La Chaqueta
Biología, Español y Física, son las asignaturas de esta mañana de lunes. Dos clases más, después de comer, y se acabará el día de hoy. Los idiomas siempre se me han dado bien, pero la física me cuesta entenderla más que otras asignaturas.
-¡Rachel! Estoy aquí-grita Marley desde la mesa del comedor del instituto.
-Ahora voy-la saludo con una sonrisa.
La mañana no pinta tan mal como parece, quitando el corrillo que se forma, como siempre en el comedor, alrededor de los populares. ¿Qué estarán tramando? No me gustan esas miradas.
-¿Otra vez albóndigas?-miro con cara de desagrado a la cocinera.
-Es lo que hay, señorita. Si no quiere, retírese de la fila-la cocinera me devuelve la mirada con algo de desagrado.
Aquí parece que les pagan para ser agradables y simpáticos con los alumnos. Irónico, claro. La próxima vez me traigo la comida de casa.
-Bonito conjunto-escucho la voz de un chico a mis espaldas.
-Puck…-tartamudeo su nombre en voz baja.
-Aunque te quedaría mejor así-espeta a la vez que estampa la bandeja de comida contra mi cuerpo.
El murmullo se generaliza; el bochorno y la vergüenza se hacen presentes. La bandeja se me cae de las manos y, con ella, algunos restos de comida que se resbalan por mi ropa. Mi cara de asombro y horror se está haciendo patente en mí.
-¿Estás bien?-me pregunta Marley horrorizada por lo que acaba de presenciar.
-Sácame de aquí, por favor-le digo casi entre sollozos.
Las risas y las miradas aún me siguen a través del pasillo, hasta el baño del instituto. Aún conservo en la mente la sonrisa del estúpido de Noah y la cara de satisfacción de Kitty al otro lado del comedor. Sólo la voz de Marley me saca de mi horror.
-Rachel. ¿Me oyes?-exclama muy preocupada.
-Perdona, Marley-me quito las gafas para secarme las lágrimas.
-Pensaba que te había pasado algo. Te has quedado con una cara de pavor impresionante-sonríe intentando quitarle hierro al asunto.
-¿Qué decías?
-Te decía que te quitases la ropa-me señala la vestimenta.
-¿Por qué? ¿La ropa? Yo…-me hago un completo lío en la cabeza.
Seguramente estoy colorada porque, de repente, he comenzado a sentir un calor enorme en la cara. Marley, sin embargo, tiene una expresión divertida, parece disfrutar con mi elocuencia.
-¿Tienes ropa para cambiarte?-me cuestiona intentando calmarme.
-Tengo una camiseta.
Desde que me suceden este tipo de agresiones, suelo traerme algo de ropa para cambiarme, pues nunca se sabe cuándo me va a hacer falta. Las cosas que me tiran encima van desde granizados y comida… hasta algún tipo de sustancia pegajosa y viscosa. Desde entonces, me he vuelto algo más precavida.
-Voy a por ella. Mientras deberías quitarte eso.
Marley sale disparada y aprovecho para quitarme el jersey y así meterlo bajo el grifo. La falda no está tan manchada, ha sobrevivido al impacto. La peor parte se la ha llevado el animalito que decora mi jersey.
De repente, siento frío. Estar en sujetador, en pleno mes de noviembre, en el frío baño del instituto, no me va a hacer nada bien para la garganta.
Marley está tardando más de la cuenta en volver, así que intento relajarme. Ella siempre consigue ponerme nerviosa y estar, de esta manera, tan cerca de ella… no me va a ayudar para nada. Vuelvo a quitarme las gafas; abro el grifo, coloco mis manos bajo el agua fría y me las llevo a la cara para eliminar ese calor que se ha instalado en mi cara al pensar en mi amiga.
-Gracias Marley-agradezco al sentir cómo me tienden una toalla.
Me llevo la toalla a la cara y froto fuertemente, pues necesito quitarme todo tipo de pensamientos.
-Has tardado mucho, voy a resfriarme así-digo a la vez que cojo mis gafas de nuevo.
-Siento no haber venido antes-se disculpa una voz diferente a la de mi amiga.
-¿Qué haces aquí, Quinn?-me tapo como puedo con la toalla.
-Quería saber cómo estabas-me mira de arriba abajo.
-¿Por qué te interesa saberlo?-me vuelve la confianza para contestarle.
-No me gustan las cosas que hace Kitty contigo-observo sus ojos, nuevamente, clavados en mí.
