Los personajes son de Masashi Kishimoto. La historia pertenece a Sophie Saint Rose.

Yo solo tomo prestados para mis ideas.

¡Disfruten!


Tres días más tarde seguían discutiendo el asunto. Hinata ya no podía comprenderlos, ¿es que no podían simplemente apoyarla en esto? No podría entrar allí sin saber con seguridad que la estarían esperando al terminar todo esto.

—No sé porque no quieres esperar un poco —Bufó disgustado su padre por milésima vez, mirándola tumbada en la cama del hospital—. Dentro de un año...—

—Ni hablar —Cortó ella, harta del tema—. No pienso estar otro año más en estas condiciones.

Había hablado del tema largo y tendido con el doctor Dan Katō, el cardiólogo que estaba impartiendo un curso en el hospital. Era una eminencia mundial en cardiología y se había interesado por el caso de Hinata en cuanto se enteró. Era muy optimista aunque había grandes riesgos, si la operación salía mal no tendrían nada con que sustituir su corazón.

La puerta se abrió de golpe y apareció Naruto con cara de no haber dormido en días.

—N-Naruto... ¿Pero qué haces tú aquí? —Preguntó asombrada apoyándose sobre sus codos. Se fijó que iba con traje con los botones de la camisa desabrochados y el pelo rubio revuelto. Estaba guapísimo y ella debía estar hecha un auténtico asco.

Él la miró con el ceño fruncido.—¿Qué son esas estupideces que me ha contado Sakura, Hinata? Es una broma, ¿verdad? —Claramente estaba enfadado Se quedó muda al ver su actitud y Hiashi sonrió porque al menos tenía un aliado de su parte. El aparato empezó a pitar y se sentó en la cama para enfrentarlo.

—N-No sé de que estupideces hablas pero si se trata de la operación te diré que sí, me voy a operar les guste o no. —Él se metió la manos en los bolsillos del pantalón como si quisiera evitar estrangularla ahí mismo.

—Sakura me dijo que sólo hay un 50% de probabilidades de éxito.

Ella se encogió de hombros.—¿Entonces?

—Ni se te ocurra pensar que te vas a operar —Contestó furioso—. ¿Es que quieres morir?

Ella le miró a los ojos con la seriedad reflejada en ellos.—Si tengo que vivir así, sí.

Naruto palideció.—No puedes hablar en serio. Hinata, no tienes una vida tan mala. ¡Perderla sería mucho peor! —Hinata se enfadó ignorando el permanente pitido.

—¿Qué sabrás tú de mi vida? ¿Acaso estas ahí para verla? ¿Ves como me cuesta respirar por la noche o cuando me levanto agotada? ¿Ves cuando me tienen que lavar porque yo no tengo fuerzas siquiera para usar mis propias manos? —Naruto se enderezó sin abrir la boca— Tengo 23 años y la última vez que salí sola de casa tenía 18 años. No tengo amigos aparte de Sakura... —Dijo al borde de las lágrimas—. Nunca me han besado, nunca haré el amor, nunca me casaré y nunca tendré hijos. Nunca podré tener trabajo y dependeré de otras personas por el resto de mi vida. Ahora si eres totalmente sincero, ¿vivirías tú así? ¿Serias capaz de soportarlo tu mismo?

Hitomi lloraba en silencio mientras Hiashi trataba de consolarla, pese a que él también se sentía afligido con esta idea loca. Naruto se acercó a ella y se sentó a su lado mientras se miraban a los ojos.

—Espera un poco para ver si otras operaciones tienen resultado —Dijo él cogiéndola de la barbilla.

—Eso mismo digo yo p... —Empezó Hiashi pero se calló al ver la mirada de su mujer. Al final su hija se había ganado su apoyo.

Hinata apartó la barbilla.—No. Me operaré mañana. Punto.

Naruto y Hiashi apretaron los labios al ver que seria imposible hacerla cambiar de opinión. En ese momento entró el doctor Katō que se detuvo al ver que Naruto se levantó de la cama enfrentándolo, decidió ignorarlo y le sonrió a Hinata.

—¿Cómo está mi paciente favorita? —Preguntó el cirujano de unos 40 años y porte atlético con una sonrisa mirando a su paciente.

—Deseando empezar. —Respondió la mencionada ansiosa.

—Le traigo los impresos que había pedido —Le extendió las hojas por encima de la cama al ver que aquel rubio no se movía del medio. Pero en un rápido movimiento Naruto se los arrebató de las manos y los miró por encima.

