-¿Qué horas son Peter?-preguntó James con un bostezo, pero no obtuvo respuesta.

-Creo que se durmió- respondí. Y en efecto, nuestro amigo estaba roncando en la alfombra.- Déjalo, son las cuatro de la mañana.

-¿Seguimos mañana por la noche?- sugirió Sirius.

-Ok- respondimos los dos al unísono.

-Levicorpus- susurré apuntando a Peter y depositándolo en la cama.

Desde que habíamos vuelto de cenar estábamos encerrados en nuestro cuarto tratando de crear "el mapa del merodeador", cómo lo había bautizado James. Gracias al libro de Dumbledore ya teníamos una pequeña idea de las dimensiones del castillo y sus secretos. Lo conocíamos cómo la palma de la mano, pero esa no era la idea del mapa. No queríamos simplemente una ruta de un aula a otra, con los pasadizos ya teníamos suficiente. Lo que queríamos era saber la ubicación exacta de todos en Hogwarts, cosa de que pudiéramos hacer nuestras bromas sin ser sorprendidos de improviso.

-Buenas noches- murmuramos los tres y caímos profundamente dormidos.

Me desperté y estiré perezosamente. El otoñal sol de octubre inundaba el cuarto iluminando todo nuestro desorden. Mis amigos dormían tranquilamente así que decidí dejarlos dormir. Miré el reloj ¡Eran las dos de la tarde! ¡Las clases con Lily!

-¡CHICOS, ARRIBA!- grité, pero ninguno se movió.

-Calla, Remus- murmuró Sirius, por costumbre, a que seguía completamente dormido.

-Calla Evans- pidió James inconscientemente.

-Calla y déjame comer- rogó Peter.

-¡Nos perderemos el almuerzo y el partido de Ravenclaw contra Slytherin!- advertí y los tres saltaron de la cama.

Nos vestimos rápidamente con un hechizo y corrimos a velocidad luz hasta el comedor. Muchos estudiantes rieron, no era muy extraño que los merodeadores se quedaran dormidos los sábados.

-Vayan a sentarse, enseguida los alcanzo- dije y sin esperar respuesta me dirigí hasta donde estaban Lily con sus amigas.

-Hola pelirroja- saludé alegremente. No se inmutó.- Lily, perdón, nos quedamos dormidos porque nos acostamos tarde…. ¿Me perdonas?

Varias de sus amigas rieron tontamente y una que otra suspiró, haciéndome ruborizar ¡Por favor! ¡Le estaba pidiendo perdón, no invitándola a salir!

-Ok, Remus,- accedió Lily mirando a sus amigas y poniendo los ojos en blanco.- Pero mañana practicaremos el protego y el próximo sábado herbología.

-Está bien, gracias, Lilys.

-¿Lils?- preguntó divertida y sus amigas volvieron a reír, pero ella las silenció con una mirada asesina.

-Sí ¿No te gusta? Cuando era un niño tenía una amiga llamada Lily y le decíamos Lils- me apresuré a mentir.

-Oh, Lils es bonito- rió la chica obviamente sin tragarse mi engaño.

-Bueno, debo irme- me apresuré a cambiar de tema.- Te veo luego.

-Adiós, Rem- respondió y ambos reímos.

Volví al otro extremo de la mesa, donde mis amigos casi acababan con todo, por lo que me apresuré a servirme estofado de venado y ensalada de patatas, o al menos lo que Peter había dejado de ella.

-¿Tremush?- preguntó Sirius con la boca llena, rociando de restos de venado a James.- Ferfón, Shamersh- dijo y haciendo un esfuerzo sobrehumano tragó y se dirigió a mi otra vez.- ¿No te gustará Evans o sí?

-¿Qué? ¡No!- me apresuré a negar.- ¡Sólo somos amigos! ¡No nos habíamos hablado hasta ayer!

-De cualquier modo, hablaste con un enemigo- siguió el otro.- Debes tener un castigo.

-¡No!- me quejé.- Lily es buena, ser amiga de Snape no la convierte en el enemigo. Además la última vez que tuve "un castigo" tuve que pasar un fin de semana con tutú de ballet ¡De ninguna manera se volverá a repetir!

-No fue tan malo- rió James recordando.- Sirius iba de hada.

-¡Hey! ¡No me lo recuerdes!- dijo este sacudiendo la cabeza. Pero luego sonrió y agregó- Admítanlo, era el hada más sexy que hayan visto. Además conseguí mi primera novia.

-Mi querido Sirius, fue hace un año. Tenías doce y la chica quince y le cortaste a los tres días- comenté rodando los ojos.

-Mi primera hazaña- replicó este con tono solemne.

-Te felicito- respondimos los tres merodeadores. Pero James lo dijo en serio, Peter por sentirse incluido y yo con ironía.

En ese momento aparecieron los postres y nuestra atención se desvió hacia ellos. En el centro de los cuatro apareció un gigantesco pastel de chocolate. James, Sirius y yo nos miramos y nos pusimos a atacar el manjar con cuchillos para servir. Los tres amábamos el chocolate, aunque ninguno tanto cómo yo, y siempre que habían de esos postres lo atacábamos sin piedad mientras las chicas reían de forma estúpida. Generalmente me molestaban, pero con chocolate de por medio era otra cosa. Peter entre tanto estaba muy ocupado devorando él solito un gran pudín de vainilla, ingrediente que nosotros tres odiábamos. Cuando sólo quedaba un quinto del pastel (que por el tamaño se suponía que era para unas treinta personas) se escucharon unos gritos detrás de nosotros.

