¡Hola y bienvenidos a un nuevo capítulo de Sogni di Acqua Alta!
Muchas gracias por tomarse la molestia de leer este pequeño fanfic.
Espero que lo estén disfrutando ;u;

Sin más preámbulos, les dejo el segundo capítulo.
¡Las cosas se tornaran más interesantes a partir de ahora!
¡Que lo disfruten!

/seertime out


Su visión se tornó borrosa. Cualquiera que sea la imagen que estaba viendo atreves de sus ojos, simplemente era una mancha borrosa. Los colores se hicieron opacos y las líneas que contorneaban los objetos se difuminaron. Parecía que estuviera ciego, más no del todo. Parpadeo lentamente. ¿Qué era lo que estaba sosteniendo? Entre sus esfuerzos para enfocarse en lo que hacía, trato de adivinar lo que tenía enfrente de él. Era largo y plateado. ¿Largo y plateado? Parpadeo suavemente. ¿Una cuchara? ¿Por qué estaba sosteniendo una cuchara? Parpadeo otra vez.

Y ahora que lo pensaba, hace rato que llevaba escuchando ruidos muy extraños. Eran como un coro de varias voces desatinadas. Era de todo tipo de voces. Fuerte y bajas, de hombre y de mujer –y en su ocasión juró escuchar la voz de un niño- risas y lamentos. Para el italiano, todo ese ruido era una especie de menjurje sonoro muy muy lejano. Es como si estuvieran cercas de él, pero en realidad no estaban ahí presentes. ¿Será acaso por su imaginación? O tal vez… ¿Estaba otra vez soñando?

Sus dedos que sostenían aquel objeto plateado, perdieron la fuerza para sostenerla y la dejo caer. Escucho el ruido de un "clank" seguido a su vez, por la voz de alguien que al parecer sonaba bastante molesto. Pero el cansancio que abrumaba su mente y su cuerpo, le pidió que por favor lo ignorara. Y que en vez de preocuparse, cerrara esos ojos que deseaban no poner ya más atención a su alrededor.

Sucumbiendo ante ese deseo, los cerró.

El sonido y las imágenes desaparecieron. Ahora se encontraba en algún lugar oscuro y solo. Paz. ¿Quién iba a decir que con tan solo cerrar los ojos se encontraría tan tranquilo? Ese sentimiento le apaciguaba. Tanto, que su cuerpo de forma inerte se balanceaba ligeramente hacia al frente y hacia tras. Como una mecedora.

"¡Feliciano!"

-"¿Huh? ¿Qué fue eso?"- los pensamientos del italiano formaron un cuestionamiento
–"¿Quién me está llamando?"- se interrogó. Pero al estar tan calmado y en armonía, prefiero ignorarlo.

"¡Feliciano!"

-"¿Otra vez esa voz?"- gruñó levemente –"¿Qué acaso no ve que estoy descansando? ¡Vaya la gente de ahora! Ni siquiera deja que uno cierre los ojos por un momen…-

-¡FELICIANO DESPIERTA!-

Siendo sacudido fuertemente de los hombros, la joven nación despertó. Desatinado y sin saber que sucedió, dio un fuerte respingo. ¿Qué fue de aquel lugar en donde se encontraba? ¿Quién lo despertó de su letargo? Incitado por la búsqueda de respuestas, Feliciano recuperó la noción de sus cinco sentidos en un instante.

Agacho su vista hacia el lugar donde sintió que alguien lo sostenía: sus hombros. Lo primero que se topó fue una mano. Siguiendo el camino que conducía dicha mano, su vista fue guiada a la presencia del individuo que lo despabilo hace unos momentos. Que no era nada más ni menos que el mismísimo Alemania. Feliciano se llevó una gran sorpresa al encontrarse cara a cara con la mirada azulada fulminante del alemán.

Su expresión facial mostraba enojo. Su ceño fruncido y el mostrar de sus dientes, causo que Vargas despertara al cien por ciento. Consiente de su situación, con nerviosismo trató de formar la más sincera de sus sonrisas.

-L-Ludwig- sus labios formaron una sonrisa torcida -¿Q-Qué ocurre?-

-¿Qué ocurre?- exclamó con enfado, indignado ante esa pregunta -¡Te quedaste dormido en medio de nuestra plática!- y sin liberar sus hombros, aplicó un poco de fuerza en ellos, provocando en Italia un dolor insoportable que le provocó un fuerte malestar.

-¡Waaaaaaaaah, Ludwig! ¡Bastaaa!- se sacudió en un intento en vano de liberarse -¡Entiendo, entiendo! ¡No lo volveré hacerlo así que por favor suéltame!- lloró

-¡Más vale que no lo vuelvas hacer! ¿Me escuchaste?- liberó sus hombros – ¡Por qué la próxima vez no voy a detenerte! Así dejaré que tu rostro se queme con el plato de sopa caliente que ordenaste - refunfuñó.

-¿Plato de sopa caliente?-

Queriendo comprender lo que el alemán le dijo, Feliciano inclinó su cabeza. Delante de él, en un plato hondo de porcelana; yacía una sopa. Tal como lo menciono su amigo, aún se encontraba caliente. Y al parecer, se denotaba que todavía no ha sido consumida. Ni siquiera probada. Algo adquirió su atención ¿Qué es eso? Sus ojos divisaron algo plateado y largo recostado a un lado del plato. Una cuchara. ¿Cuchara?

Ah, ahora lo entendió todo.