Apretando las mandíbulas dijo entre dientes.—¿Pides que no te reanimen?

Hinata suspiró apartándose el pelo de la cara.—Pido que no me conecten a una máquina para mantenerme viva, sólo lo estrictamente necesario. —El arrugó los papeles de furia sin darse cuenta, mientras leía otra de las páginas.

—Donas todos tus órganos... —E incrédulo añadió—. Hasta tus ojos.

Hinata sonrió extendiendo la mano.—Todo el mundo debería donar. De todas maneras cuando se mueran ya no les servirán de nada. —Su madre que por fin se había calmado un poco, comenzó a llorar de nuevo. Hiashi suspiró ante eso— Por Dios mamá, déjalo ya —Dijo sintiendo angustia por ella— ¿Por qué no te vas a tomar un café mientras leo esto? —Hiashi la guió de los hombros en silencio mientras salían de la habitación y Hinata leía los papeles.

—Volvemos en un rato, hija. —Ella asintió sin despegar la vista del papel.

—Quiero que quiten esto... —Dijo señalando un párrafo—. En caso de que mi corazón falle después de la operación no quiero que se me reanime.

El doctor Katō frunció el ceño.—Pero todavía quedarían más opciones, no debe negárselas.

—No, no las quiero de todos modos. Gracias.

—Por Dios, Hinata, ¿qué estás haciendo? —Preguntó Naruto ya desesperado—. Tienes que seguir luchando.

—En eso tiene razón el señor. Debe tener fuerzas para continuar porque sino no habrá operación que valga —Dijo el cirujano.

Hinata suspiró.—Bien, si no tengo más opción... —Sonrió al doctor y a Naruto— Vamos allá —Extendió una mano en dirección a Naruto pidiéndole un bolígrafo silenciosamente. El médico le iba a ofrecer uno pero ella negó, era su manera de decirle que tenía que apoyarla— Tiene que ser el suyo. —Naruto la miró con los ojos entrecerrados y metió la mano en el bolsillo interno del traje para sacar un bolígrafo de oro. Hinata sonrió cogiéndolo—. Bonito boli.

Él sonrió muy a su pesar pero perdió la sonrisa al ver como firmaba el maldito papel, el cual tenia unas ganas inmensas de quemarlo ahora.

—No puedo creer que nos hagas esto... —Dijo él entre dientes.

Hinata levantó la cabeza sorprendida.—No puedo creer que me pidas que siga viviendo así mientras ustedes disfrutan de la vida. —Eso hizo sonrojarlo ligeramente y mirarla como si quisiera matarla. Entregó los papeles al doctor Katō.

—Mañana a las 7 de la mañana vendrán a prepararte —Comentó el doctor yendo hacia la puerta—. Mientras descansa. —Asintió dejándose caer en las almohadas y miró a Naruto. Él tenía la mirada perdida.

—Me gustó mucho tu regalo —Susurró ella comiéndoselo con los ojos—. El colgante parecía muy antiguo. —Le había llegado dos días antes de ingresarse en el hospital. Un colgante de filigrana de oro que parecía un unicornio colgando de una cadena de oro.

La miró a los ojos y sonrió dejando ver sus perfectos dientes. Se sentó en la cama y le cogió la mano.

—Una vez comentaste que te gustaban las joyas antiguas. Lo compré en un anticuario

—Sí, son maravillosas. Tienen historia y los trabajos parecen únicos. No como las joyas de ahora que parecen echas en serie —Ella frunció los labios—. Si no...

—Ni se te ocurra... —La interrumpió serio. Hinata suspiró desviando la mirada al otro lado de la habitación para evitar llorar todo lo posible.

—Por favor...escucha lo que tengo que decir. No se lo puedo decir a mis padres —Tragó saliva y lo volvió a mirar, parecía torturado y le apretaba la mano como si no quisiera dejarla marchar— Eres mi amigo y necesito que me escuches —Susurró ella y él asintió— Quiero que si fallezco se me incinere... —Naruto desvió la mirada y asintió de nuevo— y que mis cenizas sean echadas en el jardín de la casa de la playa, me encanta ese jardín. Dile a Sakura y a Menma que para mí han sido como mis hermanos. Seguramente vendrán a verme esta tarde, pero Sakura seguro no querrá escucharme. Dile que los amaré siempre.

—Ni se te ocurra pensar que me voy a despedir por ti.

