Buscando "Un Árbol y tres Bambalinas"
Contest FFAD: Una Perfecta Navidad
Edward Claus
Escrito por: Monserrat Guerra (Monz Pollen)
Disclamer: Los personajes no son míos, la historia es de Edward Claus.
Esta Historia Contiene: Escenas Fuertes, sexuales y lenguaje soez, si no te gusta, abstente de leerla.
Música Recomendada: Begin Again –Taylor Swift.
Beteado por Monz Pollen. Beta FFAD ( www . facebook groups / betasffaddiction/)
—Capítulo2—
Bella nunca se había caracterizado por ser alguien que se emborrachara, lo había hecho, para qué negarlo, pero nunca había llegado al extremo al que llegó la noche anterior con Edward.
Digamos que lo última que recuerda fue el We are Young de Fun cantado fuerte en medio de las calle de Seattle, sin zapatos, y tomada de la mano de Edward. Las cosas con él casi tomaron el mismo camino, no supo en qué momento la timidez, que lo había caracterizado por momentos hasta ahora, fue completamente desplazada por su parte temeraria y extrovertida… eso de haber bailado toda la noche con ella, teniendo dos pies izquierdos, no era algo de lo que se enorgulleciera; de antemano sabía que sería el hazme reír de los empleados de la librería por mucho tiempo.
Eran las siete de la mañana la luz del sol entraba por la ventana e interrumpió su grandioso sueño. Sus ojos se abrieron con dificultad debido a los brillantes rayos del sol, le dolía la cabeza y su mundo le daba vueltas. Recordó cuando alguna vez, estando en las mismas condiciones, su tío Aro le había dicho que debía "hacer tierra" así que bajó un pie de la cama para que fuera su sostén mientras el mareo pasaba, pasó una mano por sobre su cabeza y le prometió a los dioses nunca en la vida volver a tomar una copa, aunque sabía que no lograría su cometido, tenía un enamoramiento permanente con el vodka con jugo de arándano.
Cuando su mundo se estabilizó un poco y el mareo pasó, quitó la mano se de cabeza y la giró para encontrarse con una muchacha de cabello chocolate que hasta hace unos minutos había olvidado. La miró tenía el maquillaje corrido; la piel debajo de sus ojos estaba manchada de negro a causa de la mascara y sus labios tenían una extraña mancha roja que llegaba hasta su barbilla; su vestido estaba mucho más arriba de donde debería llegar y él caballerosamente tomó una sábana y la cubrió. Entonces algo pasó que la comida que había en su estómago necesitaba ver la luz del día. Se levantó lo más rápido que su borrachera le permitió y salió en busca de un baño, abrió mil puertas hasta encontrarlo e hizo lo que debía de hacer.
La princesa que descansaba plácidamente en la cama fue despertada por el sonido de unas arcadas que provenían del baño, si más no recordaba vivía sola, así que no debía haber nadie más en su casa y para cuando su cerebro reaccionó ante la situación ya estaba de pie frente a la puerta del baño con un bate de beisbol que había escondido estratégicamente para casos como este. Segundos después las arcadas se detuvieron y dieron paso al agua bajando por la tubería cuando bajas la palanca, era un criminal limpio por lo menos, pensó. Después su cerebro volvió al hecho de que había un intruso en su casa; contó mentalmente hasta tres y abrió la puerta del baño son el bate en posición para golpear alguien. El panorama fue mejor de lo que pensó encontrar ahí adentro. El trasero bien formado de un hombre fue lo que la recibió y entonces pasó, vinieron a su mente flashbacks de la noche anterior… el tonteo de ambos en la vía pública, la canciones cantadas a voz de garganta, el casi beso cuando llegaron a su casa y él era el tipo guapo de la librería que no resultó tan tímido como aparentaba.
La cara del él era impagable, estaba rojo hasta el cuero cabelludo y el muy inteligente en vez de subir instintivamente su pantalón volteó a verla y le dio un mejor espectáculo de la parte de adelante. Ella solo alcanzó a susurrar un tímido perdón, que al salir de su boca tropezó con sus nervios, cerró la puerta y lo dejó que terminara con sus necesidades.
Si existiera un medidor de momentos vergonzosos ese lo rompería. Ella regresó a su cama dejando el bate en su camino, que hizo un ruido sordo cuando cayó y hundió la cara en su almohada. Escuchó cuando él bajo de nuevo la palanca del inodoro y sus pasos acercarse. No sabía qué cara ponerle; así que su mente, aún nublada por el alcohol de la noche anterior, decidió que lo mejor era fingir que estaba dormida. Lo escuchó entrar; susúrrale un escueto bueno días, que ella no contestó; ponerse sus zapatos; salir de la habitación y cerrar la puerta de la entrada. ¡Trágame tierra! Fue lo único que dijo cuando escuchó el cerrojo de esta.