Levantando su rostro, contempló a su alrededor. El lugar en donde se encontraban, estaba lleno de mucha gente. Parejas, familias e individuos que vinieron en solitario al sitio presente. Que por cierto, a causa de los gritos de Ludwig y de la escena que hicieron; todos los presentes los miraban atentos a cada movimiento que hacían. Esperando de que ocurriera otra situación entre ellos de esa magnitud.

Un restaurant.

Se hallaba en un restaurant. Eso explicaba el porqué de las voces que escuchaba.

-Entonces…- miró la cuchara. Ahora que lo veía bien en sus cinco sentidos, se dio cuenta que la cuchara estaba fuera del lugar en donde le correspondía estar. Como buen cocinero que era –y gracias también a la educación que le dio Austria– sin duda Feliciano tenía conocimiento sobre la etiqueta que se debe de tener a la hora de comida. Y de lo que él recordara, una cuchara no debe estar boca abajo, alejada del plato y salpicada de sopa.

Sus ojos se abrieron de par en par. Resolvió otra parte del rompecabezas. El "clank" que escuchó en su sueño, era el sonido de la cuchara que rebotó en la sopa, provocó un salpicadero y cayó lejos del plato. Elevó su vista divisando a Alemania. Él era su última pieza.

-¡Entonces tú fuiste quien llamaba mi nombre!- sonrió como niño chiquito. Deseando que su forma de expresarse le diera a entender al teutón que acababa de descubrir un hecho maravilloso por sí solo. En cambio, su sonrisa fue sofocada por un chasquido de dientes.

-¡Por supuesto!- exclamó -¡Estuviste a punto de echarte toda la sopa en la cara y causar un accidente! ¿Pero qué es lo que te pasa, Feliciano?- frunció el ceño –Desde que llegaste te has comportado de una manera muy descuidada y desganada- cruzó los brazos – ¡Si no estabas en condiciones de venir ahora, no debiste venir!-

–De ningún modo iba a dejarte solo, Ludwig– inclinó la cabeza en son de pena –Después de todo, he venido hasta aquí para pedirte un favor personalmente–

El rubio miró con total desgano a su compañero. Y sin decir una palabra más, llevó a su boca un pedazo de pan. Lo masticó y engulló. –Ahórrate tus palabras, Feliciano– inquirió –Antes de que cayeras en tu "trance", ya me habías explicado tu favor… Si es que te acuerdas– le echó una mirada acusadora.

Italia quedó mudo por un momento.

–"Vaya… ¿Realmente me quedé dormido tanto tiempo?"- mencionó en sus pensamientos. A causa de que no quería provocar más malestar a Ludwig –y suponiendo que por lo dicho ya le había aclarado el tema– decidió seguir con la conversación. Que por cierto, no tenía ni la más remota idea de que es lo que lo que menciono y lo que respondió el alemán. Lanzándose a su suerte, "continuó" la conversación.

–Así que, ¿Qué dices?- retomó la cuchara – ¿Quieres hacerlo? ¿Ludwig me ayudará? – dejando la pregunta al aire, tomó un sorbo del caldo. El alemán se echó para atrás en su asiento y divagó un poco

– No estoy del todo seguro, si te seo sincero. El hecho que vengas a pedirme que te ayude en el Carnaval de Venecia, me es sumamente atónito. Es decir – se incorpora, recargando sus dos brazos en la mesa, tomando una posición seria – ¿Qué no has hecho esta actividad por mucho tiempo? Si no mal me equivocó esto se realiza desde el año de 1480- añadió con seguridad.

–Créeme, a mí también me resulto muy extraño que me pidieran involucrarte en esto- río levemente –Pero al parecer quieren integrar un nuevo programa para el festival. Más cultural, si se podría decir en ese modo– elevó sus hombros –¡Pero la idea de trabajar con Lud en una fiesta nativa conmigo hace que realmente me emocione! – exclamó con entusiasmo –¡También estará Francis, mi hermano, Roderich…- a la par que mencionaba a cada uno de los países los enumeraba con sus dedos –¡Ah! ¿Crees que a Gilbert le gustaría ayudar? ¡Sería bueno tener una mano extra! –

–¿Mi hermano? – arqueó una ceja sorprendido –Lo dudo mucho… no creo que quiera participar en este tipo de cosas– rascó la parte posterior de su cuello –Más si va estar involucrado Roderich y Elizabeth. Posiblemente pueda arruinar todo en vez de beneficiarte, Feliciano–

–¿Eh? – hizo un puchero –¡Yo sé que Gilbert dirá que sí, si se lo digo personalmente! ¡Después de todo me quedaré ahora en tu casa!- y riéndose, extendió sus brazos al aire con emoción. Beilschmitd casi se ahoga con su comida –¿¡Por qué te invitas tu solo a las casas de otras personas!?- acto seguido tomó el vaso de agua que tenía cercas, para darle un gran trago y quitarse el ahogo –Además, ¿A qué horas mencionaste que te ibas a quedar en mi hogar?- gruñó

–¿Veee?- tomó su bebida –Pero pensé que Ludwig se dio que me quedaría ahora en su casa– río –¿Qué no has visto que llegué sin nada? Aparte ya son las 4:30- observó el reloj que llevaba en su muñeca derecha –Está haciendo frío y realmente tengo mucha flojera de esperar el avión de vuelta a casa. ¡Además! – arremedó la pose firme que siempre pone Alemania –¡Es mi deber explicarte que es lo que vas a realizar en el festival, para que se lo comentes a tus superiores! ¡Es todo!- guiñó uno de sus ojos.