Sonrió cansada.—Está bien, les escribiré una carta más tarde.

El silencio llenó la habitación mientras se miraban. Ella intentaba que las líneas de su rostro se le quedaran gravadas para siempre mientras que él la miraba enfadado.

—No te enfades conmigo. Tu harías lo mismo —Le susurró ella—. No quiero operarme sabiendo que estás enfadado conmigo.

—Estupendo, entonces no te operes. —Dijo exasperado levantándose de la cama.

—¿Vamos a discutirlo otra vez? —Preguntó agotada—. Quiero vivir la vida plenamente, ¿tan difícil es entender?

La rabia emanaba de él, se notaba a la legua que deseaba destruir algo.—Soy tu amigo y todo esto me parece una locura.

—Para eso has venido de Londres ¿para impedirlo? —Preguntó asombrada—. No tienes derecho a decirme como debo vivir o morir, Naruto. Es mi vida.

—¡Sí! —Gritó él mirándola furioso—. Pero tu vida afecta a otras personas. ¿Como se sentirán tus padres? ¿Como se sentirán Sakura y Menma si mueres?

Hinata lo miró asombrada.—¿Como te sentirías tu? — Se acercó a ella amenazante. Colocó las dos manos a cada lado de su cabeza y se inclinó sobre ella, ella retuvo el aliento al tenerlo tan cerca cuando el aparato empezó a incordiar.

—Ni se te ocurra morirte, ¿me oíste?

Sonrió mirando sus ojos.—Procuraré hacerte caso. —Él también sonrió y bajó la vista hasta sus labios.

—Así que nunca te han besado, ¿eh? —Se sonrojó sin saber que decir. Sin querer su mirada se desvió a aquellos labios tan masculinos—. ¿Te gustaría probar?

Hinata no podía responder, tan absorta estaba en sus sensaciones que todo parecía irreal. Sentía algo en el pecho que la estaba derritiendo y cuando se acercó lentamente a ella y rozó sus labios, fue como estar en el paraíso. Suspiró y abrió ligeramente los labios mientras el pulsímetro se volvía loco. Cuando la lengua de Naruto rozó su labio inferior, ella gimió atontada. Estaba levantando los brazos para rodearle el cuello cuando se apartó con una sonrisa.

Sonrió tímida.—No ha estado mal.

Naruto levantó una ceja divertido.—Me alegro. —Justo en ese momento sus padres entraron con Sakura y Menma.

—¡Naruto, estás en Niigata! —Exclamó su prima acercándose para darle un abrazo— ¡Que sorpresa! —Él respondió al efusivo abrazo cuando observó a Menma moverse al lado libre de la cama de Hinata—. Me alegra mucho verte, primo.

—Siento llegar sin decirles,... —.

—¿Qué, se te olvidó avisar acaso? ¿O el movil se te fue otra vez por el inodoro? —Habló Menma con voz burlona, causando risa en los demás. Una venita saltó en la frente de Naruto antes de darse la mano por encima de Hinata, que los miraba curiosa.

—¿Y qué hay de ti? ¿No tienes hoy esa reunión importante con la Compañía Hachiya?

Tenía.

Frunció el ceño en claro digusto.—Deberías irte mejor, ¿no? —Menma entrecerró la mirada, perdiendo todo rastro de humor en ella. Los presentes en cambio observaron con sorpresa la clara tensión entre los gemelos. Cualquiera diría que Naruto no lo quería allí—. Cancelarlo solo te va a trae... —

—Eso puede esperar —Le interrumpió con dureza— Y no lo cancelé, solo lo pospuse para otro día. Lo principal ahora es ella. —Respondió con la mirada puesta en Hinata, quién se sonrojó sin poderlo evitar, estando ella en el medio de los dos.

—Oh, yo n-no... No quiero que tengas que atrasar esa reunión debido a mí, Menma.

—Eso no importa ahora, Hyūga, soy yo el que decide además. Deja de preocuparte. —Ella estaba por insistirle cuando se dio cuenta entonces de que él también quería estar presente, mostrándole su apoyo como los demás. ¡Que tonta era! Asintió sintiéndose feliz y completa ahora.

Ignororando la mirada de Naruto sobre ella, comenzaron a meterle conversación sobre muchas cosas hasta que fuera la hora de irse. Hinata sonreía viendo como conversaban y bromeaban. Sakura iba impecablemente vestida con un vestido de Carolina Herrera y un bolso de Chanel. Ella suspiró, nunca se había vestido así. ¿Para qué?

