Los personajes son propiedad de stephanie meyer

---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

POV Edward

En el momento que la dejé en su casa supe que todo había acabado y en ese momento ya no pude más, dejé tirado en la carretera mi querido volvo, me importaba una mierda lo que le ocurriera, ahora solo podía correr y arrasar con todo con lo que me iba encontrando.

Maldito el momento en que vinimos a Forks, maldito el momento en que ella decidió venir a Forks, maldito el instituto que nos juntó, maldito su olor, malditos sus ojos, maldito el día en que me enamoré de ella.

-¡maldita ella!grité con todas mis fuerzas.

No, maldita ella no, ella era lo más puro que había sobre la tierra, y yo lo sabía, y era tan egoísta que iba a corromper su pureza con mi pecado, porque yo era un pecador por amarla, yo sí que estaba maldito, maldito por toda la eternidad, y ahora sin ella. Sin mi luz, sin mi alma, sin mi corazón, sin mi Bella.

Maldito el amor, maldito Cupido, maldito eros, y maldito todos los dioses del amor de cada una de las religiones del mundo.

No podía conmigo mismo, empecé a derribar árboles, a romper piedras, si hubiera podido me hubiera pegado a mí mismo. Cuando ya no me quedaba nada más que destruir, decidí regresar a casa. No sabía que iba a hacer ahora con mi vida, además tenía que cumplir lo que le había prometido a Bella, tenía que hablar con la familia e irnos de aquí. No tenía fuerzas para enfrentarlos, pero debía hacerlo por ella.

Cuando estaba llegando a casa, ya estaba en la puerta Alice, la cual empezó a gritarme lo que su mente decía aun más fuerte.

-¡No vamos a dejarla! ¡No vas a dejarla! ¡No! – No paraba de sollozar, y apretaba sus puños en su camisa.

No lo había pensado, como siempre era y soy un egoísta consumado, yo lo iba a pasar muy mal, pero mi familia también. Ellos la querían como a una más, e iba a ser una gran pérdida para todos. No sabía qué hacer, así qué porque ambos lo necesitábamos abracé a Alice y entré con ella al salón, donde estaban todos. Nada más entrar Jasper empezó a disculparse.

-Edward yo, no sé qué decir ni que hacer, si yo hablara con ella si yo – lo corté

-Jasper tu aquí no tienes culpa de nada, si no hubieras sido tu ayer lo más probable es que hubiera sido yo en cualquier otro momento – Dije sabiendo que había temido ese momento desde que la conocí.

-Por fin la humana parece que utilizó un par de neuronas de su cerebro y hizo lo que tenía que hacer – Todos miramos a Rosalie cuando dijo eso, y pensar que creía que nunca me sorprendería, como podía ser tan cínica, iba a contestarle pero Emmett se me adelantó.

-Rosalie si solo vas a decir estupideces mejor que te vayas – Me sorprendió que fuera tan directo, pero sabía que él estaba también muy mal, amaba a Bella como su hermana pequeña, y esto lo estaba matando.

-Pero Emmett – Intentó Rosalie.

-Sin peros Rosalie, tú decides, o te callas o te largas – Y en el momento que acabó de hablar Emmett, salió Rosalie corriendo de la casa.

-Dejadla, necesita pensar un poco las cosas – Este Emmett no era el Emmett al que estábamos acostumbrados, este era un hombre maduro y herido.

-¿Cómo estas hijo? – Mi madre vino a abrazarme y a sollozar también, su mente no paraba de pensar en sus hijos, en mí y en Bella, porque para ella, Bella era su hija.

Alice fue recogida por Jasper, que no paraba de decirle palabras tranquilizadoras al oído, aunque no sirvieran de mucho. El momento de hablar había llegado y no podía retrasarlo más.

-Familia, no sé lo que os habrá contado Alice – empecé a decir, pero ella me cortó.