–Recuerda Ludwig: Res-pon-sa-bi-li-dad– señaló –Es muy importante cumplir con tus deberes, tal como tú me dijiste– asentó con su cabeza mientras cruzaba sus brazos –Así que, ¡Hagamos buen trabajo! ¡Sí, sí! –

–Debes estar bromeando…– tapó su cara con ambas manos.

Dios es cruel. Usar sus propias palabras a beneficio de él, debería de ser un pecado.


El sonar metálico de una perilla moviéndose, resonó por todo el recinto.

–Ya puedes entrar, Feliciano- empujó la gran puerta de madera que daba bienvenida a su hogar. Con paso apresurado, la figura grácil de Italia se apuró a entrar a aquella enorme casa que le pertenecía a Alemania.

–¡Woah! ¡Hace tiempo que no venía a este lugar!- dijo con regocijo el italiano –La casa de Ludwig realmente es muy bonita. ¡Me recuerda mucho a la antigua casa de Roderich en donde solía vivir– sonrió

– ¿Tú crees?- suspiró quitándose su pesado abrigo –Vamos, deja aquí tu gabardina- señaló el perchero de roble que tenía junto a la puerta – ¡Sí, señor! – y acto enseguida dejo su gabardina verde colgando. Dejando a la vista el suéter de manga larga color negro que poseía. Después de despojársela, se estiró por completo. Finalmente se deshizo de aquel peso muerto que cargaba por ser tan gruesa su prenda.

–Ah, Feliciano. ¿Podrías esperarme un momento?- habló el alemán –Iré arriba un momento a decirle a mi hermano que estas aquí. Claro, si es que no se fue… como siempre…- suspiró – A Gilbert le agrada la idea de salir y entrar a su ancha de la casa–

–¡No te preocupes, Lud!- palmeó suavemente uno de los hombros del rubio –Si quieres que no me mueva, ¡entonces no lo haré!- y diciendo esto, se quedó firme como un tronco. El ojiazul solo se quedó viendo.

–No digas tonterías- giró sobre sí mismo dándole la espalda al italiano y emprendió camino hacía las escaleras que daban hacía el segundo piso. Se detuvo a la mitad de estas. –Aparte…- murmuró. La atención de Italia fue ganada. Alemania se mantuvo quieto por un momento, y como que no queriendo, observó de reojo a su invitado.

–Aparte este es tu hogar... Así que puedes hacer lo que quieras– y como si tuviera una urgencia, subió la mitad de la escaleras que le faltaba en un tris tras. Feliciano, quien contempló todo desde abajo, quedó maravillado por aquellas palabras.

¿Su hogar? ¡Era la primera vez que escuchaba decir eso a Ludwig!

Bueno, definitivamente podría decirse que es su segunda casa. Ya que siempre viene a visitar al alemán de vez en cuando o ya sea para alguna conferencia. E inclusive, se puede llegar a presumir el hecho de que tiene un cuarto propio en la casa de Alemania. Una propia habitación personalidad por él, que contiene desde adornos italianos así como su propia ropa para toda ocasión. Como si fuera un pedacito de Italia en la casa de Ludwig.

Sin embargo, era solo una representación material. Nunca hubo algo sentimental. Claro, hasta este momento. Una sonrisa emergió en el rostro de Italia y sus mejillas se sonrojaron un poco. En verdad… esta casa le hacía recordar a aquel viejo lugar donde solía vivir con Roderich, Elizabeth y esa persona.

Suspiró. Dejando aún lado sus pensamientos, se encaminó hacia el lugar donde yacía la sala de Alemania. Después de cruzar el umbral que se encontraba a mano izquierda, llegó a lo que era la sala principal del hogar de los alemanes. Las paredes de la sala estaban cubiertas de una pintura café clara y unos cuantos cuadros. Una de estas paredes, era una gran ventana que daba vista al jardín exterior. Al ser el escenario blanco por la nieve, iluminaba por completo la habitación sin necesidad de prender luces. Los sillones eran de cuero negro y los muebles como mesas, sillas y taburetes; eran de madera. Se podría percibir una especie de combinación entre los moderno y lo antiguo. Sin duda lo moderno por una pantalla plana en medio de la sala, y lo antiguo, por la vieja chimenea que se hallaba en una de las paredes.

Pensando que sería una buena idea, Feliciano se acercó a fogón. Poniéndose en cuclillas, miró con atención su interior. Llevó sus dedos al suelo, que inmediatamente se mancharon completamente de hollín.

– "Hace no mucho que la usaron" – supuso el italiano al sentir aquella textura lisa en sus dedos. Limpiándose en su propio suéter, con la vista buscó algo. Ahí, acomodados en orden a su lado, se encontraban varios trozos de leña. Justo lo que necesitaba. Sonriente, Feliciano estiró su brazo hacia a ellos y tomo varios trozos. Teniéndolos apilados en su regazo, colocó uno por uno en el interior de la hoguera. Formando en ella una pequeña pila. Buscó a su alrededor algo que pudiera prenderla. Para su suerte, a su lado había un encendedor y un trozo de periódico.