Sus ojos son hipnóticos. Nunca me he encontrado con alguien que tenga esta mirada. No creo que le cueste conseguir lo que quiere con ese poder en los ojos. Es todo un misterio…
-¿No habéis tenido bastante?-escucho gritar a Marley, cabreada, entrando de repente en el baño.
-Ya me voy-suelta dedicándome una última mirada de disculpa.
-No entiendo a esta gente… ¿Qué te ha pasado en el brazo?-me cuestiona molesta mientras me entrega la camiseta para cambiarme.
-No te preocupes, no me ha hecho nada-me coloco la camiseta lo más rápido que puedo.
-¿Te ha pegado?-se acerca para acariciarme el hombro, pues la camiseta deja al descubierto la zona afectada.
-Fue Kitty. Esta mañana ha tenido la amabilidad de saludarme un tanto cariñosa-escupo irónica.
Un escalofrío y miles de sensaciones se agolpan en mi cuerpo, pues el simple roce de Marley consigue provocar que todo mi cuerpo se descontrole. Me quedo totalmente paralizada, sin moverme, intentando acordarme de respirar.
-Es lo único que encontré en tu taquilla-comenta al verme con la prenda puesta.
-Se me olvidó traerme algo más acorde con el tiempo de ahora-observo mi camiseta de tirantes blanca, la que uso en verano para hacer deporte en el instituto.
-Por eso te he traído ésto-me dice dulcemente, entregándome una cazadora.
-Pero… esto es tuyo. Vas a pasar frío-le digo con la chaqueta en la mano.
-No te preocupes, yo estaré bien-me vuelve a sonreír.
-No puedo aceptarla…-se la devuelvo.
-Vamos, Rachel, yo voy en manga larga y tú vas de pleno verano… Por favor… Ya me la devolverás, ¿ok?
-Gracias-le agradezco colocándome la chaqueta.
Otra vez suena de nuevo la maldita campana. Las clases comienzan de nuevo, así que recojo mis cosas para marcharme, entre ellas, está el jersey empapado de agua.
-Tranquila, la mancha salta-me comenta al ver mi cara de preocupación mientras guardo mi jersey.
-No es por eso-cierro la taquilla tras recoger los libros de la materias que me tocan ahora.
La gente me sigue mirando. El recuerdo de la comida estampada en mi cuerpo aún está presente en los alumnos y yo quiero que la tierra me trague en este momento.
Las clases de la tarde terminan y no vuelvo a ver a Marley para agradecerle todo lo que ha hecho por mí. No puedo quedarme a buscarla, pues tengo cita con el dentista en tan sólo una hora. Ni siquiera sé si me va a dar tiempo a coger el autobús.
Salgo corriendo. Necesito llegar a tiempo a la parada porque el último autobús sale en diez minutos hacia el centro y aún me quedan como quince minutos de recorrido para llegar hasta allí. Vuelvo a recordar mi penosa forma física, tengo que hacer algo al respecto. Encima, la humedad que se agolpa hoy en Lima, no favorece el correr por la acera sin evitar que me resbale.
-¡Maldición!-exclamo al ver el autobús marcharse.
Toda la carrera para nada. Me falta el aire y la chaqueta de Marley me sobra en este momento. Me apoyo en mis rodillas para recuperar un poco el aliento; las piernas me tiemblan del esfuerzo. El día de hoy se está llevando el premio al peor día…
Una gota cae en mis gafas, seguida de unas cuantas más. Miro hacia el cielo. Al salir esta mañana, no me percaté de lo oscuro que estaba el cielo y de las nubes que amenazaban ya a la ciudad.
Siempre me ha gustado la lluvia, pero hoy no es el día apropiado de disfrutarla. Busco algún lugar donde refugiarme de la intensa lluvia que comienza a caer incesante.
Encuentro un edificio con la fachada lo suficientemente grande como para protegerme de la lluvia. Me siento en el suelo y espero a que el tiempo me dé algo de tregua y así poder volver a casa.
La gente corre de un lado para otro. Al parecer, no soy la única a la que le ha pillado desprevenida ésta lluvia. Empiezo a sentir frío, pues el pelo se me ha mojado por completo. La ropa también está empapada y la fina camiseta de tirantes se me pega completamente al cuerpo. La única protección que tengo es la cazadora de Marley.
¿Por qué tengo tan mala suerte? Sólo me queda un año y podré vivir tranquila. Me pregunto cómo será estar en la universidad.
