Líquido Carmesí Naciente Del Deseo Y El Anhelo I: (Cap 2. Deseo Insasiable Y Lujuria Desbordante)
Lambo estaba seguro que hasta hace unos instantes su cerebro coordinaba las ideas a la perfección, que su mente tenía en claro —a diferencia de los moderadores de aquel club— que su cuerpo no debía formar parte del paquete en ese lugar. Sin embargo parecía que su mente había ido a dar un largo paseo dejando su joven e inmaduro instinto comenzar a despertar a su antojo, haciéndole ver embobado al recién llegado, sintiendo algo más que solo fuego correr sus venas. Dios sus sentidos estaban completamente fuera de control, centrándose, aun cuando su mente lo prevenía, en admirar el hombre o vampiro que estaba justo frente a él. Su piel le picaba al igual que sus manos, anhelando sentir la piel ajena y probar si de verdad era tan perfecta como se veía, mientras sus ojos se perdían en la mirada dorada y amenazante del vampiro, dejándolo más que atemorizado con un fuego que lo hacía arder. Podía sentir que una vergonzosa y dura erección comenzaba a mostrarse dentro de sus pantalones, cubierta —gracias a Dios— por la mesa que resguardaba sus piernas y su obvio y descarado deseo.
— Tú nombre. — Una fuerte voz de barítono respondió, enviando escalofríos a través de la piel de Lambo que nada tenían que ver con nervios si no con la sensual voz del hombre. Maldiciendo su escaso control, se dijo que él sabía muy bien como formar una oración, así que mejor era que apresurara a sus benditas cuerdas vocales para que cooperasen con él y no lo hicieran tener un lío. — He dicho que quiero que me des tú nombre donante, así como has tenido el valor para sostener la mirada de tú Dom, espero que puedas contestar esa simple pregunta. —Hablando con fría y burlona ironía, Lambo supo que ese macho podría intimidar al más valiente. No era de extrañar que todos parecieran guardarle tanto respeto, y precaución al estar a su alrededor.
— La-lambo — Murmuró el oji-verde volviendo a agachar su rostro al recordar las advertencias que Audric le había dado sobre cuál debía ser su comportamiento frente al vampiro. Pero diablos, el idiota nunca se había tomado la molestia de explicarle que su Amo era un hombre demasiado atractivo como para ser condenarlo en cincuenta estados.
— Lambo ¿eh? ¿Sabías que está prohibido que un donante vea su Dom directamente, sin importar la circunstancia? Acabas de ofenderme con tú atrevimiento así que como comprenderás serás castigado. Ahora bien, si te portas servil mientras me alimento, quizás deje que tú castigo no sea visto por los demás Maestros, pero si hace algo que sea equivocado…bueno la privacidad podría ser algo que con todo mi derecho podría negarte.
Lambo levantó su mirada al instante viendo ahora con intensa ira al mayor, ese cretino prácticamente lo estaba amenazando con hacerle pasar la pena más grande de su vida frente a otros, después de reprenderlo como si tuviese algún derecho. Sin embargo, y muy a su pesar, sabía por lo que le había dicho Audric que era mejor no provocar o tentar al vampiro a que cumpliese su amenaza. Cosa que podía apostar no dudaría en hacer.
Con la mandíbula apretada tercamente, el joven agachó nuevamente la vista, maldiciendo su escaso autocontrol que parecía volar en las nubes mientras él se encontraba allí siendo mangoneado y seducido por un completo extraño, un extraño que lo había dejado con una bendita erección que lucía descarada contra los sencillos pantalones de lino blanco. Al menos aquel detalle seguía bajo resguardo, pero no sabía por cuanto podría mantener aquello. — Lo siento. No volverá a ocurrir. — Sin volver a levantar su rostro, esperó pacientemente mientras el desgarrador silencio seguía prologándose hasta que lambo pensó que enloquecería. No era conocido por tener una sana calma cuando un ambiente tan tenso se presentaba y no es como si estuviese en una agradable fiesta de té. Oh no, Diablos no. Estaba en una habitación repleta de vampiros y sus "mascotas" siendo él una de estas quien ahora parecía llamar la atención de más de uno.
Aparte de sentir la fija mirada del vampiro que debía alimentar, sobre su cuerpo, sabía que más de uno lo observaba.