-¡Por Merlín!- chilló escandalizada la profesora McGonagall.- ¡Otra vez no, jovencitos!

Nos miramos y sin pide evitarlo estallamos en carcajadas, los tres teníamos la cara y el pelo cubierta de postre.

-¿Les parece divertido?- preguntó la profesora. Callamos al instante y negamos rápidamente con la cabeza.- Bien, limpiarán la mesa de Gryffindor durante el partido.

-¡No!- gritamos los tres y nos tiramos de rodillas. El comedor rompió a reír, salvo obviamente la mesa de Slytherin. Por un momento imaginé el espectáculo que estaban viendo. Tres chicos de trece años cubiertos de pedazos de tarta de chocolate suplicarle a la profesora más estricta de Hogwarts que nos dejara ver el partido.- ¡Cualquier cosa!

-Está bien- cedió Minnie de mala gana ante nuestras caras suplicantes.- Sé lo que les gusta el quidditch a los tres, en castigo limpiarán los orinales de la enfermería y los camarines DESPUÉS del partido y SIN magia.

-Está bien- murmuramos espantados, todo por el partido. Además, si ganaba Ravenclaw teníamos más posibilidades de ganar la copa y por otro lado Sirius y yo éramos los comentaristas.

-Qué…- empezó James mientras nos limpiábamos en un baño.

-Asco- terminamos Sirius y yo amargados.

-Al menos podrán ver el partido- trató de animarnos Peter.

-Y sin magia- nos lamentamos los tres ignorando su vano intento.

Cinco minutos después corrimos al campo de quidditch totalmente limpios. O al menos hasta que Peter tropezó y al estar agarrado de la mochila de James, este de Sirius y Sirius de mí, caímos a un pozo de barro.

-¡Tergeo!- murmuré molesto y el barro desapareció de nuestras ropas.- ¿Y la cara?

-Tengo una idea- dijo Sirius y los demás dimos un paso atrás. Los planes de Sirius no eran lo que se dice "seguros".

-Tranquilos- apuntó su rostro con la varita y con un hechizo volvió su piel azul y con otro más agregó líneas bronce.

-Guau- dijimos los tres y nos apresuramos a imitarlo.

-¿Por qué siempre se sorprenden cuando tengo una idea decente?

-Costumbre- respondí encogiéndome de hombros.

Cuando llegamos al partido nos dividimos. James y Peter fueron a las gradas de Gryffindor (quienes al igual que Huffelpuff animaban a Ravenclaw) y Sirius y yo subimos dignamente al lugar del comentarista, donde nos esperaba la profesora McGonagall, quién al vernos puso los ojos en blanco. Aunque trataba de reprimir una sonrisa.

La nueva joven profesora Hooch soltó la snitch, las bludgers y lanzó la quaffle al aire, dando inicio al partido.

-¡Y Chang, excelente cazadora de Ravenclaw atrapa la bludger, una hermosa chica, la verdad!- comenzó Sirius.

-¡Ahora se la pasa a Lovegood!- digo.

-¡Y la tiene Chang!

-¡Ahora Lovegood, vaya equipo forman esos dos!

-¡Chan!

-¡Lovegood!

-¡Chan!

-¡GOOOOOL!- gritamos entusiasmados los dos y la profesora sonríe. Divertida con nosotros y contenta de estarle ganando a Slughorn (había rumores de que le apostó diez galleons al profesor).

-¡Gran golpe de Helena Kent, golpeadora de Ravenclaw!- anuncié.- ¡A derribado al cazador de Slytherin….

-¡Por lo que la quaffle pasa rápidamente a Elizabeth Swan, la otra cazadora del mejor equipo aquí presente!

-¡Chicos!- advierte la profesora.- ¡Sean impar…! ¡Bruto!- grita cuando un golpeador de Slytherin le pega con el bate a Elizabeth, una chica menuda de tercero.

-¡Penalti para Ravenclaw!- anuncia Hooch.

-¡Eso!- gritamos entusiasmados.- ¡Penalti por imbécil!

El partido lo ganó Ravenclaw por un total de trescientos veinte puntos contra setenta de Slytherin y tres de las casas comenzamos a celebrar la victoria contra las serpientes.

-¡Genial chicos!- alaba James cuando nos separamos de la marea azul y bronce.

-¡Fue estupendo!- concuerda Peter.

-Bueno, Remus por fin ya no es tan bueno- dice Sirius riendo y sacudiéndome el pelo.

-Supongo que es un cumplido- ironizo poniendo los ojos en blanco con una sonrisa y zafándome de él.

-Bueno, me alegro que se hayan divertido- comenta McGonagall y tragamos saliva, salvo, Peter, quién huyó despavorido.- Lupin, Black, estuvieron bastante bien, pero debo rogarles que sean más imparciales en los partidos que vengan… Salvo cuando sea Gryffindor, obviamente. Ahora, a cumplir con el castigo… Y aprovecharán de sacarse esas máscaras de barro, parecen adolescentes muggle.

-Sí, profesora- suspiramos y vamos hacia la enfermería, donde algo muy interesante nos aguarda…