Segunda Parte.
Continuando con lo que dejé a medias en la primera parte de esta historia, los sucesos que voy a narrar tuvieron lugar el 15 de julio del presente año, día en el que la Selección Alemana de Fútbol arribó a Berlín tras haber ganado, en Brasil, la Copa Mundial, evento al cual acudí como corresponsal de Tiro de Esquina. Mi jefe en dicha publicación, Tobías Vizcaína, tenía una sonrisa extraña cuando me informó que yo iría a Alemania a cubrir la celebración que los alemanes tendrían por haber ganado su cuarta estrella, pero en ese momento imaginé que se debía a que él conocía mi historia con Genzo (como muchos otros) por lo que creí que Tobías pensó que el asunto resultaba bastante irónico para mí, pero como no dije ni pío pues él tampoco abrió la boca, de manera que sin rechistar me fui a Berlín a esperar, junto con muchos tantos reporteros más, a que la Selección llegara de Brasil con la Copa del Mundo en sus manos.
Con respecto al Mundial, yo acudí a la inauguración y a los partidos de primera fase, pero dado que España fue eliminada en esta etapa, mi jefe no estaba muy interesado en continuar con un exhaustivo seguimiento del evento (dicho en otras palabras, no necesitaba tener a dos corresponsales allá; no se podía esperar otra cosa si consideramos que la revista es española), de manera que sólo autorizó que yo me quedara hasta el cuarto y último partido que tendría México en este Mundial (saludos a Noé Rapenal, por cierto), así que mi compañero, Gonzalo Valbuena, fue el elegido para permanecer hasta la final del torneo, en la cual, como ya era conocido por todos, Alemania se impuso a Argentina por un gol en un partido que se prolongó hasta la prórroga y que estuvo muy cerca de llegar a los penales.
Habían pasado veinticuatro años desde que Alemania consiguió un título mundial (en Italia 90), y desde hacía dieciocho que no obtenía un título importante (la Eurocopa del 96), por lo que pueden imaginarse el alboroto que había en Berlín, con miles de alemanes que ansiaban recibir a sus campeones para celebrar a lo grande un título que ganaron a base de un constante y disciplinado esfuerzo. Además, ésta sería la primera ocasión en la que Alemania unificada podría festejar en la Puerta de Brandenburgo, ya que los tres primeros títulos obtenidos por el equipo teutón (en 1954, 1974 y 1990) se lograron cuando Alemania aún estaba dividida por el Muro de Berlín (curiosamente, el campeonato de 1990 se ganó pocos meses antes de la caída del Muro), por lo que había doble motivo para celebrar. Al fin, una nación dividida por una guerra que ella misma provocó tendría el derecho de sentirse orgullosa por un logro positivo obtenido a base de puro esfuerzo de un equipo con mentalidad ganadora.
Yo me encontraba esperando, junto con otros tantos más reporteros, en el área destinada para la prensa ubicada en las cercanías de la Puerta de Brandenburgo. Muchos otros corresponsales habían decidido esperar en el aeropuerto la llegada del avión que traía a la Selección desde Brasil, pero yo sabía que la acción tendría su clímax en la Puerta, por lo que decidí trasladarme a esta zona en cuanto toqué suelo alemán. A mi alrededor habían muchísimos fans que viajaron toda la noche para estar en Berlín a primera hora de la mañana, y para muchos ésta sería la primera celebración en la que estarían presentes.
- Yo vivía en la parte oriental de Berlín, detrás del Muro, cuando Alemania ganó su tercera estrella.- me contó Otto Heffner, un abogado berlinés muy sonriente.- En esa ocasión me tuve que conformar con ver imágenes de los festejos, pero ésta vez será diferente, podré vivirlo en carne propia.
- ¡No puedo creer que seamos campeones!.- manifestó Hans Kirsche, un músico de Múnich que se había llevado a toda su familia para festejar.- ¡Por fin, después de tantos años, tenemos otro motivo para sentirnos orgullosos de ser alemanes!
No es para menos, considerando lo que Alemania protagonizó a mediados del siglo pasado. Esta gente merece festejar y sentirse orgullosa por poder agregar algo positivo a una historia nacional cargada de actos innombrables.