Correcto esto era una completa locura, no podía seguir siendo el centro de las miradas de todos y se negaba a ser un maldito espectáculo de circo, por lo cual apretando sus delicadas manos en puños, trató de concentrase en regular su respiración. Cosa que no le resultaba nada sencillo estando en aquella fase de su liada vida.
Finalmente después de algunos instantes el silencio se cortó y los vampiros comenzaron a dispersarse regresando con sus donantes, centrando su atención en su alimentación o lo que fuese que estaban haciendo. Dándose un respiro ante aquello, Lambo se preguntó si su suerte podría mejorar y darle la oportunidad de que el hombre que seguía parado frente a él como una estatua se marchara a cualquier otra parte o decidiera que era muy joven como para alimentarse de su sangre por lo que le deberían ir a buscar un nuevo donante.
Después de otro tanto de tiempo, el destino le escupió su respuesta directo a la cara.
— Para ser tan joven eres demasiado testarudo y molesto, muchacho. —Pronunció con voz sedosa, sin variar su imponente posición frente al más joven. Sabía que este chico era una pequeña bomba de tiempo, pero la idea de sacarlo de sus casillas era muy tentadora. Al fin y al cabo quien terminaría ganando sería él, su lado dominante, su pura y salvaje fuerza, se lo gritaban cada vez que un cuerpo era presentado ante él, sin importar si aquellos otros donadores no pasaran de ser una parte de su aburrida y cotidiana forma de vivir los siglos. Alimentándose, follando y metido en sus preciosos negocios. La misma e insípida mecánica que había mantenido por siglos y siglos. Pero aquí estaba nuevamente, frente a una presa que pintaba mucho más tentadora que cualquiera de los "Sums" que los demás maestros tenían ahora. Sabía, no, estaba seguro que la mayoría estaba igual de fascinado con la belleza virginal y palpable que el chico frente a él poseía. Era algo especial y Reborn estaba más que satisfecho por salir vencedor una vez más. Se había llevado el premio grande como normalmente ocurría, y lo que era mejor era que ya podía saborear lo que haría una vez que rompiese el escaso dominio que el oji-verde ponía con tanto empeño en sus reacciones y contestaciones. No tardaría mucho en dejar que su lujuria se lanzara a por lo que quería desgarrar y matar con pura pasión. — Supongo que sabes lo que tú deber te manda hacer ¿cierto? Deberás dejar que mi boca se bañe en tú caliente sangre niño, y deberás hacer que sea lo suficientemente buena para satisfacerme, si no quieres tener problemas. —Andando con tranquilidad hacía donde el menor yacía sentado, miró con una chispa maliciosa en sus ojos, el collar de bronce que estaba recostado en la plana superficie de la mesa.
Pasando frente a este, acarició el metálico objeto, antes de sentarse al lado del más joven, observándolo con una mirada cruel e hilarante, la cual estaba repleta de tanta oscuridad, misterios y sensual promesa, que podía estar seguro que atraer al pequeño niño a sus garras no sería ningún problema. Podía ver fácilmente como el poco resguardo en sus emociones y palabras que mostraba el chico comenzaba a desgarrarse. Sí faltaba poco, solo debía seguir tentando su ira y su deseo, la ira y la lujuria quemaban y le gustaba hacerlo así cuando tenía una oportunidad tan buena como esta. Pero Lambo… ah él era la inocente y tentadora oportunidad de una en un millón. Y era suya, tan suya.
Conteniendo la mordaz contestación que tenía en la punta de la lengua, Lambo supo que aquel bastardo lo estaba haciendo con toda intención de que perdiese su calma y le respondiera. Estaba dispuesto a dar lo que fuese para reafirmar que su plan era hacer que su control se fuera al demonio. Apretando sus labios negándose a contestar aquello, decidió simplemente asentir ante las palabras contrarias.
— Entonces antes de que pueda beber de ti, me gustaría saber ¿cómo fue que un pequeño niño tonto vino a parar aquí? ¿Acaso Derek se dejó ir y te dijo cosas encantadoras para atraerte a la guarida del Lobo? ¿O fui Audric acaso el que uso sus "dulces palabras" para convencer a tus inocente oídos? Después de todo la sensual promesa de mis ciervos puede encandilar los oídos y sentidos de cualquiera, más si es un pequeño virgen… — Inclinándose para decir aquello contra el oído del muchacho, supo que había ganado en el momento en que este levantó el rostro de un tirón y sin importarle su nueva falta de respeto, balanceó su mano derecha dispuesto a golpearlo.
Perfecto.