Teniendo mucho cuidado, prendió el papel y lo introdujo en medio de la leña. Ahora venía la parte difícil, mantener el fuego con vida. Tentando a su fortuna, el italiano puso mucha atención al fuego que introdujo. Sabía que realmente no era tarea sencilla poder mantener el fuego a la primera, pero por lo menos intentaría que fuese así. Observando detenidamente, se percató que su primer fuego estuvo a punto de apagarse. Acto inmediato, tomó el mismo periódico y con este abanicó el fogón. Poco a poco, esa llama que quería apagarse, cobró vida.

Su rostro formó un gesto de alegría al escuchar los primeros ruidos de la madera quemarse. Apresurado, insertó un poco más de periódico para que agarrará más combustible. Y así, al primer intento, Feliciano consiguió prender la chimenea.

Su rulo formó un corazón en símbolo de alegría. Definitivamente tuvó mucha suerte para lograrlo. Si tan solo estuviera Ludwig para que lo elogiara, suspiró. De repente, el romano sintió la presencia y el peso de dos brazos fuertes que lo rodeaban con fuerza. Esa sensación provocó que un fuerte escalofrío corriera por todo su cuerpo, dejando escapar aparte un leve gemido.

El corazón le latió fuertemente y sus mejillas se tornaron rojas. "No… no creo que sea…", murmuró en sus pensamientos tratando de adivinar quién era el que le daba ese abrazo. No creía factible que sus pensamientos se hicieran realidad. Con timidez y desando en el muy fondo de su ser, que la persona que le daba ese abrazo sea esa persona… miró sobre su hombro lentamente. Para su sorpresa, se encontraría con una melena plateada y unos ojos rojos que le miraban traviesamente. Como si supieran lo que había provocado su acto

–Es tut mir leid (lo siento), Feliciano- sus labios formaron una enorme sonrisa, dejando ver una hilera de dientes brillantes –Pero por desgracia, yo no soy mi hermano– y sin más que decir lo soltó, colocándose de pie detrás de él. Aquella persona, no era nada más ni menos que Gilbert. Quien viendo todo el proceso que hizo el joven a escondidas, decidió prepararle una pequeña sorpresa a Feliciano.

–¡Veee! ¡G-Gilbert! – exclamó con sumo asombro el italiano, tratando de no verse que realmente eso era lo que pensaba –¿¡P-pero que estás diciendo!? – Inquirió –¡C-claro que no estaba esperando que fueras Lud!- se levantó abruptamente mirándole totalmente sonrojado. El prusiano arqueó una ceja. Dio en el clavo.

–¿Huh, huh? – cruzó sus brazos –¿Así que realmente estabas pensando en que tal vez era él?- meneó su cabeza de lado a lado –Ita-chan debería ser más sincero contigo. Nunca esperes ese tipo de actos por parte de ese macho– suspiró –Incluso aunque mi increíble persona lo trate de ablandar, es como si estuviera tratando de hacerlo con una piedra–

–¿A quién le estas diciendo piedra? – la voz grave de Alemania resonó por todo el lugar. Gilbert, al escuchar la voz de su hermano detrás de él, provocó que diera un salto de susto. No esperaba que el alemán fuese tan rápido a ingresar a la sala. Sin embargo, para Feliciano al ver eso le provocó una risa burlona. Eso se le llamaba karma.

–¡W-west!- tartamudeó, tratando de adivinar si realmente escucho lo que dijo de él –¡Nein! A nadie le estaba diciendo piedra… ¡So- Solo le estaba diciendo a Feliciano que tal vez hubiera sido más rápido que usará un pedernal para prender la hoguera! ¡Kesesesesese…!– río nerviosamente –Ya vez que el pedernal es una piedra que usas para prender fuegos…–

–Hermano…– suspiró el rubio –Trata para la próxima hacer más creíbles tus mentiras. Ahora toma– y sin importarle que fue lo que haya dicho de él, le extendió una taza de café que portaba en una charola que cargaba desde hace rato –No me hagas que te la tire en la cara por llamarme piedra– sin decirle más, se encaminó hacia el italiano que yacía de pie al frente de la hoguera. Tomó por la aza una taza color morada y se la entregó.

–Está caliente, así que ten cuidado– Feliciano la tomo entre ambas manos, contemplando la bebida recién hecha por su amigo. El vapor de la bebida tibió su cara y el olor le revocó una agradable memoria. Donde él suele pasar los inviernos en su casa, sentado su sillón contemplando el panorama, bebiendo dicho brebaje. Sonrió gentilmente.

–¡Veee! ¡Grazie, Lud! – y sin importar el hecho que tuviera todavía una taza en la bandeja que cargaba, abrazó por detrás fuertemente a Beilschmitd. Sorprendido por ese acto tan fuera de lugar, Ludwig procuró que por nada en el mundo derramara la taza de café que le pertenecía.

–¡I-Idiota! ¡Suéltame! ¡Vas a hacer que el café caiga sobre mí! – bufó el fornido quien trataba de sacarse de encima al italiano. Más este no planeaba hacerlo de ningún modo. Mientras tanto, sentado en el sofá con las piernas estiradas sobre la mesa de la sala, Gilbert observaba con sumo interés y con diversión aquella cómica escena.

–"En verdad, Italia nunca cambiará" – habló para sus adentros mientras tomaba un poco de café.


–En ese caso… lo haré–

–¿¡Eh!? – dijeron al unísono Italia y Alemania, quienes miraban con estupor al antiguo Imperio Prusiano.

–Ja, no veo por qué no– se encogió de hombros

–¡Waaaaah! ¡Gilbert formará parte también! – exclamó en alegría el italiano. Al saber que el prusiano aceptó a su invitación de participar en el evento del carnaval de Venecia. Alemania con asombro se acercó a su hermano que estaba en el sofá individual, al ver que Feliciano se encontraba distraído en la pequeña celebración que realizaba para sí mismo.