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Había pasado casi dos semanas de este encuentro. Ella había evitado a toda costa pasar de nuevo por la librería, incluso había mandado a sus amigas a comprar sus libros por ella. Cuando les dijo que le había pasado reaccionaron un poco mejor de lo que ella esperaba, solo se burlaron de ella cerca de dos días pero retomaron la burla cuando ella les pidió que entraran a buscar el libro que le había dejado por leer uno de sus profesores.
— ¿Por lo menos estaba bueno el tipo?
— ¡Qué rayos voy a saber Rose! Apenas si pude reaccionar cuando lo vi ahí dentro —le dijo tapando la cara con sus manos.
Nunca lo admitiría delante de ellas pero él tenía, como decirlo, un buen aspecto por delante y por detrás.
Cuando llegó a la librería el día después de la fiesta lo hizo mentalmente preparado para las burlas de sus compañeros pero, extrañamente no sucedieron. Todos lo recibieron como si nada hubiera pasado. Eso era bueno si pensamos que no sería el hazme reír por el próximo mes, pero una parte de él quería saber lo que había sucedido porque no podía recordarlo. Se encontró a Tony un chico, que consideraba su amigo de alguna manera y lo jaló para poder hablar con él.
— ¿Qué pasó anoche? —le dijo sin más.
—No lo sé… venías con una linda chica, después de te fuiste con ella y después no sé.
— ¿No bailé?
—No
—Gracias a Dios —dijo bajito—. Gracias Tony, amigo —le dio una de esas sonrisas que solo él sabe dar, le acomodó su camisa y lo dejó confundido a la mitad de la bodega.
Él la vio por el ventanal de la librería, estaba con dos chicas que se reían mientras ella se sonrojaba dulcemente. Se recargó sobre una pila de libros para contemplarla, era tan bonita pero si tan solo no hubieran tenido un primer encuentro tan…accidentado.
Pensó que nunca la volvería a ver, y si lo hacía estaba seguro de que no podría verla a los ojos de nuevo. Quizás ella entraría con las chicas que la acompañaban, pero no lo hizo. Solo les entregó algo y ellas entraron a la librería, inmediatamente corrió atenderlas. Louis se les acercaba, pero le sonrió y le susurró un déjamelas a mí y le guiñó el ojo.
—Buenas tardes, ¿Puedo ayudarles en algo?
—Sí —dijo una de ellas, rubia por cierto—, estamos buscando este libro —le dio el papelito que ella les había entregado.
—Acompáñenme por favor.
Minutos después estaban pagando en el mostrador.
— ¿Vienen con la chica de la chamarra café que está allá afuera? —les dijo señalándola con la cabeza.
—Sí —le dijeron las dos a unísono.
— ¿Por qué lo preguntas? —le dijo la rubia alzando una ceja.
—Sólo quería saber. ¿Podrían entregarle esto? —junto con su compra les dio una notita.
— ¡No me digas que tú eres el chico que se llevó a su casa! — preguntó Alice.
Lo sabían… que maldita manía de las mujeres de contar todo a sus amigas.
—Sí —dijo bajando la mirada—, pero no importa ¿Podrían entregarle la notita? Ella y yo no nos conocimos de la mejor manera y realmente estoy interesado.
—No te preocupes, se lo entregaremos —Alice le guiñó el ojo y salieron de la librería.
Las siguió con la mirada hasta que salieron del lugar. Le entregaron el libro y después la notita. Ella la tomó entre sus manos, las desdobló y la leyó.
Tú y yo no nos conocimos apropiadamente bueno, tal vez sí, pero yo hubiese esperado un poco más para hacerlo de esa manera. ¿Quieres tomar un café conmigo?
El chico desnudo de tu baño.
5532478963
Ella sonrió tontamente cuando leyó la última parte de su nota, levantó la mirada y lo encontró mirándola embelesado, después le guiñó el ojo y le sonrió. Si a eso le llamaban timidez…
Realmente le sorprendió el detalle que había tenido con ella, pero no sabía si podría verlo a la cara después de lo que pasó, dobló la notita y la colocó en lo más profundo de la bolsa de su abrigo. Caminó detrás de sus amigas dibujando la sonrisa de su cara en su memoria.