— ¿Cómo es posible que se haya desvanecido de la nada? Es que no tiene sentido. — Pasándose las manos por el alborotado cabello castaño, Tsuna se preguntó nuevamente en que había estado pensando Lambo al decidir a ir a uno de los bares más peligrosos. Se rumoreaba que los vampiros iban cada noche a ese lugar, introduciéndose para buscar nuevo alimento y llevándolos con ellos. Tsuna no conocía mucho a esa especie, pero se había topado con algunos de la raza cierva para saber que si ellos eran peligrosos, sus creadores eran en verdad gente de cuidado. — ¿¡En que estaban pensando cuando decidieron ir a meterse al "FantasyNight."?! Ese bar no es un lugar para niños y ustedes…¿cómo rayos se perdió Lambo? — Preguntó por enésima vez esa noche, el Décimo Vongola, andando de un lado a otra viendo como sus guardianes lo miraban con igual preocupación. Excepto Hibari, claro, ese salvaje estaba más preocupado de ver que I-Pin estuviese bien, fuera de aquello, el que la situación fuese bien o mal le importaba un pepino.
— Tsuna-san ya le dije que no sé, yo lo estaba siguiendo entre la pista de baile, pero a medio camino una pareja de bailarines chocaron conmigo y me tiraron. Cuando levante la vista era como si él se hubiese esfumado en el aire, y aun cuando pregunte y pregunte si alguien lo había visto, ninguna de las personas supo dame razón de su paradero.
— ¿I-Pin, comprendes el problema en que puede estar metido el chico? Por una razón esa zona se les prohibió, y eso se debe a que ese lugar y ese bar mismo son territorio de vampiros. — Dijo con la voz dura.
— ¿Qu- qué? ¿Ese bar pertenece a vam-vampiros? —Preguntó horrorizada, agrandando sus ojos.
— Sí. Ese bar es un trasfondo según averiguaron mis hombre, que oculta un club exclusivo para bebedores y donantes. Ahí es donde los vampiros usualmente van a beber, aunque claro, según tengo entendido el dueño mayoritario de ese y otra cadena de "restaurantes" para Maestros vampiros, es un Lord antiguo. Nadie conoce su identidad, pero dicen que es más peligroso y letal que cualquiera.
— Y si Lambo… — Sin poder terminar la frase, I-Pin se cubrió los labios, mientras sentía como Hibari intentaba tranquilizarla acariciando su brazo.
— Sí I-Pin. Si Lambo fue atrapado por uno de los ciervos o sus Lores, no sé qué le pueda ocurrir. No sé qué es lo que los vampiros hagan con sus donantes y sus presas. No sé…absolutamente nada más de lo que me he informado —y eso a medias— por mis hombres.
— Pe-pe-pero Lambo no sabe de la existencia de los vampiros. ¡Nunca lo ha sabido! Preferimos no decirle nada, porque sabemos lo atrabancado que puede ser. —Dijo la joven china, intentando aclarar sus ideas.
— Tal parece que eso no evita que Lambo se meta en problemas a diestra y siniestra. — Resoplando con cierto cansancio, el peli-castaño se pasó una mano por el agotado rostro, antes de darse la vuelta y centrar su atención en Yamamoto y Gokudera. — Chicos necesito que investiguen todo lo que puedan sobre ese bar y el dueño, no importa cuánto les tome y si tendremos que estar aquí toda la noche. Haremos lo que sea necesario para saber que pudo haberle pasado a Lambo. —Hablando con su vos de mando y repleta de decisión, Tsuna se dio la vuelta y comenzó a buscar con los demás, información que pudiese ayudarles a saber el paradero del más pequeño de sus guardianes.
Antes siquiera de que la mano de Lambo pudiese entrar en contacto con el rostro de Reborn, este detuvo su muñeca, agarrándola con férrea fuerza para impedir que pudiese moverla. Al instante en que esto ocurrió, su mano izquierda salió por voluntad propia decidida a repartir el golpe que no había podido dar su otra palma. No obstante los resultados fueron igual de desastrosos y poco efectivos. — Suélteme. — Dijo completamente indignado, importándole un cuerno si lo estaba ofendiendo al verlo directamente a los ojos. Que le dieran, ese canalla tenía la misma porción de bastardo que de atractivo.