-Lo saben todo- me dijo

-Supongo que así será más fácil, ¿habéis decidido dónde vamos? – Esperaba que sí, porque en estos momentos yo era incapaz de hilar pensamientos.

-¿Hijo estás seguro que lo que vas o vamos a hacer es lo correcto? – Un Carlisle sumamente preocupado me miraba con comprensión.

-Estoy totalmente seguro porque es lo que ella quiere y ha pedido, yo no puedo hacer otra cosa más que cumplir mi promesa – Esme me apretó más fuerte, si no fuera un vampiro probablemente no podría respirar, y repetía una y otra vez en su mente "mi hija, mi Bella".

-Entonces está decidido, nos iremos al amanecer, iremos a Denali y estaremos allí una temporada hasta reorganizarnos y pensar un poco, Emmett sería mejor que fueras en busca de Rosalie y le contaras – Dijo Carlisle dándole una palmada a Emmett de apoyo.

-Sí, tienes razón. Edward no importa lo que ocurra, ni los años que pasen, Bella será siempre mi hermanita y la tendré en el corazón – Y con esta declaración salió de la casa en busca de su esposa.

-Alice –esta levantó la cabeza, la cual la tenía apoyada en el pecho de Jasper, para prestarme atención – debes prometerme que jamás vas a mirar el futuro de Bella-

-Pero Edward, no puedes pedirme eso, yo no puedo dejarla también de esa manera –

-No te lo pido yo Alice, te lo está pidiendo Bella, y lo sabes, debemos dejar que tenga lo que siempre ha debido tener, una vida humana sin interferencias. Ahora, por el amor que se que le tienes a Bella, prométemelo – Alice me miró con dolor en los ojos pero al final dijo.

-Solo por ella –

-Solo por ella – Repetí yo también, intentando meterme en la cabeza que todo debía ser por ella.

Subí a mi cuarto dejando en el salón a una familia rota por el dolor. Mala idea. Nada más entrar me dio una bocanada de aire y su olor me embriagó. Me eché en el sofá aspirando su aroma. Odiaba ser vampiro, pero ahora más que nunca lo odiaba al no permitirme llorar, necesitaba descargarme, llorar hasta dormir, pero ni eso teníamos permitido. Teníamos que sufrir de la peor manera.

Las horas pasaron, y llegó el amanecer, y con él la hora de irnos de Forks, y dejar al único amor de mi vida, al ser más hermoso y maravilloso del planeta. Y yo simplemente no podía, no podía moverme de allí. Esme entró a mi cuarto para decirme que era hora de partir, pero no conseguía mover mis piernas.

-¿Edward no vas a ir a verla por última vez? – me dijo Alice desde el salón.

-No, sé que si la veo una vez más, no seré capaz de dejarla – Bajé y todos estaban listos, incluyendo a una cabizbaja Rosalie.

Nos montamos en nuestros respectivos coches, ya que al parecer alguien había recogido mi volvo. No parecíamos nosotros mismos, y eso se notaba sobre todo en los que llamaban normalmente más la atención, Emmett no estaba riendo a carcajadas o burlándose de alguno, Rosalie no estaba pavoneando de su figura, Alice no saltaba de un lado a otro feliz. Parecíamos que íbamos a un funeral, aunque en parte era eso, ya que era la muerte de una era, de una preciosa y maravillosa era en la cual fui mas feliz que en toda mi existencia. Jamás volveríamos a Forks, jamás volveríamos a ver a Bella.

Yo iba solo, no quería compañía en el viaje, y mi familia lo sabía, necesitaba pensar, pensar en ella.

Y así es como dejé mi corazón, mi alma, y mi ser, en ese pueblo perdido. Porque todas esas cosas las tenía Bella, porque jamás sería capaz de amar a nadie que no fuera ella. Y no fue solo hice un viaje de Forks a Denali, fue un viaje, un cambio de estado de no vivo a muerto, porque así estaba yo sin ella, muerto.