Pero me desvío del tema. Cuando el avión que transportaba a la Selección apareció sobre el cielo de Berlín, los fanáticos reunidos en la Puerta lanzaron gritos de júbilo y festejo. Yo observaba tranquilamente las imágenes que eran retransmitidas en vivo a través de varias pantallas gigantes que se habían distribuido por todo el lugar. Dichas pantallas mostrarían también el momento en el que la Selección descendiera del avión, así como su paso a través de las calles de Berlín para llegar a su destino final, la Puerta de Brandenburgo.
Cuando la puerta del avión se abrió, el primer jugador en salir fue el capitán del equipo, Karl Heinz Schneider, el cual, por cierto, siempre fue considerado como el más acérrimo rival de Genzo Wakabayashi (alguna vez él me los presentó, a Karl y a su esposa Elieth, en algún evento del Bayern Múnich, y en ese momento me quedó muy en claro que, más que rivalidad, había entre ellos un profundo respeto y una enorme admiración por sus respectivos talentos futbolísticos); Schneider, al salir, iba vestido con una playera negra conmemorativa por el cuarto campeonato, y alzó en su mano derecha el tan preciado trofeo de la FIFA. La multitud estalló en una ovación, y detrás de él sus compañeros fueron bajando del avión, alzando los brazos con júbilo y emoción.
(Abriendo un paréntesis, me parece justo mencionar que era conocido por muchos que el capitán de la Selección teutona había anunciado ya, previo al Mundial, y con treinta y cuatro años de edad y veinte de carrera, su retiro de la National Mannschaft, de manera que ahora sus compatriotas lo despedirían con los vítores que merecía por haber conseguido el título máximo. No cualquier futbolista podía vanagloriarse de haberse coronado como Campeón del Mundo en el último Mundial en el que decidió participar, así que había que reconocerle a Schneider su labor).
Mientras esperaba a que la National Mannschaft llegara a la Puerta, me dediqué a entrevistar a varios fans para enriquecer mi artículo (los comentarios que puse arriba pertenecen a algunos de estos fanáticos, precisamente), aunque lo verdaderamente importante vendría después, cuando llegaran los jugadores. Yo confiaba en poder obtener una entrevista de Karl Heinz Schneider, dado que él sabía quién era yo y esperaba que la incipiente amistad que hubo entre el alemán y yo cuando estuve con Genzo me ayudara a convencerlo de darme una exclusiva; así mismo, también confiaba en obtener una plática del guardameta alemán, ganador del Guante de Oro de esta emisión mundialista, debido a que ya había tenido el gusto de entrevistarlo antes cuando trabajé para Sport Heute y, dado que a él le había agradado mi manera de hacer preguntas, yo esperaba que el hombre quisiera repetir el suceso para Tiro de Esquina. Así mismo, tenía otros ases bajo la manga, muchos de los cuales se basaban en Thomas Braun, un antiguo compañero de Sport Heute, con quien seguía manteniendo una gran amistad. Thommy tenía buenos contactos con los alemanes y yo sabía que él no me dejaría fuera de sus planes.
(Aquí abro otro paréntesis para señalar que Thomas fue otra manzana de la discordia entre Genzo y yo: como Thommy y yo pasábamos mucho tiempo juntos en Sport Heute e incluso me llevó en un par de ocasiones a casa y me ayudó con Daisuke, Genzo aseguraba enérgicamente que él estaba enamorado de mí. Obvio es, esto a mí me parece más falso que la decencia de Miley Cirus).
Mientras cavilaba en estas y otras cuestiones, al tiempo que platicaba con Thomas, frente a mí noté que, en la plataforma en la que desfilarían los jugadores al llegar, estaba la persona a quien habían elegido para recibir a los deportistas y ser la maestra de ceremonias, es decir, Eva Schneider, Top Model internacional y hermana mayor de Karl Heinz Schneider. Supongo que la elección era obvia, dado que Eva es una de las alemanas más reconocidas a nivel mundial, siendo además la hermana mayor del capitán de la Selección. En ese momento, Eva había dejado de lado sus vestidos glamorosos, las pieles falsas pero elegantes y los ultramodernos zapatos de tacón para portar una camiseta de la Selección Alemana (de su talla, por supuesto) y unos ajustados pantalones de mezclilla. En ese momento, a pesar de que Eva Schneider era una mujer agradable y que no tenía nada contra ella, la odié con todo mi corazón porque es de ese tipo de mujer que, aunque use camiseta y pantalones vaqueros, siempre lucirá como una diosa.
- Cómo la odio, de verdad.- musité, alistando mi cámara para tomarle una fotografía a la susodicha diosa teutona.