Negando con la cabeza como si estuviese completamente decepcionado, Reborn ignoró el ominoso silencio que volvió a presentarse una vez que todos captaron la osadía y rebeldía que presentaba su donante. Rebeldía que a él le causó una gran sensación de victoria. Habían pasado siglos desde que uno de sus "Sums" había peleado y retado su poderío, no dejándose doblegar por el miedo o el deseo que él despertaba en cada uno. No este niño era diferente y tenía intención de estudiarlo toda la noche. Quizás un poco más. — Creo haberte dicho que cualquier falta de respeto sería castigada y haría que todos viesen la corrección que te daría. — Con un suave y firme movimiento arrinconó contra el asiento el pequeño cuerpo que se removía bajó su peso intentando escapar.
— ¡Déjame ir! — Y ahí se había ido la calma y el control. Ahora solo quería que lo dejase ir.
— No. No has sido un niño bueno y mereces ser castigado como cualquier donante que falta el respeto a su Dom. Debes entender lo que ocurre cuando ofendes a un Maestro.
— ¡Que te den! — Chillando indignado, con las mejillas coloreadas de un intenso rojo y los ojos brillándole con furia y un deje de molesta excitación, el pequeño niño lucho con uñas y dientes, importándole muy poco que toda la atención de aquellas sanguijuelas estuviese puesta frente a ellos.
Arqueando una ceja de modo socarrón, el vampiro levantó las manos del chico para colocarlas sobre su cabeza, inmovilizando sus continuas patadas, apresando las piernas ajenas con sus propios y fuertes muslos, recargando sin pudor alguno su cadera, contra la del menor. — Pero que tenemos aquí…al parecer el enojo no es lo único que te motiva, ¿verdad niño?
El vampiro usó un tono monótono que Lambo estaba seguro usualmente calmaba a su presa, pero Lambo no se sentía tranquilo. Se sentía humillado y cachondo. La cercanía con el apuesto vampiro de pelo negro y ojos dorados, tenía a Randy con sus hormonas alborotadas. El miedo se veía aplacado por el deseo y la simple furia. Sabía bien que su cuerpo estaba caliente y tenía muy en claro que aquel animal se había puesto sobre él uniendo sus caderas para avergonzarlo aún más. — ¡Cabrón! — Ignorando los jadeos sorprendidos de todos los presentes ante el marcado insulto que gritó, Lambo se maldijo el estar siendo el centro de la diversión del momento. Sobre todo el maldito entretenimiento de aquel sucio bastardo.
—Esas son palabras fuertes de alguien que está debajo de mí con una pequeña y caliente erección presionando sobre mi cadera. — Susurró de forma traviesa contra el oído del oji-verde, lamiendo su mejilla en el proceso y sintiendo nuevamente a sus colmillos salir en busca de alimento. Diablos tenía un sabor simplemente adictivo y Reborn quería probar que más "cosas" ocultas tenía el niño.
Aguantando un gemido, Lambo intentó mover su rostro evadiendo la húmeda lengua del mayor, sintiendo con aprensión como su captor presionaba con total intención su propia cadera haciéndole sentir a través de las prendas de ambos, la dura verga que poseía el hombre. — ¡Suéltame no puedes hacer esto! — Chillo con aprensión, intentando revolverse contra el peso muerto que prácticamente se había recostado sobre él.
— No me apetece crío…creo que será interesante enseñarte a mantener la boca cerrada y no retar así a tus mayores. — Con una sonrisa ladina y toda colmillos, Reborn metió su mano entre el cuerpo de ambos, llegando al suave y ligero pantalón de lino que llevaba el niño, metiendo su mano dentro de la fina cinturilla de este para poder adentrarla dentro de los calzoncillos del chico. — ¿Qué acaso Audric olvidó mencionarte que los donantes tiene prohibido llevar ropa interior? Sus amos no están a gusto con tener que trabajar doble a la hora de desvestirlos, por lo cual, estos —con un movimiento veloz de la mano, desgarró la prenda interior, robándole un jadeo a Lambo— quedan fuera.
— ¡Bastardo! ¿¡Cómo te…?! — Sin poder terminar de hablar, soltó un involuntario gemido al sentir la mano del mayor llegar a donde su erección palpitaba de forma furiosa, casi rivalizando con el ensordecedor pulsar de su corazón.
— Bastardo ¿eh? Vaya vamos con dos crío, creo que el castigo acaba de aumentar. — Mirando con fría y a la vez lujuriosa burla al muchacho, se acercó al cuello de esté para lamerlo, estirando uno de sus muslo de forma rápida para patear la mesa y quitar lo único que mantenía medio cubierto la descarada escena entre ambos. A él no le importaba tener espectadores.
