Hola a todos y todas traigo la actualización de este fic disculpen la tardanza pero es que estaba en fin de ciclo en la Universidad y las musas del Renbya me habían abandonado pero ya regresaron y pues espero que les guste.

Disclaimer: Bleach es obra de Tite Kubo, ni su universo ni sus personajes me pertenecen obviamente.

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Capítulo 2: Verdad tras las ausencias. Un diagnóstico desalentador.

A la mañana siguiente, Renji caminaba tranquilamente por el Seretei, llevaba un leve retraso, pero ahora que el Taichou no se presentaba en la división, podía permitirse andar despreocupadamente. Después de todo, cinco minutos no harían la diferencia. Entró en las barracas del sexto escuadrón y no pudo evitar notar el orden que reinaba en la división. Decidió restarle importancia y dirigirse a la oficina que compartía con su capitán. Abrió la puerta con un gesto rudo y se topó con un Byakuya inexpresivo sentado en su escritorio.

Renji apenas pudo contener sus reacciones. ¿Qué estaba haciendo Byakuya ahí?, ¿acaso no había dicho Rukia que no se presentaría en el resto de la semana? Los colores se le subieron al rostro y temió la reprimenda que su Taichou fuera a darle.

-Buenos días Abarai, veo que mis ausencias te han vuelto holgazán- el mayor de los Kuchiki le dedicó una breve mirada antes de seguir anotando sus informes.

-¡Perdóneme Kuchiki Taichou!- exclamó Renji haciendo una ligera reverencia- me he retrasado sin darme cuenta.

Byakuya restó importancia al asunto con un ligero movimiento de su mano. Sin perder tiempo, Renji se sentó en su silla y comenzó a rellenar su parte de los informes de manera mecánica. Conscientemente evitaba el contacto visual de su capitán, pero estaba demasiado sorprendido porque no le hubiese llamado la atención, así que no pudo evitar notar que algo andaba diferente.

Mientras lo observaba minuciosamente se dio cuenta de que Byakuya lucía un poco más delgado y su rostro estaba tenuemente más pálido, cosa que era remarcada por las pequeñas ojeras que le daban a su aspecto un aire de cansancio. Sin embargo, mantenía ese semblante elegante que lo caracterizaba y Renji se sobresaltó cuando se percató de que el mayor de los Kuchiki lo estaba observando.

¿Podrías preparar un poco de té? Fue lo que Renji leyó en los labios de su Taichou y se puso de pie de inmediato. Caminó hasta una pequeña sala en la que preparaba el té y muchas veces usaban como zona de descanso. Desde dónde se encontraba, el pelirrojo pudo escuchar a Byakuya toser. Se preguntó si su Taichou estaría enfermo y pronto le vino a la mente su conversación con Rukia. ¿Significaba eso que Byakuya y Unohana Taichou no tenían una relación? Renji sacudió la cabeza involuntariamente y se sintió avergonzado, después de todo él era un simple teniente y la vida personal de su capitán no le incumbía en lo más mínimo.

Cuando el té estuvo listo, Renji colocó las dos tazas en una pequeña bandeja, "El té está listo" anunció mientras entraba nuevamente a la oficina. De inmediato sus ojos se enfocaron en Byakuya quién lucía fatigado y parecía tener dificultades para respirar.

-No me mires así Renji- dijo el mayor de los Kuchiki intentando mantener su tono inexpresivo, pero sonando más débil de lo que deseaba- tomaré un pequeño paseo, necesito aire fresco.

En cuanto Byakuya intentó ponerse de pie su cuerpo pareció desvanecerse y apenas pudo mantenerse en pie apoyado en su escritorio. Renji dejó caer la bandeja con el té y se apresuró a ayudar al capitán. En cuanto su mano alcanzó a tocar el brazo de Byakuya notó que estaba hirviendo en fiebre.

-¡Taichou, tengo que llevarlo de inmediato al cuarto escuadrón!- exclamó Renji bastante preocupado.

-¡NO!- ordenó el pelinegro, mientras se componía- no debes dejar que me vean así.

-Taichou, esto es serio. Si se encuentra mal de salud mi deber es llevarlo con el cuarto escuadrón- Renji empezaba a frustrarse por el orgullo de Byakuya quien se veía enormemente desmejorado.

-Tu deber es obedecerme- dijo el capitán con dificultad- si quieres hacer algo busca a Unohana y tráela. No pierdas el tiempo hablando con nadie más.

-Enseguida Taichou- dijo Renji dejando la habitación con la mayor discreción posible.

Byakuya apoyó sus dos manos sobre la mesa, su cuerpo se sentía pesado y la piel parecía hervirle. Se sentía en una mezcla entre mareado y adormitado. Intentó fijar la vista en las tazas de té rotas, pero sólo veía dos manchas borrosas. Maldijo por lo bajo y deseo que su teniente se apresurara.

