Capítulo 1

Buscando a Wally

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—N-No deberías estar aquí.

—¿Y qué vas a hacer? ¿Echarme? —sonrió la chica.

Mordió su clavícula y fue besando lentamente toda la extensión de su cuello, dejando un húmedo rastro hasta el inicio de la camisa del hombre. Lo empujó contra la pared y empezó a desabrochar los botones de su uniforme. Clavó sus orbes chocolate en los del policía y le dedicó una sonrisa traviesa.

—Cana…Basta, estamos en la comisaría.

—¿Y eso supone un problema? —susurró contra sus labios para después morder el inferior con fuerza.

El hombre jadeó ante aquel contacto, provocando que la sonrisa de la joven se ensanchara. Cana no se demoró más y se abalanzó sobre él. Besó, lamió y succionó sus labios con ansias. Él no se hizo de rogar y la correspondió con la misma intensidad, con deseo contenido. Aquella morena le hacía delirar. Sabía que estaba mal, que no podía ser, que prácticamente tenía la edad de su padre, pero lejos de acobardarlo aquello lo excitaba todavía más.

Cana rompió el beso un instante para acabar de desabrochar la camisa y ponerse manos a la obra con el pantalón. Acarició el bulto superficialmente y volvió a besarle. Le faltaba el aliento, aquel hombre la volvía loca, y si no quería que en uno de sus arrebatos de responsabilidad la apartara finalizando con todo aquel encuentro debía ser rápida y eficaz, muy eficaz.

El hombre se estremeció ante el contacto y buscó los ojos de la chica, traviesos y juguetones.

—¿Te pone tenerme aquí? —apretó el paquete con fuerza—. ¿Te pone follarte a una jovencita, anciano?

—Ahh…Cana, no hagas…eso…

—Vamos Macao, no me hagas esperar más.

—Esto está mal—susurró el hombre con ambos ojos cerrados y disfrutando de las caricias de la mujer.

Cana ignoró el comentario, liberó su miembro y lo acarició de arriba a abajo. Le agarró por las solapas de la camisa e invirtió posiciones. Bajó sus manos hacia el cinturón, ya desabrochado, y tiró de él en busca de un contacto más íntimo. Se subió un poco la falda y enroscó una pierna en la cintura del hombre.

—Te necesito dentro…—gimió mientras se restregaba contra él.

—¿Y-Y las…bragas?

La chica sonrió seductora.

—No llevo bragas.

El miembro de Macao se endureció todavía más con aquella afirmación si es que era posible. Cana lo agarró y lo posicionó sobre su entrada. Le miró fijamente a los ojos y él correspondió a su petición silenciosa con una embestida. Cana arqueó la espalda y dejó escapar un gemido de placer.

—Oh, sí…

Macao sujetó la pierna de Cana y siguió con sus movimientos cada vez más profundos, más rápidos, más placenteros.

—Ah, joder. ¡Macao!

—Arg…Cana no-no g-grites.

La chica se mordió el labio y cerró los ojos con fuerza. Con cada embestida su espalda golpeaba sutilmente la pared y eso no hacía más que excitarla. Le encantaba el sexo con Macao, era fantástico, no sabría explicar por qué pero lo era. Tal vez porque no se limitaba a un deseo carnal, o no en su mayoría. No obstante, a veces echaba en falta cierta agresividad en su amante.

—Bésame—gimió.

Macao obedeció. Cana enterró sus dedos entre su cabello y de un brinco enlazó la otra pierna a la cintura del hombre. El de hebras violetas ahogó un gruñido de dolor cuando ella estiró con más fuerza de su cabellera. La lengua de Cana recorría toda su cavidad con descaro, jadeando en su boca, mezclando su aliento con el suyo.

—Más duro, Macao…m-más rápido.

—¿Más? —en momentos así la diferencia de edad se hacía más evidente.

—¡Ahh sí! ¡A-Ahí!

Macao continuó embistiendo. Aferrándose cada vez con más fuerza a los muslos de la chica y haciendo su mejor esfuerzo para que las piernas no le fallaran mientras la morena seguía paseando su lengua por toda la extensión de su cuello.

—Me vengo Cana…

—¡Ah! A-Aguanta, ya casi…No p-pares.

Macao no pudo más y se vino en su interior, pero continuó moviéndose unos segundos más hasta que Cana también llegó al orgasmo. Bajó sus piernas con lentitud. La joven se encontraba abrazada a su cuello, tratando de recobrar el aliento. Se miraron a los ojos.