- ¿A quién?.- me preguntó Thomas, divertido.- ¿A Eva Schneider?
- Por supuesto.- afirmé, sin dejar de mirar a la alemana.- Es preciosa, y se ponga lo que se ponga siempre se verá como modelo de revista.
- Tal vez, sólo tal vez, eso se deba a que ella es una modelo de revista.- el buen Thommy sonrió muy burlonamente.- Pero no tienes por qué odiarla, tú también eres hermosa.
- Oh, por favor, no puedo ni compararme con Eva Schneider.- repliqué, ofuscada.- Ella podría ponerse un overol de obrero y parecería una diosa romana vestida a la última moda, pero si yo me pongo un overol parecería una versión femenina de Bob el Constructor.
Thomas se echó a reír a carcajadas con mi comentario, diciendo que extrañaba mis frases ocurrentes y yo, distraída como estaba con el desfile de la Selección por las calles de Berlín en el autobús que se construyó especialmente para el evento, no me di cuenta de que la sonrisa de Thommy se congeló en su rostro, cortando bruscamente su carcajada. Si hubiese estado más atenta, en ese momento habría notado que tenía que haber un motivo muy poderoso por el cual Thomas había dejado de reírse, y realmente lo hubo, aunque lo supe hasta que escuché esa voz que me acompañaba siempre en todos y cada uno de mis sueños.
- Tan ocurrente como siempre, nunca vas a cambiar, ¿verdad?.- dijo la voz, a mis espaldas.
Y fue cuando entendí por qué Thomas había cortado su risa.
Ahí estaba él, muchos años después, como si el tiempo no hubiese transcurrido y todavía tuviese derecho a hablarme con tanta familiaridad. Y yo odié con toda mi alma que mi estúpido corazón se pusiese a latir como caballo desbocado. Sin embargo, tuve la suficiente fuerza de voluntad para girar y encarar a Genzo y poner una cara de sorpresa, aunque debo decir que ésta fue totalmente natural. ¿Qué diantres estaba haciendo él ahí?
No podía esperar que Genzo se apareciese en Berlín, ya que él continuaba viviendo en Múnich. Yo sabía que Wakabayashi no había jugado en este Mundial que acababa de concluir debido a que él había decidido retirarse de la Selección Japonesa dos años antes. Tras haber ganado el Mundial ocho años atrás, es decir, a los veintisiete años, la interrogativa era si Genzo formaría parte del equipo japonés que lograría la proeza de ganar este torneo dos veces seguidas; sin embargo, en el siguiente evento mundialista, ocurrido en Sudáfrica, la Selección nipona habría de perder su pase a la final en la semifinal contra Holanda, cortando así cualquier esperanza que tuvieran Genzo y sus compañeros de alzarse con la Copa por segunda ocasión. Dos años después de este fracaso, cuando Wakabayashi acaba de cumplir los treinta y tres, él decidió retirarse de la Selección debido a que las múltiples lesiones que tuvo de adolescente le cobraron factura; Genzo se dio cuenta a tiempo de que su nivel ya no era el de antes, por lo que decidió dejarle su puesto de titular a su eterno suplente, el segundo portero Ken Wakashimazu. De esta forma, en el mundial de Brasil, sin su portero estrella y sin su capitán Tsubasa Ozhora (el cual no participó debido de una lesión ocurrida un mes antes de que comenzara el Mundial), Japón cayó en la fase de grupos, dando por concluida la famosa "Era Dorada" del fútbol nipón. Yo supuse que Genzo acudiría al Mundial como espectador para apoyar a su equipo, lo que no sabía era si él permanecería en Brasil hasta el último partido, pero si había estado presente en la final, había regresado de forma exprés a Alemania. La cuestión era: ¿Por qué me lo había topado yo, precisamente, habiendo tantos reporteros y personas conocidas en este mismo lugar?
Sea como fuere, ahí estaba él, usando unos pantalones de mezclilla usados, una camiseta blanca con el escudo del Bayern y una gorra blanca sin adornos. Simple, sencillo y ligeramente fachoso, como le gustaba vestirse, una buena manera de pasar desapercibido entre tanta gente. Lo único que casi me hizo sonreír fue darme cuenta de que, pasaran los años que pasaran, a Genzo nunca se le quitaría ni la maña de usar gorra ni el defecto de vestirse descuidadamente.