–¿Estás seguro de esto, hermano?- murmuró –Siendo que tú no eres de esas personas que le gusta organizar cosas, y mucho menos, participar en ellas–

Gilbert río levemente para luego empinarse el último trago que poseía su taza de café.

–Ah, ¡Claro que sí, West!– le guiñó un ojo a su hermano –Después de todo, es Feliciano quien me pregunta- señaló al italiano que se encontraba dando todavía exclamaciones de alegría –Pero si hubieras sido tú el que me lo dijiera…– le rodeó el cuello con su brazó – Seguramente te hubiera dicho que no y me hubiera ido de casa antes de que trataras de convencer. Aparte, ¿Cómo podrías decirle que no a Italia? Ese muchacho tiene algo dentro de él que no te permite decir no, ¿No lo crees, West? – lo soltó para luego golpearle con su codo las costillas del alemán.

Alemania no respondió. Solo le miró con fastidio y bebió de su café. Prusia sonrió. Sin duda su hermano era una carta sencilla de leer.

–Bueno, dejando todo esto aclarado– se levantó el albino del sofá –Por más que quisiera seguir charlando con ustedes, el grandioso yo tiene que retirarse–

–¿Hum, tan temprano? – cuestionó el alemán al ver que el reloj marcaba apenas las ocho de la tarde –Ja– contestó –Aunque no lo parezca, toda la mañana estuve trabajando en la limpieza de mi cuarto y la biblioteca donde poseo mis diarios– masajeo uno de sus hombros –Así que si no les importa, iré a descansar. ¡Esta hermosa cara tiene que mantenerse radiante y brillante para su público!- se auto señaló con aires de grandeza.

–En ese caso– suspiró Ludwig –Deberías llevar a su habitación a Feliciano–

Al escuchar eso, Veneciano reaccionó con sorpresa.

–¿Eeeeeh? ¿Por qué dices eso, Lud? – le miró con suplica –¡Apenas son las ocho! –

–¡No me interesa! – replicó el alemán –¿Crees que aún no olvido el asunto respecto a tu falta de sueño y el hecho de que ibas caerte de cara cuando veníamos de camino hacía la casa por lo mismo? Sí vas a trabajar en algo tan grande como tu carnaval, ¡deberías por lo menos estar en la condición de hacerlo! – tomó posición de dureza –Un cuerpo gastado no sirve para nada, así que será mejor que te retires a descansar. Seguramente, el hecho de que traigas esas ojeras sea porque te has estado desvelando haciendo nada productivo–

–P-Pero Ludwig… en realidad yo…– titubeo el italiano. De todas las cosas que platicó con el alemán, el tema de su falta de descanso no fue un tema de ellos. Así que a falta de explicación, Ludwig realmente no supo cuál era la razón de su insomnio. Y como era de esperarse, el gran alemán lo tomó como una señal de desvelo autoimpuesto. "Vaya forma de recordar temas importantes" se dijo para sí mismo el italiano.

–¡No me vengas con excusas! – se levantó el rubio quien tomaba nuevamente la bandeja y colocaba sobre estas las tazas que se encontraban vacías –Sabes que te lo digo por tu bien, así que ve a descansar. Mientras tanto yo iré a finalizar unos trabajos pendientes que por TU culpa deja a medias esta mañana–

–Ah Ludwig, creo que estas siendo duro con él…– susurró Gilbert

–¡En ese caso te esperaré en tu cama! – mencionó con alegría, Feliciano.

–Nein. ¡Irás a dormir a tu habitación! Así que no te hagas ideas– suspiró mientras daba empujones a Italia así como a su propio hermano para que se salieran de la sala –Hermano, llévalo a su habitación. Yo me quedaré aquí trabajando– sin decir más, el alemán cerro las puertas de la sala dejando a Italia y Prusia fuera de ella. Ambos se miraron en silencio.

Luego, rieron. En verdad Alemania era muy estricto. Pero sin duda esa era la mejor parte de su forma de ser.

–Realmente haces que mi hermano salga de sus casillas, Feli– sacudió el cabello castaño del joven país con entusiasmo. Italia solo sonrió. –Ven, vamos. Te llevaré a tu cuarto– así, ambos caminaron hacia las escaleras del segundo piso.

– ¿Pero sabes realmente algo, Italia? En verdad tienes unas ojeras muy grandes– le señaló –No me digas que te has estado desvelando por situaciones de trabajo–

Italia negó.

–Bueno… en estos días realmente estoy ocupado por lo del carnaval– admitió –Sin embargo, es la primera vez que me encuentro en esta situación tan deplorable– comentó –Nunca antes había tenido esta apariencia…– murmuró mientras con sus dedos tocaban las cuencas inferiores de sus ojos con suavidad. –¿Huh? – le miró intrigado el prusiano –¿Entonces a que se debe? –

Feliciano detuvo su paso al llegar a la planta superior. Miró al prusiano y luego al piso. ¿Realmente sería adecuado contarle a Prusia lo de sus sueños? Es decir, ¿realmente es tan importante que la gente sepa la razón por la cual no puede conciliar su sueño? Ahora que lo pensaba y lo meditaba un poco… si el dijiera: "¡Ah! La razón por la cual no duermo se debe por qué sueño constantemente que me ahogo", ¿En verdad sería tomado con seriedad?