— No puedes… ¡suéltame! — Sollozando presa del miedo, el deseo y la humillación, Lambo se juró que cuando esto acabase buscaría la forma de herir a la sucia bestia sobre él. No importaba como pero encontraría como arrancarle algo. Si lograba castrarlo mejor.
— Claro que puedo niño tonto, ahora creo que sería bueno ponerme manos a la obra con esto, después veremos qué podemos hacer para cobrar la ofensa dada tan amablemente de tú parte. —Riendo de forma ronca, apretó entre sus frías manos, el duro miembro del chico, sintiendo entre sus dedos las pequeñas venas que se marcaban en la sensible piel, mientras acariciaba el prepucio y la punta. Sabía por la forma en que el niño se estremecía que no faltaba mucho para que se corriera, y aunque la idea de saborear con su boca la joven semilla lo tenía vivo en puro deseo, supo que ya podría hacerlo más adelante. Ahora debía concentrarse en la corrida que sentía venir como podía aspirar en el cerrado aire que rodeaba a todos los presentes. Sabía por experiencia que todos los maestros se mantenían lejos aunque desearan probar al niño, ya que la regla era clara en cuanto a la pertenencia de cada uno de los donantes. Y cuando se trataba de uno tan bueno y era de él, nadie se atrevería ni siquiera a acercarse un poco, aunque sus miembros y sus colmillos estuviesen en desacuerdo. A veces el deseo de vivir era mejor que el deseo de una deliciosa liberación.
O tal vez no.
Sabía que no podría detenerse, Lambo necesitaba liberarse y ese maldito no planeaba dejarlo hasta que se viniera y quedase completamente doblegado frente a todos los ahí presentes. Tenía que controlarse, debía mantener el deseo fuera de su alcance.
— Vamos…ambos sabemos que lo quieres, si me lo pides de forma amable y sumisa como es debido quizás acceda a atender tú deseo. Pero solo hasta que me supliques y me lo digas de buena manera, si no lo haces seguiré tentándote hasta que el dolor por no poder irte te deje postrado. No quieres eso ¿cierto? — Preguntando con un tono oscuro y caliente, el vampiro pasó su dedo medio por la punta mojada que coronaba la hinchada erección del chico.
— No…ya basta… — Con la voz temblorosa y a un paso de suplicar, Lambo supo que había perdido. Por mucho que lo intentase, necesitaba venirse o enloquecería y eso lo podía conformar al sentir las filosas puntas de los colmillos que poseía Reborn, rasguñando la tierna piel de su cuello, sacándole un pequeña gota de sangre que el mayor bebió de forma lenta, probando y deleitándose ante el exquisito sabor. Uno que se volvía aún más tentador al correr su sangre de forma tan abrazadora como lo hacía en aquel momento debido a su desmedida excitación.
— ¿No quieres que sea fácil?… Bueno, supongo que tendrá que hacerse de manera difícil. — Hablando con total naturalidad, subió la mano que tenía libre para abrir de un fuerte tirón la ligera camisa que llevaba el joven, dejando el lampiño y suave pecho al descubierto, aprovechando aquello para inclinarse y sin consideración alguna morder las pequeñas tetillas que se endurecieron al instante. Haciendo un poco de presión para aumentar la excitación el Lambo, frotó de forma suave toda la longitud del miembro que tan expertamente masturbaba en aquel momento, deteniéndose y ralentizando sus movimientos para poder a trabajar su boca nuevamente sobre el tibio pecho.
— No…no sigas… — Gimiendo de forma ahogada, hecho hacía atrás su cabeza con los ojos cerrados.
Reborn cambió de posición ligeramente, presionando su muslo en contra de la polla de Lambo, dándole algo contra lo que rozarse, mientras sus manos detenían la experta frotación, para subir y apresar los brazos del menos sobre su cabeza.
— Uh... — Lambo se quejó, dejándose llevar por el hombre, incapaz de detener la loca ola de deseo que sentía por un completo extraño.
— Dame lo que necesito. — Exigió Reborn — Ofréceme tu sangre.
Incapaz de detenerse, Lambo inclinó su cabeza hacia atrás, exponiendo su yugular a la vez que seguía desvergonzadamente rozándose contra el hombre. Perdiéndose ante los bajos deseos e instintos de su cuerpo.
Sin previo aviso los dientes perforaron su cuello.