-¿Rachel? ¿Eres tú?-escucho una voz que me llama. La cortina de agua que se ha formado me impide ver de dónde procede esa voz tan familiar.
Me seco los cristales de las gafas y enfoco mi mirada hacia un coche que se ha parado frente a mí con la ventanilla bajada.
-Sube, te llevo a casa.
Me acerco corriendo al coche. Con mis brazos intento que me caiga el menor agua posible sobre mi cabeza. Abro el coche y entro.
-Estás empapada. ¿Qué hacías sola ahí tirada?-me pregunta Quinn desde el asiento del conductor.
-Se me escapó el autobús y estaba esperando a que parase de llover-me acurruco en el asiento.
Quinn arranca su coche y pone la calefacción para que me sienta más cómoda.
-Te queda muy bien la chaqueta, aunque deberías quitártela. Está empapada de agua-comenta al verme abrazada con fuerza a ella.
A pesar del cumplido, no me apetece quitármela. El olor de Marley, mezclado con el de la humedad del agua, me reconforta. Quinn tiene razón en eso de que puedo helarme si sigo con ella puesta.
-¿A dónde te llevo?-me cuestiona mientras para en un semáforo.
-Iba al dentista, pero llévame mejor a casa-contesto a la vez que, definitivamente, me quito la chaqueta.
Quinn me mira. La camiseta de tirantes se me ha mojado, al igual que la chaqueta, provocando que se me transparente todo el cuerpo. Me siento más desnuda que en el baño, así que me cruzo de brazos y centro mi mirada en la carretera.
-Te llevaré a dónde me digas. Es lo menos que puedo hacer por ti-vuelve a fijar la vista en la carretera.
Me sorprende que diga eso. Su cara está algo roja y parece más nerviosa de lo normal. El verla sin el traje de animadora, y con el pelo suelto sin su característica coleta, le hace parecer mejor persona. A decir verdad, nunca me he percatado de lo atractiva que es.
-¿Por qué eres así conmigo?-le cuestiono.
Es la segunda vez que se lo pregunto. En el baño me ha evadido la pregunta porque nos ha interrumpido Marley cuando regresaba con mi camiseta.
-¿Qué quieres decir?-me mira extrañada mientras conduce.
-¿Por qué no eres como Kitty?-intento plantearle mejor la pregunta.
-No me gusta cómo se comporta con la gente-se pone más seria.
-¿Por qué vas con ella entonces? ¿Por qué la gente hace lo que ella dice?-subo el tono de mi voz, quizá sea el momento de descubrir por qué tanto odio hacia mí.
-El que vaya, o no, con ella, no es asunto tuyo.
La lluvia está comenzando a disminuir en intensidad. El tráfico es bastante fluido y, con un poco de suerte, llego a tiempo al dentista.
La respuesta de Quinn me ha dejado más helada de lo que ya estaba, por lo que decido mantenerme en silencio el resto del camino. No quiero hacerla enfadar, ni meterme en sus asuntos, como ella bien dice. ¡Idiota de mí pensar que con ella iba a ser diferente y que iba a poder mantener un trato cordial!
-¿Es aquí?-me pregunta mientras asoma la cabeza, a través del cristal, y lee el cartel de la fachada.
-Sí-contesto a la vez que me coloco de nuevo la chaqueta.
-Espera…-baja la ventanilla al ver que ya estoy fuera del coche.
-Gracias por traerme, Quinn. Y, tranquila, que no se lo diré a nadie. No quiero que tu reputación se vea perjudicada-exclamo lo más rápido que puedo antes de meterme en el edificio.
Corro al ver la cara de sorpresa que pone Quinn mientras le suelto todo eso. No quiero que me vuelva a decir algo como lo de antes y ya ha hecho bastante con el hecho de haberme traído hasta aquí a tiempo.
-Buenas tardes, Rachel. Te estaba esperando-me saluda el doctor al verme entrar a la consulta.
-Lo siento, la lluvia me ha retrasado mucho y no he podido llegar a tiempo-me disculpo.
-No pasa nada. Siéntate, miremos cómo va esa ortodoncia-espeta mientras coloca todo el instrumental sobre la mesa.
Apenas tengo un año la ortodoncia en la boca y ya estoy deseando, con todas mis fuerzas, arrancármela. Mi padre me obligó a ponérmela, decía que sería bueno para mi futuro. Yo solo espero que se acabe pronto porque, el tener hierros en la boca, no es para nada cómodo; ni para hablar, ni para comer.
Gracias por los comentarios, sin vosotros no tendría sentido.
