Johanna McCarty POV
No puedo ver ni sentir nada, lo único que puedo hacer es oír. Escucho los pasos de algunas personas y unos pitidos intermitentes ¿Esto es un hospital? ¿Cómo llegué aquí? Lo último que recuerdo haber visto fue a un chico patear el oso que me iba a atacar y a una hermosa chica correr hacia mi. Todo esto ahora me resulta demasiado fantasioso. Probablemente no fue nada más que un producto de mi imaginación provocado por el miedo y la adrenalina en aquel momento. Además, era estúpido. Un chico, por más grande y musculoso que fuera, no podría detener a un gigantesco grizzly y la chica era demasiado hermosa y perfecta para ser real.
Algunos pasos entran en la habitación donde estoy y abro un poco los ojos. Junto con la vista llega a mi un gran dolor en el pecho y no puedo reprimir un pequeño gemido de dolor. Ante el ruido la persona se acerca hacia mi y pone una mano sobre mi frente. Es una enfermera muy rubia y de figura esbelta, debe de tener unos treinta y cinco. Me sonríe tontamente y me pregunta con voz chillona;
-¿Cómo te encuentras, bomboncito?
-Mejor, creo- respondo dudosa mientras ella anota algo en mis fichas.- ¿Qué me ocurrió... excactamente? No puedo recordarlo con claridad...
-Bueno, chiquilla traviesa. Estabas en la reserva sola y un oso te golpeó. Debes darl gracias a los cielos que no estás hecha sushi bajo en grasas- vuelve a reír como estúpida. Yo frunzo el entrecejo, siempre he odiado a la gente hueca y el el instituto ya tenía de sobra. Puras chicas hablando sobre "Crepúsculo, crepúsculo, crepúsculo". Bah, puras tonterías.
-Oh, bueno, supongo que lo olvidé por el susto- comento.
-Claro- se da vuelta y se va, pero alcanzo a oír un último comentario.- ¿Qué diablos hacía una pequeñita de doce años en el bosque solita?
Antes de que me pare y golpeé a esa hueca mujer algo me distrae (en serio ¿¡Por qué todo el mundo piensa que tengo esa edad!? ¡Tengo casi quince!). Un extraño brillo aparece en la ventana reflejado por el anormal sol matutino. Sólo son unos instantes, pero algo brillante como un diamante apareció en el marco de la ventana. Maldición, primero veo a unos adolescentes patear el trasero de un oso y ahora imagino brillos. Seguramente lo próximo que veré serán los tontos Cullen llevándome a su casa ¡No! Tanto escuchar a la gente hablando de ellos y ahora hasta los imagino inconscientemente.
Al cabo de unas horas la enfermera rubia (que se presenta como "Betsy") regresa y me echa un líquido en el suero conectado a mi brazo. No estoy segura de lo que es, pero creo que es una especie de alimento. Genial, ahora soy una planta.
Cuando a ha pasado una hora y la enfermera sigue y sigue parloteando sobre un guapo doctor del que no entiendo ni el nombre, me harto. Finjo estar muy cansada y comienzo a bostezar y a pestañear lentamente.
-Oh ¿Mi capullito ya se quiere dormir?- canturrea con voz chillona.
-Si, Betsy- bostezo.- ¿Te importaría?
-Claro que no dulzura- me besa sonora y asquerosamente la frente y se marcha.
Apenas se va me incorporo muy lentamente. Mordiendo mis labios para evitar chillar de dolor me bajo de la cama y ruedo el suero para moverlo conmigo. Me acerco a la ventana y suelto un resoplido de frustración y confusión. Estoy en el hospital privado de la ciudad en el sexto piso y según mis cálculos en el área este ¿¡Qué demonios hago aquí!? Esta zona pertenece a una familia muy rica que vive a las afueras del pueblo y es imposible que hayan llevado a una simple chica sin un centavo aquí. Sí, he oído decir que son gente muy buena. Pero la verdad hay personas muchísimo mas graves que una adolescente tonta que enfrentó un oso. Mis piernas comienzan a temblar por el esfuerzo y regresó rápidamente a mi cómoda cama. Y justo a tiempo, ya que en ese momento entra una nueva enfermera, con el cabello castaño y largo y los ojos dorados.
-Hola, cariño, mi nombre es Carmen y te trataré a partir de hoy ya que la enfermera Betsy acaba de renunciar repentinamente- se presenta con un marcado acento.
-Hola, mi nombre es Johanna, pero dígame Jo- saludo. Esta enfermera es muchísimo más alegre. Y además es muy pálida y extremadamente hermosa, no puede pasar los veintidós.
-Está bien, Jo- me sonríe dejando ver su perfecta dentadura blanca.- Y, por favor, no me trates de usted, me haces sentir mayor.
-Ok.
-¿Cómo te sientes?
-Muy bien, gracias- murmuro.
-¿Tienes hambre?
-Oh, uhm sí, algo- respondo con sinceridad.
-Bueno, déjame traerte algo de comer- dice y antes de que pueda replicar se marcha.
Al cabo de menos de un minuto vuelve con una bandeja en sus manos. Contiene papas, carne y un poco de lechuga, además de un postre.
Comienzo por la carne, pero apenas la pruebo hago un sonido de desaprobación involuntario, pero no muy adecuado. Trato de disimularlo con una tos, pero no la engaño.
-¿No te gusta la comida?
-La verdad adoro la carne- contesto.- Pero muy cruda, con el juguito de la sangre.
Mi respuesta parece divertirla y sale corriendo de la habitación.
Cuando regresa la acompaña alguien.
-Jo, te presento al Dr. Carlisle Cullen.
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