¡Hola! Tengo buenas noticias: He podido semi-arreglar mi mouse, pero sigo necesitando uno nuevo. En fin, aquí está el segundo capítulo. Tal vez los carácteres de Edward y Esme no sean los de los libros, pero tengan en cuenta de que recién han sido convertidos, de que son jóvenes y aún no terminan de madurar. La razón por la que Edward está tan feliz es que aún no conoció a Bella, ni tampoco siente la necesidad (por ahora) de encontrar una pareja. En cuanto a Esme, al final de la historia será la Esme que todos conocemos. Para los que no conozcan su historia, pásense por Twilight Lexicon, donde la encontrarán en "Character Bios". ¡Dejen Reviews!

Disclaimer: Ni Esme, ni Carlisle ni Edward me pertenecen. Pertenecen a una de las mujeres más dotadas en cuanto a imaginación se refiere, Stephenie Meyer. Aunque a veces me ataquen delirios de grandeza, esto lo hago sin ningún fin de lucro ni de robarle nada a esta señora. Sólo soy una desquiciada que hace estas historias para descargar su locura : ) No me demanden.


Luchando Conmigo

Capítulo 1: Frío, pero no Muerto

PUNTO DE VISTA DE ESME

Los días pasaban como una nebulosa de lo que poco y mucho retenía en mi memoria, siempre tratando de aceptar mi nueva naturaleza de vampiro, siempre tratando de ser educada con al doctor Cullen, Edward y la Nueva Esme.

De no haber sido por la cara de decepción de Carlisle, que frecuentemente se dibujaba en mi imaginación, no habría querido mantener mis ojos de color caramelo, ni me habría conformado sólo con la sangre de animal. Siempre que caminaba por la calle sucumbía a mis instintos, que eran amigos que frecuentemente tocaban mi puerta, así que había preferido llevar una vida ermitaña dentro de la casa del doctor.

Acabábamos de ubicarnos en New York, donde yo era la esposa del doctor Cullen y Edward era mi hermano. Pese a nuestro supuesto matrimonio, entre el doctor y yo nada pasaba. Al menos, no por su parte, porque –aunque tratara de que no fuese así- yo estaba total y perdidamente enamorada de él, por lo menos lo amaba de la forma que los monstruos como yo aman a otros monstruos, como los animales, simplemente buscando compañía.

Mi corazón estaba frío, inmóvil, vacío de emociones, y poco podía yo hacer. Aunque Edward siempre me dijera que nuestro corazón estaba vivo a pesar de todo, cada vez que este pensamiento cruzaba mi mente, yo seguía pensando que jamás volvería a amar como solía amar la Esme de siempre.

Mi relación con Edward era buena, bastante diferente a la que tenía con Carlisle. Edward era una especie de hermano menor, un hijo, un amigo. Él solía quedarse en casa conmigo, y tocaba el piano para mí mientras yo me encargaba de la limpieza. Aunque la casa era prolija, todo en ella se llenaba de polvo muy fácilmente. Se notaba que hacía mucho que una mujer no se pasaba por allí.

En cuanto a Carlisle… Lo trataba siempre con fría cortesía. En cierta forma, le odiaba, aunque él era único capaz de despertar en mí un resquicio de la Esme de siempre. Pero, simplemente, le odiaba. Le odiaba porque le amaba. Le odiaba porque me había propuesto a no amar a ningún otro hombre, porque amando siempre se terminaba igual, como me había sucedido con Charles. Aunque tal vez no amaba a Charles…

No importaba. Me había propuesto a no amar nuevamente. Creía que sería fácil, creía que con este nuevo corazón jamás volvería a amar como había amado al doctor Cullen durante diez años humanos. Pero ver las florecientes emociones que se apoderaban de mi estómago cada vez que él regresaba a casa y me dirigía su amable saludo me ponían frenética. Tenía ganas de destrozar todo el mobiliario… Y de bailar, bailar sin parar.

Él siempre era tan desinteresado, amable, educado, inteligente, perfecto…

– Entonces¿Por qué lo rechazas? – Preguntó Edward. Había estado espiando en mi mente otra vez. Qué fastidioso.

– Edward¿Te importaría dejar de meterte en mi mente por una vez?

– No respondiste mi pregunta. – Me llevaba bien con Edward, pero a veces era muy odioso.

– Porque Carlisle no siente lo mismo por mí. Ahora, responde mi pregunta.

Su única respuesta fueron carcajadas.

– ¿Enserio lo crees así? – Preguntó Edward, dejando de reír a duras penas.

– Sí, enserio lo creo así. Ahora, ten la educación de contestar a mi pregunta.

– ¡Es que casi gritas tus halagos a Carlisle! Sin embargo, no expresas bien tus poco agradables sentimientos por él. Es como tratar de leer un cuento escrito por niños de maternal: No se entiende absolutamente nada, y me llena de curiosidad.