- Hola, Yuri. Cuánto tiempo sin vernos.- Genzo tuvo el descaro de saludarme usando el apodo que me puso cuando éramos pareja. Me importa un comino que a él le cueste trabajo pronunciar la letra ele, y que por lo mismo mi nombre le resulte un trabalenguas, no tenía derecho a llamarme así.
- ¿Qué haces aquí?.- pregunté, tratando de no sonar muy sorprendida, aunque creo que no lo conseguí.
- ¿No es evidente?.- él me sonrió con esa característica media sonrisa suya.- No se ha hablado de otra cosa en los últimos dos días, tenía que estar presente.
- Supongo.- me di cuenta de que Thomas se había alejado un poco, lo que me hizo recordarle a su madre de una manera poco decente por haberme dejado sola con mi ex marido.- Pensé que estarías presente en la final, no es un evento que un futbolista aún activo se perdería.
- No, al menos que tengas compromisos con tu actual equipo.- Genzo se encogió de hombros.- Renuncié a mi Selección hace dos años pero sigo teniendo contrato con el Bayern Múnich, de manera que no tengo justificación para ir al Mundial más allá de la inauguración y de un par de partidos.
- Los de Japón, específicamente.- señalé.
Su sonrisa un tanto decepcionada me respondió; era evidente que Genzo esperaba que sus antiguos compañeros llegaran más allá de la fase de grupos.
- Supongo entonces que el Bayern te dio un par de días libres.- continué, notando que la Selección no tardaría mucho en llegar a la Puerta.
Tenía deseos de felicitar a Schneider.- Genzo sonrió, de manera auténtica.- Por fin lo consiguió, justo a un paso de retirarse del fútbol nacional. Hizo un estupendo trabajo capitaneando a su equipo, merece que al menos le reconozca eso.
Asentí con la cabeza, planeando despedirme de él lo más rápidamente posible para ir a alcanzar a Thomas, pero Wakabayashi tenía muchos deseos de charlar. "Bonito momento escogió", pensé. "Tras seis o siete años de estar separados, se le ocurre iniciar una bonita conversación en medio de la celebración futbolística más importante del año".
- Si me disculpas, voy a hacer mi trabajo.- dije, con toda la intención de ser cortante.- Te imaginarás que no estoy aquí para vacacionar.
- Lo sé.- respondió Genzo, simplemente.
- ¿Cómo que "lo sabes"?.- fruncí el ceño.
- Eres reportera, era obvio que estarías aquí, trabajando para tu revista.- mi ex marido volvió a encogerse de hombros como si no le diera importancia al asunto, pero su gesto se vio falso.
- Eso no es obligatorio, pudo haber venido alguien más.- negué.- ¿Qué te traes entre manos, Wakabayashi? Realmente no tengo tiempo para misterios.
- ¿Cuál es el misterio?.- repuso él, rápidamente.- No hay ninguno. No sólo vine a felicitar a Schneider, también vine a buscarte a ti.
Esto, obviamente, me sacó por completo de mi equilibrio. ¿Así, sin más, lo soltó? ¿Sin decir "agua va", así nomás me dice que vino a buscarme? ¿A mí? Y luego recordé que él es Genzo Wakabayashi, el hombre que no da rodeos ni prolonga los sucesos más de lo que él lo considera necesario, así que no podía esperar que perdiera el tiempo con una cháchara sobre trivialidades.
- ¿Disculpa?.- no pude evitar preguntar, con tono de niña idiota.- ¿Qué vienes a buscar a quién?
- A ti.- insistió Genzo, mirándome a los ojos.- Sabía que estarías aquí. No habrás creído realmente que en algún momento dejé de amarte, ¿o sí?
"¿Qué? No. No, no, y definitivamente no. No puedes venir así, tras tantos años de estar separados, tras haber tenido relaciones románticas con otras personas, los dos, para venir a soltarme de la nada que me sigues amando. No, de ninguna manera, no voy a permitir que me hagas esto".
Me di la media vuelta, sin responder, y me metí entre la multitud de reporteros con la esperanza de encontrar a Thomas. Por fortuna, justo en ese momento la Selección arribó al lugar, y la atención de todos se enfocó en lo que sucedería en el escenario montado delante de la Puerta de Brandenburgo. Los alemanes aparecieron e hicieron un espectáculo bastante improvisado, utilizando la Copa del Mundo y arrojando pequeños balones conmemorativos a los presentes, idénticos al balón oficial utilizado en el torneo pero en versiones en miniatura. Thomas, en un inusitado esfuerzo de su parte, se lanzó a atrapar uno de ellos, que había sido arrojado por uno de los delanteros goleadores del Bayern Múnich con quien compartía nombre. Después, en un acto de inusitada caballerosidad, mi amigo me tendió el balón con una sonrisa tímida.
