Me disculpo por la demora. Problemas técnicos.
Shiruko fruta del mal, muchas gracias por seguir siempre mis extrañas historias. I love u woman.
Shioris, ciertamente es triste como dices, las personas pueden ser detestables cuando se lo proponen. Espero no herir tu corazón del todo y gracias por leer.
ColdestSnow, gracias para el enfoque me basé tanto en el vídeo y la canción como relatos de personas que han vivido estos casos, intentaré actualizar con más rápido. Gracias por seguir el fanfic.
Take me to Church
Intuición, debió ser. La sutil sonrisa produjo sentimientos contradictorios en su interior. No creyó del todo sus palabras, e igualmente cayó en la dulce tentación, lentamente.
Command me to be well
— Oí que sostuvo el tubo de intravenosa por tres horas, para evitar ser alimentado. — murmullos invaden los pasillos, insensibles, insaciables. Cotilleos hirientes que perforan sus oídos, sin piedad. — El doctor a su cargo no se percató sino hasta tiempo después.
— Es demasiado. — replica una preocupada. — Es solo un niño.
— Este es el quinto intento de suicidio de la semana, ¿no?
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— Lo siento.
Eijun atina a removerse incómodo en la cama. Las disculpas del doctor a cargo son innecesarias. Toda la culpa recae en él, debido a los intentos de atentar contra su vida, el hombre como su encargado, ha tenido turnos de más, e incluso problemas con el resto del personal. Sostiene fuertemente las sábanas bajo sus palmas, descargando su ira con el acto.
— Si tan solo me permitieras…
— No tendré esta conversación de nuevo, Eijun. — corta el doctor, serio. Han sostenido el tema desde su ingreso al hospital. Ha perdido la cuenta del número de ocasiones donde el joven le ha rogado que le permitiera morir. — A estas alturas debes ser consciente de mi posición al respecto.
La conversación perece ahí, y ninguno de los dos menciona nada al respecto. El mayor, luego de minutos sosteniendo la mirada del paciente se retira de la habitación. Tiene papeleo pendiente debido a la transferencia de su joven paciente. Puede marcharse tranquilo, pues ahora Sawamura cuenta con dos amarres fuertes sosteniéndolo a los barrotes de la cama. Como doctor no se siente cómodo con la idea de recurrir a métodos tan poco ortodoxos —en especial cuando estos lastiman las muñecas de Eijun—, pero con el tiempo se ha quedado sin ideas. El cotilleo de las enfermeras está fundamentado en bases sólidas, es el quinto intento de suicidio de la semana, y apenas es miércoles.
Sawamura Eijun es una persona obstinada. Si tan solo pudiese enfocar esa terquedad en otro ámbito, algo que no implicase atentar contra su vida.
Es conocedor de los motivos ocultos tras ese comportamiento pero, se niega a aceptarlo. Un joven como él no debería si quiera contemplar la posibilidad de morir, no aún.
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Las despedidas son breves e increíblemente vacías. No replica pues no se siente merecedor del afecto de su familia. Se resigna a hundirse en su miseria, solo. Las maletas están hechas y las palabras son innecesarias.
Mentiría si dijera que no esperó —aunque sea solo un poco—, ver a sus viejos amigos ahí, despidiéndole, ofreciendo sus buenos deseos. Ella no está ahí, no volvería a estarlo.
Aborda el tren, siendo escoltado por el personal médico hasta su asiento. Debido a su estado psicológico, así lo había llamado el doctor a su cargo, y las tendencias de herirse, no le era permitido ir solo a ningún sitio.
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— Bienvenido. — dice cortés la mujer que se encarga de recibirlo en la recepción. Eijun desvía la mirada a sus pies, últimamente ha cogido la costumbre de evitar la mirada de otras personas, tal contacto lo hace sentirse juzgado. — Mi nombre es Rei, soy la asistente del director general del hospital psiquiátrico Seidou. — se presenta. — Tú debes ser Sawamura Eijun, te hemos estado esperando, por favor sígueme.
Eijun asiente. Los hombres que lo han estado acompañando las últimas horas hasta Tokyo se han llevado su equipaje, supone que a su habitación.
— Este es el comedor, está habilitado tanto para el personal como para los pacientes. — explica. — Aquí los pacientes no son encerrados ni nada parecido, nuestro director tiene una visión bastante innovadora y ha mostrado tener resultados satisfactorios.