– Edward, métete en tus asuntos. – Dije con tono cortante. Justo en el segundo que nuestra conversación acababa, escuché el sonido de la llave sobre el cerrojo, anunciando que Carlisle llegaba a casa. Mi corazón comenzó con sus habituales cosquilleos, mientras mi mente le decía, insistente, a mi corazón "¡Contrólate!".

Hoy, el habitual rostro calmado de Carlisle se veía levemente perturbado. Cualquier persona habría pensado que no le pasaba nada, pero yo sentía que lo conocía de toda la vida. Había imaginado su rostro feliz, su rostro asustado, su rostro cansado, su rostro afligido… Y su rostro decepcionado…

Me contuve apenas de preguntarle qué le pasaba, e inmediatamente me coloqué la máscara de "No Emociones" que habitualmente llevaba en su presencia.

– Buenas noches, señorita Esme – Me saludó con su habitual saludo amable. Era siempre tan atento conmigo… Incluso aunque yo le tratara mal. – ¿Qué tal su día?

– Perfecto. – Dije yo, interpretando el papel de la frialdad encarnada.

– Me alegro. – Pero estaba claro que no se alegraba. Miró a Edward, que estaba haciendo claros esfuerzos por aguantar una carcajada, levemente ceñudo, y se fue. Una vez que estuvo lo suficientemente lejos como para no poder oírnos con su oído supersónico, dije:

– ¿Puedes decirme qué es lo que te causa tanta gracia?

– Oh, nada, nada… – Dijo Edward, otra vez entre risas.

– Claro, nada te pasa.

– Está bien – Respondió Edward. – Es de mala educación, pero lo diré. Carlisle cree que tú y yo somos pareja.

– ¿QUÉ?

– ¿Por qué creías que estaba tan frustrado? – Me respondió Edward, con una sonrisa odiosa dibujada en el rostro, retirándose al acto, dejándome sola con mis pensamientos.

En mi cuarto, sin un Edward fastidiándome con su pequeño don, y sin la presencia de Carlisle, obligándome a interpretar diferentes papeles, la Esme de siempre solía hacerme largas visitas, que yo disfrutaba enormemente. Últimamente se me había dado mucho por el dibujo abstracto, a la que mi vieja amiga me acompañaba gustosa.

Me dirigí al escritorio, donde había dejado un dibujo a medio hacer, que me dispuse a continuar, mientras pensaba en lo que Edward había dicho.

Una oleada de satisfacción me invadió al pensar que Edward no se había camuflado más que en poco pensadas sutilezas¡Tal vez Carlisle me amaba¡Tal vez, después de todo, podría ser feliz!

Pasaron los minutos, y me descubrí cantando una canción romántica (Ver Abajo Nota de la Autora). Pero luego, recordé mi resolución de no volver a amar, y me resigné a callar, dejar mi dibujo y abandonarme a mis pensamientos.

PUNTO DE VISTA DE CARLISLE

No sabía qué me impulsaba a hacerlo. Estos sentimientos eran nuevos y totalmente desconocidos para mí, pero lo cierto es que Esme se había apoderado por completo de mis pensamientos.

Ansiaba siempre estar con ella, aunque ella se mostrara tan dispuesta a no entablar relaciones conmigo. Recordé mis pensamientos anteriores, y me frustré. Estaba claro que ella no me quería a mí. Que ella quería a Edward.

La espiaba por la cerradura de su puerta, observando con deleite sus cabellos, de color caramelo, en suaves y naturales ondas, que le caían sobre sus hombros. Miré también su piel pálida, blanca como la nieve, y su entusiasmo al pintar su dibujo. Lo que más ansiaba ver eran sus ojos, sus preciosos ojos de color dorado, como los míos. Una prueba de que se quedaría junto a mí, de que viviría en nuestra casa, de que siempre podría espiarla con deleite. De que se quedaría siempre que Edward estuviera aquí…

A veces deseaba que Esme fuera humana para que, cuando estuviera dormida, pudiera entrar a su habitación, contemplarla más de cerca, acariciarle suavemente los cabellos, imaginando que era mía…

Empezó a tararear una bella canción de amor con su dulce voz. Aunque podía imaginar en quién pensaba al cantarla, me dejé llevar por la imaginación, pensando que podía ser yo el dueño de sus bellos pensamientos…

De haber sido humano, mis fuertes latidos habrían delatado mi posición, detrás de la cerradura. Pero mi corazón era ahora duro, frío y quieto, como si estuviera muerto. Pero, aunque frío, no estaba muerto. Eso lo delataba el fabuloso arco iris que dibujaba cuando mi cuerpo recibía un baño de sol.

Mi corazón era como un diamante. Un diamante que pertenecía sola y únicamente a Esme.


La canción romántica que me imagino cuando está cantando Esme es "I Will Always Love You" de Whitney Houston. Seguro que la conocen, es muy famosa, si no es así, busquen la letra por Google, o si tienen algún programa para bajar música, busquen la canción por ahí. Realmente muy recomendable, pero la razón por la que no menciono la canción es que por entonces no existía, ni tampoco pongo la letra porque va contra las reglas de (Nota de la Autora)