—Te quiero—susurró antes de juntar sus labios con los de él.


Repiqueteó sus dedos contra el escritorio y clavó sus ojos en su hombre de confianza.

—¿Cómo dices?

—No aceptan el trato, Laxus. Se niegan a vender sus propiedades.

El rubio detuvo su movimiento y se reacomodó en el sillón. Cerró ambos ojos durante un par de segundos y suspiró con cansancio. Si no era a las buenas, sería a las malas. Él era Laxus Dreyar, prácticamente el dueño de media ciudad, y no aceptaba un no por respuesta.

—Contrata a un sicario.

—¿Midnight?

Soltó una carcajada tan leve como sarcástica y negó con la cabeza.

—Midnight es un chapuzas. Quiero un profesional, Freed. Alguien rápido, eficaz y limpio.

—Entendido.

—Que los obligue a firmar y luego los mate. No quiero cadáveres ni pruebas. ¿Estamos?

—Sí. ¿Algo más?

La puerta del despacho se abrió de par en par dando entrada a un hombre alto, de pelo azulado y peinado peculiar.

—Agradecería que picaras antes de entrar—murmuró sin mucho interés el jefe.

—Lo siento, se me olvida—rió el hombre mostrando su tatuada lengua.

—Bickslow, quiero que tú y Freed me encontréis a un sicario.

—¿Qué pasó con Midnight?

Laxus suspiró y dejó que el de cabellos largos hablara en su lugar.

—Midnight no está a la altura.

—Comprendo. ¿Para cuándo lo necesitas, jefe?

—Para hoy.

Ambos hombres intercambiaron miradas. Laxus nunca bromeaba, si lo necesitaba hoy, tenía que ser hoy.

—Hecho.

La pareja se retiró de la estancia y salió al pasillo. Freed suspiró.

—¿De dónde lo sacamos?

Su compañero rió y sacó la lengua de nuevo.

—No te preocupes, se nos ocurrirá algo.

—No me digas que no me preocupe, no podemos defraudar a Laxus.

—Tu obsesión es casi enfermiza.

—No es ninguna obsesión. ¿Acaso quieres cabrear a Laxus?

Bickslow suspiró. Por suerte a lo lejos vio a su compañera, que cargaba con dos pares de cafés y se dirigía hacia ellos.

—¿Ya salís?

—Sí, Laxus nos ha dado trabajo.

—¿Qué tipo de trabajo?

—Un nuevo sicario.

Evergreen suspiró, dirigió una fugaz mirada a los cafés y frunció el ceño. Odiaba que la dejaran de lado.

—Voy con vosotros.

Ambos hombres se miraron entre ellos, Bickslow sonrió y Freed negó con la cabeza.

—Está bien—dijo el de cabellos azulados—. Pero vas a tener que ponerte pantalones. No nos hacemos responsables si algún desequilibrado te viola.

La mujer bufó cabreada. Les encasquetó los cafés con un movimiento brusco sin darles tiempo a reaccionar y se perdió por el pasillo hacia los vestuarios.

—¡Machistas de mierda! —gritó a los lejos, mientras se alejaba.


N.A.: ¡He aquí el primer cap, que emociong! No tengo mucho que decir, ya habéis visto que las advertencias se van cumpliendo, muahahha. ¿Cana x Macao explícito, en serio? ¿Tú estás loca? Equilicuá amigo mío, la locura va conmigo allá donde vaya. ¿Qué le vamos a hacer? Una le coge cariño y ya no sabe cómo deshacerse de ella.

Os habréis dado cuenta de que el fic ya tiene un personaje. Parece increíble pero hasta ahora no había ninguno en la descripción de la historia. ¿Por qué? Pues, porque así era todo más borroso, más oscuro. Muy a conjunto con el prólogo, supongo. En fin, la cuestión es que irán apareciendo muchos más cuya relevancia será también importante, pero por ahora poco a poco y buena letra que sino se pierde la magia.

Muchas gracias a los reviews, no esperaba recibir ninguno, sois un amor ^^. También quiero agradecer el fav y el follow a mi querida Indie—sí, la rebel-pepinillo a quien dedico este fic—, y a OP Wendy, que a pesar de lo mucho que tardo en actualizar ella siempre está ahí para leer mis locuras. ¿He dicho ya que os adoro?

Espero que no me tiréis muchos tomates, y sino...pues qué más da, haremos gazpacho que ahora en veranito es lo mejor que hay ;)

Nos leemos,

Eris