dragneel interesándose por el tema. Estaba claro que todo lo relacionado con esas mágicas criaturas era fascinante.
—No puedo decir de dónde han salido, pero lo que quiere August es esperar a que esos huevos eclosionen y hacerse con las crías de dragón.
Los magos de Fairy Tail estaban intentando procesar toda la información que la maga les estaba contando.
—¿Para qué quiere August esos dragones? —Juvia se atrevió a hablar por primera vez directamente con la Spriggan, la cual le dirigió su penetrante mirada. La peliazul se sintió totalmente intimidada por la mujer por lo que buscó refugio tras la figura del Fullbuster.
—Es más fácil gobernar teniendo a unos cuantos dragones a tu mando, ¿no?
—Bastardo—Natsu masculló entre dientes. Aún no comprendía el motivo por el cual los dragones casi siempre eran los que salían mal parados de las situaciones. La imagen de Igneel le vino a la mente haciendo que la nostalgia se apoderara durante unos segundos de su ser.
La pelirroja dejó su bastón levitando sobre el suelo y después colgó su sombrero en éste. Ahora sí que el parecido con la Scarlet era mayor.
Se acercó de nuevo a los magos de Fairy Tail aún dejando algo de distancia entre ellos, y se sentó en una de las mesas del vestíbulo. Tenía hambre a pesar de que la comida siempre le sabía insípida pero aun así chasqueó sus dedos e hizo que la bandeja con comida se desplazara rápidamente de la barra de la cocina hasta su mesa.
—¿Y qué es lo que tenemos que hacer nosotros? —quiso saber Erza tras la larga conversa.
—Exactamente sólo necesito la ayuda de solo tres de vosotros. —habló entre mordiscos la Spriggan. Aquello realmente le sabía insípido.
—Quienes son.
—Natsu Dragneel, Lucy Heartfilia y Wendy Marvell.
Los nombrados se miraron los unos a los otros sin entender el particular papel que tenían en esa misión.
—Necesito la ayuda del Dragon Slayer de fuego y la del cielo para poder incubar correctamente los huevos, y la maga celestial porque es lo más parecido a la magia de Anna que puedo tener.
—¿Anna? Pero-
—Ya es suficiente de tantas preguntas. Os lo explicaré más adelante, así que si aceptáis partiremos esta noche y si no aceptáis podéis olvidaros de que he estado aquí.
—¿Es una amenaza? —inquirió Gray aún a la defensiva.
—Es un consejo. Si August consigue hacerse con esos dragones Fiore va a estar en problemas.
Dicho aquello la maga volvió a levantarse.
—Os doy tiempo para pensarlo. Cuando hayáis tomado una decisión comunicádmela de inmediato.
Dicho aquello la maga volvió a ponerse en pie y se dirigió hasta la puerta, y sin decir nada más, salió del gremio.
—¿Pero vosotros habéis visto eso? Está actuando como si nunca hubiera roto un plato, qué se cree esa maldita bastarda viniendo a este gremio y pedir favores. —Evergreen no aguantaba más la presencia de la Spriggan y comenzó a despotricar contra ella.
—Ever, cálmate. No va a hacernos nada—Elfman enseguida quiso calmar a la maga, que musitó por lo bajo un "estúpida Spriggan".
Erza también sentía algo de repulsión por la mujer, pero muy en el fondo desconocía la razón por la cual las palabras de Evergreen la molestaron. Sabía que había estado callada más de lo usual, pero el hecho de estar a su lado la volvía vulnerable.
—Ever, cállate. No nos va a hacer nada, así que deja de hablar de ese modo. —por primera vez Laxus notó que Mira se estaba implicando más de la cuenta en el tema. ¿Tanto le interesaba?
La Scarlet se levantó de la silla y sin rendir cuentas a nadie se dirigió hacia la puerta bajo la atenta y sorprendida mirada de todos sus compañeros.
—Erza, no vayas sola. —Gray se apresuró a frenarla. No quería que su amiga saliera malparada.
—Gray, no va a comerme. Hemos peleado contra oponentes más fuertes—se excusó la Titania.
Dicho aquello salió del recinto, y enseguida la buscó con su mirada. Buscó con algo de ansia aquel cabello rojizo que tanto le recordaba a ella hasta que pudo divisar a lo lejos la capa negra que cubría la espalda de la Spriggan.