Al salir del sexto escuadrón, Renji echó a correr al cuarto escuadrón. Se sentía alterado, estaba preocupado por dejar a Byakuya sólo y en tan mal estado. Iba maldiciendo su falta de práctica con el shunpo. Si algo malo le pasaba a su Taichou… Cortó el pensamiento de raíz, nada iba a pasarle a su capitán, él conseguiría ayuda deprisa.

Al llegar al cuarto escuadrón se topó con Hanataro quien lo saludó amablemente notando la agitada respiración del teniente. Antes de que el pelinegro pudiera avisar que el pelirrojo había llegado, la capitana Unohana salió de su oficina y pidió a Renji que la acompañara de prisa.

No había tiempo que perder por lo que la capitana de la cuarta división utilizó a su Minazuki para poder llegar mucho más rápido a la sexta división. Renji apenas había recuperado el aliento cuando la capitana se dirigió a él.

-¿Cuál es el estado de Kuchiki Taichou?- preguntó con su voz serena.

-El capitán está hirviendo en fiebre y estuvo a punto de desmayarse, debí llevarlo con usted, pero me ha prohibido hacerlo- la impotencia y la preocupación en la voz de Renji sorprendió un poco a Retsu, sólo un poco.

-No te preocupes Abarai-kun, pronto estaremos ahí, haz hecho lo mejor que podías- la capitana aterrizó cerca de la división e hicieron el resto del camino a pie.

Al entrar a las barracas ambos caminaron con naturalidad, algunos parecían sorprendidos por la presencia de la capitana, pero ya que el rumor de su relación con Kuchiki Taichou era ampliamente conocido en la división, ninguno se sorprendió demasiado. Caminaron directamente a la oficina y en cuanto entraron encontraron a Byakuya en mal estado.

-Abarai-kun, disuelve esto en agua hirviendo y tráemelo por favor- pidió la capitana dándole un sobre al teniente.

Mientras Renji hervía la medicina que la capitana de la cuarta división le había entregado, ella procedió a hacer un chequeo general del estado de Byakuya. Colocó una mano en el delicado rostro del hombre y con una sonrisa apagada lo reprendió mentalmente por sus imprudencias. Le había dictado claramente que no saliera de casa y que no se esforzara en lo más mínimo, pero el orgullo de ese hombre era demasiado grande como para ser prudente con su salud.

El pelirrojo entró en la habitación con el "té" en otra taza y se lo entregó a Unohana Taichou quien le ayudó a Byakuya a beber el medicamento. Su capitán lucía terriblemente desmejorado y frágil. Tenía las mejillas sonrosadas por la fiebre y su cansancio era evidente en cada respiración. Y a pesar de todo, Byakuya Kuchiki seguía luciendo mortalmente atractivo.

-Abarai-kun- llamó suavemente la capitana- necesitamos llevar a Kuchiki Taichou a su casa. Necesita guardar reposo y este no es el mejor lugar para ello.

-Por supuesto- dijo el teniente listo para cargar a Byakuya en sus brazos si era necesario.

-Detente Abarai- dijo el capitán con voz débil- no puedo permitir que mis subordinados me vean de esa manera.

-¡Taichou! No es momento para guardar apariencias- gruñó Renji apenas conteniendo su frustración.

-Está bien Abarai-kun, yo me encargaré de llevarlo a casa- dijo la capitana con voz dulce- con los rumores que corren estoy segura de que nadie se extrañará de vernos juntos.

-Pero Unohana Taichou…- Renji se tragó sus palabras ante una mirada severa de la aludida. Había estado a punto de decir que su capitán apenas podía mantenerse en pie, cosa que naturalmente le habría herido el orgullo al mayor de los Kuchiki.

-Muy bien Abarai-kun, sólo necesito que distraigas un poco al escuadrón y yo me encargaré del resto- dijo la mujer con completa serenidad.

-Entendido- respondió el pelirrojo abandonando la habitación no sin antes echar un vistazo a su capitán.

Renji salió de la oficina con una mirada seria y hasta un poco severa. Necesitaba pensar en algo rápido, algo que distrajera a los miembros del escuadrón y a la vez fuera completamente creíble. De inmediato pidió a todos los shinigamis que se formaran y estos lo hicieron sin vacilación.

-¡Escúchenme todos!- dijo con fingida solemnidad- el capitán ha hablado severamente conmigo y tengo que informarles que está decepcionado dela forma en que nos hemos comportado durante su ausencia.

Hizo una pausa teatral mientras a los miembros de la división se les contraía el estómago. Todos sabían que la primera regla de la división, de manera no oficial, era jamás enfadar al capitán Kuchiki.