Detiene su paso, permitiendo al menor ver las instalaciones tanto como lo desee. Mientras Eijun observa el comedor, sin ánimos, ella lo ojea objetivamente. No es extraño presenciar pacientes de esa edad pero, es la primera ocasión donde se encuentra con uno que emitiera esa aura de nostalgia. Los orbes del joven no muestran brillo, está pálido y delgado. Puede asegurar que de levantar la camiseta de Sawamura podrá contemplar sus costillas marcadas bajo la piel. Ha leído su historial y sabe que estas semanas solo ha comido por intravenosa, el joven está en un punto donde corre el riesgo de presentar bulimia.
Mantiene la compostura. Se ha prometido tomarse el caso con profesionalismo.
— ¿Rei-san?
— Ah. — exclama. — Tanba-kun. — saluda volviendo su mirada a su acompañante. No se ha movido un ápice de su sitio, la única diferencia es que ahora se mantiene jugando con sus dedos. — Le enseñaba las instalaciones a Eijun-kun, es el nuevo paciente.
— Oh. — profiere. La mayoría del personal es consciente de Sawamura debido a lo delicado y llamativo de su caso. — Pensé que Chris era el encargado de…
— Un contratiempo. — responde. — Nosotros continuaremos, si ves a Miyuki notifícale que ha llegado.
— Ya veo. — susurra. — Lo haré. — y mira a Sawamura. El castaño contiene el aliento, de nuevo lo observan de esa manera, con lástima. — Bienvenido Sawamura.
El recorrido por el hospital continúa. Le muestra todas las zonas accesibles para pacientes, desde la sala de descanso hasta el jardín. En ocasiones debe voltear y cerciorarse de que él se mantenga detrás, su presencia apenas y es percibida. Siente ganas terribles de tomar a Eijun entre sus brazos y decirle que todo irá bien, en especial cuando lo ve tan desolado. Mantiene las apariencias, sonriéndole discreta e intenta animarlo a hablar, tarea que le es imposible.
— Este es el último sitio. — notifica. Golpea dos veces la puerta donde han parado y después de oír un adelante suave, se permite ingresar siendo seguida de cerca por Sawamura. — Tu habitación, y él es tu compañero Kominato Haruichi-kun.
Sawamura inseguro levanta la vista, encontrándose con un joven de contextura delgada sentado en la cama, observando en dirección a la ventana abierta.
— Es un placer, Eijun-kun. — habla mientras se incorpora, dispuesto a recibirlo. — Espero que nos llevemos bien.
Asiente cohibido, ocultado sus manos detrás de su espalda. De pronto siente vergüenza de las cortadas en su muñeca, siente pena de sí mismo.
— Los dejaré para que puedan conocerse, si necesitan algo pueden notificármelo.
— Si, lo haremos. — contestó el pelirosa, deduciendo que probablemente el castaño no lo haría. — Los enfermeros dejaron tus pertenencias en el armario. — avisó.
Sawamura observó largamente a su acompañante y con un leve asentimiento continuó inspeccionando la habitación. ¿Cuánto tiempo estaría ahí?
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— La verdad me sorprendió mucho, he oído rumores, pero ver a una persona tan destruida. — murmuró. — Es inquietante.
— Sí. — secundó su acompañante. — Por suerte el caso lo ha tomado Miyuki.
— Tienes razón.
— Oh. — exclamó una voz tras los enfermeros. — ¿Hablando de mi increíble trabajo, senpais?
— ¡Mi-Miyuki! — gritó uno de ellos, alarmado. — ¡No aparezcas de la nada! ¡Casi muero de un infarto!
— Lo siento. — respondió cantarín. — ¿A qué se referían, por cierto? — cuestionó interesado.
— ¿No lo sabías? — inquirió. — Tu paciente ha llegado, Sawamura.
— Ho. — musitó sencillamente. Hundió ambas manos en sus bolsillos. — Creo que iré a echar un vistazo.
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— Lo siento… cuando me di cuenta él ya estaba… — susurró mortificado Haruichi, quien era sostenido por un enfermero de apariencia similar a la suya. — Perdón… es mi culpa.
— Haruichi. — murmuró. — Cálmate, no es tu culpa. No tenías forma de saber que pasaría.
En la siguiente esquina se encontraban Eijun y un hombre de complexión fornida sosteniéndole de los hombros, evitando que Sawamura intentase nuevamente lanzarse desde la ventana.
— Tranquilo, Sawamura-chan. — musitó conciliador Masuko, en un tono bajo. — Todo estará bien, solo respira.