—Así que has venido a ver a nuestra pequeña guerrera —Dijo Sakura dándole un beso en la mejilla—.¿Estás nerviosa? —Era la única que la apoyaba, como buena amiga que era, tenía que defenderla contra viento y marea. Después de negar con la cabeza miró a Naruto que había vuelto a su mirada de cabreo.

—Así que tú la apoyas en esta locura, ¿no? —Preguntó enfadado. Sakura la miró interrogante y Hinata, cansada se encogió de hombros.

—Claro que sí, ¿verdad, Menma? —Giraron a verlo, ahora apoyado contra la pared.

—Sí. —Bufó en respuesta al tener todas las miradas sobre él, y desvió la mirada a un lado.

—¡Por Dios, están locos! —Dijo yendo hacia la puerta—. Que tengas suerte. —Hinata vio dolida como abría la puerta dispuesto a irse de esa manera tan fría.

—Naruto... —Él se paró en el vano de la puerta sin volverse— ¿Recuerdas el mensaje que tendrías que dar? —Él asintió—. A ti también. —La miró a los ojos por encima del hombro y sin decir nada salió de habitación.

—Que misteriosos están... —Dijo Sakura con picardía—. ¿Nos perdimos de algo? —Le sonrió a su amiga que tenía la habilidad de hacerla sentir muy bien.

A lo largo de la tarde la fueron visitando amigos y familiares de los que ella en cierta manera se fue despidiendo aunque ellos no se dieran cuenta, por si acaso. No es que dudara de las habilidades del doctor Katō, pero como decía su madre: Vale más prevenir que lamentar.

Al día siguiente a las 7 de la mañana la despertaron. Increíblemente no estaba nerviosa. Le quitaron el pulsímetro de la muñeca y ella deseó que fuera la última vez que lo viera, mientras la preparaban para la operación sus padres esperaban en el pasillo. Le quitaron la bata y la tumbaron en una camilla como Dios la trajo al mundo sólo con una sábana encima y un gorrito en la cabeza. Tenía algo de frío y eso que estaban en verano. Cuando la camilla salió al pasillo sonrió a sus padres que la esperaban impacientes.

—Estaremos aquí cuando despiertes, mi niña. —Dijo su madre temblándole el labio al tratar de no llorar de nuevo.

—Te queremos, hija. —Dijo su padre besándola en la mejilla. Inexplicablemente miró alrededor buscando a Naruto, aunque sabía que no estaría ahora, se sintió decepcionada. Respiró profundo y sonrió a sus padres.

—Los veré en después.

El cirujano que se acercaba en ese momento dijo:

—Eso será en unas 6 horas más o menos.

Hinata asintió. —Los amo. —Y les saludó con la mano a medida que la alejaban en la camilla. El camino hasta el quirófano fue muy rápido mientras hablaba con el médico. Sólo al entrar en aquella enorme sala cubierta con acero inoxidable le entró el pánico.

—Ahora el anestesista se ocupará de ti, no te preocupes —Dijo el cirujano mientras le colocaban los catéteres—. Muy bien , lo haces muy bien —Dijo al ver como respiraba intentando relajar el ritmo del corazón—. Dentro de unas horas estarás como nueva, Hinata. Vamos allá, pequeña.

.

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Después de 9 horas de operación, salió de quirófano. Su madre había tenido que ser sedada cuando la vio en la UCI rodeada de cables y monitores. Su operación había sido un éxito pero ella no lo sabía. En la bruma de su subconsciente ella sólo veía los buenos momentos que había pasado en su vida; las bromas con Sakura cuando estaban en el instituto, Menma cuando les llevó a su primer concierto. Feliz con sus padres en la casa de la playa. Su perro Naki, cuando era pequeña. En su 16 cumpleaños bailando una canción de Lara Del Rey, con Naruto... Cuando por fin abrió los ojos le pesaban muchísimo y sólo tenía ganas de cerrarlos. Gimió pues le dolía algo el pecho.

Muy bien, Hinata. Vamos, abre los ojos... —Dijo una voz imperiosa que la molestaba— Venga, hazme caso, Hinata. —Molesta los volvió a abrir para ver a su médico, a lo que sonrió cansada. Entonces fue cuando se dio cuenta, la habían operado. Miró a su alrededor para ver un montón de rostros desconocidos. Se sonrojó levemente.