-Me ha llamado la atención con respecto a la falta de orden que tiene el escuadrón declarando el desagrado que le produce a su buen gusto- Renji hizo otra pausa intentando figurar si no estaba yendo demasiado lejos, pero continuó-me ha expresado la necesidad de realizar algunos cambios. Me temo que hemos discutidos y él me ha dicho que hasta que el escuadrón no se organice mejor, no desea presentarse.

En ese momento Byakuya salió de la oficina al lado de la capitana Unohana. Llevaba una mirada tan severa que los reclutas del escuadrón bajaron de inmediato la vista, intimidados por su capitán y la "verdad" en las palabras del teniente Abarai.

-El teniente Abarai me informará en cuanto hayan terminado- dijo intentando no sonar débil y usando toda su concentración en no delatar su estado- mientras, me temo que es disgustante entrar a este lugar que dice ser mi escuadrón.

Unohana les dedicó una sonrisa tierna y ambos abandonaron las barracas del escuadrón. Aprovechando la conmoción de los subordinados, Retsu utilizó a Minazuki para poder trasladar con mayor velocidad al capitán hasta su hogar. Byakuya, se desmayó a causa de la fiebre y la capitana adoptó una postura seria. El mayor de los Kuchiki estaba empeorando con una velocidad que la perturbaba.

En la sexta división, Renji se encargó de dar la reprimenda a los subordinados y de encargar a todos las tareas más inverosímiles que iban desde limpiar cada rincón del escuadrón con los cepillos más pequeños e inapropiados para el trabajo, hasta tomar clases de buenos modales y buen gusto. Los miembros de la sexta división acataron las órdenes sin renegar, pues deseaban que su capitán volviera pronto.

Byakuya Kuchiki podía ser serio, antipático, orgulloso y sumamente estoico, pero dentro de su división era profundamente admirado y sus subordinados consideraban que no existía un mejor capitán que él. El pelirrojo se excusó con el escuadrón diciendo debía informar a Kuchiki Taichou sobre las medidas que adoptarían en pro de mejorar la división y todos admiraron el valor del teniente.

Renji corrió a toda prisa a la mansión de los Kuchiki. Sentía una fuerte opresión en el pecho, casi como un presentimiento de que las cosas no iban bien. Necesitaba saber que le ocurría a su capitán y no pensaba marcharse sin respuestas. Llegó a la mansión de los nobles y los sirvientes le dejaron pasar. Sin perder tiempo se dirigió a uno de los salones donde Unohana Taichou tomaba el té.

-Abarai-kun imaginé que vendrías- dijo con su tan conocida serenidad.

-¿Cómo se encuentra?- preguntó el preocupado teniente.

Hubo un tenso silencio y la sonrisa de la capitana se borró de su rostro. Con un gesto de la mano indicó a Renji que se sentara a su lado y con otro pidió a los sirvientes que les dejaran solos.

-En estos momentos se encuentra estable, pero necesita mucho reposo- indicó la capitana de la cuarta división.

-Me encargaré de los asuntos del escuadrón si logra convencer al capitán de guardar reposo- dijo Renji consciente de que era una tarea difícil.

-Me temo que no es tan sencillo- dijo con tristeza Retsu- ¿conoces la historia de Hisana Kuchiki?

La pregunta tomó a Renji desprevenido quien asintió sin entender a qué se debía la pregunta. Por supuesto que conocía la historia de la hermana mayor de Rukia y antigua esposa del capitán. Él se encontraba presente en el momento en que su Taichou había confesado los motivos que le habían llevado a no detener la ejecución de su hermana. Y desde luego, el pasado de la cabeza del clan Kuchiki había llenado a Renji de un renovado respeto y admiración por aquél hombre a quien deseaba superar.

-Renji-kun, lo que estoy a punto de contarte es absolutamente confidencial. Por respeto a los deseos del capitán Kuchiki debes guardar silencio sobre todo lo que voy a decirte. ¿Lo entiendes?- dijo Unohana con ese tono capaz de enfriar la sangre de los que la escuchaban.

-Ninguna palabra saldrá de mi boca- sentenció el teniente con seriedad.

-Como debes saber la difunta esposa del capitán Kuchiki murió de una terrible enfermedad. Yo fui la médico de cabecera de Hisana, pero lamentablemente me fue imposible evitar que la enfermedad progresara y arrebatara su vida. Hace un par de meses el capitán Kuchiki vino a visitarme por algunos síntomas que le aquejaban y persistían. Desde entonces se ha encontrado en un control permanente. La situación se ha ido agravando a pesar de los medicamentos y cuidados. El capitán Kuchiki ha desarrollado una variación de la enfermedad que le arrebatara a su esposa. Me temo que es un mal pronóstico, pero intento todo lo que está a mi alcance.