Tras la batalla contra Acnología y Alvarez el gremio de Fairy Tail se trasladó a lo alto de uno de los montículos de Magnolia, cerca del acantilado. De ese modo si había un ataque contra ellos la ciudad no acabaría tan pronto destruida siendo el blanco. La Spriggan estaba sentada bajo la copa de uno de los árboles cerca de la caída del acantilado, y parecía ser que estaba disfrutando la luz mañanera. Erza se acercó hasta su posición con sigilo y precaución.
—Tus amigos se han mostrado bastante reacios a conversar conmigo. —la fémina que estaba sentada comentó sin tapujos.
—Qué ingenua si esperabas que reaccionaran de otra manera.
La obviedad de que entre ellas dos la relación era más que difícil estaba presente, eso no podían negarlo.
La pelirroja de trenzas se levantó y volteó para ver de frente a su única hija. Era tan parecida a ella que estaba claro que nadie podía negar que fueran, como mínimo, parientas. Pero su mirada era tan fuerte que a pesar de hacerla sentir mal por la mayoría de sus actos, hacía que se sintiera orgullosa de tener una hija así.
—¿Por qué has acudido a Fairy Tail? —la Scarlet aún no se creía del todo las palabras de la una vez fue su contrincante, así que quiso volver a escucharla.
—Porque en Ishgar no hay gremio más fuerte. Y porque tenía la esperanza de que tú interfirieras en el caso de que tu familia se negara a ayudarme—Eileen paseó su mirada por el horizonte admirando las vistas una vez que le dio la espalda a la otra maga.
Erza no podía creer que esa mujer estuviera diciendo aquello. La sinceridad de esas palabras parecía real y la confianza que la maga estaba depositando en ella era más que atrevida a pesar de lo poco que habían tratado ambas la una con la otra.
—Qué te hace pensar que quiero ayudarte. —aun así la dureza de sus palabras aún azotaban a la Spriggan, que medio sonrió al ver lo terca que era su hija.
—Nada, de hecho dudo que quieras ayudarme. Pero a veces una persona no gana si no arriesga, así que decidí atreverme a tomar esta decisión. —estaba empezando a estar claro que esa mujer sabía negociar.
—Eres impredecible…
—¿Esperabas que no lo fuera? —Eileen rió ante la situación. La joven maga aún era una ingenua.
Erza también observó lo bello que se veía el mar en el horizonte, pero de igual modo no pudo evitar observar con disimulo a la mujer. Desconocía el porqué, pero la notaba distinta a la última vez que se vieron. La locura que en su día adornaba sus ojos ya no la sentía.
—¡Erza!
La voz de Salamander se escuchó a lo lejos e hizo que la susodicha volteara para poder observar cómo se estaban acercando sus compañeros.
—Hemos tomado una decisión, Eileen-san. —Wendy habló sin resquemor en su voz. Desde luego la pequeña Dragon Slayer comenzaba a enterrar el hacha de guerra respecto a esa mujer.
Al escuchar la voz de la peliazul, la Belserion volteó a verla. No podía negar que sentía algo de ansia y curiosidad por escuchar la respuesta de esos magos.
—Accedemos a ayudarte, pero con la condición de que nos ofrecerás una grata recompensa, además de intentar hacer volver a nuestro Maestro.
Eileen asintió levemente ante las palabras de Gray Fullbuster.
—Además de Lucy, Wendy y yo, este de aquí y Erza también nos acompañarán. —Natsu habló sin tapujos y dando a entender que no quería recibir ninguna objeción por parte de la Spriggan.
—Estúpido, tengo un nombre—Gray habló cruzándose de brazos descontento por cómo se dirigió el pelirosa hacia su persona.
—¿Estúpido? ¿Acaso quieres que te aplaste con mis llamas, trozo de cubito? —el Dragneel se empezó a encarar con el mago de hielo.
—Atrévete y te aplasto cual cerilla—Gray obviamente no se dejaría pisotear por el Dragon Slayer.
—Otra vez no…—Lucy ya no sabía cómo hacer para que aquellos dos maduraran.
—¡Natsu!¡Gray!
Aquella voz sí daba miedo. Erza estampó sus cabezas la una con la otra haciendo que ambos chicos cayeran al suelo. Wendy sonrió, pero su sonrisa se acentuó al observar casi la insignificante curvatura que se dibujó en los labios de la Belserion.