Apretó sus manos.

¿En verdad… valdría la pena?

–¿Feliciano? – el albino picó la frente del italiano –Oye, ¿Estas ahí? –

El picotazo en la frente hizo que reaccionara el nieto de Roma.

–Ah…– rascó su cabeza –En realidad no es nada– mintió –Tal como lo dijo Lud, se debe porque me he estado desvelando a propósito– señaló sonriente –Como no tengo a nadie en casa para que me regañe por las ojeras que tengo… ¡Lo sigo haciendo! – río inocentemente.

Al ver esa sonrisa, Prusia no pudo evitar sonreír levemente. Pero algo en él, le decía que algo estaba mal con la actitud de Feliciano. Pero, ¿Quién era él para juzgar a la gente o interponerse en las acciones de los demás? Dejándolo en el olvido, el antiguo país se encamino a una de las 5 puertas que había en el piso superior.

Introdujo su mano en uno de los bolsillos de su pantalón color caqui, sacando de ella una pequeña llave plateada. Luego, incrustó la llave en la cerradura de una de las puertas y la abrió rápidamente.

–Listo– sonrió maliciosamente –Ludwig pensó que realmente no iba a encontrar la llave maestra de la casa… ¡Pero sin duda no sabe que YO estoy un paso delante de él! ¡Kesesesesesese! – se soltó riendo, ocasionando que el italiano se interrogará del porqué de su estado de ánimo.

Sin embargo, solo tomó unos segundos para darse cuenta de lo que pasaba.

–¡G-Gilbert! ¡No me digas que…!–

–¡Ja! – posó con vanidad – Es lo menos que puedo hacer por ti, Feli– acercándose a él, movió a un lado el fleco que tapaba la frente del italiano, y con suavidad, depositó un beso. El italiano se ruborizo un poco.

–¡Aprovecha! No vaya ser que mi hermano venga y vea lo que hice– empujó al veneciano al interior del cuarto, cerrando la puerta de golpe. Todo estaba pasando tan rápido que Italia no pudo darse cuenta de cuando Gilbert volvió a ponerle llave a la puerta, dejándolo encerrado en esa habitación oscura

–Gute nacht, Feliciano– rió suavemente el prusiano. Quien victorioso por su hazaña, marcho tranquilamente hacia su habitación que estaba a dos puertas del cuarto su hermano.

Y ahí estaba, solo. Solo y a oscuras en esa habitación.

Repegado contra la puerta, Feliciano se hallaba dentro de la habitación de Alemania a causa de Gilbert. En esos momentos, no sabía si sentirse alegre o consternado por lo que acababa de pasar. Pero sin duda, lo que paso fue algo que lo tomó por sorpresa. Usualmente, era él quien se escabullía a la cama de Alemania sin que se diera cuenta –como muchas veces anteriores– pero esta vez tuvo un cómplice.

Soltó un largo aire. No había vuelta atrás. No es como si quisiera que hubiera.

Resignándose a lo ocurrido –que por cierto no podía mentir que en cierto modo se encontraba alegre por ello – se dirigió a la cama de Ludwig lentamente. Sin darse cuenta, al solo ver la imagen de la cama en donde reposaría, su cuerpo resintió un fuerte cansancio. Como si todo este tiempo estuviera acumulándose hasta llegar al clímax del día. Sintiendo dicho peso, y sin importarle si aún portaba sus ropas, Feliciano dejo caerse boca abajo en aquella cama.

La suavidad tersa de la cobija acarició su piel con cariño. Era tan suave y cálida. Tan esponjosa y relajante. Movió sus manos ligeramente sobre la tela para hacer esa sensación más presente. Entre cerró sus ojos un poco.

–La cama de Ludwig…– murmuró sonriente, al percatarse de la esencia que cada día aquel país dejaba al salir de su cama. Sintiendo un sentimiento muy cálido y agradable en su interior, Italia se hizo un ovillo en medio de la cama y cerró sus ojos.

–Me pregunto…– murmuró –¿Me pregunto si esto será capaz de hacerme descansar al fin?... – bostezó. El sueño poco a poco lo iba consumiendo. –Me pregunto…– sus palabras cada vez se hacían más inaudibles –Me pregunto si tu harás que logre por fin descansar… Lud…–

Y así, el sueño aclamó su víctima.


Exhausto, simplemente tiró a un lado la pluma que llevaba en la mano. Se dejó caer sobre su asiento y exhaló pesadamente. ¿Cuántas horas llevaba ahí sentado? Retiró los lentes que descansaban sobre el puente de su nariz y los colocó con cuidado sobre la mesa. Luego masajeo dicha parte con suavidad. De paso, frotó sus ojos también.

Virando sobre su hombro derecho, Ludwig diviso el reloj que tenía colgado en la pared de la sala. Marcaba las 12 de la noche. Vaya que el tiempo se pasa muy rápido cuando uno se entrega completamente al trabajo. Se incorporó nuevamente y extendió su cuerpo. Estiro su cuello de un lado a otro y tronó sus hombros.

–Bien, con esto terminado podré irme a descansar sin ningún problema–

Sin perder más tiempo, recogió todo el material que utilizo para trabajar y lo guardo en su debido lugar. Aunque tenga mucho sueño, no significaba que dejara todo desordenado.

Ni que se tratara de Italia.