La habitación se quedó en silencio. Renji sintió una presión tan fuerte en su corazón que podría jurar que alguien lo estrujaba sin piedad. Se olvidó de respirar durante unos segundos y fue incapaz de pronunciar palabra. No entendía por completo la situación, pero estaba notablemente afectado. Unohana Taichou se había abstenido de decirlo, pero en pocas palabras acababa de revelarle que Byakuya estaba muriendo, lo haría si no encontraban la cura.

-Abarai-kun, sé que es difícil asimilarlo, pero el capitán Kuchiki necesita todo el apoyo que pueda tener. He hablado severamente con él, pero su orgullo no merma ni un poco y me temo que no guarde el reposo necesario- Unohana hizo una pequeña pausa para que el teniente asimilara sus palabras- Kuchiki Taichou confía mucho en ti, lamento tener que pedirte esto, pero debes convencerlo de guardar reposo.

-No estoy seguro de que funcione- dijo con timidez el pelirrojo- pero lo intentaré.

Se puso de pie con las piernas temblando. Jamás había estado en la habitación del capitán y mucho menos había estado en una situación como esa. Él conocía de primera mano lo poco flexible que el capitán era y lo mucho que valoraba su orgullo. Hacerlo ceder era una misión para la que no se sentía preparado.

Se detuvo frente a los aposentos del capitán y pidió permiso para entrar. De inmediato los sirvientes abandonaron los alrededores y Byakuya le indicó que pasara. El pelirrojo entro a la lujosa habitación, pero sus ojos sólo se fijaron en la figura de su capitán recostado en su cama. Llevaba el cabello suelto y un yukata del mismo color que su bufanda que ahora yacía en una mesa junto al kenseikan y sus finos mitones.

El mayor de los Kuchiki intentó parecer fuerte, jamás se perdonaría si demostraba debilidad frente a su teniente. Sin embargo, Renji no pudo pasar desapercibido el sudor de su frente y el cansancio en su rostro. Ni tan siquiera después de una ardua batalla había visto a su capitán en ese estado. Las palabras de Unohana lo golpearon aún con más fuerza que antes. Despacio acercó una silla al lecho del noble y se dejó caer pesadamente sin saber que decir.

-¿Por qué estás aquí?- preguntó Byakuya en un tono neutro.

-Porque soy su teniente, además…- aquello les produjo a ambos un déjà vu- sabe que me preocupo por usted.

-Pues deberías estar atendiendo la división- dijo el pelinegro tosiendo.

-Por favor no se altere, me encargaré de la división todo el tiempo que sea necesario- dijo Renji sin dudar- por el momento Taichou usted debe descansar.

-Me recuperaré en un par de días- dijo el capitán apartando la mirada con el orgullo herido.

-Byakuya…- la voz de Renji era apenas un susurro y el aludido se volvió para mirarlo encontrando en sus ojos una preocupación tan sincera que le generó un escalofrío- Unohana Taichou ha hablado conmigo, sé que no vas a recuperarte en un par de días, si no tomas las medidas necesarias empeorarás. Así que por favor confía en mí.

Renji hizo una solemne reverencia ante un sorprendido Byakuya. ¿Desde cuándo él y su teniente se tenían tanta confianza? No sabría decirlo, pero su lealtad y su preocupación tan sinceras le hicieron ceder un poco frente a su enorme orgullo. La verdad es que no se estaba sintiendo nada bien y entendía a la perfección lo mucho que necesitaba su descanso, sin embargo, hasta ese momento se sintió tranquilo y decidió confiar en las palabras del pelirrojo.

-Renji…- la voz de Byakuya sonaba un tanto más delicada y menos autoritaria y el teniente levantó el rostro para mirar a su capitán- es humillante para mí pedir ayuda en los asuntos de mi división, pero debo admitir que no me encuentro bien y que mientras dure mi tratamiento lo mejor para mí será distanciarme de mis responsabilidades como capitán. Abarai Renji, necesito tu ayuda para cumplir con mis deberes y pese a la vergüenza que requerir un favor tan grande me causa, te pido que cuides del escuadrón por mí.

-No es necesario que lo pida capitán, para mí es un honor poder ayudarle y confíe en que no voy a fallarle- sentenció el pelirrojo.

Y en ese pequeño momento, el orgullo de Byakuya Kuchiki había sido derribado y sustituido por algo diferente. Una extraña sensación de confianza y lealtad que sólo su teniente sabía transmitirle. Desde luego sabía que Renji no lo iba a decepcionar, pero se sentía casi alegre de que lo dijera. Porque aunque Byakuya fuera un hombre serio y orgulloso, él apreciaba a Renji como a su amigo más cercano.

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Bueno espero que les haya gustado el capítulo de aquí en adelante se desarrollará un poco más la relación de Renji y Byakuya así que espero poder actualizar pronto. Si les gustó el cap o si no lo hizo ya saben que pueden dejarme sus reviews que me ayudarán a mejorar la historia.