-Hola Walt- oyó una voz.

El hombre da un respingo, levanta su cabeza y se da cuenta de que se había quedado dormido en el escritorio -Hola...- decía instintivamente, a nadie en particular. Sus ojos buscaban en la oscuridad pero no distinguía nada.

-¿Te acuerdas de mí?- volvió a sonar aquella voz.

Ahora sí estaba desconcertado:

-¿Quién eres?- balbucea pues reconocía aquella voz, pero no lograba recordar.

-Soy yo, Oswald- respondió con su tono infantil.

Al oir esto, el hombre abre mucho los ojos, erguido en su silla, frente a frente con un cuarto vacío y negro.

Era como volver a ser joven, ahí estaba él en sus 20s otra vez, pero Walter tenía 65 años ¿o eso creía?

-¿Oswald?- decía incrédulo y entonces de la oscuridad empezaba a surgir una silueta, pequeña, como la de un niño, pero un niño con una largas orejas.

Walter se quedaba sin habla.

-Me habías olvidado- dijo la silueta.

-Yo... - iba a decir algo más pero sí, se había olvidado, ¿o es que la realidad lo había terminado de consumir? Solo lograba añadir -Esto no es cierto. Esto tiene que ser un sueño- se repetía el hombre, incapaz de comprender lo que estaba pasando.