Colocó sus carpetas con archivos en la estantería correspondiente. Ordenó sus hojas, guardo sus plumas y lápices y apago su laptop. Dejando como último el apagar la lámpara que le hizo compañía por 4 horas. Teniendo todo listo, partió de la sala a su habitación. Con el sentimiento que a pesar de que malgastó buen parte de su le tiempo esperando a Italia, las horas perdidas fueron bien recobradas.

Ludwig subió con cuidado las escaleras sin tratarse de hacer ruido. Seguramente a estas horas su hermano debería estar en la octava nube junto con Feliciano. "Y hablando de él, ¿Qué es lo que le ocurre últimamente?", pensó para sí mismo el alemán.

Es la primera vez que lo veía de esa manera. De desgatado y desvelado. ¿Cómo es posible que este en esas condiciones, si el sujeto toma siestas durante el día? Una siesta repone la energía del cuerpo por lo menos un cierto porcentaje, entonces ¿Cuál es la razón de su condición física?

"Tal vez está teniendo días pesados en su casa", se dijo así mismo. Pero era imposible. Ludwig siempre se encontraba al tanto de la situación de Italia así como el de los demás países. Así que podía decir con toda seguridad de que no se trataba de algo de ámbito político.

"Tal vez… ¿Problemas sentimentales…?", se colocó justo en frente a la puerta del cuarto del italiano "Y si es así, ¿Debería yo…?"

Siguiendo el impulso de ese sentimiento, alzó su mano derecha con la cuál formo un puño para tocar la puerta. Se contuvo. ¿Pero qué estaba haciendo? Inmediatamente la bajo. Aunque tuviese la posibilidad de que se tratase eso, no podía llegar a él como si nada e interrogarle. Seguramente Italia llegaría a pensar que es un entrometido o algo parecido. A consta de ese pensamiento, el alemán mejor se retiró a su aposento.

–Sí hubiera algo que le preocupara a Feliciano, espero que me lo diga personalmente – murmuró, deseando que de esa manera supiera Italia que él estaba para ayudarlo. Después de todo, es su único amigo.

Al llegar a su habitación, introdujo una pequeña llave plateada que abría la puerta de su dormitorio. La razón por que cierra con llave la puerta de su cuarto, es debido a que varias veces ha llegado a toparse con Gilbert dentro de su habitación husmeando entre sus pertenencias. Tomando medidas drásticas, decidió que la mejor opción era cerrar la puerta con candado, donde solo él, pudiera abrirla.

(Pero como solo nosotros sabemos, el plan realmente no funcionó.)

Con la expectativa de llegar y desplomarse en su cama, el teutón comenzó a retirarse la ropa al solo cerrar la puerta detrás de él. Elevó una de sus manos y deshizo su típico peinado hacia atrás. Removió sus zapatos, suéter y el cinturón que sostenía su pantalón. Pero justo en el momento donde iba a removerse la última prenda que quedaba –que era su pantalón – divisó la figura de alguien en su cama.

En ese momento, por alguna razón rogó a Dios de que se tratase de un ladrón y no de esa persona. Sosteniendo su pantalón con una mano, se acercó lentamente a la orilla de su cama. Y con ojos exaltados, miró lo que yacía en ese lugar: hecho ovillo y con la mitad de la cobija cubriendo su cuerpo; se encontraba Feliciano durmiendo plácidamente en su lecho.

No sabía exactamente cómo reaccionar. De enfado o con un "ya lo sabía". Más que nada estaba asombrado ante el hecho de que el italiano estuviese en su cama. Siendo que él cerró con candado la puerta de su habitación para que nadie pudiera entrar. Alemania se asomó por la ventana que había en su habitación. No. Es imposible que Feliciano haya escalado desde la primera planta hasta la segunda por el exterior… ¿o sí?

Dejando sus divagaciones por un lado, Beilschmitd miró a la nación que dormía en su cama. ¿Es que había una ley donde diga que obligatoriamente él tiene que dormir en donde él duerma? Es como si el mundo conspirara contra él y nunca tuviera un momento de privacidad cuando más lo ocupaba.

Suspiró pesadamente. No había nada que hacer. Con solo verle la cara, se podía percibir que dormía muy plácidamente.

–Está bien, solo por esta noche te dejaré estar aquí – murmuró bajamente hacia el italiano que dormía. Luego sonrió levemente –Sí así llegas a descansar, entonces lo toleraré – giró sobre sí mismo y se dirigió hacia el baño de la habitación.

Terminado sus aseos personales, el alemán volvió a salir y se dirigió hacia su cama. Subiéndose a esta, lo primero que hizo fue tomar en brazos a Feliciano con cuidado para que no despertara. Pero dudaba que lo hiciera, por qué podía escuchar perfectamente los ronquidos de este su oreja.

–Ahora veamos…– con cuidado, Ludwig colocó a Italia en la otra mitad de la cama, pegada a la pared. Para así, poder tomar su lugar correspondiente. No era la primera vez que lo hacía, así que fue tarea sencilla hacerlo. Pero sin duda, hubo algo que llamó la atención del alemán mientras lo llevaba al cabo. Pudo divisar que Italia aún portaba las ropas que llevó durante todo el día. Inclusive, aún llevaba puesto sus zapatos.

El rostro del alemán formo una expresión de sorpresa. ¿Realmente era Feliciano Vargas el que estaba con él? Por qué si lo era… sus ropas estuvieran regadas por todo el lugar, ahora que se daba cuenta.

"Posiblemente el frío le provocó pereza quitarse la ropa", supuso.