(¿En serio? ¿Timidez a nuestros treinta y tantos? Cada cosa que se ve…)
- Para tu hijo.- dijo.- Seguro que le gustará que le lleves un recuerdo.
- Pero lo atrapaste tú.- me sorprendí, conmovida por el gesto.
- Sí, pero con la intención de dárselo a Daisuke.- afirmó Thomas, agitando el baloncito en el aire.- Anda, acéptalo, me sentiré mal quedándome con esto.
- Gracias.- esbocé la mejor de mis sonrisas, que fue muy natural, por cierto.- Seguramente esto lo resarcirá por haberlo sacado de su campamento de fútbol para traerlo a Alemania.
- ¿Se vino contigo, entonces?.- preguntó Thomas, mientras un grupo de alemanes, encabezados por Schneider, bailaban entonando una canción de burla que decía algo como "los gauchos caminan así, caminan así, caminan así, y los alemanes caminan así, caminan así, caminan así".
- Sí, lo dejé con una amiga.- señalé.- Había pensado decirle a su padre que lo recogiera para que pasaran tiempo los dos juntos pero no logré localizar a mi ex marido y ahora entiendo por qué…
- Ya veo.- me cortó Thomas, asintiendo con la cabeza, para que yo no tuviera la necesidad de agregar algo más.
Siempre me pregunté por qué Thomas no había conseguido mantener una relación estable, a pesar de que a todas luces era un hombre que podía ser considerado como un buen partido: trabajo bien pagado, carácter simpático y amable, buena apariencia física; a estas alturas de su vida, él se encontraba divorciado, sin hijos (quizás por esto, cada vez que él obtenía un artículo de uso infantil, Thomas siempre acababa regalándoselo a Daisuke), y con una cuasi novia con la que tenía una relación más bien rara, pero se notaba que no tenía intenciones de estabilizarse. ¿Por qué? Nunca lo supe, quizás porque nunca quise preguntárselo, ya que precisamente lo que me gustaba de estar con Thomas era que sólo hablábamos de trabajo y de trivialidades, dejando de lado los temas escabrosos e incómodos dentro de los cuales obviamente se incluía el ser la pareja de un jugador famoso. Thomas nunca tuvo intenciones de preguntarme sobre mi relación con Genzo, algo que siempre le agradecí con el corazón (considerando lo que dije antes, que muchos de mis ex compañeros comenzaron a acosarme), respondiéndole la cortesía evitando cuestionarlo sobre su vida amorosa.
- ¿Quieres escuchar algo estúpido?.- le pregunté, riéndome, no sabía si de los bailes ridículos de los campeones del mundo o de mi propio nerviosismo.- Genzo siempre creyó que estabas enamorado de mí. Perdí la cuenta del número de veces en las que esto fue motivo de discusión entre los dos.
- ¿Quieres escuchar algo todavía más estúpido?.- Thomas esbozó una sonrisa triste.- Era verdad.
Me quedé sin palabras. Debí haber puesto una expresión extraña, porque Thomas se apresuró a explicarse, aunque no necesitaba hacerlo, no en ese momento al menos.
- Nunca pretendí interponerme entre ustedes y eso lo sabes.- comenzó a decir.- Te consta que jamás te hablé mal de él, es más, ni siquiera hablábamos de él, ni de ustedes como pareja.
- Lo sé.- alcé mi mano para saludar cuando Schneider me dirigió una sonrisa rápida.- Pero, ¿por qué nunca me dijiste lo que sentías cuando Genzo y yo nos separamos?
Quizás habría podido intentarlo con Thomas. Él era uno de los pocos hombres que me rodeaban a los que Daisuke no odiaba ni boicoteaba y que, incluso, le agradaban. Y yo, bueno, pues quizás con el tiempo yo habría podido sentir algo más por él. Pero, a pesar de todo, me sorprendió su respuesta tan directa.
- Porque sabía que era un caso perdido.- suspiró Thomas, mirándome.- Sabía que no importaba lo que hiciera o dijera, no iba a poder con él.
Se estaba refiriendo a Genzo. Obviamente.