¿Por qué todos me están mirando?

—Estos son mis estudiantes —Le aclaró el médico— Vamos a quitarte el respirador, ¿está bien? —Antes de darse cuenta, con movimientos expertos se lo quitaron— Eso es... —Dijo retirando el tubo que tenía en la garganta con eficiencia— ...muy bien. —Hinata movió la mandíbula que tenía dolorida.

—La paciente está respondiendo muy bien. La tensión es perfecta y no se ha detectado riesgo de coágulos. —Miró ahora a su cirujano que hablaba con aquella gente vestida de blanco. Estaba muy confusa.

—Disculpe... —Interrumpió—. ¿Puedo beber agua? —Todos le sonrieron.

—Claro —Contestó el médico—. ¿Cómo te encuentras?

Ella hizo una mueca.—¿Tengo una sonda ahí abajo? —Los estudiantes se echaron a reír.

—Sí —Dijo entre risas el cirujano—. No tienes que preocuparte.

Hinata sonrió con alivio.—Me duele el pecho. ¿Eso...?

—Es normal, descuida, ha sido una operación bastante invasiva. Te dolerá una temporada —El cirujano miró los monitores—. Estoy muy contento con el resultado. Y tu familia está deseando verte, en cuanto salgamos, entrarán. ¿Tienes alguna pregunta o te sientes demasiado confusa?

—Los párpados todavía me pesan...

—Tardarás unas horas en estar despejada. Aunque con la medicación no estarás totalmente alerta hasta dentro de unos días —Su médico miró a sus estudiantes indicándoles que salieran de la habitación. Volvió a mirar a Hinata con su historial en la mano—. No soy dado a dar demasiadas esperanzas a mis pacientes, pero a ti puedo decirte que lo has conseguido. —Sonrió viéndolo salir y dejando la puerta abierta. Sus padres, Sakura y Menma entraron rápidamente.

—Nuestra campeona... —Dijo su amiga acercándose con cuidado y dejando unas rosas amarillas en una mesilla cercana—. Sabía que lo conseguirías, Hina.

—Hija... Nunca he pasado tanto miedo en mi vida... —Dijo su madre orgullosa— ...pero lo hiciste.

Sintió entonces una mano posarse en su cabeza, levantó la vista para ver a Menma. ¿Hacía cuantos años que no le hacía ese gesto?

—Bien hecho, Hyūga.

Le sonrió contenta, viendo el alivio reflejado en sus ojos, los mísmos que Naruto. Sus padres la besaron felices, pero Hinata miró hacia la puerta deseando verlo también. Se mordió el labio inferior pero no dijo nada.

—Naruto volvió a Londres —Dijo Sakura con expresión dolida— Siente no estar aquí para darte la bienvenida al mundo de los vivos —Desvió la mirada hacia las rosas antes de continuar—. Ya sabes negocios, tenía que volver...

—No pasa nada —Mintió dolida— Es lógico que tuviera que volver. Ya nos veremos luego —De repente sonrió radiante—. Ahora tengo mucho tiempo por delante.

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La recuperación fue dolorosa y las innumerables pruebas a veces llegaban a desesperarla, pero un mes después ya estaba fuera del hospital. Podía llevar una vida normal dentro de lo razonable.

Estando solos el médico y ella en la habitación, le hizo al médico la pregunta que más temía:

—¿Podré tener hijos ahora?

El doctor Katō sonrió abiertamente.—¡Claro que sí! Puedes tener hasta 10 hijos si quieres. Sólo tendrás que esperar un año y podrás comenzar a repoblar Japón.

Hinata se echó a reír a carcajadas, lo hacía mucho últimamente, ya no tenía que controlarse. Podía gritar, reír, llorar sin preocuparse por nada. Su corazón estaba más fuerte cada día. Tenía que hacer una rehabilitación, pero en unos meses habría terminado todo.

—Solo recuerda los cateterismos, 2 veces al año durante 3 años y luego una vez al año. —Le recordó el médico antes de darle el alta y desearle suerte.

Estando en el auto con sus padres de vuelta a casa, cerró los ojos sonriendo por fin de poder tomar oxigeno con tranquilidad fuera del odioso hospital. Apretó el botón que bajaba la ventana dejando que la brisa la golpeara. Su meta estaba cumplida al fin.

—Ahora voy por ti, Naruto.


Espero y hayan disfrutado de la lectura.

Saludos!

17.10.17