—Bien. Partiremos esta noche.
—¿Por la noche? —quisieron saber los presentes sin entender el porqué.
—Sí. Llegaremos más pronto a Alakitasia.
Dicho aquello la mujer volvió a sentarse donde minutos antes había estado mientas que los demás magos sin preguntar más, volvieron al gremio. Lo último que observó Erza fue como la mujer bajaba ligeramente su sombrero de ese modo cubriendo más su rostro.
Una vez que la noche cayó, los magos se reunieron de nuevo con la maga de Alvarez. Que no se había movido del sitio donde había pasado toda la tarde.
—¿Estás seguro que no se ha dormido? —Lucy susurró en apenas un hilo de voz asomándose ligeramente por la parte trasera del tronco en el que el cuerpo de la pelirroja de trenzas estaba recostado.
—Sólo hay una manera de saberlo—el Salamander encendió uno de sus puños alertando de ese modo a sus compañeros.
—¡Qué estás haciendo descerebrado! ¿Quieres que nos mate? —Gray se disponía a frenar a su compañero, pero fue demasiado tarde.
La fuerza con la que dirigió el flameante golpe podía casi partir una roca, pero desconoció el momento en el que su cuerpo quedó totalmente petrificado de ese modo quedando detenido el duro ataque.
—Además de saber pelear, Igneel debería haberte enseñado algunos modales más.
Todos oyeron la altanera voz de la mujer para después poder observar cómo se puso en pie. Natsu quedó sorprendido por oír el nombre de su padre adoptivo de los labios de esa maga. ¿Cómo sabía su nombre?
—Bien, veo que estamos todos. Qué extraño que los demás magos del gremio tampoco estén aquí verificando que no miento.
—Te equivocas. —La voz de Laxus se oyó desde lo lejos. Él sabía que la maga estaba fingiendo, sabía que ella había notado la presencia de todos desde hacía rato.
—Vamos a tardar demasiado en llegar al otro continente—Gray estaba atento a cualquier detalle, pero aquello simplemente hizo reír a la de trenzas.
—Será mejor que os hagáis a un lado.
Dicho aquello la Belserion se encaminó con paso tranquilo hacia el centro del prado en el que se encontraba el gremio, mientras que los magos se hacía a un lado esperando al siguiente paso que tomaría la maga. Entonces la vibrante sensación que empezaron a notar en el cuerpo les hizo percatarse cuan fuerte podía llegar a ser esa mujer, y las pocas posibilidades que hubieran tenido de ganar si se hubieran enfrentado a ella.
Las invisibles pero notorias ondas de magia que comenzaron a rodear el cuerpo de la maga hicieron que tanto su falda como su capa empezaran a ondear al son de éstas, al igual que la hierba, la cual siguió la misma danza que los ropajes de la pelirroja. Poco después las indumentarias de los magos de Fairy Tail también empezaron a moverse.
—Pero qué…—a pesar de sentir algo de miedo, Lucy pensaba que era increíble lo que sus chispeantes ojos estaban presenciando.
Eileen lanzó al aire su bastón haciendo que este desapareciera. La tierra empezó a temblar ante el intenso campo mágico que rodeó a todos. Entonces fue en ese instante en el que tanto Gajeel, Natsu y Wendy sintieron ese olor tan característico. Dragón.
El cuerpo de la Spriggan no tardó en cambiar de apariencia haciendo que su ropa se rasgara mostrando así las miles de escamas que cubrieron su cuerpo. Finalmente tras batir ligeramente esas inmensas alas, lo que había sido un cuerpo humano, ahora era el ser mágico más poderoso que desde hace siglos había existido.
Erza estaba que no daba crédito, aunque aquella no era la primera vez que veía a la maga en su forma dragón. Inmediatamente sus orbes se dilataron más al percatarse de la gran cicatriz que decoraba la parte delantera del dragón. Aquello había sido obra de su katana y la magia de su compañera.
—Increíble—fue la palabra que salió de los labios de Mira aún sin terminar de creerse lo que estaba viendo.
—Prefiero no preguntar el porqué sabe hacer eso…—la expresión de Laxus era todo un poema, y los demás integrantes del gremio prefirieron no opinar al respecto. Solamente se quedaron observando con admiración la gran criatura.