- ¿Hablas de Genzo?.- a pesar de todo, me sorprendí.- Dudo mucho que él hubiese hecho algo en contra tuya si tú hubieses intentado acercarte a mí con otras intenciones, a pesar de lo mucho que él rabió por ti.
- No estoy muy seguro de eso, pero no era Wakabayashi quien me preocupaba.- suspiró Thomas.- Si no el hecho de que, sin importar qué es lo que te esfuerces por creer o aparentar, Lily, tú siempre vas a estar enamorada de él. Eso no va a cambiar nunca, ni en cien años.
Una vez más, no supe qué responderle. Mi primera reacción fue contestar con un: "¡Eso no es verdad, yo ya no amo a Genzo!", pero esta típica reacción femenina sólo habría confirmado sus palabras, y después me di cuenta de que Thomas estaba en lo correcto. En cierto modo, me sorprendía mucho que mi amigo me conociese mejor que yo misma, y eso me confirmó también que de verdad había habido entre nosotros algo más profundo que una amistad.
- Sé que si tú no hubieses sido la chica del Super Great Goal Keeper, probablemente lo nuestro habría funcionado.- continuó Thomas, con aire resignado.- Si tú tuvieses de ex a un hombre menos "imponente", por llamarlo de alguna manera, probablemente yo habría conseguido borrártelo de la mente y hacer que me amaras a mí. Pero Genzo Wakabayashi es alguien casi imposible de eliminar.
- Es como si dijeras que me enamoré de él sólo porque es famoso.- protesté, a la defensiva, haciendo girar el baloncito entre mis manos.
- De ninguna manera.- negó Thomas.- Sé que te enamoraste de Wakabayashi por su personalidad, no por su fama, y ése es precisamente el problema. Si hubiese sido sólo su fama, los años que han pasado son más que suficientes para dejarlo en el olvido, pero el hecho de que aún hoy tiembles al verlo me confirma que lo tuyo no es precisamente algo pasajero.
- ¿Qué?.- protesté indignada, con una voz más alta de lo necesaria, lo que hizo que un par de reporteros franceses me hicieran la típica señal para mandar callar a alguien.- ¡Eso no es verdad, no temblé al verlo!
- Ojalá hubieras visto tu expresión cuando lo miraste de frente.- suspiró Thomas, con una sonrisa cansada.- Sólo te digo que lo pienses bien, Lily. No sé qué te habrá dicho Wakabayashi, pero si está aquí no es precisamente por los alemanes.
Y a partir de ese momento, Thomas no volvió a hablar del tema. Fue hasta ese momento en el que me di cuenta de que Genzo estaba parado muy cerca del sitio en donde estábamos nosotros (en el área que estaba reservada a la prensa, por cierto. ¿Cómo es que logró colarse a esta zona?), y que no se había perdido detalle de lo que hacíamos Thomas y yo. Dudo mucho que mi ex marido hubiese podido escuchar la conversación ya que el ruido ambiental era ensordecedor, pero era evidente que había captado cada uno de los gestos y movimientos que hicimos nosotros. Supongo que Thommy tenía razón, y Genzo no estaba aquí para felicitar a Schneider, o al menos, no era ésa su razón más importante.
- Habla con él.- insistió Thomas.- Que haya valido la pena mi decisión de no hacer nada.
Por supuesto, no era tan fácil. Ya lo había dicho antes, ¿no? Mi vida no es guión de telenovela futbolera, aunque a veces lo pareciera. Además yo estaba ahí para trabajar, no para hablar con mi ex, a mi jefe no le iba a caer en gracia que yo regresara a España con un reportaje sobre mi rota relación con Genzo Wakabayashi, así que dejé a éste de lado y me enfoqué en lo que de verdad importaba.
Pero, a esas alturas del partido, ¿qué era lo que de verdad importaba?
Oh, no, mucho me temo que dos partes no serán suficientes para acabar de contar este dramón de novela, tendré que continuar en una tercera entrega pero de verdad que va a ser la última. Palabra de político mexicano.
Notas:
- Eva Schneider y Elieth Shanks son personajes creados por Elieth Schneider y usados con su expreso consentimiento.
- National Mannschaft significa "Equipo Nacional", en alemán, y es el apodo con el que se le conoce a la Selección Alemana de Fútbol.
- Muchos de los hechos relacionados a la Mannschaft están inspirados en sucesos reales, e incluso se hacen referencias a algunos jugadores de la vida real, cuyos nombres no menciono para evitar problemas.