Con delicadeza, Alemania descalzó los mocasines cafés que llevaba y los depositó aún lado de la cama. Seguidamente, tomó una de las esquinas del cobertor y la jaló hacia él. Estando ya el italiano en su lugar, y como toque final de su obra maestra; lo cubrió debidamente con la cobija. Sonrió gozoso. Ni siquiera un quejido escuchó por parte de Feliciano.

Terminado con su deber, Ludwig se introdujo en la cobija recostándose en su cama. Al fin, el descanso que tanto buscaba después de día tan arduo. Giró su rostro hacía el lado donde reposaba el italiano. Su rostro manifestaba cierta paz y tranquilidad que provocó en el alemán una cierta sensación cálida. Sacó una de sus manos del cobertor y acarició sutilmente la cabellera de su amigo.

Gute nacth, mein fruend (buenas noches, mi amigo) – sonrió levemente

–Ojalá y finalmente puedas descansar–

Alejó su mano y sin más… dejó caerse en el mundo de los sueños.

...

Pero duró muy poco en ese mundo. Debido a que fue despertado por un fuerte ruido. Abriendo sus ojos azules de par en par, molesto de que perturbaran su descanso, se incorporó de golpe.

–¿Ahora qué? – gruñó al darse cuenta que el ruido provenía del lado de Italia. Pensó que Feliciano estaba dormido. ¡Pero al parecer no era así!

–¡Oye Feliciano!– lo sacudió sin importarle que le despertará –¿¡No crees que es suficiente el haber entrado a mi habitación sin mi permiso y ahora te atreves a irrumpir mi descan…!?

Ludwig se estremeció.

Lo que estaba contemplando lo dejo mudo… anonadado. El cuerpo de la nación italiana se movía bruscamente, como si tuviera una especie de ataque epiléptico. No eran movimientos continuos, sino más bien jalones. Como si quisiera quitarse algo de encima y no pudiera.

–¿F-Feliciano…?– como pudo, tomó por los hombros a la Italia, ¡quería detener esos movimientos a cualquier lugar! Pero el cuerpo de Italia se sacudía de un lado a otro y aparte, si no era lo suficientemente preocupante eso, de su boca salían una especie de gemidos. No… más que gemidos eran jadeos como si estuviera tratando de tomar aire pero no podía. Su ceño se fruncía y en ocasiones, sus manos se aferraban fuertemente de su cuello.

Sin entender aun lo que pasaba, Ludwig tomó la opción de despertarlo.

–¡O-Oye Feliciano, despierta! – le dio palmadas en la cara para que reaccionara pero no funcionaba. Abrumado por la situación, decidió pedir ayuda ya que no podía dejar solo a su amigo.

–¡GILBERT! ¡Hermano! ¡Ven acá inmediatamente! – gritó a todo pulmón para que lo escuchara desde la otra habitación. Pero al no ver respuesta, el alemán comenzó a asustarse más y más.

¿Qué debería de hacer? En ese momento, ninguno de sus conocimientos médicos parecía relevante ante esa situación.

–¡Feliciano, despierta! ¡Por favor! – suplicó dándole golpes un poco más fuertes en su rostro –¡Maldición, GILBERT! – volvió a exclamar. Siendo este grito de auxilio escuchado finalmente por el prusiano. Molesto por ser despertado, irrumpió en la habitación con rudeza.

–¿¡Pero que quieres a estas horas west!? – gruñó –¿Qué no vez que tengo que dormir para mantener mi belle…– quedó mudo al darse cuenta de lo que pasaba –¿F-Feli…?

–¡Mein gott, Feliciano! – se acercó corriendo a toda prisa –¿¡Pero qué es lo que paso!?–

–¡No tengo idea! – exclamó Ludwig –Simplemente me acosté y… ¡empezó a reaccionar de esta manera! – volteó a verlo –¡No sé si es una especie de ataque o está teniendo asfixia! ¡S-Solo sé que tenemos que ayudarlo! –

Gilbert miró el rostro de su hermano, realmente se encontraba angustiado.

–Espera un segundo, West– trató de hablar lo más calmado que pudo para apaciguar a su hermano. Inmediatamente, sacó su celular de uno de los bolsillos de su pijama.

–Llamaré a una ambulancia. Sí Feli está teniendo una especie de ataque, lo más seguro es llevarlo a un hospital– Ludwig asentó como forma de aprobación.

– Pero en serio…– habló bajamente Prusia –¿Qué le pasa a Feliciano? – murmuró mientras esperaba la respuesta de la línea de emergencias –Nunca antes presencié algo…–

El sonido de una fuerte inhalación trastornó los sentidos de los alemanes. Como si hubiera recibido un choque eléctrico en su pecho, el cuerpo de Feliciano se incorporó de golpe ante la presencia de los hermanos. Con una expresión exaltada, con ojos exorbitantes y respirando fuertemente por la boca; una Italia despertó de la nada. Tembloroso, elevó sus manos hacia su rostro para limpiar el sudor frío que llevaba en la frente.

Jadeante, se abrazó a sí mismo, tratando de calmarse. Repitiendo una y otra vez en su mente que todo estaba bien. Pero, la sensación de sentir unas miradas sobre él, hizo que mirara a su alrededor. Para su sorpresa, se toparía la presencia de los alemanes, que boquiabiertos, lo miraban completamente estupefactos.

Feliciano estaba bien.

Feliciano se encontraba bien.

Pero…

¿Qué demonios fue lo que acaba de ocurrir?