Los demás magos, incluidos los Dragon Slayer se quedaron boquiabiertos ante la espectacular escena.
El dragón…no, la dragona paseo su poderosa mirada por todos los integrantes de Fairy Tail, para después descender lentamente su cuerpo hasta quedar prácticamente tumbada sobre la fresca hierba.
—Subid. —se limitó a decir permitiendo que sus acompañantes se colocaran en su lomo.
Tras mirarse con algo de duda, Natsu, Gray, Lucy, Erza y Wendy tomaron sitio sobre el cuerpo de la bestia sin atreverse a preguntar cómo demonios se había transformado en ese gran reptil. Para su sorpresa las llamas que decoraban el cuerpo de ese ser no quemaron sus cuerpos.
—Os mantendremos informados. —dijo Erza mirando hacia abajo, pues la altura a la que estaban subidos era algo considerable.
—Tened cuidado…y tú, maga de Alvarez, más te vale protegerles si les pasa algo.
Dicho aquello por parte del Maestro del gremio, los magos se apartaron. Era obvio que iban a dar pista para el ascenso del vuelo de la dragona.
—Sujet-
—¡Wendy, sube! —la entusiasmada voz de Natsu se oyó desde lo alto de la cabeza de la dragona, haciendo que la peliazul dirigiera la mirada hacia su amigo.
—¡Natsu, baja de ahí! —vociferó Lucy ante el atrevimiento del pelirosa al agarrarse a uno de los cuernos del mágico monstruo.
—¡No pasa nada Lucy! ¡Vamos Wendy, hace tiempo que no hacemos esto!
Ambos Dragon Slayers sabían lo mucho que siempre les había gustado viajar en lo alto de sus padres adoptivos, Igneel y Grandeeney respectivamente. Así que tras tomar la mano del mago de fuego, la niña también se agarró al otro cuerno.
—¡Tomad cuidado! —habló Erza sin estar segura de si aquellos dos hacían bien en colocarse en lo alto de la cabeza del animal.
—Bien, ya que me habéis tomado como una atracción, espero que no os arrepintáis de estar ahí. —comentó la dragona sacudiendo suavemente su cabeza casi provocando la caída de los dos Dragon Slayers.
Dicho aquello las ardientes alas de Eileen empezaron a batir con fuerza, y todo a su alrededor salió despedido por los aires. Los magos que quedaron en el suelo tuvieron que dar algunos pasos atrás ante la potencia de las ráfagas de viento provenientes de esas fogosas alas. La magia se sentía con gran intensidad pero a la vez era tan viva la sensación que subía los ánimos de los allí presentes.
—¡Me estoy encendiendo! —la emocionada voz de Natsu se oyó en el claro, y la sonrisa que adornaba su rostro hizo sonreír tanto a Lucy como a Gray. Ambos sabía el amor que profesaba su amigo a esas criaturas.
—¡Compórtate Natsu, y no la líes! —se pudo escuchar como advertencia desde lejos por parte de Laxus.
La dragona una vez que se sintió preparada empezó a correr directa hacia el acantilado bajo la emocionada mirada de todos. Los magos que iban subidos en ella se agarraron con fuerza a lo primero que pillaron y, una vez que sobrepasó el filo del acantilado, la bestia se precipitó hacia el mar. Sólo fue unos segundos, pero el vuelco que les dio en el corazón fue suficiente como para prender la adrenalina que en ese momento corría por sus venas, prueba de ello fue el grito que dejó escapar la Heartfilia. Aquella sensación de caída era increíble.
En tan solo un instante, la Spriggan alzó el vuelo lo suficientemente rápido como para alejarse a toda velocidad de Magnolia, y cuando los jóvenes magos quisieron darse cuenta, ya estaban surcando el nocturno cielo.
—¡Mira Erza, es precioso! —La chica de cabello rubio estaba hipnotizada ante el espectacular horizonte estrellado. Aquella escena parecía estar sacada de una fábula. Gray sonrió maravillado también por lo precioso que se veía el firmamento aquella noche, inclusive la redonda e iluminada luna.
El gran astro quedó reflejado en los brillantes ojos de la Scarlet, que también se sentía abrumada por la belleza de aquella noche. Pero además de lo bonito que se veía el horizonte, por fin fue capaz de tocar con sus manos por primera vez las suaves escamas de un dragón. El cuerpo del animal fantástico no era blanco del todo, sino que la tonalidad que adoptaba la dura piel era perlada de ese modo acentuando el sutil resplandor de la dragona.
—¿No es genial, Wendy? —Natsu le sonrió de nuevo.
La pequeña Dragon Slayer seguía sujeta al cuerno de la bestia, pero aquello le recordó a los adorables momentos que pasó subida en lo alto de su madre adoptiva. La echaba de menos, pero tenía el recuerdo grabado a fuego en su corazón, por lo que lo único que hizo fue que asentir emocionada acompañando el gesto de una amplia sonrisa y disfrutar del momento.
—Tomará algo de tiempo llegar, pero calculo que mañana por la mañana estemos ya sobrevolando el continente de Alakitasia. No sé lo cómodo que debe ser dormir encima de mí, pero será mejor que intentéis descansar algo. —recomendó Eileen sin desviar su mirada del horizonte.
Los magos decidieron tomar su consejo e hicieron lo posible por acomodarse lo mejor que pudieron sobre el cuerpo de la Belserion. Erza se tumbó con cuidado y le cogió gusto al calor que desprendían las llamas del lomo, así que dejó reposar su cabeza sobre la escamosa piel notando lo suave que se sentía a pesar de lo dura que era. Inconscientemente pasó su mano de nuevo por la superficie del cuerpoa de la dragona adorando la sensación y olvidando por un momento que ese animal había intentado matarla en su día.
Por sutil que hubiera sido, Eileen disfrutó el cariñoso gesto de la maga acordándose de nuevo la sonrisa que le hizo rememorar quién era realmente. Redujo ligeramente la velocidad de su vuelo para que los magos pudieran conciliar el sueño, y cuando dedujo que ya habían caído en los brazos de Morfeo, decidió ascender algunos metros más.
—Sabes volar muy bien, Eileen-san—la infantil voz de Wendy caló en los oídos de la maga. Ésta no podía negar que se había sorprendido pensando en que todos estaban dormidos, prueba de ello era el sonoro ronquido del Dragon Slayer de fuego.
—Creo que más de cuatrocientos años son suficientes como para aprender—intentó hablar lo más bajo que pudo.
—Habrás visto muchos lugares—contestó Wendy arrastrándose con cuidado por la cabeza de la dragona, que la observó rápidamente de reojo.
—Tú también habrás tenido tiempo de aprender a no precipitarte en pleno vuelo de un dragón—la Belserion bromeó con la Dragon Slayer, que sonrió con inocencia.
—Soy muy hábil.
—Buena respuesta, pequeña Dragon Slayer—y pensar que ella, Eileen Belserion, estuviera conversando con aquella niñita.
—Grandeeney me enseñó muchas cosas sobre los dragones—confesó la peliazul estirándose boca abajo sobre la cabeza del animal a la vez que cerraba sus ya adormecidos ojos y pasaba lentamente su pequeña mano por las suaves escamas de la piel.
La maga de Alvarez desconoció porqué hizo lo que hizo, pero finalmente y tras saber que todos los magos estaban presos del profundo sueño, hizo que las llamas de su lomo adoptaran tal forma que terminaron por rodear el cuerpo de los jóvenes de ese modo aislándoles del frio nocturno. Volteó ligeramente su cabeza percatándose de que todo estaba correcto, y tras verificarlo, se quedó observando a la Scarlet.
No cabía duda de lo mucho que se parecía la de cabellos rojos y ella cuando tenía su edad. Y lo mucho que la quiso antes de abandonarla y a rehusarse a encantarse dentro de ella. De igual modo ahora la seguía queriendo de la misma manera que cuando nació. Eileen se lamentó por sentirse tan vulnerable cuando se trataba de su hija, pero no podía negarse a aceptar que lo daría todo por ella. Al fin y al cabo era su única hija y ella su madre.
La dragona volvió a observar al horizonte y, dejando atrás un suave y ardiente suspiro, quedó presa una vez más de la belleza que le brindaron las estrellas en esa espectacular noche. Y entonces sonrió al sentir la respiración de su hija sobre su piel. Eileen se sintió por primera vez en muchos años satisfecha y, sobre todo, especial.
Continuará…
Se ve que hoy he estado inspirada, por lo tanto, ¡doble capítulo! Espero que lo hayáis disfrutado ;)
¡Un